XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

— ¡Se llevaron a mi hijo! ¡Se llevaron a mi hijo!— chillaba una mujer de forma desesperada.

Todos guardaron silencio. Muy pocos eran los que se atrevían a ver a la pobre mujer. Uno de los hombres se puso en pie y avanzó hasta la desdichada.

— Ven, Margareth. Tranquila.

— Ray… Tienes que ayudarme a encontrarlo, tienes que ayudarme a salvarlo— la mujer se abrazó al hombre y sollozó audiblemente.

— No podemos hacer nada.

— ¡No digas eso! ¡No es muy tarde! Deben… deben estar en camino, podemos interceptarlos. ¡No puedes permitir que se lleven a Robert!

El hombre llamado Ray negó con la cabeza. Nadie hablaba, todos parecían encontrarse muy consternados como para reaccionar.

— Han pasado seis horas, Margareth.

La mujer rompió a llorar. Incapaz de mantenerse en pie, cayó al suelo. Muchos fueron los que se levantaron a ayudarla. Ray soltó un suspiro y se dio la vuelta. Todavía podía escuchar los sollozos perforar sus tímpanos.

— Denle una poción para que pueda tranquilizarse— ordenó lúgubremente.

Un chico se le acercó rápidamente — Ray, sabes que no tenemos los suficientes suplementos como para permitirnos gastárnoslos.

El hombre bajó los ojos al chico — Tu sabes perfectamente que Robert morirá. Lo menos que podrías darle es un maldito momento de paz a esa mujer, acaba de perder a su hijo.

Vio inmediatamente como la mirada de joven se ablandaba y asentía con la cabeza. Dio unos cuantos pasos y se aproximó hacia la ventana. Estaba lloviendo a cántaros. El silencio era roto solo por el continuo golpeó que hacían el agua contra el techo de la casa.

— Ray— escuchó como lo llamaban. Se giró.

Una chica se le acercó — Han capturado a ocho de los nuestros.

Ray palideció — ¿Cuándo?

— Hace diez minutos.

Un hombre se levantó de pronto. Había estado cerca de la chimenea sin intervenir — Esto ya es demasiado, Ray. No podemos seguir perdiendo vidas de esta manera.

Ray se dirigió a él — ¿Que quieres decir con eso, David? ¿Qué insinúas?

David apretó los puños. Todo el lugar estaba en completa tensión. La mujer miraba a los dos magos intercaladamente.

— Que no puedes pedirle a estos chicos que arriesguen su vida. Todos tenemos la opción de huir y escondernos. Dada la situación, creo que es lo más sensato.

La mujer se le adelantó — Hablas como si fuera un juego. ¡Estás equivocado, David! ¿No lo ves? ¡No tenemos opción!

— ¡Si la tenemos! En menos de media hora hemos perdido once personas.

— ¡Nosotros hemos matado a casi cuarenta de los suyos! ¡Podemos hacerlo! ¡Tenemos el poder, pero nos falta el valor!— la mujer parecía estar perdiendo la paciencia.

David la ignoró — Ray, la mitad de nosotros no poseemos varitas, no tenemos ayuda de nadie. Apenas si nos alcanzan nuestros suplementos. N siquiera podemos hacer una miserable poción mulitjugos. Ellos nos llevan una inmensa ventaja. Él es demasiado poderoso para nosotros solos.

Ray asintió —Es la verdad— la mujer lo miró furiosa — Por ese motivo he buscado ayuda. Charlene, no me mires así. David tiene razón.

La mujer bufó algo incoherente antes de respirar profundamente — ¿Qué quieres decir con una ayuda?

Ray sonrió levemente ante el desconcierto de sus interlocutores — Ya debe estar en camino.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Tomó un sorbo de café mientras pasaba rápidamente las páginas del periódico. Era algo completamente tonto, dado que él sabía y autorizaba las noticias antes que salieran publicadas. Escuchó como la puerta se abría y levantó la cabeza.

Bellatrix apareció con una expresión sombría y deprimente. Voldemort entrecerró los ojos y ladeó la cabeza con curiosidad. La mujer llegó a su altura y se sentó en la silla más alejada que encontró. Hubo un silencio entre ambos.

