Disclaimer: Crepúsculo no es mío, es de Meyer.
~Wedding promises
10- Confía.
―Ang, ¿Qué sucede?
―Oh, Dios, Bella, todo es un caos desde que te fuiste ―gimió.
Fruncí el ceño, ¿un caos? No llevaba lejos de New York ni una semana, ¿qué podía ser tan importante?
― ¿Qué pasó? ―balbuceé.
―La empresa entera se volvió loca. Recién paso un día que te fuiste y todo cambió, comenzó con rumores acerca de que Aro cuchicheaba demasiado con Jasper lo cual inquietó a Cayo y Marcus, ¡Los conoces! son unos paranoicos y la histeria colectiva se adueñó de nosotros ―soltó casi sin siquiera detenerse a respirar, Ángela realmente estaba alterada.
―Pero, ¿Qué tiene de raro que Jasper y Aro cuchicheen?
―Que hay rumores de que nos despedirán y que Jasper y Aro se unirán a la revista Noise, y todo terminará.
―Aro jamás haría eso, Ang…
― ¿Estás segura? ―me interrumpió.
Y de hecho… no lo estaba.
―Solamente se están dejando llevar, Ángela, no creo que nada…
―Despidió a Jacob, a tu Jacob, no ha vuelto en todos estos días e incluso vaciaron su casillero y no es el único, Lizzie, Mark, Jenny y Tia tampoco volvieron.
Bien, no estaba segura de saber quiénes eran pero creía conocerlos, no eran personas irresponsables y regularmente todos cumplían con el trabajo en la editorial, no había forma de que fuera una coincidencia que los despidieran pero tal vez Ángela exageraba.
Y Jacob, ¿Qué rayos había hecho Jacob?
―Bien Ang, no te alteres, conserva la calma y… mantenme informada. Por favor.
―Claro que lo haré Bella, y lamento haberte llamado de pronto y que sufrieras mi ataque de pánico, pero estaba desesperada y solo podía hablar contigo.
―Ang, no hay problema ―sonreí un poco.
―Te extraño Bells, parece que te has llevado la tranquilidad de New York.
―Entonces debo haberla perdido en el camino porque aquí no esta.
Ella rió, aun nerviosa y tensa.
Solté un 'no te preocupes' y 'llámame si lo necesitas' antes de despedirme y colgar.
Jacob no se había comunicado conmigo desde que llegue a Forks y por la llamada de Ángela supe que no teníamos problemas de señal.
Fruncí el ceño y marqué el número de Jacob desde mi celular. Esperé. No contestó y el buzón de voz me recitó su mensaje.
― ¿Jake? Soy yo, Bella, y… esta llamada es estúpida. ¿Por qué no me has llamado? Hablé con Ángela y me contó algo que me preocupó mucho. Necesito hablar contigo. Llámame. Da señales de vida. Aún me debes una salida a cenar y ni la muerte te salvará Jacob Black ―bromeé―. De acuerdo, eh, besos, adiós.
Mordí mi labio y me pregunté si debía llamar a Tanya también, pero con lo distraída que era… no era posible que lo hubiese notado siquiera.
― ¿Jacob Black? ―susurró una voz detrás de mí.
Mi corazón se saltó un latido e irremediablemente me embargó la sensación de ser descubierta.
― ¡Dios mío! ―mascullé― ¡Espiar es un pecado!
Edward me miró terriblemente serio. Bien, el tiempo de bromas había terminado.
― ¿Por qué me espiabas? ―solté algo consternada, no me había estado espiando, ¿Cierto? Tal vez yo sobreactuaba.
―No te espiaba ―aseguró―, tardaste demasiado y quise ver si algo estaba mal.
―Pues nada está mal, todo está bien. Gracias por preocuparte.
― ¿Quién es Jacob Black? ―preguntó de nuevo.
Parpadeé, confusa.
