Descargo de responsabilidad: Personajes oficiales y universo de Harry Potter propiedad de JK Rowling. "Come Back to Me" propiedad de la imaginación de ChristinaFay. Traducción de vuestra servidora.
N de la T: Gracias por leer, las que toman tequila del vaso, y directamente de la botella también! ;)
Capítulo Diez – Lo que hacen los amigos
Hace mucho tiempo, en un mundo muy diferente, Hermione estaba segura de que nada podía hacerla comportarse más irracionalmente que la sobrecarga hormonal que había experimentado durante su embarazo de Toby. ¡Qué equivocada estaba! Al parecer, la adolescencia era una verdadera perra, ¡y ella ni siquiera iba a hablar de las molestas espinillas que "mágicamente" habían aparecido sin ninguna intervención de parte de Fred y George! Día tras día, Hermione se sentía como si estuviera a punto de explotar de todas las emociones que la arrasaban por dentro.
Para empezar, se encontró lagrimeando estúpidamente a menudo. Cualquier cosa podía desencadenar el colapso de la frágil represa que contenía sus emociones. Podía ser un comentario desenfadado que Sirius hiciera en la mesa sobre la demasiado dramática ruptura que una vez tuvo con una de sus ex novias, podía ser la señora Weasley señalando lo rápido que sus hijos habían crecido, e incluso Crookshanks logró hacer llorar a Hermione cuando la edad del medio-Kneazle se puso en evidencia cuando no pudo escapar de las descuidadas botas de Tonks.
Y luego venía su mal genio. Hermione nunca había pensado que podía ser tan corta de genio, e incluso había empezado a preguntarse si sus arrebatos eran la verdadera razón por la que había sido sorteada en la casa de Gryffindor. Se sentía culpable cuando Ron y Harry actuaban como si tuvieran que andarse con especial cuidado alrededor de ella cuando estaba molesta. Sin embargo, sentirse un poco culpable no le impidió casi maldecir a Ron y los gemelos cuando escuchó a los chicos reír a sus espaldas mientras murmuraban algo sobre que "debe ser que esa época del mes" y "como un Colacuerno húngaro".
Esta frustración inexplicable la conducía frecuentemente a las lágrimas, lo que era un verdadero círculo vicioso, y que hizo que la bruja adolescente se sintiera miserable por el resto de las vacaciones de verano. Sin embargo, los cambios de humor causados por sus hormonas en ebullición sólo eran parcialmente responsables de su miseria. Ella definitivamente tenía una razón mucho más importante para sentirse molesta: la frustración de no ser capaz de hablar con un cierto mago llamado Severus Snape.
Desde el día en que ella había abandonado furiosamente su conversación en la panadería, Hermione no podía dejar de pensar en Severus. A pesar de que se suponía que era su profesor, él también era su vecino y amigo cercano de otro mundo, y el único que sabía y aceptaba su "experiencia fuera de este mundo" en esta realidad. Echándole la culpa a su naturaleza indulgente, Hermione superó con bastante rapidez su enojo hacia Severus por haber llamado a su hijo un "error". Ella había aceptado el hecho de que este Severus Snape no conocía a su niño, y su historia de ser una joven madre que no sabía nada acerca del hombre que era el padre de su hijo no sonaba nada más que escandalosa. Si Hermione pudiera hacerlo todo de nuevo, pensaba que debería haber evitado responder a esta pregunta de Severus, así él no pensaría que ella era una mujer carente de principios e integridad. Lamentablemente, por ahora parecía que el daño estaba hecho. El mago parecía estar evitándola a toda costa.
Semana tras semana, Hermione intentó esperar en la biblioteca fuera de la sala de reuniones de la Orden, con la esperanza de atrapar al mago cuando saliera. Pero no tuvo tanta suerte. A Hermione le resultaba casi increíble que ni una sola vez en el resto de las vacaciones de verano fuera capaz de maquinar con éxito una oportunidad de hablar con Severus. El hombre casi siempre salía a toda prisa. Un par de veces incluso se escapó de las reuniones temprano, como si supiera que Hermione estaba yendo a la biblioteca.
