NOTA DEL AUTOR (O AUTORA XD):
Este FanFic o serie de historias es mi intento de narrar como imagino yo la vida del grandioso Reed Li Clow, uno de mis personajes favoritos de CLAMP ^^
Este FanFic esta narrado en primera persona. Principalmente por Clow pero puede que Yue y Kerberus también tengan algo de protagonismo...
Aquí veremos la faceta más o menos "responsable" de nuestro mago favorito pues aunque no muy emocionado, se nos casa y toma el liderazgo de los asuntos como magos del Clan Li además de entrenar y formar a sus guardianes como tales pues ellos están a la cabeza en la jerarquía formada en sus cartas mágicas... (Dura tarea para los mimados Kero y Yue LOL)
Dedicado especialmente para Laurus Nobilis, Tsuki no Youkai y Melissa-yueirishu (cuyos maravillosos fics me animaron a intentar componer este fic ya que sólo albergaba ideas muy vagas sobre la posible vida del Mago Clow)
FanFic CLAMP
El mago más poderoso del mundo - Amo y Guardian
-¿Seis años más? -Exclamó con voz irritada la bella Xia He de pie frente a mí. La espera aceptada parecía comenzar a afectarle negativamente. -¡Ese maldito conflicto no parece finalizar nunca! -Agregó perdiendo las formas ante mí sin percatarse de ello. Dedicándole la más dulce de las sonrisas mientras acariciaba la peluda cabeza del esbelto y desarrollado Kerberus repliqué:
-Ya sabes que la situación se ha dificultado un poco debido a problemas sufridos con los legitimistas, pretendientes Ming y posibles rebeldes que aún continúan luchando por lo que creen. -
Dando un hondo suspiro, sutilmente azorada por olvidar controlar sus nervios, se sentó junto a mí muy acurrucada y cerrando sus ojos color caramelo musitó:
-Tenéis razón, mi futuro esposo, si se ha de esperar, esperaré otro poquito más. -Más arrugando su frente añadió. -Sin embargo dudo que a mis Honorables padres les parezca bien. Nuestra familia aunque poderosa no posee comparable linaje al vuestro. -
Kerberus alzaría parte de su cuerpo quedando sentado con la cabeza dirigida hacía mí, en sus dorados ojos se atisbaban las ganas de preguntar acerca de aquel termino tan extraño para él. Para ser sincero yo tampoco lo comprendía del todo sin embargo era consciente de su importancia debido a cuan remarcado era ese hecho entre los hechiceros. Me entristeció recordar como a todos aquellos amigos y compañeros no les importaba perder sus vidas si yo estaba bien.
-Perdóneme padre, si la pregunta que quería formularle le va poner triste. -Sintió el joven león dorado la necesidad de disculparse, ni siquiera la había formulado pero al observar mi gesto de ponzoña contenida no tardó en rogar perdón por un pensamiento propio de un joven curioso.
Negué con la cabeza tratando de devolverle una sonrisa. Xia He en cambio se mostró disgustada con mi guardián solar. Era incapaz de disimular su desagrado ante mi manera de tratar a mis guardianes por lo que frunciendo el ceño mirándolo con severidad le dijo:
-Criatura, ¿cómo osas referirte al Honorable Clow con ese termino? -
-¿Qué termino? -La provocó el león claramente pícaro y molesto. -¿Padre? Verá, como resulta que él nos creó, es nuestro padre. -Agregó con su voz de león adulto, habiendo quedado sus chillones rugidos en rugidos roncos y de unos tonos más bajos apartándose unos pasos del pétreo banco en el que nos encontrábamos bajo los esbeltos y embelesadores cerezos situados a nuestra izquierda, derecha y otro por detrás. Las palabras del felino de anaranjado y reluciente pelaje en vez de enojarla más produjeron que dejase escapar una risotada. Levantando una de sus finas y castañas cejas, sacó a Kerberus de lo que ella consideraba un gran error.
-En cierta medida cierto es más me temo que ese termino en verdad se usa correctamente cuando uno es creado a partir de la unión de un varón y una dama, no de la magia por lo que en vez de denominarle padre, por ejemplo, Honorable señor sería más correcto. -
Kerberus escuchó cada palabra proveniente de Xia He en silencio con la frente arrugada y el morro fruncido como hacía cada vez que se esmeraba en procesar y guardar en su despejada mente algo importante sin embargo los gritos furiosos de Yue, le obligaron a abrir sus entrecerrados ojos para conducirlos velozmente hacía lo alto de uno de los espléndidos cerezos.
-¡Jamas usaremos semejante termino! -Fue uno de los gritos del chico de plateados cabellos que todo inclinado hacía abajo sin perder el equilibrio nos había observado y escuchado en tranquilo silencio. Sus ojos de pálido azul parecían cobrar un fuerte tono azulado como si fuese un indicador de su rabia sumido en aquellas sombras. Su ya larga melena descendía sobre su hombro izquierdo sujeta por una cinta azulada finalizando en su pecho. -¡Así es como se refieren los criados a sus señores! ¡Y a los criados no se les trata bien! -Continuó gritando golpeando la solida rama del árbol.
-¡Eso! ¡Eso! -Coreó Kerberus golpeando el suelo repetidas veces.
Todo lo que pude hacer fue acontecer aquella disputa sintiendo gran culpabilidad y algo de vergüenza pues el siguiente en ser reñido sería yo más no era necesario retomar ese tema tantas veces, yo sabía de sobra lo mal padre o tutor o maestro que había sido pues Hikari me lo recordaba muy a menudo pero ella nunca había humillado a mis guardianes de ese modo, provocando que se sintiesen inferiores o instrumentos porque no eran meros seres mágicos. Exponer esa observación era realmente cansado a mi futura y testaruda esposa. Suspiré y poniéndome en pie levanté mi voz para serenar a esos dos.
-Ya está bien. Nadie es menos que nadie. -Sentencié primero dirigiendo mis claros ojos hacía Kerberus, que rápidamente paró de golpear el suelo agachando su cabeza dorada como un niño arrepentido o asustado y luego hacía los desafiantes Xia He y Yue, cuya enemistad no hacía más que crecer. -Pero a cada uno se le ha sido asignado un rango diferente. -Añadí notando como mi voz peligrosamente se quebraba a causa de la inseguridad. No estaba realmente convencido de que sus reacciones fuesen a ser como la del león dorado, que arrastraba una pata contra el suelo a la espera de que le regañase o impusiese algún castigo.
-Desde luego, Honorable Clow. -Dijo ella rompiendo esa intensa y larga mirada sostenida para mirarme, con un grácil movimiento de cabeza abandonaría nuestro duro asiento y plenamente consciente de lo mucho que enfurecería a mi guardián lunar al pasar a mi lado, posó una de sus delicadas manos sobre mi rostro sonriente. -Como siempre, habláis con sabiduría. -
Aquello fue intolerable para Yue, que reprimiendo un grito de furia, optó por alejarse velozmente haciendo aparecer sus magnificas alas. Aún apreciándose algo de inseguridad en su angelical rostro, mientras batía sus alas con mayor fuerza meneando la cabeza se lanzó imprudentemente hacía otra alta rama del cerezo y desde ella consiguió sobrepasar el grueso y ancho muro.
-¡Yue! -Me hallé a mí mismo gritando con el ceño fruncido al atisbar como su ligero cuerpo no lograba mantenerse en el aire. Todavía no era lo suficientemente experto en ese arte que debía ser volar por lo que tendía a caer desequilibrado muy a menudo como le sucedía a Kerberus. Suspiré al ver que retomaba costosamente su lugar en el cielo pero la preocupación de perderle seguía conmigo, acercándome apresurado unos pasos para pedirle que volviese pero llevado por el viento había comenzado a alejarse dejando meramente tras de sí algunas plumas que brillaron plateadas un instante antes de caer rozando mi mano alzada. Meneando la cabeza sostuve una de las plumas y musité apretándola contra mí pecho. -Yue... ¡Yue se ha ido! -Al volverme hacía Xia He y el estupefacto Kerberus, mi tono se elevó un poco.
Mi futura esposa simplemente se encogió de hombros y diciendo con la mayor dulzura posible aunque sin ocultar del todo su indiferencia:
-Ya volvera... Probablemente le venga bien darse una vuelta solo para reflexionar... -
-¿Eso es todo? -Soltaría el león dorado mirándola reprochante. -¡Mejor voy a buscarlo! -Se ofreció enérgico aproximándose hasta el banco pero con voz retunda lo detuve:
-No, Kerberus... Tu mejor quédate aquí. -Intenté suavizar mi exasperado tono mientras él me miraba decepcionado.
(Yue)
Era demasiado y aunque seguramente había cosas peores, no pude controlar lo que me impulsó a escapar de la residencia de los Li al menos hasta que esa horrible sensación se desvaneciese...
La voz del hasta entonces considerado mi padre resonaba en mi cabeza. Obligándome a mantener el rumbo sin fijar, encogido forzaba a mis débiles alas a continuar moviéndose pues si no lo hacía, de seguro volvería a precipitarme contra el suelo. La idea de estamparme contra la fria y dura calzada no me era agradable pero si ocurría, le importaría verdaderamente. La duda razonable me hizo pararme demasiado tiempo pero lo peor fue que cuando mis poco ejercitadas alas reanudaron su labor, un viento imprevisto me embustió y el frágil equilibrio por el que tanto había peleado se quebró en un abrir y cerrar de ojos. Lo único que pude hacer mientras esperaba un doloroso golpe que de seguro sería mortal fue protegerme colocando los brazos en cruz quedando mis manos una contra la otra sobre mi rostro. Mi último pensamiento fue para él, no os quepa dudas. Mis alas también imitaron a mis brazos y supongo que su suave composición suavizó la desastrosa caída. Con dificultad pasado un rato, mi cuerpo debió de colisionar contra algo, algo desigualado y descendente pues lo que pude percibir incrustándose en mi espalda no era nada liso. Resoplando hice acoplo de todas mis fuerzas y abriéndose lentamente mis esponjosas alas, intenté varias veces incorporarme más mi dolorido cuerpo se resistió.
