La academia en la que estudian sabe de la existencia de estos "monstruos". Kou ayuda a Mimi en su búsqueda. La oscuridad envuelve a Hikari y la deja atrapada en un mundo donde la esperanza ya no existe, ¿era esto lo que deseabas?


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10. Digital Monsters


Bajaron por una puerta secreta que jamás habían visto, dentro se podía apreciar una instalación de lo más moderna.

"¿Sorprendidos?" – río Ryo al ver la expresión de incredulidad de Yamato y Sora. Acerco el rostro a una especie de identificador que estaba al lado de una gigantesca puerta. El artefacto sólo dijo "Digi-digi" a lo cual el castaño respondió con un "Mon-mon". Tras finalizar el scanner y comprobar que se trataba de Akiyama Ryo, la puerta se abrió.

Si ya lo de antes los había dejado perplejos, lo que vieron ahora los dejó sin habla. Era una sala llena de computadores de última generación, al medio se encontraba un gran tubo fosforescente que en ese momento servía de pantalla: en pequeños cuadros mostraba la situación en distintas partes del mundo.

"¿Q-qué es eso?" – preguntó Sora al ver cómo del cielo y de otros lugares salían criaturas que jamás hubiese imaginado que existían.

"Digital Monsters, o Digimon para abreviar" – le contestó un joven pelirrojo sentado en una silla que tenía la facilidad de moverse a todos lados: arriba, abajo, a la derecha o izquierda según lo necesitara. Era joven, casi de la misma edad que ellos.

"Él es Izumi Koushirou" – presentó Ken mientras entraba seguido de Miyako y Daisuke – "¿Cómo está la situación?"

Izumi negó mientras se frotaba la sien – "No te mentiré, estamos sobrepasados"

"Yo y Jenrya saldremos de inmediato, prepara un portal para que Renamon y Terriermon vengan a ayudar" – La amatista se colocó una funda en el muslo derecho mientras que Lee repetía la acción pero en su torso. Rápidamente, cogieron una especie de cartas de un maletín y se introdujeron en un cubículo transparente cada uno. En un momento, Izumi apretó las teclas adecuadas para forzar la apertura de un portal, oyeron a la pareja gritar "Matrix Evolution". Para sorpresa de los recién llegados, en el sitio donde antes estaban sus profesores aparecieron 2 criaturas que respondían al nombre de Sakuyamon y Saintgalgomon, ambos desaparecieron cuando el pelirrojo abrió las compuertas que conectaban con el exterior.

"Miyako, deberías de cerrar la boca, te va a entrar una mosca"

La aludida sintió las mejillas enrojecer – "Pues tú también" – le dio un certero golpe en el mentón al de los googles, quien se sobo adolorido. Akiyama murió de risa al ver que podían seguir bromeando en una situación así, Izumi le dirigió una mirada de hielo.

"Ya, ya, ya voy" – al momento siguiente, Justimon salía a ayudar.

"Bien, creo que hay mucho que debemos de explicarles, ¿no es así Taichi? ¿Ken?" – Ambos asintieron al sentir la mirada del pelirrojo – "No puedo demorarme contándoles los detalles, así que iré directo al grano… necesito que vayan al mundo digital y encuentren a sus compañeros digimon"

"¿Q-qué?.. Pero-"

Izumi cayó a Miyako con una sola mirada indicándole que no debía de interrumpir – "Yagami Hikari es el pilar que ha mantenido hasta ahora la estabilidad entre este mundo y el digital, en reemplazo del pilar anterior. Cuando ella asumió ese rol tenía tan solo 10 u 11 años, aún demasiado inmadura para recibir tal responsabilidad."

Muchos de los presentes quisieron replicar ante tal revelación, ¿Hikari el pilar que mantiene el equilibrio? Parecía sacado de una película de ciencia ficción. El pelirrojo movió la cabeza sin reprocharles su sorpresa, pero de igual forma les pidió que intentaran procesar todo lo que les iba a contar a partir de ese momento de la mejor manera posible: lo que saliera de su boca, sería la más pura y completa verdad, y no, no estaba loco.

"Espera, coincide con el incidente que afecto a los aparatos de comunicación" – reflexionó Sora.

"Así es" – continuo Ken – "Cuando el antiguo pilar murió, Hikari sólo tenía 8 años y estaba recién desarrollando sus poderes, por lo cual la academia demoró dos años en encontrarla. En ese lapsus de tiempo se produjo una pequeña fisura que permitió que miles de Kuramons, digimons con forma parecida a una medusa, se infiltraran en las redes mundiales. Causó estragos en todo tipo de comunicación y pese a nuestros esfuerzos, aún hay algunos que deambulan por allí."

"¿Y los temblores?" – preguntó Miyako sin poder contenerse, mirando con un poco de miedo al pelirrojo, que para alivio de ella, esta vez no le reprocho su interrupción.

"De vez en cuando los portales se abren, y los digimons malignos aprovechan esas instancias para hacer de las suyas en el mundo real. Es por eso que se creó la academia, si ven en los monitores, aquellos que están peleando, o son profesores o alumnos de aquí. Cada parte del mundo opera con el mismo sistema." – Decía Izumi sin dejar de enviar instrucciones y de teclear en los distintos computadores – "Cada vez que detectamos una entrada no autorizada, la computadora central nos da aviso, y de aquí nos encargamos de coordinar la salida de una unidad, la cantidad depende del nivel de peligro del digimon"– el pelirrojo tuvo que abandonarlos un momento debido a un pedido de auxilio.

Ken continuó explicando – "Como dijo Koushirou, la mayoría de los que viene no tiene buenas intenciones, por lo cual muchas veces terminamos enfrentándonos. De ahí el ruido que han sentido alguno de ustedes antes de que ocurra un temblor, y el motivo del temblor mismo: son debido a los ataques de éstos. Sin embargo, sólo los elegidos pueden darse cuenta de esas cosas"

"Entonces, la figura que vi en ese edificio es la de un digimon"

Taichi asintió quedadamente – "El día de la tragedia, Mamá y Papá no estaban en la casa de unos amigos celebrando, estaban ayudando a los de la academia a retener a un digimon muy peligroso llamado Diaboromon. Ellos no tenían un compañero digimon o algo por el estilo, pero mamá tenía cursos en enfermería por lo que se encargaba de curar a los heridos. Papá sólo sabía hacer cosas de oficina, pero no quería quedarse de lado, así que se encargaba de llevar a los enfermos. No son los únicos ni los primeros, si se fijan, en esta sala muchos de los que están detrás de los computadores tampoco tienen un digimon, pero están aquí ayudando"

Yamato colocó una mano en el hombro de Taichi para animarlo a seguir.

