Cap 10: Quien revela su secreto, pierde su libertad.
Cuatro semanas antes…
-Oye, idiota.
Naruto sintió como un enérgico zarandeo en su hombro derecho comenzaba a despertarlo de su reconfortante sueño, y reticente a abrir los ojos y abandonar el confort que le proporcionaba aquellos preciados minutos de descanso, gruñó molesto girando el cuerpo hacia el lado contrario.
-Te estoy hablando, dobe.
El zarandeo se detuvo y el rubio suspiró aliviado. ¿Qué maneras eran esas de despertar a nadie? Seguro que se trataba de algún descerebrado carente de compasión. Ladeó la cabeza murmurando entre dientes una maldición, pero no llegó a abrir los ojos.
-¿Acaso tengo que patearte el culo para que despiertes?
Una de sus mejillas fue pellizcada y estirada cruelmente hasta conseguir que con pesadez abriera los ojos. Cuando logró centrar la vista después de mucho parpadear, lo primero que distinguió fue el hermoso rostro de Sasuke estropeado por su habitual ceño fruncido.
-¿Sasuke? –murmuró a la vez que se incorporaba. ¿Qué demonios hacía en su casa? ¿Acaso estaba soñando de nuevo con él? Bostezó ruidosamente, se frotó los ojos y volvió a centrar la mirada en el moreno, que de pie junto a la cama, lo miraba divertido con una ceja alzada. No, definitivamente no era un sueño, Sasuke era real.
-Estabas babeando, usuratonkachi –se jactó.
Más despierto pero no por ello menos confuso, Naruto se pasó el dorso de la mano por la boca, eliminando los restos de saliva. Fue entonces cuando recayó en su total falta de ropa, la cama desecha y la forma dentada de la almohada allá donde era fácil de adivinar que había dormido otra persona. Sus ojos volvieron de nuevo hacia la figura impasible de Sasuke, pulcramente vestido y aseado, con las manos metidas en los bolsillos de forma distraída.
Los recuerdos de la noche anterior llegaron a su mente de forma precipitada, dando paso sin escatimar a todo tipo de imágenes obscenas y desinhibidas dentro de su baño. Notó como un leve rubor coloreaba su rostro, y avergonzado, inclinó la cabeza hacia delante. Sasuke estaba allí porque se habían acostado.
-Buenos días a ti también –musitó arrugando las sabanas a la altura de su ingle.
Resultaba sumamente gracioso verlo cohibido, con los alborotados cabellos cayendo rebeldes sobre la frente y aquella expresión tímida y ruborizada que trataba de ocultar. Sasuke no pudo evitar pensar a dónde había ido a parar la máquina sexual que la noche anterior había asumido por completo el mando. ¿Ese era realmente el verdadero Naruto? Se iba a divertir mucho descubriéndolo.
-¿Qué te resulta tan divertido, teme? –vino como reprimida desde la cama. Sasuke deshizo la sonrisa entretenida que había formado inconcientemente y entonces fue el turno de Naruto en sonreír.
El rubio apartó la sábana y se alzó por el mismo lado que ocupaba el moreno, dejando ver sin el pudor que antes mostrada su completa desnudez. Un cosquilleo en el estómago hizo a Sasuke removerse inquieto mientras lo analizaba detenidamente. Le gustaba lo que veía, el bronceado de su piel, la curva de su espalda, el redondo trasero, y los músculos que se marcaban sutilmente en sus piernas. Una visión demasiado suculenta para aquellas tempranas horas de la mañana.
Se sorprendió así mismo siguiéndolo absorto con la mirada hasta que se detuvo frente al armario, de donde extrajo unos pantalones negros de algodón. Un gruñido disconforme brotó de su garganta cuando la molesta tela cubrió aquello que se afanaba en contemplar.
-¿Quieres desayunar? –le preguntó el detective girándose hacia él-. Tendrá que ser ramen, es lo único que tengo en la despensa.
Desayunar no era precisamente lo que sus hormonas comenzaban a reclamar. Al instante sacudió la cabeza enérgicamente. Maldición, no. Lo había despertado por un propósito que durante unos sugestivos instantes casi se le olvida.
Con paso seguro lo siguió hasta la cocina.
