-La historia es de mi exclusiva autoria más esta ligeramente basada o complementada por la serie "Kösem La Sultana" escrita y producida por Timur Savci. Los personajes son de la completa autoria de Masashi Kishimoto, pero los personajes de caracter secundario o sin relevancia si son de mi autoria. :3 gracias
Capítulo 9
-¿Cómo es que paso esto?—preguntó Mikoto absolutamente furiosa al enterarse de lo sucedido, la madrugada del día siguiente.
Con el cabello trenzado y vestida con una bata de terciopelo verde grisáceo por sobre su camisón, la madre del Sultan demostraba su furia por enterarse tardíamente del ataque contra la favorita de su hijo, su mejor y más leal aliada. ¿Quién había orquestado todo eso? Dudaba de que todo fura únicamente por motivos personales.
-Las disputas personales y los celos son algo común en el Harem, Sultana—respondió Shikamaru, de pie junto a Shizune, frente a la matriarca de los Uchiha, -pero no me atrevería desechar la idea de que la Sultana Mito tenga algo que ver.
-La Sultana Mito ha de tener conocimiento de que Sakura tiene el total favor del Sultan—prosiguió Shizune que tenía la misma teoría que Shikamaru, -tentar y ofrecer poder son su estrategia más común.
Mikoto se desplomo sobre su diván, apretándose las manos y pensando cual era la mejor estrategia en ese momento. ¿Una confrontación? Por supuesto que no. Lo mejor en ese momento era ser pasiva y no atacar a nadie. En la mente de Mikoto apareció el nombre de su estilista personal, Temari. Le pediría un favor muy importante.
-Dime, Shikamaru, ¿Cómo está ella?—preguntó Mikoto haciendo alusión a Sakura.
El Nara suspiro con cansancio, observando a Shizune que parecía ligeramente afectada por lo sucedido, algo raro de ver en ella. La pelinegra se preocupó ante esto. Por ahora solo sabía que habían golpeado a Sakura y le habían cortado parte de su larga y hermosa melena pelirosa, no tenía claro conocimiento de todo.
-Inspiró lastima verla, Sultana—menciono Shikamaru que jamás tenia favoritismo con nadie del Harem, -yo personalmente fui el primero en verla. Pero aun así el Sultan se mantuvo a su lado y paso la noche con ella.
La pelinegra no consiguió ocultar su sorpresa ante la noticia. ¿Su hijo había pasado la noche con ella y la había mantenido a su lado a pesar de lo ocurrido? Sasuke verdaderamente estaba enamorado de Sakura y eso resultaba algo peligroso. El amor estaba prohibido para los gobernantes, pocas veces tenía lugar sin que uno de los dos fuera dañado de alguna forma. Ya había garantizado la seguridad de su hijo en todos los años anteriores a su subida al trono, ahora tenía que proteger a Sakura si quería garantizar la felicidad de su hijo.
Mikoto levanto la mirada hacia Shikamaru tras inciertos segundos de silencio.
-Shikamaru, encárgate de que Temari encuentre todo lo necesario para devolver a Sakura a su belleza total—ordenó Mikoto, recordando el innegable talento de su estilista personal, -necesitaremos tiempo. Shizune—la nombrada asintió, dispuesta a cumplir los deseos de su Sultana, -ordena que hagan un nuevo vestido y joyas, especialmente para Sakura—Mikoto sonrió ante esto, -quiero verla radiante.
Con la debida reverencia, Shizune y Shikamaru se retiraron, sin darle la espalda a la Madre Sultana, para cumplir con la tarea que ella les había encomendado tan devotamente.
-Resultará problemático—comentó pesadamente el Nara, en voz baja, mientras se retiraba en compañía de Shizune, haciendo lejana alusión a Temari.
Mikoto ignoro la voz del Nara y solo sonrió para sí misma. ¿Así que Mito creía tener el poder suficiente como para deshacerse de Sakura? Lástima, porque ella ni siquiera le daría la oportunidad de volver a tocarla.
Cuidaría de Sakura.
Mito bebió te de su copa mientras Choji se encontraba fielmente junto a ella, de pie claro, informándole lo que había sucedido el día anterior. Una sonrisa ladina y arrogante adorno el rostro de la pelirroja que estaba claramente satisfecha por lo ocurrido.
-Dile a Guren que su esfuerzo valdrá la pena—habló Mito para Choji quien asintió sonriente por las ordenes de su Sultana, -no creo que Sasuke siga pensando que Sakura es hermosa…como está ahora.
La Sultana sonrió cómplice para su fiel sirviente que la imito absolutamente despreocupado. Seguro de que todo lo que su Sultana decidiera estaba bien. El repiqueteo de golpes contra la puerta llamó la atención de Mito que, pese a ser temprano, estaba esperando la llegada de alguien.
-Adelante—indicó la Sultana a sus dos doncellas que se mantenían atestadas contra la puerta, cual guardias.
Las puertas se abrieron con un chirrido y Mito, sentada detrás de su escritorio, recibió con una sonrisa ladina a la mano derecha del Sultan, Fugaku Pasha, quién, al detenerse frente a su escritorio, la reverencio debidamente con la propiedad que correspondía al estar ante una mujer con su poder.
-Sultana—la saludo Fugaku.
-Fugaku Pasha—respondió Mito, indicándole que tomara asiento en el pequeño diván que estaba frente al escritorio.
El jenízaro, apartado la larga cola de su chaqueta, tomo asiento y observo pacientemente a la mujer de mayor autoridad en el palacio…incluso por sobre la Sultana Mikoto, una mujer que sobrevivía destruyendo a quienes estaban a su paso. Sabía que la sonrisa que ostentaba la Sultana Mito era falsa, no tenía por qué tener una atención de ningún tipo para con él.
-Sabemos de su innegable lealtad, Fugaku—inició Mito con voz serena y calmada, -lo ha demostrado a lo largo de todos estos años, pero, a todos, nos parece que esa lealtad merece su recompensa.
