Nota del autor:

Ahora sí… los jefes tendrán su espacio en este fic. Esto será todo un desmadre. Mucho Santos/Piñera. Y por cierto… Ichiru es un uke tan tsundere, que lo menos que necesita es un seme igual de tsundere como él. Sigo en modo "torrente devastador", *suena O fortuna de fondo* así que prepárense para cualquier cosa que suceda. Perdonarán de paso la tardanza en subir, pero he tenido demasiadas ocupaciones en estas últimas semanas, especialmente con un curso de comics al que estoy asistiendo en la casa de la cultura de mi ciudad, amén de cierto asuntos domésticos inaplazables que no vienen al caso.

Por cierto… ¿se acuerdan de la encuesta que abrí hace unos días?... ha sucedido algo interesante: HAY UN EMPATE ENTRE LAS TRES HISTORIAS!... así que les pido que me ayuden a desempatar, para poder ver cual empiezo a trabajar en futuros días. Se los suplico, sigan respondiendo a la encuesta!

Para Alonso-kun: creo que ya es hora de aclarar algunas cositas… en privado… *lo mira con lujuria, mientras se desabrocha la capa y se quita lentamente la armadura, se acerca, le lame la sangre de la nariz de modo provocativo, lo arrastra hacia una tienda cercana, cierra las cortinas, se oyen ruidos extraños, gritos y gemidos, después de dos horas el autor sale todo agitado, el cabello revuelto, los lentes mal puestos, una depravada sonrisa de oreja a oreja, además de la túnica algo desarreglada* ehjem... bueno,… *se arregla apresuradamente la túnica, se ajusta los lentes, disimula la sonrisa pervertida, se pone de nuevo la capa y la armadura romana* creo que llegó el momento de seguir.

Dato del día:

Promoviendo el comercio y el turismo: trabajemos juntos!

En la declaración de Santiago de Cali de 2013, los países miembros de la alianza decidieron empezar a hacer una promoción conjunta de bienes, productos y servicios a través de las agencias de promoción comercial y turística como PROEXPORT, PROCHILE, PROMPERÚ y PROMÉXICO. Adicional a eso, se empezaron a crear los primeros lineamientos para empezar a establecer embajadas mancomunadas en diferentes países de Asia y África. Las primeras embajadas de esta clase fueron establecidas en Ghana y en Singapur, y son una de las pocas en el mundo que integran diplomáticamente a más de dos países. Adicional a eso, la promoción turística y comercial ha sido bastante intensa en especial en Japón, India y las naciones del sureste asiático.

Oportunidades, becas e intercambios: ofertas universitarias de la alianza en Colombia.

Ya con respecto a la integración académica, también desearía aclarar algo: no solo es la UNAM: las becas cubren a varias universidades públicas y privadas de los cuatro países de la alianza. Si desean, los interesados pueden buscar en la página oficial de la alianza del pacífico, www. Alianza del pacífico. Org (junten espacios), además de consultar en las embajadas de los países de la alianza. Para Colombia, los convenios de intercambio universitario aplican a las siguientes instituciones:

Universidad Javeriana (sedes Cali y Bogotá)

Universidad del Valle (sedes de Cali)

Universidad del Cauca (sede de Popayán)

Universidad ICESI (solo aplica a Cali)

Universidad Santiago de Cali (aplica solamente a Cali)

En este momento, solo hay disponibles becas de postgrado. Las becas de pregrado serán abiertas en el año que viene.

Después del dato del día: LEAN!

Capítulo 10:

La visita de los jefes: ellos quieren verlos negociar, pero los tigres quieren desquitarse.

PRIMERO ME LA TIENEN QUE MAMAR EN REVERSA!

Doña Gloria[1], frente a la nueva demanda interpuesta por Nicaragua para adquirir más mar territorial.

En el parque de la batería nº 3 Dai San Daiba (第三台場), una linda mañana de sábado…

Las cosas parecían marchar con calma: las familias hacían su picnic, algunos jóvenes jugaban frisbee o ultimate, la brisa prístina del mar refrescaba a todos. Era sábado, día de descanso y no era para menos, todos en el distrito Odaiba se iban de plan de picnic en el parque, o pasaban la noche en Palette Town.

Total, el hecho era que los cuatro (más los observadores), más nana, mas Fercho-san, quien había optado a fin de cuentas por acompañarlos a un relajante día de campo en el más concurrido parque del distrito. Y bueno, era sábado, estaban ya a fines del verano, así que tenían que aprovechar lo que quedaba de la temporada estival, antes de que empezara el otoño y de paso, el duro, duro invierno. La intensidad viva de aquellos verdes del parque era evocadora, sencillamente evocadora de los placeres fugaces y sencillos de la vida, como un remanso de paz en medio de la agitación. A fin de cuentas, el parque de la batería nº 3 tenía sus ventajas frente a otros parques como el muy solemne parque Ueno, o el concurrido parque Shinjuku Gyoen. Era sencillamente la amplitud del espacio, el horizonte marino en el que se divisaba la bahía de Tokio como si estuviese lejana, como si fuese una entidad aparte de Odaiba. Lejos de todo, lejos del estrés matutino, lejos de aquel intenso ir y venir del neurálgico centro tokiota conformado por los 23 distritos.

Era sencillamente un bonito día. Un día de Picnic, para pasar entre amigos. Pero vino dios y en ese preciso momento, por un capricho enfermo de su voluntad, se cagó sobre todos ellos.

Una llamada. Ryutaro responde.

—¿diga?

Ryutaro…. Soy tu jefe —dijo entonces el presidente santos— dile a los chicos… estate quieto Sebas que estoy hablando con Harune… diles que todos venimos en camino vamos Juanma… déjate querer aunque sea un poquitopor el amor de dios, ten un poco de paciencia que estoy ocupado…—Nana se estaba traumando con lo que estaba acabando de oír, por lo que no atendió a lo que le decía el presidente colombiano.

—¿Qué decía Santos-sama?

que en dos o tres horas estamos llegando a Tokio —repitió Santos— queremos ver los progresos que han tenido.

—Comprendo, los estaremos esperando.

Santos colgó. Nana intentó olvidar los gimoteos y la voz que interfería en medio de la conversación, que reconocía claramente. Pero no podía evitar que pensamientos nada sanos se formasen en su mente.

Apenas pudiera, se daría de golpes contra una pared para ver si se le quitaban las cochinas imaginaciones que surgían de su cabeza.

Minna-san… creo que tendremos que regresar. —dijo nana con un tono algo serio y decepcionado—va a venir visita.

—no nos digas que… —interrumpió el mexicano.

Ryutaro simplemente asintió. Repentinamente, resonó un grito por todo el parque. (Imagínense una toma panorámica del parque, y luego un grito).

—NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —exclamaron todos los países al tiempo.

Simultáneamente, en el avión de los presis de la alianza del pacífico…

Ollanta Humala era quien estaba en ese momento mirando de forma distraída el paisaje que se lograba divisar desde la ventanilla del avión, mientras leía un libro de deprimentes poemas de César Vallejo. El idiota de copetes estaba enfrascado con su libro de "japonés para torpes", tartamudeando de forma algo fastidiosa algunas frases que estaban transcritas del Hiragana al Romaji.

Wata-.. Wata… watashi… wa, no-no n-nama-naaaaaamaaaa-namae…—tartamudeaba el pobre copetes de forma precaria, mientras su pobre neurona hacía un descomunal esfuerzo para procesar la información.

—わたしのなまえわえんりくれエソリケペーャニエト (Romaji: Watashi no namae wa Enrique Peña Nieto)—dijo al borde del agobio el pobre de Humala, para acto seguido darle un zape—aprende a hablar japonés bien… ばか!(idiota)

Que más podría hacer. Humala podría cargarse un genio bastante amargado… un presidente muy tsundere, todo había que decirlo. Y con un descerebrado como Peña no había paciencia que soportase a ese idiota.

—por cierto, ¿Qué crees que estén haciendo Santos y Piñera? —inquirió inocentemente Peña Nieto.

