CAPÍTULO 10
-Estoy reventada - suspiró Alice mientras caía de espaldas a lo largo de todo el sofá y apoyando la cabeza en las piernas de Jasper que estaba ahí sentado.
-Llevamos todo el día de un lado para otro - dijo Jasper, mirando a Alice. Luego, los dos miraron a Emmett y a Rosalie, enfrente de ellos y sentados en el suelo, que les miraban también.
-¿Emmett? - preguntó Alice -. ¿Y tus ganas de fiesta se han terminado?
El aludido se encogió de hombros.
-Digo lo mismo que Jasper. Todo el día sin parar. Hoy no voy a decir nada más.
-El famoso juerguista Emmett Cullen ha caído - dijo Rosalie y todos empezaron a reír.
-Veamos la tele - dijo Emmett con voz infantil y se estiró por el suelo para alcanzar el mando. Encendió la televisión y, nada mas aparecer la pantalla, Alice gritó.
-¡Emmett, por Dios, cambia ya! No queremos ver porno.
Emmett comenzó a darle a los botones y los programas iban pasando de uno en uno parpadeando. En casi todos había alguna película erótica y todos se quedaban mirándola, sonrojados, menos Emmett que se reía. Cuando Alice se hartó, le tiró un cojín a su hermano.
-Deja un canal normal.
-¡Pero si solo hay porno! - gritó Emmett.
-Es domingo, las cinco de la mañana, ¿qué cosa van a hacer? - dijo Jasper sonriendo.
-Y nosotros aquí sin dormir - dijo Rosalie.
Jasper puso los ojos en blanco.
-Parece que Alice y Emmett no tienen sueño.
Miraron a los dos hermanos Cullen que discutían sobre lo que hacían en la televisión y lo que no. De vez en cuando, Alice intentaba quitarle el mando a su hermano pero éste alzaba el brazo donde era imposible que Alice llegara incluso saltando. Emmett se burlaba de ella todo el tiempo.
Edward apareció por el umbral de la puerta del salón vestido con un pijama de franela, con el cabello húmedo, una toalla alrededor del cuello y el cepillo de dientes en la boca.
-¿Y este jaleo? - preguntó.
Rosalie y Jasper sonrieron al ver a Edward.
-Hombre, por fin apareces - dijo Jasper -. Tus hermanos se pelean por las películas porno.
Rosalie le dio un codazo a su hermano. Edward arqueó una ceja y se quitó el cepillo de dientes de la boca.
-¿Tanya se ha ido? - preguntó.
-¡Ay, Edward! - gritó Alice zafándose de Emmett -. Tanya está en el cuarto de huéspedes durmiendo a pierna suelta, pero eso no es lo importante. ¡Jasper me lo ha contado todo!
Edward fulminó a Jasper con la mirada y él le respondió con una sonrisa tímida. Jasper podía saber lo que le pasaba a Edward con tan solo mirarle y no contaba nada, pero esta vez lo había hecho y encima a Alice. Mala señal.
Edward sonrió forzadamente a Alice, pero le salió una mueca extraña.
-¿Contarte el qué?
-¡Lo que ha pasado con Bella!
Edward entrecerró los ojos al ver a Emmett, que estaba detrás de su hermana, agitando las cejas sospechosamente. Rosalie estaba a su lado mirándole con curiosidad. Suspiró y agarró a Jasper del brazo. Lo llevó a rastras por el suelo hasta el pasillo.
-Yo confiaba en tí - dijo Edward con fingido abatimiento.
-Mea culpa - dijo Jasper -. Alice ha podido conmigo. Me ha amenazado con llevarme de compras durante un mes sin descanso y me ha atacado con sus ojos de cordero degollado.
-Maldita duende metomentodo - refunfuñó Edward.
-¡Te he oído, Edward Anthony Cullen! - gritó su hermana desde el salón. Luego se escuchó una risotada de Emmett.
-Entonces... - prosiguió Jasper -. Oficialmente...¿estáis juntos?
Edward suspiró.