-No será necesario Sultana, yo estoy a las órdenes de su majestad—respondió Fugaku una vez que la pelirroja hubo terminado.
Asintiendo y sin hacer desaparecer la sonrisa de su rostro, Mito se sintió todavía más interesada en la mente del jenízaro y lo increíblemente capaz que era para ocultar sus deseos, ambiciones y sentimientos. Jamás recordaba haber visto a alguien así en el palacio en su vida…pero había algo que si tenía y que veía claramente, lealtad. Y en un momento así era prioritario arrebatarle a Mikoto a uno de sus sirvientes más leales.
-Pero yo lo considero necesario—respondió Mito con la misma sonrisa de confianza plasmada en el rostro, -la mano de mi hija, la Sultana Hinata, me parece un regalo más que apropiado.
Intentando contener su sorpresa, Fugaku observo sencillamente a la Sultana Mito, incrédulo por lo que estaba escuchando.
El poder tener la posibilidad de casarse con una Sultana, un miembro del Imperio de los Uchiha, era una ocasión única en la vida…era alcanzar el poder total sin demasiado esfuerzo…pero también significaba estar al borde de un precipicio en que se podía perder rápidamente si se cometía un error lo bastante grave o critico como para ofender al Sultan.
Su respuesta cambiaría su vida, lo sabía…
Pese a lo que todos creyeran de él y Sakura, la noche anterior Sasuke se había encargado de otra cosa.
Había hecho traer secretamente, en medio de la noche, a su médico personal quien había examinado cuidadosamente a Sakura antes de mandar a buscar todo lo necesario para curar los moretones y cardenales que tenía en el rostro producto del ataque acontecido. Le hubiera encantado estar a su lado a cada instante pero, las presiones y el cansancio diario lo habían hecho quedarse dormido mientras el medico procedía eficientemente.
Sakura, quedándose quieta en todo momento, había sonreído suavemente al ver a Sasuke intentando quedarse despierto por ella, más fallando en el intento. Ya casi siendo la madrugada el medico haba hecho todo cuanto conocía, aplicando hielo y carne de ternera cruda sobre su rostro para bajar la hinchazón y desaparecer los moretones, sosteniendo los aditamentos utilizados con vendas. Hubiera mentido al decir que no sentía la cara dormida, pero sabía que era por su propio bien.
Ya al amanecer, el doctor, tras horas de haberla tenido vendada, comenzó a quitar los vendajes justo cuando Sasuke comenzaba a despertar. Sintió las vendas y la carne de ternera siendo apartas de su rostro y sonrió al sentir que podía volver a moverse. Sasuke, abriendo los ojos, vio al médico terminar de tratar a Sakura, complacido aparentemente con el resultado que tenía en frente más Sasuke, desde donde estaba, no podía ver el rostro de la pelirosa.
Dejando las vendas y la carne ya usada, junto al resto de las cosas que traía consigo, el medico bajo la cabeza ante el Sultan, ya habiendo terminado. Sakura, tomando aire, se giró lentamente para observar a Sasuke que, de no verla con el cabello hasta los hombros, hubiera dicho que ella jamás había sido víctima de ningún tipo de agresión. Levantándose el diván que además le había servido como cama, el Uchiha se le acerco lentamente, tocando su rostro y asegurándose de que el daño recibido ahora no era sino un triste recuerdo. Sakura, con una enorme sonrisa en el rostro, se abrazó y le hizo saber que aquello era completamente real.
Podían dejar el pasado atrás.
Hinata, entrando a sus aposentos rápidamente y cerrando las puertas que separan el resto del mundo de ella, se sentó al borde de su cama y abrió ansiosa el estuche de tela que Naruto Uzumaki le había entregado a una de sus doncellas para que se lo entregara a la que, con sus propias palabras, era "la mujer más bella sobre la tierra".
Tocando el frio tacto de aquel collar que extrajo dele estuche, Hinata contuvo el aliento ante la encantadora imagen de un collar que, sentía, estaba hecho única y exclusivamente para ella. Rápidamente, y sin perder tiempo, se dirigió hacia el enorme espejo veneciano de marco de plata que estaba en uno de los rincones de la habitación y abrió el broche del collar que coloco alrededor de su cuello, sintiendo que no era otro que el mismo Naruto que lo colocaba alrededor de su cuello.
La historia de ambos era algo totalmente prohibido, el amor en si ya lo era, pero vivir ese amor perteneciendo a dos familias absolutamente opuestas era todavía más peligroso. Era un problema que se enamorara, era un problema que quisiera algo que los demás no. Siempre sentiría envidia de las esclavas del Harem que deseaban estar con el Sultan podían hacerlo, pero ella era esclava de un destino que no deseaba y que estaba forzada a vivir.
La primera vez que se habían visto haba sido hacia medio año y, desde entonces, Hinata había recibido esa clase de cartas de amor cada semana, a veces varios días a la semana, todas escritas de puño y letra del príncipe Uzumaki quien, cada vez que estaban juntos y/o tenían un momento a solas, le susurraba cuanto la amaba y lo difícil que le resultaba el tiempo que pasaba sin ella.
Acariciando el collar que rodeaba su cuello, Hinata volvió hacia la cama donde se sentó y tomo la carta sellada que había dejado en su ensueño. La abrió con lentitud y leyó las palabras ahí escritas como si la suave voz de Naruto se las estuviera susurrando al oído con esa devoción innegable que sentía el uno por el otro.
"Mi única dueña, mi destino inevitable, sólo Kami sabe que he intentado. Camino calles interminables por las noches, rezo y hago votos para olvidarla. Me refugié en el sake para que, en caso de no tener conciencia, evitara pensar en ti. Por un tiempo, creí lograrlo. Preferiría morir que tener una vida sin siquiera soñarte. Eres el agua, eres el aire y el pan. Le pedía a Kami que se llevara mi vida y me convirtiera en viento, que tu hermoso cabello sea mi mar, que pueda soplar tus labios, tus manos. Quisiera descansar en tu pecho para siempre"
Recostándose sobre el colchón, Hinata abrazo la carta contra su pecho, sintiendo aquella profundidad que solo las palabras del rubio podían tener en ella. Las palabras de amor de parte del Uzumaki no eran todo para ella.
