Los Personajes pertenecen a Meyer (Damos GRACIAS POR ello) en solitario La historia es un crepúsculo Una Adaptación
La Novela le pertenece a Lee, Miranda, y tiene el mismo titulo.
El taxi se detuvo ante la puerta de la casa de Esme, que un instante después salía por la puerta a recibir a Bella con Alice en brazos.
-¿qué tal ha ido? -preguntó, mirando atentamente a una aún anonadada Bella-. no pareces especialmente feliz. ¿has resuelto lo que tuvieras que resolver con Edward?
Aquella pregunta hizo que Bella saliera de su ensimismamiento. Cualquier problema personal que tuviera con Edward era irrelevante frente al futuro de Alice y la felicidad de Esme.
-sí -dijo, sonriendo mientras tomaba a Alice de brazos de Esme-. después de hablar seriamente, tu hijo ha aceptado que lo más probable es que él sea el padre de Alice, no Erik York. Por las fechas, es prácticamente imposible que fuera este -inventó, ya que no tenía permiso para mencionar lo de la vasectomía.
-solo hay que mirar a Alice para darse cuenta de que es hija de Edward -dijo Esme, radiante-. tiene los genes de los Cullen estampados por todas partes.
Bella pensaba que Alice no se parecía nada a Edward. Era mortena, delicada y muy femenina, como Rosalie. ¿pero quién era ella para aguarle la fiesta a una abuela?
-si hubiera querido escucharme, podría habérselo hecho ver desde el principio -continuó Esme-, pero Edward estaba siendo tan testarudo que decidí esperar a que llegaran los resultados de la prueba de adn. En parte lamento que haya decidido asumir finalmente su responsabilidad. Estaba deseando verle hacer el tonto por una vez.
-no imagino a Edward haciendo el tonto -murmuró Bella mientras caminaban hacia la casa.
-pues el viernes lo hizo. Te aseguro que le hiciste sacar el sable.
Bella pensó que aquella frase era muy adecuada. Sin duda, le había hecho sacar el «sable». Pero él había encontrado rápidamente una funda para su sable. La de ella.
-Edward tiene el absurdo empeño de controlar todo en su vida -continuó Esme-. sin duda, eso es lo que está tratando de hacer con este repentino cambio de opinión. Hoy ha comprendido en el médico que ya no iba a poder seguir negando lo evidente, y ha decidido abrazar la verdad para poder volver a tener control sobre la situación. Edward tiene que ser el jefe de todo. Cuanto más agradable y razonable se muestra, más peligroso es. ¿se ha comportado así cuando has ido a verlo?
-bueno... er... sí. Supongo que sí. En cierto modo.
-entonces ten cuidado. Probablemente está planeando cómo conseguir que hagas exactamente lo que quiere.
Bella sintió que se le secaba la boca al pensar en lo que Edward quería que hiciera esa noche.
-debe estar tratando de organizar su vida de manera que Alice suponga el menor cambio posible para su rutina -continuó Esme-. seguro que va a pedirte que te traslades aquí permanentemente, para contar con dos mujeres que puedan ocuparse de la niña. Edward será un padre responsable, pero no a plena jornada. ¡eso interferiría en su trabajo! ni siquiera sus actividades extra profesionales pueden hacerlo. ¿por qué crees que yo no sabía nada sobre esa Tanya? porque Edward encaja el sexo en su vida como si fuera una cita con el dentista, después de sus horas de trabajo o durante el descanso del mediodía.
Se hallaban a los pies de la escalera, y para entonces Bella estaba mirando a Esme con los ojos abiertos de par en par y el corazón palpitando aceleradamente. Si lo que estaba diciendo la madre de Edward era cierto, ella estaba a punto de ser «encajada» en la vida de él de forma aún más conveniente que Tanya. ¡ni siquiera tendría que salir de la casa para tener sexo con ella!
-¿te ha pedido que te traslades aquí? -preguntó Esme.
-no.
Esme asintió.
-lo hará, querida. lo hará. ¿y qué le contestarás cuando lo haga?
Bella se daba cuenta de que, a pesar de la actitud crítica de Esme hacia su hijo, estaba deseando que dijera que sí. y, ciertamente, esa sería la solución perfecta. Si ella y Edward no se hubieran hecho amantes, no habría tenido dudas al respecto.
