INUYASHA NO ME PERTENECE, PERO LA HISTORIA SI.
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Serie de Oneshots que tendrán conexión entre si
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Una primera Vez.
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ACTO 10
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Que tuvieron noticias de afuera.
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Bankotsu era consciente que no siempre serian invisibles para los amigos de Kagome que ella habia dejado atrás, por vivir con él.
Él mismo habia descubierto la ubicación exacta de la aldea donde ellos rondaban y vivían; y se lo habia dicho a Kagome en su momento, pero ella habia rechazado volver a ellos, y quedarse a vivir con él.
Hasta se habia negado a saber la ubicación.
Bankotsu solía pensar que quizá su esposa, en el fondo temía saberlo, y que quizá en el fondo desease regresar.
Pero también sabía que la familia de Kagome, aquella que vivía en el fondo de pozo, según ella, algo que nunca le quedó bien claro a él, era un tema que no toda la vida podían seguir obviando.
Kagome era una chica fuerte y hace tiempo que habia dejado de quejarse sobre ello, pero Bankotsu sabía que ella estaba triste por eso.
Llevaba días meditando sobre eso. Algo debían hacer. ¿Pero cómo?
Apenas pisasen esas zonas, serian detectados por Inuyasha y los demás, y eso es justamente lo que él no quería. Ellos difícilmente podrían entender lo que habían forjado. Era muy posible que lo desafiaran a algún duelo o batalla, y era claro que él no desistiría de pelear, y eso le dolería a Kagome, por él, y claro, porque aunque no quisiera admitirlo, Inuyasha era el primer gran amigo que habia hecho de este tiempo.
Estaba en una encrucijada entonces.
¿Qué podía hacer?
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Kagome se habia perfilado como la maestra de la aldea, así como la sacerdotisa del sitio. Por ende solía tener mucho trabajo.
Habían mejorado bastante sus ingresos, y con el trabajo de Bankotsu como capitán de un barco, las cosas iban bastante bien.
Pudieron comprarse cosas bonitas para la casa y a la par, él la dejó cumplir sus caprichos de organizar un pequeño comedor para los niños del pueblo.
Era demasiado bondadosa. Por eso, ¿Cómo negarle el derecho de ver a su familia?
O al menos retomar contacto.
― ¿Qué pasa, Bankotsu?―le preguntó ella mientras dejaba su canasta sobre la mesilla―. Estas muy callado―agregó
― ¿Eres feliz aquí, Kagome?―con un rostro inusualmente serio.
―! Que pregunta, claro que lo soy!―respondió ella sorprendida.
Bankotsu la estudió por unos segundos.
―Mira, estoy pensando ir hacia la aldea cercana a donde vive Inuyasha, y que está cerca del pozo extraño donde me dices que vive tu familia. Estaba pensando si te gustaría llevarles una carta o algo.
Kagome casi se queda tiesa con lo dicho por su marido.
Para empezar, Bankotsu no solía decir cosas de estilo tierno a estas horas del mediodía, y segundo, la idea….esa mera idea no era muy propia de él.
¿Tantos viajes en el barco lo estaban trastornando?
Bankotsu la miró fijo.
―No soy imbécil, Kagome. Sé que pasas días pensando en ellos, y creo ya va siendo hora que al menos les des una señal de vida a tus familiares que viven tras ese pozo. Estarán preocupados―atinó el muchacho muy serio.
Kagome parpadeó confusa.
―Yo también estaría preocupado por ti si te perdieras de esta forma―añadió Bankotsu
Kagome sintió que iba a sollozar y se echó a sentarse junto al moreno que estaba muy serio.
― ¿Crees que es el momento?, sabes que las cosas no son tan fáciles. Ir al pozo, atraería a todos, y de alguna forma…yo…todavía―quiso decir ella, por primera vez asustada y emocionada ante una idea así.
―Creo que al menos deberías decirles a tu familia que estas viva.
―Quiero hacerlo, pero sabes que acercarnos a esa aldea y al pozo, nos pondría en una seria mala posición, yo todavía no estoy lista para enfrentar a Inuyasha y a los demás, pero sobre todo, no quiero ponernos bajo el ojo de Naraku de nuevo. Ya sé que suena egoísta, pero en serio….Bankotsu, todavía no estoy lista para dejar este sueño…―arrojándose a los brazos de su esposa.
