Capitulo 10.
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-Calla de una maldita vez- rezongó Hermione con la voz ronca.
A nadie le gusta el sonido del despertador a las seis y media de la mañana, pero esa noche Hermione había estado dando vueltas en la cama durante horas antes de quedarse dormida, por lo que es lógico que no estuviera precisamente de buen humor.
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-Me ca…- empezó a maldecir en voz más alta. Con los ojos abiertos como platos por lo que estaba a punto de decir apagó el despertador con un gemido. Se levantó de la cama y fue a darse una ducha, tratando de no pensar en la desastrosa cena de cumpleaños de Harry del día anterior.
-Maldita arpía- refunfuñó.
Vaya, hoy se había levantado con mal vocabulario.
Como cada día desde hacía ocho años, lamentó profundamente la muerte de Remus. No solo se había perdido una gran persona y un gran mago, sino que había perdido a la única persona, aparte de Sirius, que podía explicarle quien narices era Megan. Y ni muerta pensaba preguntarle a Sirius.
Una media hora después, mientras estaba desayunando, llegaron el periódico El Profeta y unas ocho cartas, una buena excusa para dejar de maquinar como arrancarle todos los pelos de la cabeza a Megan y, por qué no, también a Sirius.
Tomó un sorbo de café a la vez que miraba la correspondencia: siete cartas eran de casos pendientes y la que faltaba era del puño y letra del ministro de Magia Kingsley Shacklebolt. En primer lugar tomó la del ministro, pero cuando terminó de leer estaba más blanca que el pergamino.
Señorita Granger:
Lamento molestarla a estas horas, pero es urgente que acuda de inmediato a mi despacho en el Ministerio. Ha ocurrido algo que puede amenazar seriamente la seguridad del mundo mágico. Solo unas pocas personas, además de usted, van a ser informadas, así que, por favor, no comunique a nadie de esta reunión y compórtese con normalidad.
Un saludo.
Kingsley Shacklebolt.
Ministro de Magia.
S&H
-Buenos días, Hermione- dijo la secretaria del ministro.
-Buenas, Betty- dijo ella, con las piernas aún temblorosas de la carrera que se había pegado. Y con tacones.
-El ministro la está esperando.
-Gracias.
Hermione tomó el pomo de la puerta y llamó. Cuando recibió permiso se introdujo dentro del despacho y cerró cuidadosamente la puerta. Dentro del despacho estaban todos los antiguos miembros de la Orden del Fénix, además de todos los miembros de la familia Weasley, Luna, Neville y Harry.
-Ay, Merlín- dijo Hermione en un susurro audible- Es grave ¿verdad?
-Hola, Hermione- dijo el ministro, que estaba de pie al lado de Sirius- No he querido contar nada hasta que llegaras.
Cruzó una mirada con Ron, Harry y Ginny mientras tomaba asiento, pero en sus miradas solo podía ver el mismo desconcierto que ella sentía.
-Ahora que estamos todos podemos comenzar- asintió Kingsley- Veréis, esto es complicado de explicar… pero lo haré sin rodeos- tomó aire- El Velo de la Muerte que hay en el Departamento de Misterios es… una especie de puerta del espacio-tiempo.
Hermione abrió los ojos como platos y miró a Sirius, que estaba lívido.
-Cuando Sirius atravesó el Velo y regresó a nuestro mundo pedí a un equipo de toda confianza que investigara lo que había pasado. Al parecer, cuando una persona atraviesa el velo queda suspendido en el espacio-tiempo por tiempo indeterminado. Cuando su mente está recuperada, entonces puede salir del velo en un momento aleatorio.
-¿Y dónde aparecerá?
-En el sitio donde esté el velo de la muerte en ese tiempo.
-Entonces, ¿solo aquellas personas que hayan atravesado el velo de la muerte pueden, de alguna manera, volver?- preguntó Ron.
-Eso parece- corroboró Kingsley- Pero uno de los miembros del equipo que comenté antes dijo algo que me impactó bastante.
-¿Y es…?- alentó Harry.
