Advertencias: YAOI
Autor: RavenTears
Beta: Little Kei
otas del autor:
~El título es una canción de Nirvana (¿Novedad? ¿Dónde?)
Smell like teen spirits
Capítulo 10: ¿Efectivo o con tarjeta?
-¿Yugi?
Yami se había animado a tocar la puerta, pero Yugi no respondía.
-Yugi, voy a entrar.
Yami abrió la puerta lentamente. Habían pasado un par de horas desde la discusión.
Nunca habían tenido una. Y no ayudaba a sentirse mejor el saber que toda esa situación
era por su culpa.
Yugi estaba dormido. Su cabeza estaba recostada entre sus brazos cruzados sobre el
escritorio. Yami sonrió; ver a Yugi siempre le traía calma. Era como una droga. Se
acercó a él y lo llamó, pero Yugi parecía muy cansado y no iba a despertar. Yami lo
cargó en brazos hasta la cama y lo depositó ahí.
Yami se inclinó sobre él. Era capaz de mandar al Reino de las Sombras a cualquiera que
se atreviera a lastimar a Yugi, y esa vez, había sido él. Despejó el rostro de Yugi de
unos cuantos mechones que le caían rebeldes. Pasó su mano por la mejilla de Yugi y luego
lo besó.
-Preferiría que estuvieras despierto -dijo Yami al separarse. Pero él sabía que estando
despierto no lo haría.
Yami se levantó de la cama y se dirigió al escritorio. Yugi había hecho casi todas sus
tareas; sólo le faltaba matemática. Yami sabía que Yugi era muy bueno con los números.
Así que pensó que había empezado por lo más difícil y había dejado matemática como
para delajarse.
Se sentó. Sonrió y cogió un lápiz. Matemática era practicamente lo único en lo que
Yami podía ayudarlo. No necesitaba leer las indicaciones en japonés para resolver los
ejercicios.
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Sentía que tenía los ojos hinchados. Parpadeó varias veces antes de abrirlo los ojos.
Estaba en su cama. No recordaba haberse echado. Yugi no sentía esa calidez proveniente
del Rompecabezas del Milenio; de seguro, Yami estaba en algún lugar de la casa.
Yugi reaccionó. Recordó todo lo que había pasado la noche pasada. Se preguntó dónde
estaba Yami. ¿Por qué se preocupaba en ese momento? Después de todo, fue él quien lo
había echado del cuarto.
Miró el reloj; aún era temprano. Pero tenía mucho qué hacer; le faltaba la tarea de
matemática y, después de eso, cambiarse para la escuela. Mientras se dirigía al
escritorio se preguntó si rogándole un poco Yami aceptaría acompañarlo a la escuela.
¡¿Pero, en qué estaba pensando?! Rogarle a Yami después de lo que había dicho. Yugi
recordó porqué habían peleado. Se sentó en la silla; al abrir su cuaderno vio
que todos los ejercicios estaban resueltos.
-Creo que después de todo, sí quieres ir -se dijo mientras guardaba los cuadernos en la
mochila.
Una vez que estuvo listo bajó para desayunar. Al pasar por la sala vio que Yami estaba
durmiendo en el sofá. Tenía un brazo cubriéndole los ojos. Yugi lo contempló por unos
segundos. Quiso despertarlo y darle las gracias por haberlo ayudado con la tarea, pero
aún estaba enojado. Entró en la cocina sin hacer ruido y comió algo. Luego, salió de
la casa, no sin antes darle una última mirada al espíritu del rompecabezas. Realmente
deseaba que fuera a la escuela con él.
-Buenos días, abuelito -saludó algo triste.
-Buenos días, Yugi. ¿Por qué tan temprano? Aún no viene nadie a buscarte -dijo
Sugoroku, barriendo la entrada.
-No te preocupes. Además, hoy quiero llegar temprano. ¡Vuelvo tarde! -se despidió Yugi.
Cuando Sugoroku entró a la casa se sorprendió al ver a Yami aún sobre el sofá.
-Hey, Yami, despierta -dijo al acercarse al chico.