El pobre general Humala estaba al borde de la locura con las idiotas preguntas de copetes. Y bueno, siendo general, y como un hombre curtido en el ejército… y evidentemente con su experiencia curtida en todo lo que tenía que respectar con la milicia (todo sea dicho, un soldado está dispuesto a lo que sea, con quien sea y en donde sea, y muchos saben de lo que hablo… ahonhonhonhonhonhon), ya se sabía que estaban haciendo esos dos.

—mira… lo que hagan Santos y Piñera no nos incumbe, siempre y cuando Tutina y Ceci no se den por enteradas. —respondió de forma negligente el mandatario peruano.

—¿enteradas de qué?.

Eso sí era el colmo de la idiotez. Había conocido muchos idiotas en su vida de general, idiotas soldados, idiotas coroneles, idiotas senadores… pero el copetes los superaba a todos. Si hubiese un concurso al mandatario con menos inteligencia, al pobre Peña lo dejarían fuera de concurso, porque sí que era un idiota en su puro estado profesional. Y que idiota. Los gemidos y alaridos eran notorios en el interior del baño… aunque la pregunta de Humala era quien era el "sopla nucas" o el "muerde almohadas"… o debido a la fluidez del presi Humala en cuanto al idioma japonés, el "seme" y el "uke".

—léete esto —le dijo entonces Humala a Peña, mientras le pasaba un libro: "YAOI para torpes"— y luego me cuentas.

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Lo que más importa en esta vida es el DINERO![2]

Holanda, sobre sus prioridades en la vida. Si quieres tener éxito en los negocios…

HAZLE CASO A HOLANDA!

Regresando ando a casa, en una calle cualquiera de Odaiba…

—NOOOOO!, no puede ser verdad… —exclamó de forma desesperada el mexicano— dios porqué es tan cruel conmigo….

—Tenemos que calmarnos, —dijo entonces el uruguayo de forma tranquilizadora— al menos tuvieron la decencia de avisarnos a todos que vienen.

—Pero… pero… ERA NUESTRO MALDITO DÍA LIBRE, CARAJOOOOOOO! —gritó el colombiano al borde de la histeria— HEMOS TRABAJADO COMO MULAS SIN DESCANSO, NOS MERECEMOS AUNQUE SEA UN DÍA, UN PUTO DÍA LIBRE!

Después de la llamada todos estaban en silencio. Nadie podía objetar nada al respecto, que más podían hacer: eran sus jefes, y se los habían advertido cuando se disponían a partir hacia el extremo oriente: "los estaremos supervisando constantemente señores, cada tres meses les haremos una visita sorpresa, así que estén pendientes…", pero ni siquiera habían pasado los tres malditos meses y apenas un mes en Tokio ya sus "queridos y amados jefecitos" estaban empezando a joder como dios manda.

Así que frente a eso, ¿Qué más podrían hacer?, ni locos podrían evadir las responsabilidades que tenían encima.

—y por cierto… ¿Quién más viene? —inquirió la costarricense con algo de negligencia— no quisiera que nos cogieran con mayores sorpresas

—de hecho, creo que vienen el ministro Harper y la señora Chinchilla, aparte de los presidentes de la alianza. —respondió entonces Fernando— acaba de llamarme mi jefa[3], reportándome la nueva.

La pobre de Costa Rica se tuvo que dar un golpe contra un poste de alumbrado público. Eso sí era sal.

—¿y que se ha sabido de mi jefe? —inquirió el uruguayo con algo de timidez.

—para desgracia nuestra… Mujica-san también viene. —contestó lúgubremente Ryutaro.

Uruguay, consternado y choqueado se desmayó.

Después de hacerlo volver en sí, todos regresaron cabizbajos hacia el apartamento. Se les había arruinado el día libre (bueno, la mañana). El único que se mantenía callado en ese momento era Manuel.

¿Los motivos…? bueno: era obvio que aquella desatada locura pasional que se había desatado entre él e Ichiru hacía ya dos días atrás había cambiado muchas cosas. Una mezcla muy contradictoria de emociones surgió en su cabeza: aún se preguntaba el cómo y el porqué de haber llegado a semejante situación, aunque ciertamente deliciosa y placentera, algo… repentina. Desde ese día, las cosas fueron distintas, aunque el trato dispensado entre ambos era igualmente extraño, y no era nada normal: simplemente intentaban ignorarse mutuamente, como si entre ambos hubiesen hecho una cosa muy espantosa.

Con tal era que ese momento de sexo ocasional y repentino no era la causa del cambio hacia el vecino de junto: era sencillamente la consecuencia de una serie de hechos, urdidos por la caprichosa fortuna, que los empujaron a ese momento tan delicioso y emocionante. Total, entre tsunderes se entienden.

Y he aquí el dilema: ¿las cosas cambiarán cuándo Ichiru sepa que su vecino es una nación, un ser inmortal que representa a un territorio? Sabe bien que todo aquello no pasará de un simple affaire que pronto ambos olvidarán. Pero nada está escrito, y fortuna siempre tiene un as bajo la manga.

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Te amenazo, porque simplemente se me dio la gana amenazarte.

X protagonista de nuestra CACA, diciéndole a otro protagonista de nuestra CACA lo que piensa de él.

— ¿los señores que desean?

—un granizado sencillo con sirope de Matcha. —dijo entonces un hombre de cabello negro, recogido en una cola de caballo y lentes de marco color plata

—para mí un helado de melocotón con sirope de castañas. —respondió el otro hombre, de cabello café y lentes de marco color vino tinto.

El mesero tomó la orden a los dos hombres.

—adicional a eso, ¿apetecen algo más?

—así estamos bien.

Ichiru y Hidekaz se habían reunido en una heladería ubicada en un lugar indeterminado del distrito de Minato[4]. Naturalmente, querían tener algo de tiempo de calidad como amigos (no malpiensen bola de degenerados, no toda relación entre hombres tiene que ser YAOI), además de que Hidekaz necesitaba saber cómo estaba su amigo después de semejante desmayo.

—ahora dime… ¿Qué pasó después de que te dejé en tu apartamento?

—deja de ser tan chismoso, Hidekaz.

—disculpa, pero tengo que saber si estás bien,… te desmayaste en plena calle y a duras penas pude ayudarte porque un vecino tuyo me ayudó a cargarte... de no ser por tu vecino, las cosas serían distintas. —luego agregó— eso no es ser chismoso.

—no quiero acordarme del "favor" que me hiciste dejándome solo con Manuel-kun.

Evadió entonces la mirada sonrojado y avergonzado. No era para menos. El mesero sirvió los dos postres, ambos agradecieron. Ichiru simplemente tomó la cuchara, mientras comía de su granizado con impasibilidad y un tono rojizo se advertía en sus mejillas.

—Bueno… creo que tu cara me lo dice todo… —disimuladamente Himaruya le pregunta a su colega mangaka—¿Qué tal lo hace?... supongo que como es un hispanoamericano, es un león en la cama.

El pobre de Mizayama se atraganta con algo de estupor y vergüenza.

—por el amor de… —suplica el de cabellera azabache recogida en una coleta—Hidekaz, ten un poco más de prudencia, estamos en un lugar público.

—ay vamos, no te hagas el inocente. —insiste Himaruya— teniendo a Horuko-san como compañero de apartamento, y conociendo como conozco a Horuko-san, con lo exhibicionista, tacaño y bastante cachas que está, no puedo negar que no te resistas… pero… ¿tú y el vecino de junto?, ni yo en los doujinshis más abyectos he visto algo de ese estilo.

—cuantas veces te he dicho que no ha pasado nada entre Horuko-san y yo! —insistió Mizayama ya al borde de la vergüenza — solo somos compañeros… y es lo mismo con Manuel-kun.

A pesar de todo, el chileno había sido el primero en su larga, larga y tediosa vida. Ese hipnótico y fuerte olor a vino tinto, a pescado ahumado, a pan fresco y recién salido del horno, ese fuerte sabor de sus labios, de sutil tinto seco e intenso y embriagador pisco, la intensidad veleidosa y sensual de sus besos, su extraño carácter rudo y hostil (cofcofTSUNDEREcofcof). No podía olvidarlo.