―Es… un amigo, trabajamos juntos, bueno, no sé si seguimos trabajando juntos exactamente pero tenía que llamarlo. Pero no tengo por qué darte explicaciones Edward ¿O tendría qué?
De pronto la tensión se había adueñado de nosotros, mi respuesta había sido demasiado agresiva y lo sabía.
―No, no tienes qué.
Entonces se giró y entró de nuevo a la sala.
Torpe, torpe, ¡torpe! Maravilloso Bella, arruinando todo.
¿Qué pasa por mi cabeza? Si tengo que alejarlo, tengo que alejarlo, no tengo que arrepentirme ni nada similar. Esto es lo mejor para ambos, sin esperanzas.
Mecánicamente recorrí el mismo camino que Edward había recorrido segundos antes.
― ¡Bella! ―me llamó Esme― ¿Quisieras beber algo? ¿Un café? ¿Un refresco?
―Sí, un café, por favor ―sonreí.
Esme y Alice se escurrieron por la cocina y –sin nada más inteligente que hacer– decidí ir y ayudarles.
Al principio Esme rechazó mi oferta de ayuda, mas cuando notó que eran demasiadas bebidas para solo dos personas, optó por aceptar.
Poco tiempo después volvimos a la sala y repartimos los cafés, refrescos y el vaso de jugo de naranja de Alice.
Paseé mi mirada por el lugar, notando con desilusión que todos los lugares estaban ocupados y que el único vacante era junto a Edward.
Con un suspiro me senté en el sofá blanco de nuevo y me alejé lo más que me fue posible de él.
Él no hizo ningún intento por acercarse, lo cual me enfadó.
¿Qué estaba mal conmigo? Todo parecía indicar que de pronto una crisis bipolar se había adueñado de mí.
Bebí un poco del café con manos temblorosas y luego lo recargué sobre mis piernas con una tranquilidad con la que no contaba en absoluto.
Traté de enfocarme en la charla que Rosalie estaba gobernando en esos momentos, fue malditamente difícil lograrlo.
―…mi hermano, pero de alguna manera todo está de nuevo sobre Bella, ella es la que más ideas otorga a la revista que ninguno de nosotros y nadie en ese lugar la ama más que Aro, en serio, todo debe ser un caos sin ella en estos momentos ―rió mi amiga.
Inevitablemente me ruboricé.
―Rosalie, sabes que eso no es cierto… ―balbuceé.
―Lo es ―dijo, con su tono de niña caprichosa que no acepta réplicas, suspiré.
―No creo que mi trabajo sea tan importante, es decir, no me habrían dejado ir si fuese de otro modo ―sonreí.
― ¿En serio? ¿Quién te llamo hace unos segundos? ―preguntó Alice.
―Ángela.
―Dios, ¿Qué sucedió? ―preguntó Rose también.
―Nada, ella solo quería saludar, Rosalie, no todo significa problemas. También traté de contactar a Jacob pero no lo logré ―confesé.
Edward soltó un bufido, rodé los ojos.
―Whoa, whoa, whoa, ¿Quién es Jacob? ―preguntó Emmett, frunciendo el ceño.
Abrí la boca para contestar, pero Rosalie me interrumpió.
―Su novio.
Jamás había odiado esa palabra con tanta intensidad más que ese día.
―Jake no es mi novio.
― ¿Otro novio? ―dijo Emmett de nuevo.
― ¡Jake no es su novio! ―me ayudó, Alice― ¿Verdad, Edward?
Bien, no me ayudó del todo.
Esme y Carlisle parecían tomar esto con una diversión envidiable, tuve que contar hasta 10 para no gritar o hacer una escena y, gracias al cielo, tocaron a la puerta segundos antes de que el timbre hiciera repiquetear unas campanillas.
Salvada por la campana, suspiré. Emmett tosió, no muy disimuladamente y suspiré de nuevo. Veamos por cuánto tiempo más me salva.