-Sólo quería dejar una cosa clara antes de irme –adujo recomponiendo su semblante serio. Bordeó la mesa hasta que tuvo al rubio frente a él-. No te he contado lo de mi hermano para que puedas ir divulgándolo por ahí. Nadie debe saberlo, ni mi familia ni Sakura, y quiero que siga siendo así por mucho tiempo, ¿entiendes? –atajó severo como el que no acepta una réplica por respuesta-. Si lo haces yo…
-Tranquilo –le interrumpió el rubio asintiendo con franqueza-. No lo haré. Puedes confiar en mí.
Aunque sus palabras no eran del todo sinceras, puesto que su jefe ya conocía parte de esos datos. Lo solucionaría antes de que el bastardo pudiera darse cuenta.
-Bien. Y respecto a lo de anoche…
-Sólo amantes –le interrumpió nuevamente adivinando cual iba a ser el siguiente discurso. Trató de sonreír, pero su artificial mueca no pudo ocultar el vacío que esas palabras causaban en su interior. Sabía que sobrellevar ese tipo de relación tan sólo le causaría un dolor y sufrimiento innecesario, el que su corazón ya padecía al no ser completamente correspondido. Pero aún así decidió seguir. Porque para él, ya era demasiado tarde-. Tampoco se lo diré a nadie.
Sasuke asintió conforme.
-Bien, porque lo negaré si lo haces.
Naruto rodó los ojos con sufrida paciencia.
-¿Algo más? –inquirió desafiante sosteniéndole estoico la mirada. El moreno entornó los parpados, a la vez que se inclinaba hacia él con los labios entreabiertos.
-Y me vengaré de ti –ronroneó.
Una juguetona sonrisa se dibujó sobre los labios del detective. No sabía por qué le daba la impresión de que no era la primera vez, ni él la primera persona, que recibía de los labios de Sasuke aquella sutil amenaza. Como también intuía que no eran muchas las veces que llegaba a cumplirla.
-Lo tendré en cuenta –se jactó burlón recargándose sobre la mesa.
-Hn.
En silencio ambos se observaron. Naruto descubrió satisfecho como los brillantes ojos negros le daban un lento vistazo de arriba abajo, centrándose en su mayor parte en el pecho descubierto y la línea sinuosa de su bajo vientre, lo que acrecentó su ego y ensanchó su sonrisa. Le gustaba ser el centro de atención de aquel hermoso hombre de carácter odioso. Pero lo que más le gustaba era que detrás de todo aquello, luchando por permanecer oculto en el fondo de sus pupilas, yacía un intenso deseo.
El que por desgracia no podía ser saciado con frecuencia. Lo fundamental en su relación era mantener la discreción. El más mínimo error podría levantar sospechas difíciles de digerir.
-Es mejor que no vengas mucho a mi casa –musitó Naruto sin saber cómo explicar los riesgos que corrían ambos si alguien los descubría-. No es un lugar completamente seguro, y tampoco sería bueno que nos viéramos con frecuencia. Es mejor que utilicemos un terreno neutro para los dos.
Sasuke no contradijo esas palabras. Bien sabia cuan ciertas eran.
-Hay muchos otros sitios a donde ir; están los bares, las cafeterías, los cines… -añadió el rubio pensativo-. Sólo asegúrate de no hacer que Sakura sospeche y todo irá bien.
Sakura seguía siendo un problema, y Sasuke lo sabía. Un lastre que a medida que pasaba el tiempo se hacía más dificultoso y pesado de sobrellevar. ¿Pero acaso podía dejarla? No cuando la voluntad de su padre estaba por en medio.
-Y hablando de cines, hay una película que me gustaría ver –insinuó el rubio distraídamente-. El sexto Hokage, ¿la has visto?
Sasuke alzó una ceja, mirándolo socarrón. ¿Acaso tenía él pinta de tener tiempo para ir de cines? Ni siquiera recordaba cuanto tiempo hacía desde la última vez que pisó uno. ¿Un año? ¿Dos? Tal vez un poco más.
-Me han dicho que es muy buena –aseveró-. Trata de un joven valiente que tiene por destino salvar el mundo ninja de la destrucción, y lo mejor de todo es que él mismo tiene en su interior contenido al mayor de los demonios, ¿te lo puedes creer? Un demonio queriendo traer la paz a la tierra –sonrió divertido-. Me encantan ese tipo de historias.
Sasuke entornó los ojos con paciencia. Y no lo dudaba, ese tipo de tramas bizarras de héroes que arriesgan su vida por la paz mundial siempre gustaba a un público determinado; a los dobes idiotas como él.
