Disclaimer: JRR Tolkien, o Peter Jackson.


toc toc

Y con eso se perdió. Ella volteo a ver a su hermano con la visión roja, o quizás era su cara la que estaba calentándose con la furia, y eso era muy peligroso. - primero, no andes reclamando a la persona equivocada... ¡Ellos lanzaron el doble de las reliquias que yo en mi vida e tocado!

Ya no se escuchaban las risas, algo que ella no había notado, y todo el mundo dejó de bromear cuando un aura amenazadora se sintió por toda la casa. Bilbo era el más asustado, porque sabía a la perfección lo que eso significaba; Fidelia había sido alterada más que suficiente. - ¡Y no quiero romper el estúpido jarrón contra el suelo...!

Ella trotó hasta la puerta antes de cualquiera pudiera reaccionar, antes de que pudieran entender. - ¡Se lo quiero romper en la cabeza al idiota que también se quiere unir a la diversión, joder!

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~Hermanos para proyectos suicidas, y hermanas sobreprotectoras~

Fidelia marchó hasta la puerta, pisando fuerte por cada pensamiento vengativo que se le pudiera ocurrir. Tenía un deseo tan oscuro, y destructivo, que pedía por algo de normalidad, no solo hoy, sino todos los días que le quedasen de vida. Quería volver a sentir el control, que a pesar de no ser parte de su vida diaria, si que era esencial para su cordura, y ahora mismo no podía hacer más que ver como el orden se distorsionaba. Todo su control se escapaba de entre sus dedos.

Su vida ya era mala antes de que ellos llegaran, no necesitaba que unos desconocidos de quién sabe donde, o por qué extraño motivo estuvieran allí, vinieran a estropearla aún más. Su equilibrio estaba ya fuera de balance. Quería irse, mudarse, ahora mucho más que antes, y olvidar todo lo que estuviera relacionado con su vida... incluyendo a Bilbo.

¿Por qué estaba sintiéndose así? Esas emociones insanas no solían ser tan fuertes, y nunca habían apuntado a la persona más importante en su vida, su hermano, hasta ahora. Él era el único que podría hacerle sentir querida en este mundo, y la razón por la cual se había vuelto la chica en la que era, pero aún con todos sus defectos y decaídas de actitud, jamás pensó que su hermano fuera el objetivo directo. No podía estropear también su motivo de vivir.

Estaba cerca, ya solo le faltaba unos cuantos metros antes de agarrar la manija de la puerta, girarla, y gritarle al visitante inoportuno que estuviera del otro lado para que se fuera. Iba a escupirle todo lo desagradable que llevaba guardado en su cabeza, e iba a darle todo el repertorio de palabrotas que conocía, solo porque de alguna forma tenía que desahogarse, y no le importaba si un enano molesto esperaba del otro lado, o un hobbit que buscaba material para nuevos rumores, todos ellos iban a ser victimas de su ira. Bien podría ser otro magnifico mago trayendo a los elfos a su casa para quien sabe qué, solo porque quería, y ella igualmente iba a no tener compasión, ya no. Estaba literalmente viendo rojo, y las ganas de quemar todo, envolviéndolo en sangre, estaban creciendo de manera anormal.

En serio, ¿qué le estaba sucediendo?

Ella tomo una bocanada de aire, abriendo mucho los ojos cuando se dio cuenta de que su visión estaba empezando a desenfocarse. No podía sucederle esto de nuevo, pensó con angustia, no otra vez, no ahora.

Fidelia tuvo que obligar a sus pies a detenerse, usando la pared más cercana como soporte antes de tropezar contra el suelo. Dolía mucho, más que cuando despertaba de sus pesadillas, o cuando esa neblina pesaba sobre sus ojos. Su corazón estaba latiendo muy rápido, haciendo que lo escuchara en sus oídos como un tambor, y su visión se estaba viendo afectada por la niebla difusa. No, ¿Qué era esto? No era normal.

- ¡Fidelia!

La voz de su hermano tampoco estaba ayudando a su dolor, haciéndole sentir más estresada que calmada, como usualmente le hacía sentir. Otras personas se estaban acercando, hablando, pero ella no podía entender lo que decían. Apenas podía ver a su hermano, pero hasta eso se estaba perdiendo en una imagen borrosa imparable.

¿Qué decían...? ¿Qué querían?

- Ella está por desmayarse. - una voz... ¿De quién? se preguntó temerosa de no saber lo que le sucedía, y no fue hasta que sintió los brazos de alguien levantándola, que se dio cuenta de lo débiles que sentía sus piernas. Ni siquiera podía quejarse, pero ella ya estaba perdiendo el conocimiento, no podía hacer más que aferrarse a su salvador.

- ¿La señor... al...na... nfermedad?

Bilbo empezó a decir algo... Fidelia quería saber, lo que estaba pasando. No sabía que sus síntomas fueran tan graves como para ocasionarle ese estado miserable, y parte de ella estaba temiendo que se volviera peor.

Todo se volvió silencioso, o tal vez ella perdió la consciencia, pero la paz era tan magnifica que no podía negarse a disfrutarla. Suspiró de anhelo a esa calma, a la falta de dolor e intentaba recordar la última vez en que se sintió tan bien, tan ligera. ¿Cómo era sentirse dormir sin temor a despertar en un sobresalto? ¿Qué era soñar con lo más bello del mundo, y tener un descanso completo? Y ella se preguntó, en lo más profundo de su consciencia que aún quedaba activa, si no estaría muerta ahora. Esa era la única manera en que podría entender esa paz que la rodeaba.

- ¡¿Qué?!

Pero el chillido de Bilbo le hacía imposible abandonarse a su mundo de ensueño.

Ella frunció el ceño, interiormente gruñendo al oír los gritos de su hermano. ¿Qué no sabía que esta podría ser su única oportunidad de dormir bien? ¿No estaba él enterado que ella estaba pasando por un disfrute completo? Al parecer no, la voz chillona de su hermano entrando en su zona de confort se lo decía.

- Calma, solo la atonte un poco. Tenía que tranquilizarla.

- ¡¿Querías desmayarla?!

Fidelia volvió a gruñir, esta vez más fuerte cuando sintió la primera punzada martilleando en su cráneo. ¡Cállate Bilbo!

- Tenía que hacerlo o ella iba a hacer algo contraproducente. Sé que no estaba en todos sus sentidos, y necesitaba que alguien la detuviera, ¿cierto? - La voz de Gandalf se escuchó mejor, pero su tono inteligente solo le estaba molestando más. ¿Qué mierdas era eso de que él quería desmayarla? - De todas maneras, aunque usé poca magia, es impresionante que se haya mantenido consciente por tanto tiempo. La señorita Fidelia es bastante fuerte de mente, por lo que veo.

- Fidelia es la chica más fuerte que conozco. - Oh Bilbo, tu...- Es-espera, ¡¿Qué haces con mi hermana?!

¡Eres escandaloso!

- Solo la voy a poner en un lugar para recostarla.

¡Toc! ¡Toc!