-No lo sé muy bien.
-¿Cómo que no lo sabes?
-Se lo he contado todo, me he declarado y aún así, no sé... - se llevó las manos al rostro.
-¿Tú quieres estar con ella?
-¡Claro que quiero!
Jasper sonrió ampliamente, era la primera vez que oía decir esas palabras a Edward desde que se conocían. Ese chico tan cerrado a la gente, que solo intercambiaba algunas palabras con él y su hermana Rosalie y con los demás Cullen, se había abierto completamente a Bella en unas pocas semanas. A Jasper y a Rosalie les había costado horrores tener una conversación normal con Edward.
Puso una mano en el hombro de Edward.
-Habla con ella el lunes.
-Eso haré.
Edward subió a su habitación antes de que Alice saliera a bombardearle con millones y millones de preguntas que en estos momentos no quería contestar. Dejó la toalla y el cepillo de dientes en el escritorio, ya se encargaría de dejarlo todo en su sitio después. Se tumbó en la cama y pasó los brazos detrás de su cabeza. Miró el techo como si ahora fuera lo más interesante del mundo mientras pensaba. Bien, tenía decidido que iba a hablar con Bella sin falta y lo aclararían todo mucho mejor. Ahora ella lo sabía todo y no había marcha atrás. Lo mejor es que ella no se ha alejado de él y también se ha abierto a él sin tapujos, o eso había notado él. No, no desconfiaba de Bella. Era imposible que desconfiara de esa chica.
Se pasó una mano por su cabello aún humedo y cerró los ojos. Sus pensamientos se fueron desvaneciendo conforme se iba durmiendo rápidamente al instante.
La suave melodía inundaba el salón.
Esme se asomó por la puerta y vio a su hijo más querido sentado frente al piano de cola. Repetía la misma melodía sin cesar y luego cogía un lápiz para escribir en un cuaderno que se encontraba apoyado en el atril del piano. Ella se acercó a Edward y apoyó su mano en el hombro de su hijo mientras él tocaba las teclas del piano muy concentrado. No se asustó ni se incomodó con la presencia de su madre a su lado ya que el siempre se ponía nervioso cuando tocaba el piano. Le gustaba estar solo y muy concentrado para poder tocarlo como si fuera lo más fácil del mundo.
Edward dejó de tocar de nuevo, cogió el lápiz y volvió a escribir en la libreta. Puso unas cuantas notas musicales encima de los pentagramas y tarareó el sonido en voz baja. Esme escuchaba en completo silencio. Su hijo no la miraba en ningún momento.
-Hace mucho tiempo que no te veo aquí sentado y tocando tan libremente - dijo Esme después de un rato.
Edward sonrió.
-Me he levantado inspirado y no voy a desaprovechar la oportunidad.
Esme rió.
-¿Has estado cuatro años sin inspiración?
Edward asintió y pasó las yemas de sus dedos por las teclas.
-¿Tiene que haber algún motivo detrás de todo esto?
-Estoy enamorado - admitió Edward.
Esas palabras no se las esperaba Esme. Y menos de la boca de Edward que nunca le contaba nada ni mostraba sus sentimientos delante de ella. Se tapó la boca con la mano mientras aguantaba las lágrimas de felicidad que querían salir. Era la primera vez...la primera vez que le pasaba eso a Edward y se lo contaba directamente. Le dio un apretón cariñoso en el hombro a su hijo y le miró con ternura aunque él seguía sin mirarla.
Edward volvió a tocar la melodía, ahora más lento.
-Es imposible de creer, ¿no? - preguntó Edward y giró un poco el rostro para mirar a su madre.
-Nunca me has contado nada hasta ahora - dijo Esme, sonriendo -. Es Bella, ¿cierto?
Edward inspiró profundamente, se mantuvo unos segundos y soltó el aire. Después asintió levemente con la cabeza. Esme lo miró con la felicidad plasmada en el rostro pero pronto esa felicidad desapareció al observar las profundas ojeras que se marcaban debajo de los verdes ojos de su hijo. Pasó sus dedos por las marcas violáceas y Edward dio un respingo.
