-¿Uhu...? Así que aquí estás. -Se escuchó una voz femenina oculta en las sombras que aún ofrecía el amanecer. -Te he encontrado, querido. -Dijo observando a Dante a lo lejos mientras sus alas oscuras se agitaban con gracia en el aire. Después de ésto, ella se esfumó en el cielo.
-¡¿Are?! -Dante se levantó alborotado de la silla y miró algo atontado por el insomnio hacia el exterior por la ventana. Por un momento creyó estar siendo observado.
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La siguiente escena se desarrolla muy lejos de la anterior, en un oscuro lugar escondido en el subterráneo, en un lugar que nadie recuerda ni nadie debe saber, algo ocurría, algo no muy bueno, pero dejaré que se informen a continuación.
Parecía uno de esos laboratorios clandestinos de aquellos que usaban los antiguos soviéticos para llevar a cabo experimentos inhumanos y crueles; y algo parecido estaba ocurriendo en ese preciso momento.
Se vislumbraban en el brillante salón unos tubos tamaño coloso en donde descansaban cuerpos flotando en un líquido espeso verde para mantenerlos conservados. Se apreciaban también los tubos que salían de sus cuellos conectados a las cápsulas donde yacían encerrados.
Albert Wesker miraba éstos cuerpos con atención, y lleno de frustre les daba el visto negativo a sus nuevos conejillos de India que no llenaban los requisitos que él deseaba. Si bien su intento del virus Uroboros fue fallido, ésta nueva super creación no podía fallar. Había sido extraño el hecho de aparecer en ese curioso mundo, sólo tenía rastros en su piel de las quemaduras producidas después de la pelea con Chris Redfield.
¡Chris Redfield! Golpeó una de las cápsulas con fuera y el contenido se vació derramándose por el suelo, luego se arratró el cuerpo sin vida del miserable humano que tuvo la desgracia de atravesarse en el camino de la vida de Albert.
A veces se odiaba a sí mismo por recordar a ése nombre; todavía era todo muy confuso, ni él mismo recordaba como había sobrevivido, ah, pero él no era un hombre cualquiera, como se dice por ahí, hierba mala nunca muere. A demás, Wesker estaba consciente de que alguien como él era una persona dura de matar, y se hacía falta más que un par de cohetes de "juguete" para poder borrarlo de la faz de la tierra.
"Si sigo aquí, es por algo. Mi misión de un nuevo mundo aún no termina"
Levantó su cabeza al oír unos pasos en las lejanías, acompañado del ruido de una puerta al ser cerrada pesadamente. Se acercó meneando su nuevo abrigo negro que le dejaba a la vista una camisa oscura semi abierta por la zona del pecho, aunque ahora no lucía sus características gafas, dejando ver su mirada penetrante de ojos color rubí. No hizo más que sonreír al ver al visitante de esos momentos.
-Magnus, qué agradable visita. -Dijo Wesker ante un sereno Magneto que lo miraba de reojo.
-¿Cómo va tu pequeño experimento? -Dijo Magneto sin tomar en cuenta el saludo de Albert.
-Mi pequeño peón no debe tardar en llegar con el informe. -Se dio la vuelta para seguir mirando las cápsulas con las manos cruzadas tras su espalda.
-¿Estás seguro que podrás cargar con toda ésta responsabilidad en tus manos? No suelo confiar en los humanos para cosas como ésta, pero...
-No me ofendas, Magnus. -El rubio volteó a ver uno de los cuerpos flotantes con desprecio. -Yo no soy como ellos. Soy superior.
Magneto lo observaba mientras una gota de sudor frío bajó por su sien. Ése insensato le daba muy mala espina, demasiada. Se arrepentía de haberlo ayudado cuando le encontró ya a medio morir con esas horrorosas quemaduras que a cualquier ser viviente le hubiesen arrebatado la vida. Nunca hubiese pensado que en la búsqueda de sus nuevos reclutas mutantes podría haber encontrado a una "persona" como aquel que estaba parado a pocos pasos suyos.
-Simplemente vine a hablar contigo. No quiero que pierdas más tiempo, ya te dije el motivo del por qué te dejé realizar...Éstas atrocidades. -Dirigió una mirada de asco hacia los cadáveres. -Me prometiste un nuevo mundo para los de mi especie, a cambio te dejé vivir y te prometí preeverte de éste laboratorio para que pudieses laburar a tus anchas, pero no he visto ningún progreso.
-Todo a su tiempo. -El rubio sonrió apoyándose en una mesa mientras se cruzaba de brazos. -Una vez logre localizar a mi pequeño objetivo principal podré pasar a la siguiente fase de mi plan.
-¿Y cuando ocurrirá eso? -Preguntó un impaciente Magneto cruzándose también de brazos.
