Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)

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Capítulo 10

Edward escuchó el vaso de cristal estrellarse contra el piso, así como a sus suegros siguiendo sus pasos escaleras arriba.

Chocó contra su hija al dirigirse a su habitación, Valery ni siquiera lo miró, tan solo siguió su camino, aventando a Renée en el proceso; él entró a la habitación encontrando a Bella hincada con un gran trozo de tela blanca sobre su regazo, el jadeo de su suegra detrás de él, así como el encaje esparcido por la habitación, la bolsa blanca junto a Bella y las tijeras de jardín sobre la cama le daban un buen indicio de dónde provenía la tela cortada y por qué Bella estaba a punto del colapso.

No había revisado las cámaras de seguridad aun cuando Renée había insistido en que tenía que hacerlo y casi obligado a tenerla presente mientras ocurría, pero no lo había hecho, negándose a creer que su hija hubiera sido capaz de hacer semejante travesura con los regalos de boda, pero en ese momento, al ver a su prometida sollozando con los restos de lo que en algún momento fue su vestido de novia, con Charlie intentando consolarla y Renée levantando desesperadamente los trozos de tela, no le quedaba duda de que su hija no había dejado de ser la niña revoltosa que llegó meses atrás a la casa.

Era digna hija de Tanya y eso no tenía que olvidarlo nunca.

—Dámelo, princesita, dale el vestido a mami —murmuró Renée tomando los restos que Bella tenía aferrados a sus manos.

Edward se acercó tomando el lugar de Charlie y sosteniéndola en brazos cuando Renée consiguió el vestido y lo levantó para poder examinar el daño.

En la parte del abdomen no tenía tela, había sido cortado y dejado un maltrecho círculo, la larga falda tenía cinco largas aberturas, desde el dobladillo hasta la cintura e incluso más arriba, una de las mangas había desaparecido mientras que la otra tenía tijeretazos en el encaje.

Inservible era la palabra perfecta para describir el vestido de novia.

No tenían vestido de novia.

Solo quedaban tres días para la boda y su prometida no tenía vestido de novia.

¿Qué iban a hacer ahora?

Sostuvo a Bella contra su pecho sofocando sus sollozos y murmurándole palabras tranquilizadoras para que dejara de llorar, mientras Renée salía de la habitación junto a Charlie y Esme, pudo escuchar claramente como su suegra gritó por Vicky.

—Fue Valery, mi amor —murmuró Bella—, tenía el vestido en sus manos cuando entré a la habitación, no sé por qué lo hizo, pensé que me quería, realmente creí que ella no le hizo nada a los obsequios, pero ahora…

—Lo voy a arreglar, Bella, te lo prometo.

Negó con la cabeza, separándose de su pecho, dejando ver sus ojos hinchados y mejillas manchadas.

—Perdí mi vestido, Edward, Valery volvió a su antigua actitud, no tengo la menor idea de qué será lo siguiente que hará, ¿cómo se supone que nos casemos?

Cerró los ojos y atrajo a Bella de nuevo a sus brazos, él tampoco tenía la respuesta.

Edward llamó al médico para que revisara a Bella y pudiera administrarle algún medicamento para dormir, nadie sabía del embarazo y era mejor seguir manteniéndolo solo para ellos, lo último que necesitaban era que todos en la casa aumentaran su malestar al pensar que el bebé y Bella pudieran estar en peligro.

Ahora Bella dormía pacíficamente en la habitación después de tomarse algunos tés naturales para clamar sus nervios, darse una tibia ducha y ser ayudada a vestirse por Edward, realmente necesitaba descansar y olvidar por al menos algunas horas todo lo relacionado con la boda.

Había planeado cada detalle para que su boda fuera lo más perfecta posible, ahora el vestido, el tema principal de la boda, a lo que todo estaba acondicionado para combinar —incluso su traje de novio—, estaba arruinado y no sabía cómo conseguiría uno nuevo en tan poco tiempo.

Era imposible que lo consiguieran.

No quería cancelar la boda, pero no haría que Bella caminara hacia el altar con un vestido que no era el de sus sueños, tenía que ser el mejor día de su vida, sería la única boda que tendría porque nunca la dejaría marchar de su lado.

Pero por más que no quisiera hacerlo, tendría que llamar a todos los invitados y decirles que se cancelaba hasta nuevo aviso.

Se detuvo a medio camino a su despacho, vio a Renée en la sala acompañada de Esme y Charlie, James estaba junto a Vicky, quien tenía su atención puesta en la Tablet.

—¿Qué ocurre?

Su siempre bien vestida suegra ahora solo usaba unos jeans y una gabardina amarilla junto con sus botas de tacón alto, no era precisamente el atuendo con el que esperaba verla para pasar el día en el rancho, más bien parecía…

—Volaré a Nueva York y le conseguiré a mi hija el vestido que necesita.