Y entonces, por fin, la espera terminó, y el Expreso de Hogwarts no podía moverse lo suficientemente rápido para Hermione Granger.
Hermione levantó la vista hacia la mesa principal en el Gran Comedor y rápidamente encontró a su Maestro de Pociones. Su genuina sonrisa sólo recibió por respuesta una mirada fría y una pequeña mueca del mago. No podía usar la excusa de que Severus no la había visto, porque su intento de desviar la vista con rapidez fue dolorosamente obvio para Hermione. Dejando escapar un suspiro, la joven bruja miró el plato dorado ubicado delante de ella a través de sus lágrimas. Estar en el mismo castillo con él aún no hacía que nada fuera mejor.
De hecho, las cosas se pusieron mucho peor rápidamente después de que comenzaron las clases. No sólo para Hermione, sino también para todos los demás, ya que todos ellos tenían que sufrir a la nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras: Dolores Umbridge.
La bruja enviada por el Ministerio era una completa pesadilla. Hermione quería vomitar cada vez que escuchaba la voz aguda de Umbridge. Su tono almibarado hacía que Hermione recordara a otra persona irritante del universo futuro donde residiera temporalmente. Cómo deseaba que Severus pudiera cerrar la puerta en la cara de Umbridge, al igual que su yo más viejo hiciera con Mimi Weinstock.
Pensar en Severus a menudo creaba un nudo apretado entre las cejas de la joven bruja. Deseaba poder continuar con sus amistosas reuniones después de clase. Pero de alguna manera, ella no podía reunir el coraje para enfrentar sola al mago. Él había desarrollado una actitud tan fría hacia ella, que hacía que Hermione se preguntara si el relato de su futuro como madre soltera la había convertido en una indigna candidata para la amistad en los ojos del mago.
En esta noche en particular, Hermione se encontraba perdida una vez más en sus recuerdos de aquel día de lluvia, y su lucha interna fue captada rápidamente por uno de sus amigos.
—¿Qué te pasa, Hermione? —Preguntó Ron mientras descansaba perezosamente junto a la chimenea en la sala común de Gryffindor—. ¿Todavía te preocupa que no podamos usar magia en la clase de DCAO? No dejes que esa mujer Umbridge te afecte. Yo digo que no hay razón para preocuparse por el TIMO. Nuestra práctica en el ED seguramente nos ayudará a estar preparados para el examen.
Sacudiendo la cabeza ligeramente, Hermione respondió. —No, no estoy preocupada por eso. Harry es un muy buen maestro —ella le dirigió una pequeña sonrisa al muchacho de rebelde pelo negro—. Pero hablando de Umbridge, sí creo que ella tiene planes mucho peores para Hogwarts. Yo sabía que ella tenía una agenda oculta desde el principio. Sólo que no estoy segura de cuán lejos va a llegar —volvió su atención a Harry—. Estás muy callado esta noche. ¿Estás bien? ¿Mejoran algo las cicatrices de la pluma de sangre?
—¿Eh? —La pregunta de Hermione parecía haber tomado al chico por sorpresa—. ¿Qué? Oh... Sí... Gracias. No hablemos de eso, ¿sí?
—¡Bueno! Quizá deberíamos hablar de otra cosa —Ron se sentó derecho en el sofá y frunció el ceño—. Tal vez deberíamos hablar de esas malditas pesadillas tuyas, amigo. Te pones realmente aterrador cuando te sacudes y gritas en sueños, sabes.
—¿Qué pesadillas? —Los ojos de Hermione se abrieron más grandes.
—No es nada —murmuró Harry. Cuando se dio cuenta de que sus dos mejores amigos no iban a aceptar esa respuesta, dejó escapar un suspiro y dijo—: No sé qué pensar de eso, ¿de acuerdo? Es realmente extraño. Y no tengo ni idea de cómo deshacerme de ellas. Voy a tratar de estar en silencio esta noche, Ron. —Sin esperar la respuesta de sus amigos, el joven mago tomó sus libros y se fue.
