Bloody Roar Una Nueva Era

Capitulo 4; La Clínica

A Long Shin le impresiono lo alto y resplandeciente del edificio, al cual Jenny Burtory había llamado clínica. El edificio de un pulcro color blanco y de casi cuarenta pisos, reflejaba la luz del sol en sus ventanales, resaltando así entre la ciudad de Madrid.

—Impresionante —susurro Long mientras observaba aquel coloso de roca.

—Ha sido un trabajo duro, pero ha valido la pena, hay por lo menos una clínica de estas en cada ciudad del mundo —Expreso con orgullo Jenny Burtory al tiempo en que el auto en que iban, un lamborghini color rojo sangre, se detenía en un sitio privado de estacionamiento.

—Supondré que trabajan aquí

—Supone bien shin— Contesto Steven, mientras accionaba el botón para abrir las puertas, una vez abiertas, los tres ocupantes descendieron del vehículo.

—¿Y cómo fue?

—Pues vera señor Long —contesto Jenny —Después de todo lo ocurrido con el virus XGH, y con lo del rey orión, nosotros los zoantropos teníamos que tomar cartas en el asunto, ya había habido demasiados muertos tanto humanos como zoantropos en esta… ¿Cómo decirlo?, absurda guerra

—Lo sé

—Así que decidimos, junto a otros compañeros, tanto humanos como zoantropos, crear un centro médico para... nuestra gente, sobre todo ahora que hemos descubierto posibles efectos secundarios del XGH

—Y por lo tanto, es necesario que se haga unos análisis

Long asintió, y luego los tres entraron en el imponente edificio. Allí había muchas personas, que por su olor, Long pudo decir que eran todos zoantropos, pero se les veía calmados, en paz. Algo que nunca antes había podido imaginar poder ver.

Después de subir por un ascensor y llegar a la planta número cuatro, entraron en el cuarto de pruebas, el cual, además de su impecable color blanco, contaba con unos extraños cilindros metálicos y unas camillas de enfermería.

Jenny le pidió a Long que se recostara, diciéndole que Steven se haría cargo del asunto, después, salió de la sala, dejando a los dos hombres solos.

¿Y entonces que sucedió? —Aclamo Steven Goldberg mientras el cuerpo de Long era recostado en una camilla. Se veía muy nervioso.

Calma —le dijo con tono divertido —No le harán nada doloroso

Si... gracias... —Contesto Long con un susurro, mientras sus puños se crispaban con fuerza. Steven no pudo evitar reírse ante aquel rostro lleno de pánico, y entonces Jenny Burtory entro en la habitación acompañada de dos sujetos de batas blancas.

Se ve nervioso señor Shin —Aclamo Jenny con voz sensual, y Long se pregunto si aquello era algo que ella no podía evitar o si lo hacía con algún propósito, pero no importaba, al menos no en esos momentos en que se enfrentaba a algo prácticamente desconocido.

No es desconocido, más bien, es tan conocido que por eso le temo —Pensó con amargura

—Bueno, creo que usare el gas

La voz le llegó como un rumor distante, mientras su mente se perdía en el pasado, figuras oscuras, sin forma clara se formaban lentamente ante sus ojos, luego escucho un grito, el grito de su hermana al morir.

Apretó los puños con fuerza, y cerró los ojos negándose a recordar, negándole la entrada a esas figuras amorfas que él bien conocía, y ausente a lo que pasaba a su alrededor, se quedo dormido.

—Ahora sí, duerme como un gatito —Aclamo Jenny muy divertida, pero Steven no le acompaño en sus risas.

Ella conocía a ese hombre, y sabia lo mucho que había sufrido en el pasado. Quizás no había sido de forma directa, pero el tiempo en que trabajo para Taylon fue suficiente para que él no pudiera olvidar todo lo vivido, y para poder conocer a aquellos hombres que habían sido sus compañeros de trabajo, en aquella corporación de la muerte.

—Jenny, ¿crees que él en verdad tiene problemas, con eso de los efectos secundarios del XGH?

Jenny asintió. —Si él nos pidió ayuda es por algo, aunque desearía saber que fue

Ahora fue Estiven quien asintió, Jenny sonrió ante la sincronización que tenían, y sin más que hacer pidió a Steven (Stun) que se retiraran de la habitación, en lo que los expertos se encargaban del señor Shin.

—Preferiría encargarme yo personalmente, después de todo, eso le dijiste

—Calma Steve, el estará bien, y recuerda que tú debes dormir un poco, mañana empieza el torneo de NEON-G, y hay que estar preparados.

Long despertó con la boca seca y un dolor de cabeza espantoso. Noto que sus ropas habían sido cambiadas por una bata de color azul cielo y su cabello caía suelto por sobre sus hombros y espalda. Lo tenía bastante largo.

Quizás deba cortármelo —Pensó con cansancio mientras pasaba sus dedos entre el cabello —No, mala idea

Se levanto de la camilla, al parecer ahora estaba en un cuarto y no en la sala de pruebas. Se encamino hacia una puerta situada al lado izquierdo de la cama, y se encontró con el baño, era pequeño, pero completo, así que decidió darse una pequeña ducha.

Estaba a punto de quitarse la bata, cuando un ruido llamó su atención, ladeo la cabeza para escuchar mejor... alguien o algo golpeaba la ventana.

Dio vuelta rápidamente y busco sus prendas con la mirada, estaban en una silla al lado de la cama. Rápidamente se quito la bata y se puso los pantalones, no quiso ponerse la camisa, tenía demasiado calor, entonces, se acerco a la ventana.