Quedó en shock por unos segundos antes de recobrar la cordura, Bella necesitaba a su madre aquí con ella, no verla marcharse.

—No tienes por qué hacerlo.

—Claro que sí, sabes perfectamente que tengo que hacerlo y quieres que lo haga —sentenció Renée cruzándose de brazos—. ¿O qué más vas a hacer? No hay vestido y por más que mi hija aceptara dejar su ropa de diseñador por una más ligera al mudarse aquí contigo, no quiere decir que en el día de su boda quiera caminar al altar con jeans y camisetas que utiliza a diario, ¿o quieres que lo haga? ¿Qué planeas decirle cuando despierte? ¿Qué vas a hacer, Edward?

—No tengo idea.

—Exacto, por esa razón yo iré a Nueva York a conseguir el vestido de mi hija y tú te quedarás aquí haciendo unos arreglos.

—¿Cuáles? —preguntó temeroso, su suegra no hacía nada sin recibir algo a cambio, Renée podría ser un fastidio en ocasiones, pero no tenía duda que por Bella haría cualquier cosa.

—La única forma de que yo pase las siguientes noches en vela buscando un vestido y ajustándolo a sus medidas, es que me prometas que después de que regresen de la luna de miel, Valery no va a estar en esta casa.

—¿Qué?

—Es la única condición para que te cases con mi hija.

Edward miró el equipaje de mano sobre el sofá, a James con las llaves del auto en la mano, a su madre quien tenía esa mirada de reproche, y a Charlie quien sostenía a Andrew, su ceño arrugado y los ojos rojos después de una larga tarde escuchando a su hija sollozar.

—Lo que me pides...

—Es simple, voy o no voy, aceptas o no.

—No es blanco y negro, Renée.

—A las pruebas me remito —bufó cruzándose de brazos—. ¿Cuántas veces Valery ha hecho de las suyas? ¿Cuántas veces has tenido que lidiar con sus berrinches? Esa niña es una rebelde, un completo caos y al parecer para ti, mi hija tiene que lidiar con todo eso.

—No…

—¿Crees que Bella no habla conmigo? ¿Crees que no me ha contado cada una de sus travesuras o que aquí no me he enterado de muchas otras? Solo estoy poniendo en palabras la verdad, Bella no tiene por qué hacerse responsable de una niña caprichosa que no tiene ni un poco de sentido de culpa. Así que decide, ¿es más importante mi hija, la felicidad junto a ella, criar a Andrew juntos o prefieres quedarte con una niña que no se sabe qué será lo siguiente que hará?

No sabía qué hacer.

Muy pocas veces en la vida tuvo el infortunio de dudar sobre lo que tenía o no tenía que hacer. Cuando su padre murió por un paro cardiaco cuando solo era un muchachito de diecisiete años y James se negó a hacerse cargo del rancho, no dudó en tomar su lugar y darle la libertad que su hermano tanto deseaba, tomando el mando y control de todas las decisiones, su madre le ayudó y lo acompañó a través de su adaptación, y nadie dudó de su buen juicio al tomar decisiones; cuando decidió cambiar la alimentación de los animales por una orgánica, nadie juzgó su decisión al ver la cantidad de nuevos clientes que obtuvieron; en las ferias de ganado siendo incluso un principiante nadie puso en duda su conocimiento, lo cual llevó a sus reses a ganar los primeros lugares, y a forjar el legado del Rancho Cullen; cuando aceptó aquella extraña proposición de una sesión de fotografías en la parte trasera de su rancho con algunos caballos, a muchos les pareció estúpido que dejara que modelos prepotentes se quedaran en el rancho, pero gracias a eso, tenía a Bella junto a él.

Su vida había estado llena de decisiones difíciles, pero nunca se acobardó o dudó de su buen juicio, incluso si eso incluía a Tanya, pero ahora, en ese momento, viendo que su suegra esperaba una respuesta, con toda la familia detrás de ella, con Andrew sonriéndole desde los brazos de su suegro y con Bella embarazada de su segundo bebé, era difícil tomar una decisión.

Por primera vez dudó si estaba haciendo lo correcto o no.

—Haré lo mejor para mi familia.

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—Pensé que estarías en la cama con Bella —murmuró James sentándose a su lado en el columpio junto a la pileta.

Solo tres horas habían pasado desde que Renée abandonó el rancho, su madre le aseguró que estaba haciendo lo correcto, Charlie le dijo que no tenía duda en que cuidaría como era debido de Bella, incluso le dio su completa bendición para casarse con ella, incluso Sue le comunicó que le llevaría la cena a Valery a su habitación para así evitar problemas y momentos tensos.

—Está con Andrew, le dije que descansara e hiciera reposo, pero me ha dicho que lo necesitaba cerca para terminar de calmarse.