Al verlo retirarse con gran preocupación Hermione comentó con compasión: —Pobre chico. Seguramente se siente muy solo, sin tener siquiera un padre con quien hablar. Desearía que pudiéramos ayudarlo de alguna manera. Tú estás con Harry todo el tiempo. ¿Tienes alguna idea?
Ron se encogió de hombros ante las palabras de Hermione. Si la bruja no podía encontrar una solución para ayudar a su amigo, él estaba seguro de que no iba a encontrar una mejor respuesta. Los dos Gryffindor se quedaron sentados en silencio junto a la chimenea, preguntándose qué estaba aterrorizando a su amigo en sus sueños.
A Hermione no le tomó mucho tiempo darse cuenta de la grave implicación de las pesadillas de Harry.
Dos días después, en el desayuno, se encontró sólo con Harry en el Gran Comedor.
—Buenos días, Harry. ¿Dónde está Ron? ¿No se siente bien? No pude encontrar a Ginny, tampoco. —Se sentó frente al mago de pelo oscuro en la mesa de Gryffindor, mirando distraídamente a su alrededor. Cuando ella volvió a prestar atención al joven mago, dejó escapar un grito de asombro—. ¿Y qué te ha pasado a ti? ¡Mira esas ojeras! ¿Tuviste otra pesadilla de nuevo?
Harry negó con la cabeza en silencio antes de alzar la vista hacia ella. —Todo está mal, Hermione. No lo sé... —Se detuvo y miró a su alrededor, aliviado al darse cuenta de que la gente empezaba a levantarse de la mesa y que la esquina donde estaban ellos se estaba quedando muy tranquila—. Vi cómo él atacó al Sr. Weasley... anoche. El Profesor Dumbledore envió a Ron, Ginny, Fred y George a casa para que pudieran visitar al Sr. Weasley en San Mungo.
—Tú lo viste a él atacando... —Hermione frunció el ceño ante las palabras de su amigo—. ¿Qué quieres decir? ¿Fue en tus sueños? ¿Tú estabas viendo todo?
—No... Es peor... mucho peor. —Harry negó con la cabeza, consternado—. No sé si estoy poseído. No era como si yo estuviera viendo cómo pasó todo. Yo estaba allí. Yo era la... ¡la serpiente! —El joven mago bajó la cabeza y hundió el rostro entre sus manos—. Y por un momento, en la oficina del Profesor Dumbledore, ¡casi pensé que quería atacarlo a él también! Realmente creo que estoy maldito... o algo así... Quizá el profesor Dumbledore sepa lo que me está pasando. ¡Pero ni siquiera quiere hablar conmigo! Él sólo me envió a tomar clases de Oclumancia con Snape.
—Oclumancia? —Hermione se sorprendió. Ella había estado tomando clases particulares con el director durante meses, pensando todo el tiempo que era la base para una teoría mágica más avanzada—. ¿Por qué Oclumancia?
—Snape dijo algo acerca de cómo Voldemort puede conseguir meterse en mi cabeza si no me concentro en escudarme de él. Dijo que la Oclumancia es la única manera en la que puedo bloquearle el acceso. —Harry dejó escapar un gruñido de frustración—. Así que ahora no sólo tengo que lidiar con las pesadillas, ¡sino que también tengo que tomar clases privadas con Snape, a partir de la semana después de Navidad! ¡Eso en sí mismo es una pesadilla, Hermione! ¡Snape es una pesadilla! ¡Él me odia! Va probar de todo para matarme, ¡estoy seguro!
Hermione se mordió el labio con el ceño fruncido. No había escuchado la mitad de las amargas quejas de Harry. Y luego una pregunta se deslizó por sus labios: —¿Por qué el profesor Snape? ¿Por qué no puede enseñarte Oclumancia el profesor Dumbledore?
Harry arqueó las cejas ante la inesperada pregunta. Frunció el ceño ligeramente se encogió de hombros. —No tengo idea. Uno pensaría que Dumbledore lo sabe tan bien como Snape, si no mejor. ¿Tal vez está demasiado ocupado? Casi parecía que el profesor Dumbledore no quería mirarme anoche. Tal vez esté preocupado de que todavía vaya a meterlo en algún tipo de problema con el Ministerio, y quiera mantener cierta distancia. ¿Recuerdas que te dije que no quería tratar conmigo después de la audiencia durante el verano? La situación nunca mejoró desde entonces.