Naruto…
Sakura recorrió los pasillos hacia el Harem con la frente en alto, comportándose como aquello que Sasuke le había dicho que era para él; una Sultana.
Vestida con un sencillo atuendo de seda rosa y hombros caídos, con su ahora corto cabello totalmente suelto y arremolinándose sobre sus hombros. Entro en el Harem ante la atónita y sorprendida mirada de Kurenai que, con solo verla, casi perdió el aliento producto de la sorpresa. Supo que era objeto claro de la mirada de todas las presentes pero no le importaba en lo absoluto.
Solo quería llegar a su habitación, encerrarse y alejarse de todos, pasando el tiempo o leyendo o haciendo algo, escribirle a su familia quizás, pero esperando pacientemente a que llegara la noche y Sasuke la llamara para estar a su lado, como le había prometido hacerlo cada noche, asegurándole su protección.
Las carcajadas o murmullos de parte de cualquiera de las presentes fueron respondidas por impoluto silencio de su parte y una imagen de frialdad que Sasuke le había enseñado a mostrar ante aquellos que, en las palabras de él, no merecían siquiera una de sus miradas. Se detuvo de golpe, al final del pasillo que la conduciría a su habitación, en cuanto vio a Kin detenerse en frente suyo.
-Sakura…- inició la pelinegra pero, al ver que las observaban, Kin le indico que pasaran a la habitación.
Aun ligeramente desconfiada, Sakura la siguió y cerro ella personalmente las puertas de sus aposentos una vez estuvieron en el interior. Podía haber perdonado a Kin, pero eso no significaba en lo absoluto que confiara en ella inmediatamente tras lo ocurrido.
-Quería pedirte perdón por lo que paso—confesó Kin una vez que ambas se encontraron a solas, -no pensé las cosas, solo me deje usar por Guren…y la Sultana Mito.
-Así que ella tuvo algo que ver—comentó Sakura para sí misma, recibiendo un asentimiento de parte de Kin.
Sakura, caminando y sentándose sobre su diván, le indico a Kin que se sentara a su lado, cosa ante la cual la pelinegra no emitió protesta alguna.
-Quiero que sepas que…no tienes por qué servirme—informó Sakura sabiendo que, tras lo ocurrido, el deber de Kin ahora era ser su doncella y cumplir cualquier orden que le diera, en breves palabras; ser su criada o sirvienta, -te perdone, eso es suficiente.
-No…por favor—pidió Kin, interrumpiéndola. –Quiero hacerlo—admitió para sorpresa de Sakura que no entendía los motivos que podía tener la pelinegra como para ser su sirvienta, -sé que he hecho las cosas mal, desde que te conozco, ahora lo veo. Pero quiero estar a tu lao y ayudarte—admitió levantándose del diván y arrodillándose ante Sakura que no sabía que hacer o decir ante sus declaraciones, -es lo menos que puedo hacer después de lo cruel que he sido contigo—bajo la cabeza con lágrimas en los ojos. –No sabes cómo ha cambiado Guren, ella no era así…y no sé lo que ahora pueda hacer—aseguró, -por favor, déjame servirte.
Por más que no estuviese acostumbrada, Sakura sabía que si iba a ser Sultana iba a necesitar de doncellas, sirvientes y criadas, y tenía que comenzar a hacerse a la idea…además de que, si no quería tener enemigos, más le veía cumplir con las cosas que le fueran indicadas y mantener la paz y orden para con los demás. Sakura bajo la mirada hacia Kin que estaba esperando su respuesta.
-Está bien—sonrió ladinamente la pelirosa, sujetándole la mano para ayudarla a ponerse de pie, -trae tus cosas—la alentó sacándole una sonrisa a la pelinegra que, con una rápida reverencia, se dirigió hacia la puerta a toda prisa, casi olvidando que dejaba la puerta abierta.
Ahogando entre dientes una carcajada ante el actuar de Kin, Sakura introdujo una de sus manos bajo su escote de donde extrajo una carta que Sasuke le había entregado antes de dejarla ir, según él, para que pudiera aguantar la espera que significaba estar separados. Volviendo a sentarse sobre el diván, abrió la carta y leyó cuidadosamente cada palabra plasmada sobre el papel:
"En el pasado, solía rezar cada noche, al colocar mi cabeza en la almohada, orando por despertar y ver la salida del sol una vez más. Uno de mis ojos siempre estuvo abierto, uno de mis oídos escuchando la puerta y una de mis manos sosteniendo una daga debajo de mi almohada. Y ahora, Sakura, por primera vez en mi vida, duermo sin hacer nada de esto porque tú estás conmigo, con tu aliento y con tu olor, estás aquí. Porque la vida tiene sentido, color y alegría solo porque te tengo a ti; mi flor, mi Sultana, mi ángel"
Mordiéndose el labio inferior, Sakura doblo la carta cuidadosamente y guardo nuevamente en el interior de su escote, levantándose y dirigiéndose hacia su cofre del que, al abrirlo, extrajo papel, pluma y tinta que dejo sobre la pequeña de metal. Cerró el cofre y, sentada sobre el suelo, comenzó a escribir.
"Sasuke, el dueño de mi corazón, mi señor y amo. Tu Sultana extrañas las devotas e incansables muestras de tu amor. Tú eres la razón de mi felicidad y estar sin ti desgarra mi corazón. El no estar contigo causa sufrimiento en mi alma, y mi vida no tiene color, mi Sultan. Mi amor, tu imagen esta siempre en mi mente y esperare ansiosamente volver a estar en tus brazos, llenándome de la única y sin igual alegría que provoca tu presencia en mi corazón que late al unísono del tuyo.
¿Cuándo te veré? Estar lejos de ti es mi muerte y no quiero dejar de amarte de esta forma.
