N/A: ¡Hola a todas! Perdón por no haber publicado en el fin de semana, pero, es que he tenido una semana bastante movida en el trabajo y en mi vida en general. Ahora sí, paso a agradecer: Amelia Badguy (yo también deseo que mi musa venga y pronto o le enviaré al Rey Goblin a ir por ella XD); Ceci_neli (gracias por tu apoyo y suerte en tu examen para entrar a medicina. Besos x mil n.n); Chezire (desde mi cristal, regalo del magnánimo soberano, te veo con dos pancartas, una diciendo "Al Pantano del Hedor con Sam" y otra, sostenida y agitada con mucho énfasis, que dice: "Vamos, Jareth protector"; ¿Cómo le haces para estar en dos manifestaciones a la vez XD. Eres genial.); Dogmalaley (te estás conviertiendo en una malcriada XD, besos para ti también); Moonlightgirl86 (mi buena amiga, no sé porqué, pero, creo haberte visto en las manifestaciones junto a Chezire. ¡Tienen que enseñarme el truco de estar en dos sitios a la vez! :3) y Themis13 (Tú estás en la manifestación aclamando a Jareth :D). ¿Con que, les ha gustado el Jareth celoso y protector, he? XD No las culpo T.T ¿Por qué no habrá chicos así, que no se pasen de los límites de los celos y que la hagan sentir a una la reina de su vida sin ser molestos? ¡Ah…! (Suspiro)
Ishtarneko, no sé si te he agradecido por elegir esta historia como una de tus favoritas, si no ha sido así, lo hago ahora. (y perdón por no haberlo hecho antes, es que soy bastante distraída ^_^) Un beso. Si me olvidé de alguien más, por favor, diríganse al departamento de reclamos en el Reino Goblin, eso sí, cuidadito con lo que ponen que podría leerlo el mismo Rey en persona. XD
CAPÍTULO 10. DESENMASCARADOS.
Disclaimer: No me apellido Henson, así que Labyrinth no me pertenece. Excepto los antipáticos Brunellos.
—Señor Williams —habló Sam—, sé que quizás parezca algo apresurado, pero… ¿me daría permiso de invitar a su hija al cine este fin de semana?
—¡Seguro! Sé que estará en manos seguras. ¿Me equivoco? —cuestionó al socio.
—Mi muchacho ha sido muy bien educado; es mi orgullo —dijo el hombre. Jareth abrió más sus ojos viendo incrédulo al susodicho.
—¿Esto es tu orgullo? —Regresó la vista al viejo Brunello—. En verdad algo en tu cerebro debe funcionar mal. Primero ese… pésimo 'chiste' y ahora esto —Ahora, se dedicó a examinar a Williams—. Me pregunto si alguna vez te has cuestionado profundamente el por qué has perdido a tu primera esposa. ¿Acaso si este insulso te hubiere sugerido lo buena que está también se la hubieres servido en bandeja? Eres patético, Robert —Se acercó a él y se inclinó para hablarle amenazante al oído—. Tu hija es mía —le susurró y el hombre pareció sufrir un estremecimiento—. Lo ha sido, lo es y lo será. Por tu bien, Robert, no me desafíes —Volvió a incorporarse. Robert echó un vistazo por detrás de su hombro con extrañeza. ¿Qué rayos había sido esa sombra que había vislumbrado, junto a esa repentina brisa fría en su oído?—. Y tú, Sam 'El Repulsivo,' mantente lejos de lo que me pertenece. No es bueno ponerme de mal humor, muchacho. Y ya sólo con tu presencia lo consigues. Ahora, prosaicos, los dejaré hablando sus… vulgaridades. Las damas son más interesantes —Les sonrió como si pudieran verlo.
Sarah fue junto a Karen, ambas dieron un suspiro de alivio en la seguridad de la cocina. Se miraron y rieron. Karen sacudió su cabeza.
—Esos dos son… dos pelmazos —opinó la mujer.
—Sí. Y… escalofriantes —Sarah tembló para aumentar el sentido de sus palabras. Karen la examinó.
—¿Qué tanto te ha dicho ese joven?
—No mucho, creo. Pero…, no me gusta. Él… No sé... —pareció hacer una introspección—. Asusta.