—Me imagino, ¿sabe que Renée se marchó?

—No le he dicho, pero lo haré, solo quiero que se calme un poco antes de hablar con ella. ¿Tuvieron problemas para abordar?

—Llegamos tarde al aeropuerto, cualquiera pensaría que no la dejarían subir al avión, pero ella lo consiguió, esa mujer es de armas tomar.

—Lo es —suspiró agotado, se suponía que las últimas horas antes de su boda sería inmensamente feliz, no se sentía para nada de ese modo.

—¿Qué piensas hacer? —preguntó James, no pudiendo ignorar el tema por más tiempo.

—No lo sé, es mi hija, pero...

—Pero es Bella.

—No puedo perderla, James —respondió cubriéndose el rostro con las manos—, casi lo arruiné una vez con ella, no puedo hacerlo de nuevo.

—No va a pasar, Bella te ama.

—¿Y qué se supone que hagamos ahora?, ¿cambiar la fecha de la boda? Lo haría si fuera tan sencillo, pero no quiero que mi segundo hijo con Bella nazca fuera del matrimonio, solo Dios sabe lo difícil que fue convencerla para que Andrew llevara el apellido Cullen, no quiero volver a pasar por la misma discusión con ella.

—¿Está embarazada?

—Sí —suspiró, cansado de toda la situación—, no le hemos dicho a nadie, solo nosotros, Valery y ahora tú lo saben, era una sorpresa para el día de la boda.

—Eso lo complica un poco.

—Claro que lo hace. Cuando fui a verla el día que Andrew nació, me enteré que iba a llevar el apellido Swan, ni siquiera estaba pensando en ponerle mi apellido, me costó un infierno que ella me perdonara y me aceptara de vuelta junto a ella, fue aun peor cuando di por hecho que Andrew llevaría mi apellido, si Bella no era mi esposa entonces Andrew no tendría por qué llevar mi apellido.

—Es algo que haría Bella.

—Por esa razón le dije que nos casaríamos en estas fechas, el suficiente tiempo para que preparara la boda de sus sueños, Andrew fuera más grande y los tres formáramos una familia, cuando nos enteramos del embarazo intentamos adelantar la fecha, pero dedujimos que no le crecería tanto el vientre, por eso dejamos todo tal cual, sin embargo, ahora… no estoy listo para ver a Bella embarazada de vuelta sin ser mi esposa.

—Pueden ir al pueblo y casarse ante el juez.

—Lo haría sin dudarlo, pero no quiero hacerle eso a Bella y yo no quiero casarme con mi mujer de esa manera.

—¿Entonces mandarás a Valery lejos?

—No.

—Pero le diste tu palabra a Renée.

—Le dije que haría lo mejor para mi familia y Valery es parte de ella.

—No creo que Reneé se tome muy bien que jugaras con ella de esa forma, se fue para buscar un vestido, no tengo la menor idea de cómo lo encontrará si Bella necesitó meses para obtenerlo, dudo que te lo entregue si sabe que no cumpliste con tu parte del trato.

—Confío en que quiera lo suficiente a Bella como para no negarse a dárselo.

—Estás esperando un milagro, hermano.

—Sería un milagro si Renée llega a conseguir ese vestido, aunque espero que lo haga.

—Yo también, ¿le has dicho a Bella lo que su madre te ha pedido?

—No, pero se lo diré y confío en que esté de acuerdo conmigo en que no podemos mandar a Valery lejos de aquí.

—Bella la quiere mucho, dudo que le guste la idea de su madre.

—Eso espero o todo estará jodido.

Edward suspiró antes de decidir que tenía que ir con Bella, necesitaba un momento de paz y solo ella podía dárselo.

La alarma sonó despertando a todos en la casa. Solo una vez había sonado esa alarma y fue tanto tiempo atrás que ni siquiera recordaban la razón de por qué sonó, siempre tuvieron mucho cuidado ya que era demasiado ruidosa y despertaba a la mitad del pueblo.

Su padre la había puesto hacía años y aún seguía funcionando gracias al continuo mantenimiento, era una manera de mantener a la familia segura, no era que el pueblo no lo fuera, pero era preferible ser precavidos que lamentarse después.

—Ve con los niños, cariño —habló Edward colocándose la bata y tomando la escopeta que escondía debajo de la cama por seguridad, algo que su abuelo y padre hacían y por ende él también—, quédate con ellos.

Bella asintió, se cubrió con su bata y salió detrás de Edward, entrando rápidamente a la habitación de Andrew, quien lloraba por ser despertado de esa manera.

James salió de su habitación con una escopeta muy similar en sus manos, y ambos bajaron las escaleras dispuestos a atrapar al intruso que tuvo la absurda idea de invadir el rancho Cullen.