-¿Yue? -Creí oír mi nombre una vez más, desde abajo alguien me había encontrado. Luchando contra el pesado y extendido mal estar me incorpore para quedar sentado y de rodillas, asomé mi despeinada cabeza pero no era él sino la ama Hikari, una mujer joven de negros y lacios cabellos recogidos en un simple pero abultado moño, ropas sencillas y bonito colgante escondido entre ellas. Retrocedí entristecido pero ella ya se había percatado de mi presencia pues añadió. -Vamos, tonto, baja y cuéntame que haces ahí arriba. -Sé que eres tú, Yue, anda, baja y cuéntame porque estás ahí arriba. -En su voz no capté nada que indicase enfado pero no estaba del todo seguro de si era buena idea eso de bajar por lo que la escuché insistir sin moverme.
Suspiró y no cesó de hablar, de comentar lo ocurrido durante mi atolondrada huida al resultar nulas su prolongada petición.
-Está bien, si no quieres contármelo, tampoco pasa nada pero el Amo Clow se haya tan angustiado... Y las palabras de la Honorable Xia He no le han calmado sino que le han puesto aún peor y no me es de extrañar pues ella no entiende todo lo importante que te has ido volviendo para él porque a diferencia de un... ¿Un homúnculo? Tú posees sentimientos como cualquier humano y además puedes meditar... -
-¡Pero no soy humano por lo que está mal que le muestre afecto o le llame padre! -Grité golpeando la superficie con los puños sintiendo como todo mi ser se convulsionaba irradiado por esa potente energía que debía de ser conocida como rabia. -¡Soy algo creado, algo que sirve al mago por lo que debo tratarlo y dirigirme a él como Amo! -Añadí apretando los dientes y hundiendo mis puños con mayor fuerza.
-¿Y qué hay de malo en aceptar ese rol? -Preguntó entonces la ama Hikari con tono de voz ligeramente diferente al anterior.
-¡Los sirvientes reciben un trato horrible por parte de sus señores! -Lancé otro desgarrador grito. -¡Si no hacen tal cosa, son castigados! ¡No pueden comer o dormir cerca de sus señores! ¡O lo peor de todo, no pueden hablarles a menos que ellos se lo concedan! -Enumeré diversas observaciones tanto en la Mansión Windson como en la residencia Li.
-Cierto es. -Me pareció escucharla aunque su voz fue apenas un susurro. -¡Pero el Amo Symond no era así y el Amo Clow jamás lo será! -Resonó su voz con firmeza y claridad al momento siguiente. -Y mucho menos con sus queridos guardianes así que diga lo que diga esa mujer, sólo piensa en lo que el Amo Clow decida para ti y para Kerberus. -Su voz se tornó un poco temblorosa como si estuviese conteniendo las lagrimas.
-Aún así ella... -Quise aclarar poniéndome costosamente en pie pero no pude ni terminar la frase. El mero recuerdo hacía que me estremeciese.
-Tú deja de pensar en ella, ella no va a convertirse en tu señora. -Me reprendió Hikari cruzándose de brazos mientras hacía una graciosa mueca. -Y volvamos con nuestro amo. -A lo último agregó un guiño.
Respiré hondo y asimilando todo lo surgido en la conversación, decidí bajar cuidadosamente del tejado para regresar, regresar con el Amo Clow, mi creador y futuro mentor pues a él se le ocurrió que si no era correcto ese termino, utilizaríamos otro que también implicase ciertos lazos afectivos.
(Clow Reed)
-Amo Clow... -Escuché tras de mí la suave y tranquila voz de Hikari seguida por el leve contacto de sus dedos sobre uno de mis hombros. Girándome rápidamente la ví muy cerca sonriendo con la cara ligeramente ladeada. -¡Venga conmigo a ver quien a regresado! -Exclamó al instante siguiendo cuando mis entornados ojos se fijaron en ella.
Pestañeando, accedí a abandonar mi puesto al lado del muro para acompañarla hasta la zona que había entre las grandes puertas y la residencia. Kerberus, que se había negado a dejarme solo en esa espera que me pareció demasiado prolongada levantó su cabeza repleta de anaranjados cabellos mascullando con una naciente expresión pícara:
-¿Por fin ha vuelto Yue? Eso no me lo pierdo. -
E incorporándose con la agilidad propia del felino que era, nos acompañó, seguramente esperanzado con presenciar una sonora regañina. Algo más propio de mi difunto hermano aunque en efecto mantuve una seria charla con él después de recibirlo como todo preocupado padre pues es así como me esforzaba en mostrarme ya que así quería que ellos, mis creaciones, me viesen. Impaciente, el león dorado aceleró sus pasos y para cuando yo llegué él se encontraba rodeando al recuperado Yue, que parado en el centro, no decía palabra. Lo que atisbé en sus ojos casi parte en dos mi encogido corazón. Sobre el suelo algunas plumas habían caído delicadamente al haber extendido sus alas para posteriormente ocultarlas. Sus cabellos largos y finos como cintas plateadas estaban desordenados pero para mí horror, al estrecharlo contra mí embargado por ese fuerte impulso, estaba herido. Su leve quejido así lo confirmaba.
-Oh Yue... -Fue todo lo que brotó de mi boca cesando de estrujarlo arrodillado ante él para mirar su perfecto rostro. -En mitad de tu vuelo, caíste... -Musité recordando la espantosa visión de su caída, la cual ayudó a la única sirvienta de mi confianza a dar con él. Hikari.
Él se limitó a asentir con los ojos llorosos. Obligándome a mí mismo a no imitarle, cerré los ojos con fuerza tras mis gafas y sin perder un tono suave, tomando sus manos entre las mías le obligué a realizar otra promesa más.
-Pase lo que pase, prométeme que nunca más volverás a irte solo. -Dirigiendo mi vista hacía Kerberus un momento, añadí. -Esto va para ti también, Kerberus. -Éste asintió enérgico y levantando una pata con solemnidad declaró:
-Prometo no cometer la misma estupidez que Yue. -
Pasando por alto su comentario jocoso, mis ojos volvieron a posarse sobre mi ángel de plata expectantes.
-Se lo prometo... -Respondió con voz estremecida y haciendo una pausa, tras un hondo respiro agregó sin dejar de mirarme. -Amo Clow. -
Y sin saber la razón exacta una sonrisa nació en sus labios rosados. Kerberus que le observaba bastante perplejo, comentó entrecerrando sus ojos dorados:
-Ey, le has llamado amo como haría un sirviente... -
-No, me he dirigido a él como un guardián, su guardián, porque los guardianes son sirvientes pero especiales. -Yue le especificó de inmediato con un orgullo que lo embelleció aún más. Soltando sus manos lentamente le observó asombrado echar a correr hacía el patio seguido de un demandante Kerberus que no cesaba de pedir una explicación más satisfactoria con respecto a lo que Yue parecía haber descubierto y aceptado.
Poniéndome en pie fijé mis ojos en Hikari, quién apartada observó con expresión enternecida la escena, y musité con una sonrisa:
-Gracias Hikari, sabía que sólo tu podrías hacerle volver. -
-No ha sido para tanto. -Le quitaría importancia ella agitando una mano. -Forma parte del deber de una guardiana ¿o no? -Puntualizó más que encantada con su el rol otorgado por Symond en el nombramiento de mis guardianes. -Al igual que va a formar parte de tu deber hacer que le entre en la cabeza la relación Amo-Guardián. -
Como siempre, su uso de razón me forzó a asentir encogiéndome de hombros con cierto sentimiento de culpa añadido mientras la veía alejarse..
Sentado en el lugar que le había correspondido a mi medio hermano Fei Wang Li tratando de parecer lo más sereno y firme posible, esperé a que llegasen mis guardianes, repitiéndome mentalmente una y otra vez lo que les iba a comunicar. Aunque me había negado en rotundo a que Xia He formara parte, mi obstinada futura esposa estaba sentada junto a mí y sus ojos color café brillaban absortos en mi contemplación sin embargo sus labios estaban fuertemente fruncidos. Supuse al mirarla tomar su elegante asiento que continuaba afectada por las bruscas palabras que le dedique en mi estado de ansiedad pocos instantes después de la huida de Yue. A pesar de disculparme a fin de seguir sosteniendo una vivencia agradable quizás a ella le costaría un tiempo dejar atrás el incidente. El espeso silencio fue despejado al apreciar el sonido de las grandes y ornamentadas puertas al ser abiertas por Hikari, quién tras una reverencia se marchó dejando a los chicos solos en la extensa sala o también conocido como el imponente salón de reuniones. Quietos como estatuas me miraron risueños pero desviando sus ojos hacía Xia He tanto el león de bello pelaje como el niño de angelical apariencia al retomar sus ojos en mí me dedicaron una mirada cautelosa entrecerrandolos.
-Vamos, queridos míos, acercaos a mí. -Les anime a avanzar con voz suave pero imperiosa mientras les hacía un gesto con una mano. -Me gustaría haceros saber unas cuantas cosas antes de proceder con vuestro adiestramiento. -
Ambos guardianes tragaron saliva mirándose de reojo, Kerberus parecía echarle la culpa a Yue más ninguno abrió la boca. Dieron algunos pasos hacía delante en silencio hasta quedar en el centro. Respirando hondo y enviándole una mirada en busca de acuerdo en mi futura esposa, quién asintió levantando ambas y finas cejas, continué tan tajante como pude pues conseguir un equilibrio entre todos los moradores de la residencia Li iba a ser tarea de todos.
-Como ya dije bien temprano esta mañana, a cada uno las circunstancias le asignan un rango y todos de vital importancia ya que esos rangos son complementarios. Yue y Kerberus serán a partir de ahora mis guardianes y no sólo se encargarán de velar por mi bienestar sino que también se ocuparán de custodiar todo lo relacionado conmigo por lo que deberán de ser dignos de rango o terribles futuras consecuencias habrá por lo que estarán a mí lado, me encuentre donde me encuentre pero si no pudiera ser, estarán lo más próximos posible. -Me detuve para escuchar la confirmación a mi mandato por parte de mis tres acompañantes. -Por lo que a partir de ahora serán reconocidos como Guardián de La Luna Yue y Guardián del Sol Kerberus por todo aquel que este a mi cargo en la residencia Li al igual que ellos se referirán a mí como ellos deseen excepto Padre, ya que es un termino que creará confusión. -Concluí consciente de que todos los presentes me observaban asombrados.