Fidelia escuchó el sonido lejano, murmurando para sí mientras pensaba en el por qué ese golpeteo le enfurecía tanto. Quizás era porque cada vez sonaba más fuerte, insistente porque alguien le abriera. ¿Y por qué nadie abría esa maldita puerta de una vez? Aún le molestaba, y todavía quería dejarle un morado en el ojo al causante, o romperle los dedos para que no volviera a tocar de nuevo en todo caso, sea quien sea, pero también se estaba empezando a dar cuenta de lo tonta que es al querer hacerle frente a un posible especialista en batalla, de ser un enano, o el casi descuido de meter a ella y su hermano en problemas al pelear con algún vecino, que por muy metiches e irritantes que fuera, no era justificable el deseo de matarlos. Ni siquiera era sano el buscar formas de matar, y su joven mente de hobbit se estaba arrancando los pelos en la tontería del pensamiento.

- Gandalf.

Ella dejó de pensar mientras escuchaba la voz ronca. Definitivamente no era un hobbit, al menos eso era un alivio. Tenían ya muchos enanos, y podrían aparecer más extraños de otras razas, pero un hobbit de la Comarca sería el fin de la vida pacifica cotidiana que los hermanos tenían.

- Tu dijiste que la casa era fácil de hallar.

Oh como le hubiera gustado ver la cara del mago ahora, que por primera vez en la noche era él quien recibía ese tono mordaz, o los comentarios descorteces de enanos diabolicos.

- Me extravié, dos veces. No lo hubiera encontrado de no ser por esa marca en la puerta. – terminó de decir, mientras el sonido de la ropa moviéndose se escuchaba en la habitación.

- Si. – la voz de Gandalf resonó poco tiempo después, con tanta pereza que era sorprendente que nadie hubiera notado su poco interés en el tema. Quizás si lo hicieron, pero tampoco les importaba lo suficiente como para mencionarlo.

A Fidelia no le sería tan sencillo olvidar lo que el mago hiso con ella, y cuando ya no tuviera esa pesadez en todo su cuerpo iría a reclamarle su atrevimiento. A pesar de que ayudo a desaparecer esos feos pensamientos de antes, no podía creer que ni siquiera le hubiera avisado antes de... espera, ¿Acaso él acaba de decir marca?

- ¿Marca? No hay marcas en esa puerta. Yo la pinte hace una semana. – Bilbo chilló luego de escuchar su conversación, con pensamientos resonando al mismo tiempo que los de ella.

La puerta se cerró, con un pequeño chasquido que apenas pudo captar. – Sí, hay una marca. Yo mismo la dibuje.

¡Qué descaro! Pero bueno, qué pensaba él que era su casa. ¿Un asilo para enanos desamparados? ¡Apenas podían caber Bilbo y ella cómodamente!

- Bilbo Bolsón, permíteme presentarte al líder de la compañía. – el mago exclamo en toque solemne, notándose mucho su esfuerzo por hacer una presentación ideal. Como si ellos simplemente fueran a olvidar lo que él acababa de confesar, se dijo con sarcasmo. – Thorin, Escudo de Roble.

- Así que… este es el hobbit. – el "líder" respondió con toda la petulancia que su voz pudo reunir. Fidelia quería darle un puñetazo, mucho más que antes, y por motivos diferentes. Normalmente no golpeaba a los desconocidos, y era extraño que fuera su hermano la causa de que por primera vez quisiese hacerlo, pero si estos hombres quisieran hacerle algo a él, ella personalmente iba golpearlos. Enanos o no, líder o quien sea, mago o anciano amigo de su madre, ella iba a enseñarles algo de respeto en esas cabezas engreídas vacías de cortesías.

- Señor Bolsón, ¿tiene experiencia en combate?

- ¿Disculpe? – ambos hermanos dijeron, aunque ella no estaba tan segura de haberlo expresado más allá de su torpe lengua. No entendía este rumbo de la conversación, sobre todo porque debía de ser evidente que un hobbit no era bueno en nada relacionado con las luchas, quizás cazando, tal vez discutiendo, pero nunca en el campo de batalla, y no por falta de habilidades.

- ¿Hacha o espada? – pasos resonaron contra la madera, al compas de su voz. - ¿Qué arma prefiere usted?

- Pues, tengo mucha experiencia en ajedrez. – Fidelia tuvo que abrir los ojos, con gran dificultad, solo para ver a su hermano con ojos desconcertados. Entrecerró la mirada, pensando en que mundo el sentido común podía relacionar un juego de ingenio como respuesta a una pregunta directa como esa. Podía haber dicho algo menos tonto, o ignorar su pregunta para evitarse la humillación que el dichoso "Thorin" quería hacerle pasar, con éxito, pues poco después algunos compartieron sonrisas burlonas entre ellos. Idiotas... - modestia aparte, pero… todavía no entiendo… ¿por qué lo está preguntando?

- Lo que imagine. – dijo mordaz el hombre. – Parece más un tendero que un saqueador. – terminó junto a las risas de los demás huéspedes.

Oh no, él no dijo eso. Fidelia apoyó con dificultad sus codos como base mientras buscaba al idiota que iba a castigar después. Nadie se metía con su hermano, ni lastimándolo o insultándolo. Bien podía ir a ver el diente faltante de Gordon, el Gordo, como ejemplo, que se había atrevido a humillar a Bilbo mientras ella no estaba presente para detenerlo, pero si para darle su merecido al descubrir que había lastimado a su hermano. No, incluso aunque fuera a ver la estúpida sonrisa pervertida con un hoyo en ella, iba enseñarle de todas formas una lección, a él y todos los que invadieron su casa como moscas.

- ¿Quien es ella?

La que va a romperte la nariz si no apagas esa actitud, pensó mientras le devolvía la mirada con el ceño fruncido. Debía de admitir, aún así, que el hombre de quien juraba vengarse era increíblemente alto, aún para los enanos, y era bastante ancho de hombros, lo que le daba un marco más fuerte y grande, y ella tuvo que mirar hacia arriba para poder fulminarlo con la mirada, tanto por la diferencia de estaturas como por su posición desventajosa, en la cual se encontraba. Era mujer, y una hobbit que estaba casi postrada en el sofá; nada majestuoso o impresionante como para dejar una emoción intimidante. Mierda, ¿También tenía que ser hermoso el sujeto?

- Es la hermana del hobbit. - Dwalin le palmeó el hombro a su líder, sonriendo con descaro a su situación desfavorable. Él le susurro algo al oído a su compañero, que aún tenía que quitarle la vista de encima.

Ella se molestó más, insegura de lo que sea que estos dos estaban haciendo. No sabía por qué el tal Thorin estaba viéndola tanto, o lo que el idiota calvo le estaba diciendo, pero estaba segura de que se trataba de ella, porque no estarían viéndola como una broma si no fuera así. Todos alrededor mantuvieron el silencio, viendo, esperando a que Thorin dijera o hiciera algo, tan ansiosos como ella estaba. Y él no les hiso esperar. - Parece enferma.

¿Eh...? ¡¿Pero que demonios?!

Dwalin, Bofur, los hermanos salvajes y otros más, se rieron a carcajadas sus palabras, como si hubiera dicho algo interesante, y estaban chocando las manos como niños en una travesura divertida. El líder solo le regaló una mirada más antes de darle la espalda, como si nada hubiera pasado.

