-La nueva entrega de este fic. Me tardé por algunos problemas con mi cabeza (demasiado saturada de deudas, trabajo, problemas personales, neuronas, ideas, fanfics por publicar, impuestos...)

-No sabias como continuarla, acéptalo.

-Oh, buenas noticias: Kaede ha vuelto a mi lado. Después de pedirle perdón (aunque no entiendo el motivo por el que se enojó conmigo, decidimos dejarlo de lado.

-Claro, de lado.

-Capitulo... siguiente:

El inador de Vanessa

Ya no quería usar su computadora. Tampoco su celular era privado. No con los recursos de Monty Monograma en el cuartel general. No era una persona agresiva, solo pesada. Llegaba a casa y se encontraba con un muro floral, que no le permitía llegar a la cama. Quizás en otras circunstancias esto sería lindo, pero el histrionismo del menor Monograma era tal que no podía caminar siquiera a su casa por la enorme cantidad de flores. Sin mencionar el penetrante aroma a flores que con el tiempo se volvía un aroma a flores echadas a perder que hacía que los recolectores de basura usaran máscaras de gas. No conforme con eso, no podía salir a la calle sin toparse con él. A veces le cantaba acompañado por un grupo, y otras veces usaba un cartel para pedirle perdón. El caso es que ella no era libre desde que cortó con él. Y esta situación le hacía desesperar. EL día anterior había acudido a Ferb para pedirle una solución rápida para evitar cuanto menos el que la detectaran en la calle, mientras procesaban la orden de restricción (suponiendo que una menor de 17 años pudiera pedir sola la orden).

Ferb permaneció despierto gran parte de la noche construyendo el proyecto que le encargase Vanessa para ocultarse de su exnovio. Ferb no tardó mucho en encontrar un buen Inador para construir, pero prefirió dejar el amnesiainador por ser una gran franja de tiempo la que habría que borrar, así que prefirió usar otro de ellos, uno que no solo la ocultaría, sino que tal vez le haría sentirse mejor con ella misma. Por el trabajo tardío, Ferb se quedó dormido una buena parte de la mañana, no bajando ni a desayunar por el agotamiento extremo, dejando a Phineas un tiempo libre sin proyectos acostumbrados. Por supuesto que no por ello estaba pasando un rato aburrido.

En la habitación de invitados, Isabella y él pasaban un rato juntos, viendo una de las películas favoritas de Isabella, recostados juntos en la cama y tan silenciosos… que… realmente les molestaba un poco. No bien llegaron a la primera media hora de la película, Isabella la detuvo un instante.

–Esto no es… algo común entre ninguno de los dos, ¿cierto?

–Bueno, suponiendo que no es común que los dos estemos tan cariñosos el uno con el otro, que apenas comenzamos a salir y que en realidad no sé por qué le llaman así si casi no vamos a ningún lado… –Ella le cubrió la boca un momento para que dejara de hablar explicando todo cuanto pensaba.

–Sabes, con ir directo al punto bastará –removió su mano de su boca–. Lo que quiero decir es que… no sé si lo estás pasando muy bien. Casi siempre estas creando e innovando en la diversión.

–Sí, supongo que es algo fuera de la rutina. Pero, no está mal. Es decir, aunque muchos crean que puedo hacer algo solo, sin Ferb no puedo trabajar al cien. Él en cambio…

–¿Sigues preocupado por ese experimento?

–Nunca había construido algo sin mi ayuda. Y ayer parecía que no quería ayuda. Se quedó despierto gran parte de la noche, y ni siquiera me volteó a ver cuándo le ofrecí mi ayuda. Solo dijo "Puedo hacerlo, descansa". Jamás había hecho nada sin mí. Y no conforme con eso, ni siquiera me ha mostrado o comentado qué es lo que hacía, como si me lo ocultara. Tal vez esto es de lo que hablaba Candace.

–No deberías tomar esto a mal. Después de todo, solo es un proyecto.

–El primero que arma solo. Tal vez deba aceptarlo, en cualquier momento tendremos que separarnos… trabajar cada quien por su cuenta. Hacerse a la idea de que no estaremos juntos todo el tiempo.

–Pero seguirán siendo hermanos.

–Sí, es cierto. ¡Oye! ¿Y Perry?

Perry se deslizaba (Esta expresión se hace rutina) por el patio trasero, caminando en modo mascota hacia la caja de arena. Rascó tres veces seguidas, se detuvo dos segundos, rascó dos veces y saltó un poco. La caja de arena se volvió pronto un embudo de arena. Perry se asustó un poco en este punto, calmándose poco después cuando ese embudo lo depositó sano y salvo en su guarida. Allí le esperaba Carl con una aspiradora de mano, recogiendo los granos de arena.

–Buenos días, agente P –Su moral estaba algo baja, lo que no siempre era una buena señal–. Supongo que es de mala educación pedirte esto, pero, ¿podrías firmar esta hoja de peticiones? Es para quedarme aquí trabajando y no irme cuando mi beca termine –Perry tomó la tablilla y firmó sin preguntar.