-¿Ha concluido ya? -Habló Xia He regalándome el dulce sonido de su voz posando una de sus manos sobre la que yo tenía colocada sobre un antebrazo cercano. Levantando una oscura ceja me quedé un instante mirándola antes de asentir y concentrarme en la búsqueda del último elemento base. -En ese caso, considero que ya puedo retomar mis propios asuntos. -Se despidió con un suspiro.
-Lamento haber sido tan rudo contigo esta mañana. -Sentí la necesidad de reiterar mi disculpa en un susurro cuando ella alejó su mano de la mía con delicadeza. Arrugando la frente, una frágil sonrisa nació de sus labios perfectamente teñidos de rojo. Eso me bastó para saber que lo estaba sobrellevando con entereza.
En cuanto desapareció tras cerrar la puerta moviéndose con esa gracia tan fascinante el ambiente se tornó más desenfadado pues ambos chicos se precipitarían hacía mí cargados de curiosidad y nerviosismo. Iba a ser lo más parecido a un trabajo que tuviesen esos dos y no sólo cargarían con la responsabilidad de sus actos en sociedad sino que como empece a explicarles otra vez, cargarían con la responsabilidad de seres surgidos de la naturaleza mediante la magia con un razonamiento y una compostura menos desarrolladas o desarrolladas según su cualidad.
-Tú, Kerberus, ya dispones de los elementos que van asignados al Astro Rey Sol por lo que tú ya podrías comenzar tus lecciones de magia sin embargo como aún nos falta el elemento agua dentro de los otros dos asignados al Astro Reina Luna, Yue tendrá que esperar un poco... -Compartí con ellos lo que me rondaba la cabeza al sacar las cartas reclinado sobre mi asiento de un saco de terciopelo preparado especialmente para ellas, preventivamente hasta la futura elaboración del llamado posteriormente Libro de Clow por mis cuatro tesoros.
Yue se cruzó de hombros sentado en el antebrazo derecho y preocupado preguntó:
-¿Significa eso que Kerberus ejercerá como guardián antes que yo? -
-No, no exactamente... -Le expliqué de inmediato ya que él se tomaba mucho más en serio todo lo que salía de mi boca. Colocándome como era debido en el asiento le especifiqué. -Mira, lo que significa es que hasta que ambos no dispongáis de los cuatro elementos, tendré que retrasar las lecciones mágicas y compartir con vosotros otros conocimientos que os ayuden en un futuro como... -Dejé la frase sin finalizar a la espera de que alguno de esos dos me dijese algo que quisieran aprender a hacer pero dado su alto orgullo, decidí terminar la frase por ellos tras un suspiro. -Por ejemplo, Volar. -
-¡Pero si no hace falta! -Replicaría Kerberus sentado a mis pies agitando una de sus patas traseras mientras ponía los ojos en blanco. -¡Nosotros podemos volar y volamos! -
Entonces fui yo quien inclinándome para mirarle fijamente a sus dorados ojos rasgados, entrecerré los ojos y dije:
-Eso que hacéis no es volar, como mucho podría ser llamado planear y aún así dudo que fuese considerado eso. -
-¿Ah no? ¿Por quién? -Gruñó Kerberus poniéndose chulo. Brindándole una sonrisa burlona dí respuesta a su insolente pregunta:
-No pues no creo que todas las aves voladoras al veros pensaran Oh qué bien vuelan... -Lo dejé desarmado, mirando a Yue añadí sereno. -Además si he de ver más caídas me gustaría que no fuese a causa de vuestro limitado dominio. -
Kerberus gruñó cruzándose de brazos mascullando que si se me había metido eso en la cabeza era por culpa de Yue, el verdadero patoso.
(Yue)
Las horas se me hacían largas y pesadas a la espera de que la hora de la comida finalizase para poder reunirme con el Amo Clow. Sentado en un simple banco junto al ama Hikari observaba a todos los presentes dentro de esa dependencia comer en silencio. Aquel lugar no era para nada hermoso de contemplar, las paredes no poseían bellos ni detallados dibujos, eran todas de vieja madera pero lanzando furtivas miradas a mi hermano y a mi cuidadora eso no parecía ser de importancia pues llenaban sus bocas de gruesas bolitas blancas sostenidas sin dificultad entre largos y finos palillos también de madera, madera de claro color o en el caso de Kerberus, atrapadas en sus patas hasta no quedar más que granitos muy pequeños. Manteniendo las manos apoyadas sobre la parte superior de mis piernas, todo lo que podía hacer era esperar resoplando. Muchos ojos se fijaban en mí de cuando en cuando pero no me importaba, la ama Hikari me había dicho en una ocasión que eso era porque mi aspecto resultaba muy curioso. Tan rubio y de piel tan clara, sólo algunos extranjeros eran así. Con los ojos ya cerrados y cruzados de brazos, abstraído el último tintineo de los palillos al caer sobre el bol me alertaron de que la comida había terminado.
-¿Ya? -Quise confirmar pestañeando un poco mientras ella se limpiaba la boca con una gran servilleta de aspecto envejecido. Ella asintió sonriente.
Kerberus no se apartaría de su ración consumida hasta que la ama Hikari le cogiese por el cuello y lo arrastrase afuera. Tenía su gracia que aún sin ser un gran manjar, mi gran hermano insistiese en continuar llenando su panza. Cuando llegamos hasta el Amo Clow, este nos dedicó una sonrisa acompañada de estas palabras:
-Llegáis un poco tarde. ¿No? -
¡Qué horror! Fulminé a Kerberus con la mirada, acto que provocó que él soltase una suave y melodiosa risa. La ama Hikari suspiraría y le replicaría con ambas manos sobre la cadera tras arrastrar al terco Kerberus:
-Hubiesen llegado a tiempo pero esta bola de pelo naranja no me lo pone nada fácil... - Y después de una rápida reverencia agregó poniéndose algunos largos cabellos por debajo de las oreja. -Y si mi señor me disculpa, me voy a ocuparme de otros deberes más reconfortantes. -
Suavizando su tono, risueño con una negra ceja levantada comentó:
-Sólo ha sido una observación. ¡Qué carácter tienen algunos! -
Ella hizo como que le ignoraba mientras proseguía su camino alejándose de ese rincón del patio. Probablemente el favorito de nuestro Amo Clow pues a él acudía muy a menudo. Descruzando una pierna al mismo tiempo que cerraba el libro que había sostenido entre sus largos dedos sus ojos del color de un cielo tranquilo y sin nubes tras sus gafas redondas se centraron en nosotros y su expresión cambió. Aunque no atisbe amenaza al mirarle, había algo en sus ojos que me causó impresión, había tanta determinación. Sí, eso era al igual que en su voz.
-Bien, queridos míos, antes que nada, me gustaría comprobar ciertos puntos. -
Mi hermano y principal compañero se sentó lentamente observando a nuestro Amo con recelo. Haciendo gran esfuerzo por no echarse a reír nuevamente, él dejaría el libro de gastadas tapas cuidadosamente conservado a un lado pues había estado un buen rato en su alda bajo sus entrelazadas manos ya que iba a proceder de pie a dar comienzo a lo que fue una larga explicación y creo comparación también con aves capaces de volar. Kerberus se quedó tan desconcertado como yo y gritó dando un fuerte golpe al solido y polvoriento suelo:
-¡Deja de compararnos con pájaros! ¡Nosotros somos más que simples pájaros! -
El Amo Clow resopló y respondió tratando de calmarlo:
-Por supuesto que no lo sois Kerberus pero albergáis alas y los únicos animales conocidos que posean alas son los pájaros, me refiero a alas con las que poder volar. -Aclaró rápidamente al captar la expresión del felino, no muy feliz con la comparación, que levantando su cabeza y pata delantera orgulloso estaba a punto de replicar. Arrugando la frente y con la barbilla apoyada contra un puño, apartando un poco la vista de nosotros dos, solicitó. -Yue, despréndete de... La ropa... -Su voz se fue haciendo difícil de comprender y sus mejillas se sonrosaron vivamente.
-¿Qué? -Pregunté y Kerberus dándome un golpe flojo en el hombro exclamó:
-¡Qué te desvistas! -
Le miré extrañado un momento pero curioso empecé a quitarme prendas. La primera que se asemejaba a una camisa muy larga y recia sostenida que me cubría casi por entero fue depositada entre Kerberus y yo, el Amo Clow sin levantar la vista la recogió para dejarla en el banco detrás nuestro respirando entrecortadamente. La siguiente era parecida pero más ligera de un tono más suave pero cuando me disponía a bajarme los pantalones él me detuvo con una exclamación que sobresaltó tanto a mi hermano Kerberus como a mí.
-¡Sólo la parte superior! -Recobrando aliento después del grito y suavizando su voz añadió. -Ahora, ahora simplemente haz aparecer tus alas Yue. Kerberus, tú también. -
Encogiéndonos de hombros, así lo hicimos. Apretando los puños y cerrando con intensidad los ojos, me concentré y no cesé de hacer fuerza hasta que noté como mi espalda se tensaba y dolorosamente algo salía rasgando carne como si alguna de las costillas saliesen de su lugar. Con los ojos entreabiertos, la borrosa visión de pequeñas y alargadas plumas de plateado brillo me bastó para relajarme. El dolor fue intenso pero breve, para mi alivio. Un dolor que al cual poco a poco me fui acostumbrado en cuanto comenzasen mis practicas diarias. Las alas de mi compañero y hermano también fueron extendidas con un fulgor similar al de las mías pero sus destellos eran dorados a juego con su pelaje.
-Ya está ¿y ahora qué? -Cuestionó Kerberus sacando al Amo Clow de su incomprensible estado. -¿Le gustaría ver una demostración de nuestra manera de volar? -Se chuleó alzando ambas cejas mientras desplegaba sus alas un tanto dobladas como las mías.
-No sería mala idea... Da una vuelta por todo el patio. ¿Crees que podrás? -Fue lo que el Amo Clow le dijo incrementando el desmedido orgullo de Kerberus.
