Feliz viernes!

Faby Kaban, gracias linda por ser mi beta! Esta historia no sería lo mismo sin ti!

Supongo que no hay manera de rodear esto, ya cambié el rating a M

Gracias siempre por sus comentarios, me alegran toda la semana!


La negación de la evidencia

No quería admitirlo por temor a parecer sólo un pequeño niño, aun en su propia mente, pero una parte de él estaba emocionado por la cena que había prometido Grisha. No era tanto por pasar por su padre —aunque para ser sincero, estaba completamente aterrado, había pasado años sin hablar tan cercanamente con él—, sino que deseaba recordar a su madre. A veces se olvidaba de qué tan vacío se sentía sin ella.

Acababa de terminar con su entrenamiento y estaba en el aula de literatura, quería dormirse en el lugar. Todavía faltaban más de tres horas para que sus clases terminaran. Había sido consciente de no secarse completamente después de las duchas. No después de escuchar cómo su profesor se deleitaba con verlo mojado. Sus cabellos escurrían gotas que manchaban su camisa. Miró a Levi, quien no le quitaba los ojos de encima mientras leía una porción de un libro a sus estudiantes:

—'¿Por qué de pronto, sin haberlo decidido, empezamos a fijarnos en personas más jóvenes?' —Eren, por más que quería, le era imposible prestar atención, el pelinegro lo miraba fijamente— '¿A espiarlas con cierto nerviosismo? ¿Por qué nos tienta llamar su atención, exhibirnos con disimulo ante ellas? ¿Qué esperamos que eviten?' —Levi le estaba leyendo a él, no había duda. No obstante, ni siquiera escuchaba lo que le decía, por más que supiera que debía ser importante— '¿Qué pretendemos que nos devuelvan?'

El chico, sin aviso alguno, abrió su boca.

Le fue imposible evitar bostezar, cubrió su boca con su mano, pero no pudo impedirlo. Estaba exhausto, las noches en las que no había podido dormir estaban teniendo efecto. No era que no "pudiera", más bien se negaba a hacerlo. Las pesadillas simplemente se sentían exageradamente reales. La mañana de ese día había notado en su espejo, que bajo sus ojos se trazaban dos círculos oscuros, delineándolos.

Levi se dio cuenta de su somnolencia.

—Eren Jaeger —lo llamó.

El castaño maldijo para sus adentros.

—Como veo, mi clase le parece aburrida. Así que deduzco que usted amaestra las artes literarias ¿o no? —el menor tragó sonoramente, no era la primera vez que pasaba esto con su maestro— Ahora, demuéstrelo y dígame: ¿A qué escrito pertenece el párrafo que acabo de recitar?

'¡Mierda, mierda, mierda!'

Recordaba haberlo escuchado antes, Levi lo había citado para él. A veces el pelinegro le leía poesía. Intentó acordarse de los sucesos. Su maestro había leído esas palabras y luego se había acercado a él, tomándolo de su mentón y recitando las últimas palabras encima de sus labios. Diablos, se había sentido bien.

'¡Concéntrate, maldita sea!'

—¡Hablando solos! —gritó.

Levi no cambió su rostro, pero frunció los labios indicando que estaba desconcertado. Mientras más pasaban juntos, más fácil era descifrar qué había bajo la cruel máscara del pelinegro. ¡Había estado en lo correcto!

—No sé por qué estoy más impresionado —admitió el otro—: Si es porque por primera vez, Sr. Jaeger, contestó con otras palabras que no fueran "Hamlet" —toda la clase irrumpió en risas, Eren no pudo evitar sentirse avergonzado—; o si es porque estuvo en lo correcto. La frase pertenece al libro de Andrés Neuman: Hablar solos.

Levi caminó hasta la última fila de escritorios, donde Eren se sentaba. Se acercó y dijo en voz alta:

—Felicidades —su voz era monótona como siempre y las palabras podrían haber sido por burla. Pero el chico se sentía verdaderamente feliz—, ahora sólo intente mantenerse despierto o me obligará a evaluar a sus demás compañeros para asegurarme que conocen la obra.

