Sinopsis
Las madrastras son malas. Las madrastras son malvadas.
A las madrastras solo les importan su belleza y el marido rico que se consiguieron. Las madrastras ven a sus hijastras como sirvientas. Las madrastras planean matar a sus hijastras.
Las madrastras te encierran en una torre para que no te midas el zapato que perdiste en el baile del príncipe.
Las madrastras se convierten en brujas y te dan una manzana para envenenarte.
Es lo que siempre se dice de las madrastras, ¿cierto? Las madrastras son malvadas, punto.
Eso no es verdad. Al menos, no en mi caso.
Mamá murió cuando yo tenía cuatro años y papá me crió él solo hasta que cumplí ocho años. Se enamoró de una mujer más joven que él y muy hermosa, pero sobretodo, buena y se convirtió en mi madre.
Esme Platt, mi madre, se ha casado de nuevo, con un doctor sacado de un libro o un cuento de hadas, pero tiene siete hijos. ¡SIETE! A ella no le importa, adora ser madre de ocho niños, incluyéndome.
Nos mudamos al otro lado del país, ahora tengo una nueva vida. Vivo en una mansión en Seattle, con siete chiquillos ricos y mimados, voy a una escuela preparatoria privada, tengo un auto de lujo y… por fin sentí mariposas por alguien, alguien prohibido… Nunca me he enamorado, solo crushes, pero nunca sentí mariposas, de esas de las que Esme dice sentir al ver a Carlisle y que tan coloridamente las describe como: ganas de vomitar al verlo.
Las sentí por primera vez al ver a Beau, el chico más lindo y torpemente adorable que he visto. Mi maestro de historia, el profesor Beaufort Dwyer.
¡Diablos!
CAPÍTULO 10
El apartamento de Beau estaba en el piso tres, era lindo, amplio y de espacio abierto. Era un apartamento tipo estudio con paredes de ladrillo expuesto. La cocina estaba justo a la derecha, junto a la puerta. Su cama estaba junto a la pared de la derecha, sobre ella tenía fotografías de Phoenix y Seattle en blanco y negro. La sala era blanca y estaba casi a los pies de su cama, tenía una pantalla plana sobre una mesa baja y en la pared izquierda un escritorio, así como un librero lleno de libros… no había ni un solo pequeño huequito vacío.
Una pequeña lámpara estaba encendida en su escritorio y este también estaba lleno de libros viejos de tapa dura, otros más nuevos junto a las ventanas, con las cortinas ya cerradas. La cama era tamaño King y ocupaba mucho espacio. Si, mis ojos se siguen yendo en dirección a la cama.
Todo estaba decorado en blanco, gris y naranja ladrillo, como el exterior. Tal vez los apartamentos ya venían amueblados. Investigaría después.
El apartamento era lindo y olía a naranja, como si por la mañana Beau hubiera limpiado su hogar y el olor a limpiador se quedó en el aire.
En las esquinas y a todo lo largo de la pared había libros y más libros, acomodaditos en el suelo, en forma vertical, en orden alfabético y en altas columnas unos encima de otros.
Unas cuantas prendas de ropa estaban en la sala y un par de corbatas en uno de los bancos de la cocina, como si Beau se hubiera cambiado varias veces y no se hubiera decidido hasta el final que usaría en la boda.
-Lo siento – murmuró tomando la ropa y la lanzó al armario que estaba entre la cocina y lo que supuse que era el baño.
Pero luego lo pensó mejor y sacó todo y comenzó a colgarlo en su debido gancho, en su lugar correspondiente, cuidadosamente, con mucha diligencia.
Su TOC se veía por donde quiera que miraras. Desde los libros acomodados en el librero y alrededor de las paredes en el suelo, hasta en la manera en que estaba acomodando su ropa una y otra vez. El olor a limpio en el lugar tal vez se debía a que limpiaba todos los días, porque no había ninguna mota de polvo o algo fuera de lugar, excepto la ropa que seguía acomodando de una manera u otra en su armario.
