Capítulo 10

Zelena hablaba por telefoneo con Robin, su fiel compañero de caza de vampiros. Cuando el hombre al otro lado de la línea colgó, la pelirroja se dio cuenta de que hacía poco más de media hora que Regina había subido a tomar un baño y que todavía no había bajado. Así que, decidió ir a su encuentro. Llamó a la puerta un par de veces y como no obtuvo respuesta, entró.

Regina parecía dormir profundamente, cubierta con sus ropas íntimas. Zelena respiró profundamente ante aquella visión. Se acercó, sentándose suavemente en el borde de la cama, para no despertarla. Sus puños se cerraron instintivamente al ver algunas marcas en el cuerpo de la morena, ciertamente hechas la noche anterior. Imaginar lo que aquella desconocida le había hecho en la cama a su hermana despertaba su furia, su rabia y sin querer admitirlo, sus celos.

Cuando fue a levantarse, Regina abrió los ojos, asustándose ante la expresión seria que Zelena tenía en el rostro.

«¡Zelena! ¡Qué susto!» exclamó, llevándose la mano al pecho

«Disculpa, no quise despertarte» murmuró

«¿Pasó algo?» preguntó Regina

«¿Por qué me ocultaste que habías terminado tu matrimonio a causa de aquella desconocida?» pregunto Zelena, levantándose de la cama

«¡Mi matrimonio ya había acabado hacía mucho tiempo! Ella no tuvo nada que ver» respondió con el ceño fruncido

«¿Ah no? ¡El divorcio aún no ha salido y ya te estás yendo a la cama con ella!» exclamó sin lograr ocultar la rabia que sentía.

«¡Cuándo y con quién voy o dejo de ir a la cama es asunto mío, Zelena!» respondió en el mismo tono

«Perdona…perdona. Solo estoy preocupada porque no la conozco y pienso que tú tampoco la conoces. A fin de cuentas, no hace mucho tiempo que ella y la hermana están en la ciudad» argumentó, bajando el tono de voz.

«Sé cuidarme, Zelena. No hay razón para que te preocupes…» dijo ella, abrazando por detrás a su hermana mayor.

Zelena cerró los ojos cuando sintió los brazos de Regina alrededor de su cuerpo. Suspiró, aprovechando aquel momento reconfortante al lado de su hermana a la que amaba tanto.

«Desde que nuestros padres fueron asesinados, tengo miedo de que algo horrible te pase a ti, a Ruby , a nuestra familia» dijo ella, ocultando parte de los motivos por los que se preocupaba tanto por la morena.

«Lo sé, Zelena…sé que te preocupas por nosotras, a fin de cuentas, fuiste tú quien nos cuidó a Ruby y a mí. Pero ya soy una mujer. En pocos meses cumpliré 35 años. Así que, no te preocupes, ¿está bien?» dijo ella, recibiendo una sonrisa de su hermana

Después de la conversación mantenida con Regina, Zelena salió para encontrarse con Robin. La pelirroja le pediría ayuda a su viejo amigo para descubrir quiénes eras y de dónde venían aquellas dos misteriosas mujeres. Aquella historia del Gobierno, de biólogas, no la estaba convenciendo.

Mientras tanto, Regina se preparaba para ir a ver a Emma. Se había olvidado su móvil en el cuarto de la rubia y necesitaba aquel pequeño objeto para actualizar sus asuntos y claro, sería un motivo para volver a ver a su amada otra vez, y así poder aliviar la añoranza que ya la torturaba.

Alrededor de las tres de la tarde, Regina cogió las llaves de su Mercedes y condujo en dirección de la casa del lago. Al parar delante de la puerta, antes de que pudiese llamar, Elsa abrió, dejando espacio para que entrara.

«Emma está en el cuarto» dijo ella, simpática como siempre.

Regina sonrió torpemente. Agradeció la amabilidad y subió. Al subir el último escalón, Emma ya la esperaba apoyada en la pared.

«¿Percibiste mi olor otra vez?» preguntó la morena, recibiendo un apasionado beso como respuesta.

Emma abrió la puerta del cuarto para que Regina entrase, cosa que hizo enseguida. La alcaldesa llevaba una falda larga, tres dedos por encima de las rodillas, y una camisa blanca de botones y manga larga. Emma la abrazaba por detrás, besándole el cuello, mientras la morena le hacía cariños en sus brazos.

«Si hubiese sabido que volverías tan rápido, no me habría vestido» dijo Emma, haciendo reír a Regina.

«¡Deja de ser pervertida, Emma!» la reprendió con falso enfado

«¿Qué hay de pervertido en lo que acabo de decir?» preguntó, mientras la morena se soltaba de su abrazo

«¡Todo! Además, no me voy a demorar mucho. Olvidé mi móvil aquí, ¿lo has visto?»

