El día no amaneció demasiado diferente que el del día anterior, y tampoco había demasiadas ganas de trabajar. Tampoco quedaba tanto para que llegara Navidad y los pensamientos de todos estaban más en las vacaciones que en el trabajo. Los shinobis y las kunoichis trabajaban desganados y las caras de sueño les llegaban a los pies.
—¡A trabajar todo el mundo! ¡No quiero ver a nadie parado, esto no es el colegio! — la voz de hombre encargado de dirigir a los Jonnins del Departamento de Tortura e Inteligencia salió de su despacho recriminando a todos los presentes lo que eran: unos vagos.
Ibiki entro de nuevo a su sala de trabajo intentando apurar lo máximo que podía para poder terminar el trabajo de administración que le competía antes de marcharse a la Torre ANBU. Se frotó las sienes e intentó no demorarse más con las columnas de documentos que se amontonaban en su mesa.
El sonido del repiqueteo de la puerta lo sacó de nuevo de su concentración y maldijo al desgraciado que se estaba atreviendo a molestarle, pero aún así le permitió el paso, y entonces dio gracias a Kami por no haber despotricado su ira en ni más ni menos que la figura que había hecho aparición por la puerta.
—Ibiki, necesito hablar contigo un segundo. —la mujer se adentró más en el despacho tomando asiento en uno de los sofás que había. —nunca he entendido porque tú tienes un sofá y yo una mísera silla de ruedas, que apenas se mueve—se lamentó la mandataria acariciando suavemente con su mano uno de los reposabrazos del asiento.
—Tsunade-sama, ¿en qué puedo ayudarla? —Ibiki simplemente se limitó a interesarse por la visita de la Quinta, que le pidió solamente con una mirada a su ayudante que le alcanzara la carpeta que llevaba bajo su brazo. Shizune se la entregó.
—Verás…estoy preocupada por Anko.
—¿En qué lío se ha metido esta vez esa loca? —el hombre rogó que sus pensamientos fueran erróneos y la pelimorada se estuviera portando bien. Aquello de que ya no estuviera ayudándole con el papeleo mientras discutían se le hacía raro.
—Como bien sabrás Orochimaru hace unos días se le apareció en el bosque y no fue muy bien la cosa. Tuve que tomar medidas por desobedecerme, pero me gustaría saber si antes de que esto ocurriera tú notaste algo extraño en su comportamiento. —Tsunade estaba hablando en serio e Ibiki notaba cierta preocupación en la voz de la mujer.
—Verá…se podría decir que Anko es demasiado independiente y reservada para contar sus problemas, aquí sólo viene a trabajar.
—Pero ambos sabemos que ella no es una kunoichi de nivel raso.
—Como bien dice usted, ella no es como los demás que están trabajando aquí. Si le soy sincero me sorprende que Anko no esté en otro puesto, me sorprende bastante que el Tercero no la situara en otra posición. Creo que…—Ibiki hizo una breve pausa para intentar buscar las palabras adecuadas a su discurso, al que Tsunade estaba escuchando atentamente—creo que Anko debería haber estado en ANBU.
—¿ANBU? Qué quieres decir con esto—la ojimiel frunció el ceño preguntándose el por qué de las palabras del hombre, que entrelazó sus dedos mientras miraba fijamente a la Hokage.
—Siento que Anko no es una kunoichi que deba estar detrás de un escritorio arreglando papeleo, y no quiero decir que sólo haga eso, usted bien sabe que también realiza misiones y se ha hecho cargo junto conmigo de los Examenes chunnin, pero hay algo en ella que la hace más útil cuando se trata de ir en busca de gente peligrosa.
Shizune observó por el rabillo del ojo la expresión de desconcierto de la Godaime, que no movió ni un músculo estando así a la espera de que el hombre continuara hablando.
