Las navidades en la casa de los Dare solían ser grandes fiestas de etiqueta, donde personas de gran prestigio eran invitadas para pasarlo entre tragos y charlas aburridas.
Rachel Elizabeth Dare odiaba esas fiestas, tanto la que organizaban sus padres, como las que eran obligadas a ir pues no podían negarse ante la invitación de algún importante inversor o persona famosa.
Intentaba sacar algo bueno a todo aquello, antes de que fuera el Oráculo del Delfos eran los chicos guapos que veía entre los invitados, y de vez en vez tenían el descaro de pedirle algún beso bajo el muérdago, los cuales ella solía aceptar.
Ahora donde su castidad debía permanecer se encontraba más aburrida que nunca.
-Lindo vestido.- un muchacho con traje hecho a medida le dice, sonriéndole de forma coqueta, era tan lindo que le daban ganas de golpearle en la cara por ponerse en su camino, ella debía de ser casta.- Casi tanto como vos.- le tocó el cabello con galantería, esperando a que Rachel callera ante sus encantos, sin esperar en ningún momento la respuesta que ella le dio.
-El vestido es terriblemente incomodo, los tacones me están lastimando los pies, el collar de oro me está causando picazón, y para que sepas, estoy en este lugar solo por la comida, a menos que seas un delicioso trozo de pastel de fresa no me interesas en lo más mínimo.-
Él parpadeó varias veces antes de contemplarla irse caminando hacia el fino bufet que habían contratado.
Le gustó demasiado esa forma de pensar, ahora aquella pelirroja le resultaba mil veces más sexy.
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