Visita del mes
Se revolcaba en la cama hecha un ovillo, acomodó su cuerpo en posición fetal hacia la pared de su cuarto.
-¿porque no pueden ser los hombres quienes tengan que pasar por esto?-se preguntaba internamente una y otra vez sin encontrar respuesta.
Rodeo su vientre con sus brazos tratando de aminorar el dolor, hasta que la pasta que había tomado hace un minuto hiciera efecto.
-tonta menstruación, tontos cólicos, tonto sangrado. ¡TONTA NATURALEZA!- pensó con rabia
La pastilla empezó su trabajo y de a poco en poco el dolor se calmaba. Agradeció dos cosas: uno que estuviera en su época donde había toallas desechables y pastillas para los cólicos (en verdad se lamentaba por las mujeres del sengoku, no entendía como no morían del dolor y la incomodidad de pasar eso horribles días sin los beneficios que ella en su época poseía). Y dos, que el hanyou de cabellera plateada y ojos dorados, dueño de su corazón, nos e había apartado ni un segundo de ella, y ahora recostado en su cama, tras su espalda, acariciaba su estómago formando círculos, con una de sus garras.
Algo bueno tenía que haber en medio de tantas molestias cada benditos 28 días.
