NOTA: Este capítulo es clasificación T por muucha insinuación sexual y se advierte que posiblemente los siguientes capítulos tomen el mismo rumbo si no es que se lleve a extremos un poco más elevados. Por lo que la clasificación del fic cambia ahora.

Culpen parcialmente a: Aniyasha Namikaze, por eso :3 a quién por cierto, es dedicado éste capítulo con todo mi pervertido corazoncito XD


10―

El Peligro de un Deseo

«¡Maldito zorro de….!» exclamaba con euforia la mente de Naruto mientras el Kyūbi reía con tantas ganas que Naruto temía que Hinata fuese a escucharlos más de lo necesario, aunque técnicamente eso ya lo había hecho gracias a su enorme boca y su diminuto cerebro. Su mente en aquel instante se sintió creativa, insulto tras insulto, maldición tras maldición y pensamiento malicioso tras pensamiento cruel. El punto era que fuese lo que fuese, los pensamientos de Naruto se vieron interrumpidos por el nuevo sonar de la puerta siendo tocada por alguna persona que debería estar temiendo por su cabeza. «Pero ésta me la pagarás» le juró a su huésped (quién seguía riendo) con furia.

Hinata se contrajo incómoda.

—¿A-abrirás la pu-puerta? —le preguntó ella tartamudeando como nunca, como si hubiese encontrado a Naruto desnudo, ese pensamiento sólo la hizo enrojecer más, pero por suerte no se desmalló, sólo evitó mirar cualquier extremidad del cuerpo de Naruto y tratar de seguir respirando. Por el momento no estaba funcionándole.

El rubio asintió mecánicamente aún con el bochorno pegado a la cara y fue con pasos agigantados hacia la salida de su apartamento.

Cuando abrió la puerta, lo último que él esperaba encontrar al otro lado de su puerta estaba ante sus ojos. «Lo que me faltaba» pensó casi al instante maldiciendo a diestra y siniestra.

—¿Sakura…? ¿Sasuke? —masculló estupefacto, Sakura le miró molesta mientras que Sasuke se limitaba a alzar los hombros ante la mirada estupefacta de Naruto—. ¿Qué hacen aquí?

¿Acaso no es obvio? —interrumpió Kurama intentando sacarlo de nuevo de sus cabales. Pero Uzumaki trató de resistir. Sin conseguirlo claro estaba.

—Tú cállate —espetó Naruto moviendo la cabeza, como si un perro se sacudiese el agua de encima; Sakura arqueó una ceja.

—Nosotros no hemos dicho nada —aclaró ofendida.

Naruto entonces no supo dónde meterse mientras Sasuke miraba hacia donde estaba Hinata, aún parada ahí sin saber más o menos qué hacer.

—Tú también estás aquí —dijo Sasuke mirando a Hinata, ésta asintió y con timidez se acercó al trío.

—Cre-creo que ya de-debo irme, mi padre va a molestarse si…

—¡No es necesario! —gritó Sakura feliz olvidando por un segundo que tenía que gritarle a Naruto—, de hecho me alegra verte aquí, me gustaría que charlemos todos juntos. —Sin esperar comentarios de parte de Hinata, Sakura se acercó a ella notando una irregularidad ya casi invisible—. ¿Qué te ha pasado en el rostro?

—¿Eh? No, no me ha pasado nada —dijo Hinata cayendo en cuenta que el rostro aún no le habían desaparecido las marcas por su anterior muestra de inconsciencia (y con toda honestidad: también por momentánea escena de estupidez).

—¿Quién te ha hecho eso? —quiso saber la chica de cabellos rosados haciendo que incluso el mismísimo Kyūbi cerrase su conexión con Naruto para que éste también prestase atención.

—Y-yo…

Estaba por demás decir que a Hinata se le había olvidado lo que le había comentado a Naruto; cosa que al chico de los ojos azules dedujo casi al instante. Kurama en el interior del shinobi casi recibió un paro cardiaco cuando Naruto pensó más para sí mismo que para él: «Tenías razón… estaba mintiendo», con un profundo ardor en el abdomen. Naruto se contrajo. ¿Acaso ya comenzaba a dolerle cada vez que Hinata no era cien por ciento sincera con él? Aunque una parte de sí mismo renegó con ímpetu: «¿Y qué eres tú de ella para que Hinata se vea obligada a contestarte sinceramente a todo lo que preguntes? ¿Acaso eres más amigo suyo que Kiba o Shino?»; la sola mención de ellos dos hizo que la sangre se le bajase a los pies. Algo no andaba bien.

Mocoso, lo estás haciendo de nuevo —interrumpió Kurama cuando éste detectó una delicada oleada de chakra descontrolada en su Jinchūriki—. Será mejor que mantengas la calma. —Después agregó acertando en que lo siguiente distraería a su estúpido Jinchūriki—. Él ya se ha dado cuenta.

Hasta que alzó la cabeza, Naruto no se había dado cuenta que para su fugaz suerte, Sakura había desistido con la pregunta hecha a Hinata con la amenaza de que Hyūga le debía la contestación llevándosela arrastras hasta la cocina con la excusa de que buscarían algo decente para comer aún cuando la futura Matriarca Hyūga le decía que ella y Naruto ya habían comido dejando a los Shinobis solos en el pasillo del departamento.

Sasuke le veía fijamente como si quisiera abrirlo por la mitad para saber qué era lo que lo había descontrolado por un segundo mientras Naruto retiraba la mirada y carraspeaba la garganta antes de hablar mecánicamente:

—Cre-creo que hablaré co-con ellas… no quisiera que… mi cocina… —Mejor sin duda no podía hacerlo, se dijo Naruto avergonzado de sí mismo recuperando parte de su consciencia para dejar a Sasuke en el pasillo de su departamento, con una mirada estoica en la cara. Como si el chico Uchiha presagiara una pronta desgracia.

Para cuando Naruto entró a su cocina, lo primero que vio le dejó con la mirada congelada.

—Sakura… ¿qué estás haciendo? —articuló Naruto con la cara llena de incredulidad mientras veía a su compañera revisando su alacena. Una vacía alacena mientras hacía muecas de desapruebo frente a su almacén de escasos alimentos.

—Reviso lo mal alimentado que estás —espetó Sakura encarándolo—. ¿Se puede saber en qué diablos estás pensando? —estalló de pronto, Hinata a su lado suspiró y negó con la cabeza. Naruto por su parte dio un paso atrás y vio a Sakura acercarse a él como si se preparara para darle un puñetazo, Naruto rogó porque ella se contuviese.

Después de todo, la sangre Shinobi que había en él podría hacer una estupidez si se le provocaba como sólo Sakura podía hacerlo.

—No pienso tolerar esto —dijo furiosa—, muchos aldeanos se están regocijando de tener ya buenas cosechas de pan, mejores cantidades semanales de agua y por si eso fuese poco las pocas gallinas que quedaban están dando huevos; muy pronto las cosas mejorarán —bajó la mirada y ambos ninjas presentes se vieron de reojo; apartando la mirada casi al instante para intentar reponer su atención en la chica Haruno—. No puedo creer que estés comiendo casi nada con lo glotón que eres.

Naruto abrió los ojos sorprendido. Y más allá de eso, conmovido. Sonrió levemente.

—Si me alimento adecuadamente, podría dejar sin comida a toda Konoha —recitó él sonriendo nerviosamente como si fuese la respuesta a la suma: 2 + 2 le hubiera salido mal en una prueba oral en la Academia. Pero Sakura lo miró con unos ojos tan llenos de enojo que Naruto no agregó nada más aunque quiso hacerlo.

—¡Eres un idiota! —exclamó Sakura temblando.