Conociendo la casa tan bien como ellos la conocían, terminaron de bajar las escaleras y apuntaron a la puerta en el momento exacto que encendían las luces.

La cabellera rubia con unos enormes y temerosos ojos violetas fue lo que ambos hermanos vieron.

Edward bajó la escopeta y miró a su hija, estaba vestida con unos jeans, una sudadera de Bella, sus tenis y llevaba una mochila sobre el hombro.

—Esto tiene que ser una jodida broma —bufó James sentándose en los escalones—, una maldita broma de mal gusto.

Dio un paso cerca de su hija antes de que la voz asustada y los rápidos pasos de Bella se escucharan por la escalera.

—Edward, Edward, Valery no está en su habita...

Edward se giró para ver a Bella, que se detuvo solo un escalón arriba de James al encontrar a Valery aun sosteniendo la perilla de la puerta.

—Solo lo diré una vez, Valery, ¿en qué estabas pensando?

El auto de policía y varias camionetas de los ranchos vecinos se acercaban a alta velocidad, se podían ver claramente a la distancia, una alarma ruidosa y un pueblo pequeño eran suficiente para alertar a todos y llevarlos inmediatamente al rancho Cullen.

—¿Está todo bien allá abajo? —preguntó Charlie bajando las escaleras con Esme detrás de él.

Sue, Harry y los demás trabajadores aparecieron, preguntando qué había ocurrido y si se encontraban bien.

Era un jodido caos.

—¿Qué intentabas hacer, Valery? —volvió a preguntar, esperando que su hija se dignara a hablar.

Valery se puso a sollozar al mismo tiempo que el auto del sheriff se detenía enfrente de la puerta principal, Edward suspiró y se giró para ver a Bella, quien asintió y, entregándole el bebé a Esme, se acercó a Valery para intentar calmarla y obtener respuestas.

—¿Está todo bien? —preguntó Billy quitándose el sombrero y subiendo las escaleras del porche, las camionetas de los demás habitantes del pueblo comenzaron a estacionarse, algunos con personas detrás de ellos con sus respectivas armas desenfundadas.

—Sí, la alarma ha sonado sin razón aparente.

—¿Cómo así?

—Bueno es… muy vieja, algún circuito debió dañarse.

—Es el problema con las alarmas viejas —chasqueó la lengua asegurándole que se había tragado el cuento—, revisaremos el perímetro solo para prevenir.

—Claro, jefe, y disculpe por las molestias.

Dejó que el sheriff junto con un grupo de hombres revisara el perímetro y él regresó a la casa en donde Rosalie junto con otras mujeres estaban calmando a Andrew mientras que Bella intentaba tranquilizar a Valery y que saliera de su escondite, el resto de las mujeres estaba en la cocina o avivando el fuego de la chimenea.

Algo bueno de vivir en un pueblo pequeño era que sus habitantes realmente se preocupaban por la seguridad de todos y podían contar con su apoyo incondicional, lo malo es que los tendría en casa por lo menos unas cuantas horas, hasta ese momento no podría cuestionar a su hija, que se aferraba desesperadamente a la bata de Bella, como si de esa manera pudiera deshacer lo que hizo.

Casi al amanecer el rancho Cullen volvió a quedar vacío.

Andrew estaba por fin dormido, Alice y Rosalie se habían encargado de meterlo en la cama mientras que las demás mujeres se aseguraron de preparar aperitivos para todos y de ofrecerle cualquier plato de comida a Bella pensando en aliviarla del susto que había pasado, incluso Angela fue quien llevó a Valery a su habitación, quedándose con ella hasta que Valery logró terminar con su paciencia.

Ahora toda la casa estaba en silencio, ambos estaban agotados.

—Tengo que ir a hablar con Valery.

—Posiblemente esté dormida —respondió Bella en medio de un bostezo.

—No creo que lo esté.

—No es el momento, hermano —habló James detrás de ellos—, lleva a Bella a descansar, lo necesita, puedes hacerte cargo de Valery después.

—Siento que si me voy a dormir cuando despierte me encontraré con otro desastre de Valery.

—Te prometo que no será así, mantendré un ojo en ella.

Asintió a las palabras de su hermano, realmente necesitaba algunas horas más de sueño, además no era sano para Bella.

Renée se comunicó con Bella después del mediodía diciéndole que había aterrizado perfectamente y estaba yendo a recoger el vestido, no quiso dar detalles, así como no pareció sorprendida cuando Bella le contó la razón por la que tenía ojeras y Andrew estaba de pésimo humor.

—Te dije que esa niña era un problema, pero ninguno quiso escucharme.

—No es un problema, mamá, solo es… ella.

—No utilices ese jueguito de palabras conmigo, Bella, soy tu madre, tengo mucho más experiencia y, aunque no quieras aceptarlo, lo que digo no es más que la verdad.