Desde el primer instante en que se elevó agitando sus alas con todas sus ganas, nuestro creador no le quitaría ojo de encima. Evaluando los esfuerzos de Kerberus al lograr alejarse del suelo al cabo de un rato yéndose a sentar en el banco arropado por la sombra de los arboles de bonitas y pequeñas flores rosadas. Cruzado de brazos, a veces parecía musitar algo con los ojos hacía el cielo. No me gustó verle fruncir el ceño. Tanto el Amo Clow como yo esperamos por Kerberus más de lo imaginado.
-Vaya, te consideraba más veloz. -Le diría con tono burlón al ver reaparecer a su lado, jadeante. Mi pobre hermano sólo pudo arrugar la frente y resoplar dejándose caer sobre su alda. Tragué saliva cuando sus ojos retornaron a mí, si Kerberus que había desarrollado una técnica a la hora de volar que no le fallaba no había triunfado, ¿qué posibilidad tenía yo? -Y a ti, ¿te gustaría mostrarme tus dotes de vuelo? -Me preguntó con voz sugerente sosteniendo una ceja alzada.
Mirando hacía el suelo, respondí con un hilo de voz a causa de la presión que sentía:
-No creo que sea necesario, Usted ya es consciente de mi poco dominio... Además prefiero escuchar sus explicaciones. -
Cual acto reflejo, mis alas se desplegaron ocultándome del Amo Clow a medida que la segunda frase fue dicha. Entonces y para mi sorpresa, sentí como sus dedos tocaban mis alas como si fuese a abrirlas para verme pero sólo se limitó a tocarlas y emitir algunos ruiditos inquisitivos. Seguía buscando el modo de enseñarnos un arte que él como humano no conocía. Estremecido alce mi voz para saber qué ocurría pero su respuesta fue vaga como un pensamiento en voz alta:
-Mmm... Parecen iguales a las de cualquier pájaro volador, entonces ¿cuál es el problema? -
A continuación cesando el roce de sus dedos por mi sensitivas alas, oí un chasquido que me obligó a extender las alas apartándolas de mí veloz. El Amo Clow acababa de tener una idea. Idea que tomó un resultado inesperadamente maravilloso.
-Vuelo, se liberado. -Exclamaría él con voz triunfal cruzándose de brazos a la espera de que la criatura adoptase su autentica forma al aparecer luminosa una de sus alargada cartas mágicas. -Quizás así la explicación se haga más comprensible ya que Vuelo vuela y actúa como un pájaro. -
El ser que pudimos ver una vez la luz que lo cubría se desvaneció era más grande de que Kerberus y yo nos estuvimos imaginando, tan alto como nuestro creador o un poco más y muy estilizado, todo su plumaje era azulado y sus alas desplegadas eran el doble de anchas que las que albergábamos mi hermano y yo. Sus pequeños ojos se entrecerraron cuando el Amo Clow se aproximó cauteloso a él pero lo que más nos preocupó fue el modo en que empezó a chillar, al principio, muy suave pero luego su tono se tornó muy agudo e inaguantable agitando sus alas medio dobladas cercanas a su pecho emplumado.
-Tranquilo, no voy a hacerte daño. -Le decía el Amo Clow con voz amable a medida que se acercaba más al magnifico ave, levantando un brazo para acariciarlo lentamente.
Cerca, muy cerca de apreciar el tacto del plumaje del inquieto ser, éste chillo con todos sus pulmones y se elevó hacía atrás situándose en una de las ramas más altas del árbol a la izquierda. El amo Clow lo observó frustrado.
-A lo mejor tiene miedo. -Traté de animarlo.
-No creo que sea eso lo que le pasa... -Observó Kerberus sentado sobre el banco fijando la vista en el ave tras haberme dedicado una mirada burlona. -Más bien, parece enfadado o molesto. -
-¿Molesto? -Exclamé sin dar crédito a lo que Kerberus especulaba. -¿Molesto con el Amo Clow? -Adiviné a toda prisa aún más perplejo. Mi hermano y lo más parecido a un amigo asintió con expresión condescendiente. -¡Eso no puede ser! ¡Amo Clow! -Me dirigí a él, que había comenzado a trepar con increíble agilidad y velocidad el árbol. Como nunca le había visto hacer algo como eso, fue un acto que me causó bastante admiración pues a cada rama que llegaba no caía al encaminarse a la próxima, más lejana del suelo.
Levantando la cabeza todo lo permitido, alcancé a ver como el Amo Clow sosteniéndose meramente con una mano apoyada a la gruesa corteza del árbol intentaba convencer al azulada ave de que confiase en él pero no había manera, Vuelo receloso chillaba y se movía hacía el final de la rama. El amo Clow entonces realizó una jugada asombrosa, se lanzó con todas sus fuerzas al animal, que igual de sorprendido que nosotros todo lo que pudo obrar fue retorcerse y no cesar de chillar hasta que de repente su cuerpo emanó una intensa y cegadora luz que nos dio la sensación también se extendió hasta nuestro amo y creador. A pesar de todos mis esfuerzos por no cerrar los ojos, estos desobedientes se cerraron un momento doloridos a causa del resplandor pero consiguiendo vislumbrar nuevamente imágenes que se volvieron nítidas en pocos pestañeos comprobé con la boca bien abierta que el Amo Clow permanecía subido al árbol con el cuerpo ligeramente girado observando atónito las alargadas y anchas alas azuladas que le habían nacido sin explicación lógica a la espalda agitándose al oír nuestros gritos:
-¡El Amo Clow también tiene alas! -
Pero no descendió hasta pasado un buen rato. Kerberus y yo tuvimos que rogarle bajar varias veces para finalizar la lección. Yo a pasar de haber estudiado todo lo concerniente al cristianismo, nunca he sabido exactamente identificar a un ángel sin embargo él en aquel momento me parecía el más bello y elegante de ellos, al descender frente a mí sin chocar contra el suelo brusca o torpemente.
-Amo Clow... ¿Va a continuar con las lecciones de vuelo? -Le pregunté haciendo acopio de todo mi arrojo.
-Sólo si estás dispuesto a mostrarme como vuelas. -Me respondió cerrando un instante los ojos mientras una sonrisa brotaba en sus labios. -Necesito saber que ha de ser corregido. -Añadió sacudiéndose un poco la ropa, desprendiéndose así diversas plumas azuladas al suelo.
-¡Lo estoy si Usted va conmigo! -Exclamé con las mejillas del mismo color rosa intenso que las florecitas del árbol más cercano.
El mago más poderoso del mundo - Pieza cogida, pieza movida
(Clow Reed)
Nunca supe si eso podría haber influido o no en mi único matrimonio pues aunque había aprendido todas las tradiciones y ceremonias que se oficiaban en China con el paciente Maestro Kun, lo concerniente a casamientos era un misterio para mí. Nunca había asistido a ninguno ni en mi apreciada Inglaterra ni allí pero la diferencia como en tantas otras cosas era notable y según me comentaba Hikari, todo se llevaba muy al pie de la letra...
Todo ello tendría lugar tras la inesperada visita de los respetables y temibles padres de Xia He. Señores de buena casa gracias al alzamiento de los Manchúes al poder, allá por inicios del siglo XVII, que supieron adaptarse al cambio de Emperador y ganaron su favor con similar astucia con la que yo tendría que ganarme al de esos tiempos. Juegos políticos que no me interesaban lo más mínimo y que posiblemente me distanciaban de compañeros hechiceros de la zona. Señores a los que me vi obligado a atender con la mayor cortesía y valentía posible dada mi inusual ocupación al mandato del Clan Li. Estaban más que impacientes por que el proceso del enlace diese comienzo y sin ningún miramiento me lo hicieron saber. Más interesado en mis guardianes y su avance a la hora de extender sus alas y volar sin peligro a una malograda caída, me hallaba en mitad de un forzado vuelo con Yue, que no parecía lograr las mismas mejoras que Kerberus, cosa que me causaba bastante preocupación al haber sido creados ambos al mismo tiempo. Con mucho empeño y disciplina por su parte más la inmensa paciencia que tuve que usar con él mi guardián lunar al menos ya se mantenía flotante en el aire, destreza de la cual disfrutaba mucho sin embargo vuelos a grandes alturas, en los cuales el viento puede ser o un gran aliado o un enemigo impasible, continuaban sin ser satisfactoriamente superados. El atrevido de mi guardián solar sacó una probabilidad a su lento avance que me dejó muy desconcertado pues parecía demasiado razonable...
-Oye, Amo Clow, ¿no ha pensado que Yue podría estar haciéndolo a propósito? -Sugirió flotando panza arriba a mi alrededor, sostenido meramente por el movimiento de sus alas, que poco a poco habían ido ganando fuerza cual músculo.
-¿El qué? -Pregunté aún pudiendo hacerme una idea de lo que insinuaba con ligera malicia.
-El ser tan negado al volar. -Sentenció parándose frente a mí llevándose una mano a su peluda frente anaranjada como si resultase más que evidente. -Estoy absolutamente convencido de que si gustase, llegaría a volar incluso con mayor soltura que yo pues le he visto practicar todos estos días sin embargo cuando llega el momento de la verdad es como si se atrancase y ahí surge el problema, es victima fácil para el viento y yo tras mucho pensar en ello, me digo a mí mismo... ¿No tendrá algo que ver que siempre esté el Amo Clow para sostenerlo? -Al retirar su mano, una de sus cejas estaba levantada enfatizando la indirecta lanzada muy directamente.
-¿Crees que yo tengo algo que ver? -Sin aguantar ni un momento más, exigí saber pues me costaba aceptar que fuese verdad lo que ambos sabíamos.
-¡Exacto! -Exclamó él triunfante dirigiéndose hacía el único asiento cercano, el solido banco de milenaria piedra gris. -Cuando está Usted cerca actúa de una manera muy distinta a cuando no está con nosotros. ¡Por lo que se hace el torpe a propósito para que Usted le ayude! -
Me dejó más anonadado de lo que pensé. La rotundidad con la que salían sus pensamientos era tan contundente como recibir un puñetazo en pleno estomago de improvisto, con las defensas bajas. Con ojos muy abiertos y notando un rubor intenso invadir mi rostro de clara tez no conseguí soltar palabra, apenas algunos balbuceos mientras Kerberus me miraba con expresión satisfecha, como si se hubiese librado de alguna carga superior en tamaño a él. Resoplando y frotándome las manos me concentré en mantener la calma y suavizar el rubor al ver llegar a Yue hasta nuestro rincón a paso apurado. Fruncí el ceño de inmediato pues Yue nunca había llegado ni después ni antes que mi otro guardián.