Hinata no perdió de vista aquel momento sintiéndose una intrusa. Naruto estaba con Sakura hablando de su alimentación mientras que ella poco se preocupó si Naruto se alimentaba bien o no, si tenía hambre continuamente o no lo hacía. Qué idiota había sido al no percatarse antes de que Naruto no estuviera tan bien como él se mostraba ante ella. Se sintió estúpida.

—Basta ya, Sakura —interrumpió Sasuke con su típica seriedad, Naruto lo miró pero Sakura bajó de nuevo la mirada ocultándose en su melena; Sasuke avanzó hasta posarse al lado de su mejor amigo—. Tú muy bien sabes que esto ya no te corresponde, somos adultos, y si Naruto come bien o no, no es tu problema. —Sakura lo encaró a él también con una mirada furiosa pero Sasuke no se inmutó.

—Pero… ¡eso no puede…! ¡No puedo permitir que…! ¡Yo soy…!

—Los dos sabemos lo que eres para nosotros, Sakura —la volvió a interrumpir—, pero tienes que admitir que hay cosas de Naruto y mías —agregó ya que estaban en ello—, en las que no te puedes entrometer.

—¡Pero es qué yo…!

—¡Hablarás cuando termine! —gritó Sasuke cual padre a un desobediente hijo; Naruto, Hinata y sobre todo, Sakura, se quedaron sorprendidos al verlo alzar la voz de esa manera, saliendo al fin de su silencio eterno para poner cartas en el asunto. Sakura cerró la boca cuando notó que la tenía abierta—. No hay comida que alcance aún, incluso tú has dejado de comer tres veces al día para dejar que alguien más pueda alimentarse mientas tú te mueres de hambre; ¿me equivoco?

Sakura no dijo nada, estaba consternada como si le hubiesen dado una bofetada. Naruto observó a los miembros del Equipo Siete con mucha cautela antes de hablar:

—Sakura —dijo con el mejor tacto que tenía—, perdona, pero ya no quiero que me grites así. —Sonrió amargo, avergonzado, después de todo él sabía que las intensiones de Sakura eran buenas; sin embargo para todo había un alto y ése alto debió ser marcado antes. «Culpa tuya» se insultó a sí mismo mientras su boca continuaba—: últimamente mis emociones están chocando continuamente y los gritos sólo me alteran más… sé que me entiendes cuando te digo que estaré bien, y te agradecería que me dejases tomar mis decisiones, así como yo he dejado que tú tomes las tuyas.

El ambiente se tornó pesado. De no ser porque eran Shinobis todos en la habitación, Hinata abría pensado que todos (incluyéndola a ella) eran estatuas de marfil.

—Vámonos, Hinata —dijo Sakura de pronto tomándola de la muñeca—. Quiero hablar contigo.

La puerta de la casa de Naruto se cerró poco después, sin despedidas y sin nada más que agregar a lo ya dicho. Sasuke y Naruto se mantuvieron estáticos en sus lugares, era increíble que ambos se hayan enfrentado a los peores peligros que requería la vida del ninja, pero más increíble era que jamás se hayan enfrentado a las disputas entre ellos como amigos, y familia.

—Estoy cansado —dijo Naruto de pronto con fatiga—. Voy a dormir un poco —y sin más él también se retiró de su propia cocina arrastrando los pies esperando que el sueño le venciera sin necesidad de usar.

Sasuke miró el techo por un segundo, y antes de salir de la casa Uzumaki, susurró al viento:

—Yo también.

.

.

.

—¡Espera, Sakura! —intentaba hablar Hinata al instante en el que Sakura tiraba de su mano para arrastrarla a su casa.

Sakura se detuvo únicamente cuando llegaron a la casa de la chica de cabello rosa y al cerrar la puerta, al fin la bomba estalló de nuevo.

—¡Es increíble que no me hayas ayudado! —le gritó a Hinata, ésta se echó a la pared incrédula—. Bien pudiste haberle dicho a Sasuke que no se metiera, que esa plática era entre Naruto y yo y que él no tenía porqué meterse. ¡Es asombroso lo fácil que es hacerte callar? ¿Acaso eso es lo que has aprendido de Naruto? —siguió reclamando, aunque si Hinata no la conociese tan bien como lo hace, diría que Sakura está molesta con ella, en vez de consigo misma como aparentemente sucedía.

—Sakura… —susurró Hinata cuando Sakura pegó un golpe a su pared sin causarle mayor daño que el de una abolladura leve.

—Sé que ya no debería meterme en sus problemas —masculló Sakura dolida—, pero no puedo evitarlo… siento que es mi deber… que debo hacerlo…

Sakura cayó de rodillas sobre el suelo y lloró. Pero ya no eran lágrimas de tristeza o enojo, sino de desahogo. Desahogo ya que por fin se veía libre de la responsabilidad de cargar con la inmadurez de Naruto, de sus aventuras en las que podía regresar en pedazos o tal vez ni siquiera regresar, con su falta de respeto y su afán de jamás rendirse aunque aquello que costase la vida. Al fin libre del miedo que le provocaban las indecisiones erróneas de Sasuke, los caminos de crimen y sangre que había elegido a tan corta edad, de sus maldiciones y sus empeños por hacer de la vida de Konoha una pesadilla; al fin libre del enojo y la impotencia de saber que aunque siempre supo que no era su asunto responsabilizarse por ambos, sentir que no tenía otra opción.

Hinata se acercó a la kunoichi, y la abrazó arrodillándose ella también frente a Sakura. Hinata de cierto modo entendía a la muchacha que lloraba ahí a su lado, después de todo no había ni un solo día en el que no pensara en las locuras de Inuzuka Kiba, o en la indiferencia y frialdad de Aburame Shino; no había día en el que Hinata no se preocupase por ambos, ellos dos eran como sus hermanos, hermanos no genéticos pero hermanos a fin de cuentas.

Hinata sabía el sabor del enfado de ver a sus compañeros de equipo preocuparse por ella como si fuese una chica normal y no una kunoichi de élite; sabía la preocupación que generaba las discusiones entre el explosivo del grupo y el cabeza fría del mismo. Entendía el dolor que provocaba sentirse una carga para su equipo y el desasosiego con el que se enfrentaba a esa realidad. No había cosa que Sakura sintiese que ella no haya experimentado también; aunque no se lo diría, y menor ahora. Hinata también lloró.

Hace años, Neji una vez le había dicho en una de sus frecuentes ceremonias del té, que la vida era arbitraría; que las cosas malas podían pasarle a la gente buena y las cosas buenas ponían pasarle a la gente mala y viceversa. Sin embargo que también cuando lo deseaba, el mundo era justo con todos y con todo, que mientras más haya subido alguien que haya alcanzado la cima por bases malvadas, toparía el suelo con furia titánica como si Dios lo hubiese bajado en el momento justo. Mientras que aquellos que por medios puros han decidido jamás rendirse, alcanzaban la cima más gloriosa que jamás hayan probado a pesar del dolor y las injusticias: «Cae por tu propio peso, o elévate por tu propio esfuerzo» habían sido sus palabras antes de beber nuevamente de la taza de té. Tan sólo imaginarlo sentado al lado de ella afuera del dōjō donde siempre entrenaban por las mañanas, Hinata lloró con más ímpetu apenas notando que Sakura la abrazaba sin detenerse en su llanto al igual que ella.

Sakura por su lado llegó a la conclusión, de que Sasuke tenía razón; ya era hora de dejarlos ser ellos mismos. Y comenzar a vivir para sí misma. Había derrochado la mitad de su juventud para entrenarse y así hacer que Uchiha Sasuke regresase a la aldea, ahora que él ya estaba en Konoha, ella debía aprovechar la otra mitad de su vida para hacer su voluntad. Claro, todo con medida. Rio ante ése pensamiento.

.

.

.