No parecía que ese imbécil supiera lo inadecuado que era decir ese tipo de cosas a una dama, incluso en la indiscreción, ni hablar de hacerlo de forma directa frente a una multitud, y ella iba a encargarse de que nunca olvidara eso. Fidelia iba a golpearlo, ahora mucho más que antes, esta vez por su propio orgullo y prestigio. ¡Argh! ¿Por qué los enanos tenían que ser tan complicados en la vida real? Eran más fácil de entender en los libros de textos, que solo hablaban de sus características en general, nada como la experiencia de vivir un encuentro real.

Si Fidelia hubiera sabido lo difíciles que ellos eran, no hubiera deseado conocerlos en persona.

Una mano se poso en su hombro, haciendo que dejara de seguir a Thorin con el odio puro de su mirada. - Lamento en su nombre eso. Thorin es...

- ¿Un idiota?

Balin le dio una sonrisa, para nada ofendido por el insulto a su líder. - Mi rey puede ser antisocial, y no sabe tratar a las mujeres, me temo, pero le aseguro que es un buen hombre.

Ella chasqueó su lengua, no estando tan de acuerdo con su pensamiento. Si fuera así, sus amiguitos no estarían celebrando como un montón de bastardos insensibles. - ¿También dirá eso de los demás?

Balin dio un suspiro, alejándose de ella con los hombros caídos que nada le convenía a su imagen de abuelo. No sabía por qué, pero Fidelia se sintió incomoda al pensar en que le había molestado al sobrepasar sus límites, a pesar de que decía la verdad. Segundos después, cuando ella creyó que debía disculparse, Balin le dio una sonrisa traviesa, mirándola con la misma diversión que le mostro en su encuentro, no hace mucho.

- No puedo decir lo mismo. Ellos, cada uno, son idiotas a su manera.

Y con eso, él se fue entonces, dejándola con la sorpresa, y una sonrisa divertida que no sabía que podría tener por culpa de uno de ellos. Casi podía simpatizar con el enano mayor, si no fuera parte del grupo que hicieron pedazos su poca normalidad. No lo culpaba por eso, por supuesto, y tampoco a los enanos por hacerle pasar un mal rato, ya que parece ser más una costumbre en su personalidad que una intención verdadera por ofender, pero el tan solo hecho de estar en el momento y lugar indicado, y revolver todo lo que conocía, y quitarle esa seguridad y control que sentía, era suficiente como para verlos como destructores. Bueno, vio lo positivo, al menos ya sabía quien era su enano presente favorito.

Fue solo, cuando ya todos estaban sentados en la gran mesa, que repasó en lo que él había dicho. Un raro pensamiento, que no podía entender, estaba dándole un dolor de cabeza, mientras intentaba averiguar la razón de ello. No estaba segura de lo que era, o si debería de darle la misma importancia que al resto de sus problemas, pero algo debía de ser importante, sino, no estría molestándola tanto. ¿Qué sería?

Ella miro al grupo reunido en la otra habitación, y como festejaban por estar juntos de nuevo. Se servían licor y lo alzaban para conmemorar el momento. Thorin recibía también parte de la comida que por algún motivo había sobrevivido al tornado de enanos hambrientos. ¿O ellos guardaron una porción justamente para dárselo a su líder? Rey o no era increble que pudieran controlar sus ansias para... es, ¿Eh? Espera un segundo, algo no estaba bien ahí... ¿E-el señor Balin dijo rey? ¿A-acaso se refería a un re-rey, de verdad? ¡En serio, qué...!

Mi rey~

No, no podía ser... ¿Verdad? Ella sintió la sangre abandonar su cara, la debilidad inmovilizar sus piernas y el terror atacar su corazón. Eran ellos, ¡maldita sea, eran ellos, los de su sueño! ¡¿Cómo demonios es que estaban vivos?! No, ¡¿Eran reales?!

Ahora podía verlo, a cada uno de ellos, compararlos con temor a cada imagen que recordaba de los protagonistas de sus desvelos, y casi se sentía morir al descubrir que eran los mismos, y ella no se había dado cuenta hasta ahora. ¿Por qué? ¿Cómo era posible que estuvieran ahí, allí en su casa? No podía ser real, esta debía de ser otra pesadilla al que ella entró sin darse cuenta. Si, solo otro sueño... un muy largo y realista sueño. No, no, definitivamente esto no podía ser cierto, habían tan pocas posibilidades de que las personas salieran de los sueños, mucho menos que aparecieran frente a las personas que soñaron con ellos... no, no era real, esto era falso, un error, malentendido, no le importaba, solo el hecho de que ellos estaban allí, vivos y muy reales.

- ¿Fidelia?

Ella saltó, arrastrándose lejos de su hermano y cubriéndose el cuerpo con sus brazos temblorosos.

- ¿Es-estas bien?

No, quería decirle a su hermano, que la miraba con preocupación, nada estaba bien. Todo se había vuelto una pesadilla viviente de la que no podía escapar. Se suponía que los sueños sean solo eso, ese era el único motivo por el cual podía seguir adelante a pesar de no tener descanso por las noches, de temer la oscuridad más profunda y de cerrar los ojos por mucho tiempo, por miedo a volver a ver esas imágenes tristes y terroríficas. Fidelia nunca vio morir a nadie, a excepción de sus sueños, y solo podía evitar que le afectaran porque sabía que no eran reales. Nadie muere realmente, y ella solo continuaba viviendo la vida que conocía, ese era el trato para sobrevivir su normalidad. Ahora no estaba tan segura, pensó al ver a todos ahí reunidos, tal cual como recordaba en su último sueño. Habían cosas que no cuadraban en ambas imágenes, pero no necesitó más que sus caras para saber que eran los mismos torturadores de su retorcida mente. Y eran reales... dios.

Ya no importaba la comida, sus reservas y la invasión a su propiedad, o lo que dirán al otro día de todo el escándalo escuchado desde su casa, ¿Siquiera importaba ya que rumores se crearían más adelante? Estaba asustada, y nada tenía que ver con el motivo anterior a su angustia.

Ayuda. Su mente empezó a distorsionarse, volviendo la cara de Bilbo en una imagen borrosa que perdía cada vez más su color. - ¿Fidelia? – alguien, que la saque de esa pesadilla que se había vuelto real. Ella no quería ver la misma sangre y muerte que en sus sueños, despertar era lo único que la mantenía positiva, y eso no podía hacerlo si se tratara de un suceso real.

- Fidelia, mantente conmigo. ¿Fidelia? ¡Fidelia!

No quería volver a ver sus caras de tristeza y derrotadas. Ella no quería verlos sufrir, otra vez.

- Hey Fidel-

Oscuridad, solo eso la rodeaba en segundos, dulce oscuridad que todo lo reclamaba, incluida los sonidos. Su hermano fue olvidado entre el mar de inconsciencia que la envolvía, y solo una palabra pudo pensar antes de caer en el completo olvido.

...Ayuda.