La clase se atiborró de quejidos contra Eren, el chico movió su cabeza de lado a lado rápidamente, negando.

Siguió con su clase, todos sus compañeros miraban al frente o a sus libros de texto. Levi, sin embargo, acarició la espalda del castaño; hablaba y daba indicaciones mientras todos escribían —Eren incluido— y subía sus diestros dedos hasta su cuello. La acción provocó temblores en el menor y sintió escalofríos recorrer su cuerpo.

Eso definitivamente lo despertó, estaba seguro que un día su corazón fallaría por el cambio de emociones.

No le importaría en ese momento. Estaba satisfecho, ese día no podía sino mejorar. Se entusiasmó por los planes al final del día.


—¿Profesor Levi? —el chico lo sacó de sus pensamientos. Lástima, había estado enfrascado en un libro. Ahora era demasiado tarde, su atención había sido barbáricamente cortada.

Los dos eran los únicos en la academia a esa hora.

—¿Pasa algo, mocoso? —preguntó algo molesto.

—¿Cuál es su libro favorito?

La pregunta lo sorprendió, la respuesta era bastante obvia. El nombre del escrito estaba en la punta de su lengua. Lo había decidido desde antes de cumplir los veinte años, se había enamorado desde la primera vez que lo leyó; y ahora, de vez en cuando, lo ojeaba. Aun se sentía como si era la primera vez que lo leía.

Miró al chico antes de hablar. Eren tenía una queda sonrisa en su rostro y ambos codos sobre el escritorio, atento a cualquier palabra que estuviera por decir. Sus mejillas estaban rosas en señal de alegría. Se preguntaba ¿qué era lo que tenía al chico tan feliz? Ya que se había comportado de la misma manera el día completo.

—¿Por qué razón lo quieres saber? —preguntó entrecerrando los ojos, leyendo al menor.

—Creo que debe ser algo importante para usted, digo, ama los libros. Tiene que haber uno que prefiera.

La respuesta se escuchaba bastante sincera, aun así, no era de su agrado que mocosos como su estudiante se inmiscuyeran en sus asuntos.

—¿Por qué crees que te diría?

El chico dejó caer sus hombros, la decepción pintada en sus facciones. Eren se estaba acercando demasiado y debía parar. Esta era la mejor manera, pensaba Levi, al final su alumno agradecería el dolor y pérdida que le estaba evitando.

El chico desistió.

—De acuerdo —sonaba derrotado, fruncía sus labios mientras miraba al suelo.

Era tan fácil de leer.

Miró el reloj de su muñeca, eran pasadas las cinco de la tarde. Su lección acababa de terminar. Se estiró en su asiento, sintiendo sus cansados y contraídos músculos tensarse; se sentía delicioso. Movió su cuello de lado a lado, deseaba regresar a su apartamento y descansar.

—Mocoso, ya terminamos por hoy. Puedes retirarte.

Se habían tardado más de lo planeado en terminar, faltaba muy poco para las seis de la tarde. El chico asintió, empacó sus pertenencias y salió por la puerta; no sin antes despedirse suavemente de su profesor. El tono sonaba depresivo, seguramente estaba decepcionado por la respuesta que le fue negada. Levi no hizo nada al respecto; sabía lo que pasaría si empezaba a entablar conversaciones con Eren. Hablarían de cualquier insignificancia al inicio, pero luego vendrían los sentimientos que quería evitar.

Cuando el castaño había hablado de su madre, Levi no hizo más que reconfortarlo, recordando unas palabras que fueron dichas hace más de una vida. El chico había derramado sus sentimientos más profundos al pelinegro. Así iniciaba, así había iniciado.

Y sabía que cuando comenzara, no sería capaz de parar.