—No la conoces, mamá.

—¿Y tú sí?

—Claro que sí, es mi hija.

—No lo es, y para ella no eres su madre, una hija nunca destruiría el vestido de bodas de su madre. Tienes que hacerme caso de una vez por todas, Bella.

Valery pasó todo el día en su habitación, Sue les llevó la comida, dejando que Bella pudiera ultimar detalles de la boda desde la comodidad del sofá de la sala con Rosalie, Bree, Angela y Alice ayudándola en todo lo que necesitara.

Pero a media tarde, al encontrar a Andrew comiendo su merienda y ver el lugar de Valery nuevamente vacío, decidió que era suficiente, había dejado que su enojo se aplacara para no ser demasiado duro con su hija, incluso pensó en cómo le diría a Bella que estaba buscando internados para mandar a Valery —después de la alarma, realmente temía lo siguiente que Valery fuera capaz de hacer, tal vez la idea de Renée no era tan mala—, aunque aún dudaba si era lo correcto.

Bella lo siguió a la habitación de Valery, pues había intentado hablar con ella cuando las chicas estaban en casa, pensando en que tal vez pudiera descubrir por qué había destruido su vestido, pero no consiguió que le abriera la puerta.

Edward tocó la puerta de la habitación tres veces, en ninguna obtuvo respuesta alguna, normalmente no entraría a la habitación de su hija sin su autorización, pero en ese momento no estaba en la mejor de las situaciones.

Aún debía recibir su castigo por los obsequios.

Otro por el vestido.

Y uno más por activar la alarma, además de descubrir lo que estaba pensando hacer.

Suspirando abrió la puerta y entró a la habitación de Valery, no podía estar todo el día encerrada en su habitación y sin comer, no era sano. Bella iba detrás de él, sabía que posiblemente Valery se molestaría aún más con ellos, pero no podían seguir dejando que hiciera lo que le viniera en gana.

La habitación estaba en penumbras, las cortinas cubrían las ventanas privando que el sol la iluminara, la cama estaba deshecha, el armario desordenado, los juguetes tirados por todos lados, pero lo que sobresalía de todo aquel desastre era los trozos de tela rosada esparcidos.

Edward entró más a la habitación buscando a Valery con la mirada, encontrándola sentada en una de las sillas de la mesa en donde jugaba con su juego de té, la muñeca de porcelana que Bella le había regalado sobre su regazo.

—¿Destruiste tu vestido? —preguntó Bella recogiendo los trozos de tela—. ¿Por qué?

—No me gustaba.

—Eso no es cierto, tú amabas el vestido, me lo dijiste cientos de veces —dijo intentando mantener la calma, en lo cual estaba fallando miserablemente.

—Pues ya no —contestó y se encogió de hombros.

—No te creo.

—Es la verdad, no me gustaba, era feo, horrible.

—No es así y me niego a creerte porque sé que estás mintiendo.

—¡No lo hago! —protestó poniéndose de pie y sosteniendo fuertemente la muñeca contra su pecho.

—Sí lo haces, sé que lo haces —aseguró Bella acercándose a ella, Edward quiso detenerla, pero él había sido testigo de lo mucho que amaba su vestido, era imposible creer lo que ahora decía.

—Tú no sabes nada, Bella, no lo sabes.

—Entonces explícamelo y no digas que no te gustó el vestido, porque sé que no es así.

—Porque… porque…

Vio la desesperación en los ojos de su hija, como si no supiera qué decir a continuación, desesperada porque la dejaran sola.

—Porque te odio, Bella —sentenció, causando un respingo en su prometida, nunca había pensado que su hija dijera esas palabras—, te odio, te odio, te odio.

—Val…

—Te odio, te odio tanto, ojalá tú hubieras muerto y no mi mamá.

—Es suficiente, Valery —habló Edward interponiéndose entre Bella y su hija—, esto está llegando demasiado lejos.

—No me importa, no quiero estar aquí, la odio y también te odio a ti, odio a todo el mundo, ojalá ustedes se hubieran muerto y no mi mamá, yo sería mucho más feliz de ese modo.

—Valery…

—Los odio, los odio, los odio, los odio… —repetía, negando con la cabeza, sin siquiera verlos a los ojos.

Sin pensar mucho en lo que hacía, se arrodilló y sostuvo a Valery en brazos, ella comenzó a llorar y patalear intentando soltarse, pero Edward no lo permitió, se sentó sobre el suelo y acomodó a su hija en sus brazos, imposibilitándola de poder escapar.

—¡Déjame!

—No.

—Déjame, no te quiero, te odio, te odio.

—No me importa, no me importa cuánto me odies, nunca te voy a dejar, Valery, jamás.