Dejé mi pequeña maleta en medio de la sala y el plop llamó su atención.
Yo estaba ahí para algo y él lo sabía.
Dejó de intentar acomodar su armario y su mirada de ciervo cegado por los faros cambio a: voy a follarte como se me dé la gana y me lo vas a agradecer, en solo un segundo. Tragué saliva y me quité los guantes, el abrigo, la bufanda y él imitó mis movimientos. Jamás en mi vida pensé que ver a un hombre quitarse la corbata se sintiera como un latigazo contra mi clítoris.
Gemí mitad asustada, mitad excitada cuando en dos zancadas estaba frente a mí, hundiendo sus largas manos en mis rizos artificiales y me estampó contra su librero.
Hundió su lengua en mi boca y volvió a hacer la cosa del remolino, lo tomé de los hombros para aferrarme a algo antes de que me cayera ahí desmayada, pero eran muy anchos para mis manos.
¿Qué demonios? Se veía más del lado delgado que del musculoso bajo el saco de su traje.
Se alejó de mí y me arrancó el suéter y tomándome de la presilla de los jeans me guió hasta su cama, mordiéndose el labio y mirándome como si me fuera a comer viva, caminando de espaldas hasta sentarse en ella y atraerme a su regazo.
-Me gusta tu cabello… -susurró de manera ronca, debajo de mi oído derecho enredando los dedos en mi cabello de nueva cuenta.
-Y a mí el tuyo.
-¿Qué color es…? – preguntó mirándome a los ojos, lamiéndose los labios.
-No sé… Yo digo que es rubio fresa…
-No… Es… más metálico… Es color… cobre – susurró, pasando su pulgar por mis labios entreabiertos.
-Ok – repliqué sin aliento, pues su otra mano soltó el broche de mi sostén.
-Y tus ojos, wow… Nunca había visto unos ojos de ese color… Son dorados, son hermosos. Edythe… Eres tan hermosa – susurró uniendo nuestras frentes.
Nunca nadie me había dicho que era hermosa. Excepto mis padres y eso nunca cuenta.
Con dedos suaves y algo temblorosos bajó los tirantes de mi sostén por mis brazos, bajando la mirada con cada centímetro que la prenda revelaba de mi piel desnuda.
Se lamió los labios y tragó saliva al mismo tiempo que acariciaba mis pezones con los pulgares.
-Tan hermosa – besó mi garganta y hundí mis dedos en el suave pelo de su nuca.
Sus ojos se encontraron con los míos y me dio una mirada maliciosa, junto con una sonrisa letal, antes de morder mi pezón hasta hacerme chillar y retorcerme en su regazo.
-Beau – jalé su cabello e incliné la cabeza hacia atrás, solo para encontrarme con pequeñas estrellas de plástico pegadas a su techo. Como unas que solía tener de niña, brillaban en la oscuridad.
-Mírame – me tomó de la nuca y unió nuestras frentes de nuevo.
Sus ojos eran más negros que azules en ese momento y eran hermosos.
Nuestra respiración se mezcló, la suya dulce y apetecible y me hizo preguntarme si en el todo sabia dulce… como una paleta de dulce… o de las congeladas que venden en los camioncitos en el verano. Definitivamente yo quería lamer su paleta.
-¿Puedo desvestirte? – pregunté jugueteando con los botones de su camisa negra.
Yo estaba desnuda de la cintura para arriba y él estaba completamente vestido.
-Adelante – se acostó en la cama con las manos bajo su cabeza y una mirada tímida.
¿Ahora era tímido? ¿Después de que me dejó los pezones mordisqueados, rojos y adoloridos?
Me incliné hacia adelante y abrí su camisa, solo para encontrar la camiseta interior sin mangas. Me bajé de su regazo y me arrodillé entre sus piernas y abrí el cinturón, el botón y bajé el cierre.
-Tienes que levantarte y quitártelo todo…
-Las damas primero.