-Al cine… -musitó pensativo Sasuke. De todas las cosas que le pasaban por la cabeza, ver la película era la última. Intimidad, privacidad, asientos uno pegado a la otro, completa oscuridad. Sí, el cine era un lugar seguro para dejar rienda suelta a sus frustrados deseos-. Cada dos días Sakura hace un turno de noche en el hospital. No podrá ser hasta entonces.
-Bien –se acercó a él, y con premeditada lentitud, posó un dulce y casto beso en los labios-. Avísame cuando lo sepas.
Sasuke asintió antes de girarse y salir, cerrando la puerta a su paso.
Naruto tardó un poco más en retomar sus labores.
Vivir una secreta relación con una persona comprometida nunca había entrado en sus planes, mucho menos perder la cabeza por él hasta el punto de acceder a ser su amante. Bajo su punto de vista, la situación en la que se encontraban tenía muchas ventajas al igual que muchos inconvenientes. Sexo, diversión, compañía, amistad… tendría lo mejor de una relación sin las responsabilidades que eso implicaba, pero… ¿durante cuánto tiempo?
Ser amante significaba compartir muchas cosas, excepto las dos más importantes en la vida: el amor y los sentimientos.
Porque Sasuke, la persona que lo había convertido en un amante, no lo eligió a él. Prefirió seguir con su mundo vacío y monótono, ocultar sus vergüenzas, seguir con su prometida y unir sus caminos en matrimonio por el resto de sus vidas. Y él se limitaría a quedar en un segundo plano en el cual compartir los momentos más simples y a la vez tan importantes de un romance oficial sería crudamente imposible.
¿Realmente le merecía la pena destruir su corazón por unos efímeros instantes de placer?
La novedosa y arriesgada alegría no era tan gratificante como se suponía que debía ser la felicidad.
2
-Espero que pueda encontrar algo. Esta ya es la segunda vez que contrato a un detective para que lo siga –increpó la joven con un premeditado tono bajo. Desconfiada, alzó el rostro dando un rápido vistazo a su entorno, y cuando constató que su cita no llamaba la atención de ningún viandante en aquel recóndito parque, accedió a proseguir-. Tengo entendido que su gabinete utiliza un método de alta eficiencia en cuanto a lo que el seguimiento requiere. ¿En qué consiste exactamente?
-Es un poco problemático de explicar –bufó con desgana el detective. Por el rabillo del ojo vio como la joven clienta, sentada a su lado en aquel banco de madera, ladeaba el rostro hacia su dirección, alzando las cejas en actitud confusa. Al instante supo que su respuesta, como siempre, no había convencido.
Molesto, Shikamaru chaqueó la lengua antes de proseguir en un lánguido tono cansado.
-Durante la investigación nuestro gabinete usa la más moderna tecnología digital a fin de obtener evidencias ya bien sea en video o en imágenes de alta calidad. También ofrecemos servicios de GPS localizador de vehículos, cámaras ocultas, y sistemas de barrido telefónico y detección de escuchas –de un maletín negro, el detective extrajo un ordenador portátil que encendió, comenzando a teclear eficientemente.
Sakura se inclinó un poco hacia su izquierda hasta tener a alcance de sus ojos los datos reflejados en la pantalla del ordenador.
-¿Eso quiere decir que pueden pincharle la línea? –pronunció asombrada.
-En efecto –Shikamaru dejó de teclear y giró la pantalla hacia su clienta mostrándole un sistema informático-. Mediante esta aplicación se puede pinchar directamente los teléfonos móviles sin tener que solicitar una orden judicial, ni contar con las compañías operadoras. Una vez que la línea sea detectada no sólo tendrá acceso a cualquier tipo de conversación, sino a la identidad de su comunicante y al lugar desde donde se está efectuando. Todo ello en tiempo real, a través del ordenador.
-Sorprendente –confesó admirada-. ¿Podríamos hacer la prueba?
-¿Ahora? –cuestionó el detective con pesadez.
-¿Cuándo sino? –espetó irónica.
-Mendokuse… tenía que haber elegido otra carrera cuando tuve oportunidad, pero me daba flojera cambiar los formularios de inscripción –musitó más para sí mismo que como observación. Con apatía comenzó a teclear nuevamente sobre el portátil-. En ese caso necesitaré el número de teléfono.