En el fondo la entendía.
Apenas se asomara por lugares donde su trozo de perla podría ser percibido por Kikyo, o Naraku, ese sueño donde habia vivido hasta ahora iba a cortarse de inmediato.
Probablemente aunque mediase, sus amigos y antiguos compañeros de viaje no entenderían o les costaría lidiar con una idea que hasta les resultaría repulsiva como que todo el tiempo que estuvo desaparecida y sin dar señales de vida, estuvo todo el tiempo durmiendo con el enemigo.
No, todavía no estaba lista para mostrarles su cara.
Pero a la vez deseaba tanto poder darle una señal a su familia, aquella que nada sabía, y que vivía al otro lado del pozo.
¿Cómo hacerlo?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por su marido.
―Solo escribe una carta y yo lo llevaré al pozo. Estaba pensando que como mi trozo de perla brilla tanto ahora, tiene mucha energía, y podría servir, no para mandarme a mí al otro lado del pozo, pero si para enviar la carta a tu familia.
Kagome abrió mucho sus ojos ante la idea.
―! No!, te pondrías a punto de la mira de todos. De Naraku, por sobre todo.
Bankotsu no quiso decirle que en su interior, nunca perdió la sospecha de que quizá Naraku jamás los habia perdido de su mira. Pero tampoco era hora de preocuparla con esas cosas.
De alguna forma, él tampoco estaba dispuesto a renunciar a su paraíso personal con Kagome.
Estaba teniendo más de lo que una vez hubiese querido.
―Me hace doler la cabeza tu desconfianza acerca de que no podría ser capaz de librarme por mi solo de esa basura. Voy a llevar esa carta, Kagome. Y no te preocupes, tanto. Volveré, no hagas tanto escándalo.
―Pero Bankotsu…
―Nada de peros, vamos, prepara la dichosa carta que pienso partir esta misma noche.
Kagome quiso seguir reclamando, pero su marido tenía la mirada seria y decidida, imposible discutir con él, así que de inmediato se puso a trabajar en la carta.
Buscó un pergamino y unas plumas. Menos mal con su trabajo de maestra podía tener estas cosas a mano.
Bankotsu quien estaba mirándola con los brazos cruzados recostado en la entrada de la casa, prefirió dejarla sola que siguiera escribiendo lo suyo con calma, y darle intimidad.
Iría a revisar su barco, y limpiar su alabarda.
Tenía el presentimiento de que iba a utilizarla.
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Tenía tantas cosas que contarle a su madre. Sentía que los pergaminos que tenía nunca serían suficientes para describirle, a su madre por ejemplo, con quien siempre habia tenido tanta confianza, acerca de la inesperada felicidad que habia encontrado. Que ahora era una mujer casada, que tenía su propia casa, que hasta tenía un trabajo. Que su marido era una especie de príncipe azul de los cuentos, por su fuerza y gallardía, ya que prefería obviar contarle que era un ex mercenario y asesino, revivido por fuerzas maléficas, que se habia redimido.
Lo que seguro le iba a importar a su madre era saber que lo amaba.
Que estaba desaparecida del grupo de Inuyasha, más que nada, porque temían alguna estrategia de Naraku y quien sabe cómo reaccionen sus antiguos amigos.
Que sabía que se portando de manera egoísta, pero que sabía que estaba viviendo en su sueño prestado y que quería vivirlo un poco más.
Que en algún momento encontraría la forma de arreglar las cosas, y donde todos pudieran salir ganando.
No quería a perder a nadie.
Cuando lo hiciese, regresaría junto a ellos, porque tenía tantos deseos que conocieren a su esposo, y que su abuelo pudiese bendecirlos.
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Bankotsu habia regresado un par de horas más tarde desde donde estaba aparcado su barco y desde que habia dejado a Kagome escribiendo su carta.
Le extrañó no verla esperándolo afuera, pero cuando entró a la casa tuvo la respuesta.
Kagome estaba profundamente dormida sobre el pergamino recién escrito.
