Capítulo 9

.

.

.

Verla ahí de pie tan hermosa como la recordaba, con esa sonrisa sencilla que siempre la caracterizaba, habían hecho que todos los recuerdos del pasado volviesen a él, esos nostálgicos recuerdos en donde había sido un hombre feliz a su lado, en donde se habían demostrado el más puro acto de amor, donde las risas eran constantes y las tristezas escazas, aquellos momentos fueron los más profundo que había podido experimentar. Lo había dado todo de sí, todo el amor, cariño, respeto y devoción que cualquiera esperaría sin embargo esa mujer no había correspondido de la misma forma. Como olvidar aquella carta en el buzón que había recibió en la mañana de Mayo a dos meses de casarse, en donde ella por escrito le decía que cancelaba la boda para ir rodar una de las películas que la haría saltar al estrellato a nivel internacional, devolviéndole en el sobre aquel anillo que él había comprado con todo el cariño. Desde ese día su mundo se derrumbó por completo llevando la desilusión más grande que su corazón pudo recibir.

Que ella no diese la cara aún era más doloroso, impidiendo que él así pudiese volver a confiar en una mujer ¿Cómo poder olvidar esas promesas que se habían hecho? ¿Simplemente como podría hacerlo?

No podía de mirarla anonadado, años habían pasado y parecía que ella aún tenía un gran poder sobre él. Lo que más le comenzaba a molestar en los instantes que su mente parecía que quería comenzar a reaccionar, era como ella extendía su mano con una sonrisa, como si fuesen dos desconocidos que se acababan de conocer, y no dos personas que alguna vez estuvieron a punto de casarse.

Cuando por fin logró salir de aquel trance en el cual se había sometido al verla, la cogió con brusquedad del brazo y la llevó con él con rapidez, dejando a todo los presentes sorprendidos por su actitud. La llevó sin articular palabra por todo el pasillo hasta que salieron de ahí por una puerta trasera que daba a un pequeño jardín privado, que solo era usado por Darien cuando quería alejarse de todo el bullicio.

—¡Suéltame Darien! ¿¡No me escuchas!? —Él simplemente hizo caso omiso a sus palabras —¡Me estás lastimando!

—¿¡Qué diablos estás haciendo aquí!? —le soltó el brazo con brusquedad quedando sus miradas a poca distancia.

—Vine recuperar lo que es mío Darien, vine a por ti.

Aquellas palabras lo hicieron enfurecerse aún más.

—¿No crees que es demasiado tarde después de lo que me hiciste? Como puedes tener la poca decencia de presentarte en este evento.

—Porque te extrañaba Darien, porque tuve una gran oportunidad cuando me dijeron a quien tenía el honor de representar en este evento. Así que no dudé en aprovecharla cuando me dijeron que era a ti.

—Eso debiste haberlo pensando cuando me dejaste con una carta en el buzón. Porque yo ahora ya te olvidé.

—¡Estás mintiendo! —intentó abrazarlo.

—¡No me toques! —Se apartó unos pasos hacia atrás —ni se te ocurra ponerme un dedo encima.

—Darien…—sus ojos comenzaban a aguarse.

—¿¡Dime por qué me hiciste esto!? Teníamos todo preparado, las invitaciones, el banquete, el billete para la luna de miel, completamente todo ¡Por que no diste la maldita cara! —alzó su voz con fuerza haciendo que ella diese un pequeño brinco.

—Estoy muy arrepentida. ¡Te lo juro! —Sus lágrimas comenzaron a fluir con más fluidez.

—ya es tarde para eso. Solo quiero saber una cosa más ¿Eras feliz solo con tu fama?

—No. —Esa respuesta no sabía porque, no le parecía muy convincente — Me faltabas tú.

—¡Yo ahora estoy muerto para ti! ¡Tú mataste nuestro amor! —tras esas palabras dio una vuelta completa dirigiéndose en dirección contraria a Setsuna, solo que sus pasos no llegaron muy lejos al sentir como una mano agarraba con fuerza la manga de su traje.

—¡Yo aún te amo Darien! Podemos volver a retomarlo en donde lo dejamos, podemos volver a casarnos.

Al escuchar semejante barbaridad giró sobre sus talones quedando estupefacto por lo que acababa de salir de la boca de esa mujer.

—Estás completamente loca si crees que eso va a ocurrir.

—Sé que eso va a suceder Darien —se limpió las lágrimas con su mano — te lo juro, sé que volverás a ser mío.

—Deja de decir idioteces, lo que mejor puedes hacer es irte de Corea, no más bien te lo ordeno. Regresa a tu mundo ideal y a mí déjame vivir en paz.

Después de aquellas últimas palabras ya no dejó que ella respondiese, se fue dejándola ahí sola. Una vez que llegó a aquella puerta que la separaba de esa mujer, cruzó toda la habitación del gran salón a pasos agigantados intentado que así nadie le hablase, no quería estar ni un minuto más cerca de la presencia de Setsuna. Ahora entendía las palabras de Jedeite, pero nada lo podría haber preparado para reencontrarse con ella. Buscó la puerta de acceso de personal para salir sin ser visto ni molestado por lo periodistas, necesitaba estar tranquilo, despejar su mente pero lo más importante, necesitaba olvidarse de esa sensación de vulnerabilidad que le producía Setsuna.

—¿A dónde lo llevo amigo?—le preguntó el chofer del taxi que tomó.

—A donde nadie sepa quién soy y pueda tomarme un buen trago.

—Sé exactamente cuál es el lugar.

.

.

.

Serena regresó de la fiesta pasada la media noche. Como Darien dejó el lugar sin decir nada a nadie, ella tuvo que hacerse cargo de todo por ser parte de la familia Chiba. Estaba demasiado cansada, luego de todas esas horas sonriéndole a gente que ni tan siquiera conocía. Se quitó el vestido y lo colocó encima del diván, se deshizo de la peluca y sus accesorios y se acostó, enseguida cayó en un profundo sueño.

.

.

.