—Con esto intento responder a su pregunta de si Anko está distinta. Esa mujer cuando es necesario esconde tras su mirada las ganas de querer matar la cual iría perfecta para estar en algún escuadrón ANBU. Aún así esa mirada que tiene cuando se trata de realizar ese tipo de trabajos no podemos negar que le viene de su convivencia con Orochimaru. Aunque ella se resista a hablar del tema creo que debe aceptar de quien fue alumna y qué le enseñó su sensei.
—Me estás diciendo que Anko…
—No sé si Anko se lo habrá planteado alguna vez, pero si decide hablar del tema y darse por fin cuenta de que ella sólo está en Konoha por piedad del Tercer Hokage, tal vez algún día pueda cambiar de parecer y marcharse.
—Precisamente el Tercer Hokage no la puso en ANBU para intentar sosegar sus ganas de venganza.
—Exacto, pero eso no quita que sirva para ello, que sea una máquina de matar si se le ordena.
—¡Anko no es ninguna asesina!—esta vez fue Shizune quien intervino en la conversación. Incluso Tsunade se sorprendió levemente por la intervención tan repentina que había tenido su ayudante de confianza. —No sé qué estás insinuando Ibiki, pero ella no es como tú crees.
—Shizune, he estado trabajando con Anko durante años y la aprecio como si fuera mi hermana, pero no puedo obviar ese sentimiento de venganza que ella tiene por su exsensei.
—Anko no…yo sé que no haría daño a nadie que no quisiera el mal para ella—Shizune cabizbaja habló intentando defender a su amiga. Tsunade la observó de soslayo preocupándose por la otra mujer, que se mantuvo de pie en la sala.
—Ibiki, ¿crees que tendría que dudar de Anko? —Tsunade se aferró a la opinión del hombre que había estado más con la Mitarashi intentando despejar las dudas que la invadían.
El ninja sonrió levemente al acordarse de su compañera de trabajo.
—Tsunade-sama…que yo haya dicho que Anko podría cambiar de opinión no significa que lo piense.
Tsunade esa vez también sonriendo entendiendo las palabras del shinobi.
—Si me pide mi opinión…como profesional le diría que se cuestionara a la Mitarashi, pero como amigo le digo que esta tía es una de las personas con más cojones que he conocido y no dudaría un segundo en poner mi vida en sus manos.
La conversación se interrumpió por la alterada voz de otra persona.
—¡Ibiki-sama! ¡Hay problemas afuera!
—¿Qué demonios dices? Explícate.
Pero antes de que el shinobi que había abierto la puerta del despacho hablara, el ruido del choque de metal se escuchó y enseguida tanto Ibiki como Tsunade y Shizune se asomaron por la ventana de la sala.
—¡Eres una maldita traidora!
Los kunais volaron intentando alcanzarla pero logró esquivarlos con facilidad. Maldijo al idiota que hizo aquello, pero no podía hacer nada para atacarle, sólo se podía permitir defenderse.
—¡Desgraciada! Lo único que mereces es volver de donde nunca te tendrían que haber sacado, ¡en la cárcel es donde deberías estar ahora pudriéndote!
De nuevo la atacó y por mucho que ella lo deseara no se enzarzó en aquella pelea. Aunque lo que no se esperaba era que dos ninjas más se le unieran al tercero.
—Compañero, no estás solo. Todos queremos que esta miserable se marche de Konoha y deje de causar miedo en los ciudadanos ¡Escoria!
Un shuriken voló a gran velocidad en dirección a los ninjas, que lo esquivaron de un espadazo desenvainando de ese modo las katanas. Aunque la evasión sirvió de poco, pues cuando menos se lo esperaron sintieron la intimidante presencia de la persona a la que habían estado increpando.
—¡Joder! —fue lo único que dijo uno de los ninjas encontrándose de frente con la kunoichi, que apuntó con el kunai casi en su frente.
Antes de que pudiera atacar, Anko sintió cómo una fuerza descomunal envolvió su muñeca haciendo que inmediatamente su cuerpo volara por los aires, aunque fue sencillo aterrizar de pie. La Mitarashi levanto su mirada y entonces entendió de dónde había procedido tal poder.