Bankotsu se acercó, se notaba que su esposa habia llorado al escribirlo. Tenía un semblante cansado y triste.
―Estaba mucho más melancólica de lo que sospechaba―se dijo para sí mismo, tocándole parte del cabello que se le habia escurrido, para finalmente cargarla entre sus brazos con mucho cuidado para llevarla al futon―. Con más razón debo llevar esa carta.
Ya casi estaba oscureciendo, y él habia dejado todo listo para poder zarpar en la noche, lo cual sería lo ideal, porque la aldea quedaba a mínimo cinco días de viaje.
No sabía siquiera como haría para zafarse de Inuyasha si lo rastreaba, ya que seguro éste estaba con Kikyo, y esta mujer podía percibir el brillo de su perla.
Más aun, un trozo purificado como él que llevaba ahora.
Oyó la respiración acompasada de su esposa. Tampoco quería despertarla, le gustaba verla dormir. Nunca se lo diría, pero una de las cosas que amaba hacer en algunas madrugadas, es verla reposar con esa calma.
Al final le hizo un ligero masaje en uno de los hombros para despertarla.
Ella abrió sus ojos ante la caricia.
― ¿Bankotsu?
―Ya me voy, Kagome―pero al ver que ella quería levantarse, él la detuvo―.Sigue descansando, solo quería despedirme de ti. Prometo que regresaré tan pronto como pueda.
Kagome apretó las manos de su esposo y le besó los nudillos.
―Solo regresa con bien. Por favor, estaré esperando por ti.
Él respondió acercando sus labios a los de ella, para darle un beso que ella correspondió con fervor.
―Ya cuando regrese, tendremos mucho tiempo, preciosa. Es hora de irme―mencionó él separándose de ella.
Era la primera vez que se separaban con tanta inquietud entre el medio.
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El viaje fue en cierta forma peligrosa, nunca habia navegado tanto, pero Bankotsu no estaba tan atento a eso.
Más bien estaba alerta en cuanto sintiese alguna presencia.
No tenía idea de cuál era la distancia mínima que necesitaba Kikyo para percibirlo o que Inuyasha lo oliera.
Debía actuar rápido.
Los cinco días de viaje, a cualquier otro, hubiesen agotado y quizá hubiese pedido un descanso antes de seguir, pero Bankotsu estaba sumamente determinado.
Debía dejar esa carta en el pozo, e impregnarla con la energía de su trozo de perla para que pudiera traspasarla.
Y huir.
No es que le gustase la idea. Su sangre guerrera y pendenciera le pedía una pelea a la menor provocación, pero él no podía hacer eso.
Hasta estaba pensado en usar el poder de su alabarda para regresar a su casa. No le gustaba, era un truco sucio. Lo habia usado en su momento para secuestrar a Kagome y llevarla lejos.
Pero la energía que se usaba era inmensa y oscura y se supone que él estaba purificando su trozo, no podía volver a usar esas malas energías.
Habia prometido a su esposa que regresaría. Así que no estaba para juegos.
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Cuando finalmente su barco pudo aparcar en una de las zonas portuarias, distante a pocos kilómetros de la aldea del pozo, Bankotsu empezó a alzar la guardia ante el menor movimiento.
Incluso instruyó a sus hombres de que en caso de que hubiera problemas, no se les ocurriera a hablar con nadie ni de dónde venían ni nada que pudiere dar pistas de nada.
Cuando bajó, puso su alabarda al hombro y prácticamente salió caminando a pasos veloces, y cuando entró en la zona del enorme bosque lo hizo saltando de rama en rama, para hacerlo rápido.
Miraba atento por todos lados.
Estaba nervioso.
Preocupado por su esposa.
Y tan deseoso de poder cumplir su misión con tranquilidad.
Finalmente llegó a la zona del Goshimboku.
Buena señal.
El pozo estaba cerca.
Empezó a hacer una corrida. Habia perdido la cuenta de cuanto llevaba corriendo sin detenerse siquiera para beber algo, y sin inmutarse siquiera, cargando su enorme y pesada arma.
Finalmente lo vió.
El pozo del cual Kagome tanto le habia hablado.