Edward se puso de pie y caminó hacia la puerta principal, tuve que mirar hacia el suelo mientras rogaba que algún ninja entrara por la puerta y me sacara de ahí.
― ¿Quién es? ―preguntó Esme después de un rato.
―Es Victoria, mamá ―contestó la voz de Edward, Alice rodó los ojos y Emmett soltó una sonrisa maliciosa, mordí mi labio un poco nerviosa.
Y entonces por la puerta entró una mujer pelirroja justo delante de Edward, su cabello era rizado y largo, su rostro era demasiado infantil pero sus ojos eran intensos, dándole un aire leonino y peligroso a pesar de lo pequeña que lucía junto a Edward.
―Buenas noches ―contestó con una voz igual de infantil que su rostro.
― ¿Qué te trae por aquí, Vicky? ―refunfuñó Alice.
Ella dirigió una mirada a Alice, después la pasó por Emmett y por mí sin detenerse hasta que una pizca de celos la hizo recorrer a Rosalie de los pies a la cabeza disimuladamente.
―Sé que es tarde pero olvidaste esto en el hospital, Carlisle ―sonrió mostrando carpetas perfectamente alineadas en sus manos.
―Oh, los expedientes, creo que estaba demasiado apresurado por llegar a casa ―se excusó, Esme rodó los ojos.
―Siempre lo estas, cariño ―le sonrió dulcemente, Carlisle la atrajo hacia sí y besó su nariz.
―Sí, bueno ―Victoria extendió los expedientes hacia el frente, como si Carlisle fuese a abandonar su lugar junto a su esposa para tomarlos.
―Eh, ¿Edward? ¿Podrías tomar los papeles y llevarlos a mi despacho? ―preguntó Carlisle.
―Seguro ―se acercó para tomarlos y Victoria los apretó junto a su pecho.
―Oh, no quiero molestar. Dime el camino y yo misma los llevaré, Edward.
―Sí, Edward ―rió Emmett―, guíala.
Hubo algo en el tono de Emmett que me molestó, pero fue poco en comparación de la furia que corrió por mis venas cuando Edward extendió una mano, cediéndole a Victoria el paso y esta le agradeció con una sonrisa demasiado extravagante.
Ambos caminaron hasta cruzar la sala en silencio, entonces Edward me dirigió una leve mirada y de pronto una de las comisuras de su boca se estiró, haciendo una mueca burlona dirigida solamente a mí.
Mi boca se abrió levemente, de incredulidad, entonces puse mi mejor cara de no me importa y bebí un sorbo del café que Esme había preparado.
Estúpido Casanova.
―Así que ella es Victoria ―masculló Rose.
―Sí ―dijo Esme y se giró hacia mí―, es enfermera y trabaja junto a Carlisle en el hospital ―me explicó.
―Oh ―atiné a contestar.
¿Qué más podía decir sin sonar tan estúpidamente celosa como me sentía en esos momentos?
―Es… agradable ―murmuré.
―Es porque no la conoces ―gruñó Alice y Carlisle comenzó a reír.
―No debe ser tan… ―y unas estruendosas carcajadas interrumpieron mi frase mientras Victoria y Edward entraban de nuevo a la habitación.
Victoria lucía sonriente y relajada y ni siquiera me atreví a mirar a Edward a la cara, sin saber porque apreté los dientes y guardé silencio.
―Bueno, eso es todo Carlisle, nos vemos…
―Victoria ―la interrumpió Esme―, ¿Quisieras quedarte y tomar algo?
Alice gruñó, murmurando algo acerca de la cortesía de Esme y Emmett rió.
―Claro, me encantaría ―aceptó ella.
Y así, una taza de té después, Victoria se había unido a la conversación, sentándose en una silla del comedor que Emmett había traído hasta la habitación.
Emmett se sentó de nuevo entre Rosalie y Alice, Edward se sentó junto a mí mientras Victoria parecía verme por primera vez.