Pero se habían hecho amantes, y nada podía cambiar eso. Empezaba a darse cuenta de lo débil que podía llegar a ser una mujer cuando se hallaba en las garras de un encaprichamiento sexual. Se negaba a llamarlo amor. Rosalie siempre había llamado «amor» a sus encaprichamientos, pero el tiempo siempre había demostrado que estaba equivocada.
-¿cuál será mi respuesta? -repitió, suspirando al reconocer la debilidad de su carne-. supongo que diré que sí. el rostro de Esme se iluminó.
-eso es lo que esperaba que dijeras. y ahora, dame a Alice y sube a tu cuarto a dormir un poco. Tienes aspecto de estar agotada, querida. -lo estoy, Esme. lo estoy.
Edward sintió cierta preocupación cuando volvió a casa esa noche. Bella se estaba comportando de un modo extraño con él, poniéndose tensa cada vez que se acercaba a menos de un metro de ella. Parecía evitar deliberadamente quedarse a solas con él, utilizando a Alice o a su madre como excusa.
Y él quería besarla. Estaba deseándolo desde que se había ido de la oficina. Los tres se sentaron a cenar a las siete y media, con el cochecito de Alice a su lado. Edward había insistido en que así fuera, esperando impresionar a Bella con aquel repentino arrebato de amor paternal. Pero ella no había parecido impresionada.
Siguió tensa y distraída a lo largo de toda la cena.
-¿has podido dormir un poco esta tarde? -preguntó cuando su madre fue a la cocina a preparar el café.
Bella apartó la vista de inmediato.
-un poco...
-¿qué sucede? -preguntó Edward, pero ella no contestó.
-¿he hecho o dicho algo que te haya molestado?
Bella negó con la cabeza.
-¿es esta tu forma de decirme que no quieres venir a mi dormitorio luego?
Bella alzó la cabeza y lo miró, sorprendida.
-¿a tu cuarto? -preguntó, con voz ronca.
El temor de Edward a que ya no lo deseara se asentó con más firmeza. Sabía que, en el fondo, Bella estaba ten excitada como él. Pero no estaba tan segura de sí misma sexualmente como podía haber sugerido su encuentro en la oficina. Edward sospechaba que Bella era una chica esencialmente tímida, con pocos amantes en el pasado y una profunda desconfianza hacia el sexo opuesto. Tendría que tener cuidado esa noche para no asustarla con exigencias que fueran más allá de su limitada experiencia.
Aunque él no estaba buscando solo sexo. quería mucho más que eso.
-está más apartado que el tuyo de las escaleras -explicó con suavidad-. y tiene cerradura en la puerta.
-pero no podré oír a Alice si llora.
Edward asintió.
-le he pedido a mamá que se quede con Alice abajo esta noche -dijo a una sorprendida Bella-. ella me ha dicho que pensaba sugerírtelo para que pudieras dormir bien.
Bella se estremeció ante la capacidad manipuladora de Edward. Lo tenía todo pensado. todo planeado, como había dicho Esme. Nada podía interrumpir su placer. El problema residía en que ella era una víctima totalmente predispuesta. ¿Pero qué pasaría cuando Edward se cansara de ella, cuando el sexo empezara a volverse aburrido y apareciera otra mujer en su vida?
A fin de cuentas, ella había sustituido con bastante facilidad a Tanya.
Y algún día, otra mujer la sustituiría a ella.
-¿en qué estás pensando? -preguntó Edward, irritado, justo cuando su madre regresaba al comedor con el café. Bella decidió volver a tomar cierto control sobre su vida, al menos superficialmente.
-estaba pensando que sería buena idea que me trasladara aquí de forma semi permanente -dijo, antes de que Edward tuviera oportunidad de preguntárselo-. ¿qué te parece, Esme? después de todo, esta es tu casa.
Esme la miró sin ocultar su admiración.
-creo que es una idea estupenda. así podremos compartir el cuidado de la niña los tres.
-¿los tres? -repitió Edward, frunciendo el ceño.
-sí, por supuesto -replicó Esme con dulzura mientras servía el café-. después de todo, eres el padre de Alice. tienes que contribuir.
-mmm. ya sabes que no tengo mucho tiempo para cuidar niños. Trabajo muchas horas.
Esme miró a Bella con gesto cómplice.