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Ella despertó tiempo después, abriendo los ojos con pereza y parpadeando las lágrimas de terror que querían salir. Se mantuvo un buen rato acostada sobre su espalda, y contó los segundos como si fuera lo más interesante por hacer. Había entrado en pánico, reconoció, y su miedo alcanzó, por primera vez, niveles nuevos y superiores. Aún estaba intentando entender todo, ¿pero tener que acostumbrarse a desmayarse cada vez que sufriera la misma sensación angustiante? eso era demasiado incluso para ella. Aunque todo lo que ha pasado, en esas pocas horas, era suficiente como para entender su reacción.

Su pesadilla estaba viva, o al menos los persones en ellas lo estaban, y más cerca de lo que le hubiera gustado. Aún no veía castillos o campos desconocidos, a pesar de ser solo fragmentos, y deseaba no tener que cumplir con esa parte de su pesadilla, de ser completamente real. No quería tener que ver en directo como la batalla transcurría, o la forma en que las personas morían, o las lágrimas de Bilbo... dios, Bilbo, no quería volver a ver sus lágrimas. Aunque eso podría ayudar a tranquilizarle, pues era imposible que su hermano sintiera tal grado de aprecio por quienes se comieron toda su despensa, menos que él estuviera en un campo de batalla lejos de la Comarca. Si, la lógica le decía que su hermano jamás iría a la guerra.

…Bilbo, él era la última persona que hubiera deseado que terminara envuelto en esto, incluso era doloroso verlo en sus sueños, esto era una verdadera pesadilla viva. No, él no iba a ser puesto en esa escena de nuevo, esta vez no. ¿Pero cómo iba a detener lo que hasta hace poco no era más que un casi soportable sueño de horror?

- ¿Fidelia? Estas despierta… - una mano cálida se poso sobre su frente, tan familiar y cuidadosa como recordaba en su niñez. - gracias al cielo, pensé que no despertarías.

Ella apretó los labios, haciendo todo lo posible para retener sus lágrimas. Ya era difícil hacerse la dura todo el tiempo, pero con su hermano consintiéndola como cuando era niña, dándole esa seguridad que tanto quería proteger, hacían magistralmente arduo el trabajo de no lloriquear como antaño. - …Bilbo.

- Ey, ¿Qué sucede? Casi parece que viste un monstruo – él dio una risa corta, agotada y sin ánimos, mientras terminaba de inspeccionar su frente, por cada signo de gravedad. – no parece que tengas fiebre.

- Bilbo, ellos… ellos son…

- Si, lo sé.

Fidelia abrió los ojos asustada, ahora más despierta de lo que nunca estuvo en su vida entera. - ¡¿E-en serio?!

Su hermano suspiró, dándose unos golpecitos en el hombro mientras movía su cabeza a ambos lados. Era evidente que estaba cansado. – Sí, sé que ellos son un dolor, pero Gandalf los trajo aún sabiendo que no podía ignorar a una visita, y parece que tienen algo importante de que hablar, así que tampoco podemos echarlos.

¿Qué? Ella frunció el ceño, confundida. – No, no me refería a eso. Ellos-

Pero no pudo decir lo que tanto ansiaba porque en ese momento apareció un enano. Era más joven que los demás, quizás más cerca de la misma edad que ella, y con una manía de mover las manos insistentemente que la volvía loca. Tenia una cara joven, pero sus pequeños ojos de cachorro eran lo más llamativo de sus facciones, pues podían ser tan expresivos como los niños. Y aún así, con todo su nerviosismo, o su mirada tierna, ella quería que se fuera antes de darle verdaderos motivos para sus movimientos de ansiedad. Así que ellos aún estaban aquí.

- S-señor Bolsón, se-seño-señorita Bolsón, se re- se requieren su presencia.

- Gracias, pero no creo que Fidelia esté en condición-

- Iremos en un momento.

Ella gruñó en su interior, al darse cuenta que ese "requiere su presencia" no podía ser otro que alguno del grupo de indeseados que aún tenían que irse de su casa. Sintió la mirada incrédula de su hermano incrustarse en su persona, y ella se preguntó cuántas veces se excuso de las visitas como para que él la viera así. Debe ser porque todos los del exterior que pisaban esa casa eran tan irritantes que a ella se le hiso natural desaparecer en esos momentos, ocultarse en su cuarto o salir a pasear hasta que el visitante desapareciera por si solo. Ya Bilbo debe estar acostumbrado a sus escapadas, así que parecía lógico que crea que hubiera algo raro con ella, y sus recientes faltas de consciencia eran solo otro motivo para preocuparse.

- No tengo una contusión.

Pero aún así él buscó por toda su cabeza algún signo de ruptura. Ella suspiró dándole al enano aún presente una sonrisa cordial, que bien podía pasar por una mueca amenazante, y por como se sentía, no le importaría que él pensara en esta última. - Solo Fidelia, em.

- Oh, O-Ori, mi lady. - Él le regresó la sonrisa, tan dulce como se esperaría de un hombre educado.

Bilbo le frunció el ceño al enano, viendo el intercambio que tenía con su hermana, y no gustándole nada como la miraba. Ori tenía muchas cosas que aprender si quería cortejar a Fidelia, empezando porque ella tenía un hermano mayor que no permitiría a un completo extraño, de otra raza, tratarla como a una más de sus conquistas. Era evidente que Bilbo no tenía la misma consciencia de su hermana sobre sus ojos de cachorro, pero si que la tenía de la lujuria de los hombres, y ninguno que acepte como adecuado le dejaría acercarse a su familia.

Y Ori también lo sabía, por eso salió corriendo del lugar, dándoles a los hermanos su tan ansiada soledad.

- Raro. - dijo Fidelia, viendo aún ese espacio vacío que solo segundos antes era ocupado por el enano.

- Inteligente. - Asintió Bilbo, y ella tuvo que voltear a verlo confundida. Estaba segura que esas dos palabras nada tenían que ver entre si. - No es nada. Tenemos que ir antes de que envíen a alguien más.

- Mn.

- ¿Segura que puedes hacer esto? Has estado extraña desde que despertaste... yo podría encargarme de t-

- Bilbo.- Ella le dijo calmada. - Cállate. No harás esto solo.

Pero él no podía evitar preocuparse, pues la cara de su hermana había perdido color, y su nuevo tono pálido no debería durar tanto, no al menos que algo le asustara... y cualquier cosa horrible que aterrara a su hermana a tal punto, debería de ser algo verdaderamente malo.

- ¿Tendremos esta conversación después?

Fidelia le sonrió, gradecida de que la conociera tanto como para saber cuando ella no quería hablar. - Claro, no podría esperar menos.

Su hermano asintió entendiendo, dándole una gran demostración de su paciencia al dejar ese tema inconcluso, sobre todo cuando era claro como le estaba afectando a ella. Era mejor así, se repetía Fidelia para darse algo de seguridad, entre menos su hermano supiera, era mejor para los dos. De todas formas, ellos se irían antes de que pudieran crear una catástrofe sobrenatural, mucho mayor al que ya habían provocado, y su existencia, igual que sus pesadillas, esperaba, fueran olvidados para siempre como meras casualidades. Quizás hasta no tendría que decirle la verdad a Bilbo, al final, y todo seguiría sin más anormalidades... aunque de eso salían muchas dudas.

