A partir de aquí, comienzan los cambios más radicales a la trama. Pero algunas partes se van a quedar para bien.
X. The Devil's Anxiety.
8 de Julio
El dolor no parecía tener final o comienzo. Su cuerpo se negaba a moverse, pesado como plomo, como una escultura frágil incapaz de hacer un solo movimiento. Mientras el sopor al que su cuerpo había sido sometido no le ayudaba a soportar el desgarrador dolor, solamente observaba la dulce cara sonriente de un infantil Alma sobre su vientre, una expresión tan calmada y hermosa, a la vez tan tétrica. Su pequeña sonrisa bastaba para infundirle temores que creyó enterrados en lo profundo de su mente.
La bolsa de su vientre estaba abierta, la carne estaba plena y abierta como una flor, mientras sus intestinos y demás vísceras estaban todas fuera de su lugar, desordenadas como un canasto de ropa sucia. Mientras que Alma se llevaba ésas delicias calientes a su diminuta boca, como los más dulces manjares. La sangre que lo manchaba solamente acentuaba la demencia reflejada en su rostro de infante.
Solamente esto era una pequeña parte del dolor que le hizo sufrir en aquella tierna edad; el modo en el que el pequeño mordía sus órganos, excavando como un topo en sus entrañas... era poco, comparado con lo que él le hizo. Un calor insufrible invadió su cuerpo, como miles de agujas calientes forzaran su torso a abrirse más. Esto activó el reflejo de su cuerpo, haciéndolo saltar de su altar empapado.
Otra vez reconocía el techo de su aburrida habitación, después de una terrible pesadilla, que de nuevo, le convenía ignorar. Ésta vez fue diferente, ésta vez no soñó acerca del pasado o algo que él halla vivido antes, pero estaba seguro conectado con el miedo que sentía desde hacer poco. Era totalmente ridículo, no sólo el hecho de preferir dormir al pie de su propia puerta en lugar de su cama, sino que era también éste horror irracional a Alma.
Muy dentro de su corazón él no quería volver a ver a Alma, sabiendo bien lo que le venía esperando. Por vergonzoso que le fuera admitirlo, ahora mismo no sentía tener el valor de enfrentarlo, a Alma. ¿Cómo carajo podría tener valor si la última vez que se vieron se estuvieron matando entre sí? Pero la visión de Alma que tuvo hace unos momentos solamente se trataba de un temor sin discernimiento, porque, era ridículo. No podía ser posible la realización de este sueño caníbal. A menos que el significado oculto de ésas imágenes las tuviera que interpretar por su cuenta.
Despejó su mente de ésos estúpidos pensamientos de canibalismo, concentró su atención al reloj de cristal de su buró al otro lado de la oscura habitación. La flor estaba intacta, tenía todavía el mismo número de pétalos que hace un mes. Tomó el reloj entre sus manos, con extremo cuidado, porque ningún tesoro en éste mundo podía reemplazar el valor de éste instrumento. Volvió a sentarse al pie de su puerta, observando por un largo rato el nenúfar dentro del cristal. Esperaba a que algo aconteciera, tal vez esperaba a que otro pétalo se cayera al fondo de la tapa de madera.
Sintió de repente las vibraciones de pasos acercarse a su puerta. Ya había aprendido a reconocer esos pasos de pies ligeros y torpes, también ése tipo de sonido que provocaban las suelas de ésas botas. Las relacionaba directamente con alguien en específico.
–¿Y ahora qué quieres?–preguntó con desgano mientras escuchaba a ése muchacho acercarse a la puerta. Sin pedir permiso o sin miedo a ser víctima del enojo de Yu Kanda, el muchachito se sentó del otro lado del pies de la puerta del respectivo exorcista. Ahora mismo se encontraba en calma, nada malo le pasaría si se quedaba.
–Si tenemos suerte, para mañana Drusilla tendrá ya listo el mapa que necesitamos.
–¿Sólo viniste para decirme eso?
–... Desde ayer en la tarde no has salido de tu cuarto.
–¿Acaso vigilas mi puerta todo el día? Eres un maldito acosador.
–Lo siento. Ya sé que te he estado asfixiando últimamente... pero creo que, aunque seas el peor imbécil de la Tierra, no puedo evitar acercarme a ti, querer hablar contigo.
–Qué halagador.–refunfuñó en sarcasmo.
–Pienso que tú y yo somos... de cierto modo somos iguales.
–No me quieras comparar contigo. Eres demasiado feo. No te quieras sentir tan importante.
–No estoy hablando de eso, Kanda idiota. Tú pareces una mujer muy fea.
–En otras palabras, soy una jodida lesbiana. Y tú un homosexual terriblemente confundido.
–¿Qué? Estás loco, Kanda. Lo dices sólo para molestarme; no eres mas que un imbécil.
