HOLA CHICOS! Tardé bastante pero finalmente puedo traerles este cap :3 me alegró demasiado ver que el pasado capítulo les gustó mucho jajaja porque para ser sincera yo estaba un poco insegura de que no les fuera a gustr el grayza, pero pues vi muy buenas reacciones y sus reacciones son las que irán escribiendo esta historia, por lo que les puedo asegurar que se viene algo bien sorprendente :O jojojojo

AGRADECIMIENTOS.

ERZA PS: Muchas gracias jojojo realmente me pone muy feliz de saber que esta historia te va gustando y usualmente mis historias siempre van escritas a los seguidores que me hacen saber desde el inicio que en verdad esta historia les va gustando o disgustando, por lo que agradezco infinitamente tu comentario y ntp que daré a por mayor grayza y en especial JERZA. jaojojoj

Annia Scarlet: Jajajajaja ese Natsu se enteró de los gustos carnales, aunque su mente quedó perturbada:( me alegro demasiado que este cap te haya gustado tanto y en especial el lemmon que realmente ha sido el lemmon más rápido que he escrito en una de mis historias xD Muchas muchas gracias por tu comentario y me alegro demasiado que te esté encantando este cap.

Lily-ana: Muchas gracias! Me alegra mucho que te esté gustando jojojo y ntp que tengo pensado poner muchas cosas con gray, erza y jellal y referente a lo Porlyusika vamos a ver si en verdad puede curar a Erza :O jojojo Muchas gracias por tu bello comentario.

Bueno chicos, sin más los dejo leer el capítulo.

El tercer ojo

El frío viento combinado con las cenizas de aquel que antes era un humilde pueblo golpeaban las frías pieles de aquellos dos jóvenes que iban perdiendo la vida en frente de los ojos de sus preocupados amigos.

Los rostros de ambos jóvenes mostraban el dolor que habían sentido antes de caer moribundos sobre el gigantesco lomo de aquel impotente dragón que alguna vez cuidé.

-¡¿Qué demonios pasó?!-Preguntó preocupado el joven de cabello rosa.

Su mirada era de sumo temor al ver a sus dos amigos perder el color rosado que sus mejillas tenían minutos atrás.

Ya no contaba yo con un cuerpo físico, pero podía sentir el mismo dolor que un humano al ver a mi hija morir.

Ambos impotentes dragones bajaron a tierra y sin esperar momento alguno Lucy y Natsu bajaron de ellos para dirigirse hacia con Jellal y Erza.

Gray que supo controlar sus sentimientos al ver como la persona que más amaba en la vida, moría poco a poco frente a él, para así poner sus manos en marcha y comenzar a parar la hemorragia que Erza tenía en su costado. Sin siquiera tomar en cuenta el cuerpo de Jellal que se encontraba igual de grave.

-¡Ayuda a Jellal también, imbecil!-Gritó con coraje Natsu al ver que Gray no tenía intención alguna de evitar la muerte de Jellal.

Al ver que Gray no le hizo caso, chasqueó la lengua y apretó sus puños con coraje para romper su camisa y vendar de manera inútil las heridas más graves que tenía Jellal. Lucy al ver que Gray iba dejar morir a Jellal se apuró para de igual manera ayudar de manera torpe a Jellal, que llenaba de sangre la fina ropa de Natsu.

Lo estaba haciendo mal y el único que podía hacer algo era Gray.

Ambos dragones se mantenían viendo todo con preocupación.

-¡Van a morir si siguen así!-Exclamó sumamente asustada, Zú.-Comienza a volar a la ciudad más cercana, Igneel.

-Mis movimientos bruscos pueden matar a ambos si hago eso.-Le contestó sumamente preocupado, Igneel.-No puedo comunicarme con ellos y menos los puedo hacer entender que tienen que llevar a ambos con un verdadero médico.

Ambos dragones no sabían qué hacer al ver que no podían comunicarse con los tres jóvenes que cuidaban a los dos heridos.

-Ayúdanos a encontrar un pueblo, Igneel.-Pidió con lágrimas en los ojos, Lucy.