—fue tu primera vez —dijo entonces Himaruya.

Ichiru se sonrojó de manera inconcebible. Hidekaz sencillamente miró de soslayo por el rabillo de sus lentes, disfrutando con algo de deleite la vergüenza de su pobre colega.

—Para qué demonios lo sigo negando —dijo entonces Ichiru-san ya resignado y agobiado—… sí, fue el primero.

La cara de Himaruya se transfiguró en sorpresa y luego esbozó una maliciosa sonrisa.

—vamos, por favor… cuéntame todo, no omitas detalles.

—a veces me pregunto… ¿por qué te volviste tan pervertido después de que regresaste de tus vacaciones? —le preguntó entonces Ichiru a su colega.

—sencillamente entendí que la vida es efímera. —respondió Hidekaz— así que hay que disfrutarla lo más que se pueda.

Acto seguido, puso sobre la mesa un pase especial para un onsen, más dos boletos de tren.

—después de lo de anteayer, quedé preocupado. Lo que necesitas es alejarte por un tiempo de Tokio y de Koeda-senpai. —le dice entonces el mangaka de cabello café y lentes— tu cuerpo te está pidiendo descanso, no puedes negárselo.

—pero,… no puedo dejar el trabajo tirado así como así, el tercer tomo de Thomas The Inspector tiene que lanzarse el mes que viene, la primer tira de Raikagen tiene que estar lista para la edición del mes próximo de Comic Birz..., además, en estos días firmo con TV TOKIO para que empiecen la preproducción de Shotaru No senpai, y eso que fue muy difícil convencer a Konishi-san[5] y a Inoue-kun[6] para que aceptaran ser los seiyuus protagonistas —insiste Mizayama.

—al diablo Thomas, Raikagen y Comic Birz. —lo mira fijamente, de forma seria. — necesitas descanso, pídele a Koeda-senpai que te de una semana de reposo por razones médicas, puedes hablar con el consejero de salud laboral de la editorial, Tsenouji-san, él puede mediar para que te den la licencia.

—¿y crees que Koeda-senpai le hará caso a Tsenouji-san?—inquirió entonces el de cabellera negra recogida en una coleta— ese tipo (hablando de Natsuke Koeda) es un inmoral que no le importa explotarnos a todos con tal de cumplirle al consejo directivo, y al menos rebasar la meta del mes.

—si no te da el descanso que te mereces, yo mismo me encargaré de alborotar el avispero y de denunciar a Koeda-senpai ante la inspección laboral más cercana.

Después de todo, y de algunas cuantas cosas que comentaron, pero que no viene al caso relatarlas, ambos se despidieron y tomaron caminos separados. Hidekaz se fue sencillamente hacia la estación de metro de Minato, para tomar el tren que lo llevaría a la estación central, puesto que tenía que dirigirse hacia la prefectura de Fukushima a ver a sus familiares. Había reservado ya los tiquetes de tren, y antes de eso quería simplemente saludar a su buen amigo y colega. Sin embargo, pasando por un puesto de prensa, notó algo que le llamó poderosamente la atención.

—señor… ¿a cuánto tiene el periódico?

—son 2 yenes con 15 céntimos.

—¿podría darme uno?

Después de reclamarlo y pagar, lo ojeó con atención. Algo le había llamado poderosamente la atención, y no era para menos.

Escándalo en el Kantei: cita de compromiso con los países de la alianza del pacífico termina en salvaje gresca.

De por sí el titulo era extravagante y amarillista. Mostraba los destrozos de la sala de audiencias, más un Abe Shinzo con una expresión a todas luces pervertidísima. Y en la foto distinguía claramente a un joven de tez clara, cabello marrón, ojos de tonalidad azul oscura.

—oh por buda santo…

No podía ser verdad. Era sencillamente imposible que el destino se haya encargado de planificar semejante jugarreta.

Manuel-kun no era una persona cualquiera. Era un país. Y para ser más precisos, era la representación viva y encarnada de la república de Chile.

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Yo si se gobernar un país… pero despacitico.

El presidente Santos, sobre su desastrosa manera de gobernar.

Y bueno, mientras pasan las horas…

Ryutaro había tenido que regresar a su apartamento para poder preparar los reportes, las minutas de las reuniones entre los países de la alianza y los empresarios, en fin.

Los chicos se habían regresado cabizbajos al apartamento, por el sencillo hecho de que les habían destrozado el día libre. ¿Qué más podían hacer?: simplemente resignarse. Fin de semana arruinado, estropeado de lo lindo, tendrían que soportar la presencia molesta de sus jefes en medio de todo. De algún modo se las aplicarían, pero a la postre les generaría severos problemas.

Total, tendrían que prepararlo todo, arreglar el apartamento (que estaba hecho un chiquero) y demás cosas que no vienen al caso. María Teresa tendría que buscar la forma de encaletar todo el contrabando YAOI que había traído al conjunto y que había logrado comprar en Akibahara a un muy buen precio (en especial los nuevos tomos de Junjou Romántica, que estaban recién saliditos de las librerías, más la colección completa de Mirai Nikki), más unos cuantos doujinshis US/MEX que eran una delicia exquisita (aunque ella no había tenido la fortuna de toparse con Mentaiko o Takeshi Matsu).

Días antes… en "The Palace of boy's Love", una conocida tienda de YAOI en Akibahara.

por ser usted… le dejo los 12 doujinshis en 25 yenes, más una revista Monthly Mentaiko de cortesía.

a mí no me venga a encimar BARA, que soy una fujoshi respetable terció la costarricensey déjeme en 20 yenes los doujinshis.

(Nota del autor: Costa Rica no sabe de lo que se está perdiendo… ahonhonhonhon)

le repito, no puedo bajarlo de 25…

E inmediatamente la costarricense tomó un aspecto muy, pero muy aterrador. La pobre encargada se aterró.

bueno… se los dejo en 22 con 50.

Y después de eso, pudo contrabandear los doujins, y enterarse de que en el conjunto no era la única fujoshi depravada. Habían otras, en especial dos pisos más abajo del que estaban viviendo (más precisamente en el sexto piso), así que había optado por hacer negocio propio alquilando doujinshis a 5 yenes el día. Y se estaba forrando de lo lindo con el negocio.

El más aterrorizado era Mariano. El uruguayo se había desmayado, puesto que su "adorado jefecito" iba de visita. Al regresar, se encerró en el baño y se puso a vomitar de lo lindo. Y los nervios lo tenía encrispados de lo lindo, aunque menos mal no vendría Dieguito para fregarle la vida. Y bueno… también estaba el hecho de que Mujica se estaba canaleando[7] el viajecito, puesto que se había tenido que disfrazar de azafato para que no le cobrasen el pasaje de ida y vuelta en el vuelo.

Los cinco jefes de estado (seis, si incluimos al "pepe" Mujica, quien se había infiltrado como azafato para no pagar pasaje, siete si se cuenta a Stephen Harper, quien también estaba metido en el paseo) descendieron del chárter, tomaron la línea Narita exprés como cualesquier parroquiano común y corriente, llegaron a la estación de Tokio como cualquier parroquiano común y corriente, pidieron 2 taxis que los pudiesen llevar a Odaiba, en fin. Nada del otro mundo, excepto tal vez que el taxi en el que tenían que transportarse los cuatro jefes de estado de la alianza era muuuuuuuy estrecho, y dos de ellos tendrían que viajar sentados entre las piernas de los otros dos.

Laura Chinchilla iba en el asiento del frente. Atrás, Santos estaba sentado sobre el regazo de Piñera, muy contento el maldito pervertido, cosa similar que pasaba con Piñera. Para infortunio de Humala, el copetudo de Peña Nieto tuvo que sentarse en su regazo, cosa que generó mucha, muchísima incomodidad al presidente peruano… aunque no podía negar que el copetes tenía un trasero exquisito. Harper y Mujica naturalmente viajarían en taxi aparte, sin mayores sobresaltos de ninguna clase o tipo. O eso se supone…

Total, las cosas parecían marchar bien, los vecinos seguían igual de raros como siempre, el conjunto marchaba de forma normal como siempre. Y bueno… era sábado, era fin de semana, y a pesar de todo los cuatro tigres latinos estaban maquinando la forma de poder desquitarse de sus adorados jefecitos.