-Mmmm... -Yami ya estaba volviendo al mundo vertical.
-¿Por qué no fuiste con Yugi a la escuela?
-¿¡Qué?!
Yami se puso de pie. No sabía qué hora era, ni cuánto había dormido. Lo único que
sabía era que su aibou se había ido sin él. Yami miró el reloj de pared. Aún era
temprano; si corría podía llegar a la escuela a tiempo.
Subió al cuarto de Yugi y cogió un cuaderno que sabía Yugi no usaba. Se metió un
lápiz al bolsillo y amarró una correa negra al cuaderno para poder sujetarlo así. Luego
entró al baño para asearse; tenía que estar presentable. Bajó las escaleras muy
rápido y salió a la calle, dejando a un Sugoroku mucho más confundido.
Mientras caminaba Yami pensaba en lo que haría al llegar a la escuela y ver a Yugi. Toda
la noche había analizado la situación; ni él mismo sabía porqué había dicho que
estaba arrepentido. Después de todo lo que habían hecho sus amigos, después de lo que
había hecho Yugi, no podía dejarlo así. Iba a ir a la escuela para demostrar a Yugi lo
agradecido que estaba.
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Yugi era el primero en el aula; después de todo, parecía ser algo temprano aún. Se
sentó y colgó su maleta. Se sentía muy mal por haber dejado a Yami en casa. Nunca lo
hacía, pero no quería hablar con él.
-¿Qué haré? -se preguntó mientras cogía el Rompecabezas del Milenio. No le gustaba
sentirlo tan frío.
Se sobresaltó al escuchar que la puerta se abría de golpe. Ahí de pie estaba Yami
respirando con dificultad. De verdad, había corrido mucho para poder alcanzarlo.
-Yami...
-Yugi -dijo el espíritu cerrando la puerta y acercándose a su aibou-. Lamento mucho lo
de ayer.
Yugi no dijo nada. Aún no podía asimilar ver a Yami en la escuela.
-No sé porqué dije que estaba arrepentido. No lo estoy. ¿Podrías perdonarme?
-preguntó con cara de culpa.
-Te ves extraño con un cuaderno -le contestó Yugi, sonriendo.
Yami sonrió al verlo. Se había sentido muy mal al pensar que Yugi no volvería a
sonreirle así.
-Supongo que sí.
-Lamento no haberte despertado. Pensé que no querrías venir.
-Está bien. Fui un idiota por decir eso.
-Gracias por hacerme la tarea.
-Era lo único que entendía. Espero que hoy toque matemática.
-Sí, después del almuerzo. Te va a gustar -le dijo Yugi, más tranquilo. Le alegraba
saber que todo estaba bien entre ellos.
-¿En dónde voy a sentarme?
-Ah, eso -dijo Yugi, mirando las carpetas-. La profesora verá eso. Cuando toquen las
campanas tienes que salir y esperar afuera hasta que la profesora te llame para que te
presentes.
-¿Los nuevos hacen eso?
-Sí. Luego escribirá tu nombre en la pizarra. Diremos que eres mi hermano; no creo que
hagan preguntas.
-Supongo. Muchos me confundieron contigo cuando entré. Ni siquiera sabía dónde
buscarte.
-¿Y cómo me encontrate?
-Con eso -respondió Yami, señalando el Rompecabezas del Milenio.
Pasaron el tiempo hablando del colegio. Yugi tenía mucho que enseñarle de la escuela.
Todavía tenían que ver cómo harían con el mayor problema de Yami; no estaba
acostumbrado a la escritura japonesa. Sabía lo escencial, pero aún no podía con los
kanjis.
Los demás se alegraron al ver a Yugi y Yami en el salón una vez que llegaron. Todos
concordaron en decir que era extraño ver a ambos ahí, juntos.
A medida que el salón fue llenándose, los alumnos no sabían qué pensar. Cuando llegó, Kaiba
torció una sonrisa pero no saludó; sólo se sentó sin decir palabra. Como siempre.
-Bueno días, Kaiba-kun.
Kaiba volteó al escuchar que Yugi lo saludaba.
