Daré las indicaciones de siempre.

Por favor, sean creativos en sus comentarios.

Y se me olvidaba, si su intención es hacer un comentario ofensivo o despectivo, les pido encarecidamente que se abstengan. Así no pasan un mal rato y no me lo hacen pasar a mí. No comentarios denigrantes y mucho menos insultos. Les pido que por favor lean las indicaciones y las notas de autor al final de cada capítulo. No son un bonito adorno, si las coloco es por algo.

AVISO: si mis notas hieren la sensibilidad de alguien, quiero que sepan que las hago sin tal finalidad. Mi intención no es ofenderles, quiero que quede claro para que luego no vengan a etiquetarme como una persona grosera, malagradecida o prepotente. Simplemente soy sincera con aspecto que a muchos autores les desagrada pero que no son capaces de decir por miedo a ser tildado de la misma manera en la que me designan a mí. Mi finalidad es crearles conciencia en la forma de comentar para ayudar, más nada.

Aclaraciones:

Narración.

— Diálogo —

‹‹Pensamientos››

(*) Esto es un apartado para alguna palabra o concepto que aclararé al final del capítulo.

Advertencias:

Posible OoC en los personajes.

OC's.

Situaciones sexuales explícita-implícitas.

Lenguaje inapropiado o soez.

Muerte de personaje.

Género: Romance | Drama.

Clasificación: T | M.

Disclaimer: La serie y sus personajes no me pertenece a mí, sino a ®Masashi Kishimoto.

Nota de Autor 1:

NECESITO que lean esta nota, porque quiero advertir la muerte de un personaje además del trato de temas de maltrato infantil y violación. Si hay alguien demasiado sensible, les pido de favor que no lean, ya que, si no es explícito es un poco fuerte (tal vez no tanto), pero son temas delicados que tocan profundamente a cualquier ser humano. Si leen es bajo su propia responsabilidad, luego no quiero reclamos.


Capítulo 9

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‹‹Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con que afrontes ese sufrimiento.››

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Viktor Frankl.

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Duelo.


Las maneras en las que una persona puede lastimar a otra son variadas e ilimitadas. Crueles e insensatas. Donde la venganza se torna en placer y este a su vez en necesidad.

El requisito de dañar, de lastimar.

Midori no comprendía como su hermana tuvo la capacidad de vender a su propio hijo a un proxeneta… Seguía sin adivinar como un ser humano podía ser tan vil y tan atroz, no le importó lo que significaba enajenar a su propia sangre con un extraño. Lo que sucedería en cuanto cayera en sus manos. No lo concebía.

Tsunade le había explicado acerca de las lesiones de Said. Después de todo el escándalo que se armó en la sala de espera, de los murmullos y las miradas despectivas… La ex Godaime le advirtió lo que sucedía, no la engañó, el panorama era devastador.

Las violaciones a menores siempre le parecieron catastróficas e inverosímiles. A Midori no le cabía en la cabeza como un hombre o una mujer podía mancillar el cuerpo de un niño, sin importar los trastornos o déficit mentales que tuviera. Nada justificaba quebrantar el cuerpo y el espíritu de un infante. Peor si implicaba tortura, BDSM, o cuanta práctica sexual tortuosa existiera.

Su sobrino desgraciadamente tropezó con las peores manos… Su hermana lo intercambió a un tipo que tenía poco aprecio por la vida del ser humano, especialmente con los niños; solo representaban un show, un entretenimiento con el que podía lucrarse.

Ese hombre era el tipo de ser humano capaz de vender a su propia madre, sin con eso podía obtener diversión a plazos largos. Desgraciadamente un infante tenía menos aguante. Lo que le hicieron a su sobrino no tenía nombre…

Said… — murmuró.

Su voz sonaba estrangulada, dolida, pero no se comparaba con el ardor que le quemaba el pecho, las entrañas y los ojos.

Tsunade le permitió pasar a la sala de cuidados intensivos con la condición de tranquilizarse. Midori lo consiguió incluso antes que se lo ordenara, sabía que no podía entrar en esas circunstancias a la habitación, aunque él no pudiera verla.