En la barra del Elisión, un pequeño bar a las afueras de la ciudad, Darien estaba tomando lo que sería su décimo quinto trago de vodka. Quería olvidarse de su regreso, de todo lo que habían vivido juntos, de las falsas promesas, de los besos, abrazos, realmente quería borrar todos aquellos recuerdos de su mente y corazón. Incluso si pudiese le encantaría olvidar como respirar.

No podía dejar de llorar con cada imagen que pasaba por su mente, cada recuerdo era aún más doloroso que el otro. Con el paso de las horas el alcohol comenzaba a hacer efecto en su cuerpo, perdiendo poco a poco su equilibrio, tambaleándose de un lado al otro de la silla. Se limpió las lágrimas con su manga de la camisa, a la vez que le pedía otra bebida al camarero, mientras este le volvía a servir otra copa, su mente lo traicionó llevándolo a un pasado en donde había sido.

Se encontraba a fuera de su auto apoyado con sus espaldas en la puerta del copiloto, esperando por Setsuna para llevarla a cenar. Esta noche tenía planeado llevarla a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, en aquel en donde la conoció cuando había asistido para una cena empresarial mientras ella era fotografiada por miles de periodistas, habían cruzado miradas en la recepción y desde aquel día comenzaron a frecuentarse hasta el día de hoy.

Darien sonrió al verla bajar por las escaleras de su casa, la besó y le abrió la puerta del copiloto, cerrándola después de que ella entró, bordeó el auto y entró colocándose el cinturón esperando que no hubiese ningún paparazzi en el restaurante Plutón.

Una vez ya allí él no podía dejar de contemplarla, esta noche se había vestido realmente hermosa. Llevaba un vestido de corte imperial de una sola tira que era agarrada en el hombro por un lazo del mismo tono dejando verse como adorno, unas hermosas perlas blancas que caían sin gravedad a solo dos milímetros del lazo . El color vino del vestido le favorecía con el tono de sus ojos haciendo verse más deseable. El largo llegaba solo hasta sus rodillas dejando presenciarse unas piernas perfectas y esbeltas acompañadas de unas sandalias de tacón con pedrería brillante en las tiras del calzado que la hacían ver como toda una muñeca.

—Estás preciosa esta noche.

Setsuna simplemente sonrió y esa sonrisa le fascinaba. Simplemente hacía que su corazón cada día se llenase más de amor.

—Cariño —la dulce voz de su novia hizo que él la mirase —no crees que estamos demasiado apartados, me siento encerrada.

—¿No te gusta esta habitación? Le he pedido al dueño la mejor zona vip, para poder estar tranquilos y cenar relajados.

—No está mal —hizo una mueca, que aunque no lo quisiese hizo que por unos segundos su corazón se entristeciese —solo que no quiero que mis fans piensen que me escondo de ellos.

Darien se quedó por unos segundos mirándola, pensando si realmente había fallado en algo. Su novia era conocida como la princesa de los K-Dramas siendo muy querida por todo el continente asiático. Al pelinegro no le importaba que fuese actriz pues sabía que esos besos en la pantalla eran falsos, pero lo que le dolía era que prefería estar fuera entre los clientes mientras estos le pedían autógrafos interrumpiendo cada dos por tres sus conversaciones, ella era feliz, mientras él la mirada aburrido, sin poder entablar una conversación con ella.

—Si he pedido esta habitación es porque quiero hablar contigo en privado —sacó su servilleta de tela de la copa y la colocó encima de las piernas. —vamos a cenar y luego decidimos lo que prefieres hacer.

Setsuna hizo la misma acción que él, solo que cuando abrió su servilleta para estirarla, un anillo de compromiso cayó entre sus piernas sorprendiéndola por completo. Con sorpresa lo cogió entre sus dedos sin poder dejar de contemplar el brillo de la joya que tenía delante de ella, que era conformada por diamantes y zafiros rodeada de oro blanco de dieciocho quilates, un regalo que Darien le había comprado con todo su amor.

—Darien…

—Setsuna —la interrumpió, agarrando su mano derecha —déjame hablar por favor. No sabía cómo decirte esto, ni siquiera sabía cómo iba hacerlo —su risa sonó nerviosa —desde que te conocí hiciste mis días más felices. Cada día que pasaba contigo te amaba más y no me imagino ahora una vida sin ti. Quiero pedirte hoy, aquí en el mismo restaurante donde nos conocimos por primera vez. ¿Si aceptas ser mi esposa?

Ella sonrió ante aquella proposición dejando verse todos sus dientes blancos en perfecto estado.

—¡Si acepto! —alzó la voz con alegría haciendo que Darien sonriese con felicidad por su respuesta. Con una sonrisa cogió el anillo entre sus dedos para colocárselo a su prometida en su dedo anular de su mano izquierda, sellando aquel compromiso con un dulce y caliente beso en los labios.

—Te amo —dijeron al mismo tiempo, volviendo a juntar nuevamente sus labios.

Todos aquellos recuerdos eran dolorosos para él, unos recuerdos que jamás regresarían. No comprendía aún porque ella había regresado. ¿Por qué le hacía esto? ¿Por qué regresaba como si nada? Como si jamás hubiese pasado nada entre ellos. ¡Maldita sea! ¿Por qué Setsuna no quedó en Estados Unidos? ¿Por qué volver a remover aquellos recuerdos dolorosos? Que había enterrado en su corazón con mucho esfuerzo.

«No comprendo porque vuelves a mí si tú me dejaste ir. ¿Por qué regresaste de nuevo Setsuna? —Aquellas preguntas le pasaban por su mente constantemente, mientras su cuerpo se balanceaba en la silla por las copas que había tomado — ¿Por qué quieres volver nuevamente a mis brazos? Si yo lo único que quiero es que te alejes de mí y que no me hagas preso de tus recuerdos.»

Tras aquellos pensamientos, volvió a pedir otro vaso más de whisky mientras maldecía su vida y a Jedeite, ¿Por qué no le había avisó?

Luego de aquellos pensamientos, los recuerdos de ese mismo día vinieron a él.

«Es alguien que conoces» —esas fueron las claras palabras de su amigo, él realmente le iba avisar y si no fuese por Mimet, quizás descubriría que esa mujer seguro era Setsuna.

¡Maldita sea!