-Qué combinación bizarra -dijo al darle un vistazo a todos-. Y pensar que soy el
culpable.
La profesora entró justo en el momento en que Jounouchi estaba a punto de contestarle a
gritos. Yami salió por la otra puerta, como le había indicado Yugi.
-Buenos días, clase. Me han informado que a partir de hoy tenemos un nuevo alumno
-informó mientras le hacía una seña a Yami para que entrara, incluso ella estaba
confundida-. Preséntate a la clse, por favor.
-Mi nombre es Yugi Mutou, mucho gusto -dijo muy serio.
Toda la clase explotó en preguntas. Yami disfrutó, en cierto modo todo el albroto.
-Por favor, silencio -dijo la profesora tratando de calmar la clase-. Son hermanos,
¿verdad?
-Sí -contestó simplemente, Yami.
-Será interesante tenerlos juntos -comentó la profesora-. Pero, tenemos un problema
aqui. Veré que alguien consiga una carpeta.
-¡Yo lo haré, profesora! -se ofreció Jounouchi.
-Gracias.
-Profesora, iré con él -pidió Honda poniéndose de pie.
-Está bien; salgan los dos.
-Puedes sentarte en mi sitio por mientras, Yami -dijo Jounouchi al pasar a su lado. Antes
de salir, bajó la pantalla de la portátil de Kaiba, sólo para molestar.
-¿Yami? -preguntó la profesora.
-Es para diferenciarnos -respondió Yugi desde su carpeta.
-Bien. Puedes ir a sentarte.
Yami atravesó el salón para sentarse junto a Yugi. Era el punto de atención de la
clase; menos para Kaiba, claro.
Jounouchi y Honda se tomaron su tiempo en regresar. Quisieron poner la carpeta junto a las
suyas, pero Yami dijo que estaba bien atrás (no quería que Jounouchi hiciera retroceder
a toda la fila por él).
Las primeras clases fueron de literatura e historia. Con historia Yami no tenía
problemas; se podía decir que sabía algo del tema. Después de todo, la había vivido.
Pero con literatura la vio a cuadritos. Se quejó por tantos kanjis; nunca quiso más el
furigama.
-¿No necesitas ayuda, faraón? -escuchó a Bakura preguntarle.
Yami levantó la cabeza al escucharlo.
-Definitivamente no eres el lindo Bakura -contestó Yami achicando los ojos. Era fácil
para él darse cuenta cuando Yami Bakura estaba presente.
-Puedo serlo si quieres.
-No puedes ser más lindo de lo que ya eres.
-Mutou, Bakura. Presten atención -llamó la profesora.
-Lo siento, profesora. Estaba distrayendo a Mutou -respondió Bakura, sonriente. Cambiaba
más rápido de personalidad de lo que Yami podía creer.
Por fin, la campana anunciando el refrigerio sonó. Unas cuantas chicas se quedaron en el
aula esperando a ver lo que haría Yami.
-¿Ahora?
-Pues, ahora es el mejor momento del día -contestó Jounouchi.
-Vamos a la cafetería. Es hora de comer.
Todos salieron en tropel. Yugi se quedó en la puerta mirando a Kaiba. Kaiba nunca salía
a comer. A veces se preguntaba si en verdad comía.
-¿Quieres dinero para comprarte algo? -preguntó, sacando a Yugi de sus pensamientos.
-No, creo que tengo lo necesario para comprarme algo. Pero si quieres, siempre puedo tener
algo más -contestó Yugi.
-Mmmm.
Yugi salió del salón; no era como si fuera a pedirle a Kaiba que saliera a comer con
él. Alcanzó al grupo en el pasillo.
-¿Qué fuiste a hacer? -preguntó Yami cuando estuvo a su lado.
-Nada. Sólo hablaba con Kaiba-kun.
Ese nombre sacaba de quicio a Yami.
Después del refrigerio volvieron al salón. Kaiba ya no estaba allí, pero no era como si
a alguien le importara.
-¿Estás bien, Yami? Casi no comiste -preguntó Anzu, mirándolo con interés.
-No como.
-¿Qué? -dijeron todos en coro.
