El baño no resultó tan provechoso como Regina esperaba. Seguía nerviosa y enfadada, con ganas de decirle cualquier grosería a Emma y olvidarse de ella. Por otro lado, la conversación con Mary Margaret tampoco la había ayudado mucho, así que decidió llamar a la persona que mejor la conocía.
- Papá, te necesito. – Regina le contó todo lo que había pasado, y prácticamente le leyó la carta de Emma, a su padre. – Estoy enfadada, papá. Siento como si Emma se estuviera riendo de mí, como si estuviera jugando conmigo. Parece que le gusta tenerme pendiente de ella.
- Mi pequeña, tienes el corazón roto.
- Venga, papá. Estoy hablando en serio. ¿Tú qué crees?
- Primero, ¿qué piensas hacer con Daniel?
- ¡Daniel! No me había acordado de él. Nada, le diré que se apagó la llama y que lo siento.
- Espero que tengas un poco más de tacto cuando hables con él – escuchó refunfuñar a su hija a través del teléfono – Vale, ahora a lo importante. Cariño, Emma tiene miedo. – "¡vaya novedad!" pensó Regina "como Emma no lo ha dicho en su carta…" – Entiendo que estés enfadada, pero no te has dado cuenta de lo que te está costando a ti asimilar que te gustan las chicas, estuviste varios años saliendo con un chico y a día de hoy estás viendo a otro. Ella no está siendo justa contigo, pero tú tampoco lo estás siendo con ella. – la joven volvió a refunfuñar, su padre siempre tenía razón.
- ¿Y qué hago? – ahora su voz sonaba triste – ella me gusta, pero ya estoy cansada de sus "ahora sí, ahora no".
- Lo entiendo. Pequeña, habla con ella y díselo. Y si ella no aprovecha la oportunidad, tranquila, que muchas mujeres harán cola por ti cuando tú estés preparada.
- ¡Qué bobo eres, papá! – la ocurrencia de su padre le había sacado una sonrisa – Muchas gracias, ya hablamos. Te quiero.
- Regina, estoy muy orgulloso de ti. Te quiero.
Colgó el teléfono. Debía pensar en qué iba a hacer. Primero llamaría a Mary Margaret para decirle que ya estaba más calmada y luego le mandaría un mensaje a Emma. Su amiga, al notarla más serena, sacó su lado más positivo y se dedicó a aconsejarla sobre cómo decirle a Emma ciertas cosas para que ésta cayera ante sus encantos. Luego, procedió a escribir el mensaje a la rubia.
"He leído tu carta. Quiero hablar contigo" no, sonaba amenazador. "He leído tu carta, ¿podemos hablar?" no, tampoco le convencía. Al final se decantó por un escueto y serio "Me gustaría hablar contigo". La respuesta no se demoró más de un minuto. Emma se ofrecía a pasar por su casa, recogerla e ir a hablar.
Media hora después, Regina se subía al Beetle de Emma. La rubia arrancó el coche.
- ¿Adónde vamos?
- Ya verás.
Regina sentía como si tuviera un angelito y diablillo hablándole a la vez, cada uno por un oído. El ángel le decía que fuera racional y que le pidiera a Emma que parara el coche para hablar, mientras que el diablo trataba de convencerla para que se dejase llevar y tratara de acercarse a la otra chica de una forma más carnal. La morena, aunque deseaba hacer caso al pequeño diablo, consiguió controlar sus instintos más básicos. – No, Emma. Esto no es una cita ni me tienes que sorprender llevándome a un sitio bonito. Arrima el coche por donde puedas y hablemos, por favor. – Y así lo hizo Emma.
- Regina… antes de que empieces, quiero disculparme. Creo que sé lo que me vas a decir y lo comprendo. Por eso quiero pedirte perdón por mi comportamiento.
- Mira, Emma, me gustas. – Regina agachó la mirada, se sabía su discurso de carrerilla, pero aún así estaba tan nerviosa que las palabras le salían a cuenta gotas. – Eres una persona genial y sé que si nos hubiésemos encontrado varios años más tarde, todo esto sería diferente, quizás estaríamos juntas en lugar de tener tantos problemas. Me ha costado mucho asimilar que me gustan las mujeres, todavía no lo he hecho del todo, y lo menos que necesito ahora es estar esperando por alguien que no me aporta ninguna seguridad, necesito una chica que esté conmigo de verdad, que me entienda, que me ayude a lidiar con esta situación y que me empuje a ser valiente. Tú eres todo lo contrario a eso y no tengo fuerzas para esperarte. Creo que lo mejor es que nos distanciemos y tratar de ser amigas dentro de un tiempo.
Emma solo pudo asentir. Sabía que Regina llevaba razón, no tenía sentido llevarle la contraria o recriminarle que no tuviera más paciencia. A su juicio, Regina ya había esperado lo suficiente. – Vale, tienes razón. Gracias por ser sincera conmigo y, de verdad, siento haberte dado tantos problemas. No quiero perderte, espero que algún día podamos ser buenas amigas.