Naruto veía el techo acostado en su cama con las manos apoyadas en su nuca sin perder vista de cada detalle de lo que observaba. Su casa necesitaba mantenimiento, de nuevo. Por otro lado, sus pensamientos divagaban en lo que había escuchado hasta que Sakura se puso a reñirlo como cuando eran niños: Hinata no había sido sincera con él cuando le explicó lo de su rostro. Y por un segundo se preguntó si el resto de su cuerpo también estaba igual de magullado.

El Kyūbi rió en su interior.

Así que… yo tenía razón —habló burlonamente haciendo que Naruto deseara ponerle un parche en la boca—. Hey, mocoso, cálmate no es para tanto.

—¿No lo es? —masculló Naruto molesto—, oh claro, ¿cómo un bijū podría siquiera pensar entender este tipo de cosas? —Kurama rió de nuevo, ésta vez con más descaro.

Ni siquiera tu entiendes «éste» tipo de cosas, Naruto. De hecho, podría jactarme de ser el primer bijū que sabe más que su jinchūriki acerca del comportamiento humano.

—Estás loco. —Naruto se reacomodó en la cama.

Debes mantenerte en control —dijo Kurama retomando su seria actitud—, no podrás controlar la cantidad de chakra que se ha estado concentrando en tu interior si sigues así —advirtió con mucha frialdad—. No pierdas la calma, o cuando reacciones, habrás perdido mucho más que eso.

—¿Cuándo reaccione? —Naruto se sentó de sobresalto de la cama con el ceño fruncido—. ¿A qué te refieres?

No hay que ser tan listo —masculló el zorro—, pero bueno, ya que eres tú te lo explicaré… de nuevo. Escucha con atención, es muy simple… ¡SI DEJAS QUE TU CHAKRA SE ACUMULE EN TU CUERPO Y NO COMIENZAS A MEJORAR ESE CARÁCTER DE LOS MIL DEMONIOS QUE TIENES, TU CABEZOTA DEJARÁ DE REACCIONAR Y PODRÍAS ABUSAR DEL PODER VOLVIÉNDOTE LOCO DESTRUYENDO TODO A TU PASO MEJOR DE LO QUE YO PUDE HABERLO HECHO, IMBÉCIL!

Naruto se tapó los oídos por inercia, cayendo en cuenta al segundo de que escuchaba a Kurama dentro de su cabeza y no era posible callarlo estando él ahí. Para cuando el zorro terminó, Naruto metió su dedo índice en el oído como si pudiese sentir la sangre correr por éste, por suerte, sus oídos estaban bien.

—Creo que ya me quedó claro —dijo calmado, aunque en verdad se moría por intentar hacer la jaula de su huésped más pequeña—, lo que no entiendo es por qué crees que no podré controlarlo, soy perfectamente…

Susceptible. —Naruto alzó una ceja—. Mientras más furia conserves, más peligroso te vuelves, así de simple.

—Entonces, no debo suprimir mis enfados, sino controlarlos —razonó Naruto, Kurama desde la jaula asintió.

Mhh… ahí está la clave.

—Oh, ya entiendo…

Al fin.

—Para evitar que mis sentidos se nublen y mi cuerpo se descontrole causando un caos.

Bendito el Sabio que ya lo entendiste —farfulló el zorro como si desde adentro del cuerpo de Naruto se frotase las sienes con las patas. Naruto por una parte se sintió ofendido, pero estaba demasiado concentrándose en alabar su conclusión que se le pasó rápido—. Por cierto, en lo que respecta a la muchachita Hyūga…

—¿Qué hay con ella? —habló Naruto saliendo de sus cavilaciones hacia sí mismo apenas escuchar a Kurama hablar de Hinata.

Espero que tengas muy en cuenta lo que te dije: necesitas de una mujer —Naruto enrojeció por completo, un sonrojo que sin duda habría sido el orgullo de la chica Hyūga—. Piénsalo, y actúa rápido (si es que aún puedes hacerlo) porque —rió con descaro—, las aves de rapiña siempre están al asecho cuando se trata de carne fresca. —Ante su comparación, Naruto gruñó como si se viese cara a cara de nuevo con el mismísimo Orochimaru.

—¡Vete a la mierda!

Kurama no dejó de reír por más que Naruto lo insultó, y es que el zorro debía admitirlo, Uzumaki Naruto era su Jinchūriki preferido. Con el rubio la diversión no cesaba jamás.

.

.

.

—Entonces, ¿al fin te dignaras a decirme lo que te ocurrió? —cuestionó Sakura a Hinata quién se mantenía callada; ambas con los ojos enrojecidos e hinchados por el llanto anterior, uno del que ambas salieron riendo como niñas ante una situación embarazosa. Sakura se levantó del suelo junto con Hinata y ambas habían acordado charlar un poco mientras Sakura hacía un poco de té.

Hinata al escuchar la pregunta se encogió en la silla.

—Sakura yo…

—Vamos Hinata, yo en pasado mañana me iré de Konoha y no quiero irme sin antes saber los chismes —rió con picardía—. Sé que deseas contarlo, anda, no se lo diré a nadie, ni siquiera a Naruto si es que así lo quieres.

Sakura se sentó en la modesta mesita enfrente de Hinata. La chica de cabello rosado acarició la suavidad de la tabla aún no pintada; de hecho, Sakura quería conservar esa mesa y esas sillas así, la anécdota tras la mesita era hermosa y conmovedora. Cuando Sakura vio a Hinata aún indecisa, sonrió.

—¿Quieres que te cuente una historia? —Hinata la miró extrañada, Sakura acarició la mesa de nuevo y le sonrió aún más—. Cuando la guerra acabó y las personas en Konoha así como en las demás aldeas intentaron de los escombros salir adelante, yo me encontraba caminando por la aldea en reconstrucción: las casas eran difíciles por la escases de madera y el alimento era demasiado poco.

—Lo recuerdo —susurró Hinata, y vaya que todos lo sabían y lo recordarían para hacérselos saber a las generaciones futuras cuando jueguen con jutsus de agua o fuego cerca de árboles valiosos. Sakura continuó:

—Ése día cuando caminaba por los alrededores escuché una vocecita que me llama desde lo lejos ¡señora! ¡Señora!, aún me rio al pensar que deseaba golpea a quién osara llamarme así. Pero no lo hice porque era un niño, un pequeñín tan tierno que ¡puf! Se me esfumó el deseo de golpear a alguien, es un niño y los niños a veces no poseen el vocabulario suficiente para llamarte como es debido así que culpé a sus padres —masculló, pero después retomó su alegre actitud—. Pero no les dije nada cuando los vi; ellos estaban atrás del pequeño cargando ésta mesita. Me la regalaron como muestra de gratitud por… haberles ayudado.

»¿Sabes? De tantos ninjas y aldeanos que había tratado, nunca recordé la cara de ninguno, sólo vagamente cuando alguien me lo recordaba. En esa ocasión me sentí demasiado mal por no recordarlos. La señora llevaba una venda sucia y ensangrentada en la cara tapando su ojo derecho y su esposo la abrazaba con tanto amor que incluso deseé tener un esposo así algún día. No me importa ser pobre —dijo soñadora—; el pequeño me dijo que aceptara la mesa y las dos sillas que habían hecho especialmente para mí ya que yo había tratado al señor cuando éste había sido herido combatiendo.

