De Orgullo y tormentas.

Cuando Harry despertó a su joven esposa, ella pensó que aun era de noche, pero el capitán ya estaba perfectamente vestido para iniciar un nuevo día. La sacó de la cama y la ayudo a vestirse. Mientras ella se arreglaba el cabello, Harry se ocupaba de los corchetes del vestido. Después le colocó la capa y la espero a fuera de la habitación, mientras Hermione trataba de quitar cualquier rastro de sueño en su rostro.

Desayunaron rápidamente, al cabo de un rato se dirigían al barco que ya presentaba el movimiento por la tripulación que se dedicaba a cargar "la Llama" para poder regresar a casa. Todos se detuvieron al ver llegar a la pareja y observaron a la hermosa esposa de su capitán, la siguieron con la mirada hasta desaparecer tras la puerta del camarote principal.

Una vez ahí, Hermione se metió en la cama y quedó profundamente dormida, ya que no se enteró en que momento Harry le cubrió con un edredón. Tras terminar el almuerzo que le llevó Fred, subió a cubierta, apoyada en el pasamanos de proa observando la actividad de los marinos. Desde ahí podía escuchar la voz grave y autoritaria de Harry en distintas partes del barco. A ratos lo veía hablando con Neville o con algunos comerciantes.

Era tarde cuando George llegó en un carro tirado por caballos transportando su baúl, las pertenencias del Capitán y la tina del baño de la posada. Confundida observó que todo eso lo subían a bordo. Comprendió que Harry le había comprado la tina, lo busco con la mirada, lo encontró hablando con Neville. Hubo un momento en que sus miradas se cruzaron, Hermione se sentía feliz y llena de vitalidad, su sonrisa era dulce y calida. Al verla Harry quedó atrapado en un hechizo. El señor Neville se aclaró la garganta y repitió la pregunta.

Estaba anocheciendo cuando Madame Maxime y dos de sus asistentes llevaron los vestidos de Hermione. Después de dar su consentimiento sobre los vestidos, Harry empezó a contar el dinero para pagar.

-¿Lo veremos el próximo año en estas tierras, capitán?

-No-

Una sonrisa en la cara de la modista se hizo presente. –Cuando regrese, vendrá a mi tienda a comprar nuevos vestidos ¿Verdad?- afirmó y con coquetería añadió- Mis talentos están a su disposición.

Hermione estaba concentrada guardando los vestidos dentro de su baúl. No comprendió el comentario de la señora, pero Harry lo captó perfectamente. Sus ojos verdes evaluaron el cuerpo de la modista y corrigió.

-Me ha entendido mal señora, quiero decir que este es mi ultimo viaje a las colonias, es mi ultimo viaje-

Impresionada por la respuesta, la corpulenta mujer retrocedió. Instantes después Harry le daba el dinero que le debía. La modista no esperó contarlo y sin despedirse se marchó.

La cena transcurrió en silencio. Al terminar Hermione se acurrucó en la cama mientras él leía sentado en el escritorio.

Los siguientes dos días pasaron veloces. La carga estaba en su lugar perfectamente cubierta y atada para evitar cualquier accidente. Grandes botes remolcaban a "la llama" hacia mar abierto para que pudiera extender sus velas y aprovechar el viento. El sol se había puesto, la brisa envolvía a los tripulantes. Hermione estaba a un costado de Harry en proa. Las velas aletearon y la voz de Harry se hizo presente.

-Levantar Anclas. ¡Animo princesitas nos vamos a casa!- el movimiento del ancla se escuchaba y el capitán agregó con voz alegre.

-A Estribor-

El ancla abandonó las aguas saladas y el barco empezó a tomar velocidad.

En ese instante Harry se volvió para mirarla.

-Tengo que comunicarte algunas reglas que debes acatar, primero las cubiertas pertenecen a mis hombres hasta determinada hora de la mañana- explicó- por lo tanto te pido que permanezcas en el camarote hasta tarde.- Hermione asintió con la mirada fija sobre esos ojos verdes.

-Y segundo las bodegas son terreno prohibido para ti, ahí es donde viven mis hombres y tu eres un dulce muy tentador- Harry poso su mano sobre el mentón de su esposa, la observó por un momento y sin agregar nada caminó hasta los vigilantes.

Más tarde Hermione observaba la última imagen de América. Al cabo de un instante desapareció de su vista y de su vida.