Tu amada, Sakura"
Leyendo su carta, ya terminada, Sakura sonrío llena de alegría. Se la entregaría a Kin y haría que ella la entregase a los guardias para que Sasuke la recibiera y, al igual que ella, pudiera sentirse capaz de aguantar la espera que significaba volver a verla al anochecer.
Mi Sultan, mi sol.
-Supongo que rechazaste la propuesta, Fugaku—aludió Mikoto.
De pie junto a su hijo, sentado frente a su escritorio, Mikoto escucha la revelación de Fugaku que, tras la salida del Sultan de la reunión del Consejo, había llegado a sus aposentos en compañía de su madre que lo había intersectado de camino para hablar sobre Sakura.
Sasuke, sentado frente a su escritorio, confiaba en que Fugaku hubiera aceptado la propuesta de matrimonio. No porque sintiera algo por Hinata, sino porque así podrían menguar la influencia y el poder de Mito que, ilusamente, creía poder ganar algo al involucrar a su hija. Sasuke tenía total conocimiento de que su tía estaba enamorada del menor de los hermanos Uzumaki, Naruto, que tenía la misma edad que él al igual que su tía, y no se oponía a una historia de carácter romántico entre ambos, ¿Por qué lo haría? Si él podía sentir amor en su vida, ¿Por qué privárselo a otros? Pero debía de realizarse ese matrimonio, aunque fuese por puras apariencias pero tendría que suceder.
Era por el bienestar y supervivencia del Imperio.
Podía llevar un mes y medio como Sultan, era joven e inexperto pero poco a poco comenzaba a tomar las riendas del poder. Gracias a Sakura y a sus consejos es que estaba haciéndolo.
-Acepte, mi Sultana—respondió Fugaku, -si me caso con la Sultana Hinata, obtendré poder y así podremos deshacernos de la Sultana Mito—explicó el jenízaro para satisfacción del joven Sultan, -todo es por sus intereses.
El Uchiha sonrió de lado ante esto, más sabia que su madre no vería las cosas de una manera tan positiva. Fugaku había sacrificado su "libertad" a cambio de convertirse en yerno del Imperio que gobernaba el mundo. Escucho un repiqueteo contra la puerta, ante lo que levanto la mirada.
-Adelante—indicó Sasuke.
Con un chirrido, las puertas se abrieron y uno de los dos guardias que permanecían atestado en el exterior se detuvo frente a su escritorio mientras Mikoto y Fugaku guardaban silencio. El soldado jenízaro realizo la debida reverencia y levanto escasamente la mirada, ofreciendo entre sus manos una carta firmemente cerrada. Sasuke la recibió y, levantando su mirada hacia el jenízaro, pidió una explicación.
-Es de la señorita Sakura—respondió el jenízaro.
Tras recibir la carta y, sin emitir palabra alguna, Sasuke le indico al guardia que se retirara, acción que cumplió inmediatamente.
-¿No será por tus intereses?—preguntó Mikoto, para nada de acuerdo con la idea del matrimonio.
-Hiciste bien, Fugaku—respondió Sasuke, sin darle mayor oportunidad a su madre para protestar, -mantenme informado de todo lo que la Sultana Mito te diga—ordenó el Uchiha recibiendo un asentimiento de parte de su fiel amigo, -es todo, pueden retirarse—declaró el Uchiha, levanto su mirada hacia su madre, indicándole que lo dejara solo.
Jugando con la carta cerrada entre sus manos, Sasuke espero pacientemente hasta que su madre y Fugaku hubieran declarado su partida con el inconfundible chirrido de las pesadas puertas de madera. Rompiendo el sello y desdoblando la carta, Sasuke dirigió su ansiosa mirada a las palabras que allí yacían plasmadas de parte de los sinceros sentimientos de su ángel:
"Sasuke, el dueño de mi corazón, mi señor y amo. Tu Sultana extrañas las devotas e incansables muestras de tu amor. Tú eres la razón de mi felicidad y estar sin ti desgarra mi corazón. El no estar contigo causa sufrimiento en mi alma, y mi vida no tiene color, mi Sultan. Mi amor, tu imagen esta siempre en mi mente y esperare ansiosamente volver a estar en tus brazos, llenándome de la única y sin igual alegría que provoca tu presencia en mi corazón que late al unísono del tuyo.
¿Cuándo te veré? Estar lejos de ti es mi muerte y no quiero dejar de amarte de esta forma.
Tu amada, Sakura
El Uchiha, aun con la carta entre las manos, hecho la cabeza hacia atrás en el respaldo de su asiento, tomando aire y liberando casi en el acto. En el pasado las historias de amor eran algo que consideraba burlesco, absurdo, pero desde que tenía a Sakura en su vida cada cosa tenía un nuevo sentido para él.
Ella le daba sentido a su vida.
Para Hinata, el haber recibido la repentina noticia de que la habían comprometido sin su autorización, en su ensueño y felicidad por el regalo de Naruto, le había resultado un golpe tremendamente doloroso para su corazón, un golpe que, de no poder cambiarlo, acabaría desbastándola por completo.
Ahora, sentada frente a su madre en el diván, esperaba que la poderosa y conocida Sultana Mito hiciese algo para explicar el por qué para haber tomado esa decisión aunque, para Hinata, no le extrañaría que fuera en pro de su propio beneficio, al fin y al cabo sería la tercera vez que la casarían contra su voluntad. Mito mantuvo un silencio sepulcral, sin embargo, sin emitir gesto o palabra alguna para tranquilizar a su hija menor.
-Has estado sola…por mucho tiempo—inició Mito, tomando la copa que estaba frente a ella, sobre la pequeña mesa bañada en oro, aun sin observar a su hija, -mereces lo mejor luego de tanta desdicha—se explicó Mito, dejando su copa sobre la mesa y, por fin, observando a su hija que no conseguía encontrar sosiego pese a las palabras de su madre, -Fugaku Pasha es un hombre prometedor, valiente y audaz…estoy segura de que te hará muy feliz.
