Capítulo 10
Friends just sleep in another bed
And friends don't treat me like you do
I know that there's a limit to everything
But my friends won't love me like you
El día en Nueva York amaneció lluvioso, el viento frío entraba por la ventana y hacía que Regina se encogiera cada vez más en los brazos de Emma. El calor de sus cuerpos cubiertos por el edredón la mantuvo caliente durante toda la noche, pero la repentina brisa gélida hizo que su cuerpo se estremeciera.
Abrió los ojos lentamente y rápidamente se dio cuenta de dónde estaba. Sin moverse, miró a Emma que estaba exactamente en la misma posición en que se había quedado dormida. Sus piernas aún entrelazadas, sus respectivos brazos alrededor del cuerpo de la otra y su propia cabeza apoyada en el pecho de Emma.
Había pasado tanto tiempo sin sentirse bien compartiendo la cama con otra persona.
Miró hacia la ventana y las gotas finas de agua cayendo fuera la hicieron sopesar la posibilidad de quedarse allí dodo el día, sin embargo, infelizmente, el universo no estaba actuando mucho en su favor. Tenía que reunir el valor y salir de allí. Estaba tan bien, estaba tan segura, que un nudo se formaba en su garganta al pensar en llegar a su casa y encontrarse a quien menos le gustaría ver. No se sorprendería si Cora estuviera allí esperándola como un bonus en el paquete de falta de empatía.
Emma estaba durmiendo tan tranquilamente que Regina pensaba que no se iba a despertar tan pronto, sacó lentamente su brazo que estaba rodeando la cintura de la rubia y sus piernas estaban tan entrelazadas que intentó con todo el cuidado del mundo desenredarlas. Al conseguir deshacer el enmarañado en que se habían convertido en la cama, se distanció un poco y casi se echa para atrás en ese gesto, sus cuerpos encajaban tan perfectamente como dos piezas de un puzle.
Sus ojos reposaron en el rostro de la rubia, que no daba señal alguna de despertar. Sonrió sola al verla tan serena. Aunque la hubiera visto durmiendo más veces, había sido en una cama de hospital, tras un accidente, no era un sueño sereno que mereciera ser velado como sí lo era ese.
Si Emma pudiera sentir la enorme gratitud que Regina estaba sintiendo en ese momento, tendría noción de que, aunque pareciera poco, estaba haciendo mucho. Regina se sentía acogida y tan bien cuidada, y durante esa noche en que literalmente pudo dormir en sus brazos se sintió segura.
Se levantó de la cama despacio tras colocar el edredón sobre Emma tal y como estaba antes, anduvo hasta el baño intentando no hacer ningún ruido que pudiera despertarla. Se aseó, y se metió en el vestidor. Se quitó la ropa que era de Emma y se puso la suya, saliendo con los tacones en las manos para no hacer ruido.
Se detuvo algunos segundos en la puerta del cuarto y sonrió al ver que Emma aún dormía aparentemente bien. Avanzó hacia la puerta de la entrada de puntillas, cogió la llave de encima del aparador donde Emma la había tirado la noche anterior y la metió en la cerradura, la giró y puso las manos en el pomo.
-¿Te ofrezco mi cama y te vas sin darme los buenos días?- la voz ronca y adormilada tras ella la hizo girarse en un impulso.
-Parecías estar durmiendo tan bien, no quise despertarte- se encogió de hombros –Buenos días- sus labios se abrieron en una sonrisa y Emma negó con la cabeza.
-Apártate de esa puerta ahora
-¿Por qué? Emma, me vo…
-Tú no sales de aquí- la interrumpió- sin desayunar
-No quiero abusar de tu buena voluntad, ya es suficiente con haber pasado la noche aquí
-Te estoy pidiendo que te quedes y que desayunes conmigo- Emma la miraba con el ceño fruncido esperando una decisión. Regina la miraba pensando si quedarse o no. Usó su ropa para dormir, durmió en su cama, su cuerpo la calentó más que el mismo edredón, no podía sobrepasar más límites, Emma ya había hecho demasiado por ella. –Regina, es un desayuno, no es un pedido de matrimonio. Pero está bien si no quieres, lo voy a entender.
-Me quedo- dijo sonriendo, sonrisa que Emma retribuyó
-Espérame entonces en la cocina- dijo mientras se alejaba hacia el cuarto.