¿Sabrían sus visitantes que eran parte de sueños macabros en cada una de sus noches, o qué en sus recuerdos solo estaban presentes la imagen de sus muertes? Quizás no, eso sería demasiado extraño como para considerarlo casualidad, y ella necesita creer que lo era, a pesar de ser todo muy sospechoso como para considerarlo como tal.

Al menos sabía que tenía que proteger a su hermano de esto, incluso cuando no supiera cómo hacerlo. Ella no dejaría que nada le sucediera, sea algo relacionado al destino, o no.

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- La montaña solitaria. – Bilbo leyó, acercando la vela para ver mejor las palabras escritas en el mapa.

- Si, Oin ha interpretado las señales, y las señales indican que ha llegado el momento. - Muchos se vieron indecisos aún, compartiendo la misma mirada desconfiada. Fidelia aún no sabía la razón por la cual su hermano estaba haciendo de lámpara, o por qué ella tenía que recoger todos los platos desordenados en la mesa. Estaba segura que cuando pidieron su presencia, nada tenía que ver con esto, y aún no estaba decidida de si era bueno o no que ellos estuvieran incluidos en esta conversación.

- Han visto cuervos volviendo a la montaña , como la profecía nos dice; - Otro más dijo. - cuando las aves ancestrales regresen a Erebor, el reinado de la bestia terminara. - terminó de profetizar, sin darse cuenta de que él no era el único que movía los labios al compás de la profecía antes dicha. Fidelia puso una mano sobre sus labios, tanto asustada como sorprendida de la fluidez con la que ellos se movían. Miro a todos lados, asegurándose de que nadie más lo hubiera notado, y deseó que su sorprendente conocimiento de tal predicción desconocida, solo sea otra cosa más a olvidar a futuro. Ni siquiera sabía que existía esa profecía, y ya la estaba pronunciando tal cual como era, con una naturalidad extraordinaria que causaba más terror que sorpresa. Para empezar, ¿De dónde aprendió eso?

- ¿Cuál bestia? - Bilbo levantó la mirada del mapa, viendo a cada uno ahí presente con timidez, esperando por alguna explicación.

- Es una referencia a Smaug, el Terrible. - Fidelia ordenó los platos, y los fue llevando tan rápido a la otra habitación que nadie se dio cuenta de su presencia, y todo mientras escuchaba atenta a lo que decían. - La mayor y principal calamidad de nuestra era.

Ella ladeó la cabeza, poniendo más atención a ese detalle especial que le traía más recuerdos confusos y molestos. Pudo reconocer la voz del pervertido tras sus espaldas, hablando con Bilbo como si fueran amigos. - Vuela y escupe fuego. Dientes como navajas, garras como garfios. Aficionado a metales preciosos. - agregó con humor en su tono, muy diferente a la seriedad que exigían sus palabras.

- Si sé lo que es un dragón.

Fidelia guardo lo último que quedaba en la mesa, faltando solo los que estaba utilizando el líder gruñón. Aún no sabía como ellos podían tener el descaro de cocinar y usar las cosas de los demás, y luego sentarse en el comedor y comer tranquilamente como dueño del lugar. Aunque agradecía no tener que socializar con el tal Thorin, o cualquier otro enano de la habitación para ser sincera, incluso si fuera un trato formal. Rayos, ahora recordaba que tenía que recoger el último plato para limpiarlo, lo que le llevaría a acercarse al hombre... tks.

- ¡No tengo miedo! ¡Estoy preparado! ¡Le voy a hacer probar el duro acero de los enanos directo por su narizota! - dio un sobresalto al ver al enano joven anteriormente tranquilo y tímido, que gritaba con histeria. Aunque seguía teniendo esos ojos lindos...

Muchos aplaudieron a sus palabras, animando la aclamación, mientras que otro le daba al pobre un golpazo en la cabeza con molestia. - Ya siéntate.

- Sería una misión difícil aún con un ejercito. - Balin les hiso callar a todos en su felicidad animada, recordándoles con sequedad la dura y verdadera realidad. - Pero solamente somos trece... y no los trece mejores, ni los más listo.

Fidelia volvió a tapar su boca, aunque esta vez nada tenía que ver con su misterioso problema. Una sonrisa siguió creciendo bajo su mano mientras veía, y escuchaba a todos quejarse ofendidos, señalando al que tenía al lado como si fuera culpable por la última descripción. Verdaderamente estaba ganando un aprecio único con Balin.

Lastima que está vez si hubo alguien que notara su reacción, y para su mala suerte, tenía que ser el hombre con el que menos quería relacionarse. - ¿Algo gracioso? - Thorin le susurró con ojos entrecerrados, viendo mejor a la hobbit que estaba a su lado.

- No...

- Tal vez no seamos una multitud, - Una palmada a la mesa ocasionó el silencio de todos, y la oportunidad para que ella escapara de la conversación, dándole también la ocasión para poder llevarse uno de los platos sucios que el hombre ya no necesitaba, y se fue tan rápido que él no pudo seguir deteniéndola con sus preguntas. - pero somos guerreros, todos nosotros. ¡Hasta el último enano!

- "Último enano..." - Ella refunfuño por lo bajo, haciendo lo posible por que nadie la oyera, o viera esta vez. No podía saber lo que era el tener que llevar la carga de ser un enano, que por el simple hecho de tener su sangre por sus venas y el honor sobre sus hombros, de todos aquellos ancestros, tuviera que luchar con su vida, como guerreros. Ella en serio tuvo suerte de ser criada por Bilbo, y crecer en esa pacifica villa sin nada más que comentarios malintencionados. Y aún así, admiraba la fortaleza de estos hombres por querer hacer justicia a la sangre que llevaban, a pesar de que aún no podía estar tranquila a su alrededor, ni apreciar su amenazante existencia.

- ¿Y ya olvidaron a quien tenemos en nuestra compañía? Gandalf a matado a cientos de dragones en su vida.

¿Eh? ¿En serio? Ella miró al mago con una nueva imagen en su cabeza, una más fuerte del que ya tenía. Aunque el "matador" no era exactamente una definición que verdaderamente le quedase al hombre.

- Oh bueno no... yo no diría...

- ¿A cuántos Gandalf?

- ¿Qué?

El enano con cara estricta habló más fuerte, como si eso ayudara a que el mago escuchara su pregunta. - ¿A cuántos dragones ha matado? - Todos voltearon a ver al mago, hasta ella que le costaba admitir su interés en el tema.

Gandalf se quedó en silencio, solo fumando su pipa como si su vida dependiera de ello, y como se veía venir, él no tardó en ahogarse con ella mientras botaba humo por su boca.

- ¡Adelante, diga un número!

Y eso parecía ser suficiente para que casi todos se levantasen y empezaran a discutir como salvajes, por algún motivo que ella aún no entendía.

Fidelia capto la mirada del hombre que era su líder, que debería detenerlos antes de que rompieran algo, o en todo caso, antes de que Bilbo empezara a enloquecer porque alguien rompiera algo de valor. Él solo se le quedó mirando, demasiado tranquilo como si una pelea no estuviera empezando a poco metros, como si sus compañeros no estuvieran gritándose entre ellos, incentivando al otro a un futuro desastre masivo dentro de la casa. No, él solo estaba allí sentado, terminando de comer su estúpida sopa y viéndola con diversión, o eso le decía el brillo en sus ojos. Thorin solo estaba esperando a que algo saliera mal, y disfrutaba de la preocupación que los dueños de la casa estaban mostrando.

