Capítulo 9: Agrupnia (Insomnio)
Dormitaba en el sillón, cruzado de brazos y piernas.
El cantar de los grillos lo arrullaba y le daba la sensación de que había estado esperándole durante horas.
Giró el rostro buscando algún reloj en la habitación. Al no encontrar nada, su mente confundió los quince escasos minutos de espera y los convirtió en tres cuartos de hora.
Justo cuando su cabeza comenzó a ladear, unos pasos alcanzaron a escucharse de entre el siseo de los insectos nocturnos. Enderezó su postura con rapidez, frunció el ceño y torció la boca. ¡Al fin! ¿Cómo pudo haberlo dejado esperando por tanto tiempo?
-"¿No me piensas ofrecer algo?"- Encima de que llegaba tarde, llegaba a mendigar. No permitiría que le quitaran más el tiempo así que, cortante, le pidió que fuera directo al grano. -"Es sobre la chica que me ayuda en la cocina."- La insegura voz del otro denotó que había algo más detrás de esas palabras. Kanon se sorprendió y se tornó aún más impaciente. ¿Qué podía ser tan serio como para que el Santo de Escorpio agachara el rostro y respirara pesadamente? -"Es mi hermana."
¡Esa sí que no se la esperaba!
Se relajó un poco, suponiendo que esa era toda la maravillosa e importante confesión. Decidió seguir escuchando sobre el asunto. Parecía que sería una buena historia.
–"Si Altea se entera, le dará un infarto."
-"Ella la envió aquí. Pensó que era el lugar más seguro en donde podría estar."
Eso sí que sonaba raro. ¿Habían tenido problemas en la isla? ¡Seguro que intentaron matarla a ella y a toda su progenie por ser adoradores de dioses paganos!
-"¿De qué quería escapar?"
Preguntó solo por no dejar. Estaba convencido de su explicación.
-"Del mar."
Con esas dos palabras, varias piezas se reacomodaron dentro de su cabeza. Lo visualizó con claridad: las casas destruidas, los cadáveres flotando en el agua, una mujer desesperada buscando un lugar seguro para su única hija.
Una mezcla de miedo y enojo nubló su mente.
Miedo porque la declaración le recordó las consecuencias de sus actos.
Enojo porque el otro falló en leer sus pensamientos.
Él sabía bien de la catástrofe que catalizó pero también estaba consciente de que no había nada más que hacer al respecto. Esperaba que Milo pensara igual que él. ¡Había estado tan seguro de que era así! Esperaba más comprensión de él.
De él más que de cualquier otra persona.
Después de la tortura que le aplicó a los pies de Atena era sorprendente que aún se atreviera a exigirle algo.
-"¿Qué quieres de mí? ¿Una disculpa?"
-"No."- Tonterías. ¿Para qué más hubiera sacado el asunto de un modo tan severo? No se creía que con todo ese teatrito el otro planeara únicamente tener un buen tema de conversación. -"Tan solo quería sacarlo de mi pecho."
-"¿Y por qué hasta ahora?"
Confesiones de un adolecente. Esa tampoco se la creería.
-"Porque temía que usaras esto como una excusa para irte."
Hubiera preferido la disculpa. ¡Ahora le tomaba por cobarde! Por alguien incapaz de aceptar sus errores y que huye de ellos a la primera provocación.
Ciertamente, esperaba más de él.
-"Yo no necesito excusas para eso. Si quiero hacerlo, lo haré."- Si permanecía en Atenas era por decisión propia, no para expiar sus pecados. Nunca dejaría de hacer lo que quisiera (nunca se transformaría en su hermano). Solamente Atena podría llegar a influenciar sus actos y eso solo porque le debía todo. ¿Escorpio? Era solo alguien con quien era divertido estar y que, obviamente, no parecía entenderlo tan bien como llegó a pensarlo. Creyó escuchar un murmullo pero lo ignoró. -"Ingenuo."- Se levantó de su asiento. El sueño le había regresado y decidió irse a dormitar a un lugar más privado. Lo que después salió de su boca no pretendió ser hiriente; fue tan solo lo que en el momento pasó por su cabeza. Ni siquiera estaba seguro de que aquellas palabras fueran ciertas. –"Ninguna cosa que pudieras hacer o decir haría alguna diferencia en mí, ratoncito. Tú eres solo… circunstancial."