Cuatro días avanzaron rápidamente, y los vientos del sur se hacían presentes. El barco se movía con fluidez. El aire era frió y se presentía una tormenta en los próximos días. La llama sabría defenderse de esta tormenta.

Harry examinó un banco de nubes negras en el horizonte. Dobló sus cartas de navegación. Sonrió, estaba preocupado por lo que vendría en las siguientes horas, pero al mismo tiempo estaba feliz ya que habían tomado excelente velocidad. Entró al camarote, dejo las cartas de navegación sobre el escritorio y se sirvió un poco de café que se calentaba cerca de la estufa. Mientras el amargo sabor pasaba por su garganta, observó a Hermione, todavía dormía profundamente.

Su suave mano se posaba sobre una almohada, atrapando los rizos castaños de la joven. Pensó en la calidez de aquel cuerpo junto al suyo. Por un momento imaginó la reacción de Hermione, sin duda se resistiría si él intentaba tomarla en esos momentos.

La castaña se movió lentamente bajo el edredón, vio a Harry y le dedicó una sonrisa de buenos días.

La noche se hizo más fría. Hermione se puso uno de sus vestidos y esperaba a Harry cerca de la estufa mientras él se cambiaba. La chica escogió el vestido que mas calor le proporcionara. Este era de terciopelo color vino, con mangas largas y cuello alto. Ajustado. Harry la observó y dedujo que era una esposa muy atractiva para un capitán de barco.

Vio como se acercaba sigilosamente a la estufa y alzaba sus faldas para que el calor ascendiera por sus piernas. –Dudo mucho que disfrutes del tiempo que se avecina-bromeó.

Harry observó los finos tobillos y pensó que el viento helado le levantaría las faldas, acariciando su desnudez mientras ella corría en busca de calor. Definitivamente tenia que hacer algo al respecto.

-¿Tanto frió hará, Harry?

-Por supuesto – contestó – tomaremos la ruta del norte para recuperar el tiempo. Como vamos ahora, no creo que lleguemos a casa antes de año nuevo, pero confió en mi barco y se que podrá hacerlo.

Habían cenado con Neville y Seamus (segundo oficial). Cuando terminaron los hombres se dedicaron hablar sobre negocios, mientras Hermione los escuchaba atentamente.

-Capitán ¿No cree que es mejor tomar la ruta del sur?- cuestionó Neville, con cargo de primer oficial.

Harry sorbió un poco de vino y quedo pensativo, instantes después respondió- Hace una semana que zarpamos de América. Y dos barcos lo hicieron antes con destino a Inglaterra, tomando la ruta del sur. Si arriban a puerto antes que nosotros, nuestro cargamento no tendrá ganancia alguna. Ron y yo invertimos mucho en este viaje.

-¿Cree que Ron tomará mas enserio la idea de casarse, al verlo a usted con una esposa?

-Por lo que se Seamus, Ron prefiere la soltería

-Cuando vea como le ah ido a usted, creo que cambiará de opinión.

Harry afirmo seguro. Mientras observaba a su esposa con esos ojos verdes que la desnudaban con solo mirarla.

Cuando los invitados abandonaron el camarote, Harry regresó al escritorio mientras revisaba sus facturas y notas de todos los gastos que había realizado. Hermione se sentó cerca de la estufa. El artefacto era insuficiente. La chica cambiaba de posición muy seguido tratando de calentar su delgado cuerpo. Sus movimientos distrajeron a Harry, quien colérico se dedico a observarla, momentos después se levanto y fue hacia su baúl.

-¿Ocurre algo, Harry?

Harry buscó entre su ropa un pequeño paquete que le dio a su esposa. –Puede que al principio lo encuentres incomodo, pero te será útil mas adelante –

Hermione abrió con cautela el paquete, miro su contenido confusa. Riendo por el asombro de su esposa, Harry se agachó y tomo la prenda acolchonada, sujetándola para que ella pudiera inspeccionarla.

-¿Dudas de mi castidad?

-Son como los pantalones de un hombre, pero tienes que ponértelos debajo del vestido para que te den calor. No sabes lo que me costó encontrar a alguien que quisiera coserlos. Sino te los quieres poner, es tu decisión pero los mande hacer con la mejor intención.