"Desde que se enteraron de que Hikari era especial, que yo tenía un compañero Digimon y les contaron todo lo que hacían, decidieron hacerse partícipes activos. Hace un año atrás, me imagino que era otro caso más para ellos, pero nadie pensó que las cosas se saldrían de control de esa forma, no era común ver a uno de tipo mega y menos con tal predisposición a la crueldad." – el castaño se estremeció, aunque no había presenciado los hechos en sí, tuvo que ir al reconocimiento de cadáveres para constatar que se trataba de sus padres. Le dieron arcadas al recordar cómo habían quedado sus cuerpos. Sora fue de inmediato a su lado al ver su estado y le masajeó la espalda sin encontrar qué decir.

"Si yo… si yo hubiese sido más fuerte, ¡si no hubiese intentado huir…!" – Ken apretaba sus puños sin poner contener la ira, pero sobretodo la impotencia que sintió en ese momento, que aún sentía en la actualidad. Jamás se lo perdonaría.

Taichi se incorporó con ayuda de su amiga – "Te he dicho mil veces que no fue culpa tuya" – lo reprochó, pero el pelinegro no lo escuchaba y el castaño sabía que no importaba qué dijera, él jamás dejaría que la culpa lo abandonara.

El ambiente se volvió tenso, costaba respirar y a través de los monitores se podía ver que las cosas no parecían mejorar. Pese a que la mayoría de los aliados era de nivel mega, el número de enemigos predecía una batalla larga de desgaste.

"¡Oigan! ¿Conocen a esa chica?" – Izumi rompió el silencio, con un movimiento de los dedos agrandó una de las tantas imágenes que monitoreaban el exterior. En él se apreciaba una niña de más o menos su edad huyendo. Tenía un singular cabello rosado decorado con estrellas.

"¡Mimi!" – gritaron todos al unísono.

Koushirou se llevó el pulgar a la boca y se mordió la uña – "No tenemos personal suficiente como para mandar a alguien allá" – corroboró con sus compañeros.

"¡Yo voy!" – se ofreció Ichijouji.

El pelirrojo negó – "Por esta vez no voy a escucharte. Aún no te recuperas de tu última misión"

El pelinegro iba a alegar una vez más pero Taichi se interpuso – "Koushirou tiene razón, siempre te estás sobre-exigiendo. No es necesario que lo hagas, mis padres no van a volver aunque termines rompiéndote todos los huesos" – No buscaba con ello recriminarle por el pasado, pero si quería que él dejara de ser tan imprudente, era hora de ponerse serio, no podía seguir huyendo y haciéndose el tonto. Por culpa de no querer ver la realidad, su hermana había desaparecido.

"No me queda de otra, iré yo" – dijo por fin Koushirou.

"Pero… si tú te vas, ¿quién se ocupara de este lugar?" – Preguntó escandalizada Miyako, a lo que el pelirrojo sonrió y la apuntó con el dedo – "… ¿eh?... ¿EEH?"

"Ken se ocupara de llevar a los demás al Digimundo, Miyako ocupara mi lugar y Taichi le ayudará"

"No, yo también iré al Digimundo" – Ken y Koushirou lo miraron incrédulos – "Lo sé, pero mi hermana ha desaparecido, sino hago todo lo que puedo no podré volver a mirar a la cara a mis padres"

"Ella no está ahí" – apuntó el pelirrojo.

"No va por ese lado, Takeru está con ella, aunque no estoy nada de feliz por dejarla en manos de otro, estoy seguro que a su lado estará a salvo. Cuando vuelva no quiero que vea una ciudad destruida, buscaré a Agumon y ayudaré a defender este, que es nuestro hogar" – Ambos asintieron al ver la seguridad del mayor de los Yagami. Sora también se impresionó, hace mucho tiempo que los ojos de Taichi no brillaban de esa forma.

"Bien, habrá que hacer cambio de planes. Shuu te proporcionara apoyo. Cuento contigo"

Ella lo miró insegura, había visto al pelirrojo ocupándose de muchas cosas a la vez que les explicaba la situación. Koushirou relajó las facciones y le colocó una mano en el hombro.

"Conozco tus habilidades, Yolei… Yo soy Izzy" – Ella se llevó las manos a la boca sin poder creerlo, Yolei era el nickname que utilizaba en Internet. Y si él decía la verdad, entonces…

"Pero ¿por qué me ayudaste esa vez? ¿Por qué dejaste que encontrará el video de esa noticia? Pensé que era algo confidencial."

"Y lo es, pero tras un par de averiguaciones, descubrí que tú eras Yolei, también me enteré que conocías a Hikari y pensé que si tenías esa información, podrías llegar a ayudarla a superar sus trabas"

La pelimorada miró al suelo cabizbaja – "No pude ser de mucha ayuda, Hikari desapareció y no sé en dónde está"

"Ahora puedes ser de ayuda" – Ella levantó la mirada sin comprender – "Si protegemos este mundo, la carga para Hikari será mucho menor. Tú tienes una gran cualidad que es la curiosidad, ella te impulsa a lograr lo que te propongas. El conocimiento ya está en tu interior, sólo confía en ti" – Miyako sonrió lentamente, hasta la mirada le cambió. Si podía ser de ayuda, haría todo lo que estuviera a su alcance.

"Pero... ¿cómo saben que nosotros somos los indicados?" – Sora tenía esa pregunta atorada en la garganta desde el momento que escuchó que debían ir al Digimundo.

Para despejar toda duda, Izumi apretó un pequeño botón rojo que estaba a su costado. Se abrió una compuerta en el techo, y del cielo cayeron unos pequeños bloques de cristal. Al principio todos se cubrieron esperando el impacto, pero luego de abrir lentamente los ojos, se encontraron con que cada uno tenía un pequeño bloque flotando alrededor.

"Este es el trabajo de arte que nos pidió el profesor Matsuda" – recordó Miyako al ver que en el interior del cristal, levitaba la figura de arcilla que le había costado tanto terminar.

