No preguntéis el porqué del título (?)
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Gemía como loco, totalmente extasiado sin ser capaz de hablar.
Y era natural, la boca de Killua bajaba una y otra vez de manera frenética en su miembro, y de vez en cuando hacía succiones en la glande tan exquisitamente que Gon sentía que moría de placer. Arqueaba su espalda y arrancaba la hierba con sus manos, y además la sábana mal puesta en el piso desde un principio ahora estaba más desarreglada.
Se sentía al borde del clímax, cerrando sus ojos con fuerza y gimiendo tan sonoramente, que juraba Ging pudo haberlo escuchado al extremo del bosque. Pero ahora ya no lo pensaba demasiado, sólo era consciente de como toda su esencia era liberada en la boca de Killua sin tener oportunidad de avisar. Pero a éste realmente no le tomó desprevenido, era lo que quería desde que comenzó con su oral.
Y ahora Gon respiraba agitado, totalmente sonrojado y exaltado. Miró a Killua con el ceño ligeramente fruncido hacia adentro, y él sólo le sonrió mientras tragaba el semen de Gon, importándole poco que un hilillo viscoso continuase desde sus labios hasta su mentón.
—L-lo... tragaste —ahora, estaba anonadado, casi perturbado. Pasó saliva. Por alguna razón aquello le agradó.
Killua sonrió más, para posteriormente deslizar correctamente el pantalón y ropa interior de Gon, quien se exaltó al notarlo.
—¿V-vas... vas a seguir? —preguntó, avergonzado, pero sin poner resistencia.
—¿Tú no quieres? —aun con esta pregunta continuó, deshaciéndose completamente de esas ropas.
—No... no es eso... —balbuceó, por lo bajo, desviando rápidamente la mirada. Definitivamente quería continuar, y no es como que no quiera aceptarlo, pero... Había algo que lo molestaba—. Es que... Tú estás haciéndolo todo y... y yo... no... pues... ah...
Esto, era realmente vergonzoso. ¿Será eso lo que siente Killua cuando lo besa de sorpresa o le demuestra cariño? ¡Pues era realmente un dramático y raro! ¡Él prácticamente se lo está por follar y ni una pizca de pudor!
Pero dejando eso de lado, Killua lo miraba curioso, y sorprendido. De repente travieso. ¡Ahora un gato!
—Y... ¿Qué quieres hacer? —preguntó, con su cola de gato moviéndose de aquí para allá rápidamente.
Gon se exaltó, no tenía idea, sólo quería hacer algo, no quería ser totalmente dominado —aunque, si se era sincero, la idea se escuchaba realmente excitante—. Sus labios temblaban, estaba realmente nervioso y no sabía qué decir ahora, sus pupilas se movían inquietas, pero entonces lo pensó.
—Yo... te haré lo mismo... que me hiciste a mí... —habló entrecortado, sólo de ese modo podría controlar sus palabras y no decir algo tan explícito como: "Chuparé tu pene", sonaría muy pervertido.
Y Killua abrió sus ojos desmesuradamente. Honestamente creyó que diría algo como: "Prefiero estar sobre ti", y se estaba preparando para impedirlo. Se irguió un poco, lo suficiente para quedar sentado sobre sus rodillas.
—¿Gon, vas a...?
—¡Lo haré! —exclamó sin titubeos, levantándose y quedando sentado, al igual que el albino. Lo miró con cara de desafío por un instante, mientras Killua seguía atónito, y, prácticamente, se lanzó a atacar su intimidad. Killua abruptamente enrojeció.
Gon aprovechó que la cinta en el pantalón de Killua ya estaba deshecha, seguro éste mismo se la quitó para evitar que su erección doliera, u otra cosa.
Rápidamente jaloneó las prendas, lo suficiente para, con un poco de dificultad, sacar el miembro del opuesto, y se aterró. No es como que entre sus falos hubiese mucha diferencia respecto al tamaño, pero tampoco es como si alguno de los dos lo tuviera pequeño. En fin, no era momento de pensar en eso.
Acercó sus temblorosos labios a la glande, sacando con timidez su lengua y rozándola, escuchando un pequeño gruñido del opuesto. Le gustó escucharlo, realmente le encantó. Volvió a hacerlo, con más ganas.
¡Lo haría sentir tan bien, que se correría tres veces en su boca!
Oh, Dios... Killua le estaba pegando lo pervertido, ¡pero definitivamente lo haría tocar el cielo!
No se dio cuenta en qué momento sus labios rodeaban esa rosada y húmeda glande, debía admitir que el sabor le agradaba, y mucho. Lentamente lo empezó a introducir, sintiéndolo en su paladar, y luego rozando su garganta. Era tan placentero sentir su boca ser penetrada por eso.
—Gon... —gimió el más alto, era realmente agradable la manera en que Gon trataba su miembro, con delicadeza, lentitud.
Gon también gimió, más sutil, se sintió tan bien escuchar su nombre de esa manera. No pudo evitar dar una pequeña mordida en el tronco, sacando un ronco gemido al albino, que ahora apoyaba sus manos contra el césped y se sostenía de ellas, con sus piernas ahora en "W" al descuidar su postura, llevando hacia atrás su cabeza ante la cantidad de placer.