Esperó quince minutos, dándole tiempo al chico que emprendiera su camino de regreso. No quería encontrarlo y mirar sus ojos. Así que cuando estuvo seguro que Eren no estaría en territorio escolar, salió del salón. Cruzó los pasillos hasta la entrada y notó que el sol se había ocultado.

'Cobarde' pensó Levi '¿Por qué debe de descansar antes de mí?' Era una estupidez, enojarse con la estrella; pero no podía evitarlo. Era cuando se enojaba hasta con las menores cosas, que sabía que estaba realmente fatigado.

Cuando salió de la academia notó una figura sentada en un escalón de concreto.

Reconocería esa cabellera castaña en donde fuera. Su alumno tenía su bolso a su lado mientras veía el parqueo escolar vacío, ocupado solamente por su auto. Ellos había sido los últimos en salir. ¿Qué hacía Eren todavía aquí?

—Mocoso… —llamó, el chico no lo volvió a ver.

Se acercó a su lado hasta que logró ver su rostro, el chico no se dignaba a mirarlo.

—¿Eren? —preguntó esta vez— ¿Qué haces todavía aquí?

—Espero a papá —respondió—, me dijo que me recogería.

—¿No crees que se tardó? Hace una hora que debimos terminar .

—Él está consciente de eso, me aseguré de avisarle la hora a la que saldría —excusó—; estoy seguro que ya viene.

—Podrías caminar de regreso —ofreció—, se oscurece con los minutos y no deberías estar afuera.

—Vendrá, no se preocupe.

'Demonios'

Se dejó caer al lado del chico, sacando un cigarrillo y encendiéndolo. No podría importarle menos estar en territorio escolar. Le era urgente relajarse. Respiró profundamente y el químico hizo su efecto en segundos. Lo bajó hasta sus pulmones y lo exhaló, tuvo cuidado de hacerlo al lado contrario de su alumno.

—¿No es contra las reglas que esté fumando frente a mí? Usted es un maestro y está fumando frente a un estudiante —el chico empezó a divagar—, ¿no es eso un mal ejemplo?

—Mocoso, creo que ya pasamos esa mierda.

Eren miró a otro lado, mordiendo sus labios inconscientemente, seguramente recordando las caricias, toques y besos.

—¿Por qué se niega a decirme su libro favorito? —preguntó después de unos minutos.

—Nos besamos, nada más —comenzó Levi, el chico se coloreó de un tono más oscuro—, no es necesario compartir nuestra historia desde que nacimos. Sé que no te concierne.

—¡Si lo hace! Usted me interesa —el chico lo miraba, sus ojos se veían oscuros bajo la luz artificial de la lámpara halógena de la calle; pero de alguna manera su intensidad no cambiaba—. ¿Por qué pensaría que no?

—Eren, esto es una fase —dio otra bocanada de aire al cigarrillo, expulsó el humo antes de hablar—. Soy un capricho, antes que te des cuenta te interesará alguien de tu misma edad. Ya lo acepté, ¿por qué no lo haces tú?

—No creo que sea una fase, estoy empezando a sentir cosas y-

—Se llaman "hormonas" —cortó el pelinegro, no dejaría que esta conversación continuara.

El chico miró al suelo.

Levi vio la hora de su reloj, marcaban las siete de la noche. El tiempo había pasado volando. La noche se ennegrecía al pasar de los minutos, la luz de la luna era moribunda y los artificiales halos de la calle pública eran los únicos que los dejaban discernir en la oscuridad.

—Eren —el chico levantó sus ojos—, es muy tarde, creó que deber-

—Grisha vendrá —dijo el chico decidido.

—Como quieras.

—No entiendo que hace todavía aquí, profesor. Yo estaré bien.

El adolescente quería parecer más fuerte de lo que era. Siempre lo había hecho.

—No puedo dejarte solo, mocoso, ¿qué clase de adulto responsable seré, entonces?

