Sí, sí, ya sé.. Mucho tiempo, la verdad es que el poco tiempo que estoy destinando a escribir lo he usado completamente para un libro en el que estoy trabajando. Este cap. no está terminado pero pronto actualizaré. Y a ver si ahora que se vienen unas vacaciones puedo compensarlos con algunos capítulos.
Gracias a todos por leer y por su paciencia. Se aprecia!
Caminó a paso raudo sin dirigir una sola mirada al castillo. Sabía el riesgo que corría; cualquier cosa podía suceder, y bien sabía que en su estado Hermione quizás ni siquiera alcanzaría a pedir ayuda: delicada, temerosa, y ante todo, sola. Apretando los ojos con fuerza, en un intento desesperado de continuar aquellos pasos seguros, suspiró. Aún en el mejor de los casos, si nada le sucedía en su ausencia, no podía asegurar su retorno.
Aunque el hombre ha estado siempre guiado por el tiempo, pareciera en realidad que este es ajeno a los relojes y a los mortales. Siempre indiferente y desconsiderado; imperturbable. Así bien el hombre de negros cabellos sabía que ese momento llegaría, y que nada podía hacer para retrasarlo. Desde el comienzo mismo conocía los riesgos, y era una verdad sincera e innegable que su propia vida no le preocupaba- cuántas veces antes había deseado perderla- pero ya no se limitaba a él. Existía una guerra sobre sus hombros. Y aunque eternamente le costaría admitirlo, aparecía en su vida alguien por quién luchar, alguien que le necesitaba a él y no únicamente a sus habilidades y a su culpa que le llevaban siempre a aceptar hasta la más miserable de las peticiones, alguien que le devolvía un sentido concreto a su vida: Hermione. Y precisamente a estas ocho letras llegaba siempre el hilo de sus pensamientos; aquel delicado nombre era simplemente la coyuntura de todos sus problemas, era la causa y el desenlace. Entre la silenciosa H y la E final podían leerse las palaras peligro, miedo, muerte, destino y un sinfín de ilegibles futuros que segundo a segundo se acercaban; un sinfín de terribles posibilidades que corrían a su espalda pisoteándole los talones.
Y el tiempo nuevamente ganaba, el momento llegaba y nada podía hacer al respecto, salvo fingir aquella seguridad que no tenía, caminar con pasos vertiginosos y liberar miradas desvergonzadas y firmes; cruzar los dedos, rezar al dios en el que nunca creyó y regalarse a la suerte. Un último suspiro, una última mirada desesperada, una sola lágrima retenida y doce pasos que le llevaban al abismo.
-Severus- Oyó el siseo escalofriante del hombre-monstruo que sonreía complacido desde su puesto en la punta de la larga mesa.
-Mi señor- Dijo el oscuro profesor acompañando sus palabras de una exagerada reverencia.
-Toma asiento. Tengo noticias importantes que comentarles. Como se habrán dado cuenta, gracias a la incompetencia de algunos, mis planes han sido poco fructíferos. Mis leales súbditos, hemos penetrado en el "invencible" castillo del gran Dumbledore.- Algunas risas resonaron en el lugar.- Y aún así ¡NADA!- Gritó fuera de sí poniéndose de pie y provocando el terror en varios de los presentes. – Me he visto burlado, pero esta vez no será lo mismo.- Los aplausos, las risas y los gritos victoriosos de los mortífagos sedientos de venganza y violencia despertaron en el lugar.- ¡Quiero la sangre de Albus Dumbledore derramada en mis manos! ¡Quiero a Hogwart llorando de terror! No quedará uno sólo de esos mocosos de sangre sucia vivo.
-¿M..Ma..Mataremos a D..Dumbledore?- Preguntó Crabbe.
-Mi señor, deme el honor de cumplir con esta misión. – Rogó Bellatrix con los ojos brillantes.
-Tus deseos y tu disposición son ejemplares, Bellatrix, pero no serás tú quién lleve a cabo mis órdenes esta vez. Este cometido está destinado especialmente para Draco Malfoy.
-¡¿Y…yo.. se..señor? –Preguntó perplejo el muchacho.
-Supongo que no tendrás inconveniente alguno con mostrarme tu lealtad una vez más.- Amenazó.
-Por supuesto que no- Interrumpió Lucius temblando como una hoja mientras con un pañuelo se limpiaba el sudor de la frente.- Mi hijo cumplirá.
-¿Es eso cierto, Draco?- Insistió, a lo que el muchacho sólo pudo responder tragando saliva y asintiendo.
No hubo golpes ni gritos, ni maldiciones y ojos suplicantes. El tiempo pasó veloz y él seguía intacto. Todo como antes, excepto la certeza aplastante de un destino que se acercaba, de una nueva batalla que llegaría cobrando vidas y llantos: sufrimiento en su más puro estado. Al menos podía respirar tranquilo por un día: No era probable que en tan poco tiempo algo le hubiera sucedido a Hermione. Llegó cansado al castillo, aliviado por una parte por los pocos días que la vida le había regalado, y por otra, sintiendo el dolor como una daga en el pecho por el destino que esos días podrían tener. Caminó lánguido y quedo por los pasillos hasta llegar a su despacho, y al abrir la puerta lo que vio lo dejo perplejo: los papeles y libros que antes descansaran sobre su escritorio eran ahora recibidos por el suelo de piedra; montones de pociones se derramaban por la habitación, cayendo de estante en estante, cubriendo maderas, libros, papeles y plumas.