Sacó como pudo el móvil de su bolsillo sin importarle la hora que fuese necesita hablar con él, buscó con la única persona que le debía una explicación del porqué no lo había buscado.

—Cabrón —fue el primero en hablar al escuchar como la llamada era respondida, interrumpiendo en el acto a la voz que estaba en el otro lado de la línea.

—Darien ¿Qué sucede? ¿Estás bien? —Su voz se escuchó con preocupación —¿Estás borracho?

—Por qué no me lo dijiste ¡Por qué no me dijiste que regresó! —apenas podía hablar correctamente, pues su lengua se trababa a la raíz de todo lo que había bebido.

—Iba hacerlo pero ya no pude. Dime dónde estás y voy a por ti.

—En el bar Elisión. — Después de eso le colgó, volviendo a llorar por los amargos recuerdos. Hundiendo sus penas nuevamente en el alcohol.

No tuvo que esperar mucho a que su amigo hiciese acto de presencia en el bar, encontrándolo peor de lo que ya estaba.

—¡Darien! —Se acercó a él sacándole la copa medio llena que tenía entre sus manos —¡deja de beber por esa víbora! Ella no merece una de tus lágrimas. —colocó el vaso en la barra, alejándolo del pelinegro.

—¿Por qué regresó Jedeite? —Lo miró — ¿Quiere volver a lastimarme como la última vez? —sus lágrimas resbalaban por sus mejillas con desespero, buscando una razón de su regreso.

—No lo sé, pero no puedes dejarte caer por esa mujer. Entiende que ella te dejó después de todo lo que tú hiciste por ella.

Simplemente no respondió a sus palabras y llevó sus dos manos a su corazón, llorando con fuerza, estremeciendo el corazón de Jedeite.

—Por favor déjame solo, quiero pensar.

—¡Estás loco! Ni de broma te dejaré aquí muriéndote por una arpía. Sobre todo no dejé a la fiera salvaje, quiero decir a la gata salvaje —se corrigió de su error sin fijarse en la mirada de pocos amigos que le estaba echando el pelinegro. — en la cama para irme como si nada, por lo menos antes de tu llamada ya lo hemos hecho tres veces íbamos por la…

Sus palabras fueron interrumpidas por un molesto Darien.

—Piensas que en estos momentos me importa las veces que te acuestes con tu sirvienta, solo quiero olvidar su presencia, su olor, sus estúpidos recuerdos, y tú me hablas de idioteces. —respondió molesto sin importarle como el resto de la gente lo miraba.

—Lo siento —respondió apenado — sé que no debí de haberte hablado de lo que sucedió antes de tu llamada, pero ya sabes como soy —se rio pasando sus dedos por sus cabellos dorados —mejor vámonos de aquí, te llevaré a casa.

—No quiero irme, vete tú —habló con determinación echándole una mirada asesina que no logró intimidar a Jedeite —mejor déjame solo y vuelve con Kuzu Nyanko, seguro deberá estar esperándote —después de eso volvió a llamar al camarero, pidiéndole otra bebida más sin preocuparse en el estado lamentable en el que se encontraba.

—¡No me iré de aquí sin ti! —Alzó su voz con fuerza sin importarle en lo más mínimo como la gente le miraba —¡No tomaras más! ahora mismo te llevo a casa.

Después de las palabras de Jedeite fue arrastrado hacia el auto, no sin antes pagar la cuantiosa cuenta de las bebidas que había consumido desde que había llegado. Si no fuese por su amigo habría caído en cualquier momento al suelo ya que ni el mismo se podía tender de pie. En los instantes que llegaron al automóvil del rubio fue metido al asiento del copiloto con mucho cuidado, quedando inmediatamente dormido en aquel magnífico asiento de cuero.

.

.

.

La llamada de Darien es ese estado tan lamentable le había preocupado en demasía a tal punto que dejó todo con tal de ir a correr en su ayuda. Él sabía que Setsuna había aparecido nuevamente, pues Andrew le había hablado de la gran anfitriona para el evento haciendo que él se sintiese con un gran sentimiento de rabia y rencor hacia aquella persona, y sobre todo por no poder avisarle a su amigo de la sorpresa que iba a llevarle a volver a ver aquella arpía.

Él había tenido que terminar de organizar unos detalles finales para el evento cosa que no lo volvió a ver hasta esa noche, cuando llegó al salón de la fiesta ya los dos se habían encontrado, Setsuna le estaba tendiendo la mano como si fuesen dos desconocidos, eso le llenó de tanta rabia que decidió salir de aquel lugar porque si no la golpearía sin importar que fuese una mujer.

Jedeite miró a su amigo durmiendo a su lado y se odió a él mismo, si le hubiera dicho a Darien, ahora mismo no se encontraría en tal estado de embriaguez.

Se sintió tan culpable que después de dejarlo en su casa esta vez, fue él quien se fue a tomar un trago olvidándose por completo de todo lo demás.

.

.

.

La noche era fría, helada, pero ella ya no lo sentía a causa de haber corrido entre la lluvia, la ropa empapada estaba adherida a su piel. Tenía unas cuantas heridas en sus piernas al haber caído mientras intentaba salvarse.

La sangre de algunas partes de su cuerpo ya las tenía secas y el temor que tenía ahora era mucho peor que hacía unos minutos. Pensaba que podía libarse, que podía salvarse. Pero había resultado imposible.

—Por favor suéltame —suplicaba entre llantos, mirando aquel rostro terrorífico que tenía encima de ella.

—No te haré daño, preciosa.

—¡Déjame ir maldito! — Sus gritos eran inútiles y cada vez el miedo se introducía más en su interior.