Fue una suerte que no volteara a verlo mientras salía de la habitación.
De haber visto el inusual brillo en sus ojos, no se hubiera atrevido a dejarlo solo.
-"¿Qué haces?"
Fue la grave voz del Santo de Géminis lo que sacó a Milo del extraño trance al que había caído.
Apenas consciente del cantar de los grillos, supuso que estuvo petrificado en aquel sillón por horas.
-"¿Qué hora es?"- Al no estar seguro de lo que podía contestarle, prefirió pedir pistas que le ayudaran a regresar al mundo real.
-"No sé…"- Saga miró a su alrededor como esperando que algún reloj apareciera mágicamente en alguna de las paredes. –"Como las ocho, creo."
El otro suspiró con alivio al darse cuenta de que no era tan tarde como pensaba.
-"Me estaba quedando dormido."- Mintió, sabiendo que el otro no lo notaría.
-"Entonces deberías regresar a tu Templo."- Milo asintió. No tenía nada mejor que hacer. Lo mejor sería estar en su territorio. Ahí podría sentirse tan miserable como quisiera sin incomodar a nadie más. Se levantó, escuchando un par de tronidos provenientes de sus extremidades. –"¿Hablaste con Kanon?"
-"Aye."- Talló su rostro con ambas manos, escalando el nivel de su actuación.
-"¿Y? ¿Cómo salió todo?"
-"Pasó como mejor pudo pasar."- Creyéndose sus propias palabras y después de murmurar una adormecida despedida pasó a Saga de largo. No se atrevió a mirar su rostro. Sabía que éste estaría adornado con una sonrisa de 'lo sabía'. De ver eso, posiblemente no podría contenerse y comenzaría a reclamarle todo lo que había pasado.
Saga no pensó dos veces en lo ocurrido y entró a la cocina para prepararse algo de cenar antes de que Kanon se apareciera. De lo contrario, éste arrasaría con todo sin dejarle una sola migaja.
No fue sino hasta que Milo se sintió protegido por la oscuridad de los Templos que su cerebro realmente comenzó a recapacitar en lo ocurrido. No que le fuera fácil, la rabia que sentía aceleraba sus pensamientos y no le permitía llegar a conclusiones que no fuesen fatalistas.
En esos momentos odiaba a Saga por haberlo llevado hasta ese punto. Odiaba a Kanon por ser tan cínico y, más que nada, se odiaba a sí mismo por haber conducido la situación de un modo tan torpe como para llevarlo al, entonces le parecía, un total cataclismo.
A pesar de que estuvo horas especulando mil y un formas de cómo concluiría ese día, nunca se imaginó que acabaría con el ego tan herido.
–'Ninguna cosa que pudieras hacer o decir haría alguna diferencia en mí.'
La minúscula parte de su ser que aún parecía tener algo de coherencia le decía que no debía de confiar en aquellas desdeñosas palabras. Era obvio que sí hacía alguna diferencia, aunque fuere una muy pequeña. ¿O por qué otro motivo Kanon perdió el control con tanta facilidad? Claro, ese hombre no era uno de esos que pensara antes de hablar (Milo a veces dudaba de que incluso lo hiciera después) y seguramente al sentir su autonomía puesta a prueba lanzó lo más pretencioso que se le ocurrió en el momento.
Pero como bien se dijo con anterioridad, en esos momentos los pensamientos del Santo de Escorpio eran en su mayoría erráticos y fatídicos. Sentía que todos los avances que había tenido en su relación con Kanon desaparecieron con sus palabras y ahora se sentía en el mismo lugar en el que estaba aquel día en el que el mayor desapareció de Cabo Sunión. Le pesaba tan solo imaginarse el cómo recuperaría todo ese terreno y, más que el cómo, se preguntaba si tendría siquiera la oportunidad de hacerlo. En su arrebato, Kanon podría decidir no dirigirle más la palabra o, peor aún, largarse del Santuario para no tener que encontrarse con nadie más que pretendiera regir de algún modo su vida.