'Uno que te besa y te roba tu inocencia sin que lo notes' Disolvió el cruel pensamiento cuando se formó. Como si todavía no tuviera suficientes sentimientos de culpa.

Siempre que besaba al chico, se convencía que ese había sido su último. Pero luego Eren rogaba por otro. Si el chico quería seguir con este juego, Levi lo dejaría. Pero no le permitiría al otro enamorarse.

Quedaron en silencio un rato, el chico tenía ambas rodillas en su pecho, apretándolas contra él. Encima tenía los dos brazos cubriendo su boca. Sus facciones reflejaban la decepción que sentía. Sus sentimientos estaban en la superficie. Eran pasadas las ocho de la noche.

Un sonido artificial lo sacó de sus pensamientos, era una tonada que no conocía. El castaño sacó su teléfono celular, la brillante pantalla contrastaba su vista, que se había acostumbrado a la oscuridad. El chico miró el aparato y sus labios se abrieron en señal de sorpresa.

—¿Pasó algo? —preguntó Levi.

—…Grisha no vendrá…

'Diablos'

Una suave risa se escuchó de su alumno.

—Sabía que no debía confiar en él —fue un susurro, el pelinegro se preguntó si en verdad lo había escuchado—. No se merecía una oportunidad.

Vaya que el hombre tenía cerebro si avisaba a su hijo cuatro horas después de la planeada, y dejaba al adolescente por sí solo en la entrada de la escuela. Levi empezaba a entender el desdén del chico hacia su padre.

El mayor se puso de pie y se estiró, arrojó el segundo cigarro que había fumado, a un bote de basura; no sin antes asegurarse de haberlo apagado. Caminó hacia su alumno y le ofreció una mano para ayudarle a levantarse.

—No te preocupes, te dejaré en tu casa —el chico no lo miró, pero aceptó su mano, poniéndose de pie.

—…gracias.

Se subieron al oscuro auto y avivó el motor. Salieron del aparcamiento y emprendió su camino. Estaban cerca del hogar del menor cuando la voz de Eren se hizo escuchar.

—¿Puedo pedirle un favor? —preguntó quedamente.

A estas alturas supuso que no podría dañarlo ser un poco permisivo con él.

—Adelante.

—¿Podemos ir a un lugar que no sea mi casa? No quiero regresar aún.

—¿Adónde quieres ir? —cuestionó el pelinegro.

—¿Puedo pasar la noche en su apartamento?

—¿Qué hay de tu padre? —interrogó, no era como si hubiera tomado en serio la proposición.

—No llegará en toda la noche.

—¿Tu hermanastra? —recordaba a la estoica chica que no se alejaba de su lado.

—Le diré que pasaré la noche con Armin.

—¿Y qué le dirás a tu amigo? —no recordaba de quién de los mocosos hablaba. Eran demasiados para llevar la cuenta.

—Me debe un favor, estoy seguro que me cubrirá.

—Mañana tienes clases —recordó.

—Me encargaré de lavar mi uniforme y alistarlo.

El chico no era un idiota después de todo.

Se dio por vencido, que el chico se saliera con la suya, aunque fuera sólo por esta noche. Supuso que él ya había tenido suficiente con la decepción de su padre. Cambió el rumbo que llevaba y se dirigió a su apartamento. Concluyó que no podía ponerse peor que la última vez que el mocoso había pasado la noche ahí. Esta vez Eren no estaba ebrio.


Habían subido los escalones a paso rápido. Eren se preguntaba cómo su profesor era tan veloz con la estatura que tenía. Nunca expresaría el pensamiento, Levi lo podría matar.

Debía estar feliz, era la segunda vez que estaba ahí y a diferencia de la anterior, recordaría cada minuto; pero simplemente aun no podía olvidar el mensaje que había recibido de su padre. Fueron siete palabras:

No podré llegar, lo dejaremos para después.