Hinata bajó la mirada, viendo con cada detalle los bordes de la mesa, era alta perfecta y para dos o tres personas y en cada borde se notaba un trazos de un conjunto de cinco pétalos de cerezo formando en total cuatro humildes flores con los pétalos algo esparcidos pero muy bien alineados. Flores de cerezos. El detalle era asombroso, la precisión y el esfuerzo se respiraba cerca de ése mueble era contagiosa y amena. Sakura prosiguió sin quitar la sonrisa:

—Esta madera, pudo haber sido parte de su casa, parte de un nuevo inicio. Pero decidieron hacerme una mesa y sillas diciendo que los ninjas debían ser ayudados, pero que esto me lo daban a mí especialmente como una muestra de su gratitud; diciendo que yo pude haber atendido a los otros ninjas enfermos que llegaban y exclamaban por mi atención, pero en vez de eso a ellos no los hice a un lado; atendí a ese hombre herido que llevaba días sin recibir ni una pizca de tratamiento. —Suspiró pesadamente—. No pude vitar curar también a la mujer, su ojo estaba a punto de ser perdido pero los demás médicos están atendiendo aún a varios ninjas heridos de gravedad. —Sakura se levantó de la mesa y se acercó a una repisa donde tenía un marco rectangular vacio, de madera bien tallada de color café, éste estaba pintado y perfectamente conservado—. E insistieron en que también me llevase esto como pago por haberla ayudado a ella, llama Saori, Kawada Saori; su esposo, Kawada Kiryan, y su hijo Eros. —Se giró hacia Hinata, con un rostro conmovido—. ¿Curiosos nombres, verdad?

—Un poco —asintió ella—, Sakura yo…

—Sé que lo que hay entre tú y Naruto es algo que sólo les concierne a ustedes —se sinceró Sakura más con ella misma que con Hinata—. Pero lo que te pasó en la cara sólo te concierne a ti y aún así no puedo evitar sentirme preocupada; ¿qué te pasó realmente, Hinata?

Hinata desvió la mirada. De nuevo esa pregunta.

—De acuerdo, si no quieres decirme es cosa tuya —masculló Sakura—, pero realmente me gustaría que…

—Me lo hice yo —dijo Hinata ocultando su mirada entre sus cabellos. Sakura no dijo nada—, me lo hice yo porque estaba molesta con-conmigo misma —agregó ya susurrando—: hay cosas que no me perdono, Sakura, y no quiero hablar de eso ahora…

—Entonces no te obligaré —la interrumpió Sakura conforme con la respuesta de Hinata, aunque no del todo—, por cierto, ¿qué le dijiste a Naruto al respecto?

Hinata alzó su enrojecida mirada hacia una seria Sakura que la miraba expectante.

—¿Por qué?

—Sé cómo es él. Y cuando siente que alguien le miente hace esa misma cara de idiota, no estaba feliz. Si no algo molesto.

A Hinata se le atoró el corazón en la garganta; era cierto, se había quedado callada y con su simple acción había dado a entender que no quería hablar de eso como tal. Como si no se acordase de la misma excusa que usó con Naruto.

«Naruto…» Hinata entonces comenzó a sentir que el estomago se le revolvía.

.

.

.

Quita ya esa cara de idiota —le pidió Kurama a Naruto quién se mantenía despierto, y caminando por los alrededores de la aldea decidido a contribuir un poco a la patrulla nocturna, con la mirada enfrente, pero con sus sentidos alerta.

—Cierra la boca —contradijo Naruto molesto callándolo.

Después de que Kurama dejase de molestar a Naruto con el asunto de Hinata, sobre qué y cómo hacer para quitarse el «peso» de encima, a Naruto por poco le atacó una hemorragia nasal cuando pensó en la desnudez de Hinata encima de uno de los escritorios para senseis de la Academia, mientras que el pobre jinchūriki únicamente se removía en cama incómodo notando para su mala suerte que ése podría ser un excelente lugar para poner a prueba algunos consejillos de Kurama. Tuvo que salir de esa casa rápidamente antes de que sus manos comenzaran a ejercer un segundo trabajo, haciendo que la risa del Kyūbi se hiciera más prolongada.

«Maldición» pensó Naruto para sí mismo completamente irritado y ofendido.

Aunque debía admitir que Kurama sabía de lo que hablaba; es decir, había que respetarle a su zorro demonio la imaginación que poseía para ése tipo de cosas. A Naruto no se le hubiese ocurrido el mismísimo cuarto de Hinata para intentar un movimiento como aquel. Se sonrojó nuevamente al pensar en el cómo entrar a la habitación, sigilosamente como antes lo había hecho pero en esta ocasión con un nuevo objetivo; cómo evitar que los Hyūga se enterasen de algo, claro, todo eso siguiendo la imaginación pervertida de un jinchūriki y su bijū quien no había dejado de susurrarle al oído que Hinata podrá poseer una piel suave y sensible, ¡oh! Porque Kurama también se le ocurrió hablarle de la sensibilidad de una mujer cuando se le toca en ciertas zonas al momento de aparearse, sobre lo estimulante que podría ser sentirse domador de una kunoichi tan fuerte y el cómo se sentiría ser el poseedor del cuerpo de una mujer como ésa.

«Maldito zorro pervertido», gruñó entre dientes notando para su horror que sus pies lo llevaron a la casa de Sakura, justamente donde se ocultaba la chica de los Hyūga. Estaba él oculto en la oscuridad de otras casas. Salió corriendo apenas notó que en verdad estaba ahí y que Sakura y Hinata estaban adentro con las luces apagadas; seguramente durmiendo. «¡Maldito Kyūbi, pervertido!» repitió con mucha furia al regresar corriendo a casa, no había usado sus grandiosas habilidades porque quería viento sobre su cara.

¿Te has imaginado cómo sería tenerla en la casa de tu mejor amiga mientras ella duerme… sin enterarse de nada? —le preguntó Kurama siseando burlón—, sería divertido usar el baño o la cocina; no te sería difícil convencer a la mujer que te ama a que te satisfaga un poco, ¿tú qué piensas?

«¡Vete al infierno!» Naruto abrió la puerta de su departamento y se metió directamente a la ducha con Kurama carcajeándose a costa suya y las manos sudándole. Hablando de ellas, las miró mientras se llenaba la tina de agua, «ya tienen un nuevo trabajo» pensó rendido.

Por un segundo, deseó que no hubiese tanta tranquilidad en Konoha; cuando había una guerra de la cual preocuparse, él tenía poco en qué pensar, en estrategias que formar y un amigo qué salvar. Ahora la aldea estaba en paz, Sasuke estaba de regreso reencaminando su camino y él ahora estaba con un calor en todo su cuerpo que ya no aguantaba.

Naruto cómo ansiaba que los días fuese tan tranquilos como aquel, se había levantado algo tarde, pero no había amanecido enfermo ni nada por el estilo por la larga ducha fría que tuvo que tomar por culpa de su bijū y su mente indecente; por salud mental el chico rubio decidió que no era aconsejable ir a pedirle explicaciones a Hinata. Su molestia ante la aparente mentira que Hinata le había dicho el día de ayer era mínima a la hora de compararla a sus propias fantasías, las cuales se reservaría con cal y canto. No estaba en ninguna posición de quejarse por mentirillas piadosas, puesto que hasta su inconsciente había jugado con él la noche anterior: combinar tanto la Academia con sus malditas fantasías le había salido caro. Sobre todo cuando despertó de sobre salto poco después que dentro de sus sueños al fin había logrado desprender a una imaginaria (atrevida y aún así, tímida) Hinata de la última de sus prendas. Para ser exactos, la ropa con la que la vio el día anterior.

Kurama se había dormido riéndose de él; siempre diciendo cosas como: «se te acabarán las manos si sigues así» o «¿conoces las Casas de Citas?, oh perdón, olvide que eres virgen». Y lo peor, «creo que deberías esperar hasta que enloquezcas, después de todo hemos escuchado que eso las hace caer más rápido en los vórtices del placer».

