Disclaimer: The Twilight Saga, así como sus personajes, pertenencen a Stephanie Meyer. La trama es mía, así como algunos personajes :D
Between a Vampire and a Werewolf
IX. La Cita
Lizzie POV
El paseo por el bosque comenzó con un silencio muy incómodo. No sabía cómo iniciar una conversación con un vampiro. Afortunadamente, él rompió el silencio:
- ¿Cómo diste con los Cullen? – preguntó Alec sin mirarme.
Le conté muy resumidamente cómo me uní a la familia.
– Ya veo… – fue su única respuesta.
Esta cita iba de mal en peor. ¿Por qué ni siquiera podíamos mirarnos a los ojos? Caminamos otro rato en el mismo silencio incómodo hasta que dimos con el mismo claro dónde Alec me había rescatado. El sonido del agua chocando con las rocas era el único sonido que se escuchaba.
Me senté debajo del mismo roble de aquella vez, me parecía que habían pasado meses pero sólo habían pasado dos días.
– ¿Quién te atacó? – inquirió Alec de repente.
Se sentó a mi lado pero mirando en dirección contraria.
– No veo el objetivo de que tú lo sepas.
– Para mi tiene un objetivo.
Me giré para mirarlo en el mismo instante que él hacía lo mismo. Sus ojos tenían un extraño color, no eran de su habitual rojo escarlata. Sin embargo, resultaban igual de hipnotizántes.
– Un vampiro me persiguió. – confesé.
– ¿Sabes quién es?
– No lo sé. – mentí.
Algo en mi interior me decía que Alec no debía saber que Dimitri había tratado de matarme. Nos quedamos mirando un buen rato hasta que yo dije:
– ¿Por qué me salvaste? – la pregunte me salió sin yo pudiera evitarlo.
Guardó silencio un momento.
– En realidad, al principio no lo sabía. Pero ahora me doy cuenta que fue por convicción propia.
– ¿Convicción propia?
– Yo quería salvarte.
Se me hizo un nudo en la garganta. Alec, el vampiro despiadado, no era tal cosa. Él había querido rescatarme, nada ni nadie lo había obligado.
– Supongo que es raro que alguien como yo diga eso. – comentó al ver mi expresión.
– ¿No extrañas tu vida en Italia? – cambié de tema.
– En absoluto. – respondió con una sonrisa.
– ¿Y tu hermana?
Ness me había dicho que Alec tenía una hermana gemela, que era tan, o tal vez más, poderosa que él.
– Jane. – Suspiró – Supongo que empieza a hacerme falta.
Sus ojos eran la cosa más atrayente para mí, eran como una caja de sorpresas. Quería descifrar todos los secretos que guardaban. Me entró una curiosidad enfermiza por saber todo de Alec, todo. Por lo que pregunté:
– ¿Cómo llegaste a ser un Vulturi?
Su mirada antes cálida se endureció y su mandíbula se tensó. Era la pregunta equivocada.
– No tienes por qué decirme si no quieres. – trate de arreglarlo.
– No es muy interesante. – se giró para dejar de verme.
Eso era un no, obviamente. De nuevo vino el silencio incómodo.
– ¿Qué pensaste cuándo te rescate? – preguntó Alec aún sin mirarme.
No me la esperaba.
– Al principio pensé que eras Di… el vampiro que me perseguía. – por poco y lo arruinó.
– ¿No pensabas luchar para que no te matara? – se giró y me miró. Sus ojos ardían. – SI yo hubiese sido ese vampiro, ¡¿Te hubieras dejado matar así como así?!
– ¡Tú no sabes todo lo que luche por permanecer viva! Estaba al borde de un colapso pero sin embargo seguía corriendo. – le reproché.
– Igual tú te lo buscaste. – habló Alec molesto. – Si no tuvieras un humor de perros, no te habría pasado nada.
– ¿Yo soy la culpable? ¡Por tu culpa me pegaron el regaño de mi vida! – Me puse de pie – ¡Por tu maldita culpa me fui ese día al bosque!
Esa última parte no era cierta, yo me había ido porque quería; pero me puse tan furiosa de repente con Alec por reclamarme, que lo dije sin pensar.
– ¡Pues perdón por arruinarte el día! – Alec se levantó de debajo del roble.
Quedamos frente a frente, a escasos centímetros. Podía sentir su respiración en mi frente (Alec era más alto que yo, por una cabeza) y de seguro él oía el latir alocado de mi corazón. Su mirada tenía un sinfín de emociones mezcladas y resultaba más atrayente aún.