–Gracias, agente P. Espero poder quedarme ahora con un sueldo y todo.

Perry le mostró su aprobación mostrando su pulgar arriba, y de inmediato pasando a la enorme pantalla del mayor monograma.

–¡Buenos días, agente P! Hemos notado que el Doctor Doofenshmirtz ha estado comprando utensilios de espionaje. Ya sabes, binoculares, catalejos, algunas de esas descontinuadas grabadoras de cinta. ¿Quién compra esas cosas hoy día? Ve a espiar qué es lo que hace. Suerte, agente P.

Perry se retiró una vez su misión le fue encomendada.

.

Vanessa había llegado a casa de Phineas y Ferb. Su deseo era saber del progreso de Ferb con su inador. Pronto se encontró a Candace y Jeremy saliendo de casa juntos.

–¿De paseo?

–Jeremy y yo iremos a comer. ¿Buscas a los chicos?

–A Ferb. Le había encargado un proyecto.

–¡Oh, no! ¡No me digas que ahora están lucrando con sus invenciones!

–Bueno, se lo pedí como un favor, pero estoy dispuesta a pagar por ello.

–Espera a que mamá se entere de esto.

Candace comenzó a marcar justo en el momento en el que Vanessa retomó su camino a la puerta de la casa Flynn-Fletcher. Tocando con delicadeza, esperó hasta que fue Phineas quien abrió la puerta.

–¡Vanessa! ¡Un gusto verte de nuevo! Estábamos a punto de almorzar, ¿te nos unes?

–Gracias, Phineas. Pero almorcé poco antes de venir para acá. ¿Se encuentra Ferb?

–Almorzando, o desayunando tal vez. Trabajó en algo durante la noche y recién se levantó. Aún no me ha dicho de qué se trata, pero supongo que debe ser algo personal. Jamás trabaja sin mí.

–¿Quién es, cielo? –Linda se apersonó en el recibidor reconociendo a Vanessa Doofenshmirtz–. ¡Oh, hola, Vanessa! ¡Pasa, cielo! ¿Puedo ofrecerte algo de beber?

–Sí, agua, o jugo.

Al pasar al comedor, vio una escena que ella no pudo disfrutar en su infancia. Al ser ella hija única, su infancia la pasó con su madre y padre. Y aunque nunca lo lamentó, siempre tuvo la curiosidad del que se sentía tener un hermano.

–Toma cielo. Es jugo de uva.

–Gracias señora Flynn.

–Dime, Vanessa –Lawrence comenzó a buscar charla–. ¿Qué hacen tus padres? Si no te molesta que te pregunte.

–Claro. Bueno, mi madre trabaja en un… bueno, honestamente nunca me ha dicho en qué trabaja. Y mi padre es un científico excéntrico que se la pasa inventando cosas que al final no funcionan del todo y terminan cayéndose en pedazos.

–Suena a científico loco –dijo Candace, siendo corregida por su madre.

–Candace, se un poco más respetuosa.

–No, tiene razón. De hecho él mismo se hace pasar por un científico malvado, pero al final es más bueno y noble que la crema batida.

–Me alegro que no sea un malvado sin corazón. Tal como hablas de él quiero entender que lo quieres mucho.

–Bueno, no me quejo demasiado. Siempre ha intentado hacerme feliz, aunque nunca lo hace bien; y sobre todo sabe respetar medianamente mi privacidad.

DOOFENSHMIRTZ MALVADOS Y ASOCIADOS!

Perry aterrizó silenciosamente en el balcón. Pronto se percató que Doofenshmirtz estaba espiando a algo o alguien en el balcón disfrazado como arbusto. Dio un paso adelante tropezándose con un hilo transparente y cayendo en un camastro plegable. Este ruido accidentado alertó a Doofenshmirtz.

–¡Hola, Perry! Escucha, aunque no lo creas no estoy haciendo algo altamente legal, aunque se podría decir que es deshonesto, pero qué te puedo decir, soy malo. Te contaré lo que pasa. Hace algunos días he estado recibiendo la visita de mi hija, más seguido de lo acostumbrado. Actúa como si estuviera fastidiada, como si alguien la acosara de forma insistente. Es por ese motivo que estoy vigilando a mi hija.

Perry se liberó del camastro pronto y revisó los alrededores buscando un Inador por allí, pero nunca vio nada que se le pareciera. Nada diferente a los que ya había allí y que fallaron o estaban desconectados e inhabilitados (el primer inador que Doof convirtiese en maceta, por ejemplo). Al ver que no había nada que hacer, tomó un catalejo y comenzó a localizar el punto de mira de Doof.

–¿Qué es esto? ¿Me ayudarás? –Perry se encogió de hombros.