-No has dormido - no era una pregunta. Edward no dijo nada -. ¿Por qué no nos has dicho nada?
-No quería molestar - susurró Edward.
-Edward, hijo, ¿cómo vas a molestar con eso?
Edward se apartó de su madre y se levantó de la banqueta del piano.
-Lo siento.
Esme miró los ojos abatidos de su hijo, aparte de tenerlos rojos casi del todo.
Edward sacudió la cabeza y salió de la sala. Mientras pasaba al lado de su madre murmuró que iba al cuarto de baño.
Ya dentro del baño, Edward abrió de manera rápida y brusca el armario del espejo y cogió un pequeño bote lleno de pastillas de color morado. Abrió el bote para sacar dos o tres y se las metió en la boca. Tragó de manera dificultosa y resopló pesadamente. Se miró al espejo y vio sus ojos rojos y las profundas ojeras que llevaba. También estaba mucho más pálido de lo normal. Respiraba dificultosamente y le temblaba todo el cuerpo.
Esperó a que las pastillas hicieran efecto, pero no pasó nada.
Se llevó una mano al pecho y soltó un jadeo. La vista se le iba nublando cada vez más y él no podía hacer nada. Se le cerraron los ojos, poco a poco, y notó que su cuerpo no le respondía. Cayó al suelo sin poder evitarlo y sitió como algo puntiagudo golpeaba su cabeza.
Lunes. Otra semana empieza y otra vez había que volver al instituto. Bella no tenía gana alguna de tener que volver para escuchar las explicaciones de los profesores, apuntar deberes y hacer el ridículo en Educación Física.
Sintió que los rayos de sol (¿En Forks?) se le clavaban en el rostro y se removió en la cama, incómoda. Después notó que las sábanas se deslizaban por su cuerpo hasta que ya no las sintió. Abrió los ojos y vio el rostro de su padre cerca de ella. Se veía preocupado. Bella parpadeó varias veces para acostumbrarse a la luz del sol que se filtraba por la ventana. Se incorporó y miró a Charlie.
-¿Qué pasa? - preguntó mientras se frotaba un ojo con el puño.
-Hay unos chicos fuera esperándote - contestó Charlie -. Dicen que te des prisa, es importante.
Bella se levantó de un salto de la cama y se asomó por la ventana. Pudo ver a Jasper apoyado sobre el capó un Porsche de color amarillo y a su lado estaban Alice y Tanya. Los tres lucían muy preocupados. De pronto ella sintió una punzada en el corazón, sintiendo que algo malo había pasado.
-Diles que enseguida bajo - dijo Bella.
Charlie asintió y dijo:
-También dicen que no hace falta que te lleves nada.
Bella se giró para preguntar el porqué pero, cuando iba a abrir la boca, Charlie ya no estaba. Miró de nuevo por la ventana y vio a su padre hablando con los tres. Ellos asintieron y Charlie se metió en el coche patrulla de la policía y se fue calle abajo rápidamente.
Se quitó el pijama con dificultades mientras corría por la habitación para coger la ropa. Pilló lo primero que vio: unos vaqueros un poco desgastados, una camiseta blanca y una chaqueta azul oscura con capucha por si llovía después. No se fiaba del tiempo en Forks, podía volverse loco. También cogió las Converse que estaban tiradas debajo de la cama. Se vistió en un tiempo récord y sin tropezarse, cosa rara para ella, y se arregló el pelo enmarañado que tenía de dormir. Salió de su casa sin desayunar, quería saber porqué Alice, Jasper y Tanya venían tan pronto a por ella.
-¡Bella, tenemos que irnos ya! - gritó Alice apresuradamente. Cogió a Bella por el brazo e hizo meterla en el coche, en el asiento trasero, junto a Tanya. Jasper iba delante con Alice e iba conduciendo.
Bella clavó las uñas en el asiento por la velocidad que tomaba Jasper.