De un solo grito despertó de aquel horrible sueño que había regresado a ella como una ráfaga de viento. Tras esa pesadilla comenzó a llorar con todas las fuerzas de su alma, ahogando sus sollozos en un cojín para así no ser escuchada por nadie. Lloró sin detenerse por unos largos minutos, hasta que escuchó un ruido y unos tropezones contra los muebles, haciendo que aquellas lágrimas se detuvieran por unos instantes. Miró hacia todo los lados asustada limpiándolas con sus manos inmediatamente. Sin poder dejar de pensar en lo que estaría ocurriendo. Extrañada y preocupada por aquellos sonidos, dejó el cojín en la cama y se colocó las pantuflas de estilo bota de color rosa que tanto le gustaban. Se volvió a poner la peluca negra y salió de su habitación, pudiendo ver la que la habitación de enfrente tenía la luz encendida que por desgracia era la de su supuesto primito, aquel que la había dejado sola a su suerte en aquel evento que ella no conocía a nadie más que a Unazuki. Por mera curiosidad y querer reclamarle por haberla abandonado, caminó hacía allí quedando en el marco de la puerta pudiendo ver como él bebía y bebía sin cansarse ahogándose en un mar de lágrimas y por esta vez Serena ya no quería gritarle, echarle la culpa que ella tuvo que atender de todo, sino que quería saber porque estaba llorando en aquel estado tan lamentable.

—Darien —su voz sonó suave, caminando poco a poco hasta quedar enfrente a él. Una vez que lo vio más de cerca, no pudo evitar llevar sus manos a sus labios —¿Qué te pasó estás bien? —inquirió angustiada al ver su demacrado rostro.

Él simplemente no le respondió, es como si ni siquiera la hubiese visto, se volvía a servir aquel liquido ambarino una y otra vez, mientras Serena solo le miraba sin hacer nada, hasta que se cansó, decidiendo sacarle la bebida de sus manos, llevándola hacia una mesita que estaba libre, volviendo a él a pasos gigantescos.

—¿Me estás escuchando Darien? ¿Qué te sucede?

No volvió a responder y lo único que hizo fue llorar con más fuerzas.

—¿Darien? —se agachó a su altura colocando su mano encima de la suya, que se encontraba sobre el posa brazos del sillón —¿Qué sucede?

—¿Por qué me has hecho esto? Dímelo si yo te amaba.

—¿Qué? ¿Pero qué dices? ¿No te entiendo? —inquirió desconcertada ¿Qué le estaba pasando a Darien? ¿Estaba teniendo alucinaciones? —¿De qué estás hablando?

—Yo te amaba Setsuna y tú me has dejado con el corazón roto ¿Cómo pudiste hacerme algo así?

«Setsuna ¿Quién era ella? ¿Sería quizás la mujer con la cual Darien había llevado a la fuerza con él hacia alguna parte del evento? Es entonces ella la causante de todo su daño, del estado en el cual se encontraba.» —aquellas preguntas rondaban por su mente y no podía dejar de pensar si ella era la misma mujer.

—Yo no soy Setsuna, soy Serena.

—¿Por qué quisiste terminar con todo? ¿Por qué te fuiste así?

Y esta vez sus sospechas fueron respondidas. Darien la estaba confundiendo por una persona que le había dejado. ¿Entonces aquel anillo no era de su novia? se quedó pensativa por unos segundos hasta que se recordó de la fotografía que le había visto a Darien de aquella joven con él abrazados, que era la misma mujer que Andrew Furuhata le había presentado en el evento ¿Cómo no se había dado cuenta que eran la misma persona? Entonces la tal Setsuna no era nada más que la ex de Darien, ahora comenzaba a comprender porque jamás apareció en el hospital para ver al abuelo.

—Te lo vuelvo a repetir no soy ella, por favor escúchame, soy Serena la mujer que conociste en Tokio.

—Setsuna, yo quiero saber porque volviste —sus lágrimas cada vez eran más fuertes y sus ojos estaban rojos de tanto llorar. Serena jamás lo había visto en semejante estado —yo siempre quise bajarte estrellas, hacerte feliz y tú me mataste el corazón.

Al escuchar la última frase, Serena no puedo evitar que una lagrima resbalase por sus mejillas, al ser la receptora de aquellas palabras, que reflejaban un dolor profundo dentro de su corazón, realmente esa mujer le había hecho un daño irreparable, un daño que ella creía que no había superado y verla lo había matado por dentro. La rubia quería acariciarlo, darle todo su apoyo, y a pesar que lo odiaba un abrazo no le vendría mal porque cuando alguien tenía el corazón roto. Hasta la persona más cruel necesitaba un cariño de alguien que le reconfortara. Serena le abrazó dejando que él se ahogase en sus brazos como Darien le había dejado una vez a ella.

Después de eso, ella se separó de él sin lograr que sus lágrimas se detuviesen, cuando lo miró a los ojos, no pudo evitar llevar sus manos a su corazón al ver como él destrozado y borracho hablaba sin sentido mientras intentaba secar sus lágrimas, cosa que resultaba inútil porque cada vez que más se limpiaba los ojos, aquel liquido salido resbalaba por sus mejillas con más fuerza.

—Setsuna —volvió a repetir su nombre con dolor, intentando levantarse del sillón para hablar con Serena, pero sus intentos eran inútiles, cada vez que se levantaba caía hacía el sillón.

—Darien —suspiró resignada, ya no valía la pena que le dijese que no era ella porque no iba a hacerle caso, si le hablaba iba llamarle siempre por aquel nombre. —mejor te ayudaré a levantarte y te llevaré hacía la cama.

El pelinegro simplemente asintió a sus palabras, sin poner resistencia alguna. Serena pasó su brazo por detrás de su cuello y le pidió que se levantase cosa que hizo, pero una vez que intentó levantarlo ambos cayeron al sofá a causa de la fuerza del pelinegro. La morena cayó en sus brazos, siendo agarrada rápidamente por los brazos de Darien. Un poco agitada por lo ocurrido, miró a aquellos ojos rojos sin poder evitar sentir lastimada al verlo tan destrozado.

—Set yo te amé tanto —acarició como pudo los cabellos negros de Serena — por última vez déjame besarte porque dudo que quiera volver a verte. Porque creo que jamás podré perdonarte. Necesito cerrar tu ciclo de mi corazón, quizás así este dolor de mi alma se me va, quizás así es la única manera en que pueda olvidar todo lo que vivimos una vez juntos.