— Bella ¿te sientes bien?— le preguntó irónicamente. No es que le importase mucho, pero era mera cortesía.

— Estoy bien, mi señor

Voldemort le lanzo una mirada totalmente inexpresiva antes de volver a su lectura. Escuchó como la bruja llamaba al elfo y le pedía el desayuno. Volvió a alzar la taza y tomó otro sorbo de café.

— Mi señor…

Levantó la vista una vez más. Bellatrix lo miraba de una forma tétrica.

— ¿Has pasado la noche con una mujer?

Se hizo otro silencio. Voldemort se recostó contra el respaldo de su silla y sonrió de forma implacable. Al ver la expresión de duda de la mujer, no pudo evitar que una fría risa saliera de su garganta.

— ¿Por qué piensas eso, querida?

Bellatrix no respondió. Había empujado su plato hacia al frente y observaba la mago con fijeza, exigía una respuesta. La sonrisa de Voldemort se ensanchó, aunque volvió a prestar atención a su taza de café.

— No digas tonterías, Bellatrix.

— ¿Para quién era la bata que te llevaste anoche?— le preguntó con la misma frialdad. Voldemort arqueó una ceja, aunque su expresión era de profunda diversión.

— Eso no te incumbe. ¿Desde cuándo puedes hacerme esas preguntas, Bellatrix? Dime, ¿Desde cuándo te crees con la autoridad para cuestionar las cosas que hago?

Esta vez había un claro tono de descontento en la voz del mago oscuro. Bellatrix parpadeó confundida antes de mirar hacia la pared. No podía evitar que su sangre empezara a hervir de pura rabia.

Voldemort, por su parte, entrecerró los ojos de forma peligrosa. Golpeteó la mesa con sus dedos, cosa que era usual cuando su mal humor se hacía presente. Bellatrix lo observó rápidamente.

— Lo siento, mi señor. No fue mi intención…

Voldemort hizo un gesto con su mano, como quien zanjado el asunto — No estuve con ninguna mujer, Bellatrix, si es lo que te preocupa. Y no voy a responder más preguntas estúpidas.

La mujer asintió sin decir nada más. Voldemort cerró el periódico de golpe y se le quedó viendo. Se llevó una mano al cabello y se lo aplastó, se puso en pie y se sentó muy cerca de la mujer. Ésta lo observó fijamente.

El Señor Oscuro le sonrió levemente antes de tomar su mano y besársela. Inmediatamente notó como la bruja se relajaba y le devolvió a la sonrisa. Voldemort se regodeó internamente, que fácil era mantener a una mujer contenta.

— Han llegado los ocho prisioneros. Yo tengo que viajar esta noche, pero puedes divertirte con ellos.

Bellatrix asintió — Gracias, mi señor, pero creo que hoy no tengo ánimos para eso. Iré a darle una visita a Narcissa.

Voldemort notó una punzada en la cabeza. Que la mujer hubiese rechazado su generosa propuesta de interrogar a los recién llegados le había causado una leve molestia; pero aún así, sonrió.

— De acuerdo, haz lo que quieras.

Bellatrix le dio un breve beso en los labios antes de ponerse en pie — Mejor me voy preparando, mi señor. Le dije que estaría allí temprano.

El hombre asintió levemente. Vio como la mujer hacía desaparecer su plato, que prácticamente había dejado intacto y se dirigía hacia la salida. Voldemort se recostó del respaldo y se acarició las sienes. Era estresante lidiar con esa mujer. Ni siquiera sabía por qué demonios se iba a casar con ella.

No tenía idea de cuento tiempo llevaba en esa posición. Mirando la pared persistentemente, como si se sintiera maravillado con ella. Estaba de muy mal humor, y era seguro que alguien pagaría por ello.

Escuchó un golpe en la puerta y giró la cabeza. Abrió los ojos sorprendido al ver a la sangre sucia parada en el umbral. Ésta lo miraba nerviosa, estaba vestida con el mismo pijama con el que la había encontrado. Parpadeó varias veces, había olvidado darle algo de ropa, estaba tan cegado anoche que se había olvidado de ese detalle.

