Capitulo 5 (¬_¬): Mi pasado. Parte 5: Tortugas…
Abrí los ojos con pesar. Aun estaba algo cansada de los últimos días. Estoy segura de que estaba más flaca que cuando salí de la guarida de los kraangs. ¿La razón? Vivir en la calle. ¡Dios! Sí que es horrible esto. Apenas si podía conseguir comida de los basureros… la cual después volvía a tirar por obvias razones. No sé desde hace cuanto estoy sin ingerir algo, pero estoy completamente segura de que apenas vea algo comestible me lo tragare con prisas.
Me levante y seguí caminando por la ciudad. Tenía que encontrarlo. Y a ella. No puede ser que ella haya desaparecido sin dejar rastro. No creo que siga con… ¿o sí? No. ¿Qué humano podría quedarse en la casa de unos mutantes? Es algo completamente ilógico… al igual que el hecho de que haya mutantes en Nueva York…. Cómo sea…
Escuchaba el tintinar de las shuriken en mis mochilas. Espero que, al menos, tener tres mochilas cargadas en la espalda me sirva para seguir generando algo de músculo. Pese a mí bajo peso, sabía que aún conservaba mi fuerza… ¿verdad? Sí. Solo hay una manera de descubrirlo. Vi hacia adelante, hacia el tejado del otro edificio. Si lograba saltar esa distancia y caer con gracia, significaba que aun tenía mi fuerza. Seguro se preguntaran… ¿por qué no levantar algo de mucho peso, como un televisor o una estatua? Muy simple… porque no tengo tanta fuerza como para hacer eso. Sin embargo, un salto de algunos cuantos metros si me lo demostraría. Aunque… quizá… más que la fuerza me demostraría que aun tengo la agilidad y habilidad que adquirí en mis entrenamientos. Eso me bastaba… sí… por ahora.
Tome más velocidad. Deje caer mis mochilas para volverme más ligera. Seguí corriendo y a los pocos centímetros del borde… salté. Di unas cuantas vueltas por el impulso y caí del otro lado dando un rol sobre el tejado para salir ilesa. Vi para atrás con orgullo. Aún lo podía hacer…
Me acerque a la orilla y mire para abajo. No tenía la energía como para volver a saltar. Eso si había perdido. Pero al menos podría bajar y volver a subir por las escaleras de incendio sin que nadie se diera cuenta.
Aunque… quizá… no esta vez.
Me vi obligada a saltar de vuelta hacia el otro tejado ya que… ellos estaban allí abajo. Se los veía muy entretenidos peleando con unos hombres de negro, los cuales también llevaban armas ninja. ¿Estará de moda ahora? No. No lo creo. Deben de ser de algún clan o algo. ¿Qué clan tendrá influencias en Nueva York? Ni idea. Tendría que acercarme más, solo para averiguarlo. Pero me estaría poniendo en peligro y un ninja debe de ser cauteloso. Asique mejor me quedo en el linde del tejado, observando cómo se matan los unos a los otros.
Agarre mis mochilas y las acerque a donde estaba. Por más que no hubiera nadie en los tejados, no podía descuidar mis cosas. Cuando volví mi vista hacia abajo… los mutantes ya les habían ganado a los otros. No sé si sentirme decepcionada… o contenta… o neutral. Mmmm…. elegiré neutral. Me levante con algo de pesar de donde estaba sentada, sin embargo sentí como alguien me observaba. Volví la vista hacia abajo y vi unos ojos verdes. Los mismos ojos verdes que vi cuando salí de la camioneta. Vi como se acercaban con velocidad, sin que los demás se dieran cuenta. Instintivamente retrocedí y me puse en pos de lucha. Vi su sombra saltar a toda velocidad y ponerse delante de mí. Saque mis sais de la mochila, a la vez que él sacaba las suyas que tenia atada a sus costados. Aparte con mi cola las mochilas. No deseaba que sufrieran algún daño. Espere su primer movimiento. Hizo un paso hacia atrás, tomo un poco de impulso, y se vino con gran velocidad hacia mí. Me agache, sabiendo que si me movía unos pasos hacia adelante se pasaría de largo, le pegue en el plastrón y lo impulse hacia arriba. ¡Wow! Tal parece que si conservo mi fuerza. Él choco contra unas de las paredes que resguardan las escaleras que dan hacia dentro del edificio y se deslizo lentamente hacia el suelo con los ojos en espiral. A los pocos segundos se volvió a parar y me miro con una media sonrisa de… ¿satisfacción quizá? No sé. Con una media sonrisa al fin y al cabo.