Ella ya no vería esos ojos vivaces del color de la resina. Ya no lo oiría reír y llamarla estirando sus bracitos, para enredarlos en su cuello. No, todo eso se acabaría pronto…

La ex Godaime le comunicó que el daño a sus órganos internos y a su cerebro había sido bestial. Tanto que provocó hemorragias internas masivas que a duras penas pudieron controlar, sin contar que el flujo en su cerebro provocó una inflamación severa incontrolable. A eso se le sumó la privación de oxígeno que tuvo en la mesa de operaciones, gracias a un paro cardíaco.

Quiero que lo diga — cortó a Tsunade, que le daba vueltas al asunto y no lo abordaba directamente. Midori la miró, con ojos brillantes —. Necesito que lo diga o no lo creeré… — musitó con voz cortada.

La rubia se sintió conmovida, tanto que se le formó un nudo en la garganta y le costó recitar las palabras que la kunoichi pedía oír.

Said tiene muerte encefálica, lo lamento…

En su pecho gorgoteó un sollozo, se acercó con piernas temblorosas a la cama de su sobrino. Con suavidad se sentó en la orilla de la cama y con primor tomó una de sus manitas. La envolvió con tanto esmero que temió quebrarlo.

Lo siento, Said… — gimoteó, acarició su carita amoratada y llevó la mano a sus labios —. Lo siento mucho…

Midori dejó que las lágrimas fluyeran como caudales mientras le hacía pequeñas carantoñas a su sobrino. Ella sabía que él no podía sentirlas, él ya no podía sentir nada. Estaba lejos de ese plano astral, donde finalmente descansaba.

Donde no había dolor, ni pena, tampoco maltrato ni escases. Un lugar donde era feliz.

Midori nunca fue una persona religiosa, pero esperaba que si había vida después de la muerte su sobrino la disfrutara de la mejor manera.

Lo lamento… — murmuró de nuevo.

Como si con esas palabras pudiera devolverle la vida o retroceder el tiempo, como si con eso pudiera enmendar todos sus errores, todas sus culpas. Como si eso consiguiera consolarla.

Cerró los ojos, dejó que las lágrimas continuaran brotando de sus ojos e hicieran recorrido por sus mejillas hasta su barbilla, impactando contra la tela de su camisa.

Midori…

Pronto la voz de él se hizo presente, seguida de un apretón cariñoso sobre su hombro. No pudo hacer otra cosa más que tragarse los sollozos, no quería que sintiera lástima por ella.

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Kakashi había llegado a aquella habitación con un solo propósito. Hablar con Midori.

Apenas pasó la impresión inicial de aquellas palabras desdeñosas de Akari, él fue capaz de poner todo en su lugar. Comenzó a pensar y a recordar, había tantas cosas que necesitaba saber, tanto que quería preguntar… Había sido incapaz de notar el momento de huida de la kunoichi.

Porque para él había sido una escapada. Olvidó la verdadera razón que los tenía en un hospital en plena madrugada.

Said.

Apenas visualizó a Tsunade, preguntó por el paradero de la mujer que conseguía quitarle el sueño. La ex Hokage le dio los preliminares y le indicó donde se encontraba. No se opuso a su búsqueda, no le dijo nada. La Sannin era lo suficientemente inteligente para saber que la kunoichi necesitaba un soporte, un amigo. Y Kakashi era ambos. Aunque en ese momento se sintiera herido y molesto.

Cuando entró en la habitación y la escuchó hablar, pidiéndole disculpas a Said no pudo continuar más con su enojo. Sobre todo, porque se estaba comportando estúpidamente en una situación crítica. Midori pasaba por uno de sus peores momentos.

Él no le deseaba tal dolor a nadie. Ni a su peor enemigo…

Decidir entre permitir el soporte vital o dejar morir a su sobrino, no sería una resolución fácil de conseguir. Sin importar que tan dura o tan fuerte ella se mostrara, sabía que Said era una de las personas más importantes en su vida y, tener que dejarlo partir; originaría una tremenda carga en su corazón y su consciencia.

Sin embargo, no había nada más que hacer por él. Las pruebas dieron autenticidad al diagnóstico. Y, aunque ocurriese un milagro (que era poco probable), la carga psicológica a la que tendría que enfrentarse la pobre criatura auguraría sesiones interminables con los psicólogos, psiquiatras o cualquier alma que pudiera tratar tal trauma.