"Esa no es cualquier arcilla. Si ustedes de verdad son parte de los elegidos, ahora lo sabremos" – el pelirrojo les indicó a cada uno que tocara su bloque. Con apenas un roce, una luz de distinto color para cada uno salió del cristal. Las figuras se resquebrajaron y de adentro apareció un artefacto que se posiciono en las manos de sus dueños.

Koushirou sonrió – "Ya ven que no me equivocaba"

"¿Qué es esta cosa?" – preguntaba Daisuke apretando los botones del curioso objeto, pero como no pasaba nada, comenzó a agitarlo diciendo que el suyo no funcionaba para susto del pelirrojo. Miyako y Yamato lo golpearon para que dejara de hacer estupideces, tras comprobar que el aparato estaba bien, Koushirou suspiró aliviado.

"Esto es algo muy valioso y único para cada portador, por ello repararlo es difícil, por no decir imposible" – le dirigió una mirada de reproche al chico de los googles – "Se le conoce como digivice, el modelo cambia dependiendo del sujeto pero sus funciones son las mismas. Les servirá para encontrar a su Digimon, aunque ustedes sabrán quiénes son; las figuras que hicieron asemejan la apariencia real de su compañero, en su inconsciente ustedes ya los conocían"

Viendo que todos sus amigos portaban su digivice, Taichi sacó el suyo propio – "Sé que antes me opuse a que vinieran, pero ¡por favor! ¡Necesitamos su ayuda! No puedo asegurarles que no correrán peligro, sin embargo haré lo posible para que no se vuelva a repetir otra tragedia" – pidió Taichi haciendo una ligera reverencia.

Yamato rió al instante mientras le daba un palmetazo en la espalda que casi provoca que el castaño se pegue contra el suelo – "¿Qué son esas formalidades? Por supuesto que te ayudaremos" – se hinco a su lado y lo miro a los ojos, le dio la mano como cerrando un trato – "¿No es así? ¿Sora? ¿Daisuke?" – los aludidos asintieron decididos.

El castaño se los agradeció de corazón y volteo a ver al pelinegro, éste se sobresaltó y desvió la vista pero al notar que él le sonreía, Ken también terminó sonriendo levemente.

Koushirou les indico que con sus dispositivos era suficiente para entrar al Digimundo. Los 5 se miraron una vez más, en sus ojos ya no había dudas. Con una señal de Miyako, colocaron sus digivices frente a la pantalla y desaparecieron.

"Luego de todas las cosas que he visto hoy, creo que ya nada me puede sorprender" – sinceró Miyako.


Apenas terminó la lluvia decidieron salir de su refugio momentáneo para tantear el terreno. Hikari le había contado que la vez que estuvo ahí, su 'visita' duró tan solo unas horas, que en el mundo real equivalía a un pestañeo un poco más largo del habitual. La voz de su madre logró traerla de vuelta a la realidad.

En fin, no tenían idea de cómo salir de ahí, a primera vista parecía un lugar completamente vacío. Sin embargo, Takeru recordó la voz que les dio el aviso de refugiarse, Hikari también lo había oído así que no eran imaginaciones suyas. Su primer objetivo sería buscar a más personas a ver si ellas conocían un método para salir de ahí.

El rubio iba detrás de ella, es cierto que habían hecho las paces pero no podía evitar sentir cierta incomodidad aún, después de todo y aunque quizás no lo sentían, se habían dicho cosas demasiado desagradables. De pronto reparo en las manos de la castaña y la paró de golpe al tomárselas.

"Hikari, ¿dónde te hiciste eso?" – tenía algunas uñas quebradas y un par de cortes.

La castaña se soltó enseguida y ocultó ambas manos en su espalda – "N-no es nada, me lo hice cuando estaba escarbando para encontrar mi baúl"

Hace mucho tiempo que el rubio no estaba tan cerca de ella, la observó con cuidado; aunque no perdía ese tono angelical y el aura mística, podía darse cuenta que ella intentaba ocultar las ojeras detrás de un leve maquillaje, se mostraba jovial pero Takeru sabía que era una fachada, ¿Habría estado durmiendo bien esos días? Lo otro es que tenía la sensación de que ese lugar le estaba robando lentamente la luz que tanto la caracterizaba.

Al sentir su mirada, la castaña se movió inquieta y se puso de todos los colores cuando el rubio puso su mano en su mejilla a modo de caricia.

"¿Has estado descansando lo suficiente?" –Hikari se sintió estremecer ante el tono de voz preocupado, un poco ronco, de él.

Podría haberle contestado con otra evasiva, pero no quería que volvieran a estar igual que antes: separados, distanciados, que al hablarse todo terminará en discusión. Cerró los ojos disfrutando de la caricia, ignorando esa voz y el pesar que ese mundo provocaba en su corazón.

"Hace muchas noches que no logro dormir. Cada vez que cierro los ojos me viene a la mente la muerte de mis padres. Si yo… ¡si no tuviera este poder las cosas podrían haber sido muy distintas!" – Abrió los ojos de repente, Takeru retrocedió un poco, había demasiado odio en esa mirada, pero no hacia alguien externo, era hacia ella misma.

La agarró de los hombros al ver que la castaña no volvía en sí. De un momento a otro, extrañas criaturas sin forma, oscuras, los rodearon susurrando el nombre de Hikari. Takeru la abrazó mientras sentía que se quedaba sin fuerzas. Esos seres le estaban arrebatando sus ganas de vivir.

Cerró los ojos fuertemente deseando proteger a quien tenía entre sus brazos. Sintió calidez en el pecho y observó con asombro que una luz brotaba de su interior. De repente la mente se le despejó y gritó con todas sus fuerzas – "¡Patamon!"


"Izuna" – Cuatro espíritus de zorros con distintos atributos golpearon a Boltmon que terminó por desintegrarse en datos. Sakuyamon cayó sobre sus rodillas agotada.

"¿Estás bien? Yo me ocupo de esta zona, aprovecha de ir a descansar un poco"

La aludida se incorporó de inmediato al escuchar a Justimon.

"Estoy perfectamente bien, aún puedo seguir" – respondió molesta. El castaño simplemente se encogió de hombros, y él que intentaba ser amable. Luego, se puso un poco más serio. Algo le decía que había algo oculto detrás de la apertura de los portales.