-¿Eso es todo lo que tienes?- me dijo mientras volvía a ponerse en posición de lucha.
Le devolví la media sonrisa, la mía sí era de satisfacción al ver que el oponente que tenía en frente no se rendía con facilidad, y volví a ponerme en posición de lucha. ¿Quieres ver todo lo que tengo? Perfecto. Te daré todo lo que tengo.
Ambos arremetimos contra el otro. Nos dábamos puñetazos por todos lados. No nos movíamos del pequeño cuadrado imaginario en el que estábamos inmersos con nuestra pelea. Ya me estaba cansando un poco. Debería acabar con esto ya. Le di un puñetazo en la mandíbula, pase por debajo de sus piernas mientras no me veía, y le di una patada por la espalda. Le agarre del brazo para que no se me escapara y le di otro puñetazo en el rostro. Lo eleve y lo tire al suelo mientras le doblaba el brazo sobre su espalda y me ponía encima para que no pudiera moverse. Está de más decir que le gruñía, cual felina enojada.
-¡Wow!- dijo alguien detrás de nosotros. Me gire en su dirección con cara de enfado mientras seguía gruñendo.- Alguien ha vencido a Raph.- dijo otra de las tortugas mutantes. Esta poseía una banda naranja rodeando sus ojos.
-¡Aléjate de nuestro hermano!- grito el de banda morada mientras que se ponía en posición de ataque con su bo.
Yo le respondí con un gruñido y presionando más el brazo de su hermano. Si seguía así, era posible que se lo quebrara.
El de morado se acerco veloz, pero basto con una sola patada mía en su estomago para que volviera con sus hermanos. El de naranja recibió el impacto mientras que el de azul se apartaba y me observaba con mucha atención. ¿Acaso será él el que recibirá el otro golpe? Pues… adelante.
-No queremos hacerte daño- dijo con un tono que se podía calificar como tranquilizador.
Yo le respondí con un gruñido. #-¡Guaarrgg!- (este sería el gruñido… pretendan que lo es XD.)#. Presione más el brazo de su hermano. Este lanzo un quejido y miro con más furia al de azul.
-Deja a nuestro hermano y te ayudaremos.- siguió diciendo mientras se acercaba con paso cauteloso.
Yo abrí mi boca y puse mis colmillos cerca del cuello de su hermano, como una amenaza de que lo mordería y estrangularía si se llegara a acercar más. Honestamente no quería hacerle daño a nadie, pero los considero una amenaza en estos momentos. Y como toda amenaza, necesito acabar con ella.
-Tranquila. Déjanos ayudarte.- insistía.
¿Ayuda? Yo no necesitaba ninguna ayuda. Estaba perfectamente, aunque pasara hambre y cansancio.
…
…
…
…
Quizá…
…
…
…
Si necesite algo de ayuda. No me vendría bien poder comer algo sano, ni dormir en una cómoda cama, o incluso entrenar un poco. Estar huyendo todo el día y buscando a los humanos, durmiendo en el frio suelo y comiendo solo cuando aparecía algo medianamente comestible en los basureros no era lo que alguien llamaría "una buena vida". Era desastroso y horrible.
Quizá mis dudas se veían reflejadas hacia afuera. Sentía como mi boca se alejaba de la tortuga sin que mi cerebro lo ordenara, y como mis orejas bajaban mostrando un deje de tristeza. ¿Por qué me mostraba débil?
-Eso es…- seguía diciendo el de azul, como si le estuviera hablando a un cachorro. No pude evitar soltar un pequeño gruñido al notar ese tono de voz.- Lo siento…
Gruñí para mis adentros mientras liberaba al de rojo. Dejarme persuadir así… sin duda me debía de estar muriendo por hambruna.
-Oooowwww.- dijo con ternura el de naranja.- Al final no es tan malo como parece.
Se acerco a mí sin ningún miedo y empezó a acariciarme la cabeza por entre las orejas, como si de una mascota se tratara. Le gruñí al principio, pero no podía contradecir el hecho de que esas caricias sí que me gustaban. Dejándome llevar por ellas, puse mi cabeza en una posición mejor para indicarle que siguiera, a la vez que sentía cada vez más la sensación de frotarme en sus cachetes como demostrando cariño. Sin embargo, yo era yo. Asique evite hacer eso a toda costa…
-Dímelo a mí Mickey- dijo el rojo con algo de furia mientras se acariciaba las muñecas.