—Detente.
Allí se encontraba una mujer imponente, llena de fuerza y cuya figura no pasaba desapercibida por nadie. La Godaime se mantuvo de pie al lado de los dos ninjas que supuestamente iban a ser atacados por la kunoichi, aunque la mirada que recibieron por parte de la rubia lo dijo todo. Ambos se retiraron agarrados fuertemente del brazo por Ibiki, que también hizo presencia en la escena.
—Podéis prepararos. Se os va a caer el pelo—el tono de voz amenazante del hombre hizo que los otros dos se estremecieran.
La pelimorada suspiró fastidiada y escondió el kunai. Ella solo había ido a visitar a su compañero, el líder de los Tokubetsu Jonnin, y al final siempre resultaba ser todo un desastre.
Durante unos instantes reinó el silencio y a pesar de la distancia que separaba a las dos kunoichis ambas podían observarse atentamente pero sería inútil intentar excusarse pues ella sabía que, cualquiera que hubiera empezado la disputa, la reprimenda se la llevaría ella. Así que dio media vuelta y sin querer saber si la Hokage tenía la intención de decirle algo empezó a caminar alejándose del edificio.
—¡Anko! — la rubia de ojos color miel la llamó fuerte obligando a la chica a parar sus pasos.
—Puede ahorrarse la riña, si va a tomar medidas por lo que acaba de ver simplemente hágalo. —Anko medio volteó encarando a la mujer, que fue acercándosele hasta poder estar enfrente de ella.
Tsunade ya se había decidido a hacerlo pero al ver, por mucho que la joven lo camuflara, la decepción y desesperanza que reflejaban sus orbes fue cuando se reafirmó en su decisión.
—Tenemos que hablar.
—¿Hablar de qué si se puede saber? Porque me parece a mí que no hay nada que hablar después de las medidas que tomó por lo que pasó hace unos días. —Anko le recriminó a la ojimiel sus actos y la susodicha pudo entender la frustración que la kunoichi sentía, aunque Anko comprendía que ya que estaba en ese despacho debía hablar sobre el tema de Hatori.
Tsunade entendía que no estaría siendo nada fácil para la Mitarashi haber sido destituida de sus obligaciones como kunochi.
—Vamos a hablar sobre lo que hace tiempo tendríamos que haber hablado, Anko. Dentro de diez minutos te quiero en mi despacho.
Lo pudo decir más alto pero no más claro, y por mucho que a Anko le fastidiara que aquella mujer le hubiera quitado el papel con el que se sentía realizada no tuvo más remedio que hacer lo que le dijo, por lo que en el tiempo estimado ya se encontraba en el despacho de la Godaime.
Aunque esta vez Tsunade no estaba sentada en su silla como solía estar sino que se la encontró con su cuerpo apoyado en el filo del escritorio situada justo enfrente de ella, observándola atentamente.
—Creo que una ciudadana de a pie tiene poco que contar a la Hokage—ironizó la Tokubetsu Jonnin cruzándose de brazos y dejando su peso caer sobre una cadera.
La ojimiel sonrió internamente al ver la superioridad con la que hablaba la pelimorada. Tenía carácter y ella lo sabía.
—Tú sabes bien que no eres una ciudadana normal y corriente, eres una kunoichi de la Hoja.
—¿Cómo? ¿Cómo? Creo que no he oído bien… ¿kunoichi de la Hoja? Creo, Hokage-sama, que si fuera una kunoichi debería llevar una bandana ninja y yo, si no me equivoco, creo que no llevo ninguna encima.
—Deja de vacilarme jovencita.
—Deje usted de hacerme perder los nervios.
—Aún sigo siendo tu Hokage, así que muéstrame más respeto. —la rubia estaba seria y sabía de sobra que conversar con la muchacha no sería tarea fácil.
—Muéstreme a mí algo que me haga creer que no estoy perdiendo el tiempo.