—Estúpido zorro, estúpidos sueños, estúpida Academia, estúpidas pláticas… —y entre tanto «estúpido» y gruñidos no notó que la mayor parte de los aldeanos que dejaba atrás lo miraban curiosos. Es decir, tenía un rostro tan lleno de molestia que algunos hasta doblaban la esquina para evitar chocar con él.

Eso sin contar que el chisme de una supuesta relación entre él y Hinata había arrasado como una plaga entre varios aldeanos e incluso, varios ninjas que echaban más leña al fuego al decir que Hinata se había confesado pero de él no habían escuchado nada y que probablemente después de la guerra él le dio la oportunidad.

—Estúpido cuerpo… —Naruto se detuvo a sí mismo cuando a lo lejos vio a Sasuke perdido en sus pensamientos igual que él—. ¡Hey, Sasuke!

Sasuke miró a Naruto, éste acercándose agitaba su mano entre algunas personas para que el chico de cabello negro azabache no fuese a perderlo de vista (cómo si fuese eso posible con lo que el rubio había crecido). Al encontrarse, Naruto le sonrió en un intento de alejar todo pensamiento impuro de su mente y de paso sacar a Hinata de su cabeza.

—¿Estás bien? Tienes cara de muerto —comentó Naruto notando el delgado y cansado semblante de Sasuke—. ¿Es por Sakura?

Los ojos negros se conectaron con los azules; Sasuke no podía mentirle a él.

—Es por Sakura —dijo Naruto cerrando los ojos bajando un poco la cabeza. Sasuke le miró mal.

—Métete en tus asuntos.

—Vamos, nada de esto es mi culpa —renegó Naruto perdiendo nuevamente la paciencia (y no es que en el amanecer hubiese tenido mucha), vaya que cuando quiere ayudar siempre recibe los golpes anticipadamente—. Lo único que digo es que…

—Naruto, métete en tus asuntos —masculló Sasuke—, esto no es nada que te importe.

Sasuke intentó pasar de largo cuando la mano de Naruto agarró su antebrazo; al mirarse, los ojos de Naruto se tornaron casi rojos mientras veía fijamente a su compañero de equipo.

—Más te vale cuidar de ella. —Soltándolo, Naruto siguió caminando hasta perderse de la vista de Sasuke, quién refunfuñó por lo bajo y retomó él también su camino.

Naruto cerró fuertemente sus manos al pensar: «es mañana —se recordó con una horrible sensación de desánimo—. Mañana se van».

De pronto, Kurama se notaba tranquilo adentro de su jaula, moviendo todas sus colas como un gato tranquilo; pensativo y muy callado. Se había divertido molestando a Naruto la noche pasada, pero ya era hora de ponerse serio, además, la niña Hyūga no estaba mal y por el camino por el que andaba su jinchūriki si la mocosa se casaba con alguien más, Naruto podría ir despidiéndose de la posibilidad de tener una esposa que lo aguante de por vida. Mito y Kushina habían hecho un excelente trabajo encontrando a personas dignas de ellas. Pero éste niño le preocupaba.

«Es un idiota» gruñó manteniéndose al pendiente de los pasos de Naruto.

El corazón de él palpitaba demasiado y su chakra se descontrolaba; debía ir a entrenar y pronto.

—Hey, mocoso.

¿Qué quieres? —preguntó Naruto desde el exterior. Muchas personas lo veían pasar pero aparentemente eso al jinchūriki no le importaba nada.

—Debes ir a ése campo de entrenamiento de ayer. Tu chakra se descontrola.

Ajá.

Naruto a regañadientes y con las miradas expectantes y algo atemorizadas de los aldeanos al verlo gruñir con una cara llena de molestia, se dirigió a su lugar secreto a seguir con su rutina para tratar de mantenerse en cordura.

.

.

.

Hinata despertó de sobresalto cuando sintió un fuerte escalofrío recorrerle la espina dorsal. Algo no andaba bien y lo presentía; entonces pensó en su padre y se dijo que debía regresar a su casa ya que no había tiempo para nada más, ni para el desayuno.

Levantándose del raido sofá de Sakura, Hinata fue al baño para hacer sus necesidades y echarse agua en la cara para poder llegar más o menos presentable a su casa, y una vez despejada, salió de la casa sin decirle nada a su anfitriona o ni esperar a que ella se levantase.

Corrió muy deprisa a su casa, no dejó que las miradas ni los murmullos al verla pasar la detuvieran por muy tentador que fue la idea de pararse a preguntar el porqué hablaban tanto de ella. Escuchaba partes de conversaciones que lejos de hacerla caminar más rápido, la hicieron trotar y más tarde, caminar con la mirada agachada.

—¿Es ella?

—Dicen que entró a su casa, no la vieron salir.

—¿Ya viste? Trae la misma ropa de ayer. —Escuchó un gemido de exaltación—. ¿Se habrá quedado a dormir con él?

¿Pero de qué diablos estaban hablando?, miraba de reojo a las personas, cada una de ellas la miraba con diferentes expresiones, entre miradas pícaras hasta bocas torcidas como si le reprocharan una travesura mal oculta. Todo en esas mujeres era extraño, no parecían amistosas en ningún sentido y el hecho de que siguiesen hablando, susurrando, a sus espaldas la hacía sentir muy incómoda.

—Creo que no fue a su casa.

—¿Crees que se haya dejado influenciar por él? Aunque, él es muy joven y…

—Oh, sé de lo que hablas. Con esos músculos…

—¿Será tan bueno en la alcoba como en la lucha? —se escuchó una risita por ahí.

—¿Y si se lo preguntamos a ella?

Hinata no necesitaba ojos en la espalda para saber que se referían a ella. Sentía que la apuntaban con el dedo y que la señalaban con los ojos. Ella sabía esa sensación, la había sentido muchas veces en el pasado. La cuestión seguía siendo: ¿de qué diablos están hablando?

—Los shinobis son muy apasionados, no importa dónde estén, mi marido es uno y hasta el momento no hay noche en la que me haga el amor como antes…

—¿Ves algo en su cuello? —de nuevo un gemido de exaltación—, ¿y si le hizo marcas, en otro lado?

—Oh, me muero por preguntarle, qué se siente estar en la cama con un verdadero hombre —masculló una chica por ahí, cuando Hinata le miró de reojo, ésta tenía las piernas muy juntas y las manos pegadas a sus juveniles senos—. Si él es tan fuerte como dicen, y tan veloz… ¡uhhh!

Ese sonido no le gustó para nada a Hinata. De pronto sintió que alguien la escaneaba de pies a cabeza. De nuevo le llegó un escalofrío que la dejó de pie completamente. Ése chakra.

—¡Hinata, estás aquí! —exclamó Naruto acercándose a ella, corriendo con los ojos tapados entre su montón de cabello, hoy no llevaba la cinta de Konoha en la frente, y vestía con su típico atuendo de civil.

—Na-Naruto…

Atrás de ella se hicieron sonar risitas, susurros y ¿gemidos?

«Por todos los cielos» se dijo ella exaltada, no podía ser que… Hinata estaba segura que no vio nada en su ropa interior al ir al baño de Sakura. ¿Acaso Hinata estaba menstruando y no se había dado cuenta y ahora su ropa mostraba lo tonta que fue al no percatarse?, fue la interrogante de la chica Hyūga. Lamentablemente no estaba dispuesta a pedir opinión ahora que Naruto se acercaba a ella a paso acelerado.

—¿Sí? —articuló Hinata sonrojándose, aún escuchaba las risitas atrás de ella. Naruto le sonrió.

—¿Adivina qué? —habló emocionado—, mañana se inaugurará un nuevo Ichiraku Ramen y Ayame me dio unos de los pocos ¡nuevos! Cupones de Descuento que dan un plato de ramen gratis. ¡No es genial! —preguntó exaltado con una de esas sonrisas que se quedaban grabadas a fuego en la memoria, y en la piel—. Dijo que sólo se los daba a clientes frecuentes —se señaló a sí mismo con ésa, ésa sonrisa.