-Yo ya estoy casi desnuda.
Me alejé un poco solo para verlo de pie, gloriosamente alto frente a mí que aún estaba de rodillas. Me miró directamente a los ojos mientras se quitaba la camisa y sacudía las caderas para que el pantalón bajara con la gravedad.
El bulto en sus boxers grises llamaba mi nombre y la gota de humedad en la tela me dieron unas ganas locas de lamerla.
Me mordí el labio y desvié la mirada hacia arriba, solo para ver cómo se quitaba la camiseta sin mangas y mi mandíbula cayó abierta.
-¡¿Estás bromeando?!
-¿Qué?
-¡¿Qué diablos es eso?! – lo señalé poniéndome de pie y él me miró asustado.
-¿De qué hablas? – giró mirando a su alrededor, pero al no encontrar lo que me ofendió me miró otra vez.
-Como… ¿Por qué te ves normal… pero estás así? – lo señalé con la mano sin creer lo que veía.
-¿De qué hablas? - trató de cubrirse con los brazos, pero le di un manotazo.
-Para citar a Emma Stone en Crazy Stupid Love… ¡Parece Photoshop! – lo señalé igual que a Ryan Gosling.
-Oh – sus mejillas se colorearon y desvió la mirada a cualquier lugar menos a mí.
Mientras, yo aproveché para comérmelo con la mirada.
No, esto era demasiado bueno para ser verdad. ¿Guapo, adorable, tímido y con ese cuerpo?
Algo había mal en él… Ah, sí. NO ESTABA DENTRO DE MI.
Terminé de desnudarme y él me miró con la boca abierta. Sabía lo que veía, mi cuerpo tonificado, mi abdomen duro y marcado, mis brazos y mis piernas fuertes, un cuerpo que tampoco quedaba con mi cara, pero lo ignoré, era más importante desnudarlo.
Lo ataqué sin importarme nada. Absolutamente nada, más que él era lindo y me distraería por un momento. Él igualó mi loco entusiasmo sin dudarlo.
Terminamos enredados en sus sabanas. Él pasando sus manos por todo mi cuerpo y después sus labios siguiendo el mismo camino. Yo cerré los ojos y disfrute de su lengua y labios.
-Dime si lo hago bien – susurró antes de hundir su cara entre mis piernas, sin darme oportunidad de preguntar a que se refería.
Di un salto en la cama y grité conmocionada. Había leído cientos de veces, en libros sucios que las chicas del club de teatro se pasaban en secreto y por supuesto en el porno, pero no se comparaba con real.
Sentí mis pies arder, el fuego se propagó por mis piernas, mis muslos, mis caderas, mi vientre, mis senos, mi pecho, mis brazos y manos, mi cara… hasta convertirme en una masa temblorosa en llamas mientras él me comía como si fuera una fruta. No solo usaba su lengua, sino sus labios, sus dientes. Lamio y bebió hasta que casi quedé ciega.
Creo que a eso es a lo que se refieren las personas cuando dicen: no te toques ahí o te quedaras ciego. Es por que el placer te deja ciega, sorda, sin aliento, con el corazón a toda marcha.
Sentí mis huesos de goma y cuando recuperé la visión, vi a Beau flotar sobre mí con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Lo hice bien?
-Eres un mentiroso de mierda, dijiste que solo te habías acostado con una chica y no sé qué estupidez… Alguien sin experiencia no hace eso – reproché.
-Dije que no tenía mucha experiencia, no que fuera un santo. Veo mucho porno… Como… mucho… -abrió mucho los ojos, enfatizando la palabra-. Algunas personas dirían que es un problema, pero eso no importa ahora…
Sip, no importaba.
-¡Mi turno! – dije alegremente, como si fuera mi turno en la rueda de la fortuna.
Yo tampoco tenía mucha experiencia. Los chicos me rechazaban porque me veía muy joven, casi una niña, así que afortunadamente nunca conocí a nadie con tendencias pedófilas, que quisiera estar conmigo solo por mi apariencia.