-Muy pronto, eso dalo por seguro. -Siguió paseándose alrededor del mutante, pensativo. -Sólo con una gota de su esencia bastará, todo éste tiempo estuve analizándolo, haciendo pruebas, calculando, y con solo una pequeña gota, una microscópica cantidad de su sangre es capaz de crear una catástrofe.
-Querrás decir, algo para "asustar" a los humanos. -El mutante lo miro con el ceño fruncido, aunque en el fondo de su mente mientras más pronto exterminara a la peste que representaban los humanos para él, mucho mejor. Estaba aprendiendo a depositar la confianza obligada en Wesker, no le quedaba otra.
De pronto, oyeron un silencioso susurro cerca de ellos. Se presentó como una especie de vapor negro y luego se materializó ante un sorprendido Magneto.
-Ah...Mi hermoso ángel. -Sonrió Albert al ver a la muchacha que les sonreía sentada sobre una de las mesas con motivo quirúrjico jugando sensualmente con un bisturí.
-¿Ángel? ¿Debo tomarlo como un cumplido? -Lo miró frunciendo el seño y recostando la mitad de su cuerpo en la mesa. -Soy más que eso, mucho más. -Le sonrió de nueva cuenta.
Magneto de inmediato comprobó que esa mujer misteriosa se trataba del peón que tanto mencionaba. Era a penas la segunda vez que la veía cerca del hombre de ojos rojos, pero lo que ella tenía de atractiva también lo tenía de desagradable para él. Aquel dueto no le gustaba. Le revolvían las entrañas del asco y los miraba con recelo, pero nada podía hacer ahora. Él era un hombre de palabra y no podía hecharse atrás.
-¿Ya te vas? -Dijo la chica acercándose al hombre del casco y lo abrazó por atrás. -Pero aún no hemos comenzado a jugar. -Le susurró con tono juguetón.
-Señorita...-Habló Magnus bajando la mirada, sonrojado. -Debo retirarme por ahora, tengo cosas que hacer. Y tú...-Apuntó a Albert. -Más te vale apresurar las cosas, no quiero seguir perdiendo el tiempo contigo. -Después lo único que se escuchó de él fueron los pasos alejándose y finalmente, un sonoro portazo.
-Uh...Albert, si que tienes amigos aburridos. -Dijo la muchacha abrazando al nombrado por los hombros.
-Tranquila mi pequeño ángel. -Dijo acariciando lentamente el largo cabello de su "ángel". -Ahora cuento contigo para lo que se viene.
-Puedes confiar en mí. -Después de pronunciar éstas palabras, desapareció nuevamente en una voluta de humo tan fino como el de un incienso.
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Amaterasu se mostraba más animada que antes. Ahora compartía mucho más tiempo con Dante y le encantaba disfrutar de aquella acogedora y cálida compañia que él le brindaba. Dante le enseñó como entretenerse con un juego de naipes, creyendo que podría ganarle fácilmente a una muchacha ciega, pero se rindió enojado cuando recordó que Amy podía ver más allá con su sentido animal cuando ya había perdido cinco rondas seguidas en el póker. La loba, a su vez, le enseñaba el encontrar la belleza de las pequeñas cosas y le mostraba cómo con sólo concentrarse un poco, ella era capaz de hacer brotar una pequeña flor que yacía marchita en uno de los maceteros de su casa.
Dante la asombraba con sus múltiples historias narrando cada una de sus aventuras -y desventuras- y Amaterasu le contaba todo lo que había visto en su profundo sueño antes de ser invocada por Sakuya, el hada del bosque.
Una vez el ambiente se hacía más llevador y cálido, nuevamente se ponían a retozar abrazados en la cama del demonio. Nunca se besaron, nunca llevaron aquello más allá, pero a través de inocentes jugueteos y besos en sus rostros se demostraban el mutuo afecto que ambos habían desarrollado.
El hijo de Sparda, por unos días, se había extrañado del retraso de su cliente para ir a retirar su "paquete especial" pero prefería olvidar ése tema. El sólo hecho de imaginar que se le arrebataría de sus brazos a la peliblanca le provocaba una fuerte punzada en el pecho, la cual era aliviada únicamente cuando la pequeña Amy le tomaba de las manos y le mordía los dedos suavemente en modo de juego. Lo único que atinaba a hacer en esos instantes era sonreirle con ternura y acariciar su blanca y suave cabellera.
Una duda le asaltó una vez: "¿Qué pensará al ver mi rostro?" Honestamente, él dudaba que a la niña no fuera a agradarle su cara, no se consideraba para nada alguien feo, y no lo era, de hecho, muchas chicas con las que se había topado a lo largo de su vida lo habían mirado con incontenible lujuria. Pero era eso a lo que temía, ¿Podía Amaerasu fijarse en él sólo por su rostro? ¿Terminaría ella siendo como aquellas que sólo lo miraron con superficialidad? ¿Era la actitud de Amy sólo una actitud amistosa para con él y nada más? No quería sentir eso, quería que Amy lo aceptara por su personalidad.