Recordaba haberlo visto antes, pero nunca le habia dado importancia en ese momento. Claro, antes de conocer a su esposa.
Al acercarse al viejo pozo, tuvo un respingo de extraña melancolía, y se acercó a mirar a través de ella.
No se veía nada.
Quitó la carta que tenía guardada dentro de sus ropas, se concentró un poco y en un segundo, un ligero brillo cubrió el pergamino y fue ahí que lo soltó dentro del pozo, y como Kagome le habia dicho que pasaría, desapareció en medio de una luz.
―Así que solo a un paso de aquí vive tu familia…
Estaba muy concentrado viendo eso, y aliviado por haber hecho algo que se figuraba iba a ser más difícil, que habia bajado ligeramente la guardia, que por poco y no se da cuenta que lo apuntaban y tenía compañía.
― ¡¿Qué haces aquí, maldito?!
Bankotsu reconoció la voz y se volteó.
Era Inuyasha pero no estaba solo. La mujer llamada Kikyo lo acompañaba y le apuntaba directamente con su arco.
― ¿! Que haces cerca del pozo? aléjate de ahí…¿Cómo demonios es que sigues vivo?, llevas mucho tiempo desaparecido...
Bankotsu enarcó una ceja y no respondió.
― ¿No quieres hablar?,! pues yo te haré hablar!―desafió Inuyasha
―! Espera, Inuyasha!...―gritó Kikyo con sus ojos despavoridos―. El brillo de su trozo de perla…que percibí….no está llena de energía oscura…esta purificado―añadió sorprendida
― ¿Cómo es posible?―increpó Inuyasha
Ahí fue que Inuyasha sintió un resto del aroma de Kagome, uno que creía no volver a sentir, que se percibía en el ambiente.
―Kagome….
Bankotsu no dijo nada, más que nada porque estaba atento a todo, pero algo si le llamó la atención.
Es como si ellos no supiesen que Kagome habia sido llevada por él.
¿Acaso que creían o tenían otra sospecha?
Los ojos de Inuyasha temblaron y tragó saliva.
― ¿Por qué se siente aquí el olor de Kagome?, es que fuiste tú, maldita basura quien la tiene.
―Mph…deberías cuidar mejor las cosas que cuidas, maldita media bestia. No te incumbe a ti saber si yo me llevé o no a la niña―colocándose de frente, desafiante, con la sonrisa sardónica que lo caracterizaba.
¿Qué importaba?
Ya la carta habia sido mandada.
Por un mero segundo, tuvo el deseo de quedarse un rato y hacer una intentona de cortarle el cuello a ese idiota.
Pero luego recordaba que Kagome lo esperaba, y dentro de todo, aquella media bestia era amigo suyo. No se lo perdonaría si lo matase sin razón.
Decidió usar la técnica prohibida de su alabarda para huir. Alzó en vilo el arma pero en un extraño arranque dijo:
―Yo que tú no me preocuparía tanto. Kagome está más que bien, ahora. Si fuera tú, me preocuparía más por esa mujer que está contigo. No parece quedarle mucho.
Kikyo tembló ante aquella mención, no tan lejana a la realidad. El miasma de Naraku no habia podido ser purificado y cada día moría un poco más en las batallas. Desde que Kagome desapareciera, ella no habia podido hacer mucho y la situación se complicaba.
Su deseo de estar con Inuyasha y volverse una especie de líder del grupo que buscaba venganza contra Naraku, se habia cumplido pero ella moría un poco todos los días.
Irónico para alguien que ya estaba muerto.
Por eso su pulso le tembló y se desmayó haciendo que su compañero mitad bestia olvidara la pelea y fuera a socorrerla.
Al final, esto fue aprovechado por Bankotsu para huir.
No necesitó usar a su alabarda para escapar.
Solo miró una vez atrás, y vió a su antiguo rival desesperado al ver a su querida echada al suelo.
Por lo visto la antigua sacerdotisa estaba peor de lo que se veía.
Prefirió olvidarlo y seguir huyendo.
Habia podido sortear a esa pareja, pero todavía podían aparecérsele ese monje o quizá la exterminadora.
O peor Naraku, pidiendo un reporte o presentándose para exigir saber porque tenía su trozo de perla purificado.