Le hizo un gesto con la mano y la joven se acercó algo temerosa.

— ¿Qué haces tú aquí?— le preguntó bruscamente.

La bruja pareció notablemente ofendida. Voldemort ladeó la cabeza y soltó un suspiro.

— Te dije que no salieras de la habitación— le dijo de forma obstinada.

— Lo siento, mi señor… pero mi amo no ha venido a buscarme. Quizás, si usted pudiera llevarme de vuelta, le estaría más que agradecida.

— ¿Yo? ¿Llevarte? — se burló él — Esperarás que Snape te venga a buscar.

Hermione bajó la mirada a su ropa — ¿Qué pensará mi amo cuando me vea vestida así?... mi señor

Voldemort hizo un gesto desdeñoso con la mano — De acuerdo — aceptó de mala gana — Yo te llevaré—

— Gracias, mi señor— respondió ella al ver como se ponía en pie. Pero de pronto el mago oscuro se detuvo.

— Deberías desayunar — le dijo volviendo a sentarse. Hermione se estrujó las manos, se sentía horriblemente incomoda estando así.

— Mi señor… puedo desayunar en la casa de mi amo.

Voldemort le lanzó una mirada helada y despectiva — ¿Que te hace pensar que tienes opciones? Siéntate, desayunarás.

Hermione obedeció — No quiero causarle problemas, mi señor… claramente se nota que no está de buen humor, lo menos que quiero es ser un estorbo— le dijo mientras un delicioso plato aparecía frente a sus ojos.

El mago apretó su mano derecha y miró a la chica con furia. No estaba dispuesto a soportar insolencias y faltas de respeto. Pero se obligó a calmarse, debía reconocer que esa chica no tenía ninguna culpa por la actitud de Bellatrix.

La vio comer de forma parsimoniosa, no podía despegar sus ojos de su rostro. Ella parecía darse cuenta, pues estaba sonrojándose y evitaba su mirada.

— ¿Has descansado?— le preguntó con suavidad. Su ira parecía estar aplacándose por momentos.

Hermione asintió, por fin, viéndolo a los ojos — Es una habitación muy cómoda.

Voldemort se inclinó hacia ella. Hermione dejó caer el tenedor ante la impresión de tenerlo tan cerca. Vio como los brillantes y despiadados ojos del mago la detallaban. Eso la hizo tensarse de inmediato.

— Termina tu desayuno, debemos irnos — le indicó.

Hermione se apresuró y rápidamente su plato estuvo vacio. Voldemort se puso en pie, con la chica imitándolo. Le tendió el brazo y ella lo sujetó de inmediato. No pudo evitar estremecerse al recordar el tacto de la suave tela de su taje contra su piel. No supo si el hombre también había sentido algo, puesto que justo en ese momento, cuando se tocaron, él había bajado sus ojos hacia ella, pero sin decirle nada.

Notó una sacudida y como sus pies se despegaban del suelo. Abrió los ojos, totalmente asombrada. Estaban en su habitación. Su cama estaba tal cual como la había dejado, y supo de inmediato que Snape no había regresado de su misión.

— Gracias, mi señor — le dijo, soltándose y alejándose unos pasos de él.

Voldemort no respondió. Vio como la joven se separaba y tuvo el urgente impulso de llevársela de vuelta. Dio un paso y la sujetó de la mano, jalándola un poco hacia él. Vio como la chica se ponía nerviosa y sus ojos se abrían de sorpresa. Era estimulante verla así.

No estaba seguro si debía permanecer mucho tiempo con esa chica. La tentación por volver a estar con ella se estaba volviendo algo molesto. Pero no podía hacerlo, ya había aplacado su deseo, no tenía ninguna necesidad de estar buscándola de nuevo. Ahora debía enfocarse en su futura esposa, su tonta futura esposa.

Quería decirle algo. No se había percatado en qué momento la había estado halándola más hacia su cuerpo; pero la temblorosa chica ya había entrado en sus brazos.