El ceño de Hermione se profundizó mientras se reconstruía la información en la cabeza. No dijo mucho durante el resto del día pero, de alguna manera, un miedo intenso y la preocupación por la seguridad de un Maestro de Pociones en particular, amenazaban con consumirla.
Severus había decidido que iba a mantener un comportamiento extremadamente indiferente alrededor de Hermione. Si su experiencia al viajar en el tiempo estaba destinada para que ella tuviera una segunda oportunidad, él se aseguraría de no estar allí para arruinársela.
Él estaba convencido de que debía haber tenido algo que ver con que la joven bruja se hubiera convertido en una joven madre a la edad de diecinueve años en un universo paralelo, porque no podía pensar en otros motivos por los que ella usaría un collar parecido a uno de los de su madre, ni llamaría a su hijo con uno de los nombres de él. Además, estaba cada vez más preocupado acerca de sus sentimientos hacia ella, esos sentimientos inadecuados y dañinos, como se recordaba a sí mismo una y otra vez. Para empeorar las cosas, no le tomó mucho tiempo darse cuenta de la anhelante mirada de Hermione que persistía sobre él. Estaba casi a punto de entrar en pánico al encontrar su mirada cariñosa un día, sintiendo con seguridad que la chica estaba yendo por el mismo camino y podría algún día cometer el mismo error que en la otra vida. Si ése iba a ser el caso, no tendría otra opción que ser el que pusiera freno a sus sentimientos antes de que llegaran tan lejos. Después de todo, trató de razonar consigo mismo, ella era apenas una adolescente, y éste debía ser el enamoramiento de una colegiala con su maestro, que pronto podría ser olvidado.
Pero Hermione Granger era una bruja extraordinaria que pondría en entredicho su determinación y autocontrol.
Fue una noche, apenas pasadas las siete. El mago dejó escapar un gruñido mientras miraba a la gran pila de ensayos sobre su escritorio. Había sido un día largo, y haberse tenido que lidiar con una clase observada por la nueva Alta Inquisidora de Hogwarts había sido mucho más que desagradable. Pellizcándose el puente de la nariz, Severus se preguntó si había un encantamiento para hacer que la pila de tareas se corrigiera sola.
Fue entonces cuando oyó un suave golpe en la puerta.
Sus cejas se fruncieron mientras observaba a la joven bruja que había estado evitando entrar en su oficina antes de cerrar la puerta tras ella.
—No recuerdo haberle asignado ninguna detención —dijo fríamente—. Lo que deja sólo un motivo para que esté aquí. Espero que su informe sobre la memoria recuperada sea breve y al grano. Necesito que sea rápido, a menos que quiera hacer mi trabajo y corrija estos ensayos por mí. —Quiso patearse a sí mismo por haber dicho impulsivamente la última frase.
Tal como había temido, ella le ofreció una sonrisa que le hizo cosquillas en el corazón.
—Yo estaría encantada de ayudarlo a corregir ensayos si así lo desea, siempre y cuando sean de los estudiantes más jóvenes. No sería justo que yo le pusiera nota al trabajo de mis compañeros de clase o de los estudiantes de los años superiores —dijo agradablemente.
—No tengo tiempo para una conversación trivial, Granger —mantuvo su voz fría y adusta—. Por favor, dígame claramente para qué vino. ¿Recordó algo útil?
Hermione dejó caer la cabeza y dejó escapar un suave suspiro. —Es Granger de nuevo, ¿eh? —Hizo una pausa por un momento, como si tratara de resistirse a una gran decepción. Él la miró con curiosidad mientras la bruja respiró profundamente.
—No, no me acuerdo de nada nuevo que pudiera ser útil. Sin embargo, creo que debería reconsiderar haber aceptado enseñar Oclumancia a Harry —afirmó calmada pero firmemente.
Él frunció el ceño ante sus palabras. Después de una larga pausa, dijo con sorna: —¿Qué le dio la idea de que usted está en posición de hacer recomendaciones? ¿O es que el niño le rogó que viniera a hablar conmigo para poder evitar tener que poner un poco de dedicación en sus estudios mágicos?