Di un paso hacia él y nuestros cuerpos se rozaron. Alec se acercó un paso más y quedamos pegados. La cercanía de su cuerpo me resultaba imposible de evitar, era como si él fuera un imán para mí.
Noté como su respiración se aceleró, igual como lo hizo la mía. Baje la mirada hacia sus labios y la subí de nuevo a sus ojos. Una mano de Alec tomó mi cintura y me mantuvo pegada a su cuerpo mientras la otra tomaba mi nuca. Acercó su rostro al mío y, al igual que el día que me rescató, su olor era embriagante. Su aliento me cortaba la respiración. Cerré mis ojos rundiéndome ante él.
"¡¿Qué estás haciendo?!" Me gritó una vocecita en mi cabeza "¡Reacciona! ¡Él no es lo que tú piensas!"
Abrí mis ojos y encontré con los de Alec también abiertos. Al mismo tiempo, ambos nos separamos de golpe. Le di la espalda y empecé a respirar y a exhalar. Esto no podía estar pasando.
– No puedo…– dijimos al unísono.
Nos giramos al tiempo con la misma expresión de confusión. Nos quedamos unos segundos en silencio.
– Tú… – susurró Alec mientras me miraba de una forma que no pude determinar.
– Creo que deberíamos volver. – dije perdiéndome en sus ojos de nuevo.
Alec caminó hasta mí, tomó mi mano y emprendió la marcha hacia mi casa. El contacto de su piel fría y dura sobre la mía, provocaba un cosquilleo incesante en mi mano, mi brazo y podría decir que en todo mi cuerpo. Este chico iba a terminar volviéndome loca.
Llegamos a mi casa media hora después y sentí como Alec se tensó. Al entrar se encontraban Reneesme con Jacob en la cocina. Seth estaba viendo televisión en la sala.
– Mi querida humana fenómeno, ¿Te encuentras hoy de buenas pulgas? – me saludó burlón Jacob cuando entramos a la cocina.
– Querido Jake, para ti siempre estoy de malas pulgas. – le sonreí.
Ness no me miró, seguía molesta. Sonreí a medias. Reneesme se comportaba de la misma forma desde que éramos pequeñas; cada vez que se ponía molesta conmigo, ni me determinaba.
– ¿Desde cuándo tienes a un chupasangre como novio? – preguntó Jake al verme cogida de la mano con Alec.
Alec y yo nos soltamos instintivamente. Seth dejó de mirar la televisión y Reneesme enarcó una ceja molesta.
– No somos nada Jacob Black – afirmó frío Alec y salió de la cocina.
Sus palabras, aunque no deberían, me dolieron.
– ¿Qué tienes Liz? – Seth me abrazó por atrás.
Me solté de su abrazo, incómoda.
– Nada Seth.
– ¿Dónde estabas? – preguntó cruzándose de brazos.
– No es de tu incumbencia.
– Ya veo que no. – se enfurruñó y se fue de nuevo al sofá.
Suspiré.
Alec POV
Subí las escaleras hacia mi habitación y al llegar, me tiré bocabajo encima de la cama.
¿Por qué esa humana me resultaba tan irresistible? ¿Por qué me la dolía la verdad? Porque la verdad era que nosotros nunca podríamos ser nada. Eso era un imposible. El recuerdo de nuestro paseo en el bosque me empezó a perseguir: sus inconfundibles ojos grises, su piel de porcelana, su hálito cálido, sus labios rosáceos…
Me levanté bruscamente de la cama, pensar en que estuve a punto de besarla por segunda vez, me confundía. Pero esta vez había sido diferente, está vez ella estaba consciente y ella también quería ese beso.
¿En realidad lo quería o yo me lo estaba imaginando? Pateé la mesita de noche de pura frustración y esta quedo con una hendidura. Esa insignificante humana se estaba convirtiendo en algo muy especial para mí y no permitiría que pasara eso.
Escuche unas voces debajo de mi ventana y sigilosamente me asomé; eran Elizabeth y Seth. Una rabia desconocida para mí me invadió cuando lo vi abrazándola por la cintura y no dudé en bajar. Era un comportamiento irracional pero esa rabia me controlaba. Salí por la puerta de la cocina y me oculté detrás del árbol más cercano.
¿Qué diablos me pasaba? Me estaba comportando como un maniático. Se supone que ella no me importaba en lo más mínimo y, sin embargo, estaba ahí espiándola. "No seas estúpido" me recriminé. Me disponía a irme cuando la conversación que sostenían Elizabeth y Seth atrajo mi atención.