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No voy a permitir que GREENPEACE me sabotee mis planes para pescar atún en el Ártico

NekoPutin, sobre sus planes malvados.

Odaiba, más específicamente en el barrio de Higashi-yashio, jurisdicción del distrito especial de Shinagawa, a eso de las 5:00 pm.

Después de un movidito viaje entre las congestionadas calles de los distritos de Minato y Shinagawa, amén de un atasco en pleno rainbow bridge, los jefes consiguieron llegar a Odaiba. Las quejas de copetes eran varias, pero en especial había una que se había amordazado… el sentir que había despertado algo duro en la entrepierna del pobre (y hasta ese momento) traumatizado general Humala. Mientras tanto… Santos estaba muy excitado y cachondo, lo mismo que Piñera, por lo que se notaba un pliegue que resaltaba de los pantalones de ambos, amén de unas extrañas y húmedas manchas en estos mismos pantalones… agregado a unas caras de excitación que no se las quitaba nadie (si… estaban en medio de un bien degenerado y pervertido twerking[8], que nada tenía que enviar al perreo de Miley Cyrus). Laura Chinchilla estaba sencillamente intentando ignorar las depravaciones de sus colegas, aunque ya bastante tenía con María Teresa, y así mismo todo el material pornográfico-gay que su protegida tenía escondido en su despacho de san José de costa rica.

—ya llegamos, son 22 yenes con 50 céntimos. —dijo el taxista a los cinco jefes de estado.

—Sebas… paga tú. —le dice el presidente Santos.

—no Juanma… yo no tengo ni un peso, que pague Ollanta —responde el mandatario chileno.

Y el pobre de Ollanta Humala se emberracó de lo lindo.

—a mí no me vengan a meter en sus putas carajadas, que Laura pague la cuenta del taxi, si quiere que la dejemos entrar al club.

—descarado de mierda —espetó la Chinchilla— entonces, si no quieren pagar, que pague Peña.

El pobre copetes aun no la cogía. Mucho trabajo para su ya de por sí sobrecargada neurona.

—¿Qué yo que? —inquirió perplejo el Peña.

Aparece entonces el ministro Harper, junto con Mujica. La presencia del mandatario canadiense era imponente, y no podía negarse un par de cosas: su cara de galán de telenovela[9] hacía derretir a muchas, amén de que tenía un estado físico de infarto (pues cuando el ministro Harper estaba con la camisa sola, sin el abrigo, se notaba el hipnótico y bien formado abdomen de chocolatina que se gastaba debajo de la misma, que de por sí le quedaba bastante ceñidita...). La otra cara de la moneda era el descarado de Mujica, quien sin más ni menos dejó que Harper pagara la cuenta del otro taxista.

—lo mejor es que acabemos con esto de una vez. Estoy cansado, y quiero simplemente descansar —exclamó agobiado el ministro Harper, para acto seguido cancelar la cuenta que le debían al taxista— tenga, y guarde el cambio.

—muchas gracias…

Acto seguido, el taxista los deja botados en plena calle.

—¿y ahora que hacemos? —inquirió el copetudo de Peña

—ahora, tendremos que buscar el edificio Tetsuya. —respondió de forma racional el ministro Harper.

Después de mucho caminar, habían conseguido llegar al edificio. Sarutobi-san los recibió como si nada, nadie parecía reconocerlos como los jefes de estado que eran. La comodidad del anonimato les brindaba la necesaria impunidad que querían para entrar en el conjunto. Pero… siempre existe alguien que suele dar al trasto con todo.

—en que les puedo colabora…

Tenjou-san había aparecido. Tenía que recibir a la nueva visita, aunque de entre los siete jefes de estado, reconoce a uno de ellos claramente… (imagínense al presi Mujica con un aura gaymente rosa).

—MUJICA-SAMAAAAAAAAAA! —gritó el administrador como una fangirl histérica.

Para acto seguido, taclear salvajemente al presidente de la república oriental uruguaya.

Miremos en otro lado… en el apartamento de los tigres.

Todo ya estaba listo y pulcramente organizado para recibir a los jefes. Ryutaro había obligado, literalmente hablando, a todos sus supervisados como el diligente niñero/supervisor que era, a arreglarse, vestirse, asearse, e inclusive a arreglar de forma estricta el chiquero en el que se estaba convirtiendo el apartamento.

Después de todo, habían conseguido organizarlo todo. Por el citófono, les habían anunciado que habían llegado siete extraños tipos que los estaban buscando. Su sorpresa fue grande al ver como Tenjou-san se apercollaba de forma demasiado fangirlesca con el presidente Mujica, el cual tenía una expresión de trauma estilo animé muy obvia, expresión que parecía transfigurarse en casi todos los jefes, excepto tal vez en le siempre estoico e impasible Stephen Harper (todo un Dandere en un amplio sentido de la palabra).

Y al descender Colombia, acompañado de los dos supervisores/niñeras, vieron el deprimente espectáculo.

—¿pero qué demonios es lo que está pasando aquí? —dijo aterrorizado el colombiano, al ver al administrador en semejante espectáculo tan bochornoso.

—eeeeeh Juan Pablo-san… no sabía que usted conociese a Mujica-sama —dijo entonces Tenjou-san avergonzado.

—Tenjou-san, Creo que debería dejarme atender la visita —dijo nana, intentando mantener la cordura en medio de todos sus traumas.

Tenjou-san soltó al pobre de Mujica, quien respiró tranquilo. Piñera estaba riéndose por lo bajo, pero una mirada asesina de Ollanta Humala acalla las risillas molestas. Los demás, todavía estaban con su rostro de trauma (obviamente rostro de trauma estilo animé). Y Harper… estaba como si nada hubiera pasado.

—bueno… creo que sabes a que vinimos, ¿no es verdad Juan? —dijo el presidente Santos, en un tono algo serio.

—sí, si… los estamos ya esperando en el apartamento, desde hace ya tres horas.

Acto seguido, todos se dirigen hacia el apartamento.

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es que 10 millones de pesos no nos alcanzan para comprar el suficiente atún que necesitamos…

NekoCorzo[10], sobre los auxilios parlamentarios del atún.

Entonces, vamos a echar una ojeadita en el apartamento de los tigres…

Después de tan traumático arribo, los siete jefes de estado habían llegado al apartamento. Les sorprendió a todos siete ver lo bien organizado y "recuquisimo" que se encontraba el apartamento, tal vez era la mano estricta de Harune-san, o tal vez los cuatro se habían puesto de acuerdo para que nana sirviera como "esclavo-escabel y dios-sabe-que-más". Con tal era que eso no importaba.

—chicos, por lo que vemos han progresado de manera considerable —exclamó entonces Santos— ya hasta tienen el chuzo, los felicito.

—pero no gracias a ustedes —dice sarcástico México, mientras mira de forma asesina al copetudo de su superior.

Peña se aterroriza. Intenta hacerse el bobo, pero las miradas asesinas de las cuatro naciones se ciernen sobre el pobre copetón. Santos mira con reproche a Peña, Humala le dedica una mirada muy asesina e intimidante, pero eso sí, el más intimidante es Stephen Harper: su mirada penetrante y gélida lo aterrorizaba por sobremanera. Ya los demás, sencillamente quedaron algo perplejos.

—yo les juro que no tuve nada que ver con lo que pasó con el giro de los 5'000.000 de yenes…

—sí, claro. —espetó sarcástico Chile— todos queríamos matarlo, en especial Pedro… el pretendía sacarle el corazón y ofrecérselo a Tezcal… Tezcaaaaal… ¿Cómo era que se llamaba ese weon al que te referías?

Eso le causó un espasmo de pánico al pobre copetudo, mientras veía el aura oscura a lo Rusia que rodeaba al azteca, que de verdad, verdad, inspiraba demasiado miedo.