Ella levantó la vista con valentía para enfrentar sus oscuros ojos y negó con la cabeza. —No, Harry ni siquiera sabe que estoy aquí y me gustaría que siga siendo así. En cuanto a mi posición... Bueno, yo no tengo una buena respuesta para usted. Pero tampoco pienso que Dumbledore tenga su mejor interés en mente cuando le dio el encargo. Él no está siendo cuidadoso y responsable al obligarlo a hacer esto. No es justo.
Arqueando una ceja ante la bruja, Severus se levantó de su asiento. Caminando alrededor de su escritorio se paró frente a ella y le preguntó: —¿Le importaría elaborar su idea?
—Bueno, piénselo. Dumbledore quiere que Harry aprenda Oclumancia para que Voldemort no vaya a entrar en la mente de Harry y lo manipule, ¿verdad?
—Supongo que Potter le explicó el propósito de estas lecciones —comentó, impasible.
—Lo hizo. Pero ¿por qué no puede Dumbledore darle las clases a Harry? Y no trate de engañarme. Sé que él puede. Pero, ¿por qué hace que usted lo haga?
Severus rodó los ojos. —¿Qué importancia tiene eso? El director tiene muchas otras obligaciones. Aunque sin duda tratar con el muchacho será una experiencia desagradable, una o dos lecciones privadas no van a cambiar mucho las cosas. Si está realmente preocupada por mi carga de trabajo, me temo que tendrá que convencer a la Junta Escolar para que contraten maestros adicionales.
—¡No, no lo entiende! —Hermione dejó escapar un suspiro de frustración y comenzó a pasearse de un lado a otro delante del mago—. Dumbledore ha estado evitando a Harry desde el final de la escuela. ¡Tenía un motivo para hacerlo!
—Por supuesto —Severus respondió fríamente—, incluso el viejo tiene un límite para los adolescentes arrogantes.
—¡Severus! —exclamó Hermione, y de inmediato se dio cuenta de lo que acababa de salir de sus labios. A pesar de que había estado llamando al mago por su nombre de pila en sus sueños desde que podía recordar, no lo había usado delante de él desde hacía mucho tiempo. La forma en que ella lo llamó pareció sobresaltar a ambos, pero Hermione rápidamente recuperó la compostura—. Escúcheme. Esto no tiene nada que ver con Harry. Y ni siquiera voy a empezar a discutir con usted acerca de lo equivocadas que son sus opiniones sobre él. Pero mire, el motivo por el cual Dumbledore ha estado evitando a Harry se debe a que él no quiere que Voldemort se acerque a él a través de la visión de Harry. ¿No es por eso que Harry necesita aprender Oclumancia? Si Voldemort puede conseguir llegar a Dumbledore de alguna manera a través de Harry, ¡¿qué le hace pensar que Voldemort no puede llegar a obtener una visión de usted durante esas lecciones?!
—¿Tiene que llamarlo por su maldito nombre? —Severus ladró. Tuvo que admitir el razonamiento de la bruja era lógico, y no podía encontrar un ángulo para criticar inmediatamente su evaluación de la situación.
—Está bien, lo siento. Es Ya-Sabes-Quién —respondió ella con frustración—. Pero, ¿ve lo peligroso que sería si lo ve a través de los ojos de Harry? ¿Qué haría cuando esté ante él la próxima vez, fingiendo ser su mortífago más leal?
Frunciendo el ceño a la joven bruja ante él Severus, se quedó sin habla. No estaba seguro de lo que le había afectado más: el hecho de que Dumbledore ni siquiera le hubiera advertido sobre tal posibilidad, o el hecho de que Hermione Granger fuera la que viniera a advertirlo sobre ese peligro. Por un breve momento recordó cómo ella le dijo que dejara de beber la noche del Baile de Navidad, y cómo ella lo tomó en sus brazos después de que fuera gravemente maldecido. Cómo le gustaría poder tener a alguien como ella, que realmente se preocupara por él, en su vida. Después de parpadear un par de veces, sin embargo, el pensamiento racional se hizo cargo. Severus se dio vuelta lentamente dando la espalda a Hermione y le dijo: —Todos tenemos nuestros papeles que desempeñar en la guerra, y el peligro es parte del trabajo. He hecho la promesa de proteger al muchacho. Si lo que dice es cierto, tendré que asumir el riesgo, porque, obviamente, Dumbledore tiene responsabilidades mucho mayores y no puede ser puesto en peligro.