Una vez que todos los datos fueron introducidos, Sakura esperó paciente a que aquel detective de aspecto perezoso y holgazán terminara de teclear un sin fin de códigos completamente indescifrables. Su indolencia y ese rostro de eterna falta de sueño la desconcertaban, hasta el punto cuestionar su capacidad y conocimiento. Si le daban a elegir, desde luego prefería a Naruto.
Pero no podía volver a solicitar sus servicios, ya había abusado suficiente de su amabilidad.
Apocada, se hundió un poco en el banco, contemplando pensativa cómo un grupo de niños jugaban y gritaban animando la tranquilidad del parque.
Por segunda vez se veía obligada a sufrir aquella situación, de nuevo contratando los servicios de un detective. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Hablar con Sasuke ya no era ni siquiera una alternativa, estaba segura que de su novio preferiría pasar el resto de su vida en el más estricto mutismo antes que contarle la verdad. ¿Dónde había quedado la confianza? ¿En qué punto de sus vidas había desaparecido? Sintió que algo en su interior se retorcía angustiosamente y Sakura cerró los ojos apretando con energía los puños.
-Está ocultándome algo, lo sé –musitó débilmente más hablando consigo misma que por contar su relato-. Antes tan sólo era una cosa puntual, pero últimamente la situación entre nosotros ha empeorado. Todos los días llega tarde a casa, cada vez está más esquivo y distante, casi no coincidimos, y cuando lo hacemos a penas me dirige la palabra –la joven inclinó el rostro ocultando el palpable dolor que transmitía una mueca amarga y sombría en su rostro-. Sasuke antes no era así. Algo le ha hecho cambiar y quiero saber el qué.
Shikamaru chasqueó la lengua, pero no dijo nada.
-El otro día no vino a dormir –prosiguió con cierta inquietud contenida en su voz-. Y cuando lo llamé ni siquiera se dignó a darme una explicación. Sólo dijo que estaba bien y que no lo esperara despierta, ¿te lo puedes creer? Ya no me cabe ninguna duda, tiene una amante y voy a descubrir quién es. Aunque hay algo que me desconcierta. Cada mañana recojo sus ropas con la excusa de hacer la colada, y ninguna de ellas ha conservado nunca impregnada esencia de mujer.
-Es un dato a tener en cuenta, pero a la vez irrelevante –bufó Shikamaru-. Quiero decir, al igual su novio es consciente de ello y por eso elimina cualquier prueba antes de que pueda desencadenar una situación de desconfianza entre vosotros –explicó-. ¿Te has fijado si alguna vez ha llevado algún tipo de marca por el cuerpo?
Sakura pensó detenidamente la pregunta antes de negar con cierta incertidumbre.
-No que yo recuerde.
-¿Manchas de carmín? ¿Regalos inesperados? –insistió.
Sakura volvió a negar con la cabeza, y Shikamaru suspiró fatigosamente antes de alzar el rostro hacia las nubes.
-En ese caso, y con todos mis respetos señorita ¿ha pensado alguna vez en la idea de que tal vez no se trate de una mujer lo que va buscando su prometido?
Sakura lo miró alarmada a la par que indignada.
-¿Qué insinúas? Eso ha sido muy grosero por tu parte –inquirió, y su expresión se tornó irritada-. Sasuke no tiene ese tipo de inclinaciones sexuales. Llevo con él los suficientes años como para estar segura de ello. Menuda estupidez.
-Sólo era una sugerencia –farfulló.
-Pues no la vuelvas a hacer –espetó con evidente reproche.
Sakura se cruzó de brazos resoplando con aspereza. ¿Sasuke gay? Por favor, ¿Y qué era lo siguiente? ¿Que acaso su relación era una tapadera? La joven rió quedamente ante el simple pensamiento. Era una idea descabellada e impensable. Ella mejor que nadie sabía cuanto le gustaban a Sasuke las curvas femeninas y los pechos sinuosos. Su extraña actitud debía tratarse por otra cosa, no estaba segura de cual, pero definitivamente lo descubriría.
-Esto ya está –anunció el detective mirando la pantalla-. Necesito que lo llame para saber si tenemos correctamente la línea pinchada.
Sakura parpadeó confusa.
-¿Y qué le digo?
Shikamaru bostezó abiertamente.
-Su seguimiento comenzará hoy mismo, por lo que sería preferible que le diera una excusa convincente que le haga entender que hoy no volverás a casa hasta bien tarde. De esa forma él se confiará y bajará la guardia, acudiendo con tranquilidad a donde nosotros queremos que nos lleve. Hacia el punto principal de este caso. Su supuesta amante.