-¿Qué deberíamos hacer con ella?- pregunto el de morado mientras me señalaba con el bo algo molesto.
-¡Oye! Tiene nombre.- le dijo el de naranja.
-¿A sí?- lo desafío el de morado.- ¿Cuál?
-Gatman.- le dijo mientras un dibujo de un gato musculoso con capa aparecía detrás de él, demostrando la idea que tenía en la cabeza.
-Mickey… es una chica.- le dijo el de rojo.
Yo los mire con incredulidad y algo de molestia. ¿Pensó que era un chico?
Me aparte de su caricia mientras él decía un "Lo siento" con una gota en la sien y rascándose la nuca. No entendía qué era lo que hacía allí. Ya había liberado al de rojo. Se supone que no tengo nada más que hacer. ¿Por qué, entonces, no me dispongo a marcharme? ¿Por qué siento que, lo que sea que traman ellos, me será de ayuda? ¿Acaso pueden hacer algo? ¿Qué?
El de rojo no paraba de verme entre sorprendido y molesto. Seguro pensaba que ninguna chica podía derrotarlo. Y aparezco yo y lo derroto sin casi ningún esfuerzo. ¡Ja! ¿Quién se atreverá ahora a decir que las chicas somos más débiles que los chicos?
-¿Te gustaría venir con nosotros?- pregunto el de azul… para mi entera sorpresa.
¿Ir con ellos? ¿A dónde, exactamente? Si tan solo pudiera pronunciar aunque sea una palabra… pero siento mi garganta tan seca… y me duele tanto…
-¡¿Qué?!- salta el de rojo- Leo ¡Estas demente en dejarla venir a la guarida!
-Necesita ayuda.- le espetó Leo.- Mírala Raphael. Si sigue en la calle sola morirá de hambre.
-Tal vez sea lo mejor.- dijo Raphael mientras se sobaba donde le dolía…
"Tarado…" fue lo primero que se me vino a la mente mientras lo observaba molesta. "Recuerda que tú fuiste el que vino al ataque… ahora aténete a las consecuencias…"
-La llevaremos a la guarida. No hay discusión.- sentencio Leo mientras me agarraba de la mano y me tiraba en dirección al borde de la azotea para bajar. Por suerte, logre agarrar mis mochilas…
¡¿Cómo osa siquiera tocarme?! "¡Suelta! ¡Suelta! ¡Suelta!" pensé, a la vez que me resistía un poco. Él me agarraba cada vez más fuerte mientras me arrastraba. De tantos pequeños forcejeos, su mano termino junto con la mía. Esa cálida sensación que sentí… no podía describirla. Hacía mucho que no sentía el calor de otra mano en la mía. Presionó más su mano al ver que ya no me resistía. ¿Por qué? No lo sé. Pero esa sensación… me hizo, de una manera, ceder ante lo que él quería.
Bajamos del edificio, yo siendo ayudada por el de azul el cual me agarró de la cintura para bajarme y llegar al piso. Nos dirigimos hacia la tapa de la alcantarilla. Ha de ser una broma… ¿cierto? El de rojo abrió con molestia y se metió antes que nadie. Le siguió el de morado, el cual parecía estar pensando en algo serio por los gestos de su cara; después el de naranja que no podía parar de sonreír y mirarme. Y por último nosotros. El de azul me dejo bajar primero mientras aun me sostenía de la mano. Baje con cuidado, no sabía a dónde me llevaban, pero al menos eran más delicados que los del kraang… bueno… al menos uno de ellos. Lo primero que sentí… fue el horrible olor de las alcantarillas y el agua podrida. ¡Dios! Deberían limpiar este lugar… o al menos tirar desodorante ambiental… ¿creen que eso sea capaz de mejorar el olor de este lugar? ¿Aunque sea un poquito? ¿No? Olvídenlo…
-Por aquí- me dijo el de azul mientras me volvía a agarrar de la mano.