—Tenemos que hablar sobre Orochimaru.
—Y ya estamos otra vez con el temita, aunque ya que lo menciona…—la Mitarashi se llevó una mano a la frente apartando algunos mechones morados que caían por su frente.
Fue un suspiro pesado y cargado del sentimiento que le causaba hablar de ello. No era agradable conversar sobre esa sanguijuela.
—Tengo que contarle algo. —esta vez se sosegó más, y es que ella tampoco podía olvidar la conversación que había mantenido con Kakashi la noche anterior y el hecho de transmitirle los acontecimientos pasados a la Godaime. —Pero antes dígame usted de qué quiere hablar conmigo.
Tsunade la observó primero y después dirigió su perdida mirada al techo intentando averiguar cómo le diría aquello a la Mitarashi, que se puso en alerta tragando saliva y descruzando sus brazos sabiendo que algo serio se le venía encima.
—Anko, me gustaría en primer lugar decirte que-
—No se ande con rodeos, Hokage-sama.
—No lo estoy haciendo. Anko, me gustaría decirte algo que creo que debería haberte dicho en el preciso momento en el que me asignaron mi puesto como Hokage de Konoha, y no lo hice por tener que priorizar otras obligaciones.
Anko frunció el ceño sin entender.
—En primer lugar me gustaría que supieras que confío al cien por cien en tu lealtad como kunoichi de Konoha y que cuando sientas que quieres hablar de Orochimaru lo hagas. No es una obligación, pero creo que llevas demasiado tiempo sin hacerlo y eso está repercutiendo en ti. —La ojimiel clavó su mirada en la chica analizando cualquier detalle en el comportamiento de la kunoichi, el cual fue más que evidente teniendo en cuenta que hablar sobre aquello le hacía daño.
Tsunade sabía que la Dama de las Serpientes tenía las agallas suficientes como para enfrentarse sola a quien fuera, y la admiraba por aquello pero la rubia también sentía que debía preocuparse por sus ninjas. Además, no permitiría nunca que nada malo les pasara a sus kunoichis, aquellas que habían pasado a ser un icono para la mujer por su fortaleza e independencia. En sus tiempos aún se cuestionaba cuando una mujer tenía que liderar un escuadrón, pensó.
—Recuerdo la primera vez que tuve la oportunidad de conocerte, y no estoy hablando de hace unos meses, sino de cuando tenías solo diez años.
Esa vez la pelimorada no se imaginó que saliera la conversación por ahí.
—El Tercer Hokage estaba orgulloso de ti. Tú fuiste la única que sobrevivió a la masacre que hizo Orochimaru con el Sello Maldito a los demás niños, pero tú lo lograste. Pero ese detalle no es el que más me sorprende, sino el hecho de que tuviste la valentía de abandonar a Orochimaru.
La Mitarashi se mantuvo callada, sólo escuchaba atentamente las palabras de la Godaime, que aún se encontraba en el filo de la mesa con sus manos apoyadas también en la madera.
—Tú crees que fue él quien te abandonó, pero te equivocas, Anko. Pienso que eres la persona con la que Orochimaru más desea que vuelva a su lado. Él se atrevió a entrar en los alrededores de Konoha, aunque el motivo lo desconozco y creo que es algo que tú sí sabes, ¿me equivoco? —esta vez la ojimiel le permitió que la mujer que tenía enfrente tomara el turno de palabra.
—É-él…—por mucho que le hubiera gustado que su voz no hubiera sonado de esa manera, la kunoichi titubeó. No era de su agrado hablar sobre ese ámbito de su vida personal y aquello le causaba inseguridad, aunque se rindió en seguir resistiéndose a confesar y a sacar afuera todo lo que opinaba y pensaba. Quería hacerlo…deseaba hacerlo.
Tsunade esperó sin querer forzar a la mujer a hablar, pero quería ayudarla y para ello necesitaba saberlo todo acerca de Orochimaru.