Tomaban calles que Bella no conocía de ese pueblo. Nunca se había ido a pasear por las calles de Forks, básicamente porque siempre estaba lloviendo y no salía de casa ni queriendo y se quedaba leyendo, haciendo deberes, estudiando y haciendo la comida para Charlie. Unos árboles taparon la vista a Bella y cuando desaparecieron pudo ver en grande un gran letrero donde ponía: "Hospital de Forks". Tragó saliva, esto no era nada bueno.
Jasper estacionó el Porsche en hospital, cerca de la entrada. Los cuatro salieron del vehículo y entraron en el hospital. Alice habló con la recepcionista mientras Jasper, Tanya y Bella esperaban. Ésta última se encontraba impaciente.
-¿Qué ha pasado? - preguntó mirando a Jasper y a Tanya. Ellos no dijeron nada.
-Vamos - dijo Alice yendo hacia el ascensor. Entraron y fueron a la penúltima planta. Bella pudo leer un cartel donde ponía Cardiología: sexta planta. Edward vino a su mente en el momento de leer el cartel y se le formó un nudo en el estómago.
Salieron del ascensor a toda prisa cuando llegaron y Alice giró hacia la derecha. Los tres la siguieron. Muchos enfermeros y médicos pasaban por allí, algunos corriendo y otros revisando papeles de gente que se encontraba allí. Alice paró en recepción, donde había una mujer menuda, algo mayor ya, con gafas y estaba leyendo una revista de prensa rosa.
-Perdone - dijo y la mujer posó su mirada en ella -. ¿Carlisle y Eleazar están por aquí?
-Sí. Están en la habitación 46 - contestó la mujer y siguió con la revista.
Alice les guió por los pasillos hasta llegar a esa habitación. Allí encontraron a Carlisle y Eleazar, sentados frente a la cama, y hablaban en voz muy baja. Los dos se giraron para ver quien había entrado. Carlisle se levantó de la silla para recibirlos y se acercó a ellos.
-No hagáis mucho ruido ahora que hemos conseguido dormirle - les advirtió -. Buenos días, Bella - añadió cuando la vio.
-Buenos días... - dijo Bella con un hilo de voz.
Entonces lo vio. Edward estaba tumbado sobre esa cama que tapaban Carlisle y Eleazar. Iba vestido con la ropa del hospital, una aguja estaba clavada en su brazo derecho, tenía puestos unos tubos de respiración y su cabeza estaba cubierta de vendas un poco manchadas de sangre. Su cara se veía muy pálida, tenía los ojos cerrados, con unas profundas ojeras marcadas, y respiraba profundamente. Estaba completamente dormido. A su lado había un bote con pastillas de melatonina.
-Nos ha costado hacer que se durmiera - dijo Carlisle -. Hemos estado parte de la noche intentándolo y decidimos administrarle melatonina.
-¿Funciona? - preguntó Alice.
-Lleva durmiendo desde las cinco de la mañana y creo que tardará en despertar - dijo Eleazar.
Bella seguía observando a Edward.
-¿Qué le ha ocurrido?
-Se desmayó en el cuarto de baño y se dio contra la ducha en la cabeza - contestó Carlisle -. Esme vio que tardaba mucho y llamó a Emmett para que abriera la puerta que estaba cerrada con pestillo. Cuando pudieron abrir la puerta encontraron a Edward en el suelo y una charco de sangre en su cabeza. Le cogieron y lo metieron el coche de Emmett para llevarlo hasta aquí donde le hemos cerrado la brecha de la cabeza y ahora está descansado. Lo necesita de verdad.
Alice, Jasper y Tanya miraban al suelo mientras escuchaban el relato de Carlisle. Bella sentía que se le iban a salir las lágrimas en cualquier momento.
-¿Dónde están Esme y Emmett? - preguntó Alice.
-En la cafetería con Rosalie - contestó Eleazar -. Están desayunando, se han pasado la noche aquí también.
De repente el estómago de Bella rugió furiosamente y todos la miraron. Se sonrojó.