Mills se puso los zapatos y caminó hacia la cocina, según Emma le había pedido. Al igual que hiciera en las otras estancias, se apoyó en la encimera y observó todos los detalles de la cocina también blanca y negra, con algunos detalles en color. No se podía negar que la rubia tuviera buen gusto.
Swan apareció en la cocina sin tardanza, con el mismo pijama, descalza y con el cabello recogido.
-Llegué a pensar que huirías- dijo mientras se dirigía a la cafetera que estaba precisamente al lado de Regina.
-No tengo motivos para ello- se apartó del poyo mientras Emma encendía la cafetera y ponía debajo una taza.
-Si no me hubiera despertado, estarías lejos de aquí- Emma la miró sonriendo
-Realmente no quise despertarte
Emma avanzó hasta un armario, cogió una sartén y la puso al fuego.
-No me hubiera importado que me despertaras tú- la frase sonó tan inocente, sin ninguna segunda intención, cosa que fue irrelevante ya que las mariposas que habitaban en el estómago de Regina se despertaron con esas ocho palabras.
-¿Puedo ayudar en algo?- cambió de tema intentando ignorar aquella repentina sensación.
En menos de media hora, con la mesa puesta por Regina y con el desayuno preparado por Emma, las dos se sentaron una frente a la otra.
-¿Dormiste bien?- preguntó Swan mientras se centraba en cortar meticulosamente la tortita que tenía en su plato.
-Eso es una pregunta retórica, ¿verdad?- Regina dejó la taza de café sobre la mesa, mirando directamente a Emma, que enseguida desvió la mirada del plato para centrarla en la morena y negó con un balanceo de cabeza.
-Realmente pregunto si dormiste bien.
-Pues claro que dormí bien- respondió haciéndola sonreír.
El resto del tiempo pasado en la mesa lo llenaron con otros asuntos que no siempre tenía que ver con ellas dos. Tuvieran una pequeña discusión cuando Regina se negó a aceptar un no como respuesta cuando quiso ayudarla a recoger el estropicio que habían hecho, Emma cedió después de mucha insistencia. Ganaría más tiempo con Regina ahí y su presencia le hacía un bien que no podía describir.
Al abrir la puerta y pisar el umbral, se quedaron una frente a la otra. En un movimiento inesperado, los brazos de Regina envolvieron el cuello de Emma que a su vez pasó sus brazos alrededor de la cintura de la morena, manteniendo sus cuerpos unidos.
-Gracias, escape. Apareciste en el momento oportuno- dijo bajito
-No tienes por qué agradecerme, ya te lo he dicho- respondió en el mismo tono. El olor del cabello de Regina, con el que se había quedado dormida mientras lo inhalaba, la estaba dejando extasiada de nuevo.
Apartaron sus cuerpos, sin embargo, los brazos de ambas seguían apresados en el cuerpo de la otra y la distancia era mínima. El resultado de la postura en que estaban era dos corazones extremadamente desacompasados y los ojos clavados unos en los otros.
-Siempre te lo agradeceré, has hecho mucho por alguien que conoces hace poco y sin ninguna obligación- su voz casi falló
-Siempre haré lo que sea necesario- sonriendo, cerró los ojos al sentir los labios de Regina tocando su rostro.
Se desprendieron la una de la otra y con dos susurrados «ciao», Regina anduvo hacia el ascensor. Emma se apoyó en el marco de la puerta y soltó un largo suspiro.
Su cabeza estaba hecha un caos, al igual que todos sus sentimientos. Había dormido con Regina, extasiada con el olor de su cabello y con su perfume que ya reconocería desde lejos; segundos atrás había sido la segunda vez que habían estado tan próximas y eso parecía encender una llama incontrolable. No entendía a dónde la estaba llevando su inconsciente. Habían sido incontables las veces en que había estado así de cerca con una amiga, ella y Ruby conversaban echadas en la cama, casi entrelazadas, pero en ninguna de esas ocasiones su corazón se disparaba y se apartaba sin querer volver a donde estaba antes.
-¡Eres una granuja, Regina Mills!- dijo Tinker al abrir la puerta del cuarto de Regina que sonrió al ver a la amiga tras semanas.
-Óptima manera esa de saludarme- reviró los ojos y se sentó en el borde de la cama. Tinker se acercó y prácticamente se tiró en sus brazos.
-Ni te atrevas a cambiarme por quienquiera que sea esa Emma Swan, yo no confecciono ropas maravillosas, pero soy tu mejor amiga- su voz salió ahogada por estar apretando a Regina y tener su mentón pegado a su hombro.