—No es cierto, no es cierto, tú no me quieres aquí, nadie lo hace, yo tampoco quiero estar aquí, quiero ir con mi mamá, quiero que todo sea como antes.

—Siempre te he querido, Valery.

—No es cierto, no es cierto, te odio, te odio, te odio.

—Ódiame todo lo que quieras, pero eso no evitará que te siga queriendo como lo hago.

—Tú no me quieres, me odias como odias a mamá, tú nunca me quisiste, hubieras preferido no tenerme.

—Eso no es cierto.

—Sí lo es, sí lo es, lo sé, lo he escuchado, todo el mundo lo dice y sé que es cierto, tú no querías a mi mamá y tampoco me quieres a mí porque te recuerdo a ella.

—Yo…

—Pues yo tampoco te quiero, papi, no lo hago, no lo hago, te odio, te odio, te odio.

Miró a Bella que tenía lágrimas en los ojos, detrás de ella estaba James, quien veía asombrado la situación, junto a él estaba su madre, no había rastro de Charlie, lo cual agradecía, lo último que quería era mostrarle a su suegro que su vida estaba mucho más jodida de lo que podía verse a simple vista.

Bella llamó su atención al acercarse a ellos. Valery seguía luchando en sus brazos, queriendo soltarse, al notar a Bella tan cerca se alteró aún más.

—Dile, Edward.

¿Qué le tenía que decir?

¿Qué podía decirle que no le hubiera dicho ya?

—Amaba mucho a tu madre, Valery, hubiera ido por ella hasta el fin del mundo si hubiera sabido que tú existías —habló en voz baja, captando la atención de su hija—, nunca las hubiera dejado solas, hubiera luchado por ustedes con cada fibra de mi ser.

—No es cierto.

—No es más que la verdad, amé a tu madre de una manera muy especial, fue mi primer amor, la mujer más hermosa que había visto en mi vida, si tan solo hubiera sabido que tú crecías en su vientre, nunca la hubiera dejado marchar.

—Mientes —sollozó.

—Cada vez que te miro, recuerdo a tu madre, lo mucho que me gustaba cómo su cabello parecía oro fundido al atardecer justo como el tuyo, cómo sus ojos violeta se achicaban y brillaban de manera diferente cuando reía a carcajadas justo como los que tú posees, recuerdo ese espíritu libre y aventurero que tanto me atraía, el mismo que tú demuestras a cada paso que das.

—Papi…

—Si pudiera cambiar algo en el pasado, mi niña, sería evitar que tu madre falleciera, daría toda mi fortuna por tenerla un día más aquí, que tú tuvieras a tu madre y la vieras aunque sea una vez más, ver con mis propios ojos que ella era feliz junto a ti y, que aunque lo nuestro no funcionó, al menos te creamos a ti. Ella me dio el mejor regalo al traerte al mundo y amarte como sé que te amó.

Valery sollozó contra sus brazos, dejando de luchar, simplemente dejando que Edward le diera todo el amor que necesitaba.

Levantó la vista para ver que Bella le sonreía, creía que tal vez se molestaría al escucharlo decir todas aquellas palabras, pero parecía como si ella ya supiera esas cosas, no parecía ni sorprendida ni pasmada, simplemente en paz.

Vio a su hermano, quien parecía que en cualquier momento se desvanecería o regresaría su estómago, y por último buscó a su madre, pero había desaparecido.

—Lo siento, papi, lo siento mucho.

—No importa, mi amor.

—Lo siento, lo siento por todo, lo siento.

Edward veía a su hija dormir en medio de la cama, no había tenido corazón para dejarla sola en la habitación, por esa razón ahora estaba en medio de ambos.

—¿Estás molesta con ella? —preguntó Edward sosteniendo la manito de Valery.

—No, lo estuve cuando vi lo que hizo, pero…

—¿Pero?

—Hay algo más, Edward, pero no sé qué es, Valery no nos lo va a decir directamente, es como si intentara decirnos en clave.

—¿Te refieres a que se disculpa pero no porque ella lo haya hecho?

—Pensé que era la única en notarlo, es raro, actúa tan culpable, aunque de una manera extraña, como si fuera la responsable pero al mismo tiempo no lo fuera.

Edward asintió recordando cada una de sus travesuras, notando esos momentos extraños en donde su hija parecía la responsable pero en lugar de sentirse arrepentida, mostraba culpa.

—Tu madre... tu madre me pidió algo —habló antes de poder arrepentirse, tal vez estuviera faltando a su palabra, pero sabía que Bella sería la única en evitar que su madre le obligara a alejar a su hija.

No iba a apartarse de su hija, nunca más lo iba a hacer.

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A menos de veinticuatro horas para su boda, su madre le dijo que llegaría a tiempo, pero dudaba que eso pasara —aunque lo esperaba ansiosa para poder confrontarla—, Rosalie siendo su fiel amiga había intentado calmarla aconsejándole ir al spa, el cual ya estaba reservado, y después tan solo relajarse y esperar que Renée cumpliera su palabra de traer el vestido.