Al llegar a su Templo, todo el enojo decidió manifestarse físicamente y Escorpio comenzó a lanzar al aire una mezcla de insultos en griego y gaélico, golpeando todo lo que tuviera enfrente. Tanto fue su arrebato que no tardó en llamar la atención de su huésped quien, superando su miedo inicial, salió en busca del origen de semejante griterío.
Fue difícil para Milo el no golpear su cabeza en contra de la pared al verse descubierto. Nunca extrañó tanto su soledad como en ese momento. ¿Qué no podía tener un poco de privacidad durante su arranque de ira?
-"¿Qué tienes?"
Cualquier reproche que Milo pudo contestarle a su hermana desapareció en su boca. La pequeña Dánae parecía lo suficientemente preocupada por él como para aguantarse las burlas que, sabía, estaban en la punta de su lengua.
-"Ha sido un mal día."- Contestó, exagerando el tono amargo de sus palabras. Sentía que si lograba verse aún más miserable de lo que ya se sentía, podría alejarla con mayor facilidad.
Por su parte, Maias estaba verdaderamente sorprendida. El Ilustre Milo de Escorpio, Guardián Dorado de la Octava Casa (o algo así) haciendo berrinche en el pasillo principal de su Templo. ¡Esa sí que era buena! ¡Las chicas del dormitorio nunca se la creerían! Sin embargo, sabía que en esos momentos no debía de pronunciar aquellos pensamientos. Tal vez lo que había ocurrido era tan malo como parecía y no sería considerado de su parte el echar sal en la herida. Seguramente después, cuando se le pasara, retomaría el tema.
-"Iré a prepararte el baño. Luego te irás a dormir y terminarás con el mal día."
Después de emitir aquella orden, la niña se perdió entre las sombras de las columnas de la Casa de Escorpio.
Milo suspiró y se talló los ojos. Aún no se sentía del todo tranquilo pero tal vez el baño le ayudaría a ordenar sus pensamientos. Odiaba admitirlo, pero eso de tener a alguien cuidando de él de un modo tan abierto le sentaba bien. ¡Ya se imaginaba a Camus o a Ewan preparándole el baño! Achacaba aquel 'extraño' comportamiento a la femineidad de su hermana. Claro que aún extrañaba su privacidad pero al menos por esa noche dejaría que se preocuparan por él.
Con suerte, tal vez hasta podría dormir.
-"Ese niñato estúpido."
Kanon no tuvo problemas para descansar en cuanto entró a su habitación. Si bien estaba molesto, en el fondo sabía que no tenía por qué hacer una tormenta de un vaso de agua. Le exigiría una disculpa en forma de una invitación a tomar y todo quedaría arreglado en un par de días. Además, sabía que el otro no pretendió insultarlo. Posiblemente era cierto eso de que tenía que sacarlo de su pecho. Sus motivos para haber ocultado el asunto de Altea eran ridículos pero no podía culparlo del todo: era tan solo un niño que entró en pánico al sentir que su juguete favorito podía escapársele de las manos.
Rió bajo, imaginándose que Milo hubiese deseado mantenerlo encerrado en Cabo Sunión.
Repitiéndose que el asunto no pasaría a más, cerró los ojos y entró en un sueño ligero.
Tan ligero que el suave rechinido de su puerta le hizo despertar.
-"Lo siento, no creí que estuvieras dormido."- Kanon le lanzó a su hermano una mirada de pocos amigos y escondió el rostro en su almohada, indicando sin palabras que deseaba descansar un poco más. –"Deberías de cenar algo ahora o el hambre te despertará."- El menor gruñó, sabiendo que esas palabras eran ciertas. ¡Pero estaba tan a gusto! La idea de levantarse le parecía un sacrilegio. –"Anda, si no vienes ahora no garantizo que te deje algo para después."