-Nunca te he cambiado- dijo en mitad de una sonrisa también ahogada.
-No me cuentas las cosas como Dios manda, ya no me buscas- salió del abrazo y empujó a Regina, cruzándose de brazos cuando estuvo de pie de nuevo.
-Ni siquiera tienes tamaño para esta enfadada- Regina sonrió –Las cosas están complicadas- la sonrisa se deshizo
-¡Ya, debería saber que están!
-¿Me vas a dejar hablar o te vas a meter conmigo?
-Un poco de las dos- dio una media sonrisa y se sentó al lado de Regina en la cama, doblando las piernas –Suelta, querida- le dio una palmadita en el hombro.
Estaban colocadas como solían estar cuando charlaban, y ambas se permitían ponerse cómodas, una frente a la otra, con las piernas dobladas; era así desde el instituto, cuando se habían conocido y se convirtieron en inseparables. Tinker era el punto de apoyo de Regina junto con Zelena, era, y aún es, su cajita de secretos, casi como si fuera la encarnación de un diario trancado por un candado del que solo la morena tuviera la llave.
Estaban un poco apartadas desde que Regina había comenzado a evitar estar a la vez que Robin en la casa, tanto que ni siquiera había hablado sobre la situación de su fallido matrimonio. Emma la estaba ayudando tanto que apenas había pensado en buscar a otra persona en aquel momento. Habían conversado, pero Regina no había tocado el tema que la venía atormentando.
-Está bien en ser la última en enterarme, genial ver que tienes a otra persona ahora para esos momentos- dijo cuando Regina terminó de contarle detalladamente todo lo que había pasado en un mes.
-Estás siendo ridícula.
-Me siento cambiada desde que me contaste aquellas pocas cosas sobre esa Emma.
-Emma no está ni cerca de tomar tu sitio. Su amistad es importante pero…- se calló para medir las palabras que iba a decir –de una manera diferente.
-¿Diferente cómo?- frunció el ceño
-No sé, solo es diferente y por eso no tienes de qué preocuparte
Tinker encaró a Regina por algunos segundos hasta que una sonrisa llena de malicia tomó posesión de sus labios.
-¿Está de regreso la Regina Mills que conocí en la adolescencia?
-No sé de lo que hablas, querida
-¡No te hagas la tonta!- entrecerró los ojos
-¿Yo? ¿Tonta?
-Tú misma, Regina la que besaba a las chicas
-¿A dónde quieres llegar con eso?- también entrecerró los ojos
-Que estas más que preparada para darle unos besos a esa Emma Swan.
Regina la miró seria. Su cerebro rememoró lo ocurrido en el ascensor, el momento en que la risa contenida de Emma sonó cerca de su oído cuando su brazo se erizó al ser acariciado, podía jurar que las palabras «tu cuerpo reacciona a mi toque» estaban siendo emitidas en ese cuarto, en ese momento, sintió un incómodo escalofrío en la barriga al recordar cómo habían estado en la puerta del apartamento, cualquier que las hubiera visto en ese instante, podría haber testificado un post o pre beso.
-¡Estás loca!- dijo haciendo reír a Tinker
-¿No sientes nada cuando estás con ella?- le pellizcó un costado, haciendo que Regina se retorciera.
-¡Para! No, no siento
-Mírame a los ojos y dime que no sientes nada- volvió a su postura anterior y contuvo la sonrisa cuando Regina la miró a los ojos.
-No siento nada- dijo cerrando los ojos
-Entonces, dime, ¿por qué dormiste en su casa? ¡Dormías en mi casa cuando tenías 16 años!
-Porque no quería venir para acá. No después de lo nerviosa que me puse tras la clásica escena de recriminaciones de mi madre y mi marido
-Regina, ¿cuántas habitaciones hay en el apartamento de Emma?
-¿Tendría que saberlo?
-¿Hay al menos dos?
-No sé…
-¡Lo sabía!- gritó interrumpiéndola y echándose a reír a continuación -¡Dormiste con ella!- gritó de nuevo
Regina se tapó la cara con las manos y negó con la cabeza.
-¿Hay algún problema con ello?
-No lo sé, solo que no suelo ver a dos supuestas amigas durmiendo en la misma cama…- se calló y encaró a Regina que estaba ruborizada -¿la distancia era considerable?- esperó una respuesta que no vino. Más carcajadas.
-No he dicho que hayamos dormido agarradas.