Hinata asintió tratando de no oler la masculina fragancia de Naruto; al parecer se había duchado temprano antes de ir a visitarla, su cabello estaba muy húmedo, aún le caían dos o tres gotas del rebelde cabello y su piel parecía más tostada que nunca; perfecta para una sesión de inspección completa.

—¿Estás bien? —le preguntó Naruto extrañado agachándose un poco para verle. Hinata lo sintió respirar muy cerca de ella.

Maldición, justamente el día en el que no se había tomado una ducha antes de ver al rubio. Éste se acercó un poco más.

—¿Hinata? —llamó en un susurro muy curioso, por no decir, estimulante. Hinata quiso desmayarse como siempre. Pero algo le fallaba.

—E-es-estoy bien… —inhaló profundo llevándose más de la esencia del rubio con ella, menos de la que podría desear si ha de ser sincera—, es-es que no… no he do-dormido muy bi-bien.

—Oh, entiendo —masculló Naruto sin alejarse, o tener intensiones de ello—, entonces te daré el cupón para que vengas mañana a la inauguración. —Hinata aún con la mirada baja vio cómo Naruto metía una mano en el bolsillo frontal de su pantalón.

Maldita imaginación. «No sigas moviendo la mano así» pensó azorada Hinata intentando ver el rostro de Naruto y no la acción que parecía hacer. Grave error. Al ver el rostro de Naruto, quién la contemplaba a ella con mucha atención tras esos azulados ojos, le dio a Hinata un estremecimiento. Sus piernas se volvieron de gelatina y de pronto ya no había nadie alrededor.

—Aquí está —le dijo el rubio poniendo enfrente de ambos el pequeño cupón azulado. Hinata con mucha cautela y temblores, la tomó rozando levemente el dedo pulgar de Naruto con el suyo. Bajó la mano y volvió a mirarlo, él no había cambiado su expresión a una más inocente. A la misma de siempre—. ¿Deseas que te acompañe a tu casa?

Hinata se congeló por un segundo. ¿A su casa? ¿Cuáles eran las posibilidades de que haya alguien en…? Se dio una cachetada mental, ¿cómo se le ocurría pensar que Naruto preguntaba aquello con malas intensiones? Trató de sonreír y negó a la pregunta.

—Bien, procura dormir bien y no lo olvides —le dijo entonces, retomando su jovial actitud—, entonces nos veremos mañana, Ichiraku abre a las diez. —Sin decir nada más se alejó como llegó, corriendo a toda velocidad hasta que a vista de muchas, desapareció haciendo que más de una gimiera sorprendida.

—Pero qué hombre —masculló una mujer madura al lado de Hinata.

Hinata arqueó una ceja saliendo del encantamiento que Naruto por varios segundos implantó en ella y vio por fin a una manada de mujeres, de muchas edades desde los 15 años mirando casi perdidas por el mismo sitio por donde Naruto se había marchado.

—Maldita Haruno, ¿cómo se atreve a rechazar algo así? —preguntó enojada la misma mujer cruzándose de brazos. La miró a ella y agregó—: haz algo inteligente y dale un buen uso a ese pedazo de carne, linda. O alguien más lo hará —le masculló burlona yéndose de ahí riendo ante la mirada desconcertada de Hinata.

.

.

.

¿Eres masoquista, verdad niño? —le preguntó Kurama a Naruto una vez que él había llegado a su departamento, precisamente en el balcón.

—No tiene nada de malo adelantar algunas cosas —dijo Naruto dejando que la brisa secara su cabello y el poco sudor que le corría por el cuello.

¿Viste su reacción, no es así? El deseo comienza a ser mutuo.

—No fastidies —Naruto sonrió levemente con una chispa oscura en sus ojos—. Aún no pienso hacer nada.

¿Aún? —articuló Kurama sorprendido—. ¿Quieres decir qué era…?

—¿La verdad? Sí —Naruto suspiró—. Dime mi buen bijū. Ya que eres un experto en todo esto de las relaciones humanas, ¿en qué se basa un buen noviazgo?

Depende.

—¿De qué?

De quién desea más a quién. Y qué tan «compartibles» son —Kurama rió seguido de Naruto, éste sonrió aún más y se aferró a los barrotes de su balcón para notar que la luz del sol del medio día alumbraba todo extremo de Konoha.

—Me gusta cómo suena eso —sinceró—, y creo que también a Hinata le gustará. —Alzó los hombros sonriendo como cuando era niño—. Pero aún no se ha dado cuenta.

A pesar de todo lo dicho, Naruto lo único que esperaba era que nada saliera mal; después de ir a entrenar se había dejado a sí mismo tan cansado que poco más tarde regresó a su casa para bañarse y después descansar otro tanto cerca del mismo balcón donde estaba parado. Había tomado una decisión: mantendría a Hinata con él más tiempo de lo necesario (o lo que al Naruto de hace algunos días hubiese creído necesario) y si su corazón no daba señales de nada (cosa por la que Naruto se preocupaba ya que hasta el momento, nada sucedía), la dejaría en paz.

Espero que sepas lo que haces —le dijo Kurama antes de echarse a dormir. Naruto lo sintió, Kyūbi no Yōko también necesitaba descansar de vez en cuando.

—Yo también —masculló Naruto recibiendo otra corriente de aire. Estar junto a Hinata le había despertado muchas emociones, sin embargo ninguna de ellas no era precisamente las que Sakura despertaba en él en su adolescencia. Lo peor: es que había sentido muy de cerca el calor del cuerpo de Hinata minutos antes, había sentido y olido su esencia y había escuchado sus dulces tartamudeos de siempre, algo que elevó su ego puesto que ella se había vuelto a sonrojar como cuando eran niños y adolescentes. Y había codiciado más de eso. Había deseado en el hueco más oscuro de su corazón que no hubiese presentes mirándolos atentos, había deseado que Hinata mostrara alguna señal de que sentía su deseo por ella y que ella sintiera deseo por él, había deseado que Hinata estuviese abierta a intentar una relación sexual sin compromisos.

Pero Hinata no era así, había reprendido el lado de Naruto que aún conservaba un poco de cordura; la Hyūga Hinata que había demostrado abiertamente su amor hacia él era valiente, tímida pero aún así muy osada. Era tierna y muy sensible, era cariñosa, preparada en muchos sentidos para ser una buena esposa. Sabía cocinar y era muy paciente, lo escuchaba y se reía con él. En los últimos días que había estado a su lado, Naruto se sintió más acompañado que nunca, más ameno.

«No la prostituta de hombres como tú» le dijo un Naruto en su mente, muy enojado por siquiera pensar en la posibilidad de que Hinata aceptase ser su Dama de Compañía.

«Entonces ¿qué propones? ¿Qué vaya a una Casa de Citas?» reclamó él.

«Si con eso evitaremos hacer que Hinata se aleje de nosotros, hazlo» continuó el otro Naruto saliendo de su mente.

El verdadero rubio miró al cielo y notó que el sol se había movido más; qué rápido pasaba el tiempo.

Su lado cuerdo tenía razón; no podía intentar siquiera aprovecharse de Hinata como hacen los protagonistas porno de las series mangas que antes leía. No podía siquiera mover un dedo de ése modo con ella porque no sabía qué reacción iba a provocar, ¿y si ella se alejaba y declaraba odiarlo por pervertido? ¿Cómo podría aguantar más rechazo en su vida?

La sola visión de una Hinata molesta y sonrojada por la ira y el bochorno, se hizo presente junto a unas palabras en la boca que incendiaron toda l lujuria de la cabeza de Naruto: «Yo no soy… ésa clase de mujer… ¿quién te crees que soy? ¡No quiero volver a verte!».