—Tezcaltlipoca, estúpido —le corrige el mexicano al austral, para luego darle un zape— más respetico con el que es un dios.

—ya está bueno chicos… la cosa es que montamos un restaurante, hemos logrado acordar 5 negocios con varias empresas… de los cuales no queremos ni contarles como los hemos hecho.

Total, después de largas discusiones, algunas cuantas presentaciones en el todopoderoso y sapiente PowerPoint-sama, que todo lo expone y todo lo responde, los jefes quedaron conformes con toda aquella infumable carreta de dinero que se estaban haciendo sus naciones.

—y bueno, en donde piensan alojarse. —inquirió entonces el peruano con grande interés.

—Peña se encargó de hacer reservaciones en un hotel que queda a unas tres cuadras de aquí, precisamente en Odaiba. —dijo con toda la naturalidad del mundo el presidente Santos.

Ahí el copetes se puso más tenso que de costumbre, puesto que a última hora el idiota no se había acordado de las reservaciones de hotel para todos siete. Tragó hondo, y estaba rogando a lo que fuera para que al menos nadie se enterase de semejante descuido tan evidente.

—bueno… este… yo… —empezó a tartamudear el Peña Nieto con notorios nervios.

—ay diosito… no me digas que la volvistes a cagar, copetes —exclamó entonces México, conociendo las reacciones de su descerebrado jefazo.

Su neurona ya no daba para más.

—ehhhheheheheeee… yo… yo… no me acordé de hacer las reservaciones… lo siento, lo siento de verdad.

Inmediatamente, seis miradas asesinas se fijaron en el pobre copetón. No se sabía quién inspiraba más miedo: si Harper, a quien le rodeaba un aura oscura, haciéndolo ver más aterrador que Suecia, o si el mismísimo General Humala, el cual ya le palpitaba una sien de la física rabia que lo invadía por las idioteces de su colega. Pedro simplemente se palmeó la frente, resopló con resignación y exclamó a sus colegas naciones, a nana Ryutaro y a nana Fernando.

—¿ahora lo ven chicos?... esto es lo que tengo que aguantarme todos los santos días.

—bueno, pudo haber sido peor —exclamó entonces Miguel.

Apenas dicho esto, a Sebastián Piñera se le ocurre una idea.

—a falta de alojamiento,… ¿por qué no nos quedamos con ustedes?

Acto seguido, un grito resonó por todo el conjunto del edificio Tetsuya. (Toma panorámica del edificio, en medio de la noche)

—¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?

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Es que no me tienen paciencia…

Enrique Peña Nieto, cada vez que comete una estupidez.

Y la cosa se puso complicada, con el paso de las horas. De algún modo, y después de que al menos bajaran los ímpetus asesinos de todo el mundo, pudieron considerar la aberrante… cofcof… debo decir, la interesante proposición del presidente Sebastián Piñera.

—tienen que pensarlo… no hay el espacio suficiente para todos en el depa —exclamó desesperado y angustiado México.

—claro que si hay espacio. —responde Ryutaro de modo tranquilizador— es cuestión de acomodar y organizar la disposición de los dormitorios para que pasen cómodamente la noche.

Ahora sí que tenían ganas de matar a nana y al copetes. Ya se las cobrarían.

La cosa era que las acomodaciones despertarían todo tipo de suspicacias. En cada cuarto se disponían de dos camas sencillas, a las que al fin y al cabo los cuatro tigres se habían dispuesto y acomodado sin ningún tipo de roce o de inconveniente alguno. En otros términos, compartían cuarto, más nunca lecho. La cosa ya se ponía de diferente color, con la presencia de los siete jefes, en especial teniendo en cuenta que tres de ellos se "auto invitaron" a la visita de inspección. Al pepe podían acomodarlo en la sala, o que durmiera en el balcón, o en el apartamento de los aspirantes junto con la Chinchilla. Ya el copetes, lo podrían guardar en un escaparate, o simplemente ponerlo a dormir en el pasillo, como castigo por haber cometido la soberana estupidez de no reservar ningún tipo de cuarto de hotel. En cuanto a Santos y Piñera… eso era harina de otro costal. Total, el hecho principal, estaba en que no querían compartir habitaciones o camas, pero son sus jefes así que deberían resignarse.

Después de todo, las habitaciones habían quedado repartidas de esta manera:

Cuarto de Colombia y México: dormirían allí Sebastián Piñera (compartiendo la cama con México) y Enrique Peña Nieto. (para su infortunio, compartiría con Colombia.)

Cuarto de Chile y Perú: Ollanta Humala dormiría con chile, mientras que Perú tendría que tragar hondo y compartir su cama con Juan Manuel Santos.

Ya Mujica, la chinchilla y el ministro Harper dormirían en el segundo apartamento, quedando de la siguiente manera:

Canadá: compartiría cama con el ministro Harper

Costa Rica: le cedería su cama a la presidenta Chinchilla.

Y que Mujica durmiera en la cama de Uruguay. No quería tener más traumas de los que ya llevaba, y eso estaba bien: querían ahorrarse eso con el viejo Pepe's Mujica, por lo que salomónicamente el austral optó por acostarse en el sofá de la sala.

Ya de noche…

De alguna forma pudieron acomodarse todos para poder dormir. En los cuartos se respiraba una tensa, tensa calma gracias a las inoportunas visitas que se estaban alojando en el apartamento. Pedro estaba intentando conciliar el sueño, más no podía, gracias a los ronquidos de motor viejo que generaba el mandatario chileno. Y por si no tuviera suficiente, Piñera se estaba entrepiernando de forma bastante rara con el mexicano, mientras musitaba lo siguiente: "Juanma… Juanma… me gusta tu exquisito culo…". Y eso le generaba más traumas al pobre de Pedro.

Ya Juan Pablo, este no es que la estuviese pasando tan bien que digamos: el copetes estaba vestido con una ridícula pijama color verde menta con estampados bien monos de ositos de peluche y gatitos, más un ridículo gorro de dormir. Le faltaba el chupo. Parecía un idiota en un amplio sentido de la palabra. Y lo peor del asunto estaba en que dormía con la bocaza abierta, mientras un hilillo de saliva se escurría por entre su jeta, babeando la almohada. Además de ello, estaba ese tufo degenerado de su boca, que podía decirse en un amplio sentido que era mortal. Agreguémosle a esto otro ingrediente: Peña duerme con los ojos abiertos.

Parecía un cadáver, o un remedo de conde Drácula con gingivitis, especialmente por el copete graaaande que se gastaba, y verlo causaba miedo. Mucho, pero mucho miedo. A duras penas el pobre de Colombia pudo dormir.

Chile tampoco es que la estuviese pasando mal, pero no podía evitar malpensar depravadamente al tener al lado al presi Humala. Aparte de sus demás compañeros jefes, el presi Humala no usaba una pijama ni muy ridícula, ni muy clásica. Usaba unos bóxer sencillos, más una camisilla sin mangas. Manuel no podía negar una cosa: un muy buen físico se gastaba el general Humala, amén de unos abdominales de fregadero muy exquisitos, aunque la cosa cambiaba con el rostro del presi peruano: los estragos naturales de la edad, la calvicie incipiente, algunas patas de gallina, un par de líneas de expresión y arrugas, cosillas que se pueden arreglar con unas cuantas cremas antiedad, alguito de bótox y un poco de latonería y pintura. Total, el hecho estaba en que los dos estaban tensos como un tronco, intentando no tocarse, evitando el contacto visual. Con Santos y Perú era distinta la cosa: Miguel estaba literalmente arrinconado, tragando hondo e intentando no dejarse maniculitetear del presidente Santos Calderón, quien en medio de la noche mandaba manotones a diestra y siniestra.