Le devolví la mirada a sus ojos oscuros y ella pareció decidir que yo no tenía importancia.
Miré a Edward, tan sublime como siempre y comprendí perfectamente lo insignificante que debía verme junto a él.
Pero eso no disminuyó mi molestia porque Victoria llegara a esa conclusión tan rápidamente.
Él me propuso matrimonio, ¿Quién era ella para venir y hacerme sentir menos?
Edward se giró hacia mí, me había quedado viéndolo demasiado tiempo y él me había atrapado haciéndolo.
Me ruboricé torpemente pero también noté con alivio que el enojo en su mirada se había ido.
―Hermosa ―susurró.
Rodé los ojos mientras levantaba la mano y trataba de girar su rostro para que dejara de mirarme.
Lo que no tuvo el efecto deseado, sino que permitió que Edward tomara mi mano entre la suya.
―Eres un… ―susurré también, intentando que ellos no escucharan y continuaran con su conversación.
Él me miró a los ojos mientras acariciaba la pulsera en mi muñeca.
―La conservaste ―dijo, un suave calor llenó mi pecho mientras él sonreía.
―Sí.
Se acercó lentamente, de pronto estábamos demasiado cerca.
―Edward, no… ―susurré, a pesar de que lo que menos deseaba era que se detuviera.
―Suficiente ―dijo y se puso de pie.
― ¿Edward? ―preguntó Esme.
―Llevaré a Bella a casa.
―Pero, Bella… ―comenzó Alice.
―Mañana, Alice ―Edward cerró el tema con un movimiento brusco de cabeza.
Me levanté algo torpemente y le sonreí a Alice, tratando de disimular la urgencia de su hermano.
Edward le dio un suave apretón a mi mano y me sobresalté, él sonrió levemente y yo caminé hacia el recibidor.
― ¿Puedo aprovecharme de que estas dando aventones y pedirte que me lleves a casa, Edward? ―preguntó Victoria de pronto.
No me giré y solamente escuché el suspiro resignado que Edward soltó, sonreí.
―Claro, Victoria.
Me puse la chaqueta rápidamente y me despedí con un 'hasta pronto' y una sonrisa. Victoria continuaba despidiéndose y Edward me llevó afuera.
Estaba helando. Más no me estremecí exactamente por eso.
Me giré hacia Edward, él se había acercado pero no pude decir nada pues Victoria salió tras nosotros.
Caminé hacia el Volvo y segundos antes de llegar a abrir la puerta, Edward se me adelantó y la mantuvo abierta para que entrara.
―Gracias ―susurré.
Rápidamente caminó hasta su asiento en el lugar de conductor y encendió el motor.
Segundos después de quedarse junto al auto sin moverse, Victoria decidió entrar al asiento trasero.
Edward comenzó a mover el auto antes de que ella cerrara la puerta y me dediqué a mirar por las ventanas mientras pensaba en lo extraña que debió lucir nuestra salida.
―Así que Edward, ¿Cuánto tiempo contaremos con tu presencia en Forks? ―graznó Victoria, esa es la única definición para el sonido que rompió con el silencio del auto.
―Dos semanas, tres… no depende de mí ―me miró de reojo.
Victoria carraspeó de pronto, me giré y noté que me miraba con insistencia. Alcé una ceja.
―Soy Victoria Hampshire ―anunció su nombre con altivez y me tendió una mano.
―Isabella Swan ―apreté suavemente su mano y me alejé.
― ¿Eres prima de Edward?
―Eh, no.
― ¿Familiar lejana? ―preguntó de nuevo.
―No, tampoco.
― ¿Conocida? ―continuó.
Fruncí el ceño un poco y miré a Edward, éramos sólo conocidos, no alcanzábamos el nivel de amigos siquiera… no al menos ahora, en el pasado, tal vez.
―Amiga de la infancia ―susurré.