Hermione tocó la prenda y esbozó una sonrisa tímida –Gracias-

Transcurrió otra semana y el frió era insoportable.

El Primer día que se había colocado los pantalones, se rió de su aspecto todo el día, le llegaban a los tobillos y se sujetaban con una cinta sobre la cintura. Su aspecto era ridículo. Sólo se los quitaba para dormir, ya que eran innecesarios ante la presencia de su esposo.

A menudo había despertado acurrucada contra la espalda de Harry, y muchas veces con su cabeza apoyada en su hombro. Esa noche Hermione decidió contarle su historia antes de que se conocieran.

-¿Cómo fuiste a parar a New York la noche que nos conocimos?-la miró fijamente mientras jugaba con un rizo castaño.

Hermione apartó la mirada.

-Fui con el hermano de mi tía – murmuró – Iba ayudarme a encontrar un trabajo en una escuela, pero me perdí en una feria la misma noche que llegamos-

-¿Qué clase de tío es el que tienes? ¿Cómo pudo dejarte ir con ese señor? ¿No sabes que podría haberte vendido con cualquier otro tipo o haber abusado de ti? Al final fue mejor que te perdieras-

Hermione meditó sobre lo sucedido con Vernon, ¿en que momento le diría a Harry, que era una asesina?

-¿Y que hay de ti? – cuestionó la castaña

-Acabábamos de llegar a tierra esa mañana, estaba inquieto a sí que mande a esos gemelos del demonio a buscarme algo de diversión. Su elección no podría a ver sido mejor: una joven virgen, muy fértil y con familia influyente. Ahora tendré que darle una explicación a mi hermano.

-No sabía que tuvieras un hermano.

-Soy consiente de ello señora, no voy por ahí contando mi vida a cualquier que se atraviesa en mi camino-

Hermione ofendida se acurruco lo mas lejos que pudo del capitán. Las lágrimas opacaron su vista mientras lo maldecía en voz baja.

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Harry despertó lentamente. Podía sentir la suavidad del cuerpo de Hermione junto a suyo. Los senos de la muchacha acariciaban su espalda, y sus piernas entre las de él, al tiempo que sus brazos calidos se posaban sobre su cuerpo.

Su "mente" despertó ante la idea de poseerla. Pronto todo se convirtió en una fantasía. Hermione besándolo con pasión desbordante. Sus brazos le gritaban que satisficiera sus deseos y sus manos acariciaban cada parte del fino cuerpo. Harry la besó una y otra vez... Excitándose a si mismo. Saboreo cada detalle de su esposa. No podía resistir más tiempo. Finalmente la penetro. Hermione arqueo su espalda hacia él, ahogándose en un mar de pasiones.

Su virilidad y su mente se unieron para destrozarle el honor y el orgullo. Consiente de que podría perder el control, se levantó en silencio para no despertarla. Se vistió solo con unos pantalones y recorría el camarote con la ayuda de la luz de la luna.

Se detuvo frente a la litera, la contempló. Inocente y tierna. Pensó en la violencia que ella había sufrido. En los golpes que había recibido de Marge. Sin duda la inocencia la caracterizaba.

En instantes llego a su mente la imagen de otra mujer. Cho.

Ella estaba en la cumbre de la madurez. Lo esperaba a su regreso. Era completamente distinta a la chica que estaba frente a sus ojos. Son tan distintas, no solo físicamente, Cho no sabía que significaba violencia, sus padres le habían dado todo. No se ofendía tan fácilmente y era muy atrevida con los hombres. Su carácter era abierto. Y sabía disfrutar del placer del amor.

Y ahora que las comparaba, le parecía extraño que Cho no hubiese quedado embaraza en alguna de las ocasiones en que había compartido la cama con ella. Y con Hermione había ocurrido todo lo contrario.

Su esposa se empezó a mover inquieta bajo el edredón, temblaba de frió, la cercanía de su esposo ya no le daba calor. Harry esbozó una sonrisa y se deshizo de sus pantalones. Se deslizo junto a ella, estrechándola entre sus brazos. En esos momentos se olvidó de sus deseos y venganzas. La contempló como una niña que necesitaba de sus cuidados.

Ese día amaneció con un imponente sol rojo, con augurio de tormenta. El viento soplaba con fuerza. El mar empezó a tener un oleaje alto, mientras que el navío se movía al compás de las enfurecidas olas. Las nubes tapaban el cielo y las aguas furiosas eran de un tono gris. La noche se hizo negra, y la cubierta solo se iluminaba por un farol ubicado en el timonel.