Grisha no se había molestado en gastar más de siete palabras para cancelar los planes que lo habían emocionado. Se sentía estúpido, sabía que no debió exaltarse por las palabras de su padre. No era la primera vez que le fallaba. Era un niño por pensar que él cumpliría esta vez.

No volvería a repetir su error. No volvería a confiar en Grisha Jaeger.

Cuando su profesor abrió la puerta, fue atacado por un fuerte olor a desinfectante. No recordaba eso la última vez, figuró que el estado en el que se halló tenía mucho que ver.

Los sillones eran de un blanco prístino, inmaculado y limpio. El suelo estaba alfombrado y, en medio, había una mesa caoba sin ninguna decoración. Notó que no había adornos en las paredes, era sobrio y sereno; igual que Levi. Lo que más llamaba su atención —y lo había hecho la última vez—, era la enorme pared revestida de libros. No reconocía casi ningún nombre, pero estaban ordenados de manera alfabética.

Levi le instruyó que debía remover sus zapatos, ya que si no, traerían bacterias y suciedad. Eren no era quién para objetar, así que obedeció.

—Siéntete como en casa —dijo el anfitrión, mirándolo de pies a cabeza—, pero no tanto. No te atrevas a ensuciar.

El chico asintió y se dirigió a la sala de estar. Se sentó en unos de los blancos sillones y le escribió un mensaje a su hermana:

Papá canceló nuestros planes, pero qué más es nuevo. Me quedé con Armin, llegaré por mi cuenta a la academia.

Se aseguró de mandarle uno más a su rubio amigo, pidiéndole que lo cubriera aunque fuera por esta noche. No especificó donde se quedaría, y rogó para que Armin dejara el tema. Para su suerte, Arlert no hizo mayores preguntas. Sólo deseaba que tuviera cuidado.

El lugar era pequeño, la sala de estar y la cocina estaban separadas por un mostrador de madera que servía como barra, donde unos taburetes se posaban. Levi estaba calentando una cacerola, comenzando a preparar la cena.

El chico caminó hacia los banquillos y se sentó. El mayor lo miró de reojo. El aceite empezaba a chisporrotear mientras su maestro mezclaba algún tipo de carne; lo movía con destreza y facilidad. ¿Había algo que Levi no pudiera hacer?

—'Las almas surcan las eras como las nubes los cielos' —agregaba especias a la sartén y más ingredientes mientras hablaba— ', y aunque las nubes cambien continuamente de forma, color y tamaño, una nube siempre es una nube, y un alma siempre es un alma.'

—Eso fue hermoso —dijo Eren, que había quedado boquiabierto— ¿a qué libro pertenece?

—A mi escrito preferido —mencionó simplemente—, esa será toda la pista que te daré. Adivina su nombre; es una tarea.

Eren no pudo evitar sonreír, por fin su profesor se estaba abriendo con él. Sabía que no era mucho, pero estaba feliz. Levi era un hombre complejo, hacía las acciones más repentinas en los momentos más inesperados. Se sentía como un niño en navidad, que acababa de recibir un regalo. Decidió poner al fondo de su mente el suceso con su padre —no era la primera vez que lo hacía, así que se había acostumbrado— y se concentró en el hombre que estaba frente a él. Sabía que él le importaba a su profesor, más de lo que el pelinegro dejaba ver. Estaba ansioso por tomar ese desafío.

Después de un par de minutos, Levi habló otra vez:

—¿No deberías estar estudiando? La siguiente evaluación es la próxima semana y espero que no bajen tus calificaciones.

Un sentimiento cálido lo envolvía cada vez que el serio hombre mostraba su preocupación. Su tristeza se disipaba cada vez más.

—¿Por qué no me da las respuestas? —dijo en broma, sabía que el otro nunca lo haría, pero no había mal en expresarse— ¿De qué me sirve dormir con el profesor si no tengo alguna recompensa?

Levi lo miró seriamente, no aceptando la jugarreta del menor.