–Tienes envidia por no ser igual a mí.–esta bien, Kanda ya comenzaba a parecerse a Bak Chan cuando seguía elevando su ego así.
–Como decía, eres un imbécil, Kanda.–espetó Allen tras una risa liberada. A Kanda ya no se le ocurría nada más que decir entonces.
–Te odio.
–Voy a fingir que no escuché eso ¿eh?
–Siento que vas a terminar destruyéndome. Estaré diciendo estupideces... pero no sé por qué lo siento, es como si ése apego tuyo se convertirá algún día en mi Parca.–dijo con una voz tan apagada y seca, como el eco de un cadáver, mientras sus manos se aferraban más fuerte al reloj de cristal.
–¿Yo? ¿Por qué dices eso?
–No lo sé... Pero no me gusta. Es extraño e incómodo.
–Creo que no te comprendo. ¿Estás diciendome que te sientes querido por mí? ¿No te gusta que haya gente que se preocupe por ti?
–Te lo explicaré con palabras más fáciles, Moyashi.–replicó Kanda, cerró los párpados lentamente.–¿Por qué te empeñas tanto en ayudar a Alma? ¿De dónde piensas que sacas beneficios? A mí no me puedes ayudar. Metiendo tu nariz en tragedias ajenas no obtienes nada a cambio. Nunca conociste a Alma, y probablemente no lo harás. Estás jugándote por un extraño...
–Creo habértelo dicho en nuestra primera misión juntos, Kanda idiota.–mencionó el jovencito del otro lado de la puerta. Kanda no podía verlo desde donde estaba, pero sabía bien que ahora mismo estaría sonriendo.–Mi corazón se mueve por lo que mis ojos ven, no por lo que el mundo necesite. Yo no puedo abandonar lo que tengo enfrente de mí(1)... Quiero ayudar porque mi corazón ha sido conmovido ¿entiendes?
–... Eres tan sólo un niño.
–Aparte, creo que te agarré... algo de simpatía. Porque yo sé cómo te sientes, y sé que has tenido que pasar lo mismo que yo. Es extraño... la forma en la que uno puede simpatizar con otro solamente porque se encuentran cosas en común.
–Tú no sabes nada y no has visto nada. Eres incapaz de comprenderme del todo.
–Y tal vez tienes razón, nunca podré comprenderte del todo. Pero nada me impide intentarlo ¿verdad?
–En otras palabras eres solamente un acosador.
–Y tú un irremediable idiota.–contestó Allen, su voz se notaba bastante más animada. Le parecía divertido, de algún enfermizo modo, el insultarlo informalmente así. Ya sería la centésima vez que le llamaba así. Kanda nació siendo un idiota, no importaba qué pasara, no iba a cambiar por nada ni por nadie.
Volvió a observar el reloj, a través del cristal la flor brillante. Percibió algo que lo inquietó por unos segundos, y después cayó en la cuenta que el séptimo pétalo había caído al fondo. Su corazón sufrió una aceleración radical, lo agitó de un modo violento, así como sentía su cuerpo sudar a gota gorda.
¿Cuándo ocurrió? ¿Por qué ahora? ¿Acaso su periodo de vida en éste mundo estaba acortándose aún más? Tan sólo había transcurrido un mes desde que el sexto pétalo cayó.
–... Sólo cierra el pico.–respondió Kanda, que no quiso tardar más en darle la palabra a Allen Walker. No quería que pareciera preocupante su tiempo de silencio. No podía dejarle a él ni a nadie acerca del secreto de su reloj. Sus preocupaciones eran suyas y de él nada más.
–Sólo trato de hacer conversación contigo. Lo estoy intentando, a pesar de que te escondes tras tu impenetrable muro.–replicó el muchacho. Su tono era irónico, como si le divirtiera ver la gran distancia que había realmente entre ellos.
–Ya sé lo que me vas a responder, pero a medida que me acosas todo el tiempo, de modo que sientes cada vez más simpatía y conformidad con mi compañía, de verdad creo que eres un marica.
–Kanda, ¿sabes qué pienso yo? Que te agrado lo suficiente como para que digas eso. Y por cierto, el único marica que hay entre nosotros eres tú.
–Yo tengo novia.–refutó, pensando en usar ése hecho como su carta magna.–A diferencia de ti, que te apuesto mi pellejo a que todavía eres un mojigato virgen.
Con eso lo dejaría callado por un buen rato, porque era todo cierto, y no necesitaba darle vueltas al asunto para darse cuenta que éste pendejo albino además de payaso era virgen. Ya sabía que él tenía las ansias hinchadas por Lenalee, pero no tendría el valor de declararse, mucho menos tocarla como hombre, y teniendo en cuenta el hecho de que Lenalee era intocable, si Komui Lee, el señor 'Complejo de Hermana' era su protector y hermano mayor.