-Amo Clow, lamento mucho la tardanza. -Tan sólo una disculpa salió de sus labios al colocarse frente a mí alzando la mirada lentamente. -¿Proseguimos con las lecciones de vuelo? -Preguntaría al cabo de un rato sonriendo como si nada le perturbase.
Con el alma bajo los pies, encogiéndome de hombros le indiqué que sí con una frágil sonrisa. Acto seguido un largo suspiro se escapó de mis labios y el revoltoso Vuelo fue liberado. Tocarlo, sólo con un mero roce esas alas que tanto maravillaban a todo el mundo, siendo Yue el más cautivado, grandes y de un azul que se intensificaba al posarse sobre ellas los rayos del sol, significaba recibir múltiples y desagradables picotazos pero si aquello llenaba de felicidad a mi ángel con corazón de cristal, lo afronte con altivez. En las alturas todo parecía siempre tan lejano y banal, el viento te rodeaba como una invisible y juguetona mano regodeándose en despeinar tus cabellos o agitar tus ropajes. Era envidiable disfrutar de esa sensación sin temor a caer. Cruzado de brazos, todo lo equilibrado que podía mantenerme esperé a que Yue, el verdadero privilegiado se elevase hasta quedar frente a mí a tanta altura. A cada batir de mis alas, diversas plumas eran desplegadas y movidas por ese viento que iba y venía travieso.
Vamos, Yue, ven conmigo. -Le solicité con un movimiento de mano alejándome de él en plana altura, impulsándome suavemente hacía atrás mientras las enormes alas aprovechaban una nueva corriente al doblarse varias veces hacía delante. Yue me miró inseguro, arrugando su frente tan poblada de desiguales mechones de cabello plateado. Todo lo que hacía era mantener sus alas en constante movimiento. -¡Sé que puedes! -Le insistí. -Hemos practicado mucho o ¿acaso has olvidado todo lo que te comenté sobre como dirigir tus alas? Me sentiría verdaderamente decepcionado... -Le presioné un poco, recordando las suposiciones de Kerberus.
.¡N-No! -Le oí exclamar a través del leve espacio de aire que nos separaba.
-En ese caso, ¡Demuéstramelo! -Le mandé levantando un poco más de lo pretendido el tono.
Cerrando los ojos mientras apretaba ambos puños, respirando hondo, se lanzó a intentarlo con todas sus ganas pero eso no era una autentica prueba como bien declaró Kerberus sobrevolando esa parte del colosal cielo. ¡Qué mirada me lanzó cuando reconocí que tenía razón en parte de su maliciosa observación! Irguiéndose todo lo que su complexión de animal le dejó y entrecerrando sus ojos del color del oro con las patas delanteras sobre sus caderas dijo:
-Desde luego pero eso no es muy poca prueba... ¡Manipula el viento y verás lo que hace! -
Los ojos de Yue pasaron veloces de Kerberus a mí en cuanto con una sonrisa enigmática procedí a usar un poco de magía sobre el ya de por sí revoltoso elemento que nos sostenía creando un pequeño torbellino de aire acumulado en mis manos habiendo pronunciado en voz muy baja algunas de las palabras que aprendí durante ese año preparándome para formar parte del grupo de hechiceros liderados por Symond. Cuya liberación provocó que al rededor de nuestro tranquilo espacio todo se agitase con brusquedad resultando ese juguetón viento algo más fuerte al rozarnos, desequilibrando su apacible rumbo.
-¡Amo Clow ayúdeme! -Chillaría desesperado Yue con las alas batiéndose a diferente ritmo. Kerberus también se sentiría golpeado pero sin perder la calma, se acopló excelentemente tanto a la fuerza como al fluido originado el viento contra sus alas doradas. Meneando la cabeza acudí hasta Yue para alejarlo de esa fuente de aire ligeramente descontrolada haciéndole un gesto con la cabeza a Kerberus para que me siguiese. Nada complicado para un ser como Vuelo con el cual parecía haberme fusionado más a mitad de ese alejamiento, algo acompañado por un agudo chillido exasperado me aturdieron de tal manera que pude percibir como Vuelo aprovechaba mi breve inconsciencia para tomar las riendas de lo que le pertenecía llevándome a un alocado vuelo hasta que atiné a frenarlo del único modo que sabía que lo detendría, ¡Lanzándome en picado al suelo!
-¡Amo Clow! -Oiría gritar a la misma culpable de ese incidente acercándose a mí rápidamente. -¿Está bien? -Agregaría con duda en su voz.
-¡Desde luego no gracias a ti, Hikari! -Le respondí dolorido aún habiendo sido protegido todo lo posible por Yue al cubrirnos con sus alas como la seda endurecida cubre formando un capullo al gusano. -¿Por qué demonios me has lanzado esa piedra? -Exigí saber liberándome con paciencia y cierta destreza de los brazos fuertemente enroscados a mi cuello de Yue, cuyos ojos estaban cerrados con potencia bajo algunos largos mechones rubios platino. Fingiendo inocencia, ella se encogió de hombros y replicó sin quitar sus ojos color aguamarina de las grandes alas que seguían batiéndose desde mi espalda con furia:
-Tras varios gritos, me pareció lo mejor para hacer bajar al hombre-pájaro. -
Muy ingeniosa pensé fulminándola con la mirada finalmente incorporado, en pie junto a ella. Kerberus, descendiendo con mayor seguridad, rompió a reír divertido por el burlón termino que acababa de emplear Hikari para referirse a mí, mi otro guardián habiendo superado el susto le dedicó una mirada de reproche que el dorado felino ignoró haciendo una vulgar mueca. Pasándome una mano por las luminosas telas de recia tela, fui quitándome un incontables plumas que caían y caían hasta que suspirando, sellé a Vuelo en su forma de carta.
-Bueno, ahora que la lección se ve termina de modo tan abrupto, ¿puedo saber el motivo? -Cuestioné a Hikari, que se había quedado fascinada observando la trasformación de nuestro revoltoso ave azulada Vuelo tras la fuerte emanación de luz a carta, guardando la carta de bordes dorados y detallados colores en algún lugar interior de mi traje oriental.
Parpadeando, no obtuve respuesta hasta que salió de su estado de fascinación. Ladeando la cabeza, esbozaría una sonrisa avergonzada consciente de que esperaba una respuesta cruzado de hombros con una oscura ceja alzada por encima de mis redondeadas gafas, cuyos cristales mostraban finos surcos por culpa de la caída obligada. Aclarándose la voz, exhibiendo una expresión más serena me comunicó:
-La honorable Xia He requiere su presencia. -Nada del otro mundo, mi semblante suavizó. -Los honorables señores Huang han venido a verle. -
-Mis futuros suegros... ¿Están aquí? -Musité quedándome pálido, muy pálido mientras asimilaba la información suministrada y lo que implicaba. Hikari asintió enérgica.
Caminé con paso ligero hacía el interior de la residencia Li sin decir palabra. Si su impresión hacía mí ya era un poco negativa, aquello no me iba a favorecer nada pero Xia He, presente en la sala de reuniones, cada vez más dispuesta a realizar la unión fijada oficialmente, suavizó el gran disgusto de su padre. Un hombre excesivamente serio, dueño de unos ojos más oscuros que la propia noche sin luna ni estrellas impenetrables y me figuré orgulloso poseedor de una fina pero larga barba ya gris de varios tonos como su cabello perfectamente recogido en una trenza tras su espalda no como mis sedosos y deslizantes cabellos, caían por mi frente y tras mis orejas. Bajo sus largas ropas de un sutil azul deduje que era un hombre de complexión delgada. Su esposa en cambio albergaba unos ojos almendrados centelleantes idénticos a los de mi futura esposa sin embargo en su cabello con algunas lineas grises costosamente distinguibles gracias a la colocación de doradas horquillas con exquisitos motivos florales era negro, de igual negrura y brillo al mio o al que tuviese mi madre. Por un instante su agridulce recuerdo me provocó grandes deseos de llorar pero pestañeando no dejé que aquello me hiciese sucumbir. No era mi madre y tampoco se me antojaba la madre de Xia He aunque ella la tratase como tal. Antes de avanzar hasta el sillón central, vacío ya que me correspondía a mí ocuparlo, todos se levantaron para realizar una reverencia agachando sus cabezas hasta rozar las puntas de sus dedos posicionados unos junto a los de la otra mano como si rezasen. Imité el gesto como ya se había convertido en una costumbre.
-Li Clow. -Escuché mi nombre o a mí parecer, parte de el de su ronca voz antes de retomar su asiento. -El patriarca del Clan Li. -Agregó con lo que identifiqué como una suave risa desdeñosa. Su pronunciación a causa de la ronquera no resultó fácil de comprender más mi dominio continuaba siendo excelente por lo que arqueando una ceja respondí esbozando una sonrisa:
-Así es. Patriarca del Clan Huang. -
Lo que originó que su suave y elegante risa se alargase un poco más mientras se sentaba apoyando ambos brazos sobre los antebrazos de lisa madera recubierta por agradable tela de fuertes tonos concordes con los de las paredes. Cruzándose una pierna sobre la otra altivo su sinceridad fue absolutamente inesperada. Incluso Xia He le dirigió una rápida mirada de asombro con la boca ligeramente abierta bajo su mano derecha.