Midori — farfulló de nuevo, presionó suavemente su hombro —. Tienes que dejarlo ir.

Lo sé.

Contestó ella con voz entrecortada, trataba de sonar firme, pero era imposible en esas circunstancias. Él lo entendía y al mismo tiempo le dolía. Jamás la había visto tan quebrada, nunca tan dolida y a la vez, tan culpable.

Hubo unos minutos de silencio, donde lo único que se oía era el bisbiseo de los monitores que controlaban la frecuencia cardíaca. El ventilador que mantenía con aire los pulmones del pequeño. El goteo de las intravenosas. Y la respiración pausada y achacosa de ambos.

Porque sí. Ambos sufrían. No de la misma manera, pero lo compartían.

Sé porque estás aquí — manifestó de repente Midori.

La kunoichi abrió los ojos y secó sus lágrimas. Consiguió que su voz no se rompiera, pero no lo miró. Tenía los orbes fijos en el rostro amoratado de su sobrino. No lograría hablar si lo observaba.

Sé que no viste para apoyarme — dijo, Kakashi lo sabía y aunque quiso rebatir no se atrevió. Se sentía demasiado responsable de su insensibilidad —. Sé que te debo explicaciones, lo sé… — musitó —. Y estoy dispuesta a dártelas, pero no hoy, no… No en este momento.

Finalizó con un profundo suspiro, cerró los ojos de nuevo y dejó caer su cabeza hacia adelante derrotada. Hatake se quedó en silencio. Se dedicó a quedarse a su lado, para hacerle entender que no estaba sola. Que él estaba ahí. Sin importar lo que había pasado, él no se iría de su lado.

Kakashi comprendía que no era el lugar ni el momento para hablar del pasado. Fue egoísta. Se sintió lo suficientemente herido y engañado, que olvidó por un momento lo dura que debía ser para ella toda esa situación.

Midori conocía a Kakashi, sabía muy bien lo que pasaba por su cabeza y se sentía mortificada, atormentada y responsable. Su cabeza era un remolino y sus sentimientos un desastre. No había manera en la que pudieran hablar, pero sí sabía que decisión tomar…

Cogió un respiro hondo y penoso, abrió los ojos y acarició por última vez la carita de Said. Se tragó un sollozo y llamó la atención de Kakashi con un carraspeo.

Por favor, llama a Tsunade-sama — articuló con un nudo en la garganta —, creo que es hora de dejar partir a Said.

El peli-gris asintió en silencio, retiró la mano que le sostenía el hombro y salió de la habitación.

Era momento de dejarlo descansar.

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Dos semanas pasaron después del triste incidente y el funeral de Said.

La mayoría de la comunidad shinobi asistió al sepelio del infante, excepto aquellos que por motivos de trabajo no pudieron acompañar a Midori. La mujer recibió muchas muestras de apoyo y aprecio, a pesar de lo que su hermana había dicho en medio de la sala atestada de gente. El chisme corrió como pólvora, sin embargo, por respeto a la kunoichi y el Sexto se guardaron sus opiniones.

No era momento para las críticas y tampoco se las merecían. Fuera lo que fuera que pasó entre ellos, a nadie le incumbía.

Kakashi decidió darle a Midori su espacio, para que viviera su duelo y reordenara sus emociones. Él también requería aclarar sus sentimientos.

El peli-gris nunca se consideró como un hombre frío, no, al contrario. Hatake podía sentir mucho, sin embargo, cuando se veía en esos derroteros sentimentales prefería ignorarlos y no ahondar en ellos. Desafortunadamente en esta ocasión, no podía darse el lujo de dejarlo pasar.

Primero porque implicaba a la persona que más le importaba. Y segundo, porque necesitaba respuestas, porque se sentía tocado y excluido.

Todavía no concebía como fue apartado de un hecho tan relevante, de un arbitraje tan importante. Engendrar a un bebé implicaba a dos personas, por lo tanto, el juicio de terminar con ese embarazo también debía requerir de dos. O por lo menos, Kakashi pensaba así.