Entre tanto, la cosa en el apartamento de los aspirantes era distinta: Laura Chinchilla estaba junto con María Teresa, ambas descansando como si nada, claro está, una en la cama y la otra en un futón que le habían logrado facilitar los vecinos (más específicamente las Hazeyama). Mariano, dormía tranquilamente a sus anchas en el sofá, a razón también de haberle cedido su cama al pepe Mujica. Ya Matthew y el ministro Harper… eso era otro el cantar: el canadiense no había dormido jamás junto con su jefe jefazo bajo ninguna circunstancia, y eso especialmente que el ministro Harper apenas llevaba unos bóxer Calvin Klein de color blanco, durmiendo así, con su espléndido, sensual y bien formado cuerpo de escultura griega… (perdonen un momento, tengo que limpiar la sangre del teclado, que me está dando una hemorragia nasal ni la verraca), sus abdominales de chocolatina, amén de su bastante robusta constitución física. Además de eso, tenía la costumbre (por no decir vicio) de moverse en medio de la noche, por lo que en medio de dos horas ya estaba entrepiernado el ministro Harper sobre Canadá, lo cual incomodaba y ponía nervioso al pobre canadiense (cualquier parecido con Itai Itai 2 es pura coincidencia). Además de ello,… el pobre de Matthew sintió rozar el bulto de entre las piernas del ministro… que era de un tamaño… digámoslo que considerable. Y eso causó mayores escalofríos e incomodidad en el pobrecito Canadá. Luego, Harper se dio vuelta, dejando su delicioso y apetecible trasero a la vista, mientras abrazaba de forma bastante provocativa una almohada… y en medio de la noche, Matt notó que un líquido tibio y suave parecía salir de su nariz. No se había percatado de que estaba sangrando por la nariz, y que su sangrita estaba manchando la almohada.

El hecho principal estaba en que al menos, todo estaba saliendo normal. O eso se suponía.

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SIENTATEEEE!

Aome Higurashi, cada vez que InuYasha mira más de la cuenta…

Tempranito en la mañana,…

—DESPIERTEN, PARRANDADA DE HOLGAZANES DE MIERDAAAAAAAAAAA!

Todo mundo se despertó con un terrible sobresalto al oír el procaz grito que supo lanzar Colombia. Juan Pablo estaba con la iracundia salida, y no era para menos: no les perdonaba a sus jefecitos el haber arruinado su sagrado segundo día libre, que era el domingo. Los cuatro jefazos se habían levantado, la tres naciones restantes también, total, era domingo y ya tenían planeada toda su agenda del día libre: Perú se iría de turismo por el centro, específicamente a los santuarios de Kanda[11], Meiji[12] y Yasukuni[13] a tomar fotos y a conocer un poco. México había quedado de ir a un Izakaya[14] muy recomendado en una guía turística, que quedaba por el distrito de Minato. Chile iría a una función en la "Ciudad de la ópera", que quedaba en el distrito de Shinjuku, en especial porque traían una adaptación al japonés de Madame Butterfly y Colombia, se iría al estadio ajinomoto a un partido de la J. League, pues se había aficionado al Tokio Verdy[15], y precisamente en ese domingo tenían clásico con el F.C Tokio.

Así que el asunto estaba en que sus jefazos no les dejarían arruinar así como así los planes que ya tenían ellos cuatro, esto también comprende que Mariano también tenía sus planes de matear con unos cuantos amigos uruguayos en la embajada uruguaya en Tokio (de hecho, necesitaba conseguir como fuera yerba mate, se le había agotado la reserva que le había robado a Argentina hacía ya dos días), María Teresa iría a Akibahara a comprar más YAOI, y Matt por su parte tenía lección de manejo con Fernando, el supervisor de los aspirantes.

Pero a fin de cuentas… no podían dejar a sus jefes así como así, a la deriva.

Con posterioridad a haber arreglado, preparado y servido el desayuno para los ocho (con ayuda de Pedro), los cuatro tigres hablaron entre sí. Por nada del mundo permitirían que esos bolardos de sus jefazos les arruinasen los planes. Ya después de hablarlo larga y tendidamente, consideraron prudente ejecutar el plan que habían discutido previamente para estos casos.

—bueno… nosotros ya teníamos planes para el día de hoy: Juan va al partido del Verdy en el Ajinomoto, Manu irá a la ópera, Pedro se irá a un bar y yo me iré al santuario de Kanda a tomar fotos —dice el peruano— y esos planes no van a cambiar en lo absoluto.

—así que hemos decidido encargarlos a ustedes del restaurante, hoy domingo. —prosigue el azteca, mirando de forma asesina al copetudo— no queremos quejas de ninguna clase.

—¿nos van a poner a mantequear? —inquirió Santos con algo de ofuscación— nosotros somos sus jefes, por un principio de respeto no nos pueden poner en estas así como…

E inmediatamente al colombiano le rodeaba un aura oscura demasiaaaado aterradora. Todo mundo optó por tomar distancia, no era para menos: parecía querer matar y comer de muerto.

—…creo que ustedes no han entendido aun… —dijo entonces el colombiano de ojos verde esmeralda, mientras le palpitaba una sien de la ira. —el que ustedes… hayan venido, no nos hace cambiar nuestros planes… así que… PONGANSE A TRABAJAR DE UNA PUTA VEZ O LES ROMPO TODO LO QUE SE LLAMA CARA A TODOS CUATROOOOOOOOO!

—vamos… cálmate, cálmate… no te dejes llevar por la rabia así como así. —le musita al oído el mexicano al colombiano.

Juan pudo calmarse. Acto seguido, Manuel les entrega a los cuatro jefazos un dinerillo por ahí (unos 2.300 yenes) más una lista.

—aquí les entregamos el dinero y la minuta del restaurante. —ordenó el chileno— faltan algunas cosas que perfectamente pueden encontrar en Hariyumikajima, es un almacén de mayoristas que queda en Minato, ahí está anexa la dirección. Lo que es el pescado, lo compran en el mercado portuario de pescado y marisco, nana les indicará en donde queda.

—claro, Manuel-kun —dijo Ryutaro— yo les indico.

Algo de silencio.

—ahora… VAYANSE A TRABAJAR —gritó iracundo el chileno.

Y Los cuatro presidentes obedecieron sin chistar. Después de todo, los cuatro tigres se sonrieron entre sí, mientras nana los miraba de soslayo.

—¿Qué horas son, nana querido? —inquirió el peruano

—las 8:30 am.

—bueno… llego justo a tiempo al estadio antes de iniciar el partido —dijo Colombia— no quiero perderme a los del Verdy[16], me han dicho muchas maravillas de ellos.

Y Colombia llevaba su pinta futbolera, con una camiseta del Tokio Verdy de color verde limón, los colores del equipo pintarrajeados en dos franjas verdes y blancas en sus mejillas, un gorro de arlequín y una bufanda del mismo equipo, todo de blanco y verde (incluso un jean blanco y tenis verdes). Chile estaba vestido de manera elegante: sobretodo gris, frac negro, corbatín color marfil, camisa blanca, bufanda de tonalidad crema, mocasines de charol y guantes de gala, listo para la función de ópera en la ciudad de la ópera de Tokio. Solo le faltaba el sombrero de chistera y el bastón de ébano para quedar hecho todo un gentleman, pero podía prescindir de él. Perú no se había puesto tantas arandelas, estaba tan informal como siempre, amén de una camarita digital barata que se había comprado en una tienda de "todo a 100 yenes". México por su parte estaba en las mismas condiciones de su colega: nada de pretenciosidades.

Planes ya listos, itinerarios ya planificados, nadie les impediría en lo absoluto que sus planes se desarrollaran.

—nos vemos entonces por la tarde!

Y después de salir del conjunto, cada quienes se dirigieron a sus actividades planeadas.

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Es que usted no sabe quién soy yo!, a mí me respaldan nosecuantos cientos mil votos!

Cualquier político colombiano ebrio, cuando es descubierto cometiendo una infracción de tránsito.

ya en el restaurante…

Los siete jefes de estado (pues que comen que adivinan, el Mujica, el Harper y la Chinchilla estaban también metidos en esto) ya habían llegado al restaurante. Miraron los siete con asombro la decoración, no podían negar que sí que le habían metido mucho empeño en la organización del lugar, que por cierto, les había quedado "recuquísimo" a sus subordinados.

—tenemos que empezar a repartirnos las tareas: ¿Quién se encargará de la caja? —inquirió el presidente Humala con gran interés.