— Mi señor… mi amo puede llegar en cualquier momento…

No podía más. Puso sus largos dedos sobre la barbilla de la joven y la besó. Su mente trabajaba a toda máquina; si a Snape se le ocurría entrar a esa maldita habitación, lo mataría en el acto. Estrechó a la chica entre sus brazos y empezó a acariciar su cuello con las yemas de sus dedos. La escuchaba gemir, pero sabía que estaba inmensamente nerviosa. Se separó de pronto.

— ¿A que le temes?— le preguntó molesto — ¿Qué Snape llegue? ¿Qué importa eso?

Hermione respiraba entrecortadamente — Fue usted quien me dijo que no debía decirle esto a nadie. Si mi amo nos ve…

Voldemort se giró y miró la puerta con ferocidad. No tenía ningunas ganas de matar a su mejor mortífago, prácticamente era su mano derecha y no podía perderlo por un momento de lujuria. Observó a la chica y se alejó de ella.

— Es verdad, sangre sucia. Y eso debe mantenerse así— gruñó antes de darse la vuelta.

Hermione se quedó de pie, mirándolo, totalmente alucinada ante sus abruptos cambios de parecer. Voldemort se acomodó la corbata y la observó atentamente.

— Probablemente tú seas, a partir de ahora, la encargada de elaborar todas las pociones que necesite, dado que Severus no tendrá el tiempo — le aseguró con frialdad —. Me encargaré que Snape te dé todos los detalles.

Hermione asintió despacio. Vio como el hombre le lanzaba una última mirada antes de desaparecer.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Narcissa Malfoy iba con una bandeja en la mano. La colocó cuidadosamente sobre la mesita que tenía justo al frente y se sentó junto a su hermana.

— Bella, ¿quieres beber algo?

Bellatrix negó con la cabeza. Se enderezó y miró fijamente la bandeja que tenía delante.

— ¿Dónde está Lucius?— preguntó quedamente.

— Ya viene.

La bruja asintió. Se sentía sumamente mareada.

— Bella, ¿Qué ocurre? Pocas veces te he visto así.

Bellatrix respiró profundamente — El Señor Oscuro… creo que está con una mujer.

Narcissa parpadeó varias veces, quizás tratando de comprender la información — Es absurdo, Bella. ¿Por qué piensas eso?

Bellatrix miró a su hermana — Anoche… anoche me rechazó, Cissy. Se fue, durante horas… me dijo que tenía trabajo. Pero no era cierto, eso lo sé. Y vino a las tres de la mañana, prácticamente desvestido, con el cabello alborotado, buscando una bata para alguien… y se llevó una de las mías, y es obvio que era para otra mujer. Te lo digo, tenía a una en la mansión.

Narcissa abrió los ojos totalmente desconcertada — ¿Una mujer?— se interrumpió al ver entrar a Lucius. Bellatrix alargó una mano y se llenó una de las copas que tenía más próxima.

—Vaya, Bellatrix. Comenzamos temprano — comentó el hombre mientras se sentaba al lado de su esposa.

— No juegues conmigo, Lucius. No estoy de humor— le espetó la bruja.

— ¿Qué te ha pasado? ¿Aún sigues pensando en la sangre sucia?— se burló el mago. Narcissa lo miró de mala manera.

Bellatrix negó con la cabeza — Antes esa pequeña inmunda era mi prioridad, ahora tengo otro asunto más interesante. El señor Oscuro tiene una prostituta.

Lucius rió — No me digas.

— Bella, te aseguro que debe ser una equivocación. Sabes que el Señor Oscuro muy pocas veces se ha interesado por otra mujer. Además, te ha escogido a ti. Se ha deshecho de Caroline para casarse contigo. Y sabes perfectamente que Caroline es una mujer muy hermosa— comentó Narcissa acompañando a su hermana en la bebida.

Bellatrix la miró — ¿Estará con ella? No es un secreto que Caroline desea volver a estar con él. Bueno, honestamente ¿Qué mujer no quisiera estar con un hombre como él?

Lucius parpadeó y Narcissa se removió incomoda.

— Bueno, yo soy una de esas mujeres— le contestó en voz baja.

Bellatrix la miró — Ya tienes a Lucius, siempre has sido muy conformista, Cissy… Sin ofender— añadió dirigiéndose al mago.