Gon estaba emocionado, hacía sentir muy bien a Killua por lo que era capaz de notar. Hizo succión y sintió un poco de líquido entrar en su boca, y lo degustó encantado. Sacó de su boca el pene ajeno y un hilo de saliva aún unía sus labios a la virilidad. No tardó en volver al ataque, esta vez tomándolo con sus manos y atrapando una porción de piel en su boca, sorbiéndola suavemente y deslizando sus labios por toda la longitud. Su lengua hizo acto de presencia y lamió todo, topándose con gotitas de presemen que no dudó en tomar. Llegó a la glande, y de nuevo la adentró en su boca. Killua gemía con fuerza, mirando hacia abajo con tremenda excitación, era un hermosa vista, sin duda.
Gon sintió su mirada, llevando la suya hacia la opuesta, sin dejar de hacer su trabajo. Y el conectar miradas al borde del orgasmo, fue suficiente para llevarlo al límite y correrse sin previo aviso.
Gon no estaba preparado para ello, de hecho estaba por sacarlo de su boca cuando todo el líquido blanco se disparó en su rostro, manchando principalmente la parte baja de su cara. Y realmente se mostraba sorprendido.
Ninguno de los dos pudo evitar sonrojarse.
—L-lo siento —se disculpó apenado, desviando la vista rápido, sabía que se veía jodidamente sexy con todo eso en la cara, y verlo le daría un tremendo paro vergal.
—Mmh... No importa... —estaba igualmente avergonzado, pero su curiosidad pudo más y pasó su lengua circularmente sobre sus labios y poco más, tomando del semen y degustándolo. Su sonrojo aumentó—. Sabes realmente bien...
Ante estas palabras, Killua no pudo evitar estremecerse y mirar a Gon que continuaba degustando su esencia mientras se erguía, retirando de su cara algunos restos con sus dedos y adentrándolos a su boca. Simplemente estaba encantado con lo que veía.
—Gon... —entre jadeó y llamó. Gon paró sus acciones y lo miró fijamente, con su mirada aún bañada en un destello de lujuria y cierto recubrimiento de timidez—. Tengo... tengo un mejor uso para darle a eso —dijo sutilmente, refiriéndose al líquido blanquecino en el rostro de Gon, quien curioso y sin entender, preguntó con la mirada.
Killua, un tanto tímido, acercó sus dedos hacia la cara opuesta, envolviéndolos con todo el semen que le fue posible tomar hasta escurrir. Y luego de esto, sin saber qué más hacer, simplemente besó esa linda boca, que correspondió sin dudar, y el dueño de ésta se dejó recostar nuevamente, y sin pensarlo abrió las piernas, dejando a Killua pasar entre éllas mientras continuaban un lento pero caliente beso. A Killua le pareció curioso su propio sabor, honestamente le gustaba más el de Gon, y viceversa.
Con ayuda de su mano libre, tomó uno de los muslos de Gon desde la cara trasera, elevándolo un poco, a la vez que su otra mano se dirigía hacia un lugar más recóndito.
Repentinamente Gon abrió sus ojos, sonrojándose aún más de manera abrupta, sintiendo un intruso extraño en su cuerpo, siendo éste uno de los dígitos de Killua adentrándose lenta y cuidadosamente, siendo ayudado por el resbaladizo líquido seminal entre sus dedos.
Cerró los ojos con fuerza de nuevo, abriendo la boca un tanto desesperado y recibiendo bien la lengua del albino. Se sentía realmente extraño, pero la idea de que fuese Killua quien le hacía eso, le gustaba.
Killua continuó, escuchando los resoplidos fuertes de Gon, que intentaba no gemir, y se aferraba a él mientras el beso se volvía realmente torpe.
—¿D-duele? —preguntó Killua nervioso, temiendo estar lastimando a Gon. Se separó ligeramente de él para dejarle hablar.
—Mmm... N-no... sólo es raro... —respondió entre jadeos—. Creo que me gusta —balbuceó eso último, avergonzado.
Killua lo miró durante unos segundos, y mordió su labio. Dios, se veía tan bonito así, y si realmente lo estaba disfrutando, entonces continuaría. Nuevamente se acercó y besó con ansiedad sus labios, siendo aceptado al instante.
Movió su dedo dentro, sacando un gemido al opuesto, y comenzó a deslizarlo fuera lentamente, para adentrarlo de nuevo con la misma lentitud, extasiado con la estrechez, cada vez estaba más ansioso. Repitió el movimiento algunas veces más, escuchando los sutiles gemidos del mayor.
Decidió retirarlo, sólo para unirlo con un dedo más, a punto de adentrarlos a la vez.
—Y-ya... estoy listo... —balbuceó Gon. Vaya mentira, sólo estaba tan desesperado como Killua. ¡Y es que ya no quería sus dedos!
—Qué dices... Aún estás muy apretado —intentó hacerlo razonar, pero el chico no hizo caso, y se apoyó en sus codos, robando un pequeño y tembloroso beso en su mejilla.