-Entonces, ¿cómo dormisteis?- Regina desvió la mirada de nuevo -¿Viste?
-Estás viendo cosas donde no las hay
-Puede ser…- se encogió de hombros- Entonces, ¿y el divorcio? ¿Cuándo sale?- cambió de tema, pues no valía la pena insistir, Regina siempre tardaba en reconocer lo que sentía y mucho más en admitirlo. Siempre había sido así y aparentemente eso no cambiaría.
-Solo queda que Robin firme un papel sobre esta casa que está a nombre de los dos y por fin la sentencia de divorcio.
-¿Qué vais a hacer?
-Venderla y dividir el dinero
-¿Te vas a ir de esta casa en donde has vivido una década?- frunció el ceño
-Esta casa es parte de mi historia con él y ya hemos puesto un punto y final a eso. Es el momento de recomenzar sola.
-Sabes que no estás sola- sonrió con pesar
-No lo dije en ese sentido- reviró los ojos sonriendo
-Entendí, solo quise dejar claro que siempre estaré aquí, sé que tu hermana también y ahora tienes a tu…- se calló para pensar en una etiqueta, pero se rindió –tu nueva amiga- sonrió lascivamente.
-¡Estás cada día más insoportable!
-Admite que no vives sin tu hada madrina- empujó a Regina por los hombros.
Pasaron horas charlando echadas en la cama hasta que fueron interrumpidas por golpes en la puerta al final de día. Regina había olvidado completamente que las cosas de Robin aún estaban en ese cuarto y que compartían el vestidor.
Tuvieron que salir del cuarto, pero se quedaron un rato más hablando en la puerta de entrada hasta que finalmente Tinker se marchó.
Para Regina quedarse a solas con Robin era algo parecido a un martirio.
En cuanto cerró la puerta tras la marcha de su amiga, se quedó apoyada en la misma y vio a Robin bajar las escaleras, y se metió en la cocina para no tener que mirarlo a la cara, cosa que era inevitable por otra parte.
-¿Durante cuánto tiempo me has mentido?- dijo tras ella
-No tengo paciencia para ti hoy, Robin- dijo mientras iba a abrir un armario, pero él se lo impidió, agarrando su brazo y girándola hacia él sin medir su fuerza.
-¿Para eso querías el divorcio? ¿Para poder pasar la noche con otra persona sin culpa?
Ella lo miró sin entender y estaba preparada para preguntarle, sin embargo, se acordó de que cuando Tinker gritó que había dormido con Emma, Robin estaba en la casa, en el cuarto de huéspedes que está al lado de su cuarto.
-En primer lugar…- cerró los ojos y respiró hondo -¡quítame la mano de encima!- agarró su puño con fuerza, clavando sus uñas y apartó la mano de él de su brazo –En segundo lugar, lo único que nos mantiene casados es aquel pedazo de papel que aún no has firmado, no te debo satisfacción alguna. Y además, no sé por qué aún insistes en no acabar con todo esto de una vez ya que en tu cabeza te he traicionado. Eres un idiota por querer a alguien que supuestamente quiere a otra persona.
-A tu madre le va a encantar saber que dormiste fuera de casa y encima con una mujer- rió sarcástico
-¡Deja a mi madre fuera de esto!
-¿Entonces admites que dormiste con una mujer?
-No te incumbe si he dormido con alguien y si ese alguien es mujer u hombre. Estamos a un paso de no estar ya casados y no te debo satisfacciones a ti, mucho menos a mi madre- buscó mantener su voz normal –Si no quieres que te ponga las cosas peor, porque puedo hacerlo, es mejor que firmes aquello pronto y dejes de pensar que aún tienes algún derecho en saber de mi vida o interferir en ella.
Se marchó de allí sin darle oportunidad de responder. Subió a su cuarto y trancó la puerta, en el ambiente planeaba el perfume de él y ese hecho instantáneamente le hizo recordar el vestidor de Emma del que emanaba su olor, al que estaba empezando a apegarse y al que echaba de menos.
Cuando estuvo bajo el chorro de la ducha, solo conseguía pensar en cómo querría de vuelta la noche anterior. Estaba pagando por algún pecado al tener que quedarse en su casa, pero su ego le impidió buscar a alguien. No podía estar huyendo, tendría que aguantar hasta que todo llegase a su fin.
Esa noche no se sentiría segura como la noche anterior; no dormiría junto a quien la cubría con su calor.
Alguien me preguntó cuántos capítulos tiene este fic. Son 30.