Ella no sabía si Igneel podía entenderla, pero sus ojos esperanzados cruzaron con los de Igneel, para así él poder asentir simplemente y emprender vuelo hacia el suroeste.

El que Lucy haya sugerido eso era porque ellos también pensaban en arriesgarse a entrar a un pueblo para buscar algún médico que pudiera estabilizar a ambos jóvenes.

Igneel voló con todas sus fuerzas al igual que Zú, que sin pedir permiso tomaron ambos un poco de la magia de Erza para así poder impulsarse aún más. En cambio, las personas que viajaban en el lomo de Igneel simplemente rezaban por llegar ya al lugar más cercano posible.

-¿Por qué ibas a dejar morir a Jellal?-Preguntó con la cabeza agachada, Lucy.

Sus lágrimas no podían ser visibles para ninguno de los dos presentes, pero su tono mostraba que se encontraba molesta, triste y decepcionada.

Sus ojos marrones miraban con tristeza a Jellal, para así suplicar a las Diosas que nada le pasara a él y a su hermana.

Ella podía entender el vínculo tan especial que tenían Erza y Jellal a pesar de no tener mucho tiempo con ellos, pero su noble empatía le permitía saber que no podía permitir que Jellal muriera. Jellal era una persona muy importante para Erza y posiblemente el único que podía estabilizar la mente maldita que tenía su hermana. Él era la única salvación que tenía Erza y ella no permitiría que nada malo le pasara.

Había visto como Erza mataba a cientos de personas sólo por coraje, por eso mismo ella sabía que lo único que podía humanizar a su hermana era el amor de aquel que la había logrado proteger de la muerte que ese Reino le otorgaba.

Lo había visto preocuparse por ella y lo había visto amarla como ella deseaba ser amada.

Ella había podido entender el amor que ambos sentían y el cómo ambos intentaban negar ese sentimiento.

-Ese maldito hizo sufrir a tu hermana en el pasado y la está haciendo sufrir en su presente. -Dijo con resentimiento, Gray.-Lo mejor para Erza es que este maldito de una vez desaparezca de su vida.

Natsu al escuchar tal respuesta apretó sus dientes con coraje, para así mirar con reproche a Gray sin dejar a lado a Jellal.

-Tú no eres nadie para juzgar la vida de Jellal.-Dijo con demasiado reproche.-Salvaremos la vida de los dos sin importar lo que pase, así que espero que no nos estorbes, Gray.

El ambiente se tornaba incomodo por los sentimientos que se encontraban reunidos.

Lucy quería reclamarle a Gray, pero sus palabras se encontraban atoradas en su garganta.

-Yo no haré nada por Jellal.-La voz sombría de Gray había hecho estremecer a los presentes.-No me interesa en lo absoluto que le pase, por lo que ustedes pueden preocuparse por él. Erza me tiene a mí.

Las palabras de Gray lastimaron notablemente a Natsu.

Por su mente pasaba el hecho de cómo alguien que consideraba su amigo era tan egoísta. Porque a pesar de todo Natsu apreciaba gratamente a Jellal por los años que tenía de conocerlo y por todo lo que le tocó vivir con él. Él conocía a Jellal posiblemente mejor que nadie en el mundo y sabía que no era una mala persona, únicamente era una persona perdida por la ambición de querer conocer aquel Reino que era imposible que existiera.

A ambos los consideraba sus amigos, sólo por esa única razón hizo la excepción de ignorar los comentarios de Gray.

El ambiente se había tornado de manera incómoda, pero eso terminó tan pronto Igneel y Zú llegaron a tierra firme.

Ambos dragones se acercaron lo más posible a la gran ciudadela que se encontraba frente a ellos. Los tres jóvenes sin esperar tomaron los cuerpos de ambos heridos para comenzar a correr con ellos en brazos. Natsu cargaba el cuerpo de Jellal al igual que Gray cargaba a Erza.