-Que plan tan brillante –elogió admirada.
Shikamaru suspiró fatigoso entornando los parpados con cansancio.
-Lo sé -musitó con desgana.
La muchacha contempló dudosa durante unos instantes su teléfono móvil buscando mentalmente un pretexto coherente, y cuando creyó haberlo encontrado, marcó el número de su novio.
Cuando iba por el segundo tono, la llamada fue atendida.
-Sakura.
-Hola Sasuke-kun –lo saludó con nerviosismo-. Perdona si te molesto, ¿estabas ocupado?
-No. ¿Qué quieres?
-Necesito un favor –hizo una pausa buscando las palabras exactas, y cuando creyó haberlas encontrado, prosiguió-. En el hospital a habido un cambio de última hora y necesitan personal. Tengo que quedarme a cubrir un turno doble de noche y no me va a dar tiempo a recoger los anillos de boda que encargamos en la joyería, ¿podrías acercarte tú?
-Hoy tengo una reunión importante, no voy a…
-Por favor –le interrumpió la joven afligida-. Sé que tu trabajo es importante, pero esto también lo es para nosotros. Imagínate cuando llegue el día de la boda y le digamos al párroco que no tenemos los anillos, seguro que se niega a casarnos –la joven rió ante su pequeña broma, y desilusionada ante el mutismo de su prometido, insistió-. ¿Sasuke-kun?
-Está bien –suspiró con desgana-. ¿A qué hora terminarás?
-Mm, no estoy segura –dudó en decir una hora al azar-. Mejor no me esperes despierto.
-Hn.
-Perfecto. No trabajes mucho –añadió con ternura-. Te veo en casa.
Colgó e inmediatamente miró esperanzada hacia el detective, que relajado, sonreía con astucia.
-Lo tenemos pillado.
3
Sentado en la butaca, y con los codos apoyados en los reposa brazos, Sasuke consultó por tercera vez su reloj de pulsera. Pasaban diez minutos de la hora acordada y la tediosa película ya había comenzado. ¿Dónde demonios se había metido ese dobe? Inquieto, volvió a fijar su mirada en la puerta de entrada y dejó que sus pensamientos lo absorbieran.
Nunca en su vida pensó que llegaría a vivir una situación igual. Se había acostado con un hombre, había dejado que entrara donde nunca antes nadie entró, tanto en su corazón como en su cuerpo, y lo más desconcertante de todo, había disfrutado enormemente sin los temores, dudas y prejuicios que debían haberle asaltado en una situación así, ni siquiera a la mañana siguiente cuando despertó aún abrazado a ese dobe. Él, controlador nato de toda su vida y su trabajo hasta el más mínimo detalle, había cometido el más irracional de sus actos con total consentimiento, y sorprendido comprobó, como en su mente no habitaba ni un solo resquicio de remordimiento.
¿No debería estar al menos un poco desconcertado? ¿No era demasiado simple la forma en la que había aceptado los sentimientos de Naruto? ¿No era perturbadora la manera en la que él mismo lo correspondía?
Lo único que realmente le inquietaba en aquel momento, era ese insaciable deseo que lo corroía por dentro. Aún después de haberlo saciado, aún después de haber conseguido su propósito, su ansia y su cuerpo exigía más, lo quería todo. Por norma general solía deshacerse de los estorbos que pudieran complicar su vida futura, pero con Naruto era diferente. Y allí se encontraba pagando las consecuencias de sus actos, escondiéndose como un adolescente temeroso de que sus padres le sorprendan con su primer novio.
La puerta de entrada se abrió filtrando un resquicio de luz que dejó entrever durante breves instantes una conocida silueta. Sasuke suspiró complacido, era él. Vio como los ojos del rubio dieron un rápido barrido a la sala, buscándolo, y cuando lo encontró en las butacas finales se acercó sentándose a su lado.
De cerca y con una visión más clara, Sasuke no pudo evitar observarlo de arriba abajo.
Lucía unos pantalones vaqueros holgados de cintura baja que apretaban en su justa medida la línea sinuosa de sus caderas. Camiseta en tono tierra, perfilando tiernamente sus hombros y su pecho, en donde se dibujaba una extraña espiral oscura que vagamente le resultaba familiar. Como siempre los cabellos lucían alborotados e impregnados de gel fijador que de nada le servía contra los remolinos dorados, y en sus ojos brillaba una cautivadora luz que no había visto hasta ahora. Tierna y tan cálida como su amable sonrisa.