«Sí» se limitó a decir

«Pues devuélvemelo» dijo ella, dándole besos por toda su cara.

Emma pareció dudar unos segundos. Se separó y caminó hasta un pequeño armario que había en su cuarto. Cuando volvió a acercarse, le entregó a Regina los pedazos de aquel móvil.

«¿Qué es esto Emma?» preguntó Regina, frunciendo el ceño

«Tu móvil» dijo ella

«¿Mi móvil?»

«Sí»

«Cuando salí esta mañana de aquí, me acuerdo perfectamente de haberlo visto entero. ¿Qué ha pasado?» preguntó con sus ojos clavados en los de la rubia

«Tu ex marido estaba llamando. Cuando vi su nombre, me enfadé y lo tiré contra la pared» respondió sin esbozar ninguna reacción

Regina pareció necesitar algunos minutos para comprender aquella respuesta. Sonrió irónicamente, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

«Déjame ver si he entendido bien…Mi teléfono sonó, y cuando viste que era Daniel el que estaba llamando, ¿lo tiraste contra la pared?»

«Exactamente» respondió con naturalidad, recibiendo una bofetada enseguida

«¡Idiota!» exclamó Regina

«¿Por qué me has pegado?» preguntó Emma

«¡Porque no tenías ningún motivo para hacer eso, Emma!» exclamó a gritos.

«¿Todo esto por causa de un teléfono? Te daré otro» dijo ella.

«¡Esa no es la cuestión! ¡Mi agenda estaba toda en este teléfono, mis memorandos, mis compromisos y reuniones! ¡Y por una llamada actúas de forma brutal y lo destrozas todo!»

«No recuerdo que reclamases mi brutalidad cuando rasgué tu vestido e hice lo que quise con tu cuerpo encima de esta cama» rebatió, recibiendo otra bofetada.

«¡Estúpida!» gritó Regina

«Tu enfado me está excitando» murmuró, acercándose

«Sinvergüenza…»

«Tal y como te gusta…» dijo por fin, atrayendo a la morena hacia su cuerpo cuando estoy hizo amago de separarse.

Emma hundió su boca en la de Regina. Por más que la morena intentase soltarse de su abrazo, era inútil, ya que la rubia tenía fuerza suficiente para agarrar a diez Reginas. Al darse cuenta de que no escaparía de la que le estaba sujetando sus brazos, Regina acabó rindiéndose, entregándose una vez más a intensas horas de sexo. Y eso que no habían tenido tiempo de recuperarse de la noche anterior.

«Di que ya no estás enfadada conmigo» susurró Emma besando el hombro de Regina, mientras esta termina de abrocharse la camisa.

«No, pero debería estarlo. Me vas a prometer que no destruirás más mis cosas» dijo ella, mirando aquellos ojos verdes.

«Prometo, pero con una condición» dijo Emma

«¿Cuál?» preguntó la morena frunciendo el ceño

«Que tus ropas no formen parte de las lista de cosas que no voy a destrozar» dijo, haciendo reír a Regina.

Después de una sesión de besos, abrazos y juramentos de amor, Regina se fue.

Pasaban de las seis de la tarde cuando la morena finalmente llegó a casa.

«Percibo olor a amor» dijo Ruby cuando Regina apareció en la cocina.

«Y yo huelo a sabrosa comida. ¿Qué estás haciendo?» cambió de tema la morena, arrastrando una silla para sentarse

«Pate a las finas hierbas» respondió

«Hum…¡parece rico! Voy a tomar un baño y cenamos» dijo Regina

«No te daré el placer de mi agradable compañía, hermana. Voy salir con Elsa a tomar unas copas por ahí»

«Veo que mis dos hermanas no se separan de las dos famosas biólogas» comento Zelena mientras se acercaba.

«Es una pena que no haya una tercera para completar el trio, ¿no, hermanita?» la provocó Ruby

«Te llamé y daba comunicando» dijo Zelena, ignorando la provocación de su hermana pequeña

«Lo perdí, no me acuerdo dónde» se limitó a decir.

«Ruby, ¿por qué no invitas a tus amiguitas a almorzar aquí mañana?» propuso Zelena, con su habitual sonrisa irónica.

«Sabía que estabas loca por conocerlas. Ok, las invitaré, sí. Ahora, si me disculpáis, ¡voy a divertirme!» dicho esto, se retiró.

Después del baño, Zelena y Regina cenaron juntas entre charlas y pequeñas discusiones, sobre todo cuando la pelirroja insistía en la idea de que Ruby estudiara o trabajara. La pequeña de las Mills, de 25 años, nunca se interesó en entrar a la Universidad, y tampoco en trabajar para mantenerse.