―Oh, ¿En verdad? Dime, ¿Edward era así de lindo de niño?
Miré mis manos y suspiré.
―Sí, lo era.
―Oh, Edward, debiste ser una ternurita… ―ronroneó con una vocecita más aguda aún.
Edward detuvo el auto frente a una casa de color amarillo y con arboles pequeños bordeando la entrada.
―Hasta pronto, Victoria ―se despidió Edward.
Victoria parpadeó varias veces y bajo del auto.
―Hasta luego ―se despidió. Le dirigí una sonrisa y Edward arrancó el auto de nuevo.
El Volvo se movió en dirección a mi casa, pero unas calles cerca de ella Edward giró en la dirección contraria.
― ¿Qué…? ―comencé.
― ¿Puedo llevarte a un lugar, Bella? ―preguntó.
―Creo que ya estamos en camino, ¿No?
―Puedo girar y llevarte a casa ―murmuró.
―Bien.
―Bella ―suspiró―, por favor, confía en mí. Solo por ahora.
―Confió en ti ―contesté, realmente no confiaba en mi―, de acuerdo. Vamos.
Observé a Edward sonreír de reojo, pero no me giré, sabía que me quedaría viéndolo como boba si me giraba.
―Ahora… ¿puedes hacer algo por mí?
―Oh, depende…
―Cierra los ojos.
― ¿Bromeas? ―reí.
―No, no lo hago.
Suspiré y asentí con la cabeza.
―Debí saberlo.
―Cierra los ojos, Bella.
―Bien, bien ―hice lo que me pidió y me quedé a oscuras.
― ¿No puedes ver?
―No.
― ¿Segura?
Me reí.
―Confía en mi, Edward ―repetí sus palabras de hace unos momentos.
El auto aceleró su marcha y Edward guardó silencio, dejé tratar de adivinar hacia donde nos dirigíamos después de marearme un poco, no era como si yo conociera Forks como la palma de mi mano así que simplemente me recargué en el asiento, derrotada.
Sabía que podía espiar, estaba muriéndome por espiar, una sola mirada no lo mataría…
―No, Bella ―me advirtió.
―No me gustan…
―…las sorpresas ―terminó la queja por mí―. Lo sé. Pero esta te gustará.
― ¿Es un sí a mi propuesta? ―pregunté de pronto para ruborizarme con la misma rapidez en que solté esa frase.
El auto se detuvo por fin pero Edward no contestó a mi pregunta.
―No te muevas ―me advirtió antes de abrir la puerta y salir del auto. Segundos después mi puerta se abría y su mano rodeaba la mía, instándome a salir.
Una vez que estuve de pie él me tomó en brazos y me levantó.
― ¡Edward! ―me quejé.
―Tardaríamos años en llegar si no te llevara en brazos ―dijo con un tono divertido.
―Disfrútalo mientras puedas ―mascullé.
Nos movió lentamente, alejándonos del Volvo mientras algunos grillos cantaban a nuestro alrededor. Todo lo demás era silencio además de nuestras respiraciones.
― ¿Estás seguro de que no tratas de eliminarme en medio del bosque o algo así?
Su carcajada hizo vibrar todo mi cuerpo, resistí el impulso de recargarme contra su hombro o algo así.
―No, pero ya eres libre.
Me dejó de pie sobre el suelo de nuevo más aun así no me moví, Edward se colocó detrás de mí y sus manos me tomaron por los hombros.
―Puedes mirar ―susurró.
Abrí los ojos y observé el pequeño parque de juegos frente a mis ojos, desde los resbaladeros hasta los columpios e incluso los árboles que bordeaban el lugar.
Una oleada de calor me recorrió mientras recordaba algunos años momentos increíbles que había vivido en ese lugar.
Todos incluían a Edward.
―Esto es jugar sucio ―lo acusé.
―Traté de ser tan sucio como tu oferta de esta tarde.