—¡Sólo porque usted quiere redimir su error no significa que tenga que morir en el proceso! —Ella sintió que las lágrimas asomaban a sus ojos.
—¿Por qué le importa? —gritó él, sintiendo que su autocontrol se debilitaba con cada minuto que pasaba—. —¡¿Por qué no puede dejar de preocuparse por mí?!
—¡Porque es mi amigo! —Ella no se iba a echarse atrás—. No puedo dejar de preocuparme por usted, ¡porque eso es lo que hacen los amigos!
Se hizo el silencio entre ellos. Después de una larga pausa Severus dijo con frialdad: —No le corresponde preocuparse. Si no hay nada más, debería irse ahora.
Hermione frunció el ceño ante las palabras del mago. Y de repente, se le ocurrió un pensamiento: ¡él no necesitaba que ella se preocupara de él, porque ella no tenía cabida en su vida! Él ya debía tener a alguien más ocupando ese rol. Debía ser ella, la mujer de la que el Severus mayor una vez le había hablado. Sintiendo los celos arrasando por sus venas, Hermione se mordió el labio inferior, pero no pudo contener las lágrimas en sus ojos.
—Bien... —Ella se atragantó con sus palabras—. Lo dejo solo.
Mientras ella se alejaba de él, lo escuchó caminando hacia ella. Sintiéndose derrotada, no quería mirar atrás para verlo. Dejó escapar un grito de asombro cuando de repente sintió su mano en el brazo. Rápidamente se dio vuelta y se encontró con sus ojos oscuros vertiendo sobre ella una ternura que no podía recordar haber visto en él desde que se había despertado en este mundo. Ella sintió que su corazón se aceleró mientras le sostenía la mirada.
El mago cerró sus ojos y dejó escapar un suspiro. Alejando su mano de ella tragó saliva con dificultad. Un momento después, abrió los ojos y dijo en voz baja: —Yo... lo siento. No quise hacerla llorar. Yo debería... darle gracias por el aviso y... dejarla ir.
Tan pronto como llegó, la ternura en su voz desapareció. El mago rápidamente se alejó de la bruja y se sentó detrás de su escritorio, con los ojos fijos en el ensayo que tenía ante sí.
Tratando con todas sus fuerzas de calmar su corazón palpitante, Hermione contuvo las lágrimas, abrió la puerta y pronto desapareció en el pasillo iluminado con velas.
Las semanas previas a la Navidad parecían haber perdido algo de su magia sin Hagrid para instalar el árbol de Navidad en el Gran Comedor. A veces, tan solo se empieza a extrañar ciertas cosas cuando ya no están allí.
Hermione se sentó en la mesa de Gryffindor un sábado por la mañana, contemplando sus planes para el día.
Ron y Ginny todavía estaban lejos visitando al Sr. Weasley. Harry estaba claramente deprimido sin Ron alrededor. No estaba interesado en nada que estuviese fuera de la sala común, e incluso había rechazado la sugerencia de Hermione de hacer un viaje a Hogsmeade. Dejando escapar un profundo suspiro, Hermione decidió que iría al único lugar donde siempre podía encontrar algo que la animara.
Mientras ella se dirigía distraídamente a la biblioteca, de repente escuchó una voz amiga. —¿Qué hay, Hermione? Me pareció verte salir del Gran Comedor.
Girando rápidamente, Hermione sonrió brillantemente a Tonks. —¡Mira que encontrarte aquí, Tonks! —saludó, feliz, a la bruja de pelo rosa—. ¿Qué te trajo a Hogwarts?