-Que el Velo es un medio para volver para una persona que esté en, llamémoslo así, el limbo, por lo que es posible que cualquier persona que esté suspendida en el espacio-tiempo podría volver a través del velo, haya atravesado o no el Velo.
-¿Hay otra forma de estar en… el limbo?- preguntó Harry.
-sí, hay otras formas- contestó él.
-Pero… eso no es malo ¿no?- inquirió Arthur.
-No- admitió Kingsley y su figura tembló un poco antes de continuar- Excepto si el que vuelve es Voldemort.
Todos los presentes temblaron ante la idea.
-Eso no sería posible- afirmó Harry- No puede serlo.
-En eso, Harry, estás equivocado- dijo Kingsley, pesaroso- Voldemort tenía el alma mutilada, dividida en ocho partes, según lo que nos has contado. Todos los libros sagrados de todas las religiones del mundo nos indican que, para que un alma tenga descanso eterno, ya sea en el cielo o en el infierno, su alma ha de esta íntegra. Sea un alma bondadosa o malvada da igual, pero mutilar el alma es algo en contra de la naturaleza y es por ello que no se hacen horrocruxes. Es decir, que cada una de las personas que hicieron horrocruxes tienen su alma mutilada y no han conseguido su descanso eterno. Por tanto, esas almas están perdidas en el espacio-tiempo...
-Espera- dijo Harry- ¿Quieres decir que, como Voldemort hizo siete horrocruxes, ahora mismo está vagando en el espacio-tiempo y que puede volver en cualquier momento?
-Si, Harry, eso es exactamente lo que digo- dijo el ministro.
-Pero eso es imposible- dijo Hermione.
-¿Tan imposible como que Sirius haya vuelto?
-Sirius no murió- exclamó Hermione.
-Ni el alma inmortal de Voldemort tampoco- contratacó Kingsley.
Hermione posó las manos sobre sus rodillas mientras trataba de asimilar lo que estaba pasando. Oía murmullos de la conversación (más bien discusión) que estaba teniendo lugar en el despacho.
-Entonces… ¿Qué solución tenemos?- preguntó Dedalus Diggle.
Kingsley asintió y dijo:
-Bueno, puede que tengamos una oportunidad, si alguna persona o personas viajaran al pasado e impidieran que Voldemort hiciera los horrocruxes.
La sala se quedó en silencio. Cada uno de los presentes se miraban entre ellos, sabiendo que alguno seria el elegido para ir a esa misión.
-Sé que es una noticia que ha sorprendido a todos. Yo mismo aún no me la creo, pero es importante que sepamos reaccionar a tiempo. Cuanto más tiempo pase, más probable es que Voldemort aparezca en el futuro… o en el pasado y la líe parda- Todos los presentes lo miraron estupefactos- Perdón por la expresión.
Se oyeron algunas risitas nerviosas.
-Bueno. Todos nosotros sabemos lo que es luchar contra Voldemort, por lo que no se me ocurre nadie mejor que vosotros para enviar al pasado e intentar solucionar esto…
-Pero Kingsley- interrumpió Sirius- Si evitamos que Voldemort haga horrocruxes… cambiaremos el pasado.
-Sí, pero para hacer un presente mejor y evitar una nueva guerra- dijo el ministro, solemne- Un gran mago me dijo una vez que un verdadero líder no se mide por la cantidad de guerras que gana, sino por aquellas que evita.
-Albus Dumbledore- sonrió Ron.
Kingsley asintió.
-No quiero enviar a toda la Orden al pasado (sería contraproducente quedarnos sin nuestros mejores duelistas en caso de que vuelva Voldemort), pero sí enviar un pequeño grupo de voluntarios. Ahora mismo estáis con las emociones a flor de piel- añadió cuando vió varias miradas de heroísmo y de pánico- así que voy a dejaros que lo penséis durante el día de hoy y mañana nos reuniremos a primera hora para ver quienes… se van. Hoy quedáis eximidos del trabajo.
Todos los presentes asintieron. Aunque en cualquier otro momento un día libre les habría alegrado, en esos momentos no había nada que pudiera calentarles el alma. Tenían que tomar una difícil decisión que les podía costar la vida.