-¿en serio? bueno, en ese caso tendrás que trabajar menos en el futuro. La sonrisa de Edward fue tan repentina como inesperada.
-tienes toda la razón. lo haré. pero no esta noche, me temo, he traído trabajo urgente a casa. Pero mañana por la noche seré todo tuyo. Buenas noches, cariño -dijo, y lanzó un beso a Alice antes de ponerse en pie-. estaré en mi dormitorio si soy desesperadamente necesitado.
El estómago de Bella se contrajo al oírlo, y evitó mirarlo mientras salía.
-parece que estabas equivocada, Esme -dijo, mientras se servía el azúcar-. Edward piensa contribuir.
-¿de verdad lo crees? recuerda lo que te he dicho, Bella. cuando Edward se muestra amable y colaborador es que se trae algo entre manos. Nunca lo subestimes.
Bella no lo subestimaba. pero pensaba que Esme estaba siendo un poco dura.
Edward había sido muy bueno desde que había averiguado que era el padre de Alice. Aunque la palabra «bueno» no era precisamente la más adecuada. Un hombre «bueno» no la habría tomado sobre su escritorio como lo había hecho. un hombre «bueno» no habría manipulado a su madre para que se ocupara del bebé de manera que él pudiera hacer lo que quería con ella.
Mientras revolvía el azúcar de su café con mano temblorosa, se preguntó cuánto podría retrasar las cosas antes de que Edward se presentara en su cuarto para llevársela al suyo.
El reloj de la mesilla de noche marcaba las once y media. Bella se había quedado viendo la televisión con Esme hasta las diez y media, cuando esta dijo que se iba a la cama. Alice había tomado su biberón a las nueve y media, y volvería a despertarse entre las dos y las tres.
Cuando Bella prometió bajar para darle el biberón de la mañana, Esme le dijo que no fuera tonta.
-no soy tan mayor como para no recordar lo que es la falta de sueño. por una vez, duerme todo lo que quieras. Si por la mañana me siento desesperada, despertaré al padre de Alice para que me eche una mano. Estoy segura de que le encantará.
Bella no se atrevió a decir nada al respecto. Pero se prometió no pasar toda la noche en la cama de Edward. Si es que alguna vez llegaba a ella. En esos momentos estaba sentada en la suya, recién duchada, depilada y perfumada. Se había sentido impotentemente excitada durante todos aquellos eróticos preparativos, pero ya se sentía literalmente enferma. Se acercaba la media noche, que parecía el tope para permanecer en su cuarto.
Sin duda, Edward iría a ver dónde estaba después de media noche. Y cuando lo hiciera, la humillación superaría a la que hubiera podido sentir presentándose antes en su cuarto.
Tragando con esfuerzo, se levantó y avanzó hacia la puerta.
Edward trató de no fijarse demasiado en el reloj. Estaba sentado frente a su ordenador, intentando trabajar, aunque lo cierto era que no dejaba de escuchar, esperando la llegada de Bella. ¡ya era casi medía noche! ¿en qué estaba pensando? entonces oyó algo; el suave sonido de una puerta abriéndose y cerrándose.
Cuando oyó unos pasos por el pasillo no pudo permanecer sentado más tiempo. Abrió la puerta y se encontró frente a los grandes, oscuros y atemorizados ojos de Bella.
Con un gemido, la tomó por la barbilla y la atrajo hacia sí hasta que sus bocas estuvieron casi unidas.
-no tienes nada que temer -susurró-. nada...
Bella tuvo que reconocer que era cierto. Edward sabía perfectamente qué hacer y qué decir. Sus temores se desvanecieron al instante, y a partir de ese momento solo quiso apoyarse contra su duro y poderoso cuerpo y rendirse a su poder. Y eso fue exactamente lo que hizo. Y fue maravilloso. El primer beso de Edward fue largo y hambriento. Sus bocas permanecieron unidas mientras le hacía pasar al interior y cerraba la puerta a sus espaldas. Su segundo beso fue más suave, pero igualmente seductor, porque mientras se lo daba le quitó la bata y el camisón.
Una vez desnuda, un estremecimiento recorrió la espalda de Bella, y él se apartó para mirarla.
-no me digas que no te gusta enseñar tu perfecto cuerpo.
Bella nunca había considerado su cuerpo perfecto. Carecía de las marcadas curvas y los voluptuosos senos que tanto atraían a los hombres.