¿Qué diablos?

Iba caminando con el cuerpo tenso, y la mirada fija en la ventana, tratando de ser lo más silencioso posible, con el puño preparado para encestar un golpe, a lo que fuera que golpeara la ventana con tanta insistencia.

Cuando la ventana se abrió de pronto dejando entrar una figura oscura junto a la cálida briza de la noche.

Long dio un salto hacia atrás y se puso en posición ofensiva, tratando de acostumbrar sus ojos a la penumbra. Mientras, frente a él, la figura oscura que había entrado se ponía de pie, y se giraba hacía él.

Entonces pudo verla, con una sonrisa satisfecha en su rostro, y los ojos celestes chispeantes.

Un profundo suspiro escapo de su amplio pecho y relajo su cuerpo, al tiempo en que una sonrisa torcida aparecía en sus labios.

—¿Qué se supone que haces aquí?

—Uh, todavía que me tomo el tiempo de escapar de casa para venir a verte —Contesto de manera teatral la joven frente a él, que comenzaba a acercarse.

—Jane, no de...

La frase no llegó a terminarse, en menos de un segundo un fuerte golpe en la mejilla tumbo al hombre, y le abrió el labio.

Confundido y aturdido, solo pudo atinar a observar a la joven rubia frente a él, que le fulminaba con la mirada.

—No me vuelvas a llamar así, mi nombre es Shina, ¿entendido?

—Entendido

—Bien —Suspiro —¿Y bien?... ¿Qué te hicieron?

—No lo recuerdo

Shina rompió en risas, mientras Long consternado ante tal reacción se mantenía sentado en el suelo, sin hacer el más mínimo esfuerzo por levantarse.

—Pues a como estas, espero que no le hayan... quitado las rayas al tigre —Aclamo la joven todavía entre risas.

—¿Quitado las rayas?, eso es técnicamente imposible

Shina rodo los ojos, y las risas cesaron.

—Será idiota Long, quise decir que ojala y no le hayan hecho algo indebido, después de todo usted estaba inconsciente, vulnerable, ¿me entiende ahora?

Long se ruborizo, y bajo la mirada.

—Entiendo, yo... no soy muy bueno para los...¿albures?

—Vaya que no, pero bueno, ¿entonces todo bien? —Sus ojos denotaron una preocupación sincera.

—Sí, ¿por qué no debería estarlo?

—No confió en esa arpía —Shina casi escupió las palabras

—Debería dejar que su padre tome sus decisiones, después de todo es un adulto

—Tú también lo eres y no has acertado muchas veces que digamos —Aclamo la joven iracunda, mientras se inclinaba hacia el hombre en el suelo.

—Lo que yo haya hecho o haga no es tu problema —Respondió de igual forma, mientras se incorporaba, ella se enderezo, y sus miradas quedaron fijas una en la otra, desafiantes.

—Entonces no te metas en MIS asuntos

—Son los asuntos de TU padre

De repente la joven se giro hacia la ventana dando la espalda a Long, este enfadado ante la reacción, se encamino hacia ella, con pasos pesados y el ceño fruncido.

—¡No creas que vas a terminar esto así como así!

No hubo respuesta, la joven comenzó a caminar hacia la ventana.

—¡Jane Gado!

—¡¿Que te he dicho pedazo de animal?

Se encararon nuevamente, la ira relucía en sus ojos, y casi podía escucharse el rugido bestial que escapaba de sus gargantas, estaban ya a punto de lanzarse uno sobre el otro para arreglar aquel asunto a mucho más que solo insultos, cuando un objeto pequeño y oscuro callo entre ellos, un segundo después todo quedo envuelto en humo.

—¿Pero qué diablos?

Shina trato de detectar al atacante, estaba claro que aquello era una bomba de humo, y que había sido arrojada para detenerlos, o distraerlos, lo que fuera, alguien la había seguido, los estaba vigilando.

—Long —Llamo con cierta angustia, mientras cubría su boca y caminaba a tientas por la habitación. Escucho entonces como el hombre tocio, y se dirigió hacia él.

—He tigre —Lo llamó de nuevo.

El humo ya comenzaba a disiparse, o al menos ella se había acostumbrado, daba igual, por fin distinguió la figura del hombre a unos pasos de ella, al parecer estaba recargado contra la cama, quizás el humo le había afectado demasiado.

Dio un paso hacia el, dispuesta a prestarle ayuda, cuando de pronto, algo golpeo su espalda lanzandola al suelo.

Mierda —Pensó con enfado, al tiempo en que chocaba contra el suelo, pero su instinto de supervivencia desarrollado desde hace tanto tiempo, le hizo girar rápidamente y esquivar un segundo y mortal golpe. Entonces vio a su atacante.

—Tu

La mujer de cabellos oscuros y ojos carmesí la vio detenidamente, su rostro era una máscara inexpresiva, y por primera vez Shina pudo notar un aire de parentesco entre aquella joven y el zoantropo del tigre, en lo increíblemente fino y frio de sus facciones.

—¿Quién eres y qué demonios quieres? —Exclamo molesta mientras se ponía de pie y en su posición habitual para pelear.

La joven morena le miro con indiferencia, luego escucho su fría voz: —Supongo que ya que vas a morir, debo decírtelo... mi nombre es Yehilyn

Y sin previo aviso, Yehilyn se lanzo sobre Shina, llevándola justo contra una de las paredes de la habitación, donde su cuerpo produjo un sonido hueco al chocar contra la pared de concreto y desquebrajarla.

Se iniciaba un combate, y con eso, la nueva era de zoantropos