Resident Geek

Historia original de cdunbar

Traducido por Elena Bellamy.

Fanfiction Addiction (Twilight)


'I Can't Hold Back'

Survivor

I can feel you tremble when we touch

And I feel the hand of fate

Reaching out to both of us

This love affair can't wait

BPOV

Ajusté el top y lo miré críticamente en el espejo.

—¿Qué te parece este? —le pregunté a mi confiable consejera de modas, también conocida como Alice. Ladeó su cabeza y frunció los labios.

—¿Por qué tienes eso ahí? Ese tono de verde te hace ver enferma y nauseabunda. —Caminó a mi closet y tomó una blusa rosa de manga corta sin tomar más de un segundo para mirar todo mi guardarropa. Entrecerré mis ojos con sospecha. Era casi como si hubiera planeado eso.

Tomé el top ofrecido y me lo puse, giré a la izquierda y luego a la derecha para verme desde todos los ángulos. Alice me sonrió como si algo le divirtiera.

—¿Qué? —bufé, volteando a verla.

—Nunca antes te había visto así —explicó, señalándome con un movimiento de su brazo—. ¡Te importa cómo te ves! Al fin —murmuró la última palabra en voz baja, probablemente esperando que no la escuchara.

Pero lo hice.

Frunciendo el ceño, miré sobre mi hombro a mi reflejo en el espejo. Alice estaba en lo cierto. Realmente nunca me había fijado en lo que vestía antes. Usualmente solo usaba lo que sea que me encontrara primero, incluso cuando tenía citas. Había algo sobre Edward que me hacía querer verme mejor que nunca. No necesariamente presumir mi cuerpo, pero verme bien… para él.

—Crees que él es lindo, quieres besarlo, quieres abrazarlo, quieres tenerlo —canturreó Alice.

Rodé los ojos y acomodé mi cabello detrás de mi hombro. —Necesitas dejar de ver tanto esa película. Está desperdiciando tu cerebro y te está volviendo loca.

—Como digas —contestó, ignorando mi advertencia—. Te alegrarás de que la haya visto tanto cuando sea una agente del FBI y Miss América. Además, me adoras, con todo y mi locura. —Entonces hizo la cara más rara, sacando su labio inferior y cruzando sus ojos, para verse como una ardilla demente, pero aún logrando verse linda. Me reí, sin poder evitarlo y Alice sonrió con triunfo.

—De acuerdo, ya me voy —le avisé, tomando mi teléfono y llaves de encima de mi vestidor—. No esperes despierta.

—¡Adiós! Diviértete —se rio Alice, guiñando un ojo como si acabara de hacer la indirecta más sucia conocida por la raza humana. En serio necesitaba alejarla de esas comedias románticas. Solo estaban descomponiendo su cerebro.

Pensar en películas me hizo acordarme de Edward y esta noche. Subiendo a mi camioneta, me pregunté qué película había planeado que viéramos hoy… y qué tanto tendríamos que verla. Sentí un rápido aumento de dicha tensando todo mi cuerpo, pero lo suprimí antes de que se me escapara en forma de un chillido. Quizás más tarde. Cuando no hubiera personas en los autos a mi lado.

Fue un corto tiempo al edificio de Edward e incluso más corta la caminata a su departamento, porque prácticamente subí corriendo las escaleras. Tocando el timbre, inhalé profundamente y exhalé, dándole un último jalón a mi blusa y alisando mi cabello. La puerta se abrió y ahí estaba él, su cabello alborotado, gafas ligeramente ladeadas, usando una playera gris que decía 'Los Dados Están Tratando De Matarme', un par de holgados pantalones cargo verdes, y tenis. Si me hubiera sentado un día a intentar enlistar cómo quería a mi chico perfecto, créanme cuando digo que esto no sería mi respuesta.

Pero por cualquier razón, era exactamente lo que quería.

Porque lo quería a él. Punto.

—Hola —saludó Edward, mostrando su sonrisa provoca-lujuria. Cosas pervertidas pasaban por mi mente cuando sonreía así.