Finalmente se dignó a pararse y detener el barullo, gritándoles en un idioma que no conocía. Había funcionado, y todos dejaron de hacer lo que hacían para ver a su líder.

- Si interpretamos esas señales, ¿no creen que otros también lo hicieron? - Fidelia le prestó la misma atención que el resto, inclusive Bilbo que poco interés tenía para esas cosas, y podía ver por qué ellos le mostraban respeto a Thorin. Ni siquiera había pensado en eso, quizás nadie presente lo hubiera hecho, pero podía entender a lo que quería llegar. ¿Cuantos eruditos en el tema estarían en camino ahora a prepararse para apoderarse de su hogar?

- Los rumores se están propagando: El dragón Smaug no ha aparecido en sesenta años. Hay quienes miran la montaña del este juzgando, pensando, y viendo el peligro. Tal vez el gran tesoro de nuestro pueblo ahora está desprotegido. ¿No haremos nada, mientras otros se apoderan de lo que nos pertenece? ¡¿O aprovecharemos la ocasión para recuperar Erebor?!

Todos los enanos levantaron sus jarras en el apoyo, gritando su acuerdo en luchar en su idioma.

- ¿Olvidaron que el portal está cerrado? – Balin de nuevo puso las preguntas realistas sobre la mesa, y ella estaba empezando a pensar que él lo hacia a propósito para molestarlos. Todos volvieron al mismo humor deprimido, bajando sus cabezas con pesimismo. Si esto seguía así, ella temía que se quedasen más tiempo del que podía soportar. - No hay ninguna entrada a la montaña.

- Eso, mi querido Balin, no es del todo cierto. – Gandalf dijo tan enigmático como podía ser. Él sacó una llave de debajo de su barba, y la hiso girar entre sus dedos con tanta presunción que pareciera haber estado esperado ese momento, o alguien que tocara el tema, para poder mostrarla.

- ¿Cómo obtuviste eso? – la voz de Thorin atrajo de nuevo toda la atención absorta en el objeto, y les hiso ver como miraba la dorada llave con ojos incrédulos. Era raro ver ese tipo de expresión en alguien tan serio, casi igual que ver un ceño fruncido en una sonrisa, pero ella no iba a ponerle mucho cuidado a eso.

Fidelia no podía entender la importancia del objeto, o no quería saberlo, pues todo lo que estuviera relacionado a ellos podía convertirse en un desastre aún mayor, o peor. Tenía expectativas, de poder lograr superar esta etapa sin tener que sufrir mucho más que una despensa vacía, y unos cuantos traumas personales, pero como iban las cosas, dudaba que pudiera lograr eso. Ni siquiera sabía por qué ellos le permitían escuchar su conversación, y por mucho que se sintiera honrada por tener ese permiso, nada podía compararse al temor de involucrarse más en lo que sabía, iba a terminar mal. Ellos iban a la batalla, al parecer, y podrían no sobrevivir, así que ella prefería ignorar este encuentro y, junto a sus pesadillas, aspiraba, se volvieran una parte sana de su vida, y no un recuerdo deprimente de personas que una vez conoció y que terminaron muertas.

Ella aprovechó el momento para recoger los últimos platos que quedaban en la mesa, actuando tan rápido que ni siquiera Thorin, el que actualmente los estaba monopolizando, pudo darse cuenta de su movimiento. Por suerte para ella, estaba tan acostumbrada a ordenar en la casa, y podía hacer la tarea mecánicamente, que acercarse a Thorin podía ser fácil, si consideraba que el rey la ponía nerviosa, y ella quería dar gracias por eso, ya que no quería terminar dejando caer los tazones por sus emociones. Bilbo la mataría si eso sucediera.

- La recibí de parte de tu padre, de Thrain, para guardarla… y ahora será tuya. – Gandalf le dio la llave a Thorin, con tal lentitud como si quisiera dar más solemnidad al momento.

No te involucres, se dijo a si misma, no debes dejarte llevar. Pero se le hiso imposible no hacerlo cuando todos estaban tan maravillados por el intercambio. Hasta su hermano, quien compartía su mismo deseo por tener de nuevo su intimidad y espacio personal en esa casa, estaba siguiendo la conversación como uno más del grupo. Eso no podía pasar, ella no podía ver a Bilbo ser influenciado por esto.

- Si existe una llave… debe haber una puerta. – El hermano rubio susurró, aunque ella no le estaba prestando atención. Fidelia levantó la mirada, dejando los platos a un lado, mientras veía la cara de Thorin. Él seguía viendo la llave, dándole vueltas para ver cada parte de ella, tal vez asegurándose de que fuera real, y analizando todos los detalles, pero lo que a ella más le estaba molestando era la oscuridad que se mostraba bajo esa mirada. Thorin estaba viendo el objeto con codicia, un deseo por algo más en donde la llave era esencial para conseguirlo, y ella sabía de eso, pues veía esa obsesión cada día en su espejo, una por conseguir libertad de sus pesadillas, y la tranquilidad de la sociedad.

No le gustaba ver eso, en los ojos del rey gruñón mucho menos, y aunque ella decidió no dejarse envolver por ellos, una parte de ella esperaba que pudieran lograr sus objetivos, algo que no podrían hacer si su líder tenía esa oscuridad en su interior... la misma que hacia que ella se volviera agresiva y peligrosa, como la que podría llegar a hacer que mataran a uno de su grupo, si no tenía cuidado.

- Por eso necesitamos un saqueador. - Ella parpadeó de vuelta al presente, mirando a todos los que seguían hablando sin darse cuenta de su dirección de pensamiento. Se preguntó si era bueno o no que ella fuera la única que hubiera notado ese detalle en Thorin, pero nada importaba más cuando, de improvisto, toda la atención fue puesta en su hermano.

- Hmn, y uno muy bueno. Un experto yo supongo. - Bilbo asintió su acuerdo, no viendo como todos le miraban.

- ¿Y usted lo es?

Fidelia sonrió por el simple pensamiento ridículo, pero pronto su humor fue remplazado por la sorpresa al ver la seriedad y atención de todos los allí presentes, específicamente dirigida a su hermano. Ella sintió un escalofrió correr por su espalda, al darse cuenta por fin lo que ellos estaban haciendo allí. Podía saber por la mirada de todos, que parecían bastante interesados por la respuesta, que reclutar a Bilbo para esa misión suicida fue su plan desde el principio.

Bilbo dejó de ver el mapa, levantando la mirada para darse cuenta de que todos estaban viendo en su dirección. Volteó a ver tras su espalda, buscando algo o alguien que no estaba ahí, para luego volver a ver a todos los invitados. - ¿Que yo qué?

- Él dijo que es un experto. – repitió otro enano sin notar la palidez de los dos hobbits. Los hermanos se miraron con terror, viendo en el otro la incredulidad mientras escuchaban los festejos a su alrededor.

- ¿Yo? ¿Cómo…? No, no, no, no, no, yo no soy un saqueador. Jamás he robado nada en mi vida. ¿Verdad Fidelia? Díselos. Diles que yo no puedo hacer eso.