-Yami no necesita comer -respodió Yugi, sentándose en su carpeta-. Por eso yo como por
él.
-Sí, tú comes por muchos de nosotros.
-No seas fresco, Jounouchi. Tú comes más que todos juntos.
-Je, je, je. Era una bromita.
La clase de matemática le gustó mucho a Yami, quizás porque sí la entendía. Resolvía
los ejercicios rápido y el tiempo que le sobraba lo utilizaba para observarlos: Yugi
estaba algo más adelante de él, Jounouchi parecía estar echando humo de la cabeza rubio
que tenía, Honda parecía estar peleando pero no echaba humo, Anzu estaba normal, Bakura,
muy relajado (seguramente era Bakura el Lindo), y Kaiba estaba escribiendo en su
portátil. Era lo único que había visto hacer a Kaiba. Se preguntaba para qué se tomaba
la molestia de ir a clases si no prestaba atención.
Cuando las clases terminaron tenían planes para celebrar el primer día de clases de
Yami.
-Lo lamento, tengo algo que hacer... -se disculpó Bakura- ...Faraón -agregó al pasar a
su lado.
-No cuenten conmigo -dijo Yugi, metiendo sus cosas a la mochila-. Tengo que limpiar todo
esto. Vayan sin mí. Si termino temprano, los alcanzaré.
-Es una pena. ¿No podríamos sobornar a alguien para que lo haga por ti? -sugirió
Jounouchi, sonriendo.
-¡NO! -gritaron todos. Ya tenían bastante como para sobornar a alguien más.
-¿Limpiar?
-Verás, Yami -comenzó a explicar Anzu-. Todos nos turnamos para limpiar. Como acabas de
llegar, tendrás que limpiar hacia finales del mes.
-¿Todos? ¿Incluso Kaiba?
-Todos menos él -contestó Jounouchi, molesto. Odiaba que trataran tan bien a Kaiba. Y
todo eso porque era el más listo de la escuela (quizás del país), dirigía su propia
compañía, era multimillonario y tenía sobornado al director. Sólo por eso.
-Vayan, yo los alcanzaré, si puedo.
-Está bien, Yugi. ¡Vámonos! -gritó Jounouchi animando al resto.
-Me gustaría quedarme a ayudarte -dijo Yami antes de salir del salón.
-Cuando te toque a ti, tú serás quien me pida que me vaya a divertir -sonrió Yugi.
-Supongo que tienes razón.
-Diviértete por mí.
-Sí, adiós. -Yami salió del salón. No era tan mala la vida estudiantil; de hecho, le
estaba gustando. Ir a la escuela era un gusto que no tuvo en sus tiempos de faraón.
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-No creo que los llegue a alcanzar -se dijo Yugi al salir de la escuela. Habían pasado 2
horas ya-. Ya sé porque Jounouchi-kun odia limpiar. Recién hoy veo lo que pierdes.
Sin más que decir, Yugi emprendió el camino a casa. Quizás el día siguiente sí
podría regresar con sus amigos.
Mientras caminaba pensando en alguna otra cosa, no reparó en la limosina negra que se
estacionaba a un lado de la calle.
Seto Kaiba regresaba de Kaiba Corp. Era demasiado temprano para regresar a casa; Mokuba no
lo esperaba sino hasta las siete de la noche, así que había decidido ir a Kaiba Land un
rato. Había visto a Yugi (cómo no verlo), y había ordenado estacionar la limosina.
-Puede que sea divertido -dijo, torciendo una de sus típicas sonrisas maliciosas-.
Regresa a casa.
-¿Está seguro, señor?
-No repito las órdenes -contestó cortante el CEO. El chofer entró en la limosina y se
fue, obedeciendo a Seto Kaiba en señal de lo inteligente que era.
Cuando Kaiba buscó con la mirada a Yugi, lo vio entrando en una tienda.
Yugi recordó que su abuelo saldría de la ciudad. Por salir con tanta prisa se le había
olvidado. Se culpó por no haberse despedido de una mejor manera. Si el abuelo no estaba,
tendría que hacer la comida él. Así que tenía que comprar un par de cosas.