-Deberíais ir todos a la cafetería con ellos - dijo Carlisle -. Vamos a dejar a Edward tranquilo, ya despertará. Eleazar - añadió mirando a su compañero -, nosotros tenemos que hablar ahora en mi despacho.
Los cuatro fueron a la cafetería, despidiéndose de Carlisle y Eleazar y dejando a Edward que durmiera tranquilo. Llegaron a la cafetería, que estaba en la primera planta, y vieron a Esme, Emmett y Rosalie en un rincón, comiendo. Se sentaron con ellos y Esme les intentó dar una sonrisa conciliadora, pero esa sonrisa no llegó. Estaba abatida.
-Si tenéis hambre comer - dijo Rosalie -, Emmett ha pedido mucha comida pero al final no ha comido casi nada.
-Come, Bella - dijo Jasper -, debes de estar hambrienta.
Bella se sonrojó de nuevo.
-La verdad es que no tengo hambre...
-Pero si te ha rugido la barriga como un león hace un momento - dijo Alice y escuchó como Emmett soltaba una risita.
No quería comer nada en estos momentos. Se sentía tan preocupada por Edward que sólo quería estar con él en la habitación sin hacer nada mientras lo observaba, esperando a que despertara. Todavía quería hablar con él sobre lo del sábado pero ahora no se atrevía por si Edward se encontraba demasiado mal y le pasara algo otra vez.
-Cada vez es peor, ¿verdad? - preguntó Bella en voz casi inaudible.
Los demás la miraron extrañados.
-Su enfermedad - siguió -, cada vez va a peor, conforme pasa el tiempo y se va haciendo más mayor.
-Bella - dijo Esme tomando su mano cariñosamente -, eso no te lo vamos a negar...
-Mamá, sería mejor que supiera la verdad de todo esto, a parte de lo que ha dicho Edward - dijo Alice.
-O sea, que todavía hay más - susurró Bella.
-Sería mejor que eso lo explicara Carlisle o Eleazar - intervino Tanya. Todos le dieron la razón.
Bella volvió a la planta de cardiología después de comer algo. Por el camino se encontró a Carlisle en la recepción de la sexta planta, estaba hablando con la señora de las gafas y miraban unos papeles. Se acercó a ellos lentamente y Carlisle la vio. Le mostró una pequeña sonrisa.
-¿Vas a ver a Edward? - preguntó.
-Sí - Bella caviló -. Edward me dijo que su abuelo tuvo también la misma enfermedad.
-Sí, también la tuvo.
-¿Vivió mucho tiempo?
-Este tipo de enfermedad causa la muerte fácilmente. La mayoría de la gente enferma por esto muere joven, otros tienen mucha suerte y pueden vivir más tiempo.
-Entonces vivió poco tiempo...
-Exactamente, murió a la semana siguiente de que yo naciera.
Bella bajó la mirada, avergonzada.
-Lo siento.
-Bella - suspiró Carlisle -, deberías cuidar de Edward, nos harías un gran favor. Nosotros ya hemos hecho todo lo posible. Eres la primera persona en quien Edward confía plenamente y no queremos verle mal de nuevo.
-Lo haré - dijo Bella con sinceridad. El doctor Cullen sonrió y luego cogió una carpeta encima del mostrador de recepción.
-Eso me deja más tranquilo. Bien, la hora de visitas es hasta la una del mediodía para que los pacientes puedan comer, te quedan dos horas para poder estar por aquí. Pero por ser tú, puedo dejarte una hora más - Carlisle le guiñó el ojo a Bella -. Pasaré luego por aquí. Por si acaso despierta, dale al botón que hay al lado de la cama y vendrá alguna enfermera.
Edward todavía estaba dormido cuando Bella entró en la habitación. Se sentó junto a la cama y se quedó observándolo. Podía estar horas y horas así y no se cansaría. Pero todavía seguía teniendo un malestar en el cuerpo por verle en ese estado. Pasó una mano por su cabeza y creyó que vio una sonrisa en el rostro de Edward.