¿Bilbo siendo un saqueador, en una misión que bien podría ser su muerte? Aclaración, una misión que ni siquiera era de ellos, sino de los enanos. Ellos no eran enanos, eran hobbits, se repitió en el interior varias veces, buscando una lógica para que esto tuviera sentido. Bilbo saqueador, enanos con la mismas caras que las de su sueño, Bilbo llorando su alma frente al cuerpo muerto del líder, que ahora estaba sentado en su mesa... no era posible, que todo estuviera yendo a una dirección en que sus pesadillas puedan hacerse realidad, todas ellas. Por supuesto, su hermano no iba a aceptar tal estupidez, incuso siendo una de las personas más amables y caritativas que conocía.

- Mi hermano no es así... él... él, ¿No tienen a alguien más para el trabajo?

- Temo que concuerdo con el señor y la señorita Bolsón. El saqueo no parece lo suyo. - Ella estaba asintiendo, varias veces en la desesperación sin prestar la suficiente importancia a las palabras de Balin, o la forma en que veía a su hermano. Hasta podría haber dejado pasar los menosprecios para con Bilbo, solo para no tener que temer que fuera contratado en tal trabajo temerario. De verdad, ¿En qué estaban pensando para considerar a su hermano de entre todas las personas, mucho más aptas? No le cabía en la cabez-

- Si, el campo no es para campesinos débiles que no saben ni defenderse. - la incesantemente molesta voz de Dwalin sonó por toda la habitación, entrando por su odio como si fuera un martillo taladrando todo el camino hasta su cerebro.

A pesar de su tono, y el desprecio en sus palabras, Bilbo lo tomó como algo bueno, y asintió de acuerdo en ellas, solo para no ser involucrado en esto. Oh no. Todos los enanos empezaron a discutir de nuevo, esta vez por el hobbit que creía adecuado para el trabajo. Incluso Gandalf vio con cansancio este nuevo desarrollo, y estaba por abrir la boca para decir algo cuando un cuchillo se estrelló en la mesa, muy cerca de la mano del gran enano gruñón y mal hablado.

¡Zas!

Y el silencio se hiso, y todos vieron como el filoso objeto había fallado solo centímetros en darle a Dwalin. Como si fueran uno mismo, voltearon a ver a la causante del acto, sorprendiéndose cada vez más al darse cuenta que la hobbit había sido la culpable quien había lanzado el cuchillo.

Fidelia no le preocupaba el casi amputar los dedos de Dwalin, ni más ni menos, pensó con respiraciones entrecortadas, pero si le importaba que él no dejara de humillar a su familia. La ira volvía a florecer, tan fácil y rápido que se preguntó si alguna vez se había ido, y se llevó todo lo racional de su cabeza.

- Uno, - dijo al levantar la mirada, y fulminar con ella al enano descarado. - campesino o no, Bilbo puede hacer lo que se proponga. Dos... - siguió mientras miraba a todos los que estaban empezando a celebrar el tener de nuevo su grupo de viaje completo. - lastiman a mi hermano y los mato.

Todos agrandaron los ojos a ver el fuego en su mirada, y juraban haber sentido rayos congelarles sus huesos tras sus palabras, que eran tan filosas como el cuchillo que portaba. Bilbo levantó sus manos asustado, intentando llamar su atención para detenerla. Nunca la había visto así, y por muy raro que este nuevo aspecto de Fidelia fuera, él solo rezaba porque dejara de hacer cosas innecesarias. Estaba feliz de que lo defendiera, mostrándole una vez más el aprecio que le tenía, a su manera, pero si ella no se detenía, temía que empeorara la situación, para ambos.

¡C-casi le corta la mano a ese hombre!, pensó él con temor, exagerando mucho la realidad por el miedo por su hermana.

Nadie decía nada, solo viendo el cuchillo, y de vuelta a la hobbits salvaje, y de nuevo al objeto, como si aún no pudieran entender que una mujer tan pequeña y delicada, fuera tan bestia como para acuchillar a uno de ellos. Para atreverse a arriesgar la mano de uno de sus guerreros... no solo hacía falta valor, sino habilidad también.

- Tú-

- La señorita Fidelia tiene razón. - Gandalf interrumpió a Thorin rápidamente, aplaudiendo para sacar a todos de su estupor. - Bilbo Bolsón es un saqueador. - Espera, ¿Qué?, ambos hobbits voltearon a ver al mago que estaba sonriendo con alegría absoluta. Ella estaba segura de no haber dicho tal cosa. -Todos los hobbits tienen los pies muy agiles, es más, pueden pasar inadvertidos cuando quieren. - él presentó a ambos hermanos, quienes se habían movido hasta ahora por toda la habitación sin llamar mucho la atención, dando como mejor prueba a la mujer que pudo acercarse tanto a uno de sus mejores guerreros, y darle uno de los susto más grande sin que se diera cuenta. Fidelia sudó al entender que había hecho peor las cosas para su hermano, al demostrar la increíble habilidad que tanto presumía Gandalf.

Todos vieron la chica presente, analizando la verdad tras la declaración del mago, y sonriendo maravillados como si ella fuera un espécimen nunca antes visto. Ni siquiera estaban preocupados en la recién amenaza dada por ella, o porque tuviera a la mano un arma que nadie pudo notar, o saberla utilizar sin que nadie lo pudiera descubrir. No, ellos solo estaban preguntándose qué tan asombroso era el hobbit macho al tener a una pequeña guerrera como hermana. Idiotas torpes.

- Y mientras el dragón conoce el olor de los enanos muy bien, el olor de un hobbit será prácticamente desconocido para él, lo que nos dará una gran ventaja.

¡Deja de seguir ayudando! ambos hermanos pensaron a la vez al escuchar como el mago hábilmente seguía hablando como si de un vendedor de hobbits se tratase, y quisiera venderlos a ellos al mejor postor. Bilbo intentó detenerlo, aunque sin saber cómo, y le pidió ayuda a su hermana, a pesar de ser la principal causante de este nuevo desarrollo negativo. Fidelia no le prestó atención, más concentrada en entrar en pánico por cada palabra salida de la boca del mago.

- Me pediste buscar al decimocuarto miembro de la compañía. - Thorin levantó una ceja al escuchar sus palabras. - Y elegí al señor Bolsón. Es mucho más de lo que aparenta a simple vista, tal cual como la señorita Fidelia declaró. Tiene mucho más que ofrecer que lo que ustedes imaginan... o hasta él mismo.

No, no, no, no. Fidelia no puede creer que esto estuviera pasando. Bilbo podía negarse a esto ¿Cierto? Todo se arreglaría si él les decía que no quería hacer ese trabajo peligros ¿No?

- Debes confiar en mí esta vez. - Thorin y Gandalf compartieron una mirada confidencial, hablando en una lengua que solo ellos dos podían entender.

- Muy bien. Lo haremos como dices. Dale el contrato.

Balin asintió a su líder, ignorando las quejas de ambos hermanos ahora involucrados. Él le pasó una hoja a su líder, quien de sus manos fue pasado al hobbit, con cierto toque irritante que ella no podía dejar de notar.