Serena se sorprendió ante sus palabras ¿Besarla? A quien quería besar era a Setsuna no a ella. La morena no podía permitirlo no podía. Con un poco de nerviosísimo vio como él se acercaba más a sus labios haciendo que ella sintiese como todo su cuerpo temblaba ante sus brazos ya que él la tenía agarrada por sus caderas. Una vez que lo vio muy cerca, podía oler el olor que desprendía a alcohol produciéndole un poco de asco. Solo quedaban dos milímetros para que sus labios se juntaran y ella lo único que logró hacer para que aquel beso no ocurriese fue girar su rostro siendo depositado aquel beso en su mejilla derecha. Podía sentir el calor de sus labios en su piel y el olor desagradable de la bebida introduciéndose por sus fosas nasales.

Tras eso se quedó en silencio por unos segundos sin saber lo que hacer y luego miró hacia Darien que después de ese beso cerró sus ojos quedando rendido en aquel sillón. Lo miró con lastimada, con dolor, y no sabía por qué cogió la manta de la cama y lo cubrió para que no tuviese frío. Volvió a mirarlo por unos segundos más mientras dormía y unos minutos después salió de ahí entrando en su habitación y apoyándose en la puerta se dejó caer de rodillas en el suelo, llevando sus dos manos a su corazón. Su respiración aún era nerviosa y su mente estaba perdida en la escena que acaba de ocurrir con el pelinegro.

¿Qué le estaba pasando?

¿Por qué se preocupaba por Darien si lo odiaba?

¿Por qué sentía algo de dolor en su corazón cuando la llamada Sestuna?

No comprendía porque se sentía así si ella.

No podía estar pensando en él cuando ella no era nada más que una estafadora que estaba engañando a su familia y jamás iba a ser respetada por él.

Seguro que todo lo que estaba sintiendo en estos instantes debería de ser lastima de verlo tan destrozado.

.

.

.

La manera en como la había tratado Darien la había enfurecido de sobremanera, por unos momentos pensó que él caería rendido a sus brazos, que la abrazaría y la besaría perdonándole todo, pero no, él la había rechazado como si fuese un gusano y eso no lo iba a permitir. Ella no pensaba irse de Corea por mucho que él se lo suplicara, había venido por una razón y esa razón tenía nombre y apellido; Darien Chiba, y haría lo que fuese necesario para recuperarlo aunque tuviese que vender su alma al mismísimo diablo, nadie podía rechazar a la princesa de los K- dramas y él no iba a ser el primero, caería en sus redes nuevamente.

Estacionó el auto en el arcén y se miró por el espejo retrovisor, su imagen se veía pequeña en aquella pantalla de cristal y ella sonrió al ver su hermosura; era perfecta, sus facciones eran lisas, una nariz respingosa, y sus pestañas postizas le hacían ver los ojos más grandes. Cogió su bolso y lo abrió sacando su estuche de maquillaje para darse unos últimos retoques antes de tocar la puerta de la mansión de los Chiba. Esta vez Darien caería rendido a sus pies.

Bajó del auto dejando que se viese su vestido lujoso que había decidido ponerse para así seducir a su hombre como ella solía llamarle, se veía realmente preciosa, llevaba un vestido de corte imperial de un solo hombro de un hermoso tono rojo pasión que se adhería a su piel como una capa más resaltando cada curva de su esbelta figura, dejando verse unos zapatos de tacón que había comprado en Estados Unidos en una de las tiendas más caras del país.

Timbró y esperó al frío maldiciéndose por vestirse así, pero todo valdría la pena si conseguía su objetivo, una vez que le vinieron abrir la reja, los trabajadores se sorprendieron al verla pero no dijeron ni una palabra. Caminó por todo el camino de piedra hasta llegar a aquella mansión en donde había estado muchas veces. Subió las tres escalinatas de piedra y tocó el timbre de la puerta principal, esperando a que alguien del servicio le viniese a abrir.

Estuvo esperando por unos segundos hasta que vio como la puerta se iba abriendo, dejando verse a una mujer de más o menos cincuenta y seis años que se había sorprendido al verla allí, y Setsuna no pudo evitar echar una sonrisa triunfante, odiaba a esa mujer, siempre se había metido en su vida cuando estaba con Darien tomando atribuciones que una nana no le correspondía. Su cabello era largo de un tono rosado tan claro como el algodón de azúcar, y en su rostro se podía presenciar las arrugas de la edad.

—¿Qué tal esta Cere Cere, parece que no me recuerda? —echó una sonrisa falsa esperando poder ponerla en el lugar que se merecía.

—¿Qué está haciendo aquí?

—No creo que una sirvienta como tú —respondió con desdén —debe referirse a los invitados como yo con más respecto ¿Sabe quién soy? —enfatizó en el soy, dándole a entender que ella era Setsuna Meiou la gran estrella de Asia y medio continente occidental.

—Por supuesto que se quién es, y sino la hecho es porque como usted dice soy una trabajadora de esta casa, pero si esta fuera mi casa ya la hubiera corrido a patadas.

—Que humor se gasta, normal que le salgan arrugas —bufó molesta —quiero ver a Darien te puedes apartar de mi camino —hizo una mueca de desagrado y la empujó con su mano para ella abrirse camino y entrar a aquella gran mansión —ve llamar a Darien y dígale que lo estoy esperando —la miró de mala gana dándole ordenes como si ella fuese la dueña de esa casa.

—Ahora mismo vengo.

—Cuando viva aquí serás la primera que se vaya a la calle —dijo molesta en un tono tan bajo que no fue escuchado por nadie.

Comenzó a caminar por el pasillo recordándose de aquellos años en donde muchas veces venía buscar a su pareja, en donde en el jardín se habían besado, en donde en su cama habían hecho muchas veces el amor. No pudo evitar esbozar una sonrisa, todo pronto volvería a la normalidad, él iba a volver a ser de ella. Comenzó a tocar aquellos muebles mirándolos con desagrado, pronto los cambiaría por algo más llamativo y más caro aún, algo que fuese simplemente único.

—¡¿Qué estás haciendo tú aquí?! ¡Te ordeno que te vayas de mi casa ahora mismo!

Aquellos gritos simplemente le molestaron ¿Qué se creían al haberle así? Ella estaba tan concentrada en su mundo, buscando sus mejores planes para que este viejo viniese a interrumpirla, cuando viviese aquí lo metería a una residencia y dejarlo morir ahí, aunque seguro ya no le quedaría mucho tiempo de vida.