A esas alturas el Rey de Ishgar debía de saber que existían tres personas con magia en su Reino y en el continente, al igual que aquella que era considerada enemiga de Ishgar por haber matado cientos de caballeros y una gran cantidad de nobles en las fronteras de Fiore e Ishgar. Pero nada de eso les importó, ya que ignoraron todo por encontrar algún médico en aquella enorme ciudad.

Los tres llamaban demasiado la atención, pero en especial aquella joven de cabellos rojos que tenía su cara dibujada en cada esquina que existía.

Gray con sus brazos acercó más el cuerpo de Erza a él para que la gente evitara reconocerla completamente. Podía pensar que su simple cabello llamaba la atención para identificarla, pero los ciudadanos no parecían alarmarse demasiado.

"Seguramente existían más pelirrojas en ese continente" Fue el pobre pensamiento de las tres personas que corrían a toda velocidad.

La noche había sido perfecta para ellos, ya que no se encontraban muchas personas a los alrededores.

Pasaron largos minutos en los que la gente los miraba con miedo, pero una de las personas que se encontraba en las cercanías se acercó a ellos para así ver la gravedad de aquel asuntó. La joven de cabellos rosados y ojos verdes dirigió de inmediato a los tres jóvenes a los barrios más lejanos de la ciudadela, para así adentrarse a una muy modesta posada que parecía estar escondida entre las casas.

- ¡Abuela!-Gritó abriendo la elegante puerta de madera que tenía en frente de ella.

La joven miraba aterrada cómo el estado de salud de ambos era pésimo, por lo que al ver que no obtuvo respuesta de la que parecía ser su abuela comenzó ordenando que se adentraran a la habitación del fondo de aquella posada que en realidad era una gigantesca casa para alguien que se encontraba siendo rodeadas de casas mucho más humildes.

Natsu y Gray sin pensarlo mucho hicieron lo que ella pidió, para así ver asombrados como aquella habitación era en realidad una habitación completamente equipada con equipo médico de primera calidad.

Recostaron los cuerpos de Erza y Jellal en dos camillas perfectamente limpias.

La joven de cabellos verdes sin pensarlo dos veces se colocó un par de guantes y comenzó a limpiar las heridas más graves, para así comenzar su labor con el cuerpo que parecía estar en peor estado, que era el de Jellal.

-Tienes que salir de aquí. -Pidió amablemente a Gray, que seguía estando dentro de la habitación.

-¿Por qué te ocupas de él primero?

-Él se encuentra más grave que la Señorita, debo detener su hemorragia que ha sido mal tratada. -Explicó sin dejar de atender el cuerpo del herido. -Necesito hacerle transfusiones de sangre, así que espero que alguno de ustedes tres sea compatible con sus cuerpos.

Gray chasqueó la lengua para así tomar de un cajón abierto los mismos guantes que ya chica había tomado y sin consentimiento de ella tomó un bisturí, cortando la piel de Erza y sacando la punta de las flechas que tenía enterradas en su cuerpo, todo esto con sumo cuidado.

-¡¿Qué estás haciendo?!-Preguntó sorprendida aquella joven de cabellos rosas.-No debes de tocar nada de lo que está aquí. ¡Sal ahora mismo!

-Soy aprendiz de una gran doctora. -Explicó de manera indiferente, sin despegar su vista de Erza.-Si anteriormente no hice nada fue porque sus heridas eran demasiado graves y no tenía material suficiente para salvarle la vida, pero al ver este consultorio puedo hacer algo por ella.

La joven de cabellos rosa asintió al escuchar que él tenía conocimiento alguno en el arte de la medicina, por lo que dejó curar las graves heridas que Erza tenía.

El tiempo se alargó, pero ambos lograron detener la hemorragia que presentaban los dos.

Habían cumplido su cometido, logrando estabilizarlos.

La joven de cabellos rosados salió de la habitación e hizo un par de pruebas a Natsu y Lucy, para ver si ambos eran compatibles con Jellal y Erza, logrando quitarles a ambos una cantidad considerable de sangre para reponer la que ellos habían perdido.