Regina se bajó del coche y fue caminando hasta su casa, llorando con más intensidad con cada paso que daba alejándose del Beetle amarillo. Sabía que había hecho lo correcto y que a la larga se alegraría de su decisión, pero en ese momento sentía un profundo vacío en su interior, como si estuviera dejando escapar la única oportunidad que tenía de ser feliz. "Tienes el corazón roto", rememorar esas palabras la hizo sonreír, su padre siempre acertaba, pero Regina no se había imaginado que doliera tanto. Entró en su casa llorando, evitó que su madre la viera y se dirigió directamente al baño. Se lavó la cara para intentar cortar el llanto y se fue a su habitación, pero allí las lágrimas volvieron a aparecer y Regina se derrumbó, cerró la puerta de su habitación y se dejó caer hasta el suelo, quedándose sentada allí con la espalda apoyada en la puerta, llorando.
Cuando se tranquilizó un poco, Regina se levantó y se sentó en su escritorio. Encendió su ordenador y procedió a escribirle un e-mail a Mary Margaret contándole lo que había pasado con Emma. Le explicó que no le apetecía hablar en ese momento y que necesitaba un par de días sola. La respuesta de Mary Margaret fue la que Regina necesitaba "Sabes que siempre te apoyaré pase lo que pase. Avísame cuando quieras salir de tu casa. Te quiero".
Pasaron los días y Regina dedicó su tiempo a aprender español, decidió que al año siguiente iría a España una temporada para mejorar su pronunciación. Estar más tiempo en casa también le sirvió para acercarse y conocer un poco más a su madre. Pensó cómo "salir del armario" con ella, pero tras comentárselo a su padre, decidió que era mejor esperar. A la señora Mills no le gustaba que las cosas no salieran como ella quería y el disgusto de la carrera de Regina estaba aún demasiado reciente.
Su padre la había convencido para que fuera con él a Nueva York. Él tenía que viajar a la ciudad por cuestiones de trabajo y ella podría aprovechar para hacer turismo y distraerse.
- Mary, esta ciudad es increíble. Nuestro hotel está en pleno Manhattan, tengo unas vistas espectaculares desde aquí. Mañana quiero visitar Central Park y toda esta semana. Mi padre me prometió que el viernes iríamos a ver un musical. – Regina sonaba emocionada, hablaba tan rápido que apenas se la entendía.
- Me alegro, Regi. ¡Saca muchas fotos!
Cuando volvieron, Regina parecía diferente. Parecía feliz, ilusionada. "Desde luego, La Gran Manzana cambia a la gente", pensó Mary Margaret cuando Regina se acercó a su casa para darle el regalo que le había traído, un llavero de la Estatua de la Libertad y una foto del mítico Central Perk, la cafetería de la serie de Friends.
- ¿Has tenido noticias de Emma?
- ¿Qué? ¡No! No he hablado con ella, intento superarlo, ¿recuerdas? – Regina pensaba mucho en Emma, pero era cierto que ese viaje a Nueva York había conseguido que la chica se olvidara por un breve tiempo de la rubia. - ¿Por qué lo preguntas?
- Simple curiosidad, quería saber cómo llevas la "desintoxicación".
- Si te soy sincera, creo que si me la cruzara ahora mismo no sabría qué hacer, aún no estoy preparada para ser su amiga.
- Vaya, Regi, sí que te dio fuerte. – En ese momento, Mary Margaret sacó su móvil y mandó un mensaje.
- ¿A quién le mandas un mensaje?
- Mmmm a David, que se aburre en su casa. – Su móvil sonó y Mary Margaret sonrió.
- ¿Estás hablando de guarradas con David?
- ¿Qué? No, no, claro que no. ¿Cómo dices eso? No, no, para nada.
Su amiga se había puesto demasiado nerviosa y su respuesta contenía demasiadas negaciones, algo no cuadraba – Mary, ¿le estás poniendo los cuernos a David? – y tras una sonora carcajada, Mary Margaret contestó que no. Cuando ésta fue al baño, Regina miró la pantalla de su móvil, tenía un mensaje abierto de un tal KN que decía "Perfecto. Llámame cuando puedas". Regina se quedó un poco mosqueada, le gustaba la pareja que hacían Mary Margaret y David y le costaba creerse que su amiga fuera capaz de engañar a su novio, pero su reacción y el mensaje de ese "KN" hicieron que Regina sospechara. Tras meditarlo dos minutos, decidió no darle más vueltas, si su amiga decía que no estaba engañando a David sería verdad.
Regina volvió a su casa y una hora más tarde la llamó Mary Margaret.
- Regi, ¿el viernes quedamos para cenar?
- Sí, claro. – Mary Margaret le contó los detalles de la cena, iban a ir a un restaurante caro, muy bueno, para celebrar que David había encontrado trabajo.
- Ponte guapa, que luego salimos de fiesta si nos animamos.
Estaban a martes, Regina tenía tres días para decidir qué ponerse, a ese restaurante no se podía ir de cualquier manera. Igual se iba de compras y así estrenaba modelito el viernes.
Nuevamente, gracias por los reviews! Agradecimiento especial a EsmeMills por la inspiración ;-)
