Madge despertó al amanecer, despertada por cierto olor a humo. Rápidamente se desperezó y miró a todos lados con cautela. Junto a su árbol, una chica había encendido un discreto fuego para calentarse las manos. Le pareció un movimiento estúpido y perjudicial, tanto para ella como para la chica. Así que al ver que no era agresiva se atrevió a bajar.

Pronto la reconoció como la tributo del distrito ocho. No era demasiado mayor, debía tener unos catorce o quince años. Estaba muerta de frío, un poco como ella. Intentó acercarse a ella sin asustarla, haciendo un pequeño ruido con la boca. Rápidamente la chica se giró y la miró con una cara de absoluto terror. Pronto Madge la tranquilizó.

—Shh tranquila, ¡tranquila! No te haré daño, pero apaga de una vez el fuego…

—Tengo frío…

—Si no lo apagas advertirán que estamos aquí, ¿entiendes?

La tributo del ocho pronto entendió y apagó el fuego, pero ya era demasiado tarde. Los profesionales se acercaban a ellas gritando y riendo. Madge reconoció la voz de Andrew con horror y la instó para que huyeran de ahí. Ambas corrieron por el bosque, pero estaban siendo alcanzadas. Y Madge no estaba dispuesta a ello.

—¡Tú! Corre más deprisa, ¿quieres?

—No puedo…

—¡Sálvate!

Lamentablemente los profesionales acababan de aparecer en escena. Madge reconoció sus rostros al instante; Cato, Clove, Marvel, Glimmer, la chica del distrito cuatro, el muchacho del tres y Andrew, como no. Todos dispuestos a matarlas con sus armas alzadas. El instinto de Madge funcionó antes que el de la tributo del ocho y salió de nuevo disparada, dejándola prácticamente desamparada. Esta gritó, pero Madge ya estaba demasiado lejos.

Cuando Madge empezó a escuchar los gritos de la tributo le dieron ganas de llorar y volver a rescatarla. Pero ya era demasiado tarde para ella, y tenía que huir. Sin embargo al no escuchar el cañón se rehusó a creer que había muerto y volvió a por ella con cautela.

Lo que encontró no era mucho mejor de lo que había imaginado. Se estaba muriendo.

La pobre chica se revolcaba en el suelo herida de muerte, gritando y llorando de agonía. Madge se agachó y le acarició la cabeza pidiendo perdón, intentando no llorar ella también. La tributo le dirigió una mirada asustada, y en ella pudo leer en ella que no quería morir. Madge suspiró y negó con la cabeza. La tributo lloró con más fuerza.

Más para atrás, se escuchaba la charla incesante de los profesionales, que se preguntaban por qué diablos no había muerto. Cato estaba convencido de su muerte, mientras que Clove cuestionaba sus habilidades. Finalmente, Madge escuchó con horror como Andrew se ofrecía para rematar a la muchacha. Tenía que huir.

Madge se aseguró de que la tributo no tenía nada, y en efecto tenía una pequeña mochila bajo el brazo, ocultada a sus asesinos. La sinsajo la agarró y se la arrancó de las manos, liberando así más gritos por parte de la moribunda. Se volvió a disculpar en un susurro y salió corriendo de allí, muriéndose de arrepentimiento. En cuestión de minutos el cañón sonó.

Se dejó caer en una piedra mientras tomaba el aliento y asimilaba lo que acababa de hacer. Acababa de dejar morir a una persona. Casi a sangre fría. Y encima le había robado la mochila. Acababa de realizar un terrible acto de maldad y aún así no se sentía del todo culpable. Y eso la hacía sentir peor todavía.

A desgana abrió la mochila y se encontró con una gran decepción. La mochila solo contenía un trozo de pan mordido y una botella de agua vacía. A parte de eso, encontró un pequeño machete, con el que se tendría que conformar. Se comió el pan mordido sin ningún pudor.

Se colgó la mochila en los hombros y siguió su busca de comida y agua. Buscó entre las plantas y encontró unas pocas plantas que consideró comestibles, aunque no quiso probarlas por miedo a que estuvieran envenenadas. Mientras andaba maldecía no haber cogido nada de la cornucopia.