—Hola —contesté, entrando cuando él se hizo a un lado para darme espacio. Me siguió a la sala donde me detuve en medio del cuarto, ya que no tenía idea de dónde o qué había planeado. Edward se acercó detrás de mí y me di la vuelta, esperando que diera el primer paso.

—Entonces… —comenzó, sus ojos pasando entre mis ojos y mi boca como si no pudiera decidir a dónde mirar. No pude evitar sonreír. Era demasiado adorable.

—¿Sí? —pregunté, tratando de animarlo a continuar.

—Um. —Miró a nuestro alrededor y entonces fijó su vista en mis ojos—. ¿Está bien algo de comida china? Pensé que como tuvimos pizza anoche, no querrías comer eso otra vez.

Me decepcioné un poco de que no me hubiera besado, pero lo dejé pasar por el momento. —Eso está bien. No soy muy exigente.

Se encaminó a la cocina, se detuvo, y entonces se dio la vuelta. —¿Por qué no eliges algo para que veamos?

—Muy bien. —Caminé a la torre de DVDs y revisé los títulos, recordando haber visto un par de películas que me habían intrigado ayer. Escogí una que quería ver, pero no lo suficiente para no quererme perder ni un momento en caso de que las cosas… progresaran entre Edward y yo.

—¿Te gusta el Dr. Pepper? —Edward gritó de repente desde la cocina, desapareciendo las imágenes de él y yo enredados en el sillón de mi mente.

—Me encanta —respondí, dejando la caja del DVD en la mesa de centro y acercándome a él. Lo sorprendí cuando se dio la vuelta del refrigerador con una lata de Dr. Pepper en cada mano, haciéndolo brincar un poco. Se intentó reír mientras cerraba la puerta del refrigerador con su pie.

—No te vi ahí.

Me encogí de hombros, sin importarme haberlo asustado. Tenía cosas más grandes en mi mente.

—No te preocupes por eso —le aseguré, dando dos pasos al frente, los cuales me llevaron justo frente a él, por lo que mis ojos ahora estaban a nivel con su clavícula. Siempre olvidaba lo alto que era hasta que lo tenía en frente. Se alejó nerviosamente y golpeó el refrigerador.

—Oye —dije suavemente, descansando ligeramente mis manos en sus antebrazos—. No hay necesidad de tenerme miedo.

—No, uh, no te tengo miedo —protestó tímidamente.

—Pareces tenerme miedo… te ves como un venado frente las luces de un auto.

La respiración de Edward se hizo más errática y comencé a preocuparme. —Relájate. Inhala y exhala. —Pasé mis manos de sus brazos a su pecho y lentamente las moví por su playera, esperando tranquilizarlo—. Eso es todo, dentro, fuera. Ahora… dime qué te pasa —murmuré.

—No sé qué hacer —admitió después de respirar profundamente un par de veces.

—¿Con qué?

—En… cómo actuar… cerca de ti.

—Oh. —Una mal planeada burbuja de risa inició en mi garganta, pero luché por contenerla hasta morir. Nunca entendí por qué sentía ganas de reír en momentos inapropiados. Nunca terminaba bien.

—Deberías actuar como eres en realidad —aconsejé adamante, inclinándome ligeramente hacia él y el calor que irradiaba.

—Desearía saber quién es esa persona.

No pude esconder mi sonrisa porque, muy en el fondo, ¿qué nos sentíamos así todos?

—Bueno —suspiré—. Yo seré yo y tú has lo mismo.

Sus cejas se arquearon sobre el marco de sus gafas mientras daba el último paso al frente que cerraba el espacio entre nosotros, me puse de pintillas, y mordí su labio inferior. Edward gruñó, lo cual era sorprendente saliendo de él. Pero no casi tan sorprendente, o excitante, como lo siguiente que hizo.