Koushirou recorría las calles de Odaiba manejando su Nissan Land Glider, levemente modificado por él. Veía la pantalla de vez en vez corroborando que estaba en buen camino. Dobló una esquina y ahí la vio, la pelirosada huía de un Vegiemon que le lanzaba ataques de mal aliento.

El pelirrojo no pudo evitar reírse del rostro de asco de la chica, ella pareció escucharlo pues de inmediato ladeo el rostro, y al verlo gritó enojada, dirigiéndose a dónde estaba él. Por un momento, Koushirou sintió unas enormes ganas de huir pero eso sería muy irresponsable de su parte.

Pensando que lamentaría luego su elección, encendió el motor del auto y abriendo la puerta de éste, pasó al lado de ella justo en el momento indicado para tomarla de la mano y llevarla dentro. Esperaba recibir al menos un 'gracias' pero la pelirosada le recriminó que se hubiese burlado de ella. Sin embargo, había otras cosas de las cuales ocuparse, un ejército de gekomons y Sukamons amenazaban con cerrarles el paso.

Izumi aceleró y dio una vuelta en U, lo que provocó que Mimi terminara con el rostro entre las piernas de él. Él sintió que el rostro se le ponía tan o más rojo que su propio pelo. Con mucho esfuerzo, la pelirosada logró incorporarse mientras se sobaba la cabeza.

Notó su rostro colorado y con burla le dijo – "Será mejor que no te hayas imaginado nada pervertido mientras estaba allá abajo" – como resultado, Izumi sintió que se ponía aún más colorado, si eso era posible. Mimi rió de buena gana al ver su reacción.

Koushirou comenzaba a arrepentirse pero no podía negar que esa chica era divertida, así que dejó que el humor de ella lo contagiara, relajándose un poco – "Te llevaré al refugio más cercano"

Al escuchar eso, ella lo obligó a frenar bruscamente – "¡De ninguna manera! ¡Tengo que encontrar a mi hermano!"

"Debe de estar en alguno de los refugios, deja de ser tan imprudente" – resopló volviendo a encender el vehículo, pero ella de nuevo hizo que frenara.

"Ya lo comprobé, no está en ninguno de los refugios. Mi hermano está enfermo, temo que le haya pasado algo. Necesito encontrarlo, ¡por favor!"

No supo por qué, pero no le gustaba nada de nada verla triste. Revolviéndose los cabellos y luego de pensarlo mucho, aviso por el comunicador que iría en la búsqueda de otro individuo. La pelirosada gritó de emoción y saltó a abrazarlo para sorpresa del pelirrojo que se quedó quieto como una roca.

Tras darse cuenta que él no se movía, se separó pero mantuvo la poca distancia. Izumi sintió que ella lo miraba con sus enormes ojos almendrados, provocando que tragara con mucha dificultad.

"Ahora que te veo de cerca, no eres para nada feo" – soltó con una sonrisa y finalmente volvió a su asiento. Koushirou no era creyente, pero por primera vez en la vida, le rogó a ese dios mezquino que le diera las fuerzas necesarias para superar el reto que tenía por delante.


La apertura de portales simultáneos en el mundo real provocó que el grupo se separara al llegar al Digimundo: Taichi y Sora cayeron en un lugar parecido al polo norte, por otro lado, Yamato, Daisuke y Ken se encontraron en una ciudad que parecía hecha de juguetes.

Por suerte tomaron precauciones y cada uno portaba un comunicador que se colocaron de inmediato en la oreja. Miyako avisó a cada grupo que no se preocuparan, todos habían llegado bien.

"Bien mis polainas, siento que estoy congelado hasta los huesos" – Sora se rió de su actitud y aprovecho de calentarse las manos con su aliento. El gesto no pasó desapercibido por el castaño, quien se sacó su chaqueta y sin mirarla se la puso en los hombros.

"Gracias" – murmuró mientras se abrazaba a sí misma con la chaqueta puesta, inconscientemente cerró los ojos y percibió el aroma de él cuando le daba la espalda.


Daisuke recorría con la mirada el lugar sin creer lo que veía – "Pero realmente me sorprendiste, Ken. Con razón siempre faltabas o llegabas hecho polvo al colegio"

Yamato se golpeó la frente, Daisuke debería de aprender a tener un poco de tacto al tratar ciertas cosas. Pero Ken estaba acostumbrado a la espontaneidad de él, por lo que se limitó a sonreír.

"Miyako, ¿puedes ver si Wormmon está cerca?" – la pelimorada recibió su petición, y pasando varios mapas por la pantalla, encontró un pequeño punto que tenía de etiqueta "Ken". Estaba maravillada con el programa que usaban en esa instalación, pensada de una forma tal, que le era sencillo adivinar dónde tenía que apretar y buscar. Confirmada la posición de todos, recorrió con los dedos los distintos puntos hasta que encontró otra señal con el nombre del Digimon.

"Está al salir de la ciudad. Parece que ya se había percatado de su presencia, se dirige hacia ustedes"

El pelinegro le respondió con un 'roger', confirmando que había recibido la información. Les recomendó a todos que lo mejor era desconectar los comunicadores momentáneamente, pues podrían atraer a digimons no deseados.

"Ken…" – llamó Miyako cuando se cercioró que sólo el comunicador de él seguía prendido – "Ve con calma" – Él sonrió y tan sólo murmuró un pequeño "mmm" a modo de respuesta. Finalmente lo apagó.


"¡Hikari! ¡Hikari!" – Escuchaba a lo lejos a su madre llamándola, ¿sería otro de sus sueños? De a poco abrió los ojos, y cuando estos se acostumbraron a la oscuridad pudo darse cuenta que de verdad se trataba de su madre.

"¡Mamá!" – le dio un abrazo, muy fuerte pero teniendo cuidado de no lastimarla. Sintió el olor de su perfume favorito, la lavanda. Era ella, de verdad era ella.

"¿Qué sucede? ¡Me abrazas como si no me hubieses visto en años!" – su madre le correspondió el abrazo mientras le acariciaba la cabeza. Cómo extrañaba esa sensación.

Se soltó del abrazo y la observó una vez más. De repente cayó en la cuenta de que su madre se veía demacrada; el cabello, que siempre usó largo, ahora apenas sobrepasaba sus orejas. La ropa sencilla pero pulcra, había sido reemplazada por harapos.