—Tranquila, Bellatrix. Me lo tomé como un cumplido— le respondió el rubio con una sonrisa sarcástica.

La mujer le devolvió el gesto mientras bebía un sorbo de vino. Narcissa suspiró y se dirigió a su hermana.

— Como te seguía diciendo. Seriamente dudo que el Señor Oscuro esté con Caroline. Además ella no tiene ninguna necesidad de usar tu ropa, Bella. Si es verdad lo que dices, es muy probable que fuera una mujer que encontró por ahí y quiso pasar un momento con ella.

Bellatrix apretó la mandíbula. Lucius rió, pero enseguida desistió al ver la mirada asesina que su cuñada le dirigía.

— ¡Vamos, Bellatrix, vamos! No seas tonta. El Señor oscuro ha estado con todos nosotros y jamás mostró el más mínimo interés en estar con otras mujeres. De hecho cuando algunos mortífagos traían esclavas, él se alejaba. No puedo asegurarte que no hubiese bebido anoche y capaz si, consiguió una mujer y se la llevó a la mansión. Pero si me lo preguntas, seriamente lo dudo.

Narcissa asintió — ¿No se lo preguntaste a él?

Bellatrix asintió. Se sentía algo deprimida de estar teniendo esa conversación — Me lo negó. No me quiso dar ninguna explicación por la bata que tomó.

Lucius se recostó en el sofá — Entonces son insistas.

La bruja levantó la vista — Tu puedes averiguarlo, Lucius.

El hombre abrió los ojos — ¿Averiguar qué? ¿Te has vuelto loca?

— Tú debes pasártela con los mortífagos y esas mujeres que se consiguen. Quizás veas al Señor Oscuro.

Narcissa puso mala cara y Lucius se enderezó — ¿Yo? ¿Con mujeres? He hecho muchas cosas, Bellatrix, pero no ando con mujeres — le espetó molesto.

La mujer asintió — Si, si, por supuesto. Pero podrás ayudarme. Si ves alguna conducta inusual, me lo dirás.

— Si… para que le vayas a decir al Señor Oscuro que yo te dije… por supuesto.

— No seas idiota. Solo necesito asegurarme. Y si está con otra mujer, la mataré… eso asegúralo— le contestó con un tono helado.

XXXXXXXXXXXXXXXXX

Se sentía abrumada. Las manos le temblaban por momentos. Trataba de acomodar toda la casa, pero le estaba resultando una tarea complicada. Ahora si tenía un gran problema encima.

Quizás podría echarse la culpa, no debió haber permitido que Snape la besara, y muchos menos que lo hiciera Voldemort. Quizás con Snape podría haberlo aceptado, pero nunca pensó en que el Señor Oscuro también la buscara de esa manera.

Toda la situación se había vuelto inverosímil. No comprendía porque esos dos hombres deseaban estar con ella. Consideraba que nunca les había dado motivos. Y ahora, no podía evitar sentirse algo atraída por los dos.

Al principio pensaba, que dada su condición, tampoco sería muy prudente negarse. No creía que Snape pudiera forzarla a algo. Pero con Voldemort todo era muy diferente, no podía imaginarse diciéndole que no a él. Tenía que estar clara con eso. Prefería mil veces dejarse hacer, a que ese hombre decidiera violarla o algo parecido.

Miró por la ventaba y notó que llovía. Se sentía deprimida, ansiaba poder recuperar su libertad y escapar de todos esos miedos; pero sabía que esos días, si llegaban, estaban todavía muy muy lejos.

Se subió a una silla y empezó a acomodar los libros que había en un pequeño mueble. Dado el cuidado regular que le daba a la casa, todavía permanecía todo limpio. Bajó y se miró en uno de los espejos. Sus labios estaban enrojecidos y le ardían un poco. Se los tocó con suavidad e su rostro se contrajo en una mueca de dolor.

Imaginaba por que los tenía así. Voldemort la había besado toda la noche, hasta el último momento en que la había dejado dormir. Pensó que sería un hombre implacable y dominante, quizás hasta cruel. Pero se había equivocado. Era notablemente diferente a Snape, que había resultado ser atento y dulce con ella. Pero, aunque Voldemort había resultado ser muy posesivo, también era apacible y parecía tener todo el tiempo de mundo para hacer lo que quería.