-Llegas tarde –gruñó Sasuke intentando no mostrar la turbación que le producía.
-¿Y de quién te crees que es la culpa, teme? –reprochó en voz baja-. Cuando te dije que me avisaras me refería a con tiempo por delante, no media hora antes. He venido lo más rápido que he podido.
Sasuke sonrió para sus adentros. Podía haberlo avisado mucho antes, justo después de que Sakura lo llamara para informarle que llegaría tarde a casa por trabajo, pero definitivamente no iba a dejar que el dobe viera lo ansioso que estaba por verlo de nuevo.
-¿Hace mucho que ha comenzado? –preguntó ofreciéndole el vaso de palomitas que había comprado a la entrada.
-Diez minutos.
Le robó unos cuantos granos de maíz y con un suspiro fatigoso contempló la pantalla. Como había esperado, la película no llamaba en absoluto su atención. El universo ficticio que planteaba la trama principal caracterizada por ninjas y demonios todopoderosos, le aburría. El único que despertó ligeramente su curiosidad fue uno de los ninjas, cuyo objetivo se basaba fundamentalmente en la venganza. Además el protagonista principal, irritante a más no poder, no había dejado gritar y repetir una y otra vez que llegaría a ser Hokage. ¿Por qué no se lo daban de una vez con tal de que se callara?
Ahora recordaba por qué nunca iba al cine, era una perdida de tiempo. Pero Naruto parecía estar encantado, gesticulando y haciendo todo tipo de comentarios sobre el protagonista con emoción.
-Él me recuerda a ti –bufó Sasuke con un leve tono de irritación.
-¿En serio? –preguntó con una ancha sonrisa-. ¿Por su determinación? ¿Por su valentía? ¿Porque nunca abandonará su camino de ninja hasta haber demostrado a todos lo que vale?
-No. Como un maldito dolor de cabeza.
-Bastardo –refunfuñó inflando los mofletes-. Veo que has comenzado a desarrollar tu sentido del humor, eso ha sido muy gracioso.
Media sonrisa se perfiló en los labios del moreno. Lo miró por el rabillo del ojo y orgulloso comprobó como por fin la película había quedado desplazada a un segundo plano y su atención recaía totalmente en él. El rubio de repente miró inquietante a su alrededor lo que despertó sus alertas y tensó sus músculos. Instintivamente también observó su entorno, ninguna persona se sentaba en su fila ni en la delantera, y las pocas personas por delante de ellos no les prestaban la más mínima atención. Volvió a mirar al rubio con una ceja alzada, preguntando silenciosamente qué demonios buscaba, y de repente Naruto se acercó, depositando un tierno y húmedo beso en su boca que le erizó la piel y aceleró el pulso.
Más relajado comprendió que ese dobe idiota no buscaba a nadie, sólo comprobaba que nadie los miraba para poder acercarse a él.
La jugosa lengua le lamió los labios recorriendo su forma, primero el de abajo y luego el de arriba antes de adentrarse impaciente dentro de su boca, explorando y subyugando, arrancándole pequeños gruñidos anhelantes, provocando su deseo. Sasuke le correspondió entregado, alzando una mano que enredó entre los cabellos dorados, forzando su rostro contra el suyo para que no pudiera alejarse.
-Sasuke –susurró enronquecido. Le mordió anhelante los labios, el mentón desplazándose por el cuello hasta la clavícula. Posó una mano sobre el sinuoso pecho y lo acarició por encima de la tela, bajando hacia el marcado vientre que se encogió estremecido.
La excitación de Sasuke aumentó extendiéndose rápida y caliente bajo la superficie de su nacarada piel, a la par que su acelerada respiración. Buscando complacer su deseo, agarró la muñeca de Naruto y guió la mano hacia su entrepierna, erguida y palpitante.
Naruto gruñó deseoso por lo bajo mientras mordía la clavícula y apretaba codicioso la abultada ingle bajo la palma de su mano. Ansioso desabrochó la bragueta y deslizó sus dedos bajo la tela. En la punta de sus dedos notó el cosquilleo del vello púbico antes de aferrarse con descarado interés a la turgente dureza que cobijaba. Era consciente de que se encontraba en un sitio público lleno de gente, pero mientras ninguno de los dos hiciera mucho ruido, nadie tenía por que enterarse ¿no?