Empezó a observar su derredor, esa no era su pieza ni ningún cuarto de su apartamento. ¿Dónde estaban?

"Mamá… ¿dónde estamos?"

La mujer la miró preocupada, coloco una mano en su frente y suspiró aliviada – "Que cosas dices, casi me matas de un susto, pensé que la fiebre te había vuelto a subir" – al ver que su hija seguía sin entender, le respondió al fin – "Estamos en el refugio, ¿de verdad no te acuerdas de nada?" – La castaña negó.

Entonces observó a lo lejos la figura de su hermano, estaba recostado en una cama hecha de hojas, respiraba con dificultad y de vez en cuando estiraba la mano hacia el techo como pidiendo algo.

"¿Qué le pasa?" – su madre desvió la mirada y se tapó la cara para reprimir un sollozo. Fue hasta donde Taichi y le tomo la mano. Comenzó a entonar una suave melodía que logró calmarlo un poco.

"¿Mamá?" – insistió, jamás había visto a su hermano así.

De pronto la puerta se abrió y se cerró de golpe, apareció su padre allí. Se le veía agotado, respiraba con dificultad mientras sujetaba con fuerza una bolsa.

"¿Pudiste conseguir algo?" – le preguntó su señora sin apartar la vista de Taichi. Yagami Susumu se incorporó con dificultad pero logró llegar hasta ella, le entregó la bolsa indicándole que sólo había podido obtener un par de pastillas.

Mientras Yagami Yuuko le daba la medicina a su hijo. Susumu centró su atención en la menor, quien se movió un poco nerviosa en su sitio.

"Tranquila, tu hermano ya se pondrá bien. He podido conseguirle algo de medicina. Ya verás cómo vuelve a ser el mismo Taichi de siempre" – luego se dirigió a su mujer – "Ya no es seguro estar aquí. He visto a lo lejos una horda de digimons dirigiéndose a este lugar, debemos huir"

Ella lo miró angustiada – "¿A dónde huiremos? ¡Ya no nos queda dónde!"

Su marido la tranquilizó dándole un pequeño abrazo – "Hasta ahora nos la hemos podido arreglar de alguna forma, ya verás que ahora también lograremos salir de ésta" – se dio la vuelta e indicó a la castaña que se acercara. Ella así lo hizo y se sumieron los tres en un cálido abrazo – "Me preguntó a dónde se fue nuestra luz…"

Y entonces, Hikari comprendió. Ese era el mundo que ella había deseado, uno en donde jamás despertaría su poder, donde ella no tendría que cargar con el rol de ser el pilar.

¿Era esto lo que querías? Observó a su familia, no estaban en las mejores condiciones, pero sí, eso era lo que deseaba. Que sus padres siguieran vivos.

o§o

Patamon Shinka…. ¡Angemon!

Una criatura con forma de ángel apareció y con su luz sagrada logró ahuyentar las sombras. Tomó a los dos jóvenes con sus largos brazos y se los llevó lejos de la orilla del mar.

Al pisar terreno firme cambió su figura a una especie de hámster rechoncho con alas en vez de orejas.

"¡Ah! ¡Esas orejas yo las conozco!" – recordó su primera noche en Japón cuando sintió que alguien lo miraba. El animalito se revolvió en su sitio un poco avergonzado por haber sido descubierto.

"Muchas gracias por salvarnos" – la criatura aleteó las alas a modo de respuesta y luego observó a la castaña. Takeru también lo hizo, y pudo percatarse que una mancha comenzaba a cubrir el cuello de la menor, le quitó la pañoleta que últimamente usaba aún en horario de clases, y comprobó que la marca que había descubierto hace mucho tiempo se estaba propagando, e incluso se estaba oscureciendo.

"La oscuridad se está apoderando de Hikari" – frente a él estaba una gata de bello pelaje blanquecino y guantes terminados en garras. Pestañeo un par de veces al comprobar que estaba solo, definitivamente la voz había provenido de ese extraño animal.

"¡Tailmon!" – reconoció Patamon mientras iba al encuentro de su vieja amiga. Ahora resultaba que el hámster también hablaba.

La criatura, que respondía al nombre de Tailmon, se acercó a la castaña.

"Hikari, Hikari…. Tienes que ser fuerte, no puedes dejar que la oscuridad se apodere de ti" – rogó cerrando los ojos y apretando el emblema que colgaba de su cuello.

"¿Hay algo que pueda hacer para conseguir que abra los ojos?"

"Sólo… sólo no pierdas la fe en ella"

o§o

Hikari sintió que caía otra vez en la oscuridad, al despertar se encontró a sus padres excavando una tumba. Su madre sollozaba mientras cargaba entre sus brazos a una persona, la castaña no pudo ver su rostro pues éste estaba tapado con una pequeña tela manchada. Sin embargo no era difícil adivinar de quién se trataba.

Cerró los ojos y se dejó arrastrar nuevamente.


Koushirou comenzaba a perder la paciencia, tras horas de deambular por la ciudad con el alma en un hilo por la posibilidad de encontrarse a un digimon en cualquier esquina, no habían logrado hallar al dichoso hermano de Tachikawa.

Se estaba haciendo tarde y la pelirosada parecía haber olvidado su objetivo principal, pues se quejaba a cada minuto del hambre que tenía.

De repente, pasaron por un supermercado, y sin escuchar al pelirrojo, entró a llenar su estómago. Con resignación, él fue a buscarla no sin antes asegurarse de esconder bien su vehículo.

Al entrar la vio sentada comiendo unas bolas de arroz y tomando jugo de cereza. Le arrojó una a él y le indicó que se sentara a su lado.

"¿Qué paso con la preocupación que tenías por tu hermano?" – le dio un mordisco a su comida, después de todo él también tenía hambre. De repente se dio cuenta que ella estaba muy callada y la observó. Estuvo a punto de ahogarse cuando vio que ella tenía los ojos vidriosos – "Pe-perdón… ¡no te estaba recriminando ni nada por el estilo!" – Podía jactarse de ser un experto en tecnologías de última generación, incluso era capaz de desarmar y armar un computador con los ojos cerrados; pero cuando se trataba de mujeres, su mente procesaba más lento que un ordenador con sistema Windows Vista incorporado.