Aunque parte de él se calmaba al recordar que la muchacha ya había conocido en tan poco tiempo lo mejor y lo peor de su persona, eso lo tenía sin preocupación, porque a pesar de todo eso, ella lo trataba como un amigo...¿O también algo más?
-Quisiera ver tu cara... -
Dante reaccionó y salió de sus pensamientos para mirar a la chica que estaba acostada a su lado con sus ojos pegados al techo, sobre el catre. ¿Le había adivinado el pensamiento? Estaba tiritando del nerviosismo. ¿Lo habría escuchado todo?
-¿Ocurre algo? -De nueva cuenta esa dulce voz le habló, dedujo que ella no había visitado la que en esos momentos era su atormentada mente.
-Nada, ¿Qué decías? -Preguntó el muchacho en un tono algo serio.
-Quisiera ver tu cara. -Amaterasu se incorporó. -Verás, Dante. Éstos días, han sido realmente especiales para mí, es...No sé como expresarlo. -Ella tocó su pecho y cerró sus ojos para poder expresarse mejor y encontrar las palabras apropiadas para aquel momento.
Amaterasu le confesó que ella se había resignado a su suerte anteriormente. Se sentía inútil y desválida, pero él le había ayudado a recuperar la vitalidad y la alegría que ella había perdido. Le confesó también de que nunca antes ella había sentido aquel calor en su alma que él le provocaba y le contó con cierta inocencia que no entendía el por qué cada vez que oía su voz o que sentía el roce de su piel con el de ella, su cuerpo se llenaba de un calor agradable y que sus latidos iban cada vez más a prisa. Le contó también que ella en un comienzo le tuvo miedo, esa sensación de peligro había sido tortuosa y no soportaba compartir la misma habitación que él, pero que después de aquella noche en que él le hubo relatado acerca de su pasado, conoció su rostro humano y que el hecho de que hubiese sufrido tanto caló de tal forma en su alma que, lo sintió como si fuese uno de aquellos amables seres que le rindieron tributo y que le dieron su amistad.
Más, ella aclaró que era un sentimiento incluso más fuerte que éste último, y Amaterasu le dijo que aún siendo un demonio, no sentía ya asco ni miedo el acercarse e intercambiar palabras con él. En ése tiempo se convirtió en alguien muy vital para ella y que por algún extraño motivo no quería sentirlo nunca más lejos de su persona.
-Siento como si conociese todo, absolutamente todo de tí. -La chica de ojos negros alcanzó la cara del peliblanco con la punta de los dedos y abrió sus ojos. -Lo conozco todo, excepto tu rostro. Quiero conocer el rostro del demonio que ha provocado el calor en una diosa.
-A-Amy... -Dante la miró absorto a los ojos. Aún sin poder creerse todo lo que ella le había dicho. Y volvió a él esos fuertes impulsos de darle un apasionado beso en los labios; apretó las sábanas de la cama con la mano derecha, y con la izquierda tocó la mano de la más pequeña que descansaba sobre su cara. ¿Podría contenerse ésta vez? -Amaterasu...Yo...
-D-Dante...¿Qué ocurre? -Preguntó la nombrada al sentir el calor del cuerpo del demonio acercándose lentamente a su piel; cerró los ojos para dejarse envolver por el cálido y hermoso ser que estaba ante él, pero un fuerte ruido los sacó de ese trance.
-¡Mierda! -Gritó Dante separándose de bruces.
-¡Dante! -Amaterasu abrió los ojos de golpe, asustada.
-Quédate aquí, no hagas ruido. -Dante bajó los escalones con sus armas de fuego escondidas entre sus ropas con el corazón acelerado, si era quién creía que era y debía entregar a Amaterasu.
No le importaba, no le importaba nada... A la mierda el dinero y su reputación...No entregaría a la diosa.
-¿Quién anda ahí? -Dijo sacando a Evony e Ivony sin miedo alguno.
De entre las sombras, salió una figura que cayó de bruces al suelo. Encendió confundido las luces y vio a una mujer. Ella vestía una camisa blanca y unos ajustados pantalones rojos, cubriendo la mitad de su cuerpo, descansaba sobre ella un hermoso y largo cabello verde.
-Ayúdame... -Dijo la chica levantando un poco su rostro, dejando ver una hermosa cara angelical. -Por favor...
Dante la miró atónito. ¿Quién era ella? ¿Qué hacía ahí? ¿Y por qué estaba tan herida?
No tuvo tiempo para cuestionarse más cosas, se quitó su abrigo rojo y la cubrió con él, posteriormente, la tomó en brazos y desapareció con ella por las escaleras en dirección a su habitación.