Colocó la sangre en ambos con éxito, dejándola a ella y a Gray exhaustos.

-Ahhh.-Dejó escapar un gran suspiro de alivio la joven pelirosa..-Han estado muy cerca de la muerte.

Lucy que había evitado entrar en un trance sentimental se paró de su asiento para acercarse a la joven y tomarla de las manos. La joven miró completamente extrañada y sonrojada este hecho, pero lo que más le sorprendió fue como Lucy lloraba amargamente sin poder decir ninguna palabra.

-Mu…muchas gracias.

Los ojos conmovidos de la joven pelirosa se entrecerraron, para simplemente negar.

-Fue una suerte encontrarlos, ya que ambos estaban muy heridos. -Habló sin soltar las manos de Lucy.-Nunca creí ver a la Señorita Irene en estas tierras, pero me alegro demasiado el haber salvado la vida de alguien tan importante.

Todos los presentes reaccionaron al escuchar cómo habían llamado a Erza.

Lucy que era la más cercana a la joven se alejó levemente de ella, para así verla sin entender lo que había dicho.

-¿Cómo la llamaste?-Preguntó sorprendida, Lucy.

-¿La Señorita Irene?-Preguntó confundida, mirando a los presentes sin entender nada.-¿No saben quién es la joven que trajeron?

Natsu iba a negar que ella no se llamaba Irene, pero Gray detuvo sus palabras cuando lo tomó del brazo y miró desconfiado a aquella joven pelirosa.

-Ella es la esposa del sobrino del Rey.-Explicó al ver que nadie parecía entender nada.-La Señorita Irene es una mujer que muy pocos conocen en persona, pero es distinguida en este Reino por su belleza y elegancia. Se dice que ella llegará a ser una mujer muy importante ya que las Diosas le otorgaron no solo su belleza, sino la peculiaridad de poseer el cabello rojo que ellas también poseían.

Todos escuchaban sorprendidos lo que decía aquella joven, para ver a Erza.

Lucy pareció entender que había alguien con las mismas características físicas que Erza, pero los demás simplemente creían que la estaban confundiendo seguramente con alguien totalmente ajeno a ellos.

-Ella no es Irene, Meredy.-Habló llamando la atención una voz desconocida.

Todos voltearon sus rostros a la voz de la propietaria que había entrado a la casa.

-¿Qué hacen estas personas en mi casa?-Preguntó con el ceño fruncido al ver como todos se encontraban sentados en sus elegantes muebles.-No me interesa quiénes son y qué hacen aquí, así que será mejor que se larguen con esas personas que están en mi consultorio.

-¡Abuela!-Replicó con pena la joven llamada Meredy.-No puedes correrlos, ellos han traído a la Señorita Irene a nuestro consultorio para salvarle la vida. También hemos logrado salvar a aquel joven de cabello azul que seguramente es un caballero del Reino.

La mujer de sesenta años de edad frunció el ceño e hizo una mueca de disgusto, para así pasar de largo y dirigirse a Erza.

-Ella no es Irene y él no es un caballero, Meredy.-Regañó una vez analizó cada facción perteneciente a Erza.-Esta mujer tiene su ojo izquierdo lastimado y tiene innumerables cicatrices en sus cuerpo. Irene jamás ha estado en batalla.

Todos ensancharon los ojos al escuchar eso.

Lucy sin pensarlo se dirigió hacia la mujer para arrodillarse frente a ella.

-Por favor no los corra. -Pidió sin importarle nada. -Nosotros podemos irnos, pero ellos necesitan recuperarse. Las heridas que recibieron son demasiado graves y seguramente no sobrevivirán sin medicamento y sin la suficiente agua y comida.

Los ojos opacos de la mujer adulta no parecían conmoverse, pero si parecía tener curiosidad hacía aquella joven que parecía haber sido confundida. Su mirada vio el cuerpo completo de Erza, hasta mostrar en su arrugado rostro una mueca de disgusto.

-¿Quién hizo la transfusión?-Preguntó preocupada, ignorando las palabras de Lucy.