Los días transcurrieron, las olas se hicieron más altas, el viento más fuerte, y un frío extremoso. No se distinguía el día de la noche, ni el mar de las nubes grises. Cada centímetro del navío se movía al romper las olas. Veía muy poco a Harry, a excepción de las noches, cuando el bajaba al camarote empapado y con frío.

Ella le ayudaba a deshacerse de sus ropas mojadas y lo envolvía en una manta para darle calor. El capitán tenía los ojos rojos, estaba agotado. Hermione vigilaba su sueño cuando el caía profundamente dormido. Y siempre, Harry, se levantaba sólo muy temprano. Algunos días bajaba con las mejillas blancas y rígidas, a causa del clima que se sentía sobre la cubierta.

Una noche, Fred bajó al camarote para avisar a Hermione que la tormenta había pasado. Harry llegó pasada la medianoche tras las tenciones del largo día. Hermione se levantó para ayudarle a quitarse la ropa mojada, pero el moreno la obligó a quedarse donde estaba.

Un instante después, Harry se colocó bajo el edredón, y Hermione se acercó a él para darle calor. Él capitán aceptó la ayuda de su esposa, todavía atrayéndola más hacia si. Sus temblores fueron pasando hasta quedarse profundamente dormido, incluso para separarse de ella.

Esa tarde Harry regresó temprano. Hermione estaba sentada frente a la estufa, con su vestido levantado ya que traía puesto el pantalón. Él la observaba, ligeramente enfadado consigo mismo por haberle comprado tan horrorosa prenda.

Al oír a George o ¿Fred? acercarse hacia el camarote se tapó las piernas. Harry dejó entrar al pelirrojo, que portaba una bandeja con tazas y una cafetera. Le ofreció una a su capitán y se dirigió a Hermione.

-En un momento le traeré un poco de té, señora-

-Esta tarde tomare café ¿Fred?-

-George-la corrigió

-Mmm, porque no se ponen algo que los distinga uno del otro – George no mencionó nada. Harry sonreía.

El criado le sirvió una taza, mirándola con atención, sabia que la señora, aborrecía el café.

Sabia perfectamente que los dos hombres la observaban. Tomo el azúcar y coloco varias cucharadas. Agitó el contenido y sorbió un poco. Sintió el sabor amargo correr por su garganta y sin pensarlo preguntó.

-¿Podrías traerme un poco de leche, George?- Harry soltó una carcajada.

-¿Cómo dices? –Inquirió entre risas- ¿Acaso crees que vamos a encontrar una vaca en medio del Atlántico Norte?

Hermione se sobresaltó ante la rudeza de ese hombre, Harry no tenía derecho a tratarla de esa forma. Bajo la cabeza tratando de ocultar sus lágrimas. George se retiró discretamente. Momentos después Harry le siguió, murmurando algo sobre las mujeres.

-Me trata como si fuera una niña- afirmó enfadada – Piensa que se todo sobre este barco y sus mares. Se burla de mí ante todos. – quería llorar pero lo evitó. Tenía su orgullo. Y tenia que defenderse de ese patán, reuniría el valor suficiente.

Cuando Harry regresó, ella aun estaba dolida por las palabras de su esposo. Hermione lo fulminaba con la mirada. La cena trascurrió sin que la castaña abriera la boca. Harry sabia que estaba enfadada, su rostro le indicaba eso, pero no sabía que había originado el mal humor.

La castaña dedujo que esa noche, Harry no regresaría a cubierta. En efecto, él se sentó en el escritorio a leer un libro. Hermione se dirigió hacia su baúl, se cambio y colocó el edredón en la cama. Regresó a sentarse cerca de la estufa para cepillarse el cabello. Harry desvió su mirada de las páginas amarillas de su libro.

Ahí fue cuando se dio cuenta, como pocas veces lo hacia, del estado de embarazo que Hermione tenia. Evidentemente cuando llegaran a Inglaterra, el estado de gestación quedaría a vista de todos. Entenderían que Harry no perdió un solo minuto en poseerla tras arribar a América. ¿Qué pensaría su familia? ¿Y su prometida?