Teniendo dieciséis años, Hinata ya entendía muy bien que no podría ser feliz, principalmente porque su madre la casaba con quien estimaba conveniente, jamás pensando ni siquiera un ápice en su felicidad o en aquello que deseaba. ¿Cómo podía considerarse madre siquiera? La primera vez que la habían casado había sido cuando Hinata no tenía más que catorce años cumplidos, y meses después (en su segundo matrimonio) casi quince, y hacia solo meses atrás (tercer matrimonio) acababa de haber cumplido los quince años. ¿Qué clase de vida era esa?, ¿El ser esclava de un Imperio que no hacía nada por ella?
¿Por qué tenía que seguir reglas absurdas mientras el resto del mundo era feliz?
-¿Te importa mi felicidad, mis sueños, mis pensamiento o lo que siento?—preguntó Hinata abiertamente con la ira pintando su, usualmente, pasivo tono de voz, -Tú has elegido a mis tres anteriores esposos—la acuso la ojiperla sin titubear ni un solo segundo; -el primero tenia ochenta años y murió en el lecho antes que pudiera haber siquiera supuesto que se consumaría algo—prosiguió Hinata ante la mirada iracunda de su madre y las sorprendidas mirada de los sirvientes, sobre todo de Choji que no creía estar escuchándola hablar así, -con el segundo estuve casada un par de meses y afortunadamente pude divorciarme—recordó Hinata con disgusto a aquel hombre frívolo y ambicioso con el que se había visto forzada a perder la virginidad contra todos sus deseos, -el ultimo que, pensaste, valía la pena fue ejecutado por mi difunto hermano—menciono la peliazul subiendo el tono de su voz y acusando a su madre con lágrimas en los ojos. -¡¿Pensaste en mi felicidad mientras todo eso pasaba?!—gritó Hinata al borde del colapso nervioso.
Lo único que se escuchó, seguido el grito de dolor de parte de la Sultana Hinata fue el sonoro eco de una bofetada de parte de la Sultana Mito hacia su hija quien, tras recuperarse del golpe, la observo igual de molesta por la absurda manera en que intentaba silenciarla.
-Contrólate, Hinata. Eres la hija de la Sultana Mito—ordenó Mito sin parecer arrepentida por la bofetada propinada a su hija, -solo los tontos sin esperanza buscan felicidad en maridos y familias—acusó Mito olvidando por completo que, en el pasado, había sido igual de soñadora y enamoradiza que su hija al llegar al palacio con dieciséis años y luego haber sido enviada al príncipe Madara que, posteriormente y tras la muerte de su madre, consiguió hacerse con el trono y ser Sultan. –Si fueras inteligente, intentarías sacarle provecho a esta unión.
Hinata únicamente aparto la mirada de su madre. Nunca estarían de acuerdo en nada…pero quizá si hablaba con su sobrino este podría entenderla y ayudarla en la encrucijada en la que estaba. Todos decían que estaba enamorado de su favorita, una tal…Sakura.
Si su sobrino conocía el amor, entonces quizá la entendería.
Sakura, sentada sobre su diván, espero la llegada de Kin que, extrañamente, estaba tardando más de lo que hubiera previsto, haciéndola temer y dudar en si había hecho bien al confiar en ella. Sacándola de sus dudas, la puerta de abrió y Kin entro con un paquete cuidadosamente sujeto por una de sus manos, cerrando la puerta con la otra.
Por la sonrisa que la pelinegra tenía en el rostro, Sakura intuyo que se trataba de algo bueno.
-Lamento la demora—pidió perdón Kin, sin borrar la sonrisa de su rostro mientras abría el paquete envuelto en tela, -pero el Sultan envió esto para ti.
Sakura observo atenta el paquete que Kin rápidamente expuso ante sus ojos. Eran flores, pero no cualquier clase de flores, eran aquellas que emulaban su nombre; las flores de cerezo, sus favoritas y las de Sasuke. Las había añorado por mucho tiempo, lejos de su Isla griega donde solo un árbol las exponía para ella y para su familia. Ambas se sonrieron cómplices ante el paquete.
Comenzaban a llevarse bien, solas y lejos de las absurdas intrigas palaciegas.
-¿Me ayudarías?—preguntó Sakura, levantando su vista de las hermosas flores.
Kin, sin entender los planes que ella tenía, asintió únicamente, ¿Qué es lo que Sakura tenía pensado hacer con esas flores?
Usando un nuevo vestido que parecía ser una joya al brillar con el movimiento, color rosa de escote corazón y con una chaqueta superior brillante y ajustada a su cuerpo, Sakura entro al "Jardín Secreto" con el costado izquierdo de cabello adornado y entretejido con las flores de cerezo que Sasuke le había obsequiado, creyendo que podría encontrarlo allí.
Se había arreglando únicamente para él.
-Sasuke—lo nombró Sakura al ver una figura masculina, dándole la espalda.
La luz el astro solar la encegueció parcialmente y la hizo cubrirse los ojos con el dorso de la mano. Parpadeo lenta y pausadamente mientras sus ojos enfocaban la figura que se giró hacia ella. No era Sasuke. Se trataba de alguien muy familiar para ella, su salvador al momento de su llegada a las afueras de Konoha. Andreu. Lo observo y se le acerco anonadada, incapaz de creer que fuese él.
Neji, igualmente sorprendido, la observo de arriba abajo, sonriéndose al verla con el cabello corto siendo que recordaba que ella lo había tenido hasta las caderas. Pero aquel arreglo de flores en el costado de su cabello la hacía ver todavía más hermosa y además hacia juego con sus ojos.
-Andreu…- lo nombró Sakura con una radiante sonrisa en su rostro.
Obnubilado por la belleza de la joven pelirosa, Neji olvido por completo su nombre y volvió a ser el salvador de ella, aquel que había impedido que los leales a la familia Sabaku la lastimaran. Sabía que sentía algo por ella pero no fue sino hasta ese instante que descubrió que aquello era amor. Ella era hermosa y perfecta ante sus ojos y no dejaba de pensar en ella cada noche, cuando cerraba los ojos.