—Bueno…, creí que yo sola había tenido esa impresión sobre él —confirmó ella—. Sé a lo que te refieres, pese a su buena apariencia hay algo en él… Si he de ser sincera, él no me simpatiza y no me gustaría que tuvieras algo con él. Llámalo instinto, sexto sentido o como quieras. Y no quiero compararme, pero, estoy segura que tu madre pensaría igual. Las mujeres somos más intuitivas que los hombres, ¿sabes? —Le sonrió—. Por eso siempre se nos acusó de brujas a lo largo de las eras —Rió. Jareth se apoyó en el marco de la entrada, con una sonrisa ante la escena, inadvertido por ambas mujeres. Karen era una buena mujer. Eso le daba cierto consuelo con respecto a la pérdida de su heredero.
—¡Karen! —Sarah la acompañó en la broma. De pronto, la observó seria—. Karen…, me siento tan mal por todas esas veces que fui tan ruda contigo…
—No es tu culpa. Quizás, aquel día debí presentarme de otra manera o aguardar un poco más. Imagino que todo fue muy rápido para ti y… cuando te vi allí, tan segura, en pie de guerra… Creo que me impresioné y traté de ser tan ruda como tú —Sarah no podía creer lo que acababa de oír. Karen acomodó un mechón de cabellos de la joven—. Hemos empezado con el pie izquierdo, pero…, si quieres, podemos volver a intentar.
—Me gustaría mucho…, Karen —La madrastra sonrió.
—Ahora, hagamos lo siguiente. Tú les llevas el postre a tu padre y a mí, en tanto, yo me encargaré de llevárselo a los Brunello. Ya bastante has tenido con sentarte a su lado como para tener que aproximarte aún más a él.
—Gracias.
—Muy bien. Yo voy primera —dijo en un resignado tono—. Y Sarah, después, no olvides venir por el tuyo —La miró fingiendo frialdad—. Yo no pienso levantarme para servírtelo —Sarah sonrió a sabiendas de que sólo le estaba dando una excusa más para escabullirse del sujeto. Un año atrás, un comentario menor a ese hubiera ocasionado una batalla campal.
—De acuerdo —Fue en ese instante cuando notó la presencia del Rey Goblin quien cautivado la observaba fijamente. Karen pasó junto a él con los platos de postre en las manos. Sarah tomó otros dos algo inquieta ante aquel examen. Jareth aguardó a que Karen desapareciera para detener a la muchacha con una mano en su cintura antes de que llegara a donde él. Su ojos encontraron los suyos y, luego, sin una palabra, sus labios.
—No veo la hora de que esos Don Nadie se vayan —murmuró sobre ellos—. ¿Y tú? —Sarah se sonrojó y asentó con la cabeza. Jareth sonrió complacido y relajado.
—Supongo que… ya falta poco —ella opinó mordiéndose los labios. Jareth la alteraba, pero, era de una manera diferente a ese Brunello.
—Supongo —él respondió acariciando su espalda—. Te aguardaré… —La liberó— aquí —advirtió poniéndose junto a la porción de la adolescente.
—En seguida regreso —le prometió ella.
—Muchas gracias, señora Williams —Sam agradeció maldiciéndola por dentro. "Vieja fisgona. Tú ya estás fuera de forma."
—De nada —Su esposo le echó una ojeada. ¿Qué estaba tramando esta mujer? Hubiera sido perfecto que Sarah trajese el postre para Sam.
—¿Dónde está Sarah? —cuestionó Robert.
—En la cocina. Todavía debe estar rebanando el postre —Mintió, pues, ella ya lo había hecho con anticipación.
—Aquí estoy, papá. Siento haberme retrasado. Aquí tienes —Le sirvió a su padre—. Y aquí está el tuyo, Karen —Le sonrió cómplice.
—¿Tú no vas a comer? —le cuestionó esta con 'inocencia.'
—¡Oh, casi lo olvido! —Rió—. Iré por el mío —Se marchó feliz de la vida de tener a su madrastra de su lado.
—Ella es una muchacha estupenda, Robert —consideró el señor Brunello—. Sería maravilloso que Sam y ella se entendieran. Mi hijo no ha tenido suerte con las chicas. Ninguna de ellas resultó lo que parecía —el hombre se lamentó. El nombrado descendió la mirada.