Notó que sonreía estúpidamente y borró el gesto de su cara. Siguió limpiando, intentado que las imágenes de la noche anterior salieran de su cabeza. Se agachó para recoger algunos periódicos viejos, y, sin querer leer sus portadas, los dejó amontonados en una silla.

Escuchó como la puerta principal se abría y se dio la vuelta. Snape regresaba, con una ligera capa de nieve que le cubría los hombros. Hermione le sonrió. Se sentía extrañamente aliviada de verlo.

— Señor…

Snape levantó la cabeza y se quitó la pesada capa. La nieve cayó al suelo y Hermione sonrió forzadamente. Acaba de limpiar el piso y ya estaba empapado. Snape se frotó las manos.

— Hacía un condenado frío en ese lugar. Lamento haberme retrasado, Granger. Pero tenía más trabajo de lo que imaginé. Extraño, porque el Señor Oscuro me dijo que sería poca cosa.

Hermione alzó una ceja — No se preocupe, señor. Le hice el almuerzo, por si tiene hambre.

Snape la miró — ¿Tú ya comiste?

Hermione negó con la cabeza — Estaba limpiando un poco la casa, señor.

Snape le sonrió — Bien, porque te traje algo de comer. No tengo idea de lo que es… así que nos arriesgaremos.

Hermione rió y se acercó hasta él. Sujetó las bolsas que el mago le tendía y fue hasta el comedor — ¿Qué es? Se ve extraño…

Snape se le acercó y puso una de sus manos en su cintura — No se…— contestó mirando el plato — Parece ser ¿carne? Bueno si no te gusta podemos comer otra cosa.

Hermione negó con la cabeza con una sonrisa — Creo que debemos probarlo primero.

Snape frunció el entrecejo — Estuve en Finlandia… ni siquiera sé cómo se pronuncia este plato. Muy bien, siéntate.

Hermione obedeció y Snape se ubico a su lado. Aunque tenía un aspecto truculento, resulto ser una comida muy agradable, aunque ninguno podía adivinar que era.

— Debe tener algún tipo de condimento extraño— opinó ella mirándolo de cerca.

Snape asintió. Parecía muy relajado de haber vuelto. Hermione sintió como el hombre estiraba su mano y sujetaba la suya propia. Trató de parecer natural ante ese gesto. Debía admitir que seguía produciéndole una rara sensación.

— Hoy me quedaré todo el día— dijo en voz baja. Hermione lo miró y sonrió sutilmente.

— Sí, creo que debería tomarse unas merecidas vacaciones, así sea un solo día.

Snape se levantó y la ayudó a hacer lo mismo. Notó como el hombre se acercaba para besarla y entreabrió los labios, permitiéndole el paso.

— Parece cansado, señor — comentó ella.

Snape la observó atentamente — Tu también ¿has dormido bien?

Hermione asintió — Aunque me siento exhausta.

Snape le acarició el rostro — No te he pedido que limpies la casa.

Hermione se mordió el labio — No necesita pedírmelo, debo hacerlo.

Snape rió — Pues esta vez, te pediré algo diferente.

Hermione asintió — ¿Qué necesita, señor?

— Quiero descansar… ¿podrías acompañarme?

La chica lo miró y sonrió — Si, señor… me encantaría.

Snape volvió a besarla. La sujetó de la mano y la condujo hasta su habitación. Subieron las escaleras y por fin entraron en la recamara del hombre.

Snape la sujetó por la cintura y ambos cayeron sobre la cama. Hermione rió al sentir el peso del hombre sobre su cuerpo. Lo miró y vio que los ojos de Snape, normalmente inexpresivos, tenían un brillo diferente. Levantó un poco la cabeza para besarlo mientras las manos del mago la acariciaban.

Finalmente el hombre giró y cayó sobre la cama, justo a su lado. La chica se arrimó a él y apoyó su cabeza en su pecho.

— Realmente estas agotada. Lo puedo ver.