Meredy se levantó asustada, para ver completamente aterrada como el cuerpo de Erza tenía en algunas zonas cercanas a la herida hematomas. El cuerpo de Erza estaba sudando y sus reflejos le estaban provocando removerse de aquella cama con una mueca de dolor.

-Es imposible. -Habló al ver la reacción que estaba teniendo Erza.-Ella es compatible con la sangre de la joven rubia, yo misma me aseguré de ello.

-¡Salgan todos de aquí ahora!-Ordenó la mujer al ver como el rostro de Erza palidecía.

Gray al ver como su situación había cambiado en segundos se acercó para analizar de igual manera las reacciones que estaba teniendo su amada.

Era sencillo.

Las señales que mostraba Erza era una reacción de incompatibilidad debido a la transfusión de sangre.

La anciana pelirosa quitó la aguja que estaba conectada con Erza, para así detener la transfusión, no sin antes cerrar la puerta del consultorio, dejando a todos los presentes con miradas de excesiva preocupación.

Lucy al no estar nada complacida tomó el picaporte de la puerta, pero la joven pelirosa lo impidió de inmediato.

-Ella es la mejor médico que exista en este mundo.-Explicó con paciencia.-Ella sabrá manejar la reacción que está teniendo.

-¿Por qué Erza reaccionó así a mi sangre?-Preguntó impaciente, Lucy.-Creí que nuestra sangre había sido compatible.

Meredy se alejó de la puerta junto con Lucy, agachando su rostro con impaciencia.

Ella tampoco entendía por qué no había salido todo bien. Los resultados habían indicado que ella no se había equivocado, pero aquella misteriosa joven había rechazado la sangre de manera peligrosa, ya que por ese tipo de reacciones ella podía morir; pero su abuela estaba a cargo, por lo que confiaba enormemente que su abuela sería capaz de enmendar lo que había pasado y la estabilizaría.

Los pensamientos de Meredy daban vueltas a esos hechos, pero aún más importante fue cuando la joven rubia mencionó el verdadero nombre de aquella misteriosa mujer que era idéntica a la Señorita Irene.

-¿Quién es esa mujer?-Preguntó totalmente llena de curiosidad.-La has llamado Erza, por lo que me das a entender que la conoces.

Natsu se acercó a Lucy para tomarla del hombro.

Todo lo que estaba sucediendo era demasiado grave y era aún más grave exponer a todos los presentes al Reino.

-Es su hermana.-Respondió Natsu.-Hemos viajado por motivos personales, pero tuvimos algunos problemas en el camino.

Meredy quería preguntar más, pero Natsu se había mostrado demasiado hostil con su respuesta que sería casi imposible sacar más información de unos completos desconocidos.

Fue entonces cuando su mente se agudizó, recordando los retratos hablados que se encontraban en todos lados.

No solo ella se había extrañado cuando los vio, ya que se acusaba de asesinato a una noble que carecía de experiencia en batallas. Su misma abuela le había aclarado que la Señorita Irene no había matado a esas personas ya que ella mismo la conocía de años atrás, pero entonces ¿por qué ellas dos eran tan similares?

¿Acaso Meredy había salvado a una asesina?

De ser así entonces ella estaba arriesgándose demasiado al hablar con esas personas.

Sin ser extraño para los demás se alejó de ellos para esperar únicamente respuesta de su abuela.

Mientras tanto los restantes tres jóvenes simplemente esperaron pacientes que saliera aquella ansiada pelirosa, para así poder saber algo sobre los que eran sus compañeros.

Gray jugaba con sus manos impacientes al ver que pasaban las horas y no había respuesta alguna de la mujer que estaba atendiendo a Erza. Quería adentrarse a la habitación y él mismo encargarse de la situación, pero aquella extraña anciana parecía saber demasiado de medicina, por lo que ponía su fe y su confianza en una total desconocida.

Todos estaban impacientes debido a que las horas se alargaban demasiado.

Igneel y Zú estaban muy cerca de la ciudadela, por lo que si no se apresuraban lo suficiente serían descubiertos.