—¿En verdad? —cuestionó Karen—. ¿Y… ha tenido muchas novias, joven Brunello?
—Eh… Bueno…, novias… no. No muchas. Chicas... —Su padre rió.
—¡No seas modesto! ¡Este muchacho debería ser cantante o algo así! ¡Las mujeres lo siguen como moscas! —Karen sonrió con falsedad.
—Mi madre siempre decía que había que desconfiar de aquellos quienes tuvieran muchas mujeres en su haber y que no se han quedado con ninguna. 'En el promedio de posibilidades radica la prueba del valor,' ella solía decir.
—Sin duda su madre debe haber sido una mujer 'demasiado' precavida —Sonrió Sam tratando de doblegar su mal humor hacia esta persona en especial.
—Sí. Ella lo era. Y me enseñó a serlo —Lo miró tan inmutable como antes. "¿Estúpido muchacho, con quién crees que estás tratando?"
—Ella se está tardando. ¿Sam, me harías el favor de ir a ver qué le sucede? —irrumpió Robert.
—¡Por supuesto!
—¡Yo puedo ir! —Se apresuró Karen a contradecir a su marido.
—Sam puede hacerlo. No es difícil hallar la cocina. Apuesto a que si va cualquiera de nosotros Sarah se sentirá vigilada.
"Mejor sentirse vigilada que invadida," pensó Karen viendo a Robert con disgusto. ¡Esta era su casa también y no tenía porqué haber un extraño recorriéndola a su antojo! ¡Especialmente uno como ese!
Sarah volvió a la cocina con el corazón palpitante. ¿La besaría de nuevo? ¿Estaría celoso o qué? Él aún estaba donde había prometido. Ella sonrió. Luego se llevó una mano a los labios, para asombro del monarca.
—¿Qué sucede, amor?
—¡Oh, Jareth, lo siento! ¡Lo olvidé por completo! ¡Tú no has comido nada! ¡Espera! —Fue hacia la heladera—. ¡En seguida te buscaré algo! —Abrió la puerta y se vio atrapada por unos brazos que la rodearon por detrás.
—¿Qué es esto? —cuestionó en su oído—. ¿Sarah Williams preocupándose por el Rey Goblin? —Sarah cerró los ojos dejando que él la hiciera reclinarse sobre su cuerpo.
—¿Y… por qué no? —pudo responder.
—Pensé que no lo hacías.
—Bueno… yo… lo hago. Y… lo hice… Nunca he estado orgullosa de haber deseado que te llevaras a Toby… ni… de haber malentendido todo. Yo… creí que había tenido una gran victoria… o al menos eso quise creer. Pero, en el fondo…, sé que no fue así. Yo gané a Toby de regreso, pero, perdí. Yo perdí… tanto como tú…
—Sarah… —La obligó a enfrentarle—. Sarah… Los dos fuimos muy necios… Y Toby fue la pobre víctima entre ambos. Creo que… ahora es obvio lo estúpidos que ambos hemos sido entonces… ¿Mi chiquita, confías en mí?
—Yo… —sonrió—. Debo estar volviéndome loca, pero…, sí. Y pese a todo…, estoy contenta de volver a verte —Jareth pareció escanear su alma y sonrió. Su mano enguantada acarició su mejilla.
—Pienso que esta noche tendremos una larga charla, tú y yo —Sarah le correspondió.
—Mañana no tengo clases. Luego veré a quién más golpear para seguir sin concurrir a ellas —Ambos rieron por lo bajo. Él nuevamente la besó con ternura y Sarah suspiró en sus labios. Este era un sueño del cual ella no quería despertar. Se sonrieron tontamente—. ¿Ahora, Su Majestad, me dejará prepararle algo para su real estómago?
—Todo lo que tú quieras, amor. Pero, no te compliques en ello. No quiero meterte en problemas —La dejó libre para revisar la nevera.
—Jamás vi que un emparedado fuera problemático —Rió ella tomando varias cosas a la vez llevándolas a la mesa donde se puso a trabajar—. Te prepararé mi especialidad —Le sonrió—. Esto solía prepararlo con mi madre cuando… vivíamos todos juntos —explicó algo apenada.
—¿Con quién hablas? —indagó la voz de Sam. Sarah se sobresaltó y Jareth fue de inmediato junto a ella.