A Hatake le importaba un comino lo que dijeran de él. Que lo catalogaran como mujeriego, pervertido, frío, indiferente… Y la lista continuaba. Le valía un reverendo pepino. Pero nadie podía decir que era un irresponsable. De haberse dado cuenta del estado de Midori, seguramente su vida sería otra.

Si no la hubiese dejado, nada de eso habría pasado. La zozobra no lo atormentaría constantemente, tendría una vida diferente. Y tal vez, solo tal vez, él sería feliz con la única mujer que llegó a amar…

¿Kakashi? — la voz de Itachi arribó de repente.

El aludido dejó la carpeta que sostenía en sus manos sobre el escritorio, honestamente no había leído nada y no tenía ánimos. Elevó la mirada y se encontró con el rostro de Itachi carente burla.

Parecía que la mofa se esfumó de sus ojos, que no era capaz de dar sonrisas y que su voz era incapaz de emular algún tono bromista.

¿Qué sucede? — preguntó el Hokage, con tono apagado pero circunspecto.

Uchiha se mantuvo alejado de todo ese asunto porque quería darle tiempo para pensar, para aceptar y para tranquilizarse. Por boca de Sakura se enteró de todo lo que había sucedido. Tanto de la discusión de Kakashi, Midori y Akari; como de lo que pasó con Said.

Itachi no pudo sentirse más inútil e impotente ante tal situación. Los dos eran sus amigos y sufrían, él no podía sentirse peor. Sin embargo, no era su asunto, y aunque los quisiera como si se tratase de su familia, debía darles su espacio para que pusieran sus sentimientos en orden. Él quería ayudar, solo que no sabía cómo acercarse sin parecer un imprudente o un metiche.

Claro, eso fue hasta esa mañana que vio a Midori afuera del cuartel ANBU.

Midori presentó una solicitud de reactivación para ANBU esta mañana — soltó de repente.

Kakashi no se sintió sorprendido, únicamente frunció el ceño e Itachi supo que la idea no le gustaba en lo absoluto.

¿Cómo te enteraste?

Uchiha tomó un respiro antes de contestarle.

La vi afuera de las instalaciones esta mañana — pausó, mientras buscaba algo dentro de los bolsillos de su pantalón, extrajo un pergamino —. Me dio esto, dijo que aquí estaba la solución a tu problema — finalizó entregándoselo.

El peli-gris lo tomó y lo oteó, leyó con extremo cuidado cada instrucción, cada párrafo, cada letra. Todo había sido escrito con pulcritud y detalle, no cabía la menor duda que provenía de Midori. Kakashi se sintió abrumado al notar que las horas extra y los turnos exhaustivos en el laboratorio significaban la finalización de ese trabajo, esa 'cura' para su mal y el control de chakra que Obito le donó junto con el Sharingan.

Asimismo, significaba su despedida.

Porque él sabía que se iba. Huía. Del dolor, de la angustia, las explicaciones y la culpa. De los fantasmas del pasado que la atormentaban.

Kakashi sabía que Midori prefería poner en riesgo su vida antes que enfrentarse a él, a su pasado y sus sentimientos. Porque a ella le gustaba mucho negar lo que sentía, le agradaba más ignorar las emociones que preservarlas. Pero estaba muy equivocada si creía que la dejaría marchar tan fácilmente.

¿Ha pedido alguna misión?

Dirigió sus ojos oscuros hacia el Uchiha, éste negó con la cabeza y metió las manos dentro de sus bolsillos.

Aún no, pero no tardarán en darle alguna.

Hatake asintió.

Y no tendrá ninguna, de mi cuenta corre — sentenció.

Midori estaba muy equivocada si pensaba que la dejaría ir como si nada. Dejaría de llamarse Kakashi Hatake si se lo permitía.


Notas de Autor:

Bien, si han llegado hasta aquí, significa que han sido capaces de leer absolutamente todo... Sé que no querían que Said muriera, de hecho, me replantee la idea, sin embargo; ya había abordado ese tema y no lo iba a desviar. Seguramente terminaría alargando más las cosas y bien o mal, era mejor así. Aún faltan un par de capítulos más antes que Kakashi y Midori puedan llegar a un punto en el que el dolor no los consuma por cada eventualidad, también debo decir que pronto esta historia llegará a su fin.

Sin más me despido, nos vemos en una próxima actualización.