Gon se arrastró hacia atrás ligeramente, sólo para, torpemente, apoyarse pecho abajo y en sus rodillas. Y Killua lo miraba anonadado.
—C-creo que así entrarás más fácil.
Y no, Gon no tenía idea de que esa posición es llamada 4 o que la anterior era misionero, simplemente era un chico salvaje que en algunas ocasiones fue testigo del celo de los animales, y, bueno, era la posición en la que siempre veía a las hembras. Vaya dato perturbador, eh.
En fin, esa posición le parecía la más práctica para ser sodomizado.
Y Killua estaba que le explotaba la sangre en la cara. Y que no se la creía.
Ver esa entrada a penas lubricada frente a él era su tan anhelada fantasía. Casi babea, pero trató de mantener la compostura y se levantó sobre sus rodillas, para, con torpeza, bajarse un poco más el pantalón, y posar una de sus manos en la cadera del mayor, mientras con la otra guiaba su miembro erecto hasta la pequeñísima abertura a penas dilatada, rozándola con la punta y notando como Gon se encoge un poco, a la vez que un fuerte estremecimiento lo recorre.
Él mismo pasó saliva, comenzando a entrar muy lentamente, frunciendo el ceño hacia afuera ante lo bien que se sentía, aunque también le era un tanto doloroso, después de todo, era realmente apretado ahí dentro.
—K-killua... —gimió, medio reprimiéndose y arrancando la hierba de la tierra, sintiéndose realmente muy raro, al igual que era doloroso. Tal vez sí debió dejar a Killua terminar con su preparación.
¡Nah! En realidad ese dolor era verdaderamente placentero.
Gon abrió un poco más sus piernas, a la vez que apoyaba su pecho y una de sus mejillas con más presión contra el suelo, y arqueó un poco más su espalda, dándole así mayor libertad a Killua para moverse. Incluso él mismo asentó más su trasero contra el miembro ajeno y ambos gimieron, y entre los dos, hicieron que el miembro del albino quedase completamente dentro.
Gon casi al instante comenzó a mover su cadera, de tal manera que sacaba muy ligeramente el miembro opuesto y volvía a autopenetrarse. Killua no pudo más, y accediendo a complacerlo, él mismo comenzó a embestir.
Les encantaba esa sensación, se sentían tan cerca ahora, y, pese al dolor, su excitación sólo se incrementaba más y más.
Killua apoyó sus manos en el suelo, a ambos costados de Gon, saliendo y entrando una y otra vez de él, a la vez que éste gemía extasiado y empujaba su propia cadera hacia atrás en cuanto sentía que el opuesto entraría, volviendo las estocadas algo progresivamente duro y profundo.
—¡Ki... llua! ¡S-se... siente... Muy bien...! —exclamaba entrecortado y jadeante, ahora apoyado en sus codos y teniendo la cabeza hacia el frente.
—¡Sí...!—asintió, jadeando y completamente de acuerdo con el moreno, sin dejar de embestir en ningún momento, escuchando los sonoros gemidos del opuesto y los propios. Sí, definitivamente Ging era capaz de escucharlos al extremo del bosque. ¡Eran verdaderamente escandalosos!
Y, honestamente, a Killua le gustaba esa idea. Y se aseguraría de hacer a Gon gritar.
Con eso en mente, Killua llevó sus manos a la cintura de Gon, sentándose él, y Gon sobre él, y ante esta acción, Gon soltó un gritito de placer y sorpresa, al igual que el albino que no retuvo el sonido satisfactorio en su garganta.
Killua continuó moviendo su cadera hacia arriba, haciendo a Gon dar pequeños brinquitos sobre su miembro, estando realmente extasiado.
Y cuando Gon creyó que no podría ser más placentero, sintió su camisa —que nunca fue retirada—, ser elevada, y uno de sus pezones repentinamente estrujado, más otra traviesa mano encaminada desde su vientre hasta su intimidad hinchada, para ser bombeada tortuosamente. Y ante todo esto, simplemente sentía no poder soportarlo más.
—¡Ki-killua! ¡Mmh...! ¡E-espera...! —nada coherente salía de su boca, sólo gemidos e intentos de palabras. Killua no decía nada más que el nombre de su amado, gemía como demente y de vez en cuando besaba la nuca de Gon, sintiendo demasiado cerca el orgasmo.
Un punto sensible hizo a Gon delirar, sintiendo como certeramente era golpeado ahí, y sin poder más, terminó viniéndose en la mano de Killua, manchando también su propio abdomen y muslos.
Y casi a la vez, Killua terminó en la repentinamente apretadísima entrada, abrazando el cuerpo de Gon por mero impulso, respirando tan agitado como él.
—¿Gi-ging?
—Déjenme solo…
Un lloroso Ging, se encontraba hecho bolita en un rincón, decepcionado de sí mismo por tantas cosas. Ni siquiera quería mirar a los mocosos, ya se imaginaba que Gon estaba en los brazos o en la espalda de Jack Frost.