Definitivamente no podría aguantar ésas palabras; tal vez aguantase los golpes de Sakura, pero no el rechazo de Hinata. Al fin sabía que era amado (realmente amado) por una buena mujer, y no iba a desperdiciar eso por sus hormonas.

«Ya está. Esta noche… iré esta noche» se decidió aunque la idea de perder la virginidad con mujeres que, con todo respeto, tenían relaciones con hombres distintos casi a diario no le convencía del todo. Pero se conocía, estaba perdiendo control y Hinata estaba en la mira de aquella esencia lujuriosa que se había hecho de su lado oscuro. No iba a tocar a Hinata hasta que todo hallase quedado resuelto, no la tocaría. Aunque moría por hacerlo.

Echó de nuevo una mirada al cielo; el tono rojizo del cielo estaba apoderándose de Konoha, y aún no había siquiera desayunado. Perezoso, Naruto se quitó del balcón y entró a su departamento en busca de pan con agua. Un menú que al igual que la situación por la que pasaba, le estaba cansando.

.

.

.

Hinata entró cautelosa a su casa, había pasado la tarde arriba de las cabezas de los Hokages, pensando, intentando saber qué diablos la había asaltado cuando Naruto se hizo presente; su cabeza se sobrecalentó y sintió sus piernas de gelatina, y cuando él la observó fijamente se sintió sin voluntad. Se sintió en sus fuertes brazos y de pronto, él se marchó llevándose todo ese sentimiento consigo.

Era deseo, eso ya le había pasado antes: cuando vio a Kiba quitarse la playera en uno de sus entrenamientos y echarse aire con ella mientras que sudoroso, no dejaba que la sombra sino los rayos del sol, tocaran su muy marcado abdomen y sus anchos hombros. La primera vez que Hinata se sintió desmayarse por un hombre ajeno a Naruto. El aroma varonil que impregnaba el aire y la visión de una dulce escultura tallada por la mano dura de la batalla, era algo tan hipnótico que Hinata en aquella ocasión se despidió temprano de sus compañeros de equipo y se marchó a su casa. Lo peor fue cuando entró a ella; Neji y otro miembro del clan estaban entrenando, Neji para variar había usado ropa muy holgada y delgada. Entonces sintió miedo, Neji era su primo y su propio cuerpo reaccionaba igual que como había hecho con Kiba.

Desde entonces procuraba bañarse siempre antes que Neji después de acabar un entrenamiento con él, en el que Hinata misma le pedía que fuera poco compasivo con ella.

Al menos eso hasta antes de la batalla. La guerra. La que le quitó a su primo, a su único hermano mayor. Entonces Hinata se sintió peor por pensar de un hombre como Neji de ése modo.

Y entonces apareció Naruto, y no sólo ella, sino varias mujeres que transitaban por ahí lo habían mirado como si lo quisieran observar por dentro de la ropa. Su postura había cambiado, ahora caminaba con los hombros atrás saltando sus pectorales nada exagerados o nada desilusionadores a través de esa delgada playera. Y sus pantalones, mi Dios, si toda esa manada de pervertidas no lo hubiesen dicho Hinata no estaría pensando en eso ahora, los pantalones ya le quedaban cortos y ajustados; no había engordado sino que sus músculos se marcaban con tanto empeño que algunas refunfuñaron porque el pantalón seguía completo.

Con dificultad, Hinata pasó saliva por su garganta.

»¿Será tan bueno en la alcoba como en la lucha? —El sólo pensamiento estuvo a punto de incendiarle el alma a Hinata. Y aunque aún no entendía el porqué ellos dos estaban de ése modo tras la mira de mujeres como ésa que había dicho aquello, estaba claro que pensaban que ella, Hyūga Hinata ya había probado el bien trabajado cuerpo de Uzumaki Naruto.

Una parte alocada de Hinata reclamó por la mentira. Tanto porque era su vida privada (y la de Naruto) tanto porque eso era, una mentira.

Hinata apretó más las piernas, el aroma de Naruto se había plantado en sus pulmones y no parecía querer salir de ellos; y Hinata deseaba que la esencia no la abandonara. Que no la dejara ahí sola. Y que la hiciera soñar con algo que sin duda no tendría ahora.

Entonces se reprendió por pensar en el cuerpo de Naruto; después de todo, a pesar de que Naruto tenía la fama de ser un poco pervertido como cualquier otro chico de su edad, Hinata estaba convencida de que él respetaba a las mujeres y jamás se metería con una chica únicamente para satisfacer la lujuria.

—Hinata —la llamó su padre, él estaba molesto.

—¿Sí, padre? —habló ella tímida. Pero Hiashi no se inmutó ni flaqueó.

—Quiero saber dónde estabas —reclamó con la cara incendiándose por la ira y las manos apretadas como si aguantara las ganas de darle un puñetazo—, ¡acabas de perder valiosas horas de entrenamiento y estudio! Sabes la importancia de ser la nueva Matriarca del Clan ¿o no? —Hinata sintió mirando el suelo—. Y aún así te atreves a fallar en tus obligaciones.

—Padre…

—Y por si eso fuese poco, un miembro del clan asegura que fuiste apaleada por tu propio Clon de Sombras.

A Hinata se le derrumbó con más rapidez las fantasías con Naruto que apenas y comenzaban a tener forma. El cuerpo se le congeló.

—¿En qué postura crees que te deja es? Ésa no es la actitud que esperamos de una orgullosa líder —masculló aún furioso, y no era para menos, se recriminó Hinata decepcionada de sí misma—, más te vale cambiar eso y tomarte esto en serio; de lo contrario, pedirán tu cabeza.

Sin decir nada más, Hiashi dio la vuelta y se marchó a paso pesado. Mientras que antes, atrás de él, había un hombre de cabello oscuro y ojos perla, de casi la misma edad que el padre de Hinata.

—Es hora, señorita —dijo él con voz grave—, hay que recuperar las horas perdidas.

—Sí —masculló Hinata siguiendo a su mentor.

Ya no había tiempo para pensar ni en Naruto, ni en lo que le había provocado. Hinata entrecerró los ojos, y decidida levantó la mirada, todo lo relacionado con Naruto debía esperar.

Aunque, por todo medio debía evitar que Naruto supiese su nueva forma de desahogo:

»Y por si eso fuese poco, un miembro del clan asegura que fuiste apaleada por tu propio Clon de Sombras.

«Primo Neji» pensó al sentarse frente a una mesa que aguardaba por ella con una montaña de papeles y entonces temió pensando en el boleto resguardado en su bolsillo del pantalón.

»Entonces nos veremos mañana, Ichiraku abre a las diez. —No, le dijo una parte suya a Hinata, eso no pasaría. «No te mereces tal gusto después de darle la espalda a tus obligaciones».

Hinata comenzó a escribir en el pergamino en blanco revisando los otros cuyas anotaciones describían la historia política de los Hyūga. Y sintió tanto sueño que hizo un esfuerzo sobrenatural para no bostezar.

.

.

.

Al anochecer, mientras Hinata aún seguía escribiendo ya dos rollos de pergamino; Naruto se echó encima una capa negra con una capucha muy larga que había sobrevivido junto a otras afortunadas prendas, la capa había sido para un intento de disfraz de Halloween de la Parca que le había salido mal. Las mangas eran largas, no exageradamente como en otros disfraces, sino lo justas para cubrirle las manos, la capucha le cubría toda su cara excepto la boca y el mentón y la tela caía por sus pies, sin cubrirlos por completo. Naruto había olvidado lo mucho que había crecido desde entonces.

Y sólo armado con la capa para que nadie le reconociera a simple vista y un pequeño costalito café que tintineaba en cada uno de sus movimientos metido en su pantalón, salió de su casa.