¿Acaso hacia esto siempre? ¿Por qué aun me dejo agarrar? ¡Dios! Ha de ser el hambre y cansancio que tengo… si. Debe de ser eso. Si no, nunca me dejaría agarrar la mano de esa manera por alguien que es un completo desconocido en estos momentos…
Seguimos caminando, agarrados de la mano. De vez en cuando le miraba de reojo. Él hacía lo mismo, y cuando nuestras miradas se cruzaban, miraba hacia otro lado algo apenado. Desde mi punto de vista, podía divisar un pequeño tono rojo en sus verdes cachetes. ¿Qué le estará pasando? ¿Estará enfermo o algo? "No ha de ser nada…" pensaba mientras volvía mi vista hacia el frente, donde, por desgracia, se encontraba la tortuga de rojo. Nos miraba por encima del hombro con visible molestia… en especial hacia mí. Sin embargo… cuando bajaba su vista hacia nuestras manos… en sus ojos se veía una pequeña pisca de… ¿tristeza? En la oscuridad no lo podía ver bien pero… quizá si sea tristeza. ¿Estará preocupado por algo? Y si es así… ¿por qué?
Esto ya perdió todo sentido para mí. Tortugas mutantes que hablan y pelean cual ninjas en entrenamiento, alienígenas que raptan humanos para usarlos como objetos de experimento, mi transformación en gata, la muerte de mi tío, la casa de las tortugas en las alcantarillas y ahora una enorme rata humanoide que les dio la bienvenida a las tortugas llamándolos "Hijos míos". ¡¿Desde cuándo una rata puede tener hijos tortugas?!
-Sensei… la encontramos en los tejados, casi muerta de hambre, y decidimos en traerla…- empezó a explicar el de azul
-¡¿Decidimos?!- pregunto entre sorprendido, molesto y de una manera irónica el de rojo.- Querrás decir que TU decidiste traerla…
-Mírala Raph. Necesita nuestra ayuda.- le espeto.
-Creo que ella se puede cuidar bien sola.- se masajeo la mandíbula y las muñecas, demostrando su punto.
-Pero Raphael, ella es tan adorable y linda.- empezó a decir el de naranja mientras me acariciaba y hacia cara de perrito suplicante.- ¿Nos la podemos quedar Sensei?
-Mmmmm….- dijo la rata mientras me examinaba.
Decir que le sonreí, o que quise ser "dulce", "adorable" o siquiera "amigable" seria estarles mintiendo. Simplemente seguí con mi seriedad mientras sus ojos me inspeccionaban de arriba abajo, sin perderse ningún detalle. Pude ver en sus ojos la pena que sentía hacia mi estado. Pena era lo menos que necesitaba que sintieran hacia mí. El de rojo tenía toda la razón. Yo podía cuidarme sola. No necesito que me tengan pena y que por eso me ofrezcan comida y techo. Mucho menos otros mutantes…
-¿Cómo te llamas querida?- me pregunto con amabilidad y un tono de cariño.
No le pude responder. Abrí mi boca para pode contestarle… pero nada salió de allí. Apenas si un suspiro seco. Cerré la boca con pesar al ver que aun no podía hablar y baje mis orejas con tristeza. Mi garganta seca empezó a dolerme de nuevo y sentí la necesidad de tomar un enorme vaso de agua fría.
La rata me miro con tristeza y luego miro a sus "hijos". Giro todo su cuerpo hacia ellos y les sonrió.
-Se puede quedar todo el tiempo que necesite para recuperarse.- señalo, para alegría del de azul y del de naranja, el cual está de más decir que se lanzo a darme un abrazo.- Ni bien se halla recuperado, será ella la que decidirá si quedarse o no con nosotros.
No. La respuesta a eso es No y será No. No me quedare con ellos. Ni bien recupere peso, vitaminas, musculo y lo que necesite para volver a vivir en las calles e ir en la búsqueda de los humanos de pelo rojo, me iré. Y no volveré aquí.
-¡Gracias Sensei!- gritaron el de azul y el de naranja al unísono, este mientras aun saltaba y me abrazaba. No sé porque… pero la alegría del pequeño de banda naranja se me contagio y no pude evitar sonreír.
-Yupii…- dijo sin ganas y con molestia el de rojo mientras su hermano de naranja me liberaba e iba a abrazarlo y a saltar a su lado. Esto, al parecer, molesto más al de rojo, el cual empujo al de naranja lejos de él…
-Ven.- me dijo el de azul mientras me volvía a agarrar de las manos. Está bien… esto ya se puso molesto…- Te daré algo de agua.
Me guio hacia lo que, creo yo, era la cocina, la cual estaba detrás de unas cortinas. Había una heladera, una cocinita, un microondas, un lavadero, una mesa, encimeras y un lavarropas. Esperen… ¡¿Un lavarropas?!