—yo me encargaré de la caja! —exclamó a vivas voces el Piñera, mirando de forma maliciosa a sus alrededores.

Todo mundo sabe que la naturaleza inherente de un político está en robar. Así que empezaron a reñir entre todos por quien se quedaba con el control de la caja, pues querían sacar el mayor provecho de las ganancias que se pudiesen raquetear. Después de una infantil y bastante ridícula gresca, se sobrepuso por sobre todos el Mujica, el cual se encargaría de gerenciar la caja, claro está, bajo la vigilancia atenta de todos. Santos y Piñera se encargarían de la cocina, mientras que el resto se encargarían de servir de meseros.

Después de todo, tenían que salir con algo. Como nadie se había ofrecido, el Peña había quedado comisionado junto con el Humala para ir a comprar lo de la minuta a donde los mayoristas. Lo único que pedían era que no la cagara, como había pasado con la susodicha "reservación" que a la hora de la verdad jamás de los jamases había hecho.

Mercado de pescado y mariscos de Tokio, en el distrito especial de Shinagawa…

El olor fuerte de los pescados y los diferentes mariscos inundaba el enorme espacio que servía como uno de los mayores expendios de pescado y mariscos en toda Asia. Filetes gigantescos de atún, carne de pulpo, merluza, pez volador, carne de cangrejo, mejillones, camarones, langostotototas, langostinos, erizos de mar, bichos de todos los colores, olores y sabores.

Era difícil de escoger entre tanto pescado.

—A 150 YENES EL KILO!, BARATICO, FRESQUECITO EL KILO DE CARNE DE ERIZO DE MAR… PESCA DEL DÍA, BARATICOOOO!

—OFERTA ESPECIAL, DOS FILETES DE ATÚN DE ALETA AMARILLA POR EL PRECIO DE UNO… A 230 YENES POR AMBOS, APROVECHEN, APROVECHEN!

—CARNE DE PULPO, CARNE DE PULPO, VENDO CARNE DE PULPO EN BARATA!, A 50 YENES LA LIBRA!

—APROVECHEN, APROVECHEN, SOLO POR HOY, LANGOSTA A 12 YENES LA LIBRA, APROVECHEN QUE ES OFERTA LIMITADA!

Entre tanta gritería era difícil hacerse a entender. La cuestión estaba en que habían algunas cosas que se tenían que comprar para completar la minuta del restaurante, ya previamente establecida.

Regatearon los precios de los mariscos y el pescado, total, Ollanta era todo un lince con respecto al regateo. Peña por su parte se dejó tumbar el muy idiota, pues algunos se habían aprovechado de su expresión de idiota para poder sonsacarle más dinero inflando los precios de la carne de pulpo, amén de comprar dos kilitos de mariscos en mal estado que estaban en oferta (por una bolsa de mariscos buenos, le encimaban una de mariscos podridos). Y bueno… la cosa no parecía marchar tan mal que digamos, excepto tal vez que el idiota copetudo hacía caso a las poco fiables ofertas.

—¿compraste los mariscos? —inquirió el presi Humala al Peña.

—Si,… aproveché una oferta de 2 por el precio de 1.

—al fin haces algo bien, pedazo de idiota —exclama el mandatario peruano. —déjame ver lo que compraste.

La cuestión estaba en que parecía que "había aprovechado la oferta"… pero era una oferta algo engañosa. Humala mira la susodicha bolsa con la libra de camarón podrido. El solo olorcillo lo marea de forma considerable.

—tenías que cagarla de nuevo, BAKA! —gritó con toda la mala hostia el presidente Humala, para acto seguido propinarle un pescozón al Peña.

—¿y ahora que hice? —exclamó el Peña con cara de llanto estilo animé.

—¿Todavía preguntas, idiota?... te metieron una libra de camarones podridos, so pendejo!

Regresemos al restaurante.

Todo era caos y ajetreo en el restaurante. Ninguno de ellos había hecho cosa parecida que firmar decretos, asistir a cumbres, en fin. En ninguna de sus obligaciones estaba atender un restaurante o mantequear, total, ahí estaban los cuatro presidentes de la alianza pacífico, más los mandatarios de los países observadores. Santos y Piñera estaban "mantequeando" en la cocina, mientras el Mujica atendía la caja y se disponía a repartir las mesas. Harper y Chinchilla se encargaban de la atención de las mesas junto con Humala y Peña Nieto, quien era un desastre en todo amplio sentido de la palabra: había roto tres platos, derramado encima de una de las clientes un vaso de champús (obviamente sin querer), y para mayor de los colmos, casi hace matar a uno de los clientes de un tropezón.

Bueno, la cosa es que la cocina parecía también un desastre en un amplio sentido. A pesar de que Humala había insistido de forma sensata que no usaran el camarón podrido que compró copetes en barata, no le hicieron absolutamente nada de caso.

—mah, eso no va a pasar nada Ollanta… simplemente se ponen a hervir bien, se disimula el sabor con algunas especias y listo. —dijo de forma negligente Santos

—¿Qué demonios te pasa, Juan Manuel?... no me digas que se te pegó la tontera del Peña. —exclamó Humala.

—es cuestión de ahorrar.

Total, acabó cediendo. Y después de haber hecho lo que previamente se dijo (hervidos bien los camarones, disimulando los sabores podridos con muchas especias), hicieron un rarísimo seviche de camarón que nadie se atrevía a servir.

—échense la bendición, para ver si funciona esta carajada —dijo el presidente Peruano.

Servido entonces el seviche, gustó. Y eso fue demasiado raro.

Cocina del restaurante…

Santos estaba lavando los trastos como si nada, usando un delantal gaymente rosado por encima de su camisa formal azul clara, con corbata de tono azul oscuro, meneando el trasero mientras fregaba, lavaba y secaba cada uno de los platos al son de las canciones de música de plancha de Yuri… las cuales canturreaba de forma espantosa.

—SIIIIIIII… para enamorarme ahora, Volveraaaaaaaaa a mí!, la maldita primaveeeeeera —canturreaba el mandatario colombiano— y es que es así… para enamorarme pasaaa una hora, pasa ligera, la maldita primavera.. pasa ligera… y yo sigo siendo asiiiiiiii…

Para todos era un suplicio oírlo cantar. Pero para Sebitas Piñera no… por más extraño que pareciese, al Sebas le gustaba la voz de tarro que se gastaba Juanma. Y eso era raro. Muy, pero muy raro.

Sigilosamente, el jefe de estado chileno se posiciona detrás de su colega, abrazándolo por la espalda de una manera demasiado homosexual. Usaba un delantal verde limón muy gay.

—Sebas… sabes que no me gusta que me sorprendas así.

—sencillamente no puedo resistirme…

Lo abraza más fuerte, lamiendo el lóbulo de la oreja del mandatario colombiano.

—no… en otro lado, Sebas… —canturreó Santos.

—tengo ganas de tu culo —susurró el Piñera de modo sugestivo.

Estaba a punto de bajarle los pantalones a su rarísimo amante cuando son cachados por el presidente José Mujica.

—déjense de mariconerías y pónganse a trabajar… —acto seguido se retira murmurando por lo bajo un montón de incoherencias.

—estos jovencitos de ahora tan calenturientos, no se aguantan nada…—decía el Mujica por lo bajo.

Asustados, los dos presidentes se separan de forma repentina, y se ponen trabajar por separado. Repentinamente, ven que una de las clientas del restaurante, quien se relamía con el seviche podrido que habían hecho los jefes, se torna de color verde, y acto seguido vomita sobre el ministro Harper. Como si hubiese sido una señal convenida, otros dos clientes intentan contener el vómito, y precipitadamente se dirigen hacia donde está el baño, mientras que otros intentan trasbocar en donde pueden, en medio de un asqueroso y muy aberrante espectáculo de vomitadas y desmayos.

Ahí sí se puede decir que los jefazos la cagaron en grande.

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And the fox say… DINGDINGDINGDINGDING… DINGDING, DINGDINGDING, DINGDINGDINGDINGDINGDINGDINGDING… and the fox say!