-Tengo que ir a verlos.-Dijo Natsu con una mirada llena de preocupación.-Han estado mucho tiempos solos.

Meredy no entendía a quiénes se referían, pero Lucy y Gray sí, por lo que simplemente asintieron para ver como Natsu salía con educación de aquella gran casa.

Seguramente buscaría algún lugar apto para que ellos se lograran esconder por días, eso era lo más coherente ya que ambos no podrían moverse durante días.

Mientras tanto en el consultorio de aquella mujer misteriosa, miraba con detenimiento a Erza y a Jellal.

Había logrado estabilizar a Erza hace varias horas, pero cuando lo estaba haciendo notó algo muy extraño que provenía de ambos. Algo que le había hecho recordar viejos tiempo por los que ella pasó, por eso mismo y sin consentimiento de nadie, comenzó a hacerle análisis a los dos.

De sus arrugadas manos había salido un aura verde que le había permitido saber qué era lo extraño que ella había sentido cuando los vio y era clara la respuesta, ellos también poseían magia. Aunque su mente todavía no lograba descifrar por qué esa joven peliroja había rechazado la sangre de la que parecía ser su compañera; ambas sangres tenían compatibilidad y el proceso había sido el correcto.

Estaba en presencia de dos magos y uno de ellos era una mujer que era acusada de asesinar en las fronteras de Ishgar a una gran cantidad de nobles, sin contar que su parecido con Irene era extraordinario. Inclusive ella se hubiera confundido, si no hubiera sido por su ojo izquierdo dañado y las cicatrices que tenía su cuerpo.

Eso le había dado a entender que era una persona totalmente diferente a Irene.

Ambas eran idénticas físicamente, pero por simple primera impresión podía ver que la feminidad de Irene no era algo que aquella joven peliroja tenía. Irene era delicada en cualquier sentido, mientras que esa joven se veía como toda una guerrera.

Irene era segura y frívola, pero esa joven se veía ser más gentil.

Su magia había hablado por ella y sentía bondad en aquella extraña magia que venía dentro de su ser.

¿Por qué ambas eran idénticas?

Irene había logrado tener una aceptación social en la nobleza debido a que físicamente se decía que ella era idéntica a las Diosas de Philia.

Las personas de Ishgar eran de fe enorme, por lo que era lógico que al ver a alguien a semejanza con una forma divina iban a profesar a su favor, pero ella que había conocido a Irene se le hacía ilógico ese hecho por la simpleza de que ella no era un ser mágico como lo era aquella joven que tenía en frente de ella.

Su mente estuvo divagando por horas.

Quería saber más acerca de aquella extraña mujer que era idéntica a la hija adoptiva de Mavis Vermillion.

La joven peliroja no podría levantarse de inmediato, ya que había perdido considerables cantidades de sangre que había sido imposible recuperar. El joven estaría bien debido a que él sí había aceptado la sangre de aquellos donadores, pero ella tardaría en recuperarse posiblemente en un mes.

Le interesaba tener a los dos cerca de ella.

Después de todo había pasado décadas desde que no veía a alguien con magia.

Ella había ocultado a su nieta y a el Reino que era una maga, ya que el interés del Rey siempre había sido llegar al Reino donde vivían los dragones…Dragnof.

El Reino no podía enterarse de ello.

El estar pensando durante varias horas le hizo tomar una decisión.

Salió de aquel consultorio para encontrarse con dos completos desconocidos que seguían esperando alguna noticia sobre ambos jóvenes.

-¿Cómo están los dos jóvenes, abuela?-Preguntó con verdadero interés, Meredy.

Lucy que esperaba ansiosa la respuesta de la anciana se acercó más a ella para poder escuchar lo que tenían que decirle.

-Ambos están bien, pero necesitarán descansar un tiempo.-Respondió de manera indiferente, para voltear a ver a los dos desconocidos.-Ellos dos se quedarán aquí, ustedes tienen que irse.

Al escuchar eso Gray se tensó al igual que Lucy.