—Tomo que ya no te comportarás como un mocoso deprimido.

Eren sonrió, lo más sincero que pudo, quería dejar de pensar en su padre.

—Para comenzar no nos hemos acostado. Diferencia entre besos y tener sexo —ante la mención de la palabra, el chico miró a otro lado—, niñato de mierda.

Eren se rio ante la respuesta.

—Ni siquiera intentes que te dé alguna respuesta, si bajan o suben tus notas será tu propia responsabilidad —sentenció gravemente.

El mayor sirvió la comida. Se sentaron a la mesa, Eren notó que sólo habían dos sillas; probablemente Levi llevaba un buen tiempo viviendo solo. Todo en el apartamento gritaba "soltería". El joven se preguntaba si era el pelinegro quien no había querido nada más nunca.


Las luces habían sido apagadas y sus ojos se estaban acostumbrando a la negrura. Eren dormiría en el sillón, no había manera que Levi dejaría que el mocoso durmiera en su cama dos veces. El chico había sido honesto a su palabra y preparó el uniforme para el día siguiente.

Todavía se preguntaba qué excusa diría al siguiente día por llevar a un estudiante, en su auto a la academia. '¿Cómo llegué a esto?' se preguntaba acostado en su cama. De alguna u otra manera, Eren Jaeger siempre lo persuadía.

Se giró en su cobertor, el sueño no lo encontraba.

Escuchó que la puerta fue abierta. Como si no supiera de quién se trataba.

—¿Pasa algo, mocoso? —preguntó con voz monótona.

—No puedo dormir —se quejó el adolescente con voz tímida.

—¿Qué? ¿Quieres que haga algo al respecto? —se estaba cansando de jugar a "la niñera"

—No… —Eren se quedó en silencio por unos segundos—… no quería estar solo. Lo siento, fue estúpido.

Se oyeron pasos dirigirse a la puerta.

—Espera —dijo, asegurándose que el chico escuchara. Eren Jaeger siempre lo persuadía—, regresa, niñato de mierda.

Las pisadas regresaron. Un peso se sumó a la cama y se posicionó a su lado. El calor corporal del chico se hizo notar, sin embargo, mantuvo su distancia. Acostándose en el otro extremo de la litera.

—Muchas gracias, profesor —dijo.

—Como sea… —se limitó a responder y cerró sus ojos.

Estaba deslizándose a sus sueños después de unos minutos, cuando una pequeña voz lo regresó a la realidad. Eren maldecía ávidamente a su lado. Su humor empeoraba con cada palabra que salía del otro. ¿Qué diablos quería el niño ahora? ¿Acaso necesitaba de alguien para ir al baño? Sus ojos podían distinguir las figuras en medio de la oscuridad, y su vista mejoró grandemente.

—Eren, soy incapaz de escuchar mis propios pensamientos gracias a ti —acusó al otro, con voz exasperada— ¿qué demonios necesitas?

—L-lo siento —se oyó la voz queda y avergonzada del chico. ¿Le pasaba algo?—…mierda…—dijo en voz baja.

Levi resopló y giró para encarar al niño. Eren estaba más cerca que antes y sus narices casi chocaron, el mocoso estaba caliente ¿se había enfermado?

—¿Te sientes bien? —preguntó, genuinamente preocupado.

Eren emitió un sonido que indicó que todo estaba en orden, pero fue interrumpido por un quejido.

Levi comprendió qué estaba sucediendo.

—¿Te estás tocando? —preguntó, su boca se había secado de momento a otro.

—N-no… —se excusó rápido—… lo ignoraré hasta que se vaya.

Levi chasqueó la lengua, irritado. Se giró, decididamente a ignorar a Eren. Estaba seguro que no dormiría, sólo esperaba que su alumno tuviera un pequeño sentido de decencia y no se masturbara a su lado.

—¿Pro-profesor? —preguntó el chico sin aliento.