Una rara, rara canción noruega que me oí por la radio.

Entrada la noche, todos cansados se disponen a regresar a casita…

Ya en casa, todo mundo estaba agotado por el tedioso día libre. Juan estaba agotado, con la camisa algo desgarrada y con un moretón en su ojo derecho: había resultado metido en una gresca (sin querer queriendo) entre las barras bravas del FC Tokio y el Verdy. Lo impresionante del asunto era que los malditos no peleaban de la forma tradicional: combatían de forma rocambolesca con patadas de karate, shurikens, kunais, tachis, katanas, lanzas y toda suerte de armas corto punzantes sacadas de dios sabe dónde. Para más inri, un shuriken se había incrustado en su cabeza y un kunai se había clavado en su hombro derecho.

Después de eso, no volvería al Ajinomoto. Se quedaría en casita, como buen hincha, viendo los partidos de la liga cómodamente en la televisión.

Manuel le había ido más o menos bien. A pesar de todo, el chileno no le había ido tan mal en la ciudad de la ópera: estaba acompañado por dos despampanantes chicas vestidas de gala, una de ellas era Michiko Ryokage, la soprano estrella de la compañía de ópera de Tokio, la otra era Sara Brogniard, una turista belga que se había conquistado por ahí. Total, entre la una y la otra, el muy suertudo de chile le había ido bien, había disfrutado de la ópera, se había divertido, (a pesar de que no había entendido ni papa de la adaptación al japonés de Madame Butterfly) pero su suerte no era tan buena que digamos… en su camino hacia el apartamento (obviamente después de haber dejado a las dos susodichas en sus casas) lo habían asaltado, por lo que a su regreso había llegado con el frac algo desgarrado, la nariz sangrante, el corbatín desanudado y los bolsillos hacia afuera. Nada del elegante chileno de la mañana quedaba en él.

A pedro no le había ido tan mal. Pero las cosas podemos dejarla en este calibre: a duras penas podía tenerse el pobrecito.

El único que tuvo un día tranquilo, sin ningún sobresalto, había sido Miguel, aunque todo hubiese sido mejor si no se le hubiese gastado la batería de la camarita. Pero aun así, tomó muchas fotos del parque Ueno, de los templos Meiji, Yasukuni y Kanda, de los diferentes lugares históricos de la ciudad, asistió a una ceremonia del té, visitó los jardines del palacio imperial, fue al palacio de la dieta legislativa, (o Kokkai), pasó por el distrito de Akibahara y compró un par de cositas para sus amigos, en fin. La había pasado de maravilla.

Matt había avanzado en sus lecciones de manejo, Mariano pudo conseguir más mate (y de paso se compró media libra de matcha), María Teresa pudo adquirir más YAOI para su colección, amén de que por curiosidad morbosa se compró cuatro doujinshis de Mentaiko.

Nadie sospechaba de lo que había sucedido. A su regreso, encontraron a sus siete jefes hechos un desastre. Temieron lo peor con respecto al restaurante.

—hola chicos…—dijo entonces Juan Manuel, de forma tímida.

—y díganme, ¿Cómo les fue con el restaurante? —inquirió entonces México.

Los cuatro jefes de la alianza estaban cohibidos. Harper miró a los cuatro jefes de la alianza de forma asesina. Copetes tragó hondo. Aun así, timbró el teléfono, los había salvado la campana. Contesta entonces el peruano.

—¿diga?

tenemos una notificación contra el restaurante "Latin Tigers", de parte de la inspección de sanidad del distrito de Shinagawa—dice el interlocutor al inca—debido a una intoxicación masiva, la inspección de sanidad ha decidido sellar de forma provisional el restaurante, hasta que no se haga la correspondiente investigación.

—C-Claro… dígame el día y la hora.

será mañana mismo, Prado-san —respondió el de la inspección de sanidad— tenga usted una buena noche.

Y el inca empezó a emanar un aura oscura y muy aterradora. Todos tragaron hondo.

—¿Miguel-san…?

—corran rápido, si quieren vivir —dijo fríamente el inca, con un aura aterradora a los cuatro jefes de la alianza pacífico. Y a todo el mundo le entró un espantoso miedo.


[1] Para los que no entienden a quién es que me refiero, busquen en YouTube "doña gloria Metrocable". No les adelanto, pero es un video realmente cómico.

[2] Tomado del capítulo 9 de "Hetalia, The Beautiful World"… personalmente, es uno de mis episodios preferidos.

[3] La embajadora de Colombia en Japón es Patricia Santillana.

[4] Minato es el distrito en donde se ubica la Torre de Tokio, la cual es la estructura en hierro más alta del mundo (supera por unos cuantos centímetros a la Torre Eiffel)

[5] Katsuyuki Konishi (勝行小西) es el seiyuu que le da la voz a estados unidos y a Canadá en Hetalia.

[6] Go Inoue (井上語) es el seiyuu que le da la voz a España en Hetalia.

[7] Canalear: expresión colombiana cuyo significado es: aprovecharse de una situación, o de las acciones de otra persona en beneficio propio, sin dar alguna contraprestación por los beneficios recibidos, y sin que los demás se den cuenta.

[8] Literalmente, mover el culo. Así que háganse imaginaciones con Santos y Piñera haciendo el twerking a lo Miley Cyrus.

[9] Tienen que mirar la facha que se gasta el ministro Harper… cualquiera se desangraría con solo verlo.

[10] En este NekoBun aludo al senador colombiano Juan Manuel Corzo, quien tuvo la osadía de pedir al senado un aumento de 10 millones de pesos en el auxilio parlamentario a la gasolina de los autos de los senadores.

[11] El santuario Kanda, ubicado en el barrio de Akasuka, distrito de Chiyoda, es el santuario tutelar de la ciudad. En marzo suelen celebrar un festival religioso muy importante, el Kanda Matsuri, el cual pretende agradecer los beneficios que ha traído la primavera y que traerá el verano.

[12] El santuario Meiji honra la memoria del emperador Meiji y su esposa la emperatriz Shoken, los cuales fueron deificados después de sus muertes. Fue inaugurado en 1915 por el emperador Taisho, y se considera como uno de los principales santuarios de Tokio. Suele ser muy usado para bodas y oficios religiosos shinto, además de ser un importante atractivo turístico. El santuario Meiji se encuentra contiguo al Parque Ueno, ubicado en el distrito de Chiyoda.

[13] El santuario Yasukuni es un santuario memorial en honor a los soldados caídos en combate durante todos los conflictos de la historia reciente japonesa (desde las guerras boshin hasta las últimas dos guerras mundiales). Este santuario ha suscitado demasiadas controversias entre los gobiernos de china, corea del sur y filipinas, en especial porque entre los registros del santuario aparecen en veneración pública varios criminales de guerra procesados y ejecutados, amén de 158 conscriptos forzosos surcoreanos que fueron incluidos en las "listas de los mártires". Varios ministros como Junichiro Koizumi, Keizo Obuchi y Naoto Kan han visitado el santuario, despertando considerables controversias, y recientemente varios ministros y parlamentarios de la nippon dai Singen (cámara de representantes) del kokkai han hecho visitas a este santuario, levantando nuevamente el polvero. Como un dato curioso, el presidente Uribe visitó en 2008 el santuario, en una de sus visitas al Japón, junto con el primer ministro Koizumi.

[14] Los Izakaya son bares tradicionales japoneses en donde se sirven bebidas y comidas de la gastronomía tradicional japonesa, bajo un ambiente sosegado e intimista. Algunos Izakaya tienen servicios de Karaoke.

[15] El Verdy está en segunda división, pero por caprichos de este autor en el fic aparecen como equipo de primera división.

[16] De hecho, el Tokyo Verdy es el equipo con la mayor cantidad de títulos en Japón: 5 títulos de la Japanese Soccer League, 3 copas Nabisco de primera división (o también conocida como J. League), 2 copas Nabisco en segunda división, 5 copas Tennohai (o también conocida como emperor's cup), 4 supercopas Xerox, 1 copa de clubes de Asia y 1 copa Sanbwa Bank.