Eso sí le dio algo parecido al miedo.
Naraku era un sujeto poderoso, y quien sabe que podía tener entre manos.
Estúpidamente sentía que llegar al puerto y tomar su barco le daria la sensación de libertad y de que podrían estar libre de peligro.
―Solo quiero regresar a ella…―murmuraba para si
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Kagome habia llegado de dar unas clases a unos niños. Hace como ya diez días que Bankotsu se habia ido.
Ya estaba llegando a su punto límite de regreso, si es que volvía.
Estaba muy cansada. Las cosas del mercado los mandaría a buscar más tarde. Ya no estaba como para hacer tareas pesadas.
A poco de irse de su marido a aquel arriesgado viaje donde se jugaban muchas cosas, para que ella pudiera mandar noticias a su familia, habia recibido unas buenas nuevas inesperadas.
Estaba preocupada pero a la vez emocionada.
Hasta que su percepción de sacerdotisa sintió algo llegando.
Un brillo que ella conocía muy bien.
― ¿Es él?, tiene que serlo.
Kagome se incorporó, y tuvo el primer impulso de correr hacia el puerto pero luego recordó que no podía hacer muchos esfuerzos y debía cuidarse mucho.
Sonrió aquella noticia. Con la que haría tan feliz a su marido.
Salió afuera a esperarlo, mientras percibía que el brillo purificado de la perla de Bankotsu se acercaba cada vez más.
Se frotó levemente el vientre.
Habia descubierto que estaba esperando un bebé. Los síntomas le vinieron sin ella esperarlo, prácticamente al día siguiente que su marido se hubiera embarcado.
Probablemente si lo hubiese sabido, no lo hubiese dejado marchar.
Iba a tener un hijo con el amor de su vida. Porque Bankotsu lo era.
Habia viajado 500 años al pasado, sorteado mil obstáculos y tantas cosas, para conocerlo.
Habia revivido en esta época, solo para conocerla, Kagome estaba cada vez más segura de eso. Era una fiel creyente del hilo rojo del destino.
De pronto lo vió.
Lucia con un aspecto un poco desordenado y cansado.
Pero sus ojos azules brillantes de satisfacción por la misión cumplida se notaban desde lejos.
Y su sonrisa feliz de volver a verla.
Seguro que se ensancharía aún más cuando Kagome le contara la buena nueva.
Ella sonrió. Sin duda, él era su héroe. Tan certero y valiente. Arriesgando su vida y todo, solo para que ella pudiere dar noticias a su familia al otro lado del pozo.
Ya quería ver su expresión cuando le dijera que pronto serian una familia.
Y serian felices.
Kagome se juraba internamente eso, mientras veía a su marido acercarse.
Felices por siempre.
CONTINUARÁ
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COMENTARIOS Y AGRADECIMIENTOS
Mis disculpas por estos meses sin aparecer, igual las invito a mirar los otros bankag que hice de forma paralela a este, para que vean que no olvido a nuestra pareja favorita.
Promesas desde al tierra del Sol Naciente y ¿Perder una virginidad es tan dificil?, el ultimo es un regalo para Angel Obscuro, ya que fue si idea, espero haber sido fiel a su idea.
Las invito a leerlo y ya me diran ustedes que les pareció.
Como verán como este episodio comienza la cuenta regresiva al final, y vemos la conexión de los episodios, aqui es la primera vez que hay un vinculo con los demas.
Naraku no lo vimos, y eso es raro.
Pero todo tiene una explicacion.
Yo presumo que de aqui solo me restará 5 capitulos mas para finalizar este fic, que seran un poco mas largos que el resto porque tendria que explicar como y porque de algunas cositas.
Me gustara muchisimo leer sus opiniones y gracias por la lectura a todos y en especial a mis bellos comentaristas.
KAMISUMI
CLAUDIA AKANE KOU
FRAN GARRIDO
LINITHAMONRE77
ALEI91
MEKA6489
JESS21
MARY VALDEZ
JAZMIN L
YOP
ALESSIA DE PISCIS
LUKEVAMPIRES
MIKO KAORU SAMA
En verdad, muchas gracias y les envio un abrazo.
Paola