-Ten.- dijo mientras me entregaba un vaso de agua.
¡Dios! Esto estaba delicioso. En serio que necesitaba ese frio recorrer por mi garganta tan seca. Si que fue refrescante ese vaso… está de más decir que tome toda el agua de una. Le di el vaso y le indique que quería más. Él me sonrió y me dio otro vaso. ¡Ay Dios! Que delicioso…
-Mi nombre es Leo.- dijo mientras ponía una mano en su pecho y hacia una minúscula reverencia como saludo.
-Zafira…- logre pronunciar apenas, dándome cuenta de que ahora podía hablar.- Zafira.- repetí con más alegría.
El de azul también me vio sorprendido y me ofreció otro vaso, el cual tome con mucho más gusto que los dos anteriores.
-¿Zafira?- pregunto con tono alegre. Yo asentí.- Es un lindo nombre…
Apenas se dio cuenta de lo que dijo, se sonrojo. Pudo jurar esta vez que fue un sonrojo y no algo producido por una fiebre o algo así. Me reí entre dientes mientras seguía tomando agua. Ahora sentía mi garganta mucho mejor, más húmeda y con posibilidades de decir muchas más cosas que solo mi nombre.
-Yo… ehhh… no quise…- empezó a excusarse Leo mientras se rascaba la nuca con algo de pena y su sonrojo aumentaba
-Gracias.- le dije con una sonrisa, la cual no fue fingida… por si se lo preguntaban
Al parecer, el que le agradeciera el cumplido le hizo más que feliz, ya que me miro con unos ojos que no pude descifrar, pero que si sabía que iban más allá de una simple alegría.
-¿De dónde eres? ¿Por qué has vivido en la calle? Y ¿qué hacías con los kraangs?- empezó a preguntarme.
-Japón. Han destruido mi casa y estaba buscando a los humanos. Me capturaron y experimentaron conmigo y…- no pude terminar, ya que aun me dolía el recuerdo de mi tío…
-¿Y…?- insistió, medio conforme con mis respuestas.
-Y mi tío.- dije con algo de tristeza
-¿Y dónde está él?
-Muerto
-Ohhh…- empezó a ponerse nervioso y algo apenado. Seguro no contaba con eso.- Lo siento
-No fue tu culpa asique no sé por qué te disculpas.- le dije con algo de molestia, aunque claramente estaba dolida.
Desde ese momento el ambiente se puso algo incomodo… Yo seguía tomando agua y el de azul aun seguía mirando al piso algo apenado. Si la pelirroja no hubiera aparecido, ya sentía que Leo huiría de la habitación.
-¡Ahí estas!- grito al verme y salto a abrazarme.- ¿Dónde has estado?
-¿April?- dije sorprendida por la repentina bienvenida
-Quien más.- dijo con orgullo mientras al fin me dejaba respirar.
-¡¿Qué haces con ellos?!- le grite, sin preocuparme por si la tortuga de azul me escuchaba.
-¿A qué viene esa pregunta?- dijeron con algo de molestia los dos presentes al unísono
-¡Oh! ¡Vamos!.- dije yo también con molestia.- Tú eres un mutante y tú eres una humana en perfecto estado.- dije mientras los apuntaba.- Nadie confiaría en un mutante para salvaguardar su vida, mucho menos alguien como tú.
-Y lo dice una mutante…- dijo la tortuga de rojo entrando a la cocina con molestia.
-¿Y quién dijo que yo la buscaba para protegerla?
-¿Entonces para que la buscabas?- me desafió
-Solo para ayudarla a encontrar a su padre.- le dije con verdad.- No me hace falta su confianza. Con tal de cumplir esa promesa, yo ya estoy liberada.
Los tres se me quedaron mirando sorprendidos, y el de rojo también con molestia, no solo hacia mí, si no también hacia su hermano. Podía ver la felicidad en los ojos de la pelirroja, a la vez que el miedo reflejado en los tres. No me sorprendía. Había dejado en claro que no podían confiar en mí y que yo tampoco confío en ellos.
-Ven.- dijo el de azul con algo de alegría, lo cual me sorprendió.- Dormirás en mi habitación.
-¿Contigo? No lo creo.- le espeté mientras me liberaba de su agarre. ¡Aaaayyyy! ¡¿Por qué no deja mi mano en paz?!