-¿de verdad te gusta mi cuerpo? -preguntó, sorprendida.
-lo adoro -susurró Edward, tomándola en sus brazos-. me encantan tus pequeños senos y tus esbeltas caderas. Me encanta tu estómago plano y tu pequeño y firme trasero. Y me gustan especialmente tus largas piernas y tus tobillos. Me gustas de arriba abajo, mujer. Creía que ya lo sabías.
La llevó rápidamente a la cama, donde la dejó con suavidad sobre las sábanas. Luego se desnudó y Bella fue incapaz de apartar la mirada de su magnífico cuerpo.
-¿haces... mucho deporte? -preguntó, cuando él se tumbó junto a ella.
-un poco -contestó Edward-. alivia el estrés. Hay un gimnasio en el edificio de mis oficinas.
-¿y cómo estás tan moreno?
-de la cama solar.
Edward sonrió y Bella frunció el ceño.
-¿de qué te ríes?
-normalmente no suelo hablar cuando estoy en la cama con una mujer.
-oh -de pronto, Bella se sintió tonta. Y tímida. Si hubiera podido, habría salido volando de allí.
-pero me encanta hablar contigo, querida Bella -dijo Edward, deslizando una mano con suavidad a lo largo de su brazo hasta alcanzar su cadera. Ella no podía creer lo que la excitó aquella simple caricia-. me gusta tanto que podría pasarme toda la noche hablando y acariciándote -murmuró, sin dejar de mover la mano-. ¿te gustaría eso, mi amor? no tendrías que hacer nada. solo permanecer tumbada, cerrar los ojos y disfrutar...
Y, de algún modo, aquello era exactamente lo que estaba haciendo Bella; permanecer tumbada y disfrutar. Dejando que las manos de Edward buscaran lugares más y más íntimos mientras le prometía junto al oído placeres increíbles si confiaba en él. Con aquellos eróticos susurros y caricias, Bella sintió cómo iba perdiendo todo vestigio de control, todo temor, toda inhibición.
Y así fueron las cosas durante las siguientes horas. Edward le hizo el amor varias veces, sorprendíendola con su delicadeza, pero también con su fuerza. No parecía saciarse de su cuerpo, pero en ningún momento exigió cosas que ella no quisiera hacer. De hecho no le exigió nada, excepto que le rindiera su cuerpo, cosa que, aunque increíblemente íntima, no la hizo sentirse incómoda.
En medio hablaban, contándose las cosas más intrascendentes, compartiendo experiencias de la infancia, intercambiando cumplidos. Bella supuso que de eso no hablaban los amantes. Pero era agradable. Muy agradable. casi podía imaginar que Edward se preocupaba realmente por ella, que quería pasar tiempo con ella incluso cuando no estaban haciendo el amor. Cuando, finalmente, se quedó dormido, Bella permaneció tumbada a su lado largo rato, tratando de asimilar todo lo que había pasado.
¿Seguía siendo solo sexo?, se preguntó.
No para ella, fue la sincera respuesta.
Pero, probablemente, sí para Edward. ¿por qué si no actuaba al respecto a escondidas, en la oscuridad de la noche? No, no estaba enamorado de ella. Solo era su última compañera de sexo, y tan solo encajaba en su vida para eso. Suspirando, salió de la cama, se vistió y volvió a su cuarto, donde, Sorprendentemente, Se quedó dormida nada más apoyar la cabeza en la almohada. Cuando al día siguiente bajó, ya cerca del mediodía, se sorprendió al averiguar que Edward se había levantado a la siete, como de costumbre.
-estaba de muy buen humor -le dijo Esme durante el almuerzo-. incluso se ha tomado tiempo para dar a Alice su biberón, y luego me ha pedido que lo enseñara a cambiarle los pañales. Lo ha hecho bien a la primera y se ha quedado muy satisfecho consigo mismo. si no lo conociera tan bien, habría pensado que incluso le gusta ser padre.
Bella solo pudo mover la cabeza. Sin duda, Edward era un enigma. No sabía qué pensar de él.
-y otra cosa -continuó Esme-. ya sabes que el doctor dijo que teníamos que llevar a Alice a la consulta esta semana para las vacunas de los tres meses.
-sí.
-he concertado una cita para el jueves por la mañana, y adivina qué.
-¿qué?
-¡Edward quiere llevar a Alice personalmente!