Recordé cada escena que he leído y visto sobre sexo oral y comencé mirándolo a los ojos, lamiéndolo de arriba abajo y en la punta revolotee mi lengua alrededor. Beau puso los ojos en blanco y dejó caer la cabeza en el colchón, lamiéndose los labios. Bueno, no era tan difícil, no era ciencia de cohetes hacerle esto a un chico, es muy diferente a una chica, porque tienes que encontrar el punto exacto… Esto me gustaba…
-Esa es una mala idea – masculló, alejándome por los hombros.
-¿Lo hice tan mal? – sí, soné tan patética, tan… ingenua.
Mierda.
-Créeme, eso no es. No creo que quieras tragar sin que te dé oportunidad de decidir si lo quieres o no.
-Oh – eso era… considerado.
Me tomó de la cintura y sin esfuerzo me lanzó sobre mi espalda y caí en el colchón rebotando. Como un depredador se acercó hacia mí sobre sus manos y rodillas, sus manos abrieron mis rodillas hasta acomodar sus hombros entre ellas y subir un camino de besos y mordiscos de mis rodillas al interior de mis muslos y me mordió como si fuera comida, continuó mordiendo su camino hasta mis senos.
Arañé su espalda, me retorcí debajo de él, ansiando que me llenara, pero él seguía besando y mordisqueando la piel que encontraba en su camino.
Sus labios llegaron a mi boca y me besó de nuevo de esa manera que me dejaba con la cabeza dando vueltas. Pero se alejó de mí abruptamente.
¿Qué carajos?
¿Ahora qué?
-¿A dónde vas? – caminó hacia una puerta a la izquierda de la cama.
-Emmett me dio estos como regalo de bienvenida, en el verano - regresó del baño con una caja alarmantemente grande de preservativos. Me mordí el labio al ver su erección balancearse con cada paso que dio.
-¿De dónde los saco? ¿De Costco? – pregunté atónita.
-No tengo idea, cuando lo vea le agradeceré – dijo rompiendo la caja con fuerza, cuando perdió la paciencia al no encontrar la pestaña que la abría y los paquetitos plateados salieron volando por todas partes.
-¡Están nevando condones! – exclamé tratando de atrapar uno.
Ambos nos reímos, pero dejé de hacerlo cuando lo vi rodar el látex por su dureza, hincándose en la cama junto a mí. Me lamí los labios, lamentando que no me hubiera dejado continuar lamiéndolo.
-Date la vuelta – ordenó, volteándome él mismo, me levantó de las caderas, empujándome contra él, empalándome, abriéndome, llenándome de un solo golpe.
Ow. Eso dolió.
-Mierda, cuidado… - había pasado un tiempo.
-Lo -embestida- siento -embestida-, no -embestida- puedo embestida- esperar.
Gimió enterrándose en mí con demasiada fuerza y enterró los dedos en mis caderas.
-¡JODER! – grité de dolor/placer y se me cruzaron los ojos, al enterrarse en mi profundamente.
-Voy a hacer que se sienta bien para ti – metió su pulgar en mi boca.
No pude hacer otra cosa más que gemir y apretar sus sabanas con mis puños.
Lamí y chupe su pulgar imaginando que era su polla, comenzando a disfrutar de las duras envestidas.
Apreté las sabanas en mis puños, retorciendo mi trasero contra él y susurró en mi oído:
-Suficiente – sacó su pulgar de mi boca, lo llevó a mi clítoris y vi estrellitas.
.
Desperté con Beau a mi lado, durmiendo como un pequeño ángel, sus labios entreabiertos y el cabello revuelto.
Mi estómago se revolvió.
Estúpidas mariposas.
Me levanté de la cama y todo me dolió.
No me importaba que Beau hubiera mentido, valió la pena meterme en su cama y dejarlo hacer conmigo lo que quisiera, excepto cosas del trasero.