Finalmente se rindió y, tomándose su tiempo, salió de la cama sin preocuparse en ponerse zapatos (esperaba que el frío en sus pies le ayudara a despertarse).
Casi le dio un infarto al ver que cambió la tranquilidad de su cuarto por media hogaza de pan y unas míseras rebanadas de queso.
-"¿Eso es todo lo que tenemos?"
-"No. Es todo lo que podemos darnos el lujo de cenar."- Se sentó en el comedor y empezó a servir raki en un par de vasitos.
-"Me dijiste que los salarios se restablecerían la próxima semana."- Se negó a acompañarlo en una cena tan escueta y permaneció de pie a un lado de la estufa, mirando con desdén los vasos medio vacíos. –"Creo que podemos cenar algo un poco más decente."
-"Gastaste más de lo que debías en el comedor. Destruiste mi presupuesto y ahora tenemos que cenar así por el resto de la semana. Debí de imaginarme que no seguirías mis instrucciones."
Kanon no se la creía. ¿Saga le estaba reprendiendo por pasarse de su ridículo presupuesto? ¡¿En qué mente cabía que podría comprar un comedor con solo diez mil dracmas?! ¡Claro, si se iba a un mercado de pulgas podría, pero ¿y la higiene?!
-"Eres insufrible."- Imaginándose que no recibiría tregua alguna en el asunto, aceptó dar su brazo a torcer y se unió a la cena.
-"Supe que hablaste con Milo del asunto de su hermana."
-"Creo que has pasado demasiado tiempo con Piscis. Te has vuelto tan 'enterado' como él."
-"Me alegra que ese asunto haya quedado concluido."- Continuó sin prestarle atención a las provocaciones del otro. –"No estaba seguro de que Milo me escuchara."
El menor alzó su rostro del pan duro que intentaba cortar. Saga. ¿Cómo no se le ocurrió antes? Se sintió culpable por haber subestimado al Escorpión. ¡Era claro que el tema era tan agradable para él como lo era para sí mismo y solo por alguna ridícula intervención se le hubiera ocurrido sacarlo a la luz tan de repente!
El enojo que sentía se canalizó en su hermano.
-"¿Encuentras diversión al meterte en la vida de otras personas?"- El otro no contestó, suponiendo que la pregunta era solo para molestarlo. –"¡Claro que lo haces! El gran Saga de Géminis: aquel que sabe lo que es mejor para todas las personas menos para él."- ¡Milo era doblemente estúpido por haberse dejado influenciar por él!
-"Si no piensas comer, dame tu parte."
El otro le dio la palabra y lo dejó hablando solo.
Cuando estuvo nuevamente en su cuarto elevó su cosmo hacia el Octavo Templo, más que dispuesto a seguir con la discusión de hacía rato.
Se arrepintió al sentir la perturbada presencia de Milo y se extrañó al no haber notado antes la inquieta energía que refulgía azarosamente.
Intentó ignorar su sentimiento de culpa y apagó las teas de su habitación; se acomodó en su cama y cerró los ojos.
No le fue posible conciliar el sueño.
Comentario de la Autora: Chas... este capie tuvo muchas correcciones de última hora. Espero que no se me hayan escapado demasiados errores. Veamoooos... originalmente, Milo no se iba a poner tan Drama Queen. No porque no quisiera pero porque ahora si que 'ya está muy visto'. Creo que por eso hice que su hermana apareciera, para que tratara de mantener un poco su compostura. Para que vean, Kanoncito tiene algo de conciencia. No mucha. Pero la tiene. No es que le suela hacer mucho caso.
Creo que no tengo más comentarios sobre este capie. Bueno... tal vez el asunto de los dracmas... 10 000 dracmas eran aprox (ya ven como anda cambiando la moneda últimamente) unos 40 dólares. Saga es un tacaño XD
¡Muchas gracias a todos por sus comentarios y favoriteos! Respuestas a sus reviews en sus correos/mi profile. Etto... y... y ya me voy porque ya ando cansadita. ¡Se cuidan!