Se dio la vuelta y ahí lo vio sentado en su silla de ruedas mirándola con rabia, desprecio, un desprecio que era papable en el ambiente.

—Vine a ver a Darien —soltó de golpe como si lo que estuviese diciendo fuese lo más obvio del mundo.

—No tienes ningún derecho de venir a buscar a mi nieto ¡Vete de mi casa! —le ordenó señalizándole el pasillo de vuelta a la salida, cosa que ella no obedeció.

—Sí que tengo el derecho de venirlo a ver abuelo, porque él todavía me ama y pronto volveremos a estar juntos.

—¡Ni se te ocurra a llamarme abuelo! —alzó su voz con fuerza —Perdiste ese derecho después de haber dejado a mi nieto tirado con lo de la boda, como tienes la decencia de venir hasta aquí a decirme que él aún te ama. ¡Vete de mi casa ya!

—¿Por qué me tratas así? —Comenzó a fingir unas pequeñas lagrimas esperando ablandar el corazón de ese hombre —yo amo a su nieto, se lo juro — comenzó a llorar con más fuerza —déjame verlo —se tiró de rodillas en el suelo llevando sus manos a su rostro, cubriéndose así aquellas lagrimas que salían de sus ojos.

—¡Mentira! —Espetó furioso —si amases a mi nieto realmente no lo hubieses dejado a las dos meses de la boda para convertirte en una actriz norteamericana. Deja de fingir esas lágrimas. No te creeré.

Se levantó del suelo, secándose aquellas lágrimas con un pañuelo quedando su mirada fija en aquel hombre.

—De verdad yo…

Sus palabras fueron interrumpidas por una voz desconocida.

—Abuelo ¿Qué ocurre? Escuché unos gritos mientras bajaba las escaleras —una joven morena se puso a su lado y no pude evitar ponerse celosa ¿Quién era esa mocosa?

—Estoy bien Serena —le respondió alterado, acariciando sus dedos en un intento de calmarla.

Setsuna no perdía ningún detalle ¿Quién era esa joven? ¿Por qué le había llamado abuelo? La única que le llamaba así era Sunny y esa niña no era la "hermana" de Darien, y el verdadero nombre de Sunny era… sus pensamientos fueron interrumpidos por aquella voz cantarina.

—Le pido en nombre de mi abuelo que se retire de mi casa —aquel tono de mando que había empleado no le había gustado en lo más mínimo, nadie absolutamente nadie tenía derecho hablarle así. La miró con despreció y juró mentalmente que esto no se quedaría así.

.

.

.

Comenzó a despertarse lentamente al sentir los rayos del sol traspasarse por los agujeros de la persiana, produciéndole un sosiego y un dolor de cabeza horripilante, su espalda dolía al haberse quedado dormido en aquel sillón, pero realmente nada se intensificada con el dolor que sentía en su corazón.

Llevó su mano derecha a su cabeza al sentir como tocaban la puerta de su habitación, había sido un toque suave, solo que para él parecía que había explotado una bomba. ¿Cuánto había bebido a noche?

Sin fuerzas en su voz invitó a pasar a la persona de detrás de aquella dichosa puerta.

—Joven Darien ¿Estaba durmiendo? —la voz de su nana había sido como una sierra eléctrica torturándole mentalmente.

—Acabo de despertar —hizo un pequeño sonido de queja y se volvió a mirar —¿Me cubriste a la noche nana?

—No —negó con los hombros —vine hablarle de otra cosa joven Darien.

—¿De qué?

—La señorita Setsuna lo está esperando abajo

Al escuchar aquel nombre se sorprendió enormemente ¿Qué estaba haciendo aquí? ¿No le había escuchado que quería que se fuese de Corea? No podía verla más, no quería verla más. ¿Por qué simplemente venía a buscarlo? Si él solo quería que despareciese de su vida por siempre ¿Por qué quería torturarlo de esta manera?

—Dile que se vaya de esta que casa, no quiero verla y de mi parte, recuérdale que nunca más vuelva a pisar esta mansión, porque no es bien recibida. —dijo tajante, llevando su mano a su cabeza esperando poder descansar y olvidar el dolor que había regresado a su corazón.

—Se lo diré, aunque tú más que nadie la conoces y sabes perfectamente que ella no se irá hasta que logre verte. —respondió con un tono suave, esperando convencerlo.

—Dile que se vaya —habló con voz de mando, no le gustaba hablarle así a Cere Cere porque para él era como un miembro más de la familia, ya que cuando entró a trabajar con ellos, Darien tenía tan solo siete años.

Escuchó el cerrar de la puerta y se recostó en el respaldo del sillón dejando caer sus hombros, soltando así toda la tensión contenida que tenía a raíz de aquellas palabras. Él conocía perfectamente a Setsuna y sabía que no se iba a ir hasta verlo. ¿Pero qué hacer cuando no quieres ver a alguien que te lastimó y a la vez que amaste? Lo que más deseas es esconderte de aquella persona, intentar no verla más aunque estés llorando por dentro ¿Cómo iba hacer si su corazón estaba confundido y él solamente quería estar solo?

Cerró sus ojos en un intento de dormirse de olvidarse de todo hasta que unos fuertes gritos hicieron eco en sus oídos, haciendo que abriese sus ojos inmediatamente mirando extrañamente hacia todo los lados ¿Qué era eso?

Había escuchado un "¡Ni se te ocurra subir!" aquella voz era de su abuelo"

"¡no eres bienvenida en esta casa, vete!, ¡no fue el suficiente daño el que le hiciste a mi hijo!" ahora era la voz de su madre ¿Qué estaba pasando? ¿Setsuna pensaba subir a buscarlo? Dios esa mujer no lo dejaba en paz. Llevó sus dedos a sus cabellos en son de desesperación y salió de su habitación como alma que lleva al diablo encontrando a Setsuna con un pie en la escalera siendo agarrada del brazo por su madre y Serena, impidiendo que así pudiese subir hasta las habitaciones.

El escándalo que estaba presenciando ante sus ojos le estaba produciendo un dolor insoportable de cabeza por lo que bajó las escaleras y cogió a Setsuna del brazo sin decir una sola palabra, llevándola a rastras hacia los jardines de la mansión.