—Él me pidió que volviera a su lado, quería que juntos destruyéramos Konoha…me dijo…—de nuevo se llevó una mano a la cabeza intentando sujetarla y que el mal rato no hiciera que ella se mareara. —Orochimaru dijo que yo estaba en Konoha por pena, y que de no ser por el Tercer Hokage yo estaría en la cárcel por haber colaborado con él. —aquello estaba haciendo que la herida de su corazón empezara a abrirse y a sentirse de nuevo débil ante el mundo.
—¿Cómo está tu sello?
Otra pregunta que la incomodó, y es que sólo con acordarse de las pesadillas que la torturaban casi cada noche hizo que un estremecimiento la recorriera. Tenía la piel de gallina pero el sudor frío que empezó a brotar la alarmó aún más, ¿justamente en ese momento aquella marca tenía que despertar?
Cuando quiso darse cuenta tenía a su lado a la otra mujer, que sin necesitar permiso colocó su mano cargada de chakra curativo sobre el Sello Maldito. Anko se sorprendió de lo buen intencionada que actuó Tsunade con ella y agradeció enormemente que paliara su dolor tan rápidamente.
—No vamos a dejar que se entrometa ahora, ¿no? —la sonrisa que le dedicó la mandataria tranquilizó a la pelimorada, que también medio sonrió.
—Ahora ya no se mantiene sólo doliéndome…hay veces que no soy capaz de tenerlo bajo control y esas extrañas marcas van por mi piel.
—¿A qué crees que se debe ese cambio? —se interesó la ojimiel volviendo al filo de la mesa.
—Empezó cuando me enfrente contra Orochimaru. Era tal mi furia que fui incapaz de contenerme a la vez que exteriorizar mi chakra…así que tal vez el origen de esta alteración pueda ser el hecho de que expulso todo el sentimiento que siento por ese asesino. —Anko reconoció que se sentía mejor cuando ya no podía controlarse, pues ya no era necesario luchar por contenerse sino en luchar con toda su energía sin pensar en las consecuencias.
—¿Estás de acuerdo conmigo y aceptas que deberás volver a entrenar eso? —propuso la Hokage.
—No sé hacerlo…ahora me resulta casi imposible aguantar la concentración de chakra cuando se trata de pelear, y si lo intento el Sello se descontrola.
—Tranquila, buscaré una solución para esto. Bien, creo que es todo lo que debía decirte por mi parte. No dudes nunca en hablar si lo necesitas, Anko.
La pelimorada asintió levemente ante las palabras de la Hokage. Se sentía como un punto entre miles de letras de enciclopedia, tan insignificante cuando se trataba de Orochimaru y su infancia…pero aquel era su pasado y su realidad, y por mucho que quisiera no podía dar marcha atrás.
No sabía cómo empezar, si por el principio, por el final, por lo más interesante o si directamente no empezar lo que le iba a decir. Sabía de antemano que se había metido en un lío demasiado gordo, y lo peor de todo era que ella no quería tener nada que ver con el tema. Y a pesar de todo tenía la obligación de contárselo a la mandataria como kunoichi que era, al fin y al cabo la Villa corría grave peligro si no se lo transmitía, por lo que Anko decidió coger el toro por los cuernos y hablar.
—Konoha está en peligro, y es por mi culpa—se atrevió a pronunciar después de haber meditado dichas palabras sintiendo todo el peso del delito sobre su ser.
—¿Cómo dices? —la Senju no entendió y se irguió ligeramente esta vez separando su cuerpo del filo de la mesa.
—Y-yo…Orochimaru planea atacar la Villa, y es por mi culpa.
Tsunade no podía creer lo que aquella chica le estaba diciendo, aunque aún no lograba encajar las piezas, por lo que empezó a caminar hacía la Mitarashi. Ésta cerró sus ojos automáticamente cuando sintió la presencia de la ojimiel enfrente de ella y presintiendo que la furia de la mujer se iba a cernir sobre su persona, pero se equivocó.