–Lo que dices no tiene justificación.–replicó el exorcista Walker con un poco de su orgullo dañado.
–¿De qué estás hablando? Si se nota al instante. Hueles a virginidad.
–No tengo que ser un condenado ninfómano para probar mi virilidad.–se defendió el aludido. Se notaba por su voz que el tema le incomodaba.–Que tú tengas novia no te hace alguien superior a mí.
–Pero no soy virgen.
–Cállate, Kanda idiota. Estás sacando un tema que no tiene nada que ver con el de hace rato. Eso es de cobardes.
–Eres Marica, Virgen y Moyashi.–se bufó Kanda al final, con la más cruda intención de ofender a Allen.
Debía admitirlo, era algo liberador y divertido el sacar al muchacho de sus casillas por medio de palabras tontas.
Lenalee conocía todas de las escasas tradiciones de la Orden, cosas simples para reavivar los ánimos que vivían en los subsuelos, ya sean pequeños detalles como fiestas de cumpleaños o de bienvenida, en caso de que un nuevo exorcista entrara a la Orden Oscura. El último y más reciente fue el de hace unos cuantos meses, cuando el pequeño Timothy Hearst se unió a los exorcistas. O cuando no encontraban algún otro motivo para cual celebrar, solamente organizaban una fiesta cuando recordaban que un exorcista había completado exitosamente una misión. Las fiestas a veces cumplían bien su deber de alivianar un poco del estrés que se manejaba a la Orden.
Pero no siempre se trataba de fiestas para emborracharse y atragantarse de comida. Ella había contado las veces en las que sucedía, un evento que se presentaba irregularmente y la mayoría de las personas ignoraban por la falta de interés.
En los antiguos cuarteles de la Orden hubo una especie de capilla, un lugar para la oración de los aún creyentes de corazón. En los nuevos cuarteles, Lenalee pudo comprobar que existía otra nueva capilla (más grande aún). Ella dejaba claro que no amaba a Dios, pero desde pequeña, cuando le daban la más básica educación acerca de la religión, un sacerdote del Vaticano venía, y la llevaban a la capilla para rezar, incluso le aplicaron el Sacramento del Bautismo, dado como exorcista, ella no tenía orientación religiosa, entonces decidieron que su inicio debía ser en el catolicismo. No es como si en aquellos días ella hubiera tenido opción.
Varias ocasiones en el año, a la Orden Oscura se le enviaban sacerdotes a hacer misas en la capilla, los católicos que iban, se confesaban y comulgaban. No eran muchos, Lenalee sabía, pero de niña tuvo que aprender a hacerlo, tal como hacían a otros niños hijos de familias católicas, los padres les llevaban a la iglesia hasta inculcarles el hábito. Años después, Komui dijo a su hermana que sus padres tuvieron ciertas influencias hinduistas, y cuando él se unió a la Orden, no tuvo que ser necesario volverse católico. Conocía y respetaba el catolicismo, mas nunca lo practicó. Y Lenalee no estaba obligada a hacerlo, aunque fuera denominada como 'exorcista'.
Aún así, ella no evitaba el acercarse de vez en cuando. En varias ocasiones hasta veía agentes de Crow (por increíble que pudiera parecer) católicos que iban a asistir a las misas. El sacerdote vendría dentro de tres días, entonces ella pensó, no sería mala idea aprovechar éste evento para el plan que tenían en mente.
No sabía qué tan probable sería que en la Rama Norteamericana los guardianes Crow que resguardaran a Alma Karma se tomaran aquel día libre, pero si existía un día en el cual pudieran tener la guardia más baja, tenía que ser cuando viniera el sacerdote del Vaticano. No había momento casi tan perfecto como éste para aprovecharse, aunque todavía estaban seguros que los riesgos serían demasiado altos.
Y ella discutía con Lavi y Allen acerca de éste plan, aparentando una conversación tranquila y rutinaria en un lugar apartado de la arena de entrenamiento, donde demás Buscadores y un par de exorcistas peleaban en forma de calentamiento entre gritos y porras.
–Podríamos aprovecharlo bien, con el plan correcto, sería una gran oportunidad para infiltrarnos.
–Pero debemos decirle a Kanda... para ver qué opina del plan.
–Tú ya lo oíste ayer. Obviamente no está dispuesto a que ninguno de nosotros vaya por Alma. Él quiere hacerlo solo.
–No es eso lo único que es preocupante. ¿Que tal si la visita del sacerdote no es suficiente para distraerlos? No van a bajar la guardia, aunque sea un evento especial. Dudo que esos bastardos sean católicos siquiera.
–Lo siento, yo fui quien sacó la idea. Creía que sería de utilidad
–No, Lenalee. Tú idea es buena. Pero tenemos que ser realistas en cuanto a las posibilidades ¿cómo será la guardia en aquel día? Seguro que se tienen al margen de que Yu entre a la Orden Norteamericana, porque a toda costa quisieran evitar que encuentre a Alma.