A miles de quilómetros, Katniss miró el resumen del día en la televisión antes de ir a cazar. Se alegró de que Madge y Andrew siguieran vivos, aunque repudió un poco a Andrew por haberse unido a los profesionales. Cogió la gastada chaqueta de su padre y se dirigió a la valla.

Antes de ir a cazar, pensó en dirigirse primero a vender la leche de la cabra de Prim al mercado. Con el dinero que ganara quizás podría comprar pan, jabón o con suerte aceite para alimentar las lámparas.

Mientras caminaba por el distrito, se encontró con que la panadería de los Mellark estaba cerrada. No le sorprendió, porqué evidentemente tenían suficiente dinero como para pasar una pequeña temporada sin abrir, sin embargo lo que le intrigó fue que la panadería tuviera las luces encendidas estando el cartel indicador de cerrado.

Con cuidado se asomó por la ventanilla y se encontró con una estampa curiosa. Peeta Mellark, lleno de harina y de glaseado por todos lados, parecía construir una torre con masa de pastel. Si hubiera sido ella, habría tenido que coger una escalera para alcanzar las partes más altas, sin embargo Peeta era lo suficientemente alto como para seguir levantando pisos. Instantáneamente se preguntó para quien era esa monstruosidad, puesto que ninguno de los habitantes del distrito podría pagarla.

Peeta, que seguía concentrado en su obra se giró un poco al sentirse observado. Cuando vio a Katniss Everdeen asomada en la puerta su corazón se paró y el pastel se desmoronó, cubriéndolo completamente de masa pastelera. Peeta soltó un gruñido e intentó quitarse toda la masa del pelo, mientras Katniss ocultaba el ataque de risa.

Sigilosamente Katniss entró en la tienda y se disculpó por el desastre. Peeta al escucharla se ruborizó y se quitó un pegote de masa de la cara, intentando parecer normal. Katniss sucumbió a la risa y se rió a más no poder. Peeta sonrió, sorprendido por ver a la cazadora en tal situación. Inmediatamente, Katniss recuperó la compostura y preguntó, realmente interesada.

—¿Para quién es?

—Es para el distrito cuatro.

—¿Cómo? ¿A caso no tienen panaderías allí?

—De hecho, fue un encargo expreso de Finnick Odair, el vencedor, que buscaba la mejor panadería de los distritos…. –dijo Peeta sacando pecho, orgulloso.

—¿Y no hay panaderías en el capitolio?

—Lo supongo, pero de momento yo solo cumplo encargos, ¿sabes?

Katniss asintió y miró a Peeta con más detenimiento. En realidad no hacía muy buena cara.

—¿Te encuentras bien? –pregunto la cazadora.

—¿Yo? Si… solo estoy un poco cansado, pero puedo soportarlo.

Katniss asintió y se dispuso a marcharse, pues allí tampoco tenía nada que hacer. Peeta observó cómo se alejaba e hizo su mejor intento por retenerla.

—¡Espera! Tu… tu eres la hermana de Primrose, ¿verdad?

Katniss se giró y lo miró interrogante ¿Y a él que le importaba?

—Si, ¿porqué?

—Ten, llévale esto.

Peeta agarró una de las magdalenas del escaparate y se la puso a Katniss entre las manos. Katniss pensó en rechazarla, pero al fin y al cabo era para su hermana.

—Tiene esencia de Prímulas, y pensé que le gustaría…

—Muchas gracias, Peeta.

Peeta se irguió al escuchar su nombre en los labios de Katniss, pero pronto se recompuso y asintió. El panadero sonrió y finalmente la cazadora se marchó, con la magdalena en la mano y una ligera capa de harina.

N/A

Hola de nuevo, aquí os traigo el segundo dia de los juegos, y como veis las cosas van canviando entre Peeta y Katniss. Para bien, evidentemente.

Gracias por el apoyo y la review de KoyukiBetts, ¡nos vemos en el próximo dia de los juegos!