– Lizzie, tú sabes lo que siento.
– Seth… yo. – Elizabeth suspiró – Seth, yo no puedo verte de esa forma. Tú para mí no eres eso.
– ¿Pero el estúpido vampiro sí? – inquirió el perro molesto.
¿Yo le gustaba a Elizabeth? Si era así, estaba seguro que ella me gustaba más a mí que lo que yo le gustaba a ella. Salí de mi escondite.
– Alec… ¿Qué haces aquí? – preguntó nerviosa Elizabeth soltándose del abrazo de Seth.
– Iba a dar una vuelta. – mentí.
El perro me dirigió una mirada asesina y yo se la devolví. Este tipo me sacaba de casillas y más aún cuando podía estar cerca de Elizabeth, cosa que yo no podía hacer.
– La próxima semana va a haber una fogata para la manada, ¿vas a ir? – Seth preguntó ignorándome.
– Sí… a menos que Nessie siga molesta conmigo y no me lleve. – sonrió la humana.
Elizabeth me dirigió una mirada que no supe interpretar y se fue en dirección a la casa.
– ¿Por qué Lizzie dio un paseo contigo hoy? – inquirió posesivo.
– Metete en tus asuntos, perro. – respondí mostrando mi desagrado por él.
– Si llegas a hacerle daño, te juro que… – me amenazó.
– No tienes por qué preocuparte, yo no le voy a hacer nada. – y salí corriendo hacia el bosque.
Corrí unos cuantos kilómetros y regresé a la casa Cullen. Subí a mi cuarto sin fijarme quien estaba en la sala, no tenía ganas de ver a nadie. Cuando llegué a la puerta de mí cuarto, me giré hacia la de Elizabeth; se escuchaban sollozos.
Abrí la puerta y me encontré una sollozante Elizabeth. Casi sin pensarlo, corrí hacia ella y la tomé en mis brazos. Su cabeza terminó recostada en mi pecho.
– ¿Alec? – me miró confusa.
– No llores… – dije mientras besaba su frente.
Su llanto era insoportable para mí.
– Elizabeth, no llores. Dime qué te pasa. – continué.
Hizo una mueca.
– Llámame como quieras pero no Elizabeth. – aclaró.
– ¿Por qué no? – Elizabeth me parecía un nombre hermoso, muy propio para ella.
– Me recuerda mucho a mi madre biológica y eso me hacer pensar en tiempos tristes para mí.
Guardé silencio ante su respuesta, pensando en cómo debía decirle. Lizzie o Liz, como la llaman todos me parecía muy trillado, yo quería llamarla de manera especial. Que ella supiera que sólo yo la llamaba así.
– ¿Te gusta Eli?
– Sí. – me regaló una despampanante sonrisa.
Miré sus ojos color gris y su magia me invadió.
– ¿Por qué lloras? – insistí, no permitiría que nada la haga sufrir.
– Porque hago sufrir a las personas que están cerca a mí.
La miré sin comprender. Liz hizo ademan de levantarse y yo la solté. Caminó hasta su balcón y luego giró y me miró.
– Alec, yo soy egoísta con una persona muy importante para mí.
– ¿Egoísta?
– Sí, egoísta. Soy egoísta porque no quiero darle lo que él pide.
¿Lo que él pide? Ya me imaginaba de quién hablaba.
– ¿Lo dices por el perro? – pregunté con desdén.
– Sí.
Ella no me quería a mí, sino al perro ese. ¿Por qué había sido tan estúpido de permitirme esperanzas? Era obvio que Eli no se fijaría en mí.
– Ya veo. – dije sin mirarla y salí de su habitación.
Entré a mi cuarto y pude escuchar cómo Lizzie empezó de nuevo a llorar. No tuve la fuerza para ir de nuevo con ella, no cuando empezaba a quererla de esta forma enfermiza.
¡Hello!
Primero que todo: ¡SORRY! Perdón por demorarme tanto en subir este capítulo, pero ya entré a estudiar ¬¬ y ya empezaron a dejarme tareas. Además estos días he llegado a dormir y el capítulo lo escrito sólo de noche. Por lo tanto, creo que subiré un capítulo semanalmente, o tal vez dos xD. Prometo dedicarle unos minutos (por lo menos) al fic diariamente: así tendré el capítulo semanal más fácil.
Gracias por sus reviews a: LiahDragga , MelxCullenxHale
Gracias por su paciencia :P
Hugs,
Paula