-Usted sigue sin parecerme digno de mi hija más largo tiempo fue pactada la unión de nuestras familias por un bien mayor por lo que ¿a qué está esperando para completar el acuerdo ya tratado antes incluso de que Usted fuese desgraciadamente concebido? -
La atmósfera que imperaba en la amplía sala se tornó opresiva. Xia He callada escuchaba incapaz de mirar a los ojos directamente a su honorable padre, cuya crudeza al tratar temas de ese grado no debía de serle desconocida pero que si era tenida en cuenta parte de mi sangre y el amor que había ido creciendo en su ser hacía mí, amor sincero, esa vez sí la hacían reaccionar, sintiéndose incómoda. Yo tampoco me sentía muy a gusto que digamos pero siguiendo alguno de los valiosos y oportunos consejos de mi buen padre sin dejar de sonreír orgulloso de mí mismo, respondí encogiéndome de hombros:
-Podríamos decir Honorable Guang Huang que esperaba a conocer algo mejor a mi futura esposa, la mujer con la que compartiré mi linaje. -
Guang se quedó en silencio, acariciándose su barba que caía triangularmente bajo su mentón. Como si reflexionará acerca de mis palabras. Contenido desagrado pude percibir en el modo en que fruncía el ceño pero sus palabras aparentaron complacencia al cabo de un tenso rato:
-!Oh se trataba de eso! Pues eso no es necesario Honorable Clow, ya que el astrólogo que nos acompaña verificará con sumo gusto vuestra afinidad. -
Y mi atención recayó sobre el callado hombre que nos observaba siendo el único en pie en un rincón al ser indicado con un gesto de cabeza por el honorable padre de mi futura esposa. Fruncí el ceño desconfiado sin darme cuenta lo que hizo nacer una rápida sonrisa en los labios de Xia He, que me miraba de soslayo de cuando en cuando. Sin embargo mi rostro se destensó al recordar que era un paso necesario para dar inicio a cualquier casamiento chino. Él garantizaría pasados tres días de haber situado en el altar de los Li el nombre completo junto con la fecha de nacimiento de Xia He que era una buena unión. ¡Desde luego vaya tontería! Lo que los astros puedan suponer, no tiene por que ser cien por cien fiable pues entran en juego muchos factores hasta la convivencia ocultos. Los pasos posteriores, que como bien les comuniqué, nos los podíamos ahorrar pues Xia He había vivido conmigo desde el fallecimiento de mi medio hermano y la ausencia de mis padres hacía nulo un encuentro entre familias para evaluarnos o compartir anécdotas familiares.
-Puesto que las circunstancias que abarcan este nuevo casamiento difieren un poco con las presentadas en un casamiento, si a Ustedes no les parece mal, considero acepto la participación del astrólogo y con sumo gusto les haré entrega de mi nombre y fecha de nacimiento más me gustaría pasar al paso denominado dinghun. -Propuse después de la obligada presentación realizada por el astrólogo puesto que sentí que mis intentos de posponer la boda no iban a dar resultado con el Honorable señor Huang.
Los oscuros ojos del hechicero centellearon sorprendidos, con una media sonrisa replicó entrelazando sus largos dedos:
-Creía que jamás lo propondría, Honorable Clow. -
Para lo retorcido y pretencioso que me parecía, lo que me demandó fue una cantidad de bienes bastante razonable pues el negocio recaería en el próximo patriarca, cuya sangre sería una mezcla del linaje de ambas poderosas familias. Sería como si las ganancias de éste fuesen a dos dueños creí entender. Antes de marcharse, frente a la gran puerta de entrada a toda la propiedad Li, el Honorable padre de Xia He me hizo saber la fecha exacta en que el último paso sería ejecutado y que a lo largo de lo que quedaba de ese año los presentes provenientes de su propia familia serían traídos al hogar cesando de venir dos o tres días antes de la ceremonia. Le hubiese dicho que no hacía ninguna falta obsequiarme con nada pero como formaba parte del largo ritual, me contuve agradeciéndolos de antemano.
(Yue)
Era divertido observar como cada equis tiempo desconocidos nos traían más provisiones de las que el Amo Clow establecía tanto para los sirvientes como para la honorable Xia He y él. La ama Hikari nos explicaba que eran regalos, a lo cual tanto Kerberus como yo fruncíamos nuestras frentes incrédulos pues nos daba más la impresión de que eran alimentos. ¿Desde cuando el vino es un obsequio? Un obsequio debía ser un objeto bonito y valioso, adquirido de un modo especial como las ropas que él diseñó exclusivamente para mí y que hubiese creado para mi hermano y compañero de haber poseído aspecto humano. La Honorable Xia He no le encontraba sentido, meneando la cabeza no me quitó ojo de encima el día que los modistas comprobaban mi estatura y peso ya que iba a ser un traje a medida, que sólo podría llevar yo.
-Yo deseo que mis guardianes luzcan como tales. -Era la firme respuesta que nuestro creador le daba cada vez que ella protestaba sin alterarse, de pie a algunos pasos de distancia con el mentón apoyado sobre una mano cerrada.
Ella sólo podía resoplar exasperada rindiéndose al cabo de un rato acompañada por su séquito de doncellas, las cuales como me explicó la ama Hikari un día se distinguían de las demás sirvientas en que provenían de buenas familias y su principal propósito era acompañar a la señora de la casa. A pesar de ello, se la apreciaba dócil, agachaba la cabeza arrugando levemente la frente y se disculpaba consciente de que cualquier discusión, por leve que fuese según las tradiciones que habían comenzado a ser ejecutadas podrían separarla de él y eso era lo último que parecía desear. Demasiado.
-No pasa nada, no voy a castigarte por dar tu opinión pero me gustaría que confiases en mí cuando digo que sé lo que hago con ellos. -Le replicaba el Amo Clow con voz amable y conciliadora apartando sus ojos de mi un instante para dedicarle una rápida mirada, que ella agradecía con una tímida sonrisa. -Sin embargo si vas a estar todo el tiempo quejándote, me gustaría que abandonases esta sala. -Añadió y aunque continuaba sonriendo, había levantado una de sus finas y oscuras cejas.
-Sí, supongo que será lo mejor. -Ella aceptó la sugerencia inmediatamente sonriente pero esa vez sus ojos no parecían acompañar a su sonrisa.
Con un gesto de cabeza, ella y las demás señoritas se marcharon en silencio. Por un momento dejé de agitar mis brazos y cabeza, sorprendido de lo que acababa de suceder, lo que fue aprovechado por uno de los individuos que me rodeaban murmurando un montón de cosas a media voz para pasarme de nuevo una larga cinta y según la distancia que ésta marcase, esa medida debía de ser seguida calculada aproximadamente pues no había ni números ni nada dibujada en ella. La opresión de ésta sobre mi torso descubierto me hizo reaccionar de nuevo.
-¡Paren! ¡Paren de una maldita vez! ¡No me toquen! -Aullé con todas mis fuerzas. -¡Ustedes no tienen derecho a tocarme! -Les hice saber tan enojado como frustrado en mis vanos intentos de estar libre de sus cintas. Y lo dije, alto y bien claro abochornando al Amo Clow, que se pusó muy muy rojo. -¡Sólo el Amo Clow puede hacerlo! -
Se detuvieron para mi alivio pero fue para lanzar una mirada que jamás olvidaré al Amo Clow, que intensamente ruborizado no era capaz de mantener la cabeza alta más aclarándose la garganta múltiples veces, dio una palmada y con voz entrecortada les habló:
-Disculpen las ocurrencias del chico... Son sólo eso, ocurrencias... Pero si desean discutirlo, por favor, acompáñenme... -
Y me quedé solo, sin comprender nada, meramente que había sucedido un cambio terrible. Supongo que como la ama Hikari me reprendía, no se lo ponía nada fácil a ningún modisto y las consecuencias eran sufridas por nuestro creador, que simplemente trataba de darnos un aspecto más digno y genuino. Al volverse a abrir las puertas vi al Amo Clow solo, en sus ojos no se apreciaba enojo pero sí decepción. Antes de que pudiera llegar hasta él, dijo:
-Cúbrete inmediatamente la parte superior del cuerpo. -
-Pero... -Querría saber quedándome inmóvil a mitad del camino. -¿Qué ha pasado con los señores de antes? -Me atreví a continuar sintiendo un estremecimiento que bien podía ser a causa del frío o a causa de eso llamado culpabilidad. Él emitió un largo suspiro y encogiéndose me respondió:
-Me he visto obligado a prescindir de sus servicios. Por favor, vístete de nuevo. -Insistió con voz cercana al ruego.
-Entonces... ¿Ya no habrá traje? -Pregunté entristecido, me gustaba la idea de tener mi propio traje. Un traje más hermoso y distinguido que las viejas y gastadas ropas que la ama Hikari había hallado para mí.
-No lo sé, ya veremos, supongo que sí si consigo nuevos modistos... -Su respuesta esa vez fue muy vaga, con un deje de desesperanza en su agradable voz. Quise pedirle que me lo hiciese él, que él se encargase de tomar las medidas y que le fuese dando forma pero dado su estado, pensé que eso sería ir muy lejos mientras le miraba con la frente arrugada a medida que me colocaba las dos anchas prendas que había dejado en el suelo extendidas y ligeramente arrugadas.
Pero seguía sin gustarme eso, pues por culpa de la ceremonia cada vez mi hermano y yo pasábamos menos tiempo con el Amo Clow pues había mucho de lo que encargarse como la decoración una vez hallada una propicia localización o la organización de posibles invitados, todos por parte de la novia ya que el Amo Clow no poseía un gran número de amistades por esos lares...
(Clow Reed)
-Se le ve tan apuesto... -Musitó Xia He incapaz de contenerse cuando pudimos disipar su rojizo velo, única barrera entre nosotros en aquel momento. Habiendo pasado antes por un inquisitivo examen como regía las tradiciones por parte de aquella cantidad de rostros desconocidos para mí hasta llegar ese día. Si no fuese por la cantidad de blanco ungüento que cubría toda su delicada piel, ya bastante clara por si misma, hubiese jurado que bajo el destacado maquillaje su rostro estaba muy sonrosado.
-Gracias. -Fue todo lo que yo logré responder juntando las manos bajo mi barbilla añadiendo una inclinación de cabeza, ruborizándome inevitablemente al percibir el fulgor de sus ojos del color de un roble joven en primavera.
Liberado del deber de sostener en cada hombro una esfera roja junto a mí esposa repetía las reverencias y oraciones debidas ante el altar familiar de los Li, cuyo tamaño me sorprendía cada vez que me adentraba en su interior, repleto de varias estatuas de gruesa piedra y proporciones, a mí entender, un poco exageradas, protegidas de fuertes vientos o lluvias por un oscuro y escalonado techo sostenido al igual que el antiguo pozo por varias columnas redondeadas. Finalizándose así el curioso ritual pues servir el té era una acción más bien de agradecimiento.