—Yo… Con nadie… Estoy hablando sola —lo desafió—. Siempre lo hago. Mi padre cree que estoy loca —Jareth rió por lo bajo. Sam sonrió con cinismo.
—Tu padre me envió a ver en qué andabas. Tal parece no confía mucho en ti, ¿verdad? —Sarah quedó en silencio por unos instantes.
—Quizás. Pero, yo sé lo que hago.
—Seguro que sí —comentó echando una ojeada a la mesa—. ¿Te has quedado con apetito?
—No —respondió secamente volviendo a su faena—. Es para mi amigo invisible —dijo sonriéndole a quien correspondía.
—¿Tu qué? —inquirió el otro incrédulo.
—Mi amigo invisible. ¿De tantas cosas que mi padre te ha contado de mí se ha olvidado de eso? Yo tengo un amigo invisible… que siempre me sigue a donde quiera que vaya… —Su tono era como el del relato de un cuento; un oscuro cuento de un Rey Goblin y una muchacha que lo invocó para que se llevara a su hermanito. Giró para encararle—. Y… cuando se enfada, puede ser… muy, muy cruel —Sam rió nuevamente. Tal vez la inocentona no lo era tanto.
—¿Te gusta jugar, eh? Creo que… debí darte más crédito… —Comenzó a acortar la distancia—. Tan joven y tan… ingeniosa. Eso es una buena cualidad…, dependiendo para qué la uses… —Se paró frente a ella ignorando quién se había puesto en medio, piernas separadas como si estuviera capitaneando un barco; manos entrelazadas al frente. Sarah, se sentía protegida, pero, ignoraba lo que pasaba ahora, ya que todo lo que podía ver era la espalda de Jareth.
—Exactamente —respondió el rey—. Y… es demasiado para un adefesio como tú —Sam dio unos pasos más.
—Me gustaría saber qué tanto haces con tu amigo invisible...
—Fácil. Lo que nunca hará contigo —El Rey Goblin sonrió con sarcasmo.
—Señor Brunello, que usted tenga a mi padre en el bolsillo no significa que me tenga a mí también —habló ella sin poder verle. Sólo no podía quedarse tras de Jareth y permanecer callada sabiendo que el tal Sam no podía verlo ni oírlo.
—No es exactamente en el bolsillo donde pretendo tenerte, pequeña Sarah... —Dejó ver sus perfectos dientes. Jareth le vio con interés.
—Eso no luce natural —comentó con desprecio—. Y tú NUNCA la tendrás.
—Váyase ya mismo de aquí —espetó ella indignada.
—Sarah, esa no es manera de tratar a tu futuro novio —Sonrió con malicia—. ¿Acaso no sabes que la carrera de tu padre depende mucho del mío? ¿No sería muy triste que el talentoso Robert Williams se viniera abajo? —Sarah tragó saliva.
—No te dejes engañar, Sarah. Este tipo al fin está demostrando su verdadero rostro.
—Mi padre no necesita de nadie para mostrar sus capacidades. Él es un buen abogado y su currículum lo comprueba.
—Quizás, pero..., él no tiene el suficiente capital como para mantener la lujosa oficina en el centro..., entre otras cosas, Sarah... —Aproximó su rostro al de ella. Jareth ahora había traspasado el cuerpo de Sarah quedando parado exactamente en el mismo sitio que ella. Sarah sólo tenía en mente una frase que deseaba usar ahora con verdadera intención. Jareth lo advirtió y sonrió. Sí. Esta vez él estaba de acuerdo. Los verdes ojos resplandecieron de placer y malevolencia.
—Quizás tú tengas poder sobre mi padre, pero..., tú no tienes poder sobre mí.
Sam se indignó tanto que estaba decido a darle una lección. Intentó atraparla entre sus brazos con violencia, pero, una especie de corriente eléctrica lo expulsó a unos cuantos pasos atrás. Jareth había elevado sus manos a la altura de su pecho y sin siquiera tocarlo le empujó. Sam quedó aturdido por unos segundos.
—Lindo truco —opinó viendo a la chica con una mirada desquiciada—. Yo tengo otro más para enseñarte —Sarah se refugió tras el Rey Goblin. Este no quitó su vista del atacante. Cuando el joven vino, esta vez, decidido a sujetar a Sarah por los cabellos para doblegarla, Jareth le atajó los brazos y el pobre Sam pensó que había recibido una verdadera descarga eléctrica que lo lanzó y lo dejó temblando.