Pasaron las dos horas de visita y Edward todavía seguía dormido. Bella no se había movido de la silla. Eleazar y Carlisle aparecieron por la habitación y empezaron a consultar el estado de Edward.
-¿Se ha movido en todo este tiempo? - preguntó Eleazar a Bella.
-No, todavía sigue dormido - contestó Bella.
-Eleazar, lo has matado - dijo Carlisle.
-No soy tan cabrón como para eso - señaló el cardiógrafo acústico al lado de Edward que emitía señales demasiado rápidas -. Sigue vivito y coleando.
Carlisle le miró con burla.
-Bella, puedes irte a casa si quieres - dijo y la miró -. Sé que te dije que podías quedarte otra hora pero pareces demasiado cansada y...apenas has comido algo, me lo ha dicho Esme. Puedes irte con Alice y Jasper, ellos te llevarán a casa.
-Sí, será lo mejor - dijo Bella, levantándose de la silla.
-Mañana puedes volver a venir. No te preocupes por el instituto - añadió -. Nos hemos encargado de hablar con los profesores.
Bella asintió con una sonrisa y salió de la habitación.
Alice y Jasper ya la esperaban junto al Porsche amarillo.
-¿Vas a volver a casa ya? - preguntó Alice y Bella asintió con la cabeza.
-Ha sido un día agotador.
-Sí - dijo Jasper -. Vamos, subir al coche.
Bella volvió a ir al día siguiente al hospital por su cuenta. Se levantó a la misma hora que Charlie, desayunaron juntos y se despidieron yendo cada uno a su coche. Ella cogió su camioneta, ahora en un estado mucho mejor después de llevar el coche al mecánico aunque la velocidad no había mejorado; llegó al hospital de Forks en media hora cuando el Porsche de Alice solo había llegado en cinco minutos.
Fue hacia la planta de cardiología y vio a la misma señora con gafas leyendo una revista nueva y mascando chicle. No le dijo nada cuando pasó de largo y fue hacia la habitación de Edward. Mas bien, no se había percatado de su prensencia.
Abrió la puerta de la habitación y se sorprendió al ver a Edward despierto. Él estaba incorporado mientras cogía comida de una bandeja que tenía sobre sus piernas. Observó que su cara tenía mejor aspecto aunque las ojeras todavía no habían desaparecido. También le habían cambiado las vendas que llevaba en la cabeza.
Edward se percató de su presencia nada más entrar en la habitación. Dejó su vaso de zumo de naranja a un lado y le mostró una amplia sonrisa.
-Buenos días, Be... - no pudo terminar la frase ya que la chica se encontraba encima de él, abrazándolo por el cuello mientras se convulsionaba por los sollozos. Edward apartó la bandeja de su desayuno antes de que cayera y apoyó su cabeza sobre el hombro de Bella.
-Me has dado un buen susto, imbécil - dijo Bella entre sollozos.
Edward no dijo nada, no sabía que decir exactamente, así que solo se dedicó a abrazarla, pasando sus brazos por la estrecha cintura de Bella.
Estreno mis 23 añazos (sí, hoy es mi cumpleaños, ya podríais felicitarme xD) con este capítulo. Que conste que lo he hecho con la inspiración casi de vacaciones, eso quiere decir que esto ha salido solo casi sin inspiración y puede haber sido una mierda.
Esto es solo el principio de lo que va a venir a continuación, que no será mucho porque este fic va a ser más corto de lo que esperaba. No quiero enrollarme mucho con esto porque al final sí que voy a aburrir hasta los muertos xD
Ya está todo lo que tenía que decir. La próxima actualización no sé si será de este fic o del otro que tengo, pero tengo ya la fecha puesta: 30 de junio. ¿Y por qué? Porque tengo exámenes toda esta semana que viene y tendré que estudiar al menos un poco o me matan y no dejan ni mis restos.
¡Hasta la próxima!
PD: Cada día estoy más muerto de calor, me voy a morir antes de lo esperado -_-