Riéndose de sus pensamientos, se levantó y se dirigió a Hermione. Colocó una mano sobre su vientre.

-Estas engordando muy rápido, cariño. –Bromeó –Será difícil explicar a mi prometida porque estas a mi lado.

-¡Eres un idiota! –Gritó - ¡Como te atreves a decirme que tienes que dar explicaciones a tu prometida respecto a mí! ¡Soy tu esposa! ¡A mí me tienes que dar explicaciones! Me tratas peor que una basura – le miró furiosa – Estoy segura que serás suave y dulce cuando le digas que yo te obligué a casarte conmigo y que ya estaba embarazada – se señaló- ¡Te harás el inocente! Y este niño no te importará. Además no te olvides de contarle, mi amor, que me sacaste de la miseria en que vivía, todos te creerán, y antes de que termines ya te habrás ganado una virginidad.

Harry la miró enojado. Dio un paso hacia ella. Hermione retrocedió y colocó una silla entre los dos. –¡No te atrevas a ponerme una mano encima! Si lo haces, te juro que me tiro por la borda.

Harry apartó la silla y siguió avanzando hacia ella. –Por favor- sollozó mientras la tomaba de los brazos – Por favor no me hagas nada, piensa en el bebe.

-No tengo intención de hacerte daño, pero tus palabras alientan mi rabia. Ve con cuidado, tengo otras formas de hacer que tu vida sea una desgracia.

La joven tenia miedo, al ver eso, Harry blasfemo y se recostó en la litera. –Ven a dormir, estoy muy cansado-

Hermione lo miró. Su miedo pasó a ser ira. ¿Cómo se atrevía a decir eso? Tenía su orgullo. Tomo una almohada de la litera y un edredón, se acercó al alfeizarde la ventana y se acomodó ahí. Harry levantó una ceja y preguntó - ¿Piensas dormir ahí?

-Si- se acomodó en los cojines.

-No es un buen lugar, es húmedo y hace mucho frío.

-Me las arreglaré- Hermione se removía entre el edredón buscando una postura cómoda.

-Hay muy poco calor en el barco. Sugiero que compartamos el nuestro- comentó Harry.

-Soy tan tonta, capitán, que creo que hay vacas en el Atlántico Norte y mi cerebro es tan simple que no me permite levantarme de aquí para ir a dormir a su lado- replico. Harry estaba furioso.

-Muy bien, cabeza de chorlito, que pases buena noche con el gélido mar. Cuando te hayas cansado de jugar, avísame y te haré un lugar. Pareces una niñita encaprichada.

A Hermione le hirvió la sangre. Primero se muerta y congelada que ir gateando hasta sus pies y permitir que se burlara de ella. Como transcurría la noche, el edredón se fue empapando y la humedad se filtraba tras la ventana. Se apretó bajo su único cobijo y evito temblar. Añoró la calidez de la cama, pero también recordó su orgullo. El camisón no le prestaba alivio, y sin darse cuenta el sueño y el agotamiento la fueron venciendo.

Despertó al escuchar el ruido de la puerta. Su esposo ya no estaba en el camarote, intentó levantarse pero un movimiento del navío la sorprendió. El frío había sido remplazado por un calor seco. Intentó ponerse de pie, pero no era capaz de soportar su cuerpo. Quería quitarse el edredón, pero estaba siendo una tarea muy difícil, observó la estufa e imaginó su calor, intentaría llegar hasta ella y sentarse en la silla que estaba a un costado.

Esta parecía flotar y alejarse cada vez más. Ya estaba agotada pero aun así continuo avanzando hacia ella arrastrándose en el suelo frío. Llegó hasta la silla y apoyó su cabeza sobre ella. Permaneció ahí jadeando. La habitación daba vueltas a su alrededor. Tuvo la sensación de caer en un túnel oscuro. Solo distinguía un punto de luz diminuto que al final, no tardo en desaparecer.

Continuará

¡Avances!

-¡Por favor! ¡Por favor! Piensa en el bebe no me hagas daño.

-Traga-ordenó una voz-Traga

-o00o-

-¡Ayúdame por favor! ¡No dejes que me lleven con ellos! ¡Soy tu esposa!

-Tú no eres mi esposa-

-No me dejes. ¡Harry! ¡No me dejes aquí! ¡Regresa!

-o00o-

Cho abrazó a Harry y lo besó con una desesperación...