Sin darme cuenta el día fue trascurriendo entre gritos, silbidos, golpes de tambor y lanzamientos de ruidosos petardos cuidadosamente elaborados para el evento pues la llegada del novio al encuentro de la novia debía ser anunciada por todo lo alto, incluso si aquello dejaba al novio con un cansino y desagradable zumbido en los oídos, que con todo el arrojo del que disponía cumplía su papel sin rechistar, mostrando la mayor entereza y orgullo posible aunque por dentro estuviese hecho un flan. Sentado sobre el lecho que iba a ser compartido, espaciosa, cuadrado y manteniendo aún entre sus sabanas de fina seda la fragancia de los elementos distribuidos pocos días antes a fin de garantizar una unión carnal fructífera, no cesaba de suspirar con cabeza sutilmente ladeada observando a Xia He desprenderse con hábiles y cuidadosos movimientos de sus delicados dedos de níveo tono los adornos de diversos tamaños, todos realizados en brillante oro excepto algunas piedrecitas incrustadas de colores rojizos al igual que su largo vestido, con pequeños bordados dorados en las mangas y cuello que sobresalían aunque la primera pieza fuese de gran anchura, similar a la que había estado portando yo todo el día. Ella sin embargo tarareaba una cancioncilla meramente interrumpida al colocar sus ornamentos sobre la mesa listos para ocupar su lugar en los diferentes departamentos que su joyero albergaba. Una caja de tamaño mediano, de madera pintada a mano. Conservada seguro con mucho afecto como su contenido. Estando tan perdido en mis propios temores e inseguridades ni era consciente de que mi deseable esposa se puso frente a mí sosteniendo entre sus manos una ovalada esfera de delgada tela iluminadora del espacio que nos rodea.
-¿Qué ocurre? Esposo mío. -Solicita saber con voz dulce y teñida de gozo al referirse así a mí.
Mientras se sentaba a mí lado, a muy corta distancia, un suspiro que capaz de eclipsar a todos los anteriores se me escapó. A pesar de conocer lo que estaba a punto de dar lugar entre ambos y haberme esforzado en asimilarlo tiempo atrás, en cada pequeño momento a solas con ella, me costaba dar el paso y esa tensión no era fácilmente disimulable. Acercándose otro poco y posando una mano sobre mi mejilla izquierda para acariciarla recreandose en el suave contacto de mi piel contra la suya, casi deslizante a causa de las cremas, insistió:
-Por favor, Clow, comparta conmigo lo que le sucede... -
Una suplica cargada de sincero interés que podía ser comprobado al mirarla a la cara además de escuchar y examinar sus palabras pues se había referido a mí por mi nombre de pila sin ningún termino protocolario como haría Hikari o Symond. Apartándola lentamente con la respiración contenida a fin de no resultar maleducado o hiriente con ella, que ya era mi esposa, y sus sentimientos a punto de desbordarse a causa del largo tiempo moderados le dije con la voz entrecortada:
-No puedo, lo lamento mucho. -Su expresión se tornó interrogante. Antes de que sonido alguno saliese de su boca, añadí mirando hacía mis manos, cerradas con fuerza sobre mi alda. -Si lo supieses, jamás volverías a mirarme como lo has hecho hasta ahora. -
-Pero... Me gustaría saberlo, para ayudarle a aliviar ese tormento... -Replicaría ella apretando los labios mientras su frente se arrugaba más y más y sus ojos se entornaban entristecidos. -Si es por lo que mi padre le dijo, no piense más en ello, yo le amo, le amo como jamás pensé que llegaría a amar a alguien... -Me confesó tomando mi rostro entre sus manos para levantar mi agachada cabeza y así propiciar un intenso encuentro entre nuestros ojos de colores tan diferentes y reflejo de estados tan diferentes.
Arrugando la frente, obligué a mis labios a trazar una sonrisa pero ésta no fue muy fuerte y se desvaneció al instante siguiente. Sus palabras y acciones me estaban haciendo sentir aún peor pues ella se animaba más a demostrarme lo valioso que era para ella con algo más que palabras. Un beso suave pero largo y anhelante, que me costó romper agarrándola por las muñecas a la par que separaba la cabeza, rojo como nuestros trajes y sin aliento notando como mi corazón y mi respiración habían ascendido de ritmo.
-Q-Querida... ¿no te parece que vamos un poco precipitados? -Exclamé tan sobresaltado como abochornado. Ella también pareció ganar color, retomando una distancia prudente. -Primero sería aconsejable abrir la cama y... ¿Ponernos ropa de dormir? -Sugerí con la única esperanza de pasar una noche en la misma cama sin tan apurada necesidad de yacer, llevando conmigo la lampara a un lugar adecuado como a la mesita de madera cercana.
-Como gustéis. -Dijo ella guiñándome un ojo picara, alejándose de nuestro lecho desprendiéndose de sus ropas del color de la pasión mucho antes de llegar hasta el vestidor. Para lo pesado que parecía, el traje cayó al suelo al instante. Fruncí el ceño al pensar en la fortuna que habría podido costar elaborar semejante prenda antes de respirar aliviado por ese momento de libertad que al aparecer nuevamente Xia He sencillamente arropada por una larga y fina prenda adherida delicadamente a su curvilíneo cuerpo, de exquisitas proporciones y sensitiva piel cuya terminación cubría parte del suelo como una plateada alfombra de seda. Colocándome velozmente las redondeadas gafas que reposaban en mi regazo sostenidas por algunos dedos de mi mano izquierda me quede largo rato observando a aquella Xia He, con la boca ligeramente abierta. Realmente me dejaba sin palabras cuan diferente se mostraba en la intimidad mi esposa, la orgullosa y exigente bruja como la describía Kerberus y todo por mí. Por esa manera mía de ser tan peculiar pero que su Eminencia Henderson calificó como encanto demoníaco ya que su capricho no podía tener otra explicación, claro que sí la tenía pero siendo yo hechicero, era más sencillo culparme y culpar a la magia. Su leve recuerdo me hizo cerrar la boca y tensar todo mi cuerpo, notando como mis tripas se retorcían y ascendía el amargo sabor de las bilis. Tuve que menear con fuerza la cabeza para apartar el desagradable y momentáneo recuerdo o vomitaría ahí mismo preocupando a mi floreciente Xia He, que parecía haber rejuvenecido. Expectante, tímida, coqueta y emanante de un amor casto, como nunca antes había sentido.
-¿A qué espera para desvestirse? -Preguntó con voz desenfadada ella cerniéndose lentamente sobre mí posando sus brazos al rededor de mi cuello.
-Disculpa, supongo que me distraje con la vista. -Le respondí conteniendo las ganas de quitármela de encima bruscamente. Mis palabras provocaron que se ruborizará al tiempo que sonreía entre tímida y traviesa. -Estás tan diferente... -Agregué levantando una ceja.
-Es por que le amo tanto que deseo mostrarme tal y como soy. Al igual que deseo darle un varón fuerte y sano. -Me hizo saber decidida fundiendo de nuevo sus suaves labios con los míos haciéndonos caer hacía atrás a ambos. ¡Vaya! Era lo más hermoso y perturbador que una dama me había confesado.
ACLARACIONES
Como según las variadas culturas, las tradiciones y costumbres son muy diferentes al igual que el modo de concebir hechos o eventos en la vida de sus habitantes, me gustaría compartir y exponer dos tipos de celebraciones que bien pueden aparecer en el FanFic como son las celebradas en China y las celebradas por los antiguos celtas. Las cuales, a mi sencillo parecer, encierran en cada paso interesantes e importantes significados ^^
CASAMIENTO CHINO:
En la antigua China cuando un joven llegaba a cierta edad, los padres decidían que ya era tiempo de buscar pareja para su hijo, pero no era cuestión de buscar a una persona cualquiera, ya que se hacía pensando en continuar la línea ancestral y crear alianzas entre familias. El proceso era sumamente complicado, lleno de normas y tradiciones.
Una vez que se tenía en vista a la persona adecuada, se contrataba a una ¨meiren¨. La mediadora se presentaba con obsequios ante la familia en vista, y si era bien aceptada la oferta, la familia le entregaba un documento formal con la fecha y hora de nacimiento de la muchacha y esto se colocaba durante tres días en el altar de la familia del hombre. Durante este tiempo, no debían ocurrir ningún tipo de tragedias, como peleas entre los padres o pérdida de uno de ellos. Todos estos eran motivos de desgracia para los jóvenes. Una vez superada la prueba se buscaba un astrólogo, que por su parte debía confirmar si los jóvenes harían una buena pareja. Si el resultado era positivo, se le comunicaba la fecha y hora de nacimiento del joven a la familia de la muchacha, para que repitan los mismos pasos que en la casa del varón. Solamente después de que los resultados eran favorables en ambas casas, las familias arreglaban un encuentro. Cara a cara, cada familia evaluaba la posición social, aspecto físico, educación y carácter de cada uno. Si ambas familias estaban satisfechas entonces se procedía al ¨dinghun¨.
En el paso siguiente, ambos padres se sentaban e intercambian información como símbolo de buenas intenciones. Una vez interiorizados los unos con los otros, se pasaba a la ¨negociación¨, que era dejar en clara la cantidad de dinero y mercancía que se le entregaría a la familia de la muchacha. Una vez terminada la charla, se fijaba fecha de entrega de los obsequios en forma de compromiso y fecha de casamiento. Los regalos más usuales comprendían ¨yajin¨, té, ¨xi bing¨, caramelos, vinos y tabaco. El té era, y aún lo es hoy en día, el artículo más significativo de la ceremonia que se llama ¨chali¨. El compromiso de ambos jóvenes podía durar aproximadamente entr años.
Unos días antes de la ceremonia de la unión se armaba la cama matrimonial. Era muy importante elegir una hora propicia y se necesitaban una mujer y un hombre con buena suerte o con muchos hijos para prepararla. Una vez acomodada la cama, se invitaban a niños o niñas para que salten sobre ella para traer fertilidad en la pareja. También dejaban frutas como; naranjas, frutas rojas, semillas de loto, nueces, etc., como símbolo de prosperidad y fortuna. El día antes de la ceremonia la novia tenía que hacer una serie de rituales, como hacerse un rodete con el cabello- símbolo de inicio de la edad adulta-, un baño con una variedad especial de pomelos para limpiarse de influencias malvadas y también se colocaba cremas para ablandar la piel.