No me sentía lista para que el profesor Beau me desflorara por ahí. Lo de anoche se sintió más doloroso que mi primera vez. A Beau le gustaba lo rudo, lo que veía en las porno.
Lo vi dormir un rato antes de meterme a su baño y ducharme. Esperaba que no le molestara mi atrevimiento, no sabía en que se enfocaba su Trastorno Obsesivo Compulsivo, tal vez no le gustaba que tocaran o movieran sus cosas sin su permiso, solo sabía que le gustaba la limpieza y el orden. Ya lidiaría con ello más tarde.
El baño era gris con blanco y cromo. Un inodoro, un amplio lavamanos con los productos acomodados por tamaño. La ducha era grande con tina integrada y en la esquina estaba el jabón líquido, champú y acondicionador de Beau. Por eso tenía el cabello tan bonito, grueso y sedoso.
No utilicé nada suyo, yo llevaba mi neceser, porque se suponía que pasaría la noche en un hotel.
En mi cara, en mi pecho y entre mis piernas tenía una ligera irritación causada por su barba. Ardía un poco, pero era increíble al mismo tiempo.
Salí de su baño envuelta en una de las toallas limpias que estaban debajo de su lavamanos y fui recogiendo mi ropa del suelo, que parecían migajas de Hanzel y Gretel. Las doblé, las metí en mi bolso y saqué ropa limpia.
Iba a marcharme sin despedirme, pero me pareció grosero, aunque hubiera dejado una nota.
¡Gracias por la follada! Este es mi número, nos vemos luego ;)
Si, totalmente grosero de mi parte.
Así que esperé. Me senté en su sala, haciendo una mueca, era como si Beau aun estuviera dentro de mí, me gustó.
Encendí mi celular. Tenía llamadas de todos los Cullen, de Esme, de Carlisle.
Suspiré y puse los ojos en blanco.
Llamé a Esme.
-¡EDYTHE! ¡Edythe! ¿Dónde estás? ¿Por qué te fuiste? ¿Dónde estás? ¿Sabes lo preocupada que me tienes jovencita? ¡Estás en un gran lio! Estás castigada indefinidamente – me gritó después del primer timbrazo.
Me levanté y caminé hacia la puerta, para no despertar a Beau.
-Deja de gritar –cuchicheé pegando el celular a mi boca-. Estoy bien. Me fui porque me di cuenta de que iba a pasar una semana en esa casa, con esos niños que no conozco y que no me quieren. Nos despedimos anoche…
-¿Dónde estás? Regresa inmediatamente a casa – Esme Cullen estaba muy enfadada.
-Estoy con un amigo, tranquila, estoy bien.
-¿Amigo? ¿Cuál amigo? ¡Tú no tienes amigos!
-¡Oye, gracias! – no tenía que restregármelo así de feo que era una patética chica, que su mejor amiga era su madre.
-Sabes a lo que me refiero, acabas de llegar a la ciudad.
-Bueno, tengo uno, ¿de acuerdo? Y me dejó quedarme en su casa – cuchicheé enfadada.
-¿Quién es?
-No lo conoces…
-¿Es un él? Estas castigada, le regresarás el auto a Carlisle, estarás en casa hasta…
-Tengo veintidós años. No estoy castigada, no iré a casa hasta que regreses. Ten un bien viaje. Diviértete, usa bloqueador o abrígate bien, no sé a dónde te lleve Carlisle. Te quiero.
-¿Quién va a cuidar a los chicos?
-¡Yo que sé! No son nada mío. Así podrán tener orgias a lo grande sin mí. Te quiero – terminé la llamada antes de que pudiera decirme algo más.
Revisé mis mensajes y la Comuna Cullen me envió cientos. Preguntándome donde estaba, que si estaba bien, que si estaba a salvo. Me preguntaron por qué me fui y por qué lo hice sin despedirme.
Los borré.
Hipócritas.
Beau despertó después de las nueve.