–Y si nos encontraran con él, nos podrían marcar como sus cómplices. Probablemente eso es lo que Kanda no quiere. No quiere que nos metamos en 'sus asuntos'; la verdad es que él trata de protegernos.
Muchos hubieran caído al suelo muriéndose de la risa al escuchar afirmación acerca del infame Yu Kanda. Pero nadie lo hizo, porque de manera extraña todos ahora se lo tomaban en serio, ahora que conocían una cara diferente de su camarada... pero ciertamente, confiaban en que Lenalee, aparte de Marie, lo conocía mejor que los demás.
–Sabemos que él no quiere meternos en problemas, pero dejarlo solo... alguien de nosotros tiene que ir con él.–dijo Allen.–¿Qué tal tú, Lavi?
–¿Yo?–exclamó el pelirrojo del parche con sobresalto.–Mi relación laboral con Yu nunca fue 'excelente', creo que él intentaría descuartizarme antes de aceptarme como compañero. Lo siento. No puedo ayudarles en esto. Aparte, son las Reglas del viejo Bookman.
–¿Sabe el Bookman acerca de lo que vamos a hacer?
–Nos está escuchando ahora mismo.–murmuró Lavi, lo cual hizo a sus compañeros alarmarse momentáneamente.–No se preocupen. Su trabajo es observar, no interferir. Él no hará nada ni dirá nada, ya saben.
–Ya veo.–contestó Allen.–Entonces... ¿seré yo quien vaya con Kanda?
–Mejor yo, Allen.–protestó gentilmente la muchacha.–Mis botas oscuras me dan mayor ventaja a la hora de huir, en caso de que fuera necesario, y tengo más posibilidades de evadir a los Crow... Además, yo soy la más difícil de marcar como 'traidora'. Llevo siendo exorcista por más de la mitad de mi vida.
–Pero... si tomamos en cuenta a Cross Marian.–mencionó Lavi.–Existe la posibilidad que él haya sido atacado por algún personal de Central, ya sea porque le consideraron traidor, o porque supo demasiado. Ahora mismo, nosotros cinco estamos en ése mismo peligro.
–El Supervisor es mi hermano, Lavi.–replicó Lenalee, avergonzada de sacar a su hermano mayor como su punto a favor.–Y aunque él no pueda protegerme, el auditor Lvellie no querrá verme muerta, aunque fuera traidora. Soy la única exorcista con Inocencia tipo cristal, y conociéndolo, hará lo posible por mantenerme con vida.
Era una forma muy fría para hablar de su propio destino, sobre todo en lo referente a Lvellie, quien todos sabían, era el principal culpable de varios traumas en la joven Lenalee. Era sorprendente la madurez y fortaleza con la que ella lo había superado.
–Es cierto.–Allen no tenía muchos argumentos contra Lenalee, porque ella aparte de tener una Inocencia poderosa y única, era la más veloz, la más conveniente de todas y la que tenía más dificultades para exasperar a Kanda.–Pero... ¿vas a estar bien?
–Estaré lista para hacerlo cuando llegue el momento, ya verás. Además, tú Allen, no puedes separarte demasiado de Link. Llamarás la atención y tampoco faltará que Link despierte en cualquier momento.
–Cierto... ya sin casi nueve días desde que él duerme. Me preocuparía si él no despertara pronto. Pero más me preocupa que se vaya a despertar antes que finalicemos nuestros planes.
–Seré solamente yo...–interfirió el joven pelirrojo.–pero parecemos un grupo de conspiradores. Estamos tejiendo planes que van en contra de la misma organización para la que trabajamos.
–No estamos planeando nada malo, Lavi. Lo que estamos haciendo es un plan de rescate.
–Sí, Allen, lo sé. Pero aunque estemos realizando un plan de rescate, no quiere decir que sea algo 'bueno'. Desconocemos la verdadera naturaleza de Alma Karma, y lo único que hemos oído no ha sido nada bueno en lo absoluto.
–... Pero todo aquí depende de la decisión de Kanda ¿no?
–Sí, y tal vez eso es lo más preocupante de todo.–dijo Lavi adquiriendo un timbre más serio y sombrío.–Él está actuando conforme a sus emociones... no por lo que sea correcto. Sonaré incrédulo, pero he llegado a pensar que Yu busca salvar a Alma solamente para joder a la Orden.
Nadie negaría que Lavi daba en claro un punto muy cierto, incluso podría ser la única razón que necesitaban saber acerca de su compañero. Kanda estaría lleno de rencor por todo el asunto relacionado con Alma, así que naturalmente buscaría una forma de herir indirectamente a la Orden Oscura. Aunque todo aquello no sonara como propio del buen Yu Kanda.