Ahora estaban a la orilla de la pileta, con Valery dormida en brazos de Edward, habían intentado dejarla en su habitación, pero Valery terminaba despertando y regresado con Edward, como si temiera quedarse sola.

Pero eso no evitaba que disfrutaran un momento de la mutua compañía, intentando ignorar los nervios de la boda.

—¿Rosalie era tu novia? —preguntó Bella confusa, mirando la fotografía que Jasper mostró de ambos juntos, con Edward sosteniéndola de la cintura.

—No, solo éramos amigos —le tranquilizó la rubia—. Salimos una que otra vez, pero solo como amigos, era demasiado fea en ese entonces, Edward por lo menos me trataba con decencia.

—Eras una chica, Rose, y mi padre me hubiera dado una buena tunda si en algún momento te faltaba el respeto.

—Por esa razón me llevó al baile de graduación —concluyó Rosalie—, nadie quería llevarme y Edward se sacrificó.

—Nunca lo he considerado un sacrificio, Rosalie, nos divertimos.

—Lo hicimos y fue cuando me presentó a Royce —suspiró dramáticamente sosteniendo la mano de su esposo—, y el resto como dicen... es historia

—¿Así que fuiste un casamentero?

—Uno de mis tantos talentos —respondió antes de besarla.

—Hermano, algunos estamos solteros, respétame o te daré una tunda —protestó James bebiendo de su cerveza.

—No es nuestra culpa que no te atrevieras a formalizar con mi prima —protestó Jasper abrazando a Bree, que aún se comportaba con nerviosismo—, así que no te quejes.

Bella se rio cuando James le lanzó frituras a Jasper, era un buen momento antes del terrible ajetreo que se llevaría a cabo en algunas horas.

Solo esperaba que en algún momento su madre se dignara a responder el teléfono y decirle la hora en que llegaba.

El llamado de Quil, corriendo a su encuentro, los alertó de que su reunión tenía que terminar en ese momento.

—Al menos la yegua decidió dar a luz ahora y no a mitad de nuestra boda —comentó Edward mientras se desprendía de su ropa—. ¿Hubieras querido bailar conmigo después de estar en un parto?

—Posiblemente hubiera pedido el divorcio de inmediato… aunque si me dejas nombrar al potrillo podría reconsiderar nuestro matrimonio.

Ambos rieron mientras Edward terminaba de quitarse la ropa y se metía al baño dispuesto a quitarse los residuos del arduo trabajo de parto.

Bella salió de la cama, quería revisar una última vez a Andrew y a Valery —quien había sido llevada a su habitación con ayuda de Jasper después de que Edward y James corrieran al establo— y regresaría a la cama, su madre le aseguró que llegaría a alguna hora en la madrugada, había conseguido un vestido, no le había dicho cómo, dónde ni cuál, tan solo le dijo que durmiera pues estaría despierta desde muy temprano para ultimar detalles.

Algo le decía que su boda, la cual todos se negaron a cancelar, no se llevaría a cabo.

Temía qué vestido sería, pero no podía hacer nada en ese momento, aunque confiaba en que Victoria hubiera podido conseguir su pedido, lo necesitaba con urgencia.

Andrew dormía pacíficamente aferrado a su mantita de animalitos, las mantas aún lo cubrían pero Bella sabía que eso no seguiría por mucho tiempo más.

Saliendo de la habitación de Andrew pasó por la de invitados en donde se suponía se estaba quedando su madre, aunque ahora estaba vacía, después siguió por la de su padre, la luz estaba apagada pero podía escuchar murmullos, los mismos que prefirió ignorar.

Llegó a la habitación de Valery, una tenue luz que provenía de la lámpara salía por la rendija, lo que le aseguraba que se había despertado de su sueño. Tocó suavemente, recibiendo un muy bajo "pase", abrió la puerta encontrando a Valery en la cama, su cabello estaba esponjado y enredado, las mantas cubriéndola casi por completo.

—Pensé que estabas dormida.

—Estaba a punto de volver a dormirme —dijo y se encogió de hombros—, no necesito dormir con papi hoy.

—Entonces no te importará si te arropo y te acompaño mientras te duermes.

—No es necesario, Bella, papi te está esperando.

—Puede esperar, además quiero quedarme aquí contigo.

Valery asintió dejando que Bella se acostara junto a ella, Bella intentó pegar la espalda de Valery contra su pecho, pero esta se apartó y mantuvo una distancia de al menos unos diez centímetros.

Se quedaron acostadas en silencio por largos cinco minutos, al estar tan calladas podían escuchar los movimientos de James en el piso de arriba, el golpeteo de las gotas de agua en la bañera e incluso podían escuchar el canto de las cigarras proveniente de la ventana.