Un gruñido largo y gutural se escapó del pecho del moreno, fustigado por el placer de esa deliciosa fricción. Deseando poder sentir un mayor contacto, abrió más las piernas dejando libre movimiento a esa mano experta, mientras con la suya propia alcanzaba la entrepierna de su compañero. Después de todo, no estaba tan mal ir a los cines.
-Por aquí, las últimas filas siempre son las mejores.
Escucharon voces cercanas a su posición, y sobresaltados, se separaron uno del otro volviendo a ocupar sus asientos en una neutra posición antes de que nadie pudiera percatarse de lo que hacían. Los nuevos visitantes, dos hombres de mediana edad, ocuparon asientos en la fila delantera a la suya.
¿A quién demonios se le ocurría entrar en el cine a mitad de película?
La furia corría candente por sus venas, la sed de sangre bullía frenética por sus entrañas, los puños se cerraban frustrados, los dientes chirriaban con fuerza. Sasuke juró en su fuero interno vengarse de ellos, de su familia y de toda su estirpe. Y una vez vengado, los cortaría a trozos y los quemaría en una gran hoguera.
-¿Lo ves? Por tu culpa nos hemos perdido la mitad de la película –reprochó uno de los hombres por lo bajo-. Te dije que fueras más puntual.
-Mah, pero si al final son todas iguales, ¿en serio querías verla?
-¡¿Y a qué hemos venido sino, idiota?! –se escuchó un auch, y como una de las siluetas se frotaba la cabeza.
-Yo creía que veníamos a la segunda cosa que se puede hacer en un cine –pronunció inclinándose hacia su compañero.
-¿Qué haces? Estate quieto, hay gente detrás, nos pueden ver.
-Seguro que ellos también se están metiendo mano.
Sasuke los fulminó con ojos amenazantes. Sí, eso mismo estaban haciendo hasta que esos desgraciados los interrumpieron. Irritado cerró los ojos frotándose con energía el puente de la nariz. Juraría que esa voz indolente y perezosa le era levemente familiar.
-Kakashi, saca la mano de ahí maldito pervertido.
Los ojos de Sasuke se abrieron desorbitados y la sangre se le congeló bajo las venas. ¿Había dicho Kakashi? ¿Su consultor sentimental? Por la espalda lo escrutó con ahínco. No cabía duda, no conocía a nadie más que tuviera ese color plata en los cabellos con tenencia caía hacia un lado.
-Tenemos que salir de aquí –rugió frenético dándole un codazo nervioso al detective.
-¿Qué? ¿Por qué?
Como respuesta le apresó fuertemente un brazo obligándolo a que se levantara junto a él. No había tiempo para explicaciones, si ese maldito entrometido los pillaba… si se daba cuenta de quien lo acompañaba, no solo confirmaría la tendencia sexual que ya adivinó en su momento, sino que además le pondría un rostro a su infidelidad.
-¿Hum? ¿Sasuke? Que sorpresa encontrarte aquí.
¡Maldición!
Con el corazón a mil por hora y un molesto sudor frío deslizándose por su espalda, el referido dudó si girarse y enfrentar las consecuencias, golpearlo hasta dejarlo en estado vegetativo por el resto de su vida, o largarse lo más rápido posible de allí. Pero ya había visto a Naruto, su infidelidad estaba descubierta. Aunque… todavía cabía la posibilidad de hacerlo pasar como un amigo cualquiera.
-¿Lo conoces? –le susurró el detective a su lado.
Lentamente giró el rostro por encima de su hombro, encontrándose con lo que había estado evitando. El rostro indolente de Kakashi.
-Y además muy bien acompañado por lo que veo –se jactó su consultor dedicándole una evaluativa mirada de pies a cabeza al rubio.
-No es lo que piensas –refutó al instante el moreno.
-Seguro que no –Kakashi le hizo una señal con la mano para que se acercara a él mientras sonreía socarronamente por lo bajo-. Y si quieres puedo seguir fingiendo que no estoy viendo tu bragueta desabrochada.
Tocado y hundido. Sasuke recolocó sus ropas a toda prisa sin poder evitar jurar en su fuero interno colocar a ese desgraciado consultor el primero en su larga lista de venganzas, y torturarlo lenta y retorcidamente hasta su muerte.
-¿Naruto? –dudó el otro hombre girándose hacia ellos.
-¡Iruka-sensei! –saludó animadamente.
La cosa se complicaba por momentos, los cuatro se conocían ya con anterioridad.