Se estiró en la cama con los ojos cerrados y una gran sonrisa, dio la vuelta y encontró vacío el lugar donde yo estuve anoche y frunció el ceño. Abrió los ojos y se incorporó en la cama y miró a su alrededor, cuando me vio sentada en su sala entrecerró los ojos y se movió a su mesita de noche y tomó un estuche, sacó un par de anteojos y se los puso.
¿Cómo era posible que se viera aún más guapo?
Despeinado, somnoliento, desnudo y con anteojos. Era algo a lo que me podría acostumbrar a despertar cada mañana.
Quería tenerlo dentro de mí de nuevo, pero mi coñito estaba adolorido.
¡Maldito sexo porno!
-¡Edythe! ¡Te quedaste! – su sonrisa iluminó su rostro y se levantó de la cama.
Se detuvo al darse cuenta de que estaba completa y gloriosamente desnudo y tomó la sabana, rojo como un tomate, se enredó en ella para acercarse a mí.
Lástima.
-¿Querías que me fuera?
-¡No! – me miró avergonzado y se mordió el labio y… fue la cosa más sensual que he visto en mi vida.
-Aun así, tengo que irme – me puse de pie y caminé alrededor del librero bajo y largo que dividía el área del dormitorio de la sala, el cual tenía… adivinaste, más libros. Me acerque a él para enredar mis manos en su cabello revuelto.
-No te vayas, haré el desayuno.
Sonreí.
-No quiero exceder mi visita. Gracias por darme asilo cuando lo necesité – besé su mejilla sintiendo su áspera barba en mis labios y traté de alejarme.
-No te vayas, quédate un rato más – me pegó de nuevo a él, con una mano apretando mi cadera y la otra su sabana. Me hundí en su pecho cálido, recientemente decorado con mis labios y dientes. Mis manos se posaron en su espalda, sintiendo los músculos de su cuerpo delgado y tonificado.
Beau era como la estatua de un dios griego, tallado y esculpido con manos expertas y delicadas que sabían muy bien lo que hacían. Y estaba duro por todos lados… Todos.
-Beau… no lo sé.
-Vamos, es año nuevo. ¡Veremos el desfile!
Me reí.
¿Por qué era tan tierno? Bien, anoche no fue tierno, fue un salvaje y me encantó. Pero él solo fue una distracción…
Me miró suplicante y quise vomitar.
¡No, no las mariposas de nuevo!
Gemí internamente.
-¡Haré el desayuno! – me soltó y giró hacia la cama. Dio la vuelta de nuevo y miró a todos lados.
-¿Esto es lo que buscas? – tomé su ropa interior del suelo y se la entregué.
-Sí, gracias – sonrió avergonzado y salió corriendo al baño.
Puse los ojos en blanco.
¿Tiene vergüenza de que lo vea desnudo, después de que me dejó lamerlo por todas partes cuando me despertó en medio de la noche?
Salió un momento después de que escuché el agua correr, vestía solo boxers y era delicioso.
-¿Te gustan los huevos? ¿Eres vegana o alguna cosa estúpida como esa? A menos de que si seas, entonces no es estúpida – balbuceó mientras abría el refrigerador.
-No, no soy vegana… Anoche comí carne, si mal no recuerdo – pasé la lengua por mis labios y sus ojos casi se salieron de sus orbitas.
-De acuerdo – susurró muy bajito y comenzó a sacar huevos, queso, leche. Abrió el pequeño horno de su estufa y sacó un sartén.
Lo vi trabajar en nuestro desayuno, sentada en la barra de la cocina, deleitándome con cada movimiento que hacia su cuerpo en forma.
-¿Qué ejercicio haces?
Estaba marcado en los lugares correctos, pero de forma compacta, sus músculos estaban marcados y tensos, no hinchados como los chicos de Marvel y DC.
-Yoga.
-¿Con yoga estas así? – no sabía que el yoga podría esculpir los músculos de esa manera. Siempre lo he visto como algo tonto.