Una vez que llegaron la soltó fuertemente dejando presenciarse la vena verde su frente.

—Parece que lo nuestro es estar en los jardines —se acercó hacia él moviendo sus caderas con sensualidad poniéndose frente a él, levantó su mano hasta la altura de su mejilla en un intento de acariciarlo, aunque no lo logró ya que Darien se apartó unos pasos hacia atrás. —te encanta traerme a estos lugares. —le echó una sonrisa ladina cosa que él ni se inmutó.

—Deja de decir idioteces —soltó molesto —No comprendes las palabras que no eres bien recibida en esta casa.

—Mi amor sé que lo dicen porque están resentidos, pero yo sé que se alegran de verme.

—Estas muy equivocada —cruzó sus brazos molesto. Como podía creer que alguien la iba recibir con los brazos abiertos —nadie te quiere en esta casa.

—Pero tu si me extrañas, me he vestido hermosa para ti, mírame —agarró su mano fría en donde antes había calor cada vez que lo tocaba —mira lo guapa que me puse y solo para que vayamos a comer fuera los dos juntos.

Darien la miró fijamente recorriendo con su mirada cada parte de su esbelta figura, sus largas piernas eran hermosas, su busto siempre lo había vuelto loco, y para cualquier hombre su cuerpo era digno a pecar. Cuando la vio en el desfile había quedado anonadado, ahora la quería fuera de ahí, no quería verla porque quería ponerle sentido a su vida, quería pensar en todo lo que estaba pasando.

—Te pido que te vayas si no quieres que se yo mismo quien te eche.

—No serás capaz hacerlo porque sé que aún me amas.

—No digas que no soy capaz hacerlo porque tú más que nadie sabes de lo que soy capaz —clavó su mirada asesina en la de ella esperando lograr a intimidarla. ¿Por qué no se iba?

—No puedo creer que me eches —alzó su voz en modo de desconcierto —pero aunque me eches de tu vida, yo no te dejaré ir tan fácilmente, porque te amo con todo mi ser —comenzó a caminar, pasando por su lado rozándole con sus dedos su brazo. Él la miraba con sus ojos azules apagados, parecía que se iba a ir hasta que vio como detenía sus pasos y se giraba hacia él —Antes de irme quiero saber quién es esa mujer llamada Serena.

—No creo que te importe.

—No me iré de aquí hasta que me digas quien es ella.

—Es mi prima Natsuki, la hija de mi tía Neherenia. —soltó sin más esperando que así desapareciese de su vista —Ahora que lo sabes vete.

—No me voy, sin antes decirme porque se llama Serena y no Natsuki —ella seguía hablando, intentado buscar una evidencia si realmente le estaba diciendo la verdad.

—Eso no es de tu incumbencia, vete si no deseas que llame a la prensa y haga noticia de semejante escándalo que has hecho —sabía perfectamente que había tocado su punto frágil, aquel que solo era dar una imagen ante el público.

—Me iré —respondió con voz apagada —no obstante te digo que no te dejaré ir tan fácilmente —esta vez sus palabras habían sonado con sinceridad. —Hasta pronto amor —se despidió de él con su mano y se fue dejándolo complemente solo siendo únicamente acompañado por el sonido del viento.

Tras aquella conversación se quedó mirando como ella se iba alejando cada vez más de su presencia, ahora solo lo acompañaba el viento y aquellas hojas que recorrían su cuerpo, alcanzó una con su mano y la estrujó con rabia, dejando que ese dolor, que esas lagrimas volviesen a salir, dejando salir ese grito que tanto deseaba de dentro de su alma por lo que acababa de suceder.

Después de liberar un poco su furia, entró por la puerta de cristal dejando aquel jardín atrás para introducirse dentro de la casa. Caminaba con su cabeza hacia abajo perdido en sus pensamientos hasta que sus pasos se detuvieron al tropezarse con un pequeño cuerpo.

Se separó un poco de aquella persona y la miró a los ojos.

—¿Qué haces aquí? —soltó sin más y después de eso se sintió un completo idiota, como podía preguntarle algo así si vivían en la misma casa.

—Iba al jardín —su voz sonó con tranquilidad aunque no podía dejar de mirar hacia sus ojos.

El simplemente no habló y pasó por su lado sin siquiera meterse con ella o insultarla como hacia tantas veces, esta vez solo quería estar realmente en paz, relajarse en su habitación y quedar ahí todo el día.

—¿Está todo bien?

Al escuchar su voz Darien se volteó sin acercarse hacia Serena.

—Perfectamente —intentó sonar lo más seguro posible, aunque su voz apagada no le ayudaba.

—Entonces lo que ocurrido ayer en tu habitación que fue, porque jamás te vi así, en ese estado tan lamentable.

—¿De qué estás hablando? —cada vez comprendía menos ¿Qué es lo que sabía Serena y él no?

—Ayer en la noche cuando iba a reclamarte por abandonarme en el evento, te encontré borracho y lo único que hiciste fue llamarme Setsuna —y se ahí se calló rápidamente, haciendo que él le prestase más atención a sus palabras.

—¿Pasó algo? —inquirió dudoso, algo le decía que algo había pasado y que él no podía recordar.

—No —habló con pose firme —solo eso fue lo que sucedió, solo quiero decirte que sea la última vez que me abandonas en un lugar así que no conozca a nadie. —su voz había sonado dura y en su mirada se podía ver que no estaba jugando, pero también algo que no podía descifrar.

—Lo siento —prefería decirle;" no te abandoné, me fui porque mi corazón dolía al ver a Setsuna", no obstante prefirió pedirle perdón con tal de que lo dejasen en paz. Dio un suspiro y volvió a mirarla y ahí fue donde se dio cuenta de la duda que tenía en la cabeza desde que había abierto sus ojos. —¿Fuiste tú quien me cubrió a noche?

—Si…—después de aquella respuesta la dejó hablando sola, había escuchado un "será la última vez que haga algo así por ti" no obstante él ya no le dio importancia, únicamente quería llegar a su habitación y acostarse hasta que fuese el último día de su vida.

.

.