Espero que sepas lo que haces —le dijo Kurama muy serio desde su interior.

«Salvar a Hinata de mí… —Naruto apretó los labios—, sí, sé lo que hago».

Sin nada más que agregar, ocultó su mirada en la capucha y continuó su caminata; sabía a dónde iba y lo que haría, solo esperaba tener el valor de continuar una vez hubiese pagado con el poco dinero que llevaba. Era claro, los costos subían dependiendo de la economía de cada aldea y como Konoha apenas estaba siendo reconstruida pasando por una brutal guerra, era claro que apenas lo que él tenía en el bolsillo, vendría siendo la misma cantidad de los ahorros de toda una familia.

La presencia de Hinata aún lo intranquilizaba, sentía el chakra de la chica no muy lejos de él, de Uzumaki Naruto, quién rayaba casi la misma velocidad que su padre. Pero estaba tan cerca que sentía que podía escuchar los latidos de su corazón, bum, bum, bum. Formando una sonata tan hermosa y atrayente que por poco, Naruto estuvo a punto de desviarse de su camino.

—¿Te ayudo en algo? —preguntó una insinuante voz femenina. Sensual y muy atrevida.

Había llegado y ni siquiera se dio cuenta cuando sus pies se detuvieron casi enfrente de una casa cuyo letrero al lado de la puerta principal iluminado con velas recitaba:

LA CASA DEL PLACER.

Él estaba a unos metros del lugar pasando por la calle por la que en las mañanas pasan los carruajes y personas. Dentro de un ancho callejón oscuro que le daba un aspecto atemorizante y ahí permaneció apenas alumbrado por las velas y apenas escuchado por el sonido de una fiesta adentro del a casa.

Naruto miró al lado del letrero, habían otras ocho mujeres de muchas complexiones, delgadas, gorditas de pechos grandes, de pechos pequeños, de piernas largas y de piernas cortas. Para todos los gustos.

Ninguna de ellas captó su atención, todas estaban algo viejas y le recordaban a la anciana Tsunade, quién a pesar de su aspecto sexualmente atrayente para muchos hombres (excepto para él, ya que para Naruto, Tsunade seguía siendo como su abuela) no era ni la mitad de mimosa que las mujeres que veía enfrente y ahora le señalaban a él y a la chica que estaba justamente a su lado con la mirada curiosa.

Entonces miró de soslayo a la que tenía a un lado suyo. Y mantuvo la mirada fija en ella.

«Se parece» se dijo a sí mismo, recordando a la chica que había dejado horas atrás con un cupón que por suerte, Ayame le dio cuando él regresaba de su entrenamiento dirigiéndose a su casa. «Pero…» achicó los ojos como si estuviese enojado.

—Dime qué es lo que deseas, y tal vez —continuó esa mujer acercándose mucho a él pegando su dedo índice en el pecho de Naruto, moviéndolo en círculos—, yo pueda cumplirlo.

Cabello largo, ojos grandes y pechos generosos. Piel clara y labios anchos. Ante todo eso, Naruto estuvo a punto de dar un paso hacia delante de no ser por un detalle: no olía igual a ella. No eran sus ojos perla, ésos eran verdes, tampoco era su cabello negro azulado, ése era completamente oscuro y tampoco eran sus labios, aunque los de Hinata estaban de una anchura muy bien, esos le ganaban por poco, pero estaban pintados fuertemente de rojo carmesí y eso de cierto modo disgustó a Naruto; no, los labios que él ansiaba probar, saborear e incluso, morder, estaban siempre libres de cualquier pintura que obstruyera su delicadeza, siempre con apariencia suave, aunque hoy en día con algo de resequedad; pero de eso a llevar pintura que seguramente ha de saber horrible, prefería sentir la poco humedad de los labios libres de toda impureza. Y ése olor tan penetrante a perfume le lastimaba un poco el olfato le hizo hacer una mueca… despertándolo.

¿Qué estaba haciendo?

De pronto se sintió libre de ataduras imaginarias.

Y frente a vista de todas las empleadas de LA CASA DEL PLACER, desapareció de ahí como un mago, para ir al bosque sintiendo que el diablo lo perseguía, para ir a buscar más Mecracritina para ésa noche. Sin notar que las mujeres se acercaron a la chica de cabello negro para preguntarle lo que ocurrió.

—Ese hombre… —masculló con voz cautivada y con los dientes atrapando su rojizo labio inferior—. Tiene algo anormal. Pero me gusta.

—¿Le vista la cara Kasumi? —le preguntó una mujer delgada de corto cabello castaño. Kasumi negó con la cabeza.

—Pero su cuerpo estaba tan duro que… —Kasumi sonrió sonrojada—, que quiero ponerme a trabajar —rio pícaramente mientras se iba seguida de todas aquellas mujeres.

Una de ellas no las siguió, una mujer ya madura con pechos grandes pero algo caídos por la edad y el constante abuso que su trabajo exigía, siguió mirando el sitio por donde Naruto se había ido. Ella era más experimentada que las jóvenes que no paraban de hablar del misterioso hombre encapuchado con forma de Adonis; y lo que sus años anteriores como kunoichi le decían aún adormecidos pero muy alarmantes era que ése chico era peligroso.

Sin dejar de mirar el sitio por donde el jovencito se había marchado, Makimachi Kanoe se retiró a su puesto de trabajo. Presentía algo aproximarse y tenía algo que ver con ése misterioso joven.

«Espero que la edad me haga ver cosas equivocadas» rogó Kanoe desde lo profundo de su corazón, asustada, porque si el mal presentimiento que tenía era real, Konoha no se reconstruiría jamás.

Fin de Capítulo―


Y estoy de regreso en el juego con este nuevo capítulo por el que se cambia el rated a T, lo escribí en uno de mis momentos pervers por lo que espero que no me abucheen XDD además de que decidí que para darle picante a la situación voy a hacer que Naruto y Hinata sufran un poquito con el asunto de las hormonas además de que una vez que Sasuke y Sakura salgan de la trama, habrá una nueva imagen que hará de Konoha un caos. :D

Aviso que me he creado una página en Facebook en la que pondré adelantos de éste y otros fics; nuevas ideas para proyectos, y nuevas bobadas que espero les guste leer como a mi escribirlas ;) se llama como mí: Adilay Nazikage, denle like para seguirme y como siempre, no se les olvide darme un comentario por el cual les estaré eternamente agradecida :D

Ahora contestaré reviews sin cuenta:

natimo: Muchas gracias por el review, me alegra que te haya gustado ;)

liseth tkm: Siempre es todo un gusto verte por aquí; jajajaja bueno la gente (sobre todo nosotras las mujeres para qué negarlo) nos gusta el chisme, es algo que ya viene integrado cuando no tienes nada que hacer además de mover escombros XD aunque es cierto, yo también espero que Hiashi no se entere de lo que ocurre ahora en Konoha, ya que necesito de la integridad física de Naruto XD. Espero que también te haya gustado éste capítulo. Ya nos leeremos.

celi-chan: Pedido y hecho, aquí está la continuación; espero que te haya gustado y no olvides comentar si así fue. ;)

mii: Ya lo he seguido :3 espero que te haya gustado el capítulo, hasta pronto y gracias por comentar.

Okashira Janet: Yo estoy enamorada de Kurama, es genial y asombroso, tanto así que no puedo evitar imaginármelo constantemente como humano XD y es seeeexyyyyy XD gracias por comentar, espero que te haya gustado el capítulo.

Y bueno esos son todos. Espero que les haya gustado el capítulo. Ya nos veremos en otra actualización, ¡no se les olvide comentar que los reviews son mi alimento para nutrir mi cerebro y hacerme apresurarme con los capítulos, he!

Me despido.

JA NE! XD