'Diablos' sabía qué era lo que el adolescente estaba a punto de preguntar.

—¿Dime? —dijo con el tono más pesado que podía.

—¿Pu-puede tocarme? —la voz de Eren nunca se había escuchado tan tímida.

—No —fue su respuesta.

—Po-por… ¡ah!…por favor —el pequeño gemido movió algo dentro de Levi y se lamió los labios.

Tragó saliva. Eren Jaeger siempre lo persuadía.

Se giró y encaró a su alumno, el castaño tenía los labios entreabiertos y los ojos llenos de deseo. Metió su mano adentro del cobertor y tocó la ropa interior de él, tenía un punto húmedo en la cabeza de su pene, lleno de líquido preseminal. 'Mocoso, no me mientas,' pensó mientras delineaba la caliente erección sobre la ropa, ganándose pequeños quejidos de Eren 'te tocabas mientras yo estaba durmiendo a tu lado.'

Acarició su abdomen, el chico se atoró con la respiración en su garganta ante la expectativa de las acciones del otro. Levi bajó su mano en Eren sintiendo una línea de fino vello que iba a parar a su entrepierna. Metió su palma bajo el elástico del bóxer, sintió el miembro duro de su estudiante, quien gimió ante el contacto.

Sacó su mano en un movimiento rápido, el castaño se quejó ante la pérdida. Levi se lamió los dedos, lubricando los dígitos, probó el presemen de Eren mientras lo miraba directo a los ojos. El chico gimió ante la imagen erótica de su maestro, el pelinegro no pudo evitar dar una media sonrisa. Se acercó y lamió los labios del chico, el otro abrió la boca para sentir la lengua sobre la suya. El pelinegro se alejó rápidamente, negándole el beso. En lugar de eso susurró al lado de su oído.

—Desnúdate, Eren.

—Le…Levi —el chico estaba sin aliento.

Sin embargo, obedeció, bajó la porción de ropa sobre sus bronceadas piernas. Levi se maldijo mentalmente, cómo quería encender el interruptor de luz para ver a Eren expuesto; mirar en medio de sus piernas y beberse todo el cuerpo del chico con sus ojos.

Se resignó a sólo sentirlo con su piel.

Con su mano llena de su saliva, sujetó a Eren en la punta, él gimió en voz alta. Levi quería devorar sus labios y los enloquecedores sonidos que salían. Empezó a mover su puño; las piernas del otro se abrieron, dejándose sentir y perdiéndose en el placer.

—Se…se siente ¡ah! Levi, se siente…tan…bien —alcanzó apenas a decir, tartamudeaba, pero al otro sólo le excitaba más.

El chico lo tiró de sus negros cabellos y lo trajo a sus labios, movía sus caderas al ritmo de la mano de Levi. El maestro utilizó su otra mano para apretar un pezón.

—Maldita sea…—suspiró en los labios del otro—…no…no pares, ¡dios, no pares!

No planeaba hacerlo, aunque su vida dependiera de ello.

—Eren, demonios, no tienes idea de lo erótico que eres —regañó Levi sin despegarse del beso, mientras su mano se deslizaba sobre la cabeza del pene del otro; bajó hasta sentir los testículos de Eren, se ganó un grito de placer del castaño—. Eres tan obsceno, mira cómo te tengo con sólo mi mano.

El chico decía su nombre como una oración. Levi sintió las manos del otro sobre su erección y jadeó ante el contacto. Lo único que quería hacer era coger el apretado trasero de Eren hasta que el chico no distinguiera si el nombre del pelinegro era Levi o dios. Pero uno debía pensar por ambos.

El castaño estaba decidido a agarrar la erección de Levi, bajando los pantalones e introduciendo sus dedos. Con la mano que no estaba sobre el caliente órgano de Eren, sujetó la del chico ; haciendo el agarre firme para que el otro le prestara atención en medio de la neblina de lujuria.