Cuando pasaban de las 22:00, la alcaldesa se despidió de su hermana mayor y se fue al cuarto. No tardó en dormirse.

A la mañana siguiente, las tres estaban desayunando cuando el móvil de Ruby sonó. La morena de cabellos largos se retiró para poder atender y a los pocos minutos regresó.

«Elsa y Emma no podrán almorzar con nosotras, pero vendrán para cenar» dijo ella sonriendo

«¿Es impresión mía o tus amigas son bastante hogareñas?» preguntó Zelena

«Están trabajando, Zelena» dijo Ruby

«¡Vaya! ¿Trabajando una mañana de domingo? Ahora entiendo por qué fueron supuestamente contratadas directamente por el gobierno» dijo con ironía

«En este momento, millones de personas en el mundo entero están trabajando, cosa que no veo que tú hagas» rebatió

«¡Tu comentario me hace reír, ya que nunca has sabido lo que es trabajar! ¡Si Regina no te mantuviera, te morirías de hambre!» dijo Zelena, con un tono de enfado.

«¡Ya está bien! ¿Será posible que todos los días estéis así?» exclamó la alcaldesa, retirándose enseguida.

Pasados algunos minutos, Zelena y Ruby se disculparon por los insultos y fueron a hablar con Regina. También le pidieron disculpas a ella, y el resto del día transcurrió de forma tranquila.

Cuando anocheció, alrededor de las 18:30, Elsa y Emma llegaron a la mansión de Regina. Fueron recibidas por Ruby que las acomodó en la sala. Estaban conversando animadamente cuando Zelena apareció y finalmente pudo conocer y ver de cerca a las dos biólogas. Las saludó con falsa simpatía, analizando cada detalle y gesto que hacían ellas. No dejó de reparar en el brillo intenso de los ojos de Emma, así como en el azul apagado de los ojos de Elsa. Aquellas características eran bastante familiares para Zelena. Quien las viera de lejos, diría que aquella dos mujeres no pasaban de mujeres normales, como cualquier otra del mundo entero. Pero para una cazadora de vampiros, la cosa era diferente.

Desde que había conversado con Robin sobre la aparición de las supuestas biólogas, el hombre se puso a vigilarlas de lejos, noche y día, y así como a Zelena, le extrañó el hecho de que solo salieran de casa cuando estaba a punto de oscurecer. Sin embargo, eso no era suficiente. Zelena quería más, quería estar totalmente segura de sus sospechas.

Finalmente Regina descendió y como era de imaginar, fue recibida por una rubia que no lograba esconder la pasión que sentía. A cada paso que daba la morena, la sonrisa y la mirada de lujuria mostradas por Emma se volvían más intensas. Cosa que no pasó desapercibido para la alcaldesa, tampoco para Zelena.

Se saludaron solo con besos en la mejilla y abrazos, y enseguida, se dirigieron al comedor.

Zelena no perdió la oportunidad de bombardear a las dos hermanas con preguntas que, si no fuese por la costumbre que tenía Elsa de leer todos los días, hubieran complicado la cosa. Emma odiaba la lectura, y por ese motivo, no sabía prácticamente nada sobre la profesión que la hermana les había atribuido. Dejando de lado ese hecho, el resto de la cena transcurrió con normalidad.

«Duerme aquí conmigo» pidió Regina, agarrada al cuerpo de la rubia

«¿Estás segura de que quieres eso? A tu hermana parece que no le gusto, tampoco Elsa» dijo Emma, deslizando sus manos por la espalda de la morena.

«Vas a dormir conmigo, no con ella» argumentó mordiéndole la mandíbula

«Ya que insiste, alcaldesa…le diré a mi hermana que no regresaré con ella a casa»

La noche no podría haber sido más agradable para Regina. Después de disfrutar de la compañía de su amada en la cena, era hora de hacer lo mismo en la cama. Hicieron el amor con locura y salvajemente, como a ambas les gustaba, sin preocuparse de las dos ocupantes de los cuartos de al lado.

Mientras Ruby se divertía con la situación y ya preparaba un torrentes de bromas para acabar con la paciencia de Regina al día siguiente, Zelena se controlaba para no invadir aquel cuarto y arrancar a aquella mujer que, a esas alturas, ya debería estar entre las piernas de su hermana. Así que, optó por encerrase en el despacho, preparándose para desenmascarar a Emma ante Regina.

Supongo que a estas alturas ya habréis descubierto los sentimientos de Zelena hacia Regina. ¡Incesto! No sé si sacaros de la duda sobre si Zelena va a llevar esos sentimientos más lejos.