Hermione asintió levemente. Un delicioso calor se iba extendiéndose por todo su cuerpo, logrando que la somnolencia la venciera. Notó como los brazos del mago la sujetaban y la aprisionaban contra su cuerpo. No supo en qué momento ambos cayeron dormidos.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

— No deja de llover— comentó una mujer sentada frente al fuego.

Un hombre de cabello castaño oscuro se dio la vuelta y la miró. Era alto y delgado, pero musculoso. Sus ojos, de un verde brillante se clavaron en la bruja.

— No importa… ella vendrá.

— Ray, todavía no nos has dicho quien es.

— Hannah, ya debe estar en camino. Pronto la conocerás… ¿Dónde está David?

La mujer se encogió de hombros — Creo que está con Margareth. La mujer ha colapsado, Ray. Tuvimos que darle una poción para dormir ¿crees que Robert haya muerto?

Ray asintió — Esos malditos ya lo habrán hecho. Robert no tenía mucha información que pudieran sonsacarle.

Hannah miró el fuego — Lo han torturado. Igual que a Todd, a Kayla, a Madison… No importa cuanta información tengan o lo que ignoren.

— ¡Si importa! Importa porque la vida de los demás depende de ello. Si ellos nos descubren…. Estamos muertos… y no podrás cuidar a tu pequeña hija— le espetó Ray.

— Ya lo sé. Pienso todos los días en ella… solo tiene cuatro años, Ray… no quiero pensar en lo que le pueden hacer si…. — la voz de la mujer se quebró — esos malditos…

Ray se le acercó y se agachó a s altura — La protegeré, Hannah, pondré mi vida en ello. Es totalmente inocente en esta guerra.

— Si tan solo yo no hubiese estado con John… quizás ella tendría un futuro diferente.

Ray la sujetó del brazo — SI tuviste a tu hija con un muggle no importa, Hannah. Tienes derecho estar con quien quieras. Tu hija es una bendición. Y espero verla crecer en un mundo diferente. Ella debería ir a Hogwarts, que es donde pertenece. Por favor, no se te ocurra culparte…

Unas pisadas los interrumpieron. David venía seguido de Charlene. Ray y Hannah se pusieron de pie.

— Margareth se ha dormido. ¿Por qué has mandado a llamar a todos?— preguntó David mirando a su alrededor.

— Porque ya viene… y es necesario que todos la conozcan.

Como en respuesta. Varios hombres y mujeres empezaron a aparecerse en el gran salón de la casa. Los ojos de Hannah recorrieron a los presentes. Algunos parecían abatidos por las recientes perdidas y otros tenían las miradas más frías que el mismo hielo.

— ¿Quién es?— preguntó Charlene ignorando el sonido de las apariciones.

— Una mujer… una bruja. Viene de América.

Todos guardaron silencio. David saludo a un par de personas — Algunos no pudieron venir, Ray. Por ciertos problemas, pero la mayoría ya estamos aquí. Ahora, cuéntanos… ¿quién es esa mujer?

Ray junto las manos, como si rezara, y miró a los presentes.

— Muy bien. Dada la situación actual… hemos acabado con la vida de muchos mortífagos, y no puedo expresar mi orgullo y agradecimiento con cada uno. Sé que han hecho muchos sacrificios, y muchos no pensaron que terminarían siendo "asesinos" Pero debemos recuperar el mundo que hemos perdido a manos de los mortífagos y de Aquel- Que- No- Debe- Ser- Nombrado. Lo hacemos por nuestros hijos, por nuestros hermanos y amigos. Pienso constantemente en aquellos niños que esperan una oportunidad para ser libres, y por aquellos que todavía no han nacido.

Todos guardaron un silencio absoluto. Hannah dejaba caer algunas lágrimas. David se aproximó para reconfortarla. Ray tomó aire y continuó.

—… debemos hacerlo en honor a ellos que hemos perdido. Debemos hacerlo en la memoria de Aspen… que dio su vida por nosotros, por nuestra causa. Sacrificó su seguridad personal, se infiltró en las filas del Señor Oscuro y logró darnos información que nos permitió salvarnos en múltiples ocasiones. Ahora, alguien se ha ofrecido a ayudarnos. Para quien no la conozca, es una poderosa bruja, viene de América y honestamente todavía no la he visto en persona. Ya debe estar por llegar. Es una conocida enemiga de las Artes Oscuras y ha prometido ayudarnos en esta misión.

— ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ella?— preguntó un hombre.

Hubo un murmullo de aprobación ante el comentario. Ray los miró y levantó una mano — Aspen fue quien la contactó antes de ser descubierta. Confío en el juicio de Aspen y sé que esta mujer nos podrá ayudar. Igualmente no es que tengamos muchas opciones.

Hannah asintió — Yo pondría las manos en el fuego por Aspen.

Muchos asintieron. Ray sonrió complacido — Por eso los he citado a todos, quiero que la conozcamos…

— ¿Traerá un ejército?

Ray negó con la cabeza — No lo sé…

— ¿No sabes absolutamente nada de esta mujer, Ray?— preguntó David.

— Sé exactamente lo mismo que tú… prefiero confiar en esa mujer antes de huir y esconderme como un cobarde ¿no lo crees?— le contestó cortantemente. David le lanzó una mirada de disgusto antes de darle la espalda.

— ¿Y por qué no…?— pero la pregunta quedó inconclusa al escuchar un golpe en la puerta. Se hizo un silencio absoluto. Casi nadie parecía respirar.

Con un movimiento de su varita, Ray abrió la puerta. Fueron muchos los que lo imitaron, teniendo sujeta su arma, listos para atacar si fuera necesario.

Pero todos se quedaron con la boca abierta al ver entrar a tres hombres altos. Parecían ser muy toscos, pero cuando levantaron las cabezas, una expresión jovial cruzó sus rostros.

— Buenas tardes— dijo uno con un tono relajado. Los otros dos hombres también saludaron. Ray les sonrió, aunque le era difícil ocultar su nerviosismo. Iba a dar un paso cuando otra persona entró tras los hombres.

Era una mujer alta, morena y de cabello negro. Tenía los ojos oscuros, llenos de viveza y astucia. Cuando miró a todos los presentes, sonrió, y su gesto fue suficiente para que más de uno empezara a temblar. La mujer era intimidante.

Tenía en sus brazos a un pequeño animal, que todos reconocieron como un dingo. Asombrados de cargara a ese pequeño cachorro salvaje, muchos se miraron entre ellos.

Dándose cuenta de que observaban al animal, uno de los hombres avanzó y explicó con una sonrisa — Hemos encontrado a esta cría durante el trayecto hasta aquí.

La mujer no dejó de sonreír en todo momento que estuvo de pie. Observaba la casa con curiosidad. No parecía molestarle el hecho de que todos la observaran con la boca abierta.

Ray fue el primero en componerse. Se acercó hasta los hombres y les estrechó la mano uno a uno, ni siquiera podía entender bien sus nombres. Estaba muy impresionado. Se aproximó a la mujer y le tendió la mano con algo de duda.

Ella lo miró fijamente a los ojos, antes de sujetar bien al animal y levantar un brazo para estrecharle la mano. Su saludo era cálido y firme.

— Bienvenidos. Muchas gracias por venir. Quisiera presentarme, mi nombre es Ray Farber. Soy el líder de este pequeño grupo que ves aquí. Somos conocidos, efectivamente, como el grupo PHAM…. — se interrumpió cuando vio a la mujer sonreír.

— Sé perfectamente quien eres…— su voz era suave, pronunciando cada palabra lentamente, como si quisiera dejar claro el mensaje que estaba transmitiendo — Yo soy Sayen.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

OH SI, OH SI… ¿QUE TAL? ESPERO ME DEJEN UN RR CON SUS COMENTARIOS. MIENTRAS TANTO LAS DELEITO CON UNA FOTO DEL VOLDEMORT DE ESTA HISTORIA. COMO YO ME LO IMAGINO, CLARO ESTÁ. AUNQUE MI VOLDY NO TIENE BARBA, ESTA MUY CERCANA ESA IMAGEN. ESTÁ PUBLICADA EN LA PAGINA DE FACEBOOK, POR SI DESEAN IR A VERLA :3

w w w. facebook PrincessPanchali12

(Todo junto)

O simplemente búsquenme como "Princess Panchali"