Me ruboricé y rápidamente caminé hacia los resbaladeros, suspiré el aire frío de la noche y me estremecí.
Me abracé a mi misma y me enfrenté a Edward.
―Bien, lo que sea que… ―«te molestara de lo que dije, lo siento, Edward». Las palabras murieron en mis labios, los que guardaron silencio en el mismo instante que fueron aplastados contra los de Edward.
Sus manos rodearon mi cintura, más después subieron por mi espalda y se alojaron detrás de mi nuca.
Reconfortante. Mientras me besaba con cierta urgencia solo podía pensar en que el beso era cálido, al contrario del clima que nos rodeaba y que era de algún modo como estar en casa.
Él comenzó el beso y él lo terminó. Se separó lentamente pero dejó su frente recargada contra la mía, continúe con los ojos cerrados mientras recuperaba el aliento.
―Edward…
―Deja de fingir Bella, no puedes mentirme.
―Ni a ti ni a nadie ―mascullé.
―Dame una oportunidad, deja de rechazarme. Sé mi novia.
Reí, algo nerviosamente y traté de alejarme, él me detuvo y abrí los ojos, cometiendo el error de perderme en los suyos, que brillaban como esmeraldas, opacando a las estrellas de esa noche y… ¿Qué estoy diciendo?
―No te conformarás con eso.
―Tal vez no, pero te tendré conmigo y eso es lo que más deseo… por ahora. No importa si es como mi novia o mi prometida. Quiero estar con Bella Swan… ¿Bella, quieres estar con Edward Cullen?
Acerqué mis manos a su rostro y por primera vez desde que lo vi de nuevo seguí mis instintos mientras mis dedos recorrían su cara.
―Mmm, no lo sé. Justo ahora suenas como un sacerdote ―reí y me alejé, ahora si me lo permitió.
Frente a él, tomé un ramo de flores imaginario entre mis manos y lo acerqué a mi pecho.
―Acepto ―dije con un aire teatral con el cual no sabía que contaba.
Una enorme sonrisa surcó sus labios antes de que estos se juntaran con los míos en un beso lento que aumentó su intensidad con rapidez.
―Edward… escandalizarás a los niños.
― ¿Qué niño estaría aquí a media noche?
―Yo jamás me iría de aquí si pudiera… ―murmuré.
―No tienes porque hacerlo.
Y de pronto ahí estaba la realidad. Sí, sí tenía que hacerlo.
―Deja de hablar de eso ―susurré―, ahora sólo somos tú y yo.
―Podríamos ser siempre 'nosotros' ―dijo.
―No ahora, no así…
Edward besó mis labios de nuevo y dejé de hablar y pensar en otra cosa que no fuera la sensación de electricidad entre nosotros y lo perfecto del momento.
―Acepto.
Lo miré, no comprendía del todo de que hablaba y me sentía levemente mareada. Aún así deseaba sonreír y dar de saltos por doquier.
― ¿Qué?
―Acepto el trato ―dijo de nuevo y sin agregar nada más, me besó.
¿Qué tan malvada soy por dejar el capítulo así? De-ma-sia-do. Pero, ¡Miren! Actualicé y aún no pasa un año de mi actualización pasada, más bien pasaron dos semanas… Y con eso de 'las últimas semanas del semestre' de mi escuela esto fue lo más rápido que pude… Y es muy rápido.
Bien; espero traerles otro capítulo pronto, ustedes sólo recen por mí para que no repruebe materias y yo haré mi parte escribiendo 1000 palabras por día y estudiando XD
Breathe in deep and cleanse away your sins & we'll pray that there's no God to punish us and make a fuss. (Muse moment) Si alguien adivina la canción le doy un reconocimiento por amar a Muse tanto como yo... y además le pediré matrimonio porque eso va con la dinámica del fic XD
PD: ¿Alguien notó mi momento Killjoy allá arriba? Yo no.
Pink ego box.