Mimi se quitó una lágrima que amenazaba con salir, abrazó sus rodillas y le dio un último sorbo a la cajita del jugo – "Ese niño siempre fue muy apegado a mamá. Vivía por ella y ella también se desvivía por él; debo decir que cuando pequeña sentía celos de la relación que tenían, por eso siempre buscaba que mi padre me consintiera en todo, y bueno, es una manía que aún no logro superar" – sonrió un poquito mientras se daba un golpecito en la cabeza.

Koushirou la escuchaba atentamente, era lo menos que podía hacer.

"Mamá quedó embarazada y su atención se centró en el nuevo bebé que venía en camino. Wallace se sintió desplazado pero en ningún momento la dejó sola, decía que él se encargaría de cuidar a su hermanito para que ella no se preocupara"

De pronto, la dulce sonrisa desapareció – "Mamá perdió al bebé… no pudo sobreponerse al dolor y cambió, ya no sonreía. Aun así, Wallace no se apartaba de su lado, sin importar cuántas veces ella lo alejó. Sin importar cuánto le gritara o pegara, él no perdía la sonrisa" - ocultó el rostro entre las rodillas sin poder contener más las lágrimas. Su cuerpo se movía en pequeños espasmos producto del llanto.

Izumi estuvo a punto de acariciarle la espalda, pero no se sintió con la confianza suficiente para permitirse tal gesto. Sacó un paquete de pañuelos del mini-market y se lo dio a la pelirosada, tras un momento éste se acabó, y el pelirrojo tuvo que ir a buscar otro paquete.

"¿Qué pasó después?"

Mimi se le quedó mirando pero finalmente sonrió, agradecida de que él la escuchara – "Al cabo de un tiempo, los doctores detectaron que Wallace tenía una enfermedad parecida a la que había afectado al bebé, pero en un estado menos dañino y que podía ser controlado a base de medicamentos. Mamá no pudo soportar la idea de que podría perder a otro hijo y… y…" – no pudo evitarlo, abrazó al pelirrojo, aferrándose a su camisa mientras liberaba el llanto contenido, no le importaba mostrarse así ante él, no le importaba si perdía la voz, necesitaba desahogarse. Él le acarició el cabello, pensando que quizás hace cuánto tiempo que deseaba soltarlo todo.

Fijo su mirada en un punto a la distancia y pidió un deseo: "Espero que su hermano se encuentre sano y salvo".


Dada la hora, Miyako ya comenzaba a sentir los estragos de la falta de sueño, cabeceaba de cuando en cuando pero al rato se obligaba a sí misma a continuar.

Shuu y sus otros compañeros rieron ante su perseverancia – "Ten" – le entregó una taza con café humeante, sabiendo de antemano que la pelimorada no aceptaría que le dijera que se fuera a descansar. Se lo tomó de a poquito, y luego con uno de sus pulgares arriba le indicó que ya estaba como nueva, sin olvidar por supuesto, darle las gracias.


Hikari abrió los ojos, estaba otra vez en ese mundo. Huía junto a sus padres por un barrio destartalado lleno de feos edificios grises. Al verse acorralados por una calle sin salida, sus padres tomaron una decisión. Sin avisarle la empujaron por el ducto de la ropa sucia, el orificio era pequeño y sólo ella cabía.

Lo último que vio fue la sonrisa de su madre diciéndole que se cuidara.

Al abrir nuevamente los ojos, se encontró con una pieza iluminada levemente. Se observó en un vidrio roto, por primera vez tenía noción de su apariencia; al otro lado, veía el reflejo de una señorita que no superaba los 25 años de edad, traía el largo pelo sujeto en una coleta baja.

Inspecciono el sector y se puso a la defensiva cuando sintió el rechinar de la puerta al abrirse. El individuo colocó ambas manos arriba al ver que ella lo apuntaba con una pistola semi-automática – "No creo que sea correcto que apuntes con un arma a tu salvador" – bromeó él.

Hikari reconoció de inmediato esa voz, aunque era un poco más ronca, más varonil, no se equivocaba. La rubia cabellera rebelde y los ojos azules como el inmenso mar corroboraron su pensamiento, ¡era Takeru!

Sin pensarlo dos veces se colgó de su cuello y ocultó el rostro en la camisa verde. Seguramente el Takeru de ese mundo estaba sorprendido por su reacción, pero a ella no le importaba, estaba contenta de verlo, jamás se imaginó cuánto podría llegar a extrañarlo.

"¿Qué significa esto, Takeru?" – era una voz de mujer que ella no conocía.

El rubio apartó lentamente los brazos de la castaña y con paso nervioso fue a hablar con la recién llegada. Vio que movía las manos dándole explicaciones de todo tipo, como ella no parecía ceder, al final optó por tomarla en brazos y depositarle un suave beso en los labios, consiguiendo que la mujer se calmara.

La castaña se sintió desplazada, seguramente en ese mundo, ella y Takeru no volvieron a reencontrarse en el colegio. Él había terminado haciendo su vida con otra persona, estaba feliz por él pero entonces… ¿por qué sentía que el corazón se le hacía pedazos al ver cómo él la miraba a ella? ¿Al percatarse que no era ella la que estaba en brazos de él? ¿Qué no era ella a quien él le dedicaba palabras de cariño? Era ridículo pensar así, Takeru y ella eran simplemente amigos; y bueno, aun cuando en el otro mundo ellos llegaron a reencontrarse, la relación tampoco había resultado ser miel sobre hojuelas.

Decidió cerrar los ojos de nuevo.

o§o

En el 'otro' mundo, Takeru se ocupaba de una castaña que se negaba a abrir los ojos. Tailmon y Patamon habían ido en búsqueda de más agua para controlar la fiebre de ella.

El aspecto que tenía no era el mejor, la marca ya abarcaba parte de su brazo derecho y amenazaba con atacar al izquierdo. Escuchando a Tailmon, Takeru ya tenía una idea de lo que era el Digimundo, los Digimons y lo que podría estar sucediendo en ese momento en el mundo real.

Estaba preocupado por el bienestar de sus amigos y familiares, pero ahora lo que más le preocupaba era la menor de los Yagami.

De repente la sintió hablar, acercó el oído y logró escuchar que lo llamaba mientras soltaba una pequeña lágrima. La tomó de la mano, sin dejar de repetir que estaba ahí, a su lado y que no se movería, le pidió que por favor abriera los ojos.