—Te he dicho que confío en ti—musitó por lo bajo la Godaime dando unos golpecitos en el hombro de la kunoichi, que abrió sus sorprendidos ojos. En verdad le agradecía esas palabras, hecho que le dio coraje para seguir. —Ahora explícate.
—Cuando me enfrenté a Orochimaru en el bosque me dijo que quería que yo volviera a su bando, que me fuera de Konoha.
—Bastardo cabrón.
—Sí, pero hace unos días…uno de sus secuaces se presentó en casa de Kakashi conmigo dentro.
—¿¡Cómo!? Qué te dijo.
—Él fue mi mejor amigo cuando pasé mi etapa con Orochimaru.
Tsunade quedó boquiabierta, y no era para menos. Intentó ponerse en el lugar de la joven y en verdad no debería estar resultándole nada fácil estar contando aquello.
—Ese hombre, Hatori…volvimos a vernos ayer en el bosque porque quería decirme algo. No pudo hacerlo en casa de Kakashi porque imagino que quería hablar conmigo a solas, y en ese momento Kakashi apareció.
"Y el tonto de Kakashi no me dijo nada" Se dijo mentalmente la ojimiel, que maldijo para sus adentros al Ninja Copia.
—Hatori me dijo ayer que la razón por la cual yo estaba en Konoha era para traicionaros y cuando tuvierais la guardia baja yo debería liderar un gran escuadrón para destruir la Villa y así Orochimaru poder asesinar al Hokage.
El asombro de la Godaime no podía ir a más.
—Me dijo que Orochimaru era la razón de vivir de todos los que le seguían, que él les daría la libertad absoluta…yo pensé que Hatori también había renegado de Orochimaru, pero me equivoqué.
—¿Me estás diciendo…que ese retrasado mental quiere destruir la Villa?...No sé por qué no me sorprende —la ojimiel cerró bien fuerte sus puños intentando contener su ira hacia ese hombre.
—Voy a decirle la verdad Hokage-sama, Hatori me dijo que yo prometí liderar ese escuadrón antes de que me marché de las garras de Orochimaru, pero de eso hace trece años y yo no recuerdo absolutamente nada porque mi sensei me borró los recuerdos.
—No puedo creerlo…
—Pero de lo que estoy completamente segura es de una cosa…nunca jamás traicionaría Konoha. Prometí proteger la Villa con mi vida y eso es lo que voy a hacer.
La convicción con la que habló Anko hizo que se erizara durante unos segundos la piel de la rubia, que sonrió orgullosa de la kunoichi.
—¿Alguien más sabe esto? —se interesó la mujer.
—Ayer se lo conté todo a Kakashi.
El simple hecho de acordarse del ninja y de la escena de ayer noche con el kunai hizo que se sintiera la mujer más cobarde y una kunoichi que no se merecía serlo.
—Bien. Necesito procesar todo lo que me has contado, pero por el momento puedes marcharte. —Tsunade volvió a su escritorio y contempló el paisaje por el gran ventanal que iluminaba la sala, intentando que el dolor de cabeza que en ese momento le estaba empezando no la debilitara. Aún quedaba demasiado día y demasiadas cosas por hacer.
—Gracias por recibirme, Hokage-sama.
La Mitarashi hizo una leve reverencia mostrando su respeto por la líder de la Villa y dando media vuelta, se dispuso a marcharse del lugar.
—¡Anko! —la característica voz de la mujer hizo que la nombrada volteara de nuevo a verla —No te alejes de la Villa demasiado, y ten mucho cuidado. —añadió esbozando media sonrisa, a lo que la otra le devolvió asintiendo ligeramente con su cabeza.
Lidiar con aquel asunto iba a ser más complicado de lo que parecía, de hecho era la primera gran tarea que se le presentaba como Godaime. Tsunade maldijo entre dientes el preciso instante en el que aceptó el título de mandataría de manos de Jiraya.