—No te metas conmigo, muchacho. No soy un ser muy paciente y aún menos con mis enemigos —le advirtió—. ¿Sarah, estás bien? —Echó una ojeada por encima de su hombro.
—Sí —Se recompuso del susto.
—Sarah, permite que él me vea. Sólo él. Eso sí. Nunca le digas mi nombre. ¿De acuerdo?
—De acuerdo.
—¿Con quién hablas? ¿Estás loca, verdad? —Volvió a reír—. Pues, qué suerte... Porque nunca nadie te creerá nada de lo que yo... —Quedó estático cuando vio materializarse al intimidante sujeto delante de la chica.
—¿Lo que tú, QUÉ? —indagó Jareth de brazos cruzados.
—¿Que-qué...? —tartamudeó el hombre—. ¡¿Quién rayos eres tú?!
—El amigo invisible de quien te burlabas. Eso, merece ser castigado. Obviamente he sido... benévolo... hasta ahora —Confundido entre el hecho de que ese hombre había aparecido de la nada y por el hecho de que, sin embargo, era un hombre, Sam tomó coraje y se lanzó a golpear al Rey Goblin. Una muy desacertada elección, ya que este le lanzó un cristal con el fin de aturdirlo y hacerle olvidar sobre Sarah y sobre él... Sarah vio a Brunello llevarse las manos a la cabeza y Jareth la tomó de la mano—. Ya mismo vamos a tu habitación antes de que se le pase.
—¡Pero..., mi padre...! ¡Y las cosas...! —Señaló todo lo que había sacado de la nevera. Jareth dejó escapar un suspiro de fastidio y tras un giro de su muñeca todo volvió a estar en orden.
—Listo. Ahora... vayámonos —La obligó a seguirle.
—¿Sarah? —cuestionó Robert al verla pasar. Karen le vio alarmada. ¡Jamás debió haber permitido que ese joven fuera en su busca! ¿En qué rayos estaba pensando Robert? La chica no tuvo tiempo siquiera de girar a ver a su padre—. ¡Sarah! —Su voz fue autoritaria. Karen miró totalmente ofuscada a su esposo y fue tras ella. Poco después, un desconcertado Sam volvió al comedor.
—¿Sam, qué le ha pasado a Sarah? —inquirió su padre.
—¿Sarah? ¿Qué Sarah?
—¡Sarah, mi hija! —exigió Williams.
—Sarah... —pareció tratar de hacer memoria. Una fotografía de la familia en un modular le dio una vaga idea—. ¡Oh, Sarah, sí! Ella... estaba en la cocina, ¿no?
—¿Sam, te sientes bien? —Su padre se preocupó.
—Sí... Creo... que nunca me he sentido mejor... —Rió tontamente—. Es como estar bajo el efecto de un buen narcótico...
—¿Qué? —Robert abrió los ojos anonadado. Brunello se puso de pie de inmediato para ir rumbo a su hijo.
—¡Obviamente algo les ha caído mal a ambos muchachos, Robert! —Se excusó tratando de hacer callar la estúpida risa de Sam—. Será mejor que lo lleve a casa... Mañana nos reuniremos más tranquilos para hablar de negocios, ¿bien?
—Por supuesto —dijo sin comprender nada de lo ocurrido. ¿Qué podría haberles hecho mal? ¡Todos ellos habían cenado lo mismo!—. Mañana nos veremos. Les acompaño hasta la salida —Se quedó viéndolos alcanzar el automóvil.
—¿Quién eres? —Sam miró a su padre risueño—. Te pareces a alguien que conozco... —Le tocó la nariz con un dedo.
—¡Por supuesto que sí, idiota! ¡Soy tu padre! —Lo empujó al interior del automóvil—. ¡Y yo que pensé que ya habías dejado eso! —Se ubicó en el asiento del conductor—. ¡Estúpido muchacho! ¡Hacer eso justo delante de la cara de Robert! ¡Más te vale que no te hayas metido en problemas con su hija!
—¿La hija de quién? —Seguía riendo. El señor Brunello sacudió su cabeza e hizo arrancar el vehículo.