Sora había escuchado por boca de Miyako, que Ken y Wormmon ya estaban juntos. ¿Por qué no era el mismo caso con Agumon y Taichi?

El castaño pareció adivinar su pensamiento y asegurándose que el comunicador estaba apagado, la invitó a sentarse en una roca al lado de él. Al fin habían conseguido salir del frío invernal, y ahora se adentraban en un bosque tropical.

La pelirroja le hizo caso y esperó a que hablara. Él se pasó su digivice por las manos, nervioso sin saber por dónde empezar. Por lo cual, simplemente lo soltó – "Cuando papá y mamá murieron, me dio tanta rabia que obligué a Agumon a digievolucionar para acabar con Diaboromon de una vez por todas, aunque sabía que ya no sería posible encontrarlo. Las cosas se salieron de control, Agumon terminó evolucionando a su forma maligna: SkullGreymon. Si no fuera por la intervención de Hikari, estaría muerto ahora." – cuando vio que Sora se paraba preocupada al escuchar sus últimas palabras, intentó calmarla diciéndole que no había sido nada grave.

"F-fue… cuando te internaron en el hospital, ¿cierto?" - Sora recordó que tras el incidente de los padres de Taichi, había escuchado a Yamato hablando por teléfono con su padre acerca del grave estado en el que se encontraba el castaño. Cuando le preguntó al rubio, éste simplemente se deshizo en excusas, siendo que sabía que era un pésimo mentiroso – "¿Por qué no me dijiste nada? ¡Casi me da un infarto de lo preocupada que estaba!"

El castaño rió nervioso, nunca sabía cómo comportarse cuando Sora se ponía así. Le dedicó la más grande de sus sonrisas a ver si conseguía que no se enojara con él, pero ella desvió la mirada.

"Me habría gustado ir a verte, ver cómo estabas"

Taichi bajó la mirada – "Perdón, no quería que me vieras en ese patético estado"

"¡Idiota!" – Taichi bajó más la mirada hasta que sintió que ella apoyaba su cabeza en la espalda de él – "Me moría por saber de ti" – comenzó a golpearlo pero sin fuerzas. Él no se quejó ni un poco ni tampoco intentó evitarlo, se lo merecía.

"¿Sora? ¿Por qué estás llorando?" – los dos se dieron la vuelta al sentir la voz. Un digimon con forma de ave, cuerpo color rosa con la punta de las plumas de la cola y la cabeza azuladas, salió de entremedio de los arbustos.

"¡Biyomon…!" – La pelirroja se acercó a abrazar al singular pajarito, su nombre simplemente había brotado de sus labios suavemente, como si la conociese de hace mucho tiempo. El pajarillo le secó las lágrimas con sus plumas.

"¿Por qué estabas llorando?" – volvió a preguntar. La pelirroja se dio la vuelta y apuntando al castaño dijo en voz bien fuerte y clara – "Porque ÉL es un idiota" – el aludido sintió una pequeña gota caerle por la sien.


Al abrir los ojos descubrió que seguía viviendo con la familia de Takeru, aunque su esposa no parecía muy contenta con su presencia, al menos se había ganado el cariño del pequeño, y jugaba con él cuando sus padres salían a buscar comida.

La "yo" de ese mundo estaba más feliz, al parecer también disfrutaba de la compañía del rubio pero no se hacía ilusiones.

Ese día, a diferencia de los otros, le tocó a ella salir a 'cazar' junto con Takeru, ya que su esposa alegaba que Hikari también debía aportar si quería seguir viajando con ellos. La castaña no se negó, le haría bien mover el cuerpo.

Salieron temprano en la mañana, a una hora donde sabían que los digimons malignos estarían descansando. Fueron a la ciudad pero lamentablemente ya no había comida ahí, entonces la castaña le sugirió ir a cazar de verdad.

Tras capturar un par de conejos, no cayeron en la cuenta de que un Phantomon les seguía, hasta que éste decidió lanzar un rayo desde su hoz. Si no hubiese sido por los rápidos reflejos de la castaña, Takeru habría recibido de lleno el golpe en la espalda, sin embargo sólo alcanzo a rosarle un costado.

Comenzaron a correr hasta ocultarse en un antiguo almacén. Tras asegurarse de que Phantomon había desaparecido intentaron volver a su casa temporal, pero a cada hora el número de digimons subía. Decidieron entonces quedarse en el viejo garaje de una casa mientras esperaban a que el sol volviera a salir.

Hikari tanteo los terrenos del hogar hasta encontrar un botiquín, le pidió al rubio que se quitara la camisa y le vendó la herida, que pese a no ser profunda podía agravarse sino era tratada. Él la miró en silencio mientras se dejaba atender. De pronto la agarró de los hombros, y la tiró al suelo.

"¿Qué estás haciendo?" – intentó levantarse pero la tenía bien sujeta.

"He notado cómo me miras" – sonrió al ver que se sonrojaba y sin pedírselo, comenzó a besarle el cuello. Con deleite escuchó que ella suspiraba ante sus caricias. Apartó los labios de la blanca piel e inició su descenso, lentamente sabiendo que tenía pleno control.

Ella sintió su mano insistente, buscando el cierre de su pantalón. Escuchó el suave crujido que hacía la tela al rozar su cuerpo. Apretó los muslos y lo empujó. Eso no estaba bien, él tenía una esposa y un hijo, a los cuales adoraba.

"¿No era esto lo que siempre quisiste?" – le preguntó él saboreándose los labios. La castaña se estremeció cuando lo vio acercarse lentamente hasta ella, hasta tomarle la mano. Recorrió su brazo con la lengua y la atrajo envolviendo su cintura con la mano libre. Hikari sintió su aliento sobre su rostro, cerró los ojos cuando éste la aprisiono en un beso violento, lleno de lujuria. No había sentimientos ahí, sólo deseo.

No tuvo tiempo para negarse, la lengua de él jugaba con la suya, la hacía estremecerse y desear más. Su mano hábilmente se había deshecho de la camisa que traía ella, y peligrosamente buscaba hacer lo mismo con su sostén. Entonces, le mordió el labio.