¿Hubiera sido mejor idea escuchar a Noise en todo caso? Pero ya era tarde. Ya no podían regresar con la cola entre las patas, no podían retroceder en el tiempo y pretender que nada malo estaba sucediendo, porque la ignorancia era el equivalente al mar de neblina venenosa sin fin aparente al que siempre temían estar sumergidos.
–Supongo que no importa desde qué ángulo lo veamos...–suspiró Allen con un poco de pesimismo.–Estamos tramando contra la Orden para la que trabajamos. No se puede hacer nada.
–A menos que decidamos retirarnos y dejar que Kanda se ensucie las manos solo... Oigan no me miren así.–reclamó el Bookman Junior sonriendo pesadamente.–Solamente me puse a pensar en las cosas que había dicho Marie. Pero por mucho que me gustaría ayudar a Yu, no tengo derecho a interferir en los hechos, ni tampoco a cambiar el rumbo de las cosas.
–Lavi, eres un menso.–contestó Allen con una ceja arqueada.
–Lo siento, Allen. Pero las cosas conmigo no pueden hacerse de otro modo.
Allen necesitaba comprender, porque el deber del Bookman era muy diferente al del exorcista, y una obligación más complicada que la de un humano común. Guardó silencio al lado de Lenalee, pensando que era imposible descarrilar a su amigo de su decisión.
–Entonces, eso nos deja con Lenalee como la más fiable compañera de Kanda ¿no?
–De acuerdo.–asintió la muchacha.
–Iré... a echarle un ojo a Link.–Allen se estiró brevemente los brazos para levantarse del lugar que compartía con sus amigos.–Luego me iré a dormir.–dijo entre un prolongado bostezo.
–O si lo prefieres de otro modo, sube al sexto piso para saludar a Yu, otra divertida edición de 'Plática Sexual Educativa con Yu Kanda'.–dijo Lavi con una mueca burlona, antes que Allen le volviera una mirada casi de naturaleza asesina. Incluso Lenalee se rió por unos instantes. Allen le enseñó a lengua en un gesto infantil. Sólo les hizo reírse aún más, como en viejos días donde la preocupación no era lo suficientemente grande para acongojarlos al mismo tiempo.
Allen sonrió para sí mismo con éste pensamiento mientras se retiraba de la arena de entrenamiento, saludando de paso a su amiga Miranda Lotto.
Recordó las risas, las añoró por tanto tiempo que olvidó cómo eran realmente, y olvidó cómo era reírse por sí mismo, sin estar forzado a cargar una angustia adentro. Tenía tanto peso sobre su espalda, que ya no recordaba cómo era reírse sinceramente. Pero tenía éste sueño infantil, ésta esperanza idiota de que al final todos iban a ser felices, iban a sonreír y él les acompañaría al final de un atardecer de nunca-acabar. ¿Por qué seguía engañándose a sí mismo tan cruelmente?
Cuando regresó a la enfermería, para ir a ver de nuevo a Link, tal como prometió, no pudo evitar el darse cuenta de lo silenciosa que estaba el área. Había un par de buscadores en las otras camas, uno de ellos saludándole atentamente al verle entrar y el otro, cuyas heridas eran mucho más graves, dormía profundamente.
Howard Link permanecía sumido en una suave coma, su rostro dormía en paz a pesar de las serias magulladuras y vendas sofocantes. Según los médicos, Link sufrió además de daños en el estómago y riñón, varias fracturas en las costillas y el cráneo. Había sido particularmente afortunado en ésta ocasión, por la forma en la que el Akuma le atacó, pudo haber muerto.
Allen le contempló por un par de minutos, sentado en un tieso banco al lado de la cama, llamando el nombre de su inspector, ocasionalmente toqueteándole la cara y la mano para buscar alguna reacción en él. Nada.
Y entonces miró cómo entraban por la puerta principal una joven vestida de holgadas ropas carmesí y un sombrero con velo del mismo color. Notaba sus rizos dorados filtrarse debajo del velo, así que Allen dedujo que se trataba de Tevak, una de los Terceros Exorcistas. Al instante en el que ella entró, el joven albino pudo sentir su mirada acosándolo.
En silencio ella se acercó, del lado opuesto a Allen en la cama de Link, entonces se retiró el pesado velo, dejándolo al pie de las sábanas. Tevak miró con tristeza a Link por un largo rato mientras Walker no hacía mas que observar. No sabía qué decir exactamente. Sabía que Link fue alguna vez compañero de los Crow, pero de sospechar que había sentimientos auténticos de compañerismo entre ellos, jamás lo hizo.
Se sintió conmovido al ver a la jovencita rubia tocar con su nívea la frente de Howard, como si ella estuviera ignorando por completo a Allen. Ella se veía realmente deprimida.
–Déjame sola con él un momento.–murmuró Tevak sin mirar al otro lado.
–Sí, perdón, ya me voy.–Allen se levantó sin demora del banco y marchó hacia la salida.