…
Cerró la puerta del despacho tras de sí, y cogió aire hondo. La pelimorada no sabía si las palabras de la Hokage la habían reconfortado y por ende le había transmitido la confianza para sincerarse o simplemente se había decidido a contarle sus pesadillas más profundas por la necesidad de sacarse ese peso de encima. Aún así agradeció las buenas intenciones de la Senju por querer ayudarla, y en ese entonces notó que su cuerpo iba más ligero, libre de toda la carga emocional que se había estado reservando para solamente ella.
Cuando Anko le transmitió todo lo que había pasado los últimos días, Tsunade optó por recomendarle que siguiera haciendo vida normal. Al fin y al cabo si algo le ocurría Kakashi no se despegaría de ella. Ese factor fastidió por una parte a la Tokubetsu Jonnin, y es que no quería tenerlo tanto tiempo tan pegado a ella además de que la hacía sentir dependiente de él, pero por otro lado se sentía más segura si el Ninja Copia merodeaba cerca suya. Al fin y al cabo ella era uno de los blancos de Orochimaru.
A pesar de que Tsunade aún no le había entregado su banda ninja, le había transmitido la absoluta confianza que depositaba en ella como kunoichi, hecho que apaciguó un poco a la ojicaramelo en un aspecto crucial para volver a tener en su posesión su adorada banda. Anko sabía que debía calmar su fuero interno cada vez que la palaba Orochimaru entraba por sus orejas y no debía dejarse llevar por los nervios y el miedo que la atormentaban. Su cuerpo también se lo agradecería al no tener activo el Sello.
Caminó tranquilamente por las calles de Konoha sumida en sus pensamientos cuando de pronto una conocida voz la despistó.
—¡Anko-sensei!
La aludida volteó y se topó con la panda que conformaba el Equipo 7 y, como era obvio, el grupo iba seguido de su mentor, Kakashi Hatake.
—Buenos días Anko-sensei, ¿qué hace por aquí?
—Hola gusanos, hace un día espléndido así que me he dicho "¿por qué no un paseo?" —la ojicaramelo contestó a la sonriente pelirosa, aunque no pudo evitar dirigir su mirada al mayor de los shinobis, que como de costumbre no despegaba su vista del libro.
—Anko-sensei, ¿por qué no viene con nosotros a entregar un paquete? —inquirió la niña con su brillante mirada jade.
—¿Yo entregar un paquete? ¿Con vosotros? Creo que prefier-
—Es una muy buena idea, Sakura. Si lo hacéis bien después iremos de picnic para celebrar que hoy es viernes.
Anko se quedó con cara de no entender las intenciones del peliplata, pero a Sakura, Naruto y Sasuke les llegaba la boca al suelo de la inesperada sorpresa ¿su sensei planeando algo todos juntos?
—Demasiado Icha Icha has leído tú... —dijo por lo bajo la Jonnin, aunque sonrió ante la expresión de los otros tres Gennin.
—Por qué esas caras niños. Pensaba que os gustaría, pero si no lo olvidamos.
—¡Es una idea estupenda 'dattebayo! ¡En el fondo yo se que usted mola Kakashi-sensei. —exclamó sonriente el Uzumaki, que giró de nuevo para encarar a la mujer— ¡pelearemos de nuevo, Anko-sensei!
—¡Naruto deja de ser tan pesado! Anko solo vendrá con nosotros porque no tiene otra mejor cosa que hacer, ¿verdad? — el Jonnin frenó las intenciones del niño enseguida, aunque no sabía si había sido buena idea presuponer que la Mitatashi iría con ellos.
—Aquí soy yo la que decide, Hatake—se apresuró a hablar la mujer con seriedad, pero inmediatamente sonrió de oreja a oreja sorprendiendo a los demás— y bien... ¿qué hay para comer?
¡Fín! Espero que os haya gustado ;) Tal vez este capítulo haya sido un poco pesado, pero la conversación con Tsunade era necesaria. Intentaré que se haga más ameno el próximo capítulo.
¡Nos vamos leyendo!