–Muy bien. Entonces te cuento. He estado notando algunos patrones anormales para la hija de un científico malvado. En primera instancia, noté que mi hija dejó mi casa a eso de las siete de la mañana hora del este y pasó un rato con uno de sus amigos goticos, ayudándole a levantar un puesto de venta, luego a eso de las diez dejó a ese perdedor y fue al centro comercial, donde se me perdió hasta que la vi salir con una bolsa de lo que parecía ropa negra por el logo gotico, etcétera. Un perdedor que se parece un poco al Mayor Monoceja discutió con ella, pero mi hija lo mandó a volar. Luego de eso, mi hija fue a casa de Charlene y se perdió un buen rato. Posiblemente comió allí. Luego tomó un autobús directo a los suburbios de Danville, llegando a lo que parece ser una casa donde está ese chico con cabeza de fritura y esa niña que podría pasar por mexicana o judía, o tal vez ambas.

Perry se dio cuenta de que estaba observando directamente a su casa residente, que Vanessa se encontraba dentro por el reflejo de algunas ventanas, de hecho estaba en la habitación de Ferb, charlando un poco y probándose un reloj que le acababan de dar.

–Hace rato pareció haber entrado en esa casa, pero de momento la perdí.

Perry estaba nervioso. En los muros podían verse algunas fotografías de los chicos con él, lo que podría ser un problema. Aunque tratándose de Doof, era posible que…

–Mira, esos chicos tienen un ornitorrinco de mascota… o tuvieron.

Claro, el destino (y el escritor) son unos desgraciados.

.

–Si no es mucha molestia, ¿Qué inador usaste en el reloj? –Ferb no contestó realmente, sino que comenzó a preparar algunas cosas cerca de Vanessa y pasó a retirarse–. Ok, eso es… bastante raro.

Ella había recibido una nota con las instrucciones adecuadas para usarla, la que solo decía "oprime el botón rojo cinco veces.

–¿De verdad debería confiar tanto en Ferb. Es decir, posiblemente ni lo probó en algún ser vivo. ¿Y cuál inador usó dentro de este invento? ¿Y que si me convierto en pavo? –Un minuto de silencio mientras se quitaba el reloj para analizarlo. No tenía un nombre, o un indicio de qué se trataba. Solo la instrucción de presionarlo cinco veces–. Phineas y Ferb solo construyen para divertirse, o eso dijeron la otra vez. No me harían daño… pero esto no es para divertirse, sino para esconderse. ¿Qué podría…? –Vanessa miró de reojo al cielo y contempló su paranoia hacia un genio de la diversión–. Al diablo, lo probaré.

Vanessa volvió a ponerse el reloj y presionó cinco veces el botón, y lo que pasó a continuación fue sorprendente: su cuerpo completo comenzó a encogerse. La ropa comenzaba a quedarle grande, algunas prendas cayeron al suelo, al igual que algunos accesorios (teléfono, cartera, etcétera).Estando sola en la habitación de los chicos se contempló a ella misma más pequeña, observó su ropa regada por el suelo. Apurada buscó un espejo, uno que pudiera mostrarla a cuerpo completo. Su reflejo mostraba que solo usaba su vestido negro, los zapatos le quedaban grandes, y su cabello era un poco más largo. Pero lo que más le llamó la atención fueron sus facciones: el rostro más redondo, sus mejillas rojizas y su cuerpo sin las curvas que vienen con la pubertad. Vanessa no solo se había encogido: ella rejuveneció.

–Por todos los cielos, soy una niña. Bueno, siempre lo fui, pero esto… –Miró pues su reloj. Este le avisó que había rejuvenecido cinco años. Esta edad era conveniente, pues ahora tenía aproximadamente la misma edad que Ferb–. Espera, usó el inador anti edad de papá. ¡Ferb es un genio de la metafísica!

Vanessa salió del cuarto encontrando a Ferb dando la espalda a la puerta.

–¡Gracias, Ferb! –gritó Vanessa abrazandolo por la espalda. Este era un regalo que poco o nada resolvía su problema, pero había vuelto a sus mejores años, al menos por un tiempo. Vanessa abrió los ojos y se encontró con Phineas e Isabella mirándola con un gesto sorprendido, casi morboso. Isabella reaccionó de pronto y le tapó los ojos a Phineas.

–Ven, Phineas. Vamos a ver qué podemos hacer hoy.

–¿Qué fue lo que le pasó a…?

–Luego nos explicarán, vamos.

Vanessa no comprendía muy bien, pero fue Ferb quien le ilustró un poco.

–En la caja te dejé ropa de la que pensé que sería tu talla.

Vanesa se miró y notó un escote algo pronunciado producido por el exceso de tela. Vanessa realmente tenía diecisiete años, no era como que no le diera pena mostrar parcialmente su cuerpo, así fuera un cuerpo de doce años. Entró en la habitación y se recostó bajo las sabanas de la cama de Phineas, la primera que alcanzara.

–¡Qué vergüenza! ¡Phineas e Isabella me vieron!

.

.

.

-Si el fic les gustó, informenlo, comenten, sugieran, sigan nuestro trabajo futuro y pasado. Recomienden la lectura y conseguiremos llegar a nuestra meta: tiempo de lectura para quienes aman el romance.