Bella frunció el ceño.
-pero llegará tarde al trabajo.
-eso es lo que le he dicho. Pero él ha contestado que no importa. Ha dicho que podías necesitarlo, porque sabía cuánto te había disgustado que la pincharan ayer para el análisis de sangre. Bella tenía que admitir que no le agradaba tener que volver a llevar a Alice para que la pincharan. Prefería que le pusieran a ella cincuenta inyecciones a tener que ver cómo pinchaban a la niña. A pesar de todo, la sorprendió que Edward hubiera estado tan atento a sus reacciones.
-es todo un detalle por su parte -dijo.
-sí, lo es -replicó Esme, y a continuación frunció los labios-. ojalá supiera qué se trae entre manos.
-puede que nada -dijo Bella, defendiéndolo-. puede que se haya encariñado realmente con Alice.
-sí. es posible, supongo. Siempre he pensado que, en el fondo, puede ser un gran padre. Bella esperaba que fuera cierto.
Edward sintió la conmoción y el dolor de Alice en cuanto le pincharon la aguja en el muslo.
Su corazón se contrajo cuando se retorció entre sus brazos y empezó a llorar.
Se sentía como un monstruo inhumano, sosteniéndola allí para que la torturaran.
Sabía que era una reacción ilógica, porque las vacunas eran imprescindibles para los bebés. Pero la lógica no influía en sus sentimientos mientras trataba de conseguir que Alice se estuviera quieta. Después se puso a caminar con ella en brazos en torno a la consulta, tratando de tranquilizarla.
-tranquila, cariño, tranquila. no llores. papá está aquí.
Edward se detuvo en seco.
«¿papá?»
¿había dicho él realmente eso?
«papá», pensó, mientras acariciaba la espalda de la niña.
Aquella palabra hizo que algo se agitara en su interior. Lo hizo sentirse suave por dentro, y a la vez fuerte.
-lo siento -dijo el doctor, cuando los sollozos de Alice remitieron, dando paso al hipo-. pero era necesario.
-es fácil decirlo cuando estás del otro lado de la aguja -refunfuñó Edward.
El médico le dedicó una severa mirada.
-supongo -murmuró-. y parece que ya no se cuestiona la paternidad de la niña, ¿no? Edward estaba a punto de decirle que cancelara la prueba de adn cuando Bella entró en la consulta, agitada y con los ojos brillantes.
-no podía soportar oírla llorar más -dijo-. ¿está bien?
-está muy bien -dijo el doctor-. su papá tiene perfectamente controlada la situación. Edward no estaba muy seguro de eso. Acababa de perder su oportunidad de decirle al doctor que cancelara la prueba, y ahora se hallaba ante una llorosa Bella mirándolo con inquietud y escepticismo. y, cómo no, Alice se puso a llorar de nuevo.
-dámela -dijo Bella, tomando a la niña de sus brazos sin esperar a que se la entregara. Edward no pudo evitar cierta decepción al ver que Alice se calmaba de inmediato. Al parecer, aún le quedaba un largo camino antes de ganar el premio de padre del año.
-puede que le suba la temperatura durante las próximas veinticuatro horas. -dijo el doctor-. si es así, denle un paracetamol infantil. Aparte de eso, nada tiene por qué ir mal.
-sí, claro -murmuró Edward tras Bella, que ya estaba saliendo de la consulta.
Creía que ya confiaba en él, incluso que había empezado a enamorarse de él.
ya no estaba seguro...
Alice se quedó dormida en cuanto el coche se puso en marcha, provocando un incómodo silencio entre ambos adultos.
Bella no dijo nada.
Edward no comprendía qué le pasaba. la noche anterior parecía sentirse perfectamente.
-¿sucede algo malo,Bella? -preguntó, finalmente.
Hola!
Que lesparecio el capitulo? le gusto?
bueno os digo que esto es solo medio por que el capitulo es muy largo pero si me pedis que suba la otra parte me lo decis y esta noche la subo.
Lo digo por que muchas veces los capitulos son muy largos y la gente se puede aburrir.
Asi que ... lo subo?
bueno chicas muchisimas gracias por sus comentarios: Zoe Hallow- tammyenana89 - V - Sophia18 - Ludwika Cullen - Lauri R - Seora de Cullen.
Ya queda muyyy pocooo!
besOs cuidensee!