-Si… Me diagnosticaron de muy chico… Con la hipoglucemia tengo que comer bien, a ciertas horas, pero los dulces hacen que engordé y eso no es saludable –batió un par de huevos en un tazón, les agregó una pizca de pimienta, un chorrito de leche y comenzó a cortar queso-. No soy bueno en los deportes, me tropiezo con mis propios pies si intento correr. En la preparatoria querían que entrara en el equipo de basquetbol por mi altura y muy pronto se dieron cuenta los maestros de Educación Física y los entrenadores de que no era nada bueno. No se explicaban mi cuerpo… porque parecía entrenar cuando nunca había tocado una pesa en mi vida. Yoga –se encogió de hombros-. Mamá se metió a hacer yoga, una de sus tantas aventuras extravagantes que nunca termina y fue cuando descubrió que eso es lo que yo podría hacer, para estar saludable y así fue. Desde los once hago yoga – se encogió de hombros de nuevo.
-Lo siento.
-Nah, no es difícil o pesado… Es más fácil subir los niveles de glucosa que bajarlos. Hay chicos que tienen que inyectarse insulina todo el tiempo, o tienen estos aparatos en su abdomen que la administra… Lo mío no es nada.
-¿Te has puesto realmente grave?
-De niño. Estaba en la escuela, me desmayé y comencé a convulsionar a medio patio en el recreo. Asusté como la mierda a mis compañeros y a los maestros.
-¿Convulsionaste?
-Eso pasa cuando no cuidas tu glucosa y baja a niveles alarmantes y peligrosos. Lo único que me pasa ahora es los temblores cuando no como a mis horas.
Hice una nota mental de investigar más, mientras tanto, le ayudé a preparar el café.
Desayunamos omelets rellenos de queso, café y donitas de chocolate de paquete que venden en los supermercados. Beau se levantó y regresó del baño con un par de pastillas de dos colores distintos. Tenía que tomarlas después de cada comida.
-Voy a ducharme, ¿prometes que te quedaras? – me miró como cachorrito cuando terminamos de lavar los platos… y limpiar la cocina como si hubiéramos cocinado para un regimiento entero.
Parte de su TOC. Me pareció adorable.
-Tengo que irme – murmuré moviéndome hacia mi pequeña maleta a un lado del escritorio.
-¿Por qué? ¿Soy tan aburrido?
Sus ojos tan expresivos van a ser mi perdición, juro que casi vi su corazón romperse.
-No, para nada… es… Nunca he hecho esto… quedarme a dormir con un chico, amanecer a su lado, desayunar… No sé cómo… - gesticulé sin sentido a nuestro alrededor.
-Podemos ver la televisión. Te traeré ropa mía para que estés más cómoda… O podemos salir. O quedarnos y ver el desfile.
-Creo que ya terminó – miré el reloj de su microondas.
-De hecho lo grabé. Quédate – besó mis labios y flexionó las rodillas para que su rostro quedara a la altura del mío.
¿Cómo podía negarme si estaba a punto de vomitarle encima?
-Ok.
-¡Genial!
De su impecablemente ordenada cómoda sacó un pantalón de pijama, un par de calcetines y un suéter para mí y lo mismo para él.
-Enseguida regreso – me dio un pequeño beso y se marchó al baño, con una sonrisa casi infantil.
Por esa sonrisa vendería mi alma.
Después de ponerme su pijama, me dediqué a husmear con cuidado, pero Beau no tenía nada fuera de lo común, excepto que su apartamento parecía una pequeña biblioteca de pueblo. Eran demasiados libros y me sorprendió -o tal vez no debí, dado lo que hicimos anoche-, encontrar un ejemplar del Kamasutra en idioma original con ilustraciones de tapa dura y muy antiguo y otro en ingles de tapa blanda y de papel grueso y lujoso con fotografías en blanco y negro de una pareja muy atractiva. Eran fotografías muy hermosas que en lugar de parecer eróticamente grotescas, eran elegantes y jugaban con las sombras. Eran fotografías que podrías encontrar en una galería de renombre en Europa.