–... Allen Walker.
–¿Mande?–se detuvo y volteó, pero ella seguía con su mirada hacia Link.
–Gracias.–dijo, denotando cierta dulzura rota en su clara voz.–Por salvarlo. Él... está así por culpa nuestra. Estábamos tan ocupados con el Akuma que casi lo dejamos a morir.
–Lo siento mucho.–repuso el británico, extrañado por ésta apertura sentimental.–Yo pude haber evitado que lastimaran a Link... No sabía que ustedes fueran amigos.
Quizás dejó sus palabras fluir con simpleza, como si en otros términos él estuviera diciendo: 'No sabía que ustedes fueran humanos.' Y a juzgar por la mirada castaña de la joven mitad Akuma, ella lo pudo identificar al instante. Sin embargo, su semblante permanecía sereno, sin emociones.
–Eres prejuicioso, Allen Walker.–respondió con frialdad.–Aunque ya no lo parezcamos, nosotros los Terceros seguimos siendo humanos.
–Lo sé, he sido algo receloso, y lo lamento... pero no lo puedo evitar. Simplemente no puedo.
–No eres tan abierto como aparentas. En realidad tienes la mente tan cerrada como todos los demás hombres. No tengas miedo de reconocerlo.
"¡Siempre tratando de ganarte la simpatía de los demás, cuando en realidad eres tan despreciable como cualquier otro humano!"
–¿Por qué dirías eso?
–Porque todos te hemos visto, todos te hemos escuchado. Comprendes que todos pensamos diferente en ésta guerra, pero no aceptas acciones que van en contra de tus principios, no tomas en consideración mentes ajenas, porque te da miedo desviarte de tu camino... ¿me equivoco?
–Tevak, realmente no sé de qué estás hablándome... Me voy yendo.–dio la vuelta, procurando irse lo más rápido posible, sin el orgullo para responderle a la joven de Crow.
Lo que lo hacía sentir mal, era el saber que ella, y Kanda, tuvieran el corazón para decir ésas cosas tan horribles de él. Eran palabras tan agresivas a su consciencia, que lo hacían de repente abrir los ojos y darse cuenta de lo ciertas que eran.
Siempre miró a una sola dirección: el hacerse Mesías y salvar a toda alma pecadora de la devastadora guerra. Akumas y humanos, buenos o malos, Allen no pensaba y solamente era impulsado a socorrerlos... ¿y entonces quién era el malo? ¿a quién podía realmente matar y dejarle pudrir en el infierno?
Al Conde Milenario.
Era tan contradictorio para él pelear con los miembros de Noé, puesto que ellos eran los letales aliados del Conde y amenazaban la vida de sus amigos... sin embargo, poco a poco, batalla tras batalla, Allen llegó a cuestionarse: ¿valía la pena quebrar su promesa de no matar humanos para acabar con los Noé de una vez por todas? ¿merecía consideración el sacrificar cosas valiosas con el fin de salvar al mundo?
Esto es lo que Tevak le trató de indicar. Allen se cerraba ésas opciones, no porque él fuera limpio de corazón, sino que... quería limpiar su propia alma. No deseaba cargar con la muerte de otro ser humano, si apenas pudo tolerar la muerte de Mana...
Caminó cabizbajo, quemándose de vergüenza por dentro, mientras sentía a su Timcanpy enroscar su larga cola áurea alrededor de su cuello y su suavecito cuerpo de burbuja lo apachurraba al costado de su mejilla. Era la propia forma de Timcanpy para demostrar su afecto a su amo. Pero Allen apenas respondía al cariño de su gólem de oro, porque, aunque todo el tiempo él le acompañaba a cualquier lugar, últimamente le había puesto muy poca atención. A veces incluso sentía que no estaba ahí.
Allen tomó con sus manos a Timcanpy, mirándole fijamente aunque no tuviera ojos en sí. Pero sabía que Tim podía mirarle con mayor claridad que otra persona.
–¿Soy una horrible persona?–murmuró Allen, profundamente entristecido. Timcanpy por esto tomó vuelo nuevamente e intencionalmente se dio un tope contra la frente de su amo, lo cual le dejó una notable marca rojiza.–Sí, lo sé. ¿Qué clase de amo soy yo para preguntarte eso?–rió sobándose el golpe.
Eran éste tipo de ocasiones en las que Allen se agradecía de que su gólem no pudiera hablar... o si no, estaba seguro de lo salaz que sería su lenguaje.
Caminando a la par del vuelo de Timcanpy en dirección a su habitación, notó que alguien de distancia le había estado siguiendo, no que fuera secreto, porque aún era temprano para irse a dormir. Cuando el albino miró tras él, vio que Lenalee Lee estaba caminando justa hacia él.
–¿Qué pasa, Lenalee?