Lo cual fue pasar sus brazos alrededor de mi cintura y darme la vuelta para que yo fuera quien estuviera contra el refrigerador. Entonces estampó sus labios a los míos y me perdí. Me perdí en la sensación de él presionado contra mí, perdida en el calor pasando por mi sangre, perdida en lo bien que estaba todo eso.

Hasta que escuché un thump, thump, y entonces un hissssssss justo mientras sentía un chorro de algo frío y pegajoso sobre mi cuello y brazos. Edward y yo nos alejamos del refrigerador de un salto con gritos de shock. Alcé mi cuello sobre Edward para ver lo que había tomado mientras él tomaba una toalla del lavabo y la lanzaba en mi dirección. Mis ojos cayeron a una lata de Dr. Pepper en el suelo debajo del refrigerador, soltando su contenido y cubriendo cada centímetro de la cocina que pudo alcanzar en pegajosa soda café.

—¿Qué pasó? —preguntó, sin importarme que la mitad de mi blusa estuviera llena de refresco. Solo que Alice me iba a matar por arruinarla.

—Ugh. Solté las latas. Fue estúpido, lo sé, pero olvidé que las tenía y…

—Edward —interrumpí—. Está bien.

Agachó su cabeza y pasó una mano por su cabello, cosa que no era la idea más brillante, porque solo transfirió el Dr. Pepper en su mano a su cabello.

—A veces soy un tonto.

—No, no lo eres —empecé a argumentar, pero él me vio como si fuera una idiota y reevalué mi respuesta—. De acuerdo, a veces eres un tonto. Pero en esta situación, no lo fuiste. Pudo haberle pasado a cualquiera.

Edward hizo un sonido de protesta en el fondo de su garganta que sonó como un 'mmph'.

—En serio, está bien. Ahora. ¿Tienes algo que puedas prestarme? Porque creo que puedo sentir el Dr. Pepper secándose y no es una… sensación placentera.

Edward me vio de pies a cabeza y se rio. Alejó un par de mechones de cabello que estaban pegados a mi cuello al responder. —Sí, tengo una playera que puedes tomar.

Entonces se giró y caminó a su cuarto, pateando la lata en el suelo, y lo seguí, francamente porque no quería quedarme esperando por él en la cocina. Cruzó el suelo de su cuarto hasta llegar el vestidor y entonces abrió el segundo cajón.

—La mayoría de mis playeras te quedarán enormes, pero he tenido esta —sacó una playera gris—, desde que estaba en secundaria, así que podría quedarte.

—Gracias —le dije mientras me la daba.

—Ve y límpiate primero. Yo iré a arreglar el desastre en la cocina.

Quería decirle que estaría más que contenta ayudándolo en la limpieza, pero Edward ya se estaba detestando por todo el asunto, así que pensé que sería más sencillo seguir la corriente. Pero me prometí limpiarme lo más rápido posible para ayudarlo en la cocina mientras Edward me indicaba dónde estaba el baño que conectaba su cuarto con el de Ben.

Estaba concentrada en no dejar rastros de refresco en mis pantalones o zapatos que fue solo cuando dejé mi blusa en el lavabo que vi la elección decorativa de Ben y Edward habían elegido para el baño y me reí.

Oh. Dios. Mío.

Tenía que ser una de las cosas más nerd que había visto, pero estaba algo maravillada al mismo tiempo.

Decorando tres paredes, de techo a piso, estaba… lo que parecía ser una escena continua de los Super Mario Brothers, los originales de Nintendo. En una pared, Mario estaba saltando sobre una flor, la cual salía de un tubo verde sobre el baño, para poder golpear un bloque dorado. Otra pared tenía unos pequeños champiñones con ojos caminando sobre la barra de las toallas. Había unas monedas doradas sobre más ladrillos y un par de tortugas en la tercera pared.

Solo reconocí el juego porque solía ver a algunos amigos jugarlo cuando era pequeña. Nunca me gustaron los videojuegos porque mi coordinación mano-ojo era una mierda, pero eso no me detenía de apreciar a las personas que podían jugar bien. Apostaba a que Edward podía jugar bien. Apostaría lo que sea a que su coordinación mano-ojo era increíble, especialmente después de atraparse a sí mismo y a mí en la tarde.