-Sakura—la saludo Neji con una sonrisa todavía más dichosa que la de ella.
Para ambos, aquel reencuentro que estaba teniendo lugar era algo que ambos había deseado con mucho anhelo, sobre todo Neji. La sonrisa en el rostro de Sakura no desapareció en lo absoluto, ni tampoco la de Neji.
-¿Qué te hicieron?—pregunto Neji, señalando con sus ojos el ahora corto cabello de la pelirosa.
Por mero instinto, Sakura toco el ahora corto mechón de su costado derecho que llegaba a la altura de su hombro. Habían sucedido demasiadas cosas en el último tiempo. Estuvo a nada de responderle a Neji pero un repentino mareo la sobresalto e hizo que el ojiperla la sujeta de la cintura para evitar su caída.
-¿Estás bien?—le preguntó el pelicastaño.
-Si—respondió Sakura, asintiendo y zafándose suavemente del agarre del pelicastaño.
Podía considerar a Andreu alguien importante para ella, el primer amigo que había tenido tras su captura, exceptuando a Jugo claro, pero sentía extraño y molesto el tacto de alguien más sobre ella, salvo el de la Sultana Mikoto. Solo se sentía bien si era Sasuke quien la abrazaba y cuidaba devotamente. No podía sentirse bien de otra forma.
Sasuke entro en el "Jardín Secreto" seguido de dos escoltas, uno de sus guardias (designado por Fugaku quien estaba reunido con la Sultana Mito) y el capitán de los armeros. No pudo evitar fruncir el ceño al ver a Sakura delante del que ahora era su compañero de entrenamiento. Sentía la daga de los celos hundirse en su pecho, más supuso que se trataba del hecho de que las mujeres del Harem tenían prohibido tratar con los hombres…y Neji, por un instante, le resulto una amenaza.
Al percibir la llegada del Sultan, Neji bajo la cabeza en el acto, provocando que Sakura se girara. La pelirosa, acomodándose de pie junto al pelicastaño, bajo la cabeza en la debida reverencia, levantando la mirada con una suave sonrisa, un habitual regalo para su Sultan. Al verla tan hermosa, arreglada con las sedas que él le había hecho llegar y todavía más al haberse adornado el cabello con las flores que había ordenado enviarle, Sasuke se olvidó por completo de su momento de celos y se acercó inmediatamente a Sakura a quien noto ligeramente pálida.
Sintiendo al Uchiha abrazarla y envolver posesivamente su brazo alrededor su cintura, Sakura envolvió sus brazos alrededor del cuello del Uchiha, besándole la mejilla con una sonrisa. Neji, aun de pie y con la mirada baja, sintió como su corazón se rompía al ver semejante escena.
-¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó Sasuke genuinamente interesado, ignorando por completo al recluta jenízaro. –luces pálida.
Sakura, descendiendo sus manos del cuello al pecho del Uchiha, le sonrió con la dulzura que tanto la caracterizaba.
-Vine a agradecerte las flores que me enviaste—confeso Sakura levanto una de sus manos para tocar las flores de cerezo que estaban entretejidas en el costado izquierdo de su cabello, -realmente son muy hermosas.
Sonriendo ladinamente el Uchiha beso la frente de la angelical pelirosa a quien no ceso de observar con aquello ojos de enamorado que solo podía mostrar ante ella. Neji era de su confianza, no tenía por qué ocultar sus emociones delante de él. Sakura volteo a ver a Neji, fingiendo no conocerlo y aun sin responder a la pregunta del Sultan.
-¿Quién es él?—preguntó Sakura señalando a Neji con los ojos. –Me sentí mareada tras haber llegado, él me evito caer—confesó Sakura no siendo del todo mentirosa, -le pregunte varias veces pero no me respondió.
Sasuke sonrió ante esto, todavía preocupado por la respuesta de ella. Casi se sentía paranoico, totalmente temeroso de todo aquello que pudiera afectarla. Una idea cruzo la mente de Sakura, pero la desestimo inmediatamente, creyendo que solo se trataba del hecho de no haber probado bocado alguno durante la mañana. La felicidad, cartas y pensamientos se lo habían impedido. Ya pasaban del medio día. Tenía que comer algo o si acabaría desmayándose.
-Se llama Neji y es un nuevo soldado jenízaro, entrenamos juntos—explicó Sasuke ante lo cual Sakura, aun siendo abrazada celosamente por el Uchiha, sonrió suavemente sin parecer demasiado agradable, -Neji—el aludido levanto levemente la mirada, -ella es Sakura, mi Sultana y favorita.
Por un breve instante Sakura creyó que Sasuke no estaba haciendo otra cosa sino restregarle en la cara a todo aquel que estuviera presente que le pertenecía, pero desestimo tal diatriba por considerarla absurda. Sasuke estaba seguro de lo que ella sentía. ¿Qué necesidad sentiría para decirlo frente a todos?
Neji bajo la cabeza a modo de saludo y Sakura hizo lo mismo, tratándolo como a un extraño
-Vuelve al Harem—le indicó Sasuke, sorprendiéndola con un beso corto pero apasionado que la hizo reír, -nos veremos más tarde.
Con la debida reverencia, Sakura se retiró, no sin antes y como ahora era costumbre, voltear una última vez para regalarle una radiante sonrisa que le Uchiha le respondió de igual modo. De todas formas tendría cuidado. No sabía porque pero sentía que el mareo era una señal de algo.
Solo que todavía no sentía el porqué.
Devuelta en su habitación, Sakura se desplomo sobre su divan mientras veía a Kin terminar de guardar sus cosas. La pelinegra se giró hacia Sakura con una incógnita en la mente que confundió a la pelirosa. Sakura observo a Kin esperando que habla más esta ser apretaba las manos, nerviosa. Como aquello que fuera a preguntar fuese algo muy privado.