—Ah... bueno... —Tonks cambió su guitarra de un hombro al otro y dio un rápido vistazo a su alrededor—. Voy a tener que contarte luego. —Sonrió misteriosamente a Hermione y le dijo: —Es muy bueno haberme encontrado contigo aquí. Hace un tiempo que quería preguntarte algo. ¿A dónde vas? ¿Quieres ir a Hogsmeade para tomar una cerveza de mantequilla? ¡Yo invito!
—Oh... —Hermione consideró su plan original—. Yo sólo iba a la...
—Ajá, déjame adivinar... ¡debe ser la biblioteca! —Tonks rió—. ¡Tu reputación te precede, Hermione! Vamos, es sábado. Los libros pueden esperar, ¿no? ¡Ven a tomar algo con una amiga!
Hermione se echó a reír y rápidamente aceptó la invitación. Le encantaba estar con Tonks. La metamorfomaga tenía un espíritu contagiosamente alegre que siempre parecía ser capaz de iluminar todo a su alrededor.
Las Tres Escobas era un lugar muy animado ese sábado. Tonks llevó Hermione a un rincón de la taberna y allí encontraron una pequeña mesa. Con cuidado, puso el estuche de su guitarra contra la pared. —Aquí —dijo agradablemente—. He aprendido la lección. Las cosas voluminosas tienen que estar acomodadas lejos de mí por su seguridad. Soy terriblemente torpe, sabes, y hacer una escándalo en público puede ser un poco embarazoso.
Con una gran sonrisa en su rostro, Hermione comenzó a saborear la cerveza de mantequilla que tenía frente a ella.
—Oye, es el momento de soltar la lengua —Tonks tomó un trago de su copa y miró a la joven bruja del otro lado de la mesa de manera burlona—. ¿Quién es él?
—¿Eh? —Los ojos de Hermione se abrieron más grandes—. —¿Qué... de qué estás hablando?
—Ay, vamos, ¡no puedes esconderte de mí! —Tonks se rió—. Es re obvio, bruja tonta. Sé que estás enamorada. Así que dime, ¿quién es el muchacho afortunado que te ha flechado?
Hermione dejó escapar una risa incómoda y meneó la cabeza. A pesar del rubor rebelde que invadía rápidamente sus mejillas ella lo negó: —No, no, no... no hay nadie, Tonks.
—¿En serio? —Tonks se acercó a Hermione y le dijo en voz baja—: Estás hablando con una Auror, sabes. Y sí aprendí algunas habilidades útiles de Ojoloco. ¿De verdad crees que me puedes engañar? —Terminó su pregunta con un guiño.
—Bueno... —Hermione titubeó—. Es complicado, Tonks. Él es un poco mayor, ya no es realmente un muchacho.
—Eso no me sorprende. —Tonks se encogió de hombros mientras tomaba otro trago de su cerveza de mantequilla—. Siempre te veo como a alguien mucho más madura que tu edad. Y yo también estoy de acuerdo contigo. Creo que los tíos mayores son mucho más interesantes y atractivos. Así que ¿es del sexto año? ¿Séptimo? ¿Gryffindor? ¿Se junta con ustedes tres alguna vez?
—Oh no... —Hermione sonrió tristemente a la joven Auror—. Ni siquiera cerca. Yo no creo que nunca vaya a llevarse bien con Harry.
—Oh, oh, oh, ¡lo sé! —Tonks levantó un dedo y dijo con entusiasmo—: Él es de Slytherin, ¿verdad? Es por eso que dijiste que las cosas son complicadas. Y es por eso que no les dices nada a tus amigos sobre él, ¿no? Le he preguntado a Ginny durante el verano y ella no sabía nada de esto. Bueno, ella todavía es chica. No se la puede culpar por no reconocer estos síntomas. Yo sólo estoy aquí para escuchar. Tú no tienes que decirme quién es si no te da la gana. —Le guiñó un ojo a Hermione de nuevo.
Hermione asintió a las palabras de su amiga, sintiéndose agradecida de que el interrogatorio no iba a continuar.
—Pero, ¿por qué estás tan triste, sin embargo? —Tonks preguntó con curiosidad—. ¿Cuánto tiempo se han estado viendo?