Y esos largos dedos… moviéndose adelante y atrás rápidamente en un control.

Oh, cielos.

¿Acaso hace calor aquí dentro?

Concéntrate, Bella, me recordé. Deja de fantasear con los dedos de Edward. Especialmente sobre esos dedos recorriendo tu espalda desnuda, moviéndose a tu estómago, y jugando con tu ombligo. Y entonces, justo cuando vas a volverte loca de la lujuria, lentamente baja su mano para tocar tu clítoris y…

¡Diablos!

Necesitaba dejar de hacer eso o nunca dejaría este baño.

Oh, Dios. Su baño. El lugar donde se quitaba la ropa, se desnudaba, y tomaba duchas, mojándose y…

Para eso. Justo. Ahora.

Límpiate y vuelve a la cocina. Esa es la misión.

Sigue con la jodida misión.

Diez minutos después, usando una playera que era dos tallas más grandes que yo, salí del baño. Edward estaba sentado en su cama, ahora usando una playera verde que decía 'Sol Azul' y tenía un símbolo japonés debajo.

—Hola, ¿ya terminaste? Porque iba a ayudar… —dejé de hablar y tomé la tela extra de la playera en una mano, entonces la solté. Me gustaba usar ropa holgada de vez en cuando, pero esto era un exceso. Quería verme bien para él, no como una indigente.

—Sí, no tardé mucho. Y la comida llegó mientras estabas ahí.

—Oh. —Aparentemente me había perdido de mucho mientras tenía mis fantasías en el baño.

—¿Tienes hambre? —preguntó, levantándose de la cama. Caminé hacia él y tomé su mano, dándole un leve apretón.

—Sí.

Caminamos tomados de la mano al comedor donde toda la comida que había ordenado estaba extendida como un bufet. Mi estómago gruñó en respuesta, apenándome, ¿pero qué puedes hacer? Preparamos nuestros platos y busqué un tema para hablar antes de que mi cerebro pudiera tomar la oportunidad para imaginarse otra situación con un Edward desnudo.

—Y, ¿qué quería decir la otra playera? La que tenía los dedos.

Edward se sonrojó, se sonrojó, lo cual era la cosa más linda en el mundo y tragó la comida que acaba de meter a su boca. —Se supone que es gracioso. En Calabozos y Dragones, todo lo que haces depende en lo que caigan los dados, entonces cuando tienes un par de malos turnos, no tienes de otra más que pensar que los dados están tratando de matarte.

—¿Calabozos y Dragones? —¿Angela no había mencionado algo de eso el otro día?

—Sip, C&D. Juego de vez en cuando con un grupo de chicos. De hecho, vamos a jugar mañana.

—¿Oh, sí? —Mi interés definitivamente estaba notándose.

—Sí… te gustaría… um, ¿te gustaría jugar con nosotros? —Sonreí a su pregunta y él se sonrojó cuando supo por qué—. Es decir, te gustaría unirte… no necesariamente unirte, sino vernos, si quieres. —Frotó rigurosamente su nuca y suspiró.

Sonreí con simpatía por causarle tanto estrés y, para compensarlo, respondí dulcemente. —Me encantaría jugar contigo, Edward.

Enrojeció con eso y sonreí, adorando que pudiera causar tales reacciones en él. Terminamos de comer rápidamente y nos movimos a la sala para finalmente empezar a ver la película que había elegido, "Ciencia Loca". Una hora y seis minutos después, ninguno de los dos prestaba atención a la pantalla.


La película a la que Alice se refiere: Miss Simpatía, película cómica estadounidense, estrenada en el año 2000, protagonizada por Sandra Bullock.

Playera del 'Sol Azul': Viene de las series "Firefly". El nombre de la compañía y logo se ven en latas de comida y publicidad en todo el universo.