El día de la boda, una mujer de buena suerte o su cuñada mayor, debían decir palabras propicias mientras vestían a la novia con vestidos rojos, que era símbolo de buena suerte, y la peinaban con adornos. Una vez que terminaban de arreglarla, le colocaban un velo rojo que cubría su rostro y la llevaban ante sus padres y sus ancestros para hacerles reverencias como símbolo de agradecimiento y de despedida. El hombre también era vestido con un atuendo largo y rojo, y alrededor de sus hombros pendía una bola de color también rojo. Éste debía hacer reverencias a sus padres, arrodillarse en el altar ancestral, y ofrecer incienso ante el cielo y la tierra. Más tarde su padre le quitaba la bola roja del hombro y se encaminaba hacia la casa de la novia. Llegando a ella, un barullo de tambores y petardos ruidosos indicaban la llegada del novio para recogerla. El novio entraba a la casa acompañado de un niño como presagio de sus futuros hijos y era interceptado por los amigos de la novia, quienes no la presentaban si él no los satisfacía con ¨hongbao¨.
Tomando a la novia y llegando a su nuevo hogar, se repetían los ruidos para avisar del arribo, y todos se preparaban para recibirlos. Dentro del hogar el novio le quitaba el velo que cubría su rostro y por fin se podían ver entre ellos. Luego seguía la ceremonia del té, donde la novia les ofrecía té a sus suegros en forma de agradecimiento. También hacían reverencias a sus padres, a los ancestros, al cielo y a la tierra. Y así terminaba la ceremonia de unión. Tres días después de casados, la novia debía ¨huiniangjia¨,y esta vez, en su antigua casa, era recibida como huésped.
Detalles curiosos a añadir,
El matrimonio se da entre novios de apellido distinto, pero pueden hacerlo entre primos. Los padres organizan el matrimonio desde la niñez. Generalmente las bodas se producían en invierno, cuando la gente descansaba. Allí se celebraba un banquete durante 3 días. Raramente se divorciaban. Los viudos se volvían a casar, a veces recurriendo al matrimonio por rapto.
Meiren: Mediadora o casamentera
Dinghun: Compromiso de boda
Yajin: Dinero o oro
Xi bing: Tarta nupcial
Chali: Ceremonia del té
Hongbao: Regalo de dinero en un envoltorio rojo
Huiniangjia: Volver a la casa de los padres de la mujer casada
CASAMIENTOS CELTAS:
Amparado por la tribu, el clan y la familia, se convirtió en un acontecimiento importante, en muchas ocasiones místico-espiritual, en la vida de los antiguos celtas. Autores clásicos, griegos y romanos, nos relatan como las mujeres celtas poseían el privilegio, por el cual aquellas féminas podían escoger su pareja ante el Matrimonio y de rechazar cualquier imposición matrimonial.
Como acto social y tribal, entre los celtas, cuando una muchacha entraba en una edad considerada apta para el casamiento, se organizaba un gran festín, al que se invitaban a todos los jóvenes solteros, la muchacha en un acto ritual con un profundo sentido místico escogía al que ya había elegido previamente, en recíproca correspondencia, y le ofrecía agua para que el joven se lavara las manos, este protocolo era el abierto compromiso ante parientes y tribu en general de que ambos se amaban y deseaban enlazar sus vidas con el rito matrimonial.
Podríamos equipararlo a la actual, pero ya algo en desuso "petición de mano", con la particularidad de que era la mujer celta y no el varón quien hacía la petició otros casos era la mujer quien era cortejada, pero pudiendo desdeñar a todo pretendiente que no le satisfaciera, fuera cual fuera la posición social de éste.
Entre los celtas galeses, y más concretamente entre los que habitaban en la zona de Gwynedd, el ritual era semejante, si bien la edad óptima para acceder al matrimonio era entre las muchachas, la de 12 años y entre los varones de 14. Edades en las que se consideraba que ambos sexos, eran ya responsables de sus actos, cesando la tutela paterna y adquiriendo los derechos para poseer bienes, el varón a esa edad entraba ya en la clientela del jefe y era apto para la vida militar sin embargo, al parecer, los antiguos celtas consideraban a las mujeres más adelantadas en adquirir madurez mental, más aventajadas en adquirir madurez física y más prontamente evolucionadas para tomar responsabilidades sociales y alcanzar antes mayor conciencia espiritual.
Cuando se celebraban los esponsales, todos los parientes de los dos contrayentes estaban presentes, puesto que el acto de abandonar una familia para formar otra, era un hecho de suma importancia para que la colectividad se abstrajera, había previamente un acercamiento y unos acuerdos entre las familias de los futuros conyuges en los que se fijaba la dote, sin importar la clase social a la que pudieran pertenecer.
El hombre que se casaba debía aportar la dote, pero la mujer debía aportar igualmente en las mismas condiciones y cantidad, en caso de viudedad, cualquiera de los desposados que sobreviva al otro, solo podía disponer de su parte, mas el producto o beneficio de esa comunidad de bienes. En Irlanda y Bretaña, ocurría lo mismo, pues el hombre que se desposaba, debía aportar la Coibche o especie de precio simbólico por su futura esposa, en este caso, ésta iba destinada al padre de la pretendida, pero solo si la mujer se casaba por vez primera, si era el segundo matrimonio de la mujer, el padre únicamente recibía los 2/3 de la dote y el tercio sobrante se lo apropiaba la pretendida, si era su tercera boda, el padre solo recibía la mitad y la novia el resto y así sucesivamente, si el padre ya había fallecido, este derecho recaía en el hermano mayor de la desposada, pero solo tena derecho a la mitad de lo que le hubiera correspondido al padre. Algunos autores citan antiguas leyes que hablan de que la Coibche poda ser pagada en cómodos plazos anuales.
La mujer celta irlandesa no entraba en la familia del marido, ni perdía su capacidad legal de tener bienes propios, podía litigar en un caso legal, podía ser titular de derechos y demandar a sus deudores como no ocurría en la sociedad romana contempornea, dentro de estas leyes, por el contrario si su consorte era asesinado, no era ella la beneficiaria de la compensacin debida, sino que esta era recibida por la familia de su esposo, en la sociedad germanica tampoco la mujer podía heredar, a causa del conocido privilegio masculino que desembocó en el derecho de primogenitura y en la famosa Ley Sálica, la que excluía del trono a la mujer y sus descendientes. Pero la mujer celta irlandesa tambien hacía su aportacion al matrimonio mediante otra dote, que era llamada tinnscra, o conjunto de regalos que sus parientes le habían obsequiado, estos presentes eran propiedad personal de ella y aún en caso de disolución de los lazos matrimoniales, fuese por muerte del marido o por divorcio nunca perdía esas pertenencias. En Gales, el método seguido era parecido, la coibche irlandesa se denominaba "gobyr" y la mujer hacia su aportación dotal que recibía el apelativo de "argweddy".
Se sabe que en Irlanda, los matrimonios eran un contrato que duraba 6 meses y que podía ser renovado si las cosas iban bien. Esto es lo que se llama "Handfasting" porque, mientras se miran a los ojos uno al otro, la pareja toma juntas sus manos derechas e izquierdas formando el símbolo del infinito (como un 8 acostado) mientras que la cuerda se ata alrededor de sus manos en un nudo. Esta acción de unir las manos proviene de antiguas tradiciones indoeuropeas sobre la fusión y la armonización entre el hombre y la mujer. El signo del infinito usado en el acto final de la unión de manos simboliza desde la antiguedad dos círculos que representan al Sol (masculino) y a la Luna (femenino). Estos Handfastings duraban generalmente un año y un día, con la opción de finalizar el contrato antes del nuevo año o en el siguiente Lughnasadh y así formalizarlo como un matrimonio más permanente. En algunas versiones, el rito de Handfasting se hace solamente por el tiempo que dura la ceremonia, pero en otros casos, el rito se mantiene vigente hasta que el matrimonio está consumado físicamente, algo que muchos autores recalcan como parte del rito original.
El término "luna de miel" se originó entre los celtas de Gales, donde los recién casados se retiraban, cuentan las leyendas, por varios días a observar la luna y comer dulces de fruta y beber hidromiel, como actos rituales de una alianza entre iguales, que debía comenzar con los mejores augurios y de la mejor manera posible.
El rito era celebrado en exteriores, donde la naturaleza pudiera bendecir la unión como bosques, rodeados por los árboles sagrados y más representativos. Era habitual que los novios portasen en sus cabezas una corona realizada con ramitas de hiedras y otras hierbas para simbolizar el amor y los buenos deseos. Creándose un círculo al rededor de la pareja decorado con flores, piedras y ramas de árboles, que sería bendecido por el druida, la pareja honraba a los dioses y a los espíritus de la naturaleza depositando ofrendas en el lugar que el druida hubiese designado. Los padres de los novios hacían entonces un intercambio de regalos honrando sus líneas de sangre y bendiciendo la nueva unión que casi siempre derivaba en peticiones de fertilidad y prosperidad para la pareja. Terminado el rito, tenía lugar el banquete en el que se honraba a los recién casados con danzas y rituales.
Lughnasadh: es una festividad gaélica celebrada el 1 de Agosto, durante la época de maduración de la cosecha local de bayas, o durante el plenilunio cerca del punto medio entre el solsticio de verano y el equinoccio de otoño.
Por ultimo, se me ocurrió que si cada vez que Sakura liberaba a la carta Fly (Vuelo) con su báculo (el de la estrella) en su espalda aparecían unas preciosas alas rosadas que le permitían volar como un ave... ¿A Clow no podría pasarle algo similar al usarla? Pues Fly como Jump parecen cartas que muestran habilidades como otras cartas demuestran cierto manejo sobre elementos naturales que bien podrían ser usadas por el mago... Rollo mazo de Dragones y Mazmorras LOL
Espero que tanto las historias como la larga información extra compartida sea de vuestro interés y agrado ^^
Como siempre, os comento que podéis comentar lo que querías, con respeto y buena voluntad ^^
MARYXULA