Encontré su cartera en donde la dejó, sobre el escritorio y husmeé su interior. Necesitaba saber con quién me acosté y su apellido. A Esme le daría un infarto si se entera que tuve sexo con alguien que acabo de conocer y que ni se su apellido.
Varios billetes que sumaban cincuenta dólares. Una fotografía de una chica joven de ojos azules y un bebé con sus mismos ojos. Beau y yo. 1988, decía el reverso. Eran él y su madre. Tarjetas de crédito. Tarjetas de presentación del Alcalde, de Carlisle de… ¿el Capitán Swan?
Ah sí, tal vez lo conoce, él mencionó que su padre es amigo del alcalde y de Carlisle desde jóvenes, tal vez también de mi jefe.
Beaufort Dwyer.
Septiembre 13 de 1987.
Ojos azules.
Cabello castaño.
1.88m
Donador de órganos.
Su licencia de conducir me dijo todo lo que necesitaba saber. Por el momento.
Los libros que tenía por todas partes eran de Historia. Historia Nativa Americana, libros sobre las tribus, sus tradiciones y demás. Historia Europea, al menos tres libros de cada país y uno de ellos en idioma original. Historia de los Estados Unidos de Norteamérica. Historia Latinoamericana, también dos o tres libros de cada país, en inglés y en español. Historia Prehispánica, en inglés, español y en idiomas que no puedo ni pronunciar de los indígenas latinoamericanos. Historia Asiática, en inglés, mandarín, japonés, coreano, vietnamita, en hindú…
Wow.
Mis habilidades detectivescas me dicen que es maestro de Historia.
Pero también tenía a los grandes clásicos de la literatura en tapa dura y en tapa blanda. Así como libros de medicina especializados en diabetes.
Dejé todo donde estaba y cuando salió de ducharse cambiamos las sabanas y bajamos a la lavandería, ambos en pijama. El complejo de apartamentos era muy bonito, unas puertas tenían decoraciones de año nuevo, otras pequeños pizarrones como en los dormitorios universitarios, al parecer solo eran parejas jóvenes las que vivían ahí, Beau dijo que familias jóvenes vivían en los penthouses. Otra pareja estaba lavando su ropa, también en pijama y con resaca, saludaron a Beau con un asentimiento casi sonámbulo.
Vimos el Desfile de Año Nuevo, acurrucados en su sala y ordenamos comida china por la tarde.
Por la noche, dormimos abrazados.
¿Qué estoy haciendo?
Fran Ktrin Black No entendí tu pregunta sobre Bella y Beau, lindura... -.-'
AIDEE SANCHEZ SALGADO Espero no te hayas emocionado mucho con el lemon, ya sabes que no es mi fuerte, pero lo intento...
pd: gracias por el spoiler -.-
CCNH . Tributo - Runner Amo tus comentarioooossss! Espero que no hayas gritado en ese capitulo, para que no asustes a tus vecinos, familia o mascota jejeje déjale los gritos a Beau y Edythe jajajajajajaja (guiño, guiño). Ash! Lo se, Mike y su versión femenina son de lo peor, QUITA TE DE AHÍ, ESTORBOO! Pero sirven de algo en las tramas... jejeje Espero que el resto piense igual que tu respecto a la relación de Edythe y Esme, me estoy basando en mi interacción con mi mami jijiji, pero lamentablemente nunca le he llamado desde el apartamento de Beau (Sebastian Stan), después de una noche loca jajajajaja
Vero Todas queremos duro contra el muro con Beau! OMG! Falta un poco para el encuentro, pero así como les prometí que Beau se tardaría en aparecer, pero vendría con todo, cuando se encuentren en esa situación... OMG!
BESSOS!
Ahora, a esperar sus tomatazos por esa pobre excusa de lemon!