—No... no hemos estado realmente viéndonos —Hermione suspiró—. Nos conocemos desde... hace mucho tiempo. Él significa mucho para mí, y me preocupo mucho por él. Pero no sé lo que él piensa de mí.
—Ah ya veo... el florecimiento de una historia de amor. —La sonrisa Tonks se amplió—. ¿Supongo que él es del tipo tranquilo? ¿No muy bueno para comunicarse con una chica? ¿Qué te gusta de él?
—Él es increíblemente leal, increíblemente inteligente y letalmente... guapo. Sin embargo, lo que me confunde es su actitud. Sé que es capaz de ser amable. Pero puede ser suave y cálido un minuto, e increíblemente frío el siguiente.
—Los chicos son raros —Tonks asintió ante sus propias palabras—. Ellos nunca saben cómo manejar sus sentimientos. ¿Viste cómo los niños pequeños siempre se burlan de las niñas que les gustan? La mayoría de ellos tardan años en encontrar la manera de hablar con las chicas. Algunos de ellos ni siquiera mejoran aún estando bien entrados en los treinta años. Dale un poco de tiempo, y tal vez él lo consiga.
—Bueno, me gustaría... —Hermione murmuró—. Pero también estoy preocupada de que ya no esté disponible.
—¿Disponible? —Tonks arqueó una ceja—. ¿Qué quieres decir? ¿Lo has visto con alguien?
—No, en realidad no. —Hermione empezó a morderse el labio inferior.
—Entonces, ¿qué te hace decir eso? ¿Está comprometido? Sé que algunas familias de sangre pura introducen a sus hijos en el negocio del matrimonio a una edad muy temprana. ¡Pueden quedar comprometidos antes de aprender a montar una escoba! Es una locura si me preguntas. Pero eso no significa nada. Él todavía será capaz de decir que no y cambiar de opinión. Nada está escrito en piedra hasta que se casen. Yo diría que si te gusta, y él es muy tímido, ¡puede ser que tengas que ser tú la primera en poner las cosas en claro!
—Pero ¿qué pasa si... —Hermione frunció el ceño. No podía compartir sus "sueños de otro mundo" con Tonks, y ella no podía esperar que Tonks entendiera su esperanza de encontrar al padre de Toby. Después de considerar cuidadosamente sus palabras, dijo: —¿Y si no es el indicado?
Su pregunta hizo que Tonks estallara en un ataque de risa. Tratando de recuperar el aliento con dificultad Tonks exclamó: —¡Mi querida niña! Eres tal ratón de biblioteca, que me recuerdas a alguien que conozco —le guiñó un ojo misteriosamente a Hermione—. Pero volviendo a esta preocupación tuya. ¡Por Merlín! Si no lo pruebas, ¿cómo vas a saber que no es el correcto? ¿Crees que hay un manual que puedes encontrar en la biblioteca que te dirá quién es tu pareja ideal?
Observando a la joven bruja con curiosidad, Tonks siguió con su charla motivacional. —¡No te preocupes! Dale una oportunidad. Habla con él y hazle saber cómo te sientes. Puede ser que te sorprenda agradablemente!
Hermione sacudió la cabeza en silencio y tomó otro sorbo de su cerveza de mantequilla. Ella apreciaba mucho los consejos de Tonks, pero todavía no estaba segura de si debía hacer lo que le había sugerido la Auror. Con la esperanza de cambiar de tema, le sonrió a la bruja de pelo rosa. —Gracias, Tonks. Voy a pensar en ello. Así que... no me has dicho. ¿Qué te trajo a Hogwarts?
Hermione observó con asombro cómo un pequeño rubor se deslizó por las mejillas de Tonks. La metamorfomaga lanzó una mirada cuidadosa alrededor de la mesa y dijo—: Si te lo digo, tendrás que guardarme el secreto, por lo menos hasta después de Navidad.
—Claro, Tonks. ¿Qué es?
—Fui a visitar a Severus en su laboratorio —respondió Tonks en voz baja.
Una punzada de celos golpeó a Hermione en el pecho. La sonrisa se le congeló en la cara y sintió ganas de llorar.
N de la T: ¡Esa perra!