Él se separó, se limpió la sangre y la golpeó con el dorso de la mano. La castaña terminó en el suelo, pero se incorporó de inmediato sin tocarse la mejilla sonrosada aunque le ardiera. Lo miro, con una mezcla de decepción y tristeza; ese no era el Takeru que conocía.

"¿Qué hay de tu esposa y de tu hijo?"

Él sonrió, pero no de la forma cariñosa o amable con que solía verlo, ni siquiera con la mirada de tristeza por su forma de actuar. Sonrió con ironía y la miró incrédulo – "De qué me vale preocuparme por mi mujer o por mi hijo. Dada la situación actual sólo puedo contentarme con seguir vivo, nada más"

"¡Pero tú la amas…!"

Él se acercó y le acaricio los cabellos, sus ojos llenos de lástima ante sus palabras – "En este mundo no hay nada como eso, sólo estamos juntos intentando sobrevivir el día a día. Ni siquiera sé si veré crecer a mi hijo" – a Hikari se le encogió el corazón, no le gustaba ese Takeru porque en sus ojos ya no había esperanza, estaban vacíos.

"Aun así… aun así, ustedes han logrado superar muchas cosas ¡porque estaban juntos! ¡No pierdas la esperanza!" – le rogó.

Él la abrazó lentamente – "Quizás... si te hubiera conocido antes, las cosas podrían haber sido diferentes. Aunque el mundo siguiera igual, quizás junto a ti podría haber visto las cosas de forma diferente pero…" – la apartó – "Ya es imposible, estoy podrido por dentro. Estuve a punto de hacerte algo horrible, vete antes de que no pueda controlarme más."

Hikari alzó una mano para tocarle el rostro, pero él la apartó y le gritó que se fuera. La castaña tomó su camisa y se retiró. Tiempo después lo vería nuevamente, en un estado deplorable, se enteraría por boca de otros que su familia había sido víctima de un ataque, él era el único sobreviviente. Lo vio deambular como muerto en vida, ni siquiera la reconocía.

No... Ese no era el mundo que deseó. Quería volver, ¡por favor! ¡Alguien! Estiró la mano al ver una luz en el cielo pero en lo profundo, otra mano la sostenía del pie.

"Esto es lo que deseaste… ya no hay vuelta atrás"

¡No! ¡Ella no deseaba un mundo así! Un mundo donde la esperanza no existía para iluminar los corazones de la gente – "Alguien… ¡por favor!" – Se desesperó al notar que poco a poco era conducida a las tinieblas – "¡Takeru!" – gritó con todas sus fuerzas.

o§o

Takeru yacía dormido sujetando la mano de la castaña, de súbito despertó al sentir que lo llamaban. Fortaleció el agarre y gritó su nombre. Ella se movía con la cara contraída por el dolor. El rubio miró a su rededor en busca de ayuda, pero Patamon y Tailmon habían ido en busca de más leña.

Volvió su atención a la castaña y sólo se le ocurrió cerrar fuertemente los ojos con el firme deseo de traerla de vuelta. Colocó su frente encima de la de ella y de repente la vio. Estiró sus manos gritando su nombre, ella giró la cabeza y el rostro se le iluminó.

"¡Takeru!" – Estiro los brazos, pero no era suficiente, apenas un centímetro los separaba.

"¡Un poco más! ¡Vamos!" – el rubio podía observar con pavor los seres de sombra que intentaban llevarse a la menor, no los dejaría, no dejaría que se llevaran a su luz.

Tailmon y Patamon llegaron al tiempo después, de inmediato dejaron caer al suelo la leña. La gata blanca fue la primera en llegar al lugar, deposito con cuidado el emblema de la luz en la mano libre de Takeru, rezando para que le fuera de utilidad.

Takeru sintió que una nueva energía emergía de algún lugar dándole más fuerzas, observó su mano y vio que tenía el emblema de la luz, se lo lanzó a la castaña quien no comprendió qué hacer con eso.

"Hikari, ¿qué es lo que quieres hacer? Todo depende de ti"

La castaña recordó a sus padres, sus poderes, pero también ese futuro.

"Quiero volver, estar con ustedes"

"Sabes que aquí no todo será felicidad, también habrá momentos malos, cosas que te harán sentir rabia, impotencia o tristeza"

"No me importa, ¡mientras esté a tu lado, sé que podré con todo!" – el emblema brilló más fuerte que nunca, las sombras se alejaron cegadas por la luz. Al fin pudo alcanzar la mano de Takeru y juntos lograron volver.

La castaña se despertó, pero se resistió a abrir los ojos, temía que lo anterior hubiese sido un sueño y que el mundo que había estado recorriendo era su realidad. De repente sintió una mano posarse en su mejilla, tenía una calidez inusitada. Se obligó a abrir los ojos y fue recibida por 3 sonrisas de oreja a oreja.

"Bienvenida" – de a poco la marca que ya amenazaba con cubrirle todo el cuerpo comenzó a retroceder, a hacerse tan pequeña como si nunca hubiese estado ahí.

Posó su mano en la mejilla de él, la pasó por el suave cabello rubio y luego entrelazaron sus dedos. Le dedico una sonrisa - "¿Eres real, el verdadero...?"

Él coloco su frente en contra de la suya – "¿Crees que estos ojos los encontrarías en cualquier lugar?"

Ella río sin apartar la vista, sí, ese era el tono que extrañaba, lleno de vida, de esperanza, y dijo por fin – "Estoy de vuelta".


Continuará…


Notas: no estaba muerta, andaba de parrandaaa~~ xD Originalmente eran tres capítulos, pero dado lo poco que eso abarcaba, decidí juntarlos para que pudiesen leer un poco más

Lo genial de volver a publicar es que me puse a releer los capítulos, y ¡oh dios! Que buenas ideas tenía, sonara un poco creído pero ahí demuestro el cariño que le tenía (que le tengo) a esta historia. Ojalá ustedes también puedan apreciar este trabajo, que en su momento me tuvo escribiendo pequeñas ideas en cualquier hoja disponible y a cualquier hora XD Sobre todo cuando me iba a dormir lol

Doy un especial énfasis a la idea de incorporar el "cómo habría sido el mundo si Hikari no hubiese sido el pilar" *U* No recordaba haber escrito esto, así que fue una muy grata sorpresa el descubrirlo! *_* Espero lo hayan disfrutado como yoo :D!

Ahí nos veremoos! :D