El de azul se enrojeció a más no poder de repente. Mejor ni pregunto en que está pensando… No deseo saberlo…
-Y… yo no dije… yo…- trataba de decir. A pesar de que su falta de coherencia era algo que me dificultaba la comprensión, sabía perfectamente lo que deseaba decir.
-Mejor déjala Leo.- le dijo molesto el de rojo.- Dormirá perfectamente bien en el piso.
Mire al de rojo con molestia y empecé a gruñirle mostrando todos mis dientes. Sin duda… él es el que más mal me cae y en el que menos confiare. ¿Por qué era tan odioso?
Después de lo que dijo el de rojo, el cual se llama Raphael, empezó una acalorada discusión entre los cuatro sobre dónde dormiría yo. Al parecer había una habitación extra además de la que estaba ocupada por la pelirroja. "¡Qué suerte!" pensé, cuando el de morado nos había dado ese detalle, ya que al parecer nuestra discusión no le dejaba trabajar en paz en su laboratorio.
-Entonces te quedaras en la habitación de huéspedes número dos.- dijo Leo con satisfacción, ya que al parecer estaba al lado de su cuarto.
Raphael no pudo evitar soltar un bufido de molestia y cruzarse de brazos.
-Tranquilo. No me quedare mucho tiempo.- le dije molesta y con verdad… ya que lo que menos quería era quedarme en este lugar y con ellos. Mientras más antes me recuperara, más temprano seguiría con mi búsqueda y más temprano desaparecería de sus vidas…
Continuara…
O.o
-¿Y esa cara?- pregunto la gatita antropomorfa mientras entraba a la habitación
-No se… no me esperaba tanto odio por tu parte…
-Oye… la gente cambia….- dijo con una sonrisa algo apenada.- A veces…
-Sí. A VECES. Con mayúscula.- dijo Sasha entrando a la habitación con un plato de palomitas saladas.-Eso es equivalente a NUNCA.
-¿A mí me ves con la misma actitud que tenía antes?- la desafió Zafira.
Está de más decir que a mí se me hacia agua la boca por el olor de esas deliciosas palomitas…
-Si.- le dijo con alegría la ojis-grises
-¿Cuándo empezaras el capitulo ocho de nuestro fic?- preguntaron una ojis-azules en estado de embarazo y un peli verde que la rodeaba desde atrás como sobreprotegiéndola.
-¡Sí! ¿Cuándo?- preguntaron al unísono y con ojos de cachorro los demás personajes del fic.
-Cuando pueda y no haya distracciones… o sea…- dije en modo pensativo- En vacaciones quizá…
-¿Y este fic?- pregunto, con esperanza de que le diera más atención a este fic que al otro, un peli-blanco encantador que lamentablemente fue desplazado por alguien de la realidad…
-Iré viendo cuando puedo escribirlo…- dije con algo de tristeza por él, pero a la vez con completa sinceridad.
-Entiendo…- dijo algo triste…
-Lo siento…
-Oye. Tranquila. Él es del mundo real. Yo solo soy producto de ti. No me molesta, mientras seas feliz.
-Aaaaaayyyyy yaaaa- dijo molesta y tapándose los odios la oji-grises.- Sabes que recurrirá a ti si algo sale mal con él.
-¡NADA SALDRA MAL COM ÉL!- grite entre asustada y molesta.
-Cómo sea.- dijo y se metió palomitas a la boca.
-¿Por qué estos finales siempre son tan largos?- dijo la tortuga de banda roja mientras empezaba a besarle el cuello en modo posesivo a la gatita.
-Raph… aquí no…- le dijo entre pequeñas risitas y suspiros ante los besos.
(O_O)!
-Okey… esto se está volviendo raro… mejor cortamos.- sentencie.- ¿Qué les pareció el capítulo de hoy? ¿Qué les gusto? ¿Qué no? ¿Cómo estoy llevando el rumbo de esto? ¿Les agrada el camino que tiene?
-¿Y si no nos agrada?- pregunto con mueca de desagrado la oji-grises.
-Pues… no sé. No creo poder cambiarlo.- dije cabizbaja.
-¿Entonces para que preguntas?- dijo con molestia la oji-grises
-No se… para saber si hay forma de que pueda mejorar este fic.
-Vaaaleee….
-Bueno… eso es todo por ahora.- termine- ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!- gritamos todos al unísono
-Raph… te dije que más tarde…- seguía diciendo entre susurros la gatita al ver que su novio no dejaba de besarla.
(O_O)!