.

Entró furiosa en su apartamento, golpeando la puerta con fuerza y aventando su bolso al suelo como si este tuviese la culpa de sus males. Respiró con fuerza intentando calmarse. Su pecho subía y bajaba con rapidez, mientras pensaba que todo lo que tenía planeado hoy, no había salido como ella se lo esperaba, pero si Darien pensaba que iba dejarlo en paz se equivocaba, no lo iba a dejar hasta que volviese a pedirle matrimonio nuevamente. Aun no podía comprender como la podía tratar como si fuese una simple desconocida cuando muchas veces le había dicho que la amaba y hoy la trataba como si hubiese hecho algo malo. Como si fuese algo malo romper un compromiso por cumplir un sueño.

¿Acaso Darien no podía comprenderlo que solo lo hizo para crecer más como actriz? Era tan difícil entenderlo.

Lo que más furiosa la tenía era aquella mujer que vivía en la mansión de su amor, aquella que dice ser la supuesta prima desaparecida, no obstante había algo que le hacía sospechar que era una mentira y la razón; habían sido las palabras de Darien al no querer confesarle porque ella no usaba su nombre real, por lo que supuso que podría ser su novia y ese pensamiento la molestó de sobremanera.

Tras aquellos pensamientos buscó a su prima como alma que lleva el diablo, lo único que se escuchaba en aquellos momentos eran sus tacones al caminar y su voz llamando a Rei a gritos, unos gritos que no eran respondidos por la mujer que ella estaba buscando. Una vez que entró en el salón la encontró en una mesa concentrada en varios informes y una agenda que supuso que era la de su trabajo, la volvió a llamar de mala gana y no la escuchó hasta que se dio cuenta que tenía unos audífonos de música en sus oídos.

—¡Rei! —Se acercó a ella y se los sacó de mala manera —te llevo llamando desde hace unos minutos. ¿Puedes prestarme atención?

—¿Qué quieres Setsuna? —la miró por unos segundos, volviendo nuevamente su vista a los papeles —Tengo que terminar de mirar tu contrato para que vuelvas aa trabajar en la emisora de televisión Plutón Star.

—Lo que quiero es que me hagas un enorme favor. —su voz había sonado con determinación.

En esos instantes su prima dejó de mirar aquel contrato para atender a aquella voz.

—¿Qué es lo que tienes que pedirme? Espero que no sea algo que no tenga que ver con mi trabajo porque sabes que solo acepté esto.

—Lo que tengo es mucho mejor que estar aburrida mirando unos papeles —los cogió en su mano y lo volvió a posar rápido en la mesa al ver tantas hojas escritas que ni siquiera entendía. Los apartó hacia un lado y se sentó en el escritorio, cruzando sus piernas.

—¿Entonces dime que es?

Setsuna se rio internamente, su prima a veces podía resultar tan tonta que podía jugar con ella a su antojo amenazándola siempre con su punto débil.

—Lo que quiero que hagas primita, es que investigues a la mujer que vive en la mansión de mi futuro esposo.

—¿Qué esposo? ¿Qué mujer? —Inquirió estupefacta.

Setsuna no sacaba los ojos de la mirada sorprendida de su prima, quien había olvidado por completo lo que estaba haciendo para levantarse de la silla, y mirarla a los ojos como si se hubiese vuelto completamente loca.

—No te hagas la tonta sabes bien de quien habló —Rei simplemente no se movió —lo que te voy pedir es muy fácil. —Habló con naturalidad — Quiero que investigues sobre Serena, "la supuesta prima" de mi futuro marido.

Continuará…

Hola mis amores ¿qué tal están? Sé que este capítulo lo tuve más rápido que los otros, es que este capítulo ya lo tenía listo de antes cuando tenía beta, solo que anduve cambiando cosas que no me gustaron y tardé algo en subirlo.

No duden en decirme que les pareció o si vieron algún fallo.

¿Qué creen que tramará Setsuna?

Muchas gracias por sus comentarios que me dan siempre muchas fuerzas para seguir escribiendo. Los que dejaron comentarios por sus cuentas les respondo por privado los que no tienen cuenta lo hago por aquí.

Muchas gracias por sus comentarios a:

magguie aino: Mi querida sis muchas gracias por tu comentario y leerme, me encantaría responderte a toda las preguntas, pero poco a poco las iremos descubriendo. Serena comienza a enamorarse de Darien pero ella aún no se da cuenta. Lo de Sunny no es nada malo, no obstante mas adelante sabremos de lo que se trata. La mamá de Rei está muy enferma y la medicación es muy cara y ellos no tienen tanto dinero para pagarla, por eso Rei debe soportar a la tonta de su prima. Mi sis lo que le hizo Setsuna a Darien pudimos descubrirlo hoy, le dejó para irse cumplir un sueño, haciendo que él sufriese mucho por eso. La invitaron porque ella es una famosa actriz internacional y Darien como no quería saber demasiado del evento puso su voto de confianza en sus empleados, por lo cual ahí el resultado. Andrew no sabía que Setsuna era la ex prometida de Darien. Mi querida hermanita espero te guste este nuevo capítulo. Besos ya brazos. Te quiero mucho.

Mary Barrientos: Muchas gracias por leerle y por tu hermoso comentario. Me fascina saber que te fascinó, eso me emocionó mucho. Besos y abrazos. Te quiero mucho.

Adriana Bear: Hola nena bienvenida a mi historia. Muchas gracias por tu comentario y leerme. La historia tendrá más capítulos. Sé que me tardo, ahora estoy unas pocas semanas de vacaciones en la academia por lo que tengo un poco de tiempo a escribir. Estoy trabajando de mañana este mes de verano mi abuela está enferma de un cáncer terminal, y la academia cuando vuelva me va hacer tardar más en escribir. Aunque tarde la terminaré. Lo prometo. Besos y abrazos

usagi de chiba:Hola linda, muchas gracias por seguir leyéndome y por tu comentario, espero te haya gustado este nuevo capítulo. Veremos que hará la loca de Setsuna. Besos y abrazos.

Mis vidas muchas gracias por vuestro apoyo.

Que pasen un hermoso fin de semana.

Besos y abrazos.