–No pasa nada, yo sólo pensé que también me debía acostar temprano por hoy.
–Ah, perdón, yo creí que me estabas...–pausó antes de soltar un término ofensivo.–No importa. Buenas noches, entonces.
Ella sonrió a duras penas y dio vuelta a la derecha, donde estaban las escaleras, pero en un instante, antes de que el rojo tacón pisara el primer escalón, ella de nuevo dirigió su mirada al muchacho inglés, con una mirada algo tensa circulándola.
–Allen, hay algo que quería hablar contigo...–dijo, no para sorpresa de Allen.–Pero no estaba segura de cómo decirlo.
–¿Quieres hablar de eso aquí?
–No, lo siento, pero aquí no es el lugar más apropiado... Sólo quiero saber... ¿recuerdas lo que pasó aquella vez afuera de la enfermería?
–... ¿De qué quieres hablar?
–Quiero que me digas... ¿estabas tú hablando en serio? ¿tú sabes para qué?–notaba los suaves énfasis que ella hacía en ésas palabras insignificantes, sabiendo que en cualquier momento alguien más les estaría vigilando.
Pero... ¿qué trataba de decirle?
–No entiendo.–respondió Allen.
–¿No te acuerdas? Entonces... no piensan igual.–otra vez usaba ése hincapié en las palabras, pero a Allen le tomaba un par de segundos en analizar las palabras para realmente darse cuenta. Alguien excluido de ésta conversación juzgaría los diálogos de Lenalee como sin-sentidos.
Poco a poco, Allen comenzó a comprender lo que ella decía. Intentaba hacer referencia a la sombra que habitaba en su buen amigo. Habían dejado irresoluto el asunto de la vez en la que Decimocuarto la emboscó a ella... y hasta ahora, ambos jóvenes no habían discutido ampliamente del tema. Allen entonces notó la ansiedad derramada en las oscuras irises de la exorcista.
Pero era la misma ansiedad que él reflejaba a sus ojos. Los negros espejos lo estaban reflejando a él.
Suspiró con sutileza y cerró sus párpados por un segundo para frenar su paranoia.
–¿Quieres... Lo podemos hablar otro día?–preguntó, sin querer su voz temblaba. Mientras más tiempo sostenía con Lenalee ésta incómoda conversación, como si ambos estuvieran rodeados por una presencia pécora de serpiente invisible.
–Allen, yo no quiero hablarle.–respondió la joven china, mordiéndose los labios.–No dejes que él vuelva y me hable, por favor.–tras esto, ella se marchó subiendo las escaleras con rapidez.
Ésta plática no tuvo buenos frutos al final; solamente le había ayudado a sentirse más débil e inferior. Ni siquiera el brusco consuelo de Timcanpy movió al muchacho de canos pelos a superar con mayor facilidad lo que acababa de digerir. No sólo dejó que Decimocuarto lastimara a Lenalee; algo estuvieron discutiendo, y el no saber de qué trataba, comenzaba a torturarlo por dentro.
Vagó por unos momentos más alrededor del piso donde estaba su dormitorio, tratando lo mejor posible de no pensar en ello. De no pensar en sí. Y entonces cayó sentado contra el exterior de la puerta de su habitación mientras con sus vacíos ojos contemplaba el techo de vitrales, ignorando a cualquier pasante mientras se fijaba cómo la luz lunar comenzaba a iluminar con su blanca magnificencia el mosaico del piso. Era casi una sensación mágica el poder observar tan hermoso cambio de colores radiantes a colores puros.
Era tranquilizante el sentimiento de no estar pensando en lo absoluto. Dolía pensar, desde siempre. Pensar era malo.
Y sin un propósito en específico, al estirar sus piernas en el suelo, el adolescente comenzó a cantar:
"Entonces el pequeño niño cayó en un profundo sueño... Tragado entre las cenizas de las llamas incandescentes, una por una salen a ver ése querido perfil. Miles de sueños vuelan sobre la tierra, así como tus plateados ojos tiemblan, entonces un brillante 'tú' renace después de miles y millones de años... No importa cuantas bendiciones sean regresadas a la tierra, yo continuaré rezando para que tú puedas recibir ése amor. Dale a éste niño con las manos unidas un beso..." (2)
Ésa canción había sido transplantada a su cabeza por Mana Walker, mientras el pequeño niño pensaba que estas enseñanzas solamente se trataban de un juego inofensivo que compartía con su padrastro. No creyó jamás que esto en realidad sería una de las llaves que lo encerrarían dentro de un destino tan cruel, el de ser hospedaje del Decimocuarto. Sabía que ésta canción fue intencionada como una nana, pero Allen encontraba un significado doloroso entre ésta letras.