Dio un paso trémulo por sobre el montón de vidrios y papeles, y desde aquella nueva perspectiva, pudo apreciar el verdadero caos que era su despacho: Tras unos segundos de verdadero shock en que no atinaba siquiera a cerrar la boca, corrió hacia su habitación. "No" Murmuró aterrado al ver que no había rastro alguno de la muchacha. Sin saber realmente qué hacer se adentró con lentitud en la habitación, y se sorprendió al sentir el contacto frío y duro contra su pie. Bajó la mirada y allí estaba: Delatadora y horrible la máscara que había decorado su rostro en los momentos más deshonrosos. "Hermione" Susurró notando lo delicado de la situación.
En tantos momentos había temido por esta situación, de tantas formas distintas la había imaginado, tantas posibilidades visualizadas, y a pesar de ello, precisamente la que se le había escapado de las manos era la que ahora sucedía.
En medio de su perplejidad y preocupación, ahogado entre el huracán de emociones que se escondía tras ese rostro contraído, aún mantenía la frialdad suficiente como para preguntarse la manera en que Hermione habría logrado salir. Mas, el raciocinio calculador que tomaba espacio en su cabeza, mientras su cuerpo contrastante perplejo y quieto yacía, acabó pronto para dar espacio a la puñalada que comenzaba a sentir en el pecho. ¿Dónde estaría? ¿Y en qué estado? ¿Podrían encontrarla?
Quién mejor que él conocería la noche que cubre los ojos por el odio, las astillas frías de hielo clavándose en el pecho por el dolor y la desesperación; la extraña sensación en la boca del estómago por la soledad cuando ni la luna compañera parece responder a los lamentos silenciosos. Quién más que él comprendería la inocencia frágil de la confusión, la respiración agitada cuando siquiera se comprende lo que se siente, lo eterno que parece el tiempo entre llantos y preguntas, el poder de la duda cuando el valor de la propia vida parece desvanecerse. Así estaría, sola; abandonada a su suerte bajo un cielo cubierto de estrellas que observan recelosas e indiferentes. Asustada: aterrada, perdida en sus decisiones. Odiándolo, quizás hasta odiándose a sí misma. Pequeña. Frágil. Meciéndose de rodillas con lágrimas en los ojos y miedo en el corazón, mientras él permanecía quieto y confundido en la habitación, sin saber qué hacer, sin saber cómo encontrarla, sin excusas en la lengua que pudieran calmarla; lejos y sin soluciones, desnudo de pretextos y sin poder protegerla, dispuesto a buscarla, para ofrecerle tan solo una mirada honesta y una verdad brutal y dolorosa.
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-Nada- dijo firme Remus Lupin antes de dejar entrar a un cabizbajo Sirius que negaba con la cabeza.
-Ya han pasado dos horas y no hay rastro alguno de ella, Albus.- Repuso Moody, a lo que el anciano respondió a penas con un suspiro leve y silencioso: doloroso.
-Quizás sea hora de hablar con Harry.- Murmuró Tonks tomando la mano de su esposo, sabiendo que a pesar del leve volumen de su voz todos podían oírla.
-No todavía, es demasiado pronto- Negó Mcgonagall.
-¡¿Cómo has podido ser tan idiota Snape? ¿Puedes explicarnos por qué demonios la pobre muchacha se escapó de tus habitaciones? – Chilló de repente Sirius, acabando con dos pasos fuertes la distancia que lo separaba del hombre de oscuros cabellos, que no reaccionaba con más que silencio- ¡Responde bastardo! ¡¿Qué mierda le hiciste a Hermione?- Gritó fuera de sí, mientras sacaba rápidamente su varita y la apoyaba en el cuello del hombre.
-Sirius, basta.- Resonó la firme voz de Albus Dumbledore al momento que Moody tiraba a Black de los hombros y brazos.
-¡Tenemos el derecho a saberlo Albus! ¡¿Por qué Hermione se fue?
-Lo siento, pero no es tu asunto.- Respondió sereno el anciano
-¡Arriesgamos hasta nuestras vidas por tus peticiones! ¡Confiamos en tus órdenes a ojos cerrados, te entregamos nuestra lealtad incondicional, y tú te atreves a decirme que no es mi asunto!
-Cálmate, Sirius.- Ordenó Lupin mientras lo sostenía del pecho para que no se abalanzara sobre alguno de los presentes.
-Agradezco tu ayuda y lealtad, pero si no eres capaz de conformarte con mi respuesta, y no puedes confiar en mí sin ella, supongo que tendré que prescindir de lo que me entregas.- Respondió Albus Dumbledore con mirada severa.
-Tus palabras me ofenden.- contraatacó Sirius.
-¡A mí me ofende tu desconfianza! – Contraatacó el anciano dando por finalizada la conversación.
-Un día me parece más que sensato.- Propuso Moody.- Si en un día la muchacha no aparece, se lo comunicaremos a Harry, Ron y el resto de los chicos.
-Me parece bien.- Concordó Lupin