Esto definitivamente no estaba pasando... - Ahora puedes tener la casa para ti sola ¿Eh? - Fili, el hombre que había traído todas esas armas consideradas un peligro mundial, le susurró desde su asiento, no muy lejos de ella, y le sonrió a su hermano en un divertido gesto que la mujer no podía compartir, no ahora. - Vamos a cuidar de él, así que no te preocupes. El señor Bolsillo va a ser considerado un héroe. - asintió Kili junto a su hermano, apoyando cualquier broma que ellos estuvieran compartiendo.

Ni siquiera podía decir bien el nombre de su hermano, pensó ella con tensión en sus hombros, y parecía que quisieran decirlo mal para molestar. Aunque en este momento, eso no era lo más importante para Fidelia. Ella volteó a ver a Bilbo quien obedientemente abría el documento y empezaba a leerlo, como si fuera necesario hacerlo. ¡¿Por qué diablos estaba leyendo algo que no iba a firmar?! ¡¿Qué estaba haciendo?!

- ¿Arreglos funerarios?

Él... Él iba a negarse ¿Ci-cierto?

- Condiciones, pagos en efectivo, hasta una decima cuarta parte del total de los beneficios… si los hay. Suena justo – demostró su baja expectativa a esa parte del contrato, sobre todo si se tenía en cuenta toda la conversación anterior, y recordaba a lo que ellos querían enfrentarse. - La compañía no se hace responsable por las heridas sufridas o recibidas por consecuencia de... incluyendo, o limitándose, a lacerarse... - Fidelia hiso una mueca en tan solo pensar en esa palabra. - ¿Despanzurrarse? - Bilbo le dio una vuelta al papel, viendo que había más escrito allí.

Ella vio como su hermano leía en silencio, levantando la mirada con incredibilidad luego de terminar. - ¿Incinerarse?

- Oh si, le puede fundir en un parpadeo toda la carne. - tanto Fidelia como Bilbo miraron a Bofur en la sorpresa, más por lo directo de sus palabras que por el significado de las mismas. Gandalf también, logró hacer un ruido con el humo tragado de su pipa, parecida a una fea tos, y miro en advertencia silenciosa al enano, como si quisiera callarlo solo con la mirada.

Bilbo cerró el contrato sin terminar de leerlo, pero para qué hacerlo, si de todas formas allí escrito debe estar más formas horribles de morir que solo le convencían su resolución de no firmar la condena. No, incluso con tan solo todo lo sucedido esa noche, era suficiente como material para también tener pesadillas, por varias noches más, como su hermana.

- ¿Está bien? - Balin dijo con cuidado al ver al hobbit más pálido a cada segundo.

- Ah, si. - Suspiró cansado, apoyando sus manos sobre sus rodillas en el temblor. ¿Por qué estaba faltando el aire aquí? se dijo nervioso cuando sus respiraciones se volvieron cada vez más pesadas. - Me siento mareado.

- Bil-

Una mano la detuvo de ir hacia su hermano, y antes de que pudiera gritarle al dueño para que le soltara, la voz de Bofur volvió de nuevo a importunar su mente. - Es como un horno, pero con alas.

- Si, si, si, necesito aire.

- Un resplandor, dolor intenso y puf... se convierte en un montón de cenizas. - Bilbo empezó a sudar, el temblor de sus manos crecieron tanto que ya se le podía notar, y sus ojos se entrecerraron en el dolor de su garganta, que la nausea le estaba provocando en ese instante.

Bofur no estaba ayudando para nada tampoco, con esa tonta sonrisa que les decía que le gustaba jugar con él.

Gandalf miro al hobbit indeciso, viendo como su integrante escogido se estaba descomponiendo frente a todos sus compañeros. Quería demostrar la valía del hobbit, no el como mostraba el terror por una misión que aún no había empezado, o de un dragón que todavía no había visto, y temía que Bilbo quisiera no ir con ellos por las palabras de Bofur, o que el grupo no quisiera contratarlo por esta imagen débil que estaba dando... o que, en todo el tormento del simple pensamiento, la hermana tomara esto como una amenaza contra su familia, y quisiera cumplir sus palabras contra sus vidas.

El mago vio como ella miraba tiesa la situación, con una cara que era difícil definir más que la molestia y preocupación.

- ¿Bilbo? - Fidelia pellizcó la mano que la retenía, sin siquiera apartar la mirada de su hermano, y fue a su lado lo más rápido que podía moverse.

Fue como una señal, pero al momento de oír su voz, Bilbo negó, gruñendo la palabra "No" justo antes de desmayarse ahí mismo, frente a todos. Fidelia sintió el corazón salirse de su pecho, al ver por primera vez a su hermano tan débil, y culpo más que nunca a los visitantes de ello, por aparecer.

Bofur sonrió divertido, parándose para ver mejor el espectáculo sin darse cuenta de la mujer que se acercaba corriendo, dándole un golpe en la cabeza mientras le pasaba por un lado, hasta estar con su hermano. Él tampoco lo supo, pero segundos después sintió el dolor correr por todo su cráneo, y se preguntó si la muchacha había usado alguno de sus utensilios de cocina para golpearlo. Solo le faltaba que tuviera un objeto incrustado en su cabeza, tal cual como Bifur y su hacha, y tuvo que tocar con miedo cada zona que podía de su sombrero, para confirmar que nada estuviera fuera de lugar, o que hubiera terminado de la misma manera que el otro enano. - ¡Oye, cuidado con eso!

Pero ella solo lo ignoro para atender a su hermano, revisando cada signo que pudiera decirle si se hubiera hecho alguna herida grave. ¡Y soy yo quien está herido!

- No ayudes tanto, Bofur. - dijo con sarcasmo Gandalf al enano bromista, antes de ir a ayudar a Fidelia con el hobbit caído en el suelo.

Bofur ladeo su cabeza, viendo al supuesto saqueador que iba a ayudar a librar su tierra de un dragón, según el sabio mago, y a la hermana que tendría que quedarse atrás, esperando sola por el regreso de su hermano... sus restos si no lo lograba, y él estaba seguro, de lo que había visto, que ella no era el tipo de mujer que aceptara eso, que se quedara solo esperando sin saber el resultado. Bofur tenía la creencia, pensó en el transcurso en que se sobaba el morado en su cabeza, un mal presentimiento de que ella iba a ser un dolor aún mayor de lo que pensaban. No iba a dejarles ir tan fácil si molestaban a su hermano, o si lograban su objetivo de llevarlo con ellos, ella definitivamente lo usaría como motivo para retribuirle en algún momento...

No podía solo ser una mujer, una hobbit, que sumisamente apoyara las decisiones del hombre, y se despidiera valientemente con lágrimas en los ojos ¿Verdad?


Wow, este capitulo debe llevarse el premio de ser el más largo de la historia. "Vigía a medianoche" tiene por fin un capitulo de tantas palabras, y eso lo voy a tomar como una victoria personal... (No se acostumbren, esta no se supone que sea una historia de capítulos largos XD).

Disfrútenlo y díganme como les pareció, y voy a suministrarles un adelanto; en el próximo capitulo se va a descubrir mucho sobre el misterio de Fidelia, y la razón por la cual ella esa como es ;). ¡Un nuevo giro en la historia! ¡Wuju!