Cantaba sin activar la habilidad del Arca que le correspondía, en murmullos más silentes que los suspiros de un roedor. Sus ojos comenzaron a apagarse al ritmo que repetía una y otra vez ésa canción de cuna para sí mismo. Entonces lo vio, en aquel barandal del piso más alto, dos ojos que emanaban una oscuridad indescriptible, perforados en un rostro blanco de un fantasma y estaban fijos sobre él.
Los ojos de Kanda siempre eran inexpresivos y negros, pero ésta noche estos le dignaban una repulsión casi compasiva, no de odio ni agresión, como solía siempre ser. Esos ojos de almendra le incitaban a levantarse y dejar de tenderse cual miserable niño que era. Naturalmente, no cuestionaría las razones de Kanda para que le fastidiara tanto el verle así; si algo le molestaba a Kanda era porque le molestaba, a secas.
Allen se levantó de su adormecido trasero y entró por la puerta de su cuarto, sin desear alimentar más ésa negra furia de Yu Kanda, quien le había vigilado igual que un halcón desde su gris balaustre.
Su cálido dormitorio estaba completamente oscuro. Justo después de volverse a su cama, se dejó caer en su almohada. Tenía su mente tan atascada de cosas que le dolía la cabeza, y lo único que deseaba era dormir.
Volteó su cara a su izquierda y extendió sus brazos hacia arriba, bostezando pesadamente mientras se acomodaba en la superficie suave de su cama. Inhaló por la nariz, detectando ése desagradable olor familiar proveniente debajo de su axila.
"Mañana tengo que bañarme temprano." se dijo a sí mismo mientras sus párpados blancos se caían flojos, cerrando las ventanas de sus grises ojos. Respiró hondo nuevamente, sintiendo que se dormiría en cualquier segundo, pero siendo incapaz de conciliar el sueño, ya que su mente permanecía perturbada.
Timcanpy seguía ahí, volando fielmente a su lado, como si con su larga cola esponjosa de oro intentara evitar que su amo durmiera.
–¿Qué quieres, Tim?–el pequeño gólem enseñó su boca dentada de colmillos blancos, arrojándole aliento caliente, intentando comunicarle algo. Allen entendía qué.–Lo sé, necesito saber qué fue lo que pasó con Decimocuarto ¿no? Pero luego por eso no podré dormir ¿sabes?
9 de Julio
Su cabeza estaba en las nubes, era como estar sentado ahí, pero estar ausente en espíritu. Allen simplemente no pudo dormir, tampoco podía hacerle un poco de honor a su estancia en la arena de entrenamiento y ponerse a calentar con algún ejercicio. Simplemente no era hoy su día.
Allen observó brevemente a Timcanpy una vez más, que fue a volar sobre él en círculos un par de veces y estacionó su pequeño cuerpo sobre la cabeza albina. El muchacho suspiró cansado, posando su codo sobre la rodilla mientras descansaba su cara sobre el puño. Solamente estaba de espectador mientras los demás amigos estaban entrenando y sudando a gota gorda. Le daban demasiadas jaquecas como para disponerse a entrenar hoy.
Repentinamente, algo fuerte y rudo golpeó su nuca, haciéndolo caerse de bruces en el suelo. Fue un acto innecesariamente violento de parte del 'quien fuera hijo de perra' que lo acababa de golpear.
–¡Si no vas a entrenar, entonces lárgate y deja de estorbar!–bramó groseramente la voz de otro exorcista, a quien pertenecía la patada propinada a la cabeza de Allen Walker.
–Juro que un día te hago pagar todo, Kanda idiota.–sonrió Allen mientras se reincorporaba del suelo rápidamente, reponiendo su guardia, mirando fijamente los ojos negros de Yu Kanda, que tenía una expresión de desafío en su cara dura. Tenía una sonrisa despectiva en su pálida cara larga.
–¿Vas a pelear o a charlar como marica, moyashi?–preguntó agresivamente Kanda mientras presumía la disposición de sus musculosos brazos para hacerlo trizas en una ronda porvenir.
–Te arrancaré ése pelo de vieja con mis propias manos ¿me oíste?–rió el exorcista más joven, abanicando sus brazos, disponiendo la soltura de sus piernas, preparándose para pelearse con su rival favorito.
El día de hoy, Kanda había amanecido de muy buen humor, pensó el joven albino mientras esquivaba una patada voladora. Sin explicárselo, en cuestión de segundos, se sintió repleto de energía, completamente revitalizado.
"Gracias, idiota."
(1).– Cuota de Allen en el capítulo 14 del manga, al querer proteger a Lala y Guzol, y Kanda le cuestiona la razón por sacrificarse por unos extraños.
(2).– Yo misma me puse a traducir las letras de la canción del Músico en el manga. Ya sé que está en prosa y no todo está parecido a la letra original, pero quise intentarlo.
N/A: Aunque me duela, tuve que quitar ésa escena entre Road y Allen. Tal vez debería intentar ponerlos como pareja en otra ocasión distinta y no aquí...