—No —ordenó Levi—, no me toques.

—¿P-por qué? —preguntó desconcertado, quejándose por la falta de movimiento.

—Esto es por ti, no te obligaré a hacerme nada. No lo necesito.

—Por favor… profesor —rogó el otro con una voz llena de deseo—…quiero tocarlo tanto y-y saborearlo… mierda, quiero tenerlo dentro de mi boca…

Levi respiró profundamente, le tomó cada centímetro de su fuerza de voluntad para no cogerse la bonita boca de su estudiante en ese mismo segundo. Era peligroso imaginar esos labios bajando sobre su erección, con los enormes ojos de Eren enfocados en los suyos y luego terminar llenando el rostro del chico con su semen. Hacerlo de su territorio de la manera más salvaje y primitiva que podía imaginar.

—Tú me pediste que te tocara, mocoso —recordó las palabras del chico, antes de empezar este camino hacia su propia demencia—, será lo único que haré.

—…pe-pero…por favor, déjeme…

—No —finalizó Levi—. Si te atreves a tocarme, te sacaré de mi cuarto sin terminar esto.

Con eso convenció al mocoso.

Reanudó sus movimientos, arrancando un gemido de sorpresa de Eren. No iría más lejos esta noche. Su estudiante no necesitaba que Levi fuera su primero, sabía que si cruzaban esa fina línea, les sería imposible regresar. No se permitiría corromper al otro de esta manera, Levi no era más que un antojo, él lo sabía. Podía ocuparse él mismo de su erección.

El chico rogaba por su liberación, y quién era Levi para negárselo.

Aumentó la velocidad de su mano y bajó la otra para acariciar los testículos del otro. Levi besó su mentón repetidas veces, mordiendo su camino hasta el cuello; tenía cuidado de no dejar marcas en lugares visibles. Nadie podía saber lo que estaban haciendo, nadie lo entendería. Lamió su oreja, Eren se estremeció visiblemente; su pene estaba lleno de presemen, anunciando la llegada de su clímax.

El chico dejó salir un grito ahogado cuando llegó a su orgasmo, llenando la mano y la cama de Levi de semen; el pelinegro no pudo evitar chasquear la lengua, ahora tendría que cambiar las sábanas. Eren estaba jadeando, recuperándose de su clímax, gimió y se estremeció al sentir que el otro limpiaba su pene, retirando el semen con su mano.

Levi trajo los dígitos llenos de Eren a su boca, metió cada dedo y los limpió. Saboreó la semilla del más joven, memorizándola. Lamió su palma, adueñándose de todo el líquido codiciosamente. Su alumno lo miraba hipnotizado, maldiciendo en voz baja.

—No dejaré que ensucies mi cama más de lo necesario, niñato.

Eren tragó saliva sonoramente.

—S-si… lo siento mucho, eso fue abusar de su hospitalidad —se disculpó, mirando todo el cuarto menos a los ojos del otro—. No debí hacerlo.

'Si hay alguien abusando de algo aquí, sé que soy yo' pensó amargamente, sabía que era la verdad. Intentó no sentirse culpable por lo que acababa de hacerle al más joven.

—Duérmete mocoso, pero antes, dúchate —señaló una puerta frente a la cama.

El chico obedeció, tímidamente se levantó de la litera y se dirigió al baño. Encendió el interruptor del cuarto contiguo. Levi no pudo evitar mirar el trasero de su estudiante mientras caminaba, se veía tan apetecible, apretado, virginal… recordó su propia erección.

'Maldito seas, Eren Jaeger'

Se giró al extremo de la cama, ignorando su propia necesidad. Esperaba que el día siguiente esto no le trajera problemas… más de los que ya tenía.


Espero que hayan disfrutado! (ustedes saben de que hablo)

Comentarios, sugerencias, pensamientos sobre Grisha? Leeré todos sus reviews con una enorme sonrisa!

Hasta el próximo viernes!