—Si quieres puedo apagar la luz, prometo quedarme aquí hasta que te duermas.

Sintió a Valery acurrucarse en sus sábanas, procurando mantener el espacio existente entre ellas.

—Puedes irte, Bella, no necesito que te quedes.

—¿No?

—No.

Bella dudó por un segundo, tal vez sería mejor dejarla sola, sabía que estaba siendo muy pegajosa con Valery, posiblemente necesitaba su espacio, pero durante los meses anteriores lo hizo, le dio más espacio del que necesitaba y ahora estaban en ese punto. Las palabras de Valery seguían rondando su mente.

Tal vez no era su madre y posiblemente Valery nunca la llamaría de ese modo, y estaba bien con eso, pero era lo más cercano a una madre que tenía y, si era sincera, no había hecho un buen trabajo.

Dejarla usar su ropa a su antojo, arreglarla para el colegio, utilizarla como modelo para su línea de ropa infantil e incluso llevarla de compras, hizo todo eso, pero nunca había tenido una conversación verdadera con ella.

No una que podría considerarse como la de una madre y una hija.

Ella y Renée habían pasado tardes completas hablando, contándose una a la otra cosas importantes de su vida, pero ella no lo había hecho, tenía una pequeña compañera para el resto de la vida y lo estaba arruinando.

—Te quiero mucho, Valery —susurró causando que Valery se girara a verla—. No he sido lo que necesitabas y lo lamento mucho, sé que he sido terrible, te he descuidado y no te he escuchado como tú necesitabas. Eres una niña y aunque sé que no soy tu madre y que nunca podré ocupar su lugar, quiero ser lo más cercano a una que puedas tener.

—Tú no lo quieres, Bella.

—Claro que sí, eres mi niñita, mi niñita especial y siempre lo serás.

—Puedes tener una bebé —contradijo sentándose en la cama—, tú dijiste que era una posibilidad.

—Sí, puedo tener una bebé, puede que incluso pueda tener dos o tres, puedo tener varias bebés si decido volver a embarazarme, pero eso no cambia que tú sigas siendo mi niñita especial y consentida, eres mayor y puedo estar y compartir todo contigo.

—Pero no lo haces, Bella.

—Pero prometo hacerlo. Me he equivocado, Valery, me he equivocado miles de veces contigo y posiblemente siga haciéndolo, pero te juro que nunca vas a sentir que sobras en esta casa o que yo no te quiero tanto como quiero a Andrew y al bebé, te adoro, mi cielo, te adoro tanto que me duele pensar en perderte.

—¿Lo dices en serio?

—Completamente, mi amorcito.

—¿A pesar de todo?

—A pesar de todo, nunca dejaré de quererte, no importa mi vestido de novia, puedo casarme con tu papi solo en mis jeans si eso me garantiza que estarás en mi vida. Te conseguiré cientos, miles de vestidos mucho más bonitos y que te encanten, iré a cabalgar contigo y papi solo para poder pasar tiempo contigo, pasaré el resto de mi vida demostrándote que eres muy pero muy importante para mí.

Acarició su regordeta mejilla disfrutando como Valery recostaba su cabeza contra su palma, completamente en paz y relajada, pero vio como sus ojos pasaban de la tristeza a la felicidad, transformándose en miedo, pasando por la duda y terminando por aparecer ese brillo de determinación.

—Yo también te quiero muchísimo, Bella —susurró con voz entrecortada, como si estuviera a punto de llorar.

Bella la abrazó sosteniéndola contra su pecho, habían pasado tres días desde que tuvo a Valery entre sus brazos siendo la niña amorosa que conocía y a la cual adoraba con su vida, primero usaría jeans en su boda antes que permitir que su madre alejara a Valery de su lado.

»¿Puedes hacer algo por mí? —preguntó Valery apartándose.

—Lo que quieras.

Valery se puso de pie incitando a que Bella la siguiera hasta su armario, el cual era un completo caos de peluches en el suelo junto con abrigos, mantener las cosas en orden no era un atributo de Valery.

—¿Qué me quieres enseñar, cariño?

Bella cayó sobre un montón de peluches, Valery la miró y se llevó un dedo a la boca para decirle que guardara silencio, acto seguido medio cerró la puerta del armario y corrió a su cama.

Bella no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando, mucho menos por qué Valery se escondió debajo de las mantas antes de que la puerta fuera abierta sin previo aviso.

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Hola!

Muchas travesuras y revelaciones en este capítulo.

Yanina muchas gracias por la ayuda con la revisión del capitulo y con toda la ayuda en general, eres la mejor.

Déjenme sus comentarios, opiniones, críticas, teorías o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Nos acercamos a la recta final


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