Capítulo 10 (by Maya)

Estaba recogiendo las últimas cajas de su despacho. Era la última vez que bajaría a su coche para meter sus últimas pertenencias. Cogió el retrato que había estado adornando su mesa durante el último año. Era una fotografía de Lucy cuando tenía 3 años, la última que había tomado de su hija antes de trasladarse a Sídney, hacía ahora casi un año. Desde entonces no había vuelto a verla, pero hablaba constantemente con ella por teléfono, estaría tan cambiada. Tenía el pelo rubio y unos grandes ojos marrones, su sonrisa siempre permanente, llena de dulzura e inocencia. Su regreso a Los Ángeles iba a ser una sorpresa para la pequeña, seguro que no tanto para su ex mujer.

Se caso hacía cinco años, sabía que no duraría demasiado, nunca había sido hombre de compromisos. Era un buen fotógrafo, o eso era lo que decían, pero su trabajo era lo que menos le importaba, motivo por el cual siempre tuvo grandes diferencias con su padre. Desde pequeño le inculcó la necesidad de ser médico como él, de servir a los demás, pero eso no iba con él. Empezó sus estudios de medicina pero lo dejó cuando apenas llevaba dos cursos. y decidió dedicarse a su gran pasión, la fotografía. Siempre había sido muy independiente, nunca le gusto que le dijeran lo que tenía que hacer, que pensar, o como vivir su vida. Él prefería disfrutar de la existencia, viajar, tomar copas en buena compañía y no pensar demasiado en lo que le deparaba el futuro. Nunca se imagino siendo padre, ni siquiera sabía si lo hacía bien. Pero su hija se había convertido en su norte, su fuerza para seguir luchando.

Mientras miraba la foto, pensaba en lo difícil que fue marcharse, pero debía hacerlo. No era el trabajo, era la necesidad de encontrarse a sí mismo. Necesitaba cambiar da aires, una cura de humildad para su ego. Por eso dejó su trabajo en Los Ángeles y decidió probar suerte con otra cosa. y lo había logrado. Ahora estaba preparado para hacer frente a la vida, a los temores. Nunca había estado más seguro de algo en su vida. Ahora podía volver a empezar. Enmendar sus errores del pasado. Podría vivir en paz consigo mismo y con los demás.

Decidió parar a tomar una copa para despedirse de Australia. Encontró un bar no lejos de su centro de trabajo. En el momento de entrar, la puerta le golpeó de repente y cayó. Apenas tuvo tiempo de ver al hombre que le tendió la mano.

-Lo siento tío. Estas bien?
-Deberías tener más cuidado.
-Oye ya he dicho que lo siento, es que tu nunca te equivocas.
-Si yo te contara….- dijo casi en un susurro-Pero estoy bien, gracias.
-Se te ha caído esto. -Sawyer recogió una foto de una niña- Es tu hija?
-No te conozco como para darte esa información- Se la arrebató sin apenas mirarle.
-Tranquilo pucheritos, no hay problema. Que tenga usted una buena noche, hay una mujeres bastante apetitosas ahí dentro….
-Gracias por la información.

Jack entró en el bar y pidió un trago. Cuando estaba a punto de beber una mujer de piel oscura y pelo moreno se le acerco.

-Dicen que no es bueno beber sólo-Dijo la mujer mirándole directamente a los ojos.
-Si eso dicen- sonrió Jack.
-Es muy guapa- La joven miraba la foto que llevaba en la mano y que no había tenido tiempo de guardar, tras su altercado en la puerta.
-Sí, lo es.
-Es tu hija?

Jack sonrió recordando la pregunta que el desconocido le había hecho en la puerta del bar.

-Acaban de preguntarme lo mismo. Si. Se llama Lucy, hace un año que no la veo.
-Yo no conocí a mi padre. Dejó embarazada a mi madre y salió corriendo.
-Lo siento.
-No lo sientas, estamos mejor sin él. Puedo asegurártelo.

Jack podía notar que la mujer había bajado la mirada y el tono alegre del principio había desaparecido. De pronto le tendió la mano.

-Jack
-Ana Lucía.

Ambos se estrecharon la mano.

-¿Y que haces en Sídney, Ana Lucía?
-Trabajo. Soy agente judicial. Tenía un asunto que resolver.
-Y lo has resuelto?
-Yo diría que sí.

La joven no sabía porque pero se sentía cómoda en presencia de este hombre al que apenas conocía, y podía sentir que él pensaba lo mismo. Sin pensarlo dos veces se aproximo a él.

-Oye porque no nos sentamos en esa mesa, así podremos hablar con más tranquilidad.

Ambos estuvieron hablando y bebiendo durante horas, cuando estaban lo suficiente borrachos como para seguir bebiendo, decidieron marcharse juntos. Llegaron al apartamento de Jack. Un momento después ella le desabrochaba la camisa y jack la tiró en la cama. Acabaron enredados dejándose llevar por el calor y el deseo de sus cuerpos.

Cuando Jack despertó, sabía que ella no estaba. En la mesilla encontró una nota:

Gracias por una gran noche, Jack. Que tengas una buena vida. Ana Lucía.

Tenía que tomar una ducha y terminar de hacer su equipaje, en unas horas estaría volando de vuelta a casa.