Después de unos minutos ya tenía todo lo necesario. Se dirgió a una caja y se dispuso a
pagar cuando alguien le dio una tarjeta a la cajera.
-¿Kaiba-kun?
-Ya veré cómo me pagas esto -contestó él, guardando su tarjeta.
-No te pedí que lo hicieras. Pero gracias -le dijo Yugi, cogiendo las bolsas.
Yugi tenía razón. Kiaba no tenía porqué hacer eso. Sin embargo, lo había hecho.. No
era como si le fuera a doler perder un poco de dinero. Lo que le molestaba eran sus
razones. ¡Qué demonios! Ya había pagado.
Ambos salieron de la tienda. Yugi cargaba dos bolsas de papel; se volvió para despedirse
de Kaiba, pero éste parecía no tener intenciones de dejarlo. Yugi lo miró con interés
y luego empezó a caminar; suponía que Kaiba lo seguiría. Y no se equivocó.
"¿Qué demonios estoy haciendo?" se preguntaba Kaiba mientras caminaba al lado
de Yugi.
La caminata se estaba poniendo tensa. Yugi decidió hablar o morir en el intento.
-Es raro que te encuentre en la calle, Kaiba-kun.
-Sí, lo sé. Sólo lo hago porque me pareció divertido.
-¿Qué?
-Bajarme y venir a molestarte -contestó Kaiba con gran sinceridad.
-Supongo que si te viera en la calle, haría lo mismo.
"¿Qué quiso decir con eso?" Kaiba estaba considerando posibles respuestas
raras en la cabeza. Decidió no pensar en eso. Miró a Yugi de reojo. No pensaba ayudarlo.
¿Para qué? No era su problema. Pero recordó a su hermano. ¿Qué clase de ejemplo era
ése?
Con un rápido movimiento le quitó una bolsa a Yugi. Éste ni siquiera pudo reaccionar;
cuando se dio cuenta de lo que pasaba, Kaiba ya estaba cargando la bolsa más pequeña.
-Eh... Gracias -dijo, sin comprender la actitud de Kaiba.
-Mmmm... -Kaiba ya tenía bastante con no saber porqué había decidido pagar la cuenta, y
ahora estaba cargando los paquetes de Yugi. Mokuba tendría un infarto si lo viera en ese
momento.
A pesar de tener menos peso, a Yugi le dolían algo los brazos; no estaba acostumbrado.
Por otra parte, Kaiba estaba muy bien.
-¿Puedes? -preguntó Kaiba, mirándolo.
-Sí, estoy bien, gracias. -"¿Soy muy obvio? O Kaiba-kun es psíquico" pensó
Yugi, sonrojándose.
Kaiba lo notó y sonrió con malicia. Le gustaba ver al pobre de Yugi colorado.
Apenas estaba atardeciendo cuando llegaron a la tienda de juegos. Yugi había estado
cominando más lento por el peso; no se había atrevido a pedirle ayuda a Kaiba. Abrió la
puerta, y notó que Kaiba no lo seguía.
-Entra, por favor -le dijo, sonriendo.
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"¿Dónde estás, Yugi?" pensaba Yami, dando vueltas en el cuarto. Habían ido a
tomar algo y como Yugi no llegaba, suponían que tenía mucho qué limpiar. Así que
habían decidido irse a sus casas. Yami ya tenía buen rato esperando a su aibou. Notó
que Sugoroku no estaba, y no sabía porqué.
Yami estaba pensando en ir a la escuela cuando escuchó ruidos en el primer piso. "Ya
era hora" pensó mientras salía de la habitación.
Cuando bajó las escaleras y al pasar por la sala, se encontró con la persona menos
imaginada. Seto Kaiba estaba sentado en uno de los sofás. Tenía las piernas cruzadas y
los codos sobre el respaldar.
Kaiba sonrió al ver la expresión en el rostro de Yami.
"Después de todo, será divertido" pensó.
Hasta aquí.
No les cuesta mucho dejarme un Review, así que háganlo y háganme feliz.
Críticas y comentarios:
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