-Sakura…-inició la pelinegra, mordiéndose el labio inferior y ganándose una mirada impaciente de parte de la pelirosa, -¿tu sangre…ya bajo?
Ante semejante pregunta, Sakura entendió el nerviosismo de Kin para atreverse a preguntarle y se sonrojo inevitablemente. Esa pregunta si que era algo muy privado, pero basto la pregunta para que Sakura asociara a ella el mareo anterior y el hecho de que aun…no hubiese sucedido tal cosa. A su edad era algo normal, sucedía todos los meses y con mucha regularidad. Pero Sakura se sorprendió y extraño de que no fuese así.
-No...todavía no—respondió Sakura con normal vergüenza por responder esa pregunta.
Kin se sentó junto a Sakura.
-Pero ya debería haber pasado, ¿no?—preguntó Kin, preocupada por Sakura.
La pelirosa no respondió nada, más solo se llevó sutilmente una de las manos al vientre por mero, instinto. Las dudas se agitaban de forma incesante en su mente tras tantos sucesos ocurridos. Había pasado poco más de una semana desde su primera vez con Sasuke…parecía demasiado pronto, pero…
¿Sera posible? Se preguntó Sakura a si misma con incertidumbre.
Sasuke, ya devuelta del entrenamiento y aun sin tener noticias de Fugaku que se había encargado de llevar a Neji de vuelta al cuartel jenízaro, termino de colocare ropa limpia tras otro agotador día de entrenamiento.
Debía de admitirlo, le estaba tomando el gusto a esa rutina; despertar junto a Sakura, pensar en ella mientras trataba con los políticos, entrenar y luego pasar las noches charlando con ella, con absoluta libertad, disfrutando el simple hecho de tenerla entre sus brazos y poder dormir junto a ella sin pensar en absolutamente nada más.
Con ella todo era perfecto.
Las puertas se abrieron con un chirrido y sin anuncio alguno haciendo que Sasuke, por mera inercia, creyera que se tratara de Sakura. Más al girarse no se encontró frente a otra más que a su tía Hinata que parecía haber sido intentado detenida por Shizune que ingreso seguida de ella, a toda prisa.
-Mi Sultan—lo saludo Hinata, bajando la cabeza y realizando la reverencia que le debía como Sultan que era.
Sasuke sabía muy bien porque su tía se encontraba ante él; venía a pedir su ayuda. Pero como Sultan y gobernante que era Sasuke comprendía que no podía ser inflexible. Claro que entendía el amor que su tía sentía por Naruto Uzumaki pero eso no significaba que debiera de ponerlo por encima de una cuestión de estado, no en ese momento. Más tarde quizás, pero no en ese minuto exactamente.
-Puedes retirarte, Shizune—la tranquilo el Uchiha.
Con la mirada baja y sin llegar a darle la espalda al Sultan, la fiel doncella y tesorera de su madre, así como encargada de parte del Harem, se retiró sin emitir sonido alguno. Ya a solas, Hinata levanto su mirada suplicante hacia su sobrino que la observaba fríamente. Debía de reconocer que, pese al poco tiempo que llevaba en el trono, Sasuke ya sabía muy bien como ser un Sultan y no aparentar sentimientos, el parecer tan frio como el glaciar más sólido era un talento innato para él.
-No voy a protestar de la manera y el modo que deseo porque se, al igual que tú, que no tengo ese derecho…- inició Hinata, de pie frente a su sobrino que tenía exactamente la misma edad que ella, -nos lo quitaron a ambos en cuanto salimos del vientre de nuestras madres.
El Uchiha la observo igual de desinteresada ante su discurso, ¿Por qué le costaba tanto decir de una vez lo que quería pedirle?, ¿De qué le servía tanto titubeo? Sasuke estaba seguro de jamás poder entender a su tía.
-¿Qué quieres de mí, Hinata?—le preguntó Sasuke abiertamente, tuteándola como acostumbraba.
Desde niños, Hinata recordaba que, si bien su relación con Sasuke no había excepcionalmente buena, siempre habían podido tratarse de tú a tú sin el menor problema. A ambos les disgustaban los formalismos, era aquello que más tenían en común.
-Contrario a lo que la ley permite, en el caso de los Sultanes, yo tuve que casarme tres veces y nadie jamás pensó en mí o se preguntó si yo quería hacerlo—comenzó Hinata en un intento por llegar al meollo del asunto y a la vez sin ser demasiado directa. Eso era un problema, Sasuke lo sabía. Amaba a Sakura, y que más hubiera deseado que casarse con ella, pero la ley veía de manera absurda que un Sultan contrajera matrimonio porque simbolizaba que su hombría se veía…"limitada" ante la unión que conllevaba el matrimonio, algo que él consideraba totalmente ridículo. -Nunca fui feliz, no conozco el amor. Solo Kami sabe cuánto le agradezco a Naruto Uzumaki el librarme de la oscuridad; él es mi luz, mi aliento, el me enseñó a vivir—cayendo de rodillas frente a su sobrino y Sultan, a modo de súplica, la Sultana rogo como solo sentía poder hacerlo en ese momento. -Te lo ruego, sobrino, rompe entre compromiso absurdo y permíteme casarme con Naruto Uzumaki.
Sasuke, observándola, solo suspiro ante su suplica.
Hubiera deseado cumplir su deseo y decir, "si, cambiare de parecer" pero las cosas no eran tan fáciles, para ninguno de los dos. Estaban atados a buscar la prosperidad del Imperio. Sasuke agradecía el tener a Sakura, con ella podría ser feliz y a su vez cumplir su deber como Sultan, ella era la mejor de las consejeras y aliadas. Era la aliada más leal que tenía, todo aquello cuanto pudiera desear.
-Se emitió un edicto por una razón en específico—respondió Sasuke, desviando la mirada del rostro de su tía que lo observo asustada por su respuesta tan escueta y falta de sentimientos. -Ya es tarde para romper mi palabra, si un Sultan no sigue la ley y levanta falso testimonio; significa que no merece respeto alguno, y yo no puedo ni planeo permitirme eso—finalizó Sasuke su explicación sin mostrar ningún arrepentimiento.
Escuchando totalmente incrédula la explicación de su sobrino, Hinata se irguió y observo a Sasuke con la misma rabia y odio con la que había observado a su madre anteriormente. El, contrario a lo que Hinata hubiera creído, era igual que los demás, falto de sentimientos, cruel, inhumano, traicionero y tirano. Era la viva imagen de su difunto hermano, el padre de Sasuke; Izuna.
-¿Y tú crees que te respetan acaso?—preguntó Hinata con sorna, casi burlándose de su sobrino que frunció el ceño ante su pregunta y el trono de voz que uso. -Para la comunidad todavía eres un Sultan novato y sin experiencia.
-Hinata…- la amenazó Sasuke.
Nunca permitirá que nadie pasase a llevar su posición, el trono y su autoridad no podían cuestionarse en lo absoluto. Era lo mínimo que le debía a Itachi que había muerto cruelmente, siendo inocente, a manos de los verdugos, todo por orden de su difundo padre. Claro que sabía que algunos miembros de su familia podían verlo como cruel, pero eso era en pro de mantener la paz y solventar a un estado que ya había comenzado a reestructurarse. En su posición solo necesitaba de un heredero, el resto era una cuenta ya saldada.
-Solo sigues instrucciones, haces todo cuanto te susurran al oído—lo acusó Hinata sin arrepentimiento de las palabras que estaba pronunciando, -y apuesto lo que sea a que esa concubina tuya no hace nada salvo ganar tu influencia al meterse en tu cama cada noche, como la mujer fácil que es.
El escuchar semejantes acusaciones fue la gota que rebaso el vaso. Sasuke se sintió más molesto que nunca en su vida, igual que cuando haba visto a Sakura golpeada de manera injusta por quienes envidiaban el favoritismo y amor que sentía por ella.
-Sal de aquí ahora mismo—ordenó Sasuke, sujetándola del brazo, olvidando casi por completo que no solo trataba con su tía sino que también con una mujer. -¡Shizune!
Las puertas se abrieron con un chirrido y la pelinegra ingreso con la mirada baja, sorprendida por el actuar de la Sultana Hinata, más no con la respuesta de parte del Sultan.
-Esa es la verdad—se justificó Hinata, incrédula de la forma en que estaba viéndolo actuar. -¿Cuándo te volviste tan cruel como los demás?—demando saber Hinata con la voz quebrada.
Ignorando la presencia de la ojiperla, Sasuke únicamente dirigió su mirada hacia Shizune que esperaba sus órdenes.
-Shizune, llévala a sus aposentos y manténganla encerrada hasta que yo lo diga—ordeno mientras la pelinegra se acercaba. Sasuke soltó a Hinata quien fue sostenida por Shizune. La ojiperla parecía realmente herida por la respuesta de su sobrino. No conseguía reconocerlo. -Nadie entrara o saldrá de sus aposentos sin mi autorización. ¿Entendido?—Shizune asintió únicamente. -Llévatela.
Dándole la espalda a su tía que fue sacada lentamente de la habitación mediante Shizune, Sasuke se sentó en el borde de la cama, intenta recuperarse tras las dolorosas acusaciones de parte de su tía. En momentos así, realmente se sentía perdido sin Sakura.
La necesitaba.
PD: Gracias a aquellos que siguen la historia, en serio lo agradezco, he hecho este capitulo excepcionalmente rápido para dedicarselo a cinlayj2 que comento la historia y pidio cap nuevo :3 gracias por seguirla y como adelante o spoiler solo digo que Sarada tendra un papel en la historia aunque, por la sociedad que represento, no sera tan importante.
Reparto: (el de la serie Kösem pero adecuado al mundo de Naruto)
-Beren Saat como Sakura Sultan
-Ekin Koç como el Sultan Sasuke I
-Hülya Avşar como Mito Sultan (abuela de Sasuke)
-Tülin Özen como Mikoto Sultan (madre de Sasuke)
-Aslıhan Gürbüz como Mei Sultan (madre de Yosuke y Rin)
-Gülcan Arslan como Hinata Sultan (tia de Sasuke, hija de Mito)
-Berk Cankat como Neji/Andreu (aprendiz de jenizaro, enamorado de Sakura)
-Erkan Kolçak Köstendil como Menma Uzumaki (primogenito de la familia rival)
-Kadir Doğulu como Naruto Uzumaki (hermano de Menma, enamorado de Hinata)
-Mete Horozoğlu como Dan Kato (capitan del ejercito jenizaro)
-Mehmet Kurtuluş como Fugaku Pasha (jenizaro y aliado de Sasuke y la Sultana Mikoto)
-Melisa Ilayda Ozcanik como Rin Sultan (hermana de Sasuke y Yosuke, hija de Mei)
-Alihan Türkdemir como el principe Yosuke (hermano menor de Sasuke y Rin, hijo de Mei)
-Esra Dermancıoğlu como Kurenai Yuhi (encargada principal del Harem)
-Nadir Sarıbacak como Choji Akimichi (sirviente de la Sultana Mito)
-Hakan Şahin como Shikamaru Nara (sirviente de la Sultana Mikoto)
-Tolga Tuncer como Kabuto Yakushi (chambelan y sirviente de la Sultana Mito)
-Nurinisa Yıldırım como Shizune Hatun (leal sirvienta de la Sultana Mikoto)
-Emre Erçil como lord Orochimaru (jefe de los guardias del palacio)
-Sasha Perera como Jugo (sirviente del palacio, amigo de Sakura)
-Eylem Yıldız como Anko Mitarashi (doncella y sirvienta de la Sultana Mei)
-Zeljko Erkıç como Kizashi Haruno (padre de Sakura)
-Patrycja Widlak como Kin
-Ceyda Olguner como Guren