-Hacía mucho tiempo que no te veía. Has crecido mucho –le dijo Iruka amablemente al rubio-. ¿Cómo sigue Jiraiya-san?
-Igual de pervertido que siempre. Hay cosas que no cambian con los años –explicó con sufrida paciencia-. ¿Sigues dando clases en Konoha Gakuen?
-Sí, aunque por suerte ya no tengo alumnos tan revoltosos como tú –rió débilmente-. Podíamos quedar un día, hace mucho que no comemos ramen juntos.
-Eso sería genial.
-¿Qué tal después de que acabe la película? –sugirió Kakashi con divertida malicia sin dejar de mirar los diversos tics nerviosos en el rostro de Sasuke.- Hay tantas cosas de las que hablar.
El detective miró a Sasuke consultando en silencio la propuesta. De su boca no salió ni una sola palabra, pero sus ojos como llamas ardiendo en una hoguera hablaban por si solos. La respuesta era de rotunda negación.
-Quizás otro día –apresuró a excusarse el rubio.
-Mah, no importa. De todas formas presiento que pronto nos volveremos a ver –insinuó el consultor.
Con una forzada despedida, ambos chicos dieron media vuelta saliendo de la sala a mitad de la película. Una vez tomada la salida de emergencia, y en un pequeño descansillo solitario, se detuvieron.
-Cabrón –gruñó Sasuke por lo bajo apretando loa puños con rabia-. Lo sabe, ese desgraciado de Kakashi lo sabe.
-¿El qué sabe? –preguntó dudoso.
-Lo nuestro, idiota –sacudió enérgicamente la cabeza intentando calmarse-. Él conoce la relación que mantengo con Sakura y la que mantengo fuera de mi compromiso con ella. Y ahora gracias a esto ya sabe con quién.
-¿Qué? ¿Cómo que sabe todo eso? –preguntó alarmado-. ¿Quién es? ¿De qué lo conoces?
-Es una larga historia –bufó. Vio como el color se esfumaba rápidamente de las mejillas morenas mientras asimilaba la importante información y apresuró a añadir para su tranquilidad-. No hay de qué preocuparse. No va a decírselo a nadie, me aseguraré de ello personalmente.
Con visible agotamiento Naruto se recargó sobre la pared más cercana, meditando en silencio.
-Lo sabe alguien más –añadió instantes después.
-No. Él es el único.
El detective soltó un largo suspiro.
-De todas formas hablaré con Iruka-sensei. Parece que ellos dos se conocen muy bien, si tus amenazas y extorsiones no lo consiguen, Iruka lo hará.
-También podía deshacerme de ellos dos en un fortuito accidente. –sugirió por lo bajo. Naruto rodó los ojos con sufrida paciencia, realmente no quería saber si estaba bromeando o no-. Sólo es una sugerencia –murmuró con un leve matiz de decepción.
-Será mejor que salgamos de aquí antes de que lo haga la gente que hay dentro, la película tiene que estar a punto de terminar –consultó su reloj pulsera confirmando sus sospechas. Sin añadir nada más, ambos chicos comenzaron a caminar hacia la salida. Poco antes de llegar al final Naruto se detuvo frente a una puerta en la que colgaba un cartel señalando los servicios masculinos-. Espérame fuera, tengo que entrar un momento.
Sasuke asintió mientras el rubio desaparecía tras la puerta.
Creyó que todavía disponía de tiempo suficiente para volver, entrar en la sala y coaccionar a Kakashi con una gran retahíla de peligrosas amenazas, independientemente de la presencia que hubiera delante, hasta conseguir su absoluto silencio. Pero por extraño que pareciera, le daba la impresión de que el consultor no tenía la más mínima intención de delatarlo, sino más bien de regocijarse con su desdicha. Ese desgraciado de Kakashi….
Además, por su culpa no había podido saciar el deseo que aún palpitaba turgente en su ingle, algo que todavía podía solucionar.
Sin mover a penas la cabeza, examinó con rapidez su entorno, y cuando constató que se encontraba completamente sólo en la entrada, retrocedió sobre sus pasos, cruzando la puerta que segundos antes había atravesado Naruto.
Era pronto para llegar a casa.
-Mendokuse -se escuchó a pocos pasos de allí. El individuo, camuflado detrás de una gruesa columna, consultó las recientes y comprometidas fotografías de su cámara digital soltando un pesado suspiro-. Ya sabía yo que esto iba a ser muy problemático.
Continuará…