-¡No podemos hacer eso!-Exclamó molesto, Gray.-Yo debo de estar con ella al igual que su hermana.

Al haber escuchado esa declaración, la anciana volteó a ver a Lucy con mucho más interés.

¿Ella era su hermana?

No parecían serlo.

-Si ellos están bien entonces nosotros ya podemos llevárnoslo. -Volvió a hablar Gray al no recibir respuesta de aquella extraña anciana. -No podemos dejarlos aquí simplemente. Agradecemos que los haya ayudado, pero no podemos separarnos de ellos ahora.

La anciana parecía no importarle mucho lo que decía Gray.

-¿Abuela?

Su fría mirada inspeccionaba a las dos personas que tenía en frente. No sentía nada de magia en ellos, por lo que su único interés eran los dos jóvenes que estaban en su consultorio; fuera de eso no tenía interés alguno en tenerlos como invitados.

-Ellos se irán de aquí cuando hayan mejorado.-Volvió a decir con una voz más demandante.-Pueden venir a verlos, pero bajo mis reglas. Le he salvado la vida a esa mujer y ustedes me deben respeto y agradecimiento, así que harán lo que yo les digo.

Su voz era dura, pero Meredy sabía que ella tenía la intención más pura de ayudarlos.

Lucy y Gray lo pensaron durante varios segundos, para ambos bajar la mirada completamente frustrados.

Posiblemente podrían vivir en esa ciudadela por un tiempo ya que ellos no eran buscados como lo era Erza, pero aún así estaban arriesgando demasiado a Zú y a Igneel a quedarse en las cercanías. Era una decisión difícil, porque también había estado en riesgo la vida de Jellal y Erza; no podían simplemente llevárselos cuando ambos estaban recuperándose de tales heridas.

Era una decisión difícil, pero posiblemente era lo mejor.

Una vez despertaran podrían irse de ahí y seguir su camino nuevamente.

Habían tomado una decisión, para así marcharse de aquella hermosa casa, no sin antes advertir que volverían por la mañana para ver el progreso de ambos

Gray salió a buscar una posada cerca de la casa de aquella anciana pelirosa, mientras que Lucy buscaba a Natsu para que alejara a Zú e Igneel lo suficiente de aquella ciudadela.

Entre las oscuras calles caminaba la hermosa rubia de ojos marrones, buscando al joven pelirosado que se había convertido en su nuevo amigo.

Su rostro era de completa preocupación, ya que su mente estaba completamente inundada de malas situaciones, como lo había sido el hecho de que Erza mató a tantas personas sin piedad alguna, el que los dos grandes dragones estaban en peligro y que su amada hermana estaba herida y débil para continuar. No sabía que debía resolver primero, pero sentía que Erza y Jellal estarían a salvo con aquella mujer.

Sin darse cuenta Lucy llegó a la salida de la ciudadela para así caminar entre los maizales.

No sabía dónde debería de comenzar a buscar a Natsu.

Gray había tomado otro camino y ella no había querido seguirlo.

Gray…

Cuando vio por primera vez a aquel joven de cabello oscuro su joven corazón latió con gran fuerza…como amor a primera vista, pero el destino se lo había negado en el instante ya que pudo notar instantáneamente como Gray amaba a Erza. Ella se había sentido feliz, demasiado feliz de saber que su hermana era amada por alguien, pero también se sentía un poco decepcionada de saber que la gran atracción que había sentido a primera vista solo se quedaría en sus recuerdos para toda la vida.

La atracción que sentía hacía Gray era tan grande que su propio corazón se estrujó cuando escuchó a su hermana decir que había tenido sexo con él.

Envidiaba un poco como Gray cuidaba y amaba a Erza.

Por eso mismo trataba de convencerse que ella no sentía nada hacía el joven pelinegro.

-Así que aquí estás.-Habló una familiar voz en frente de ella.

Lucy abrió los ojos con sorpresa, para abrir sus finos labios con la intención de soltar un gran grito, pero este fue callado por las manos de Natsu que la miraba con reproche.

Cuando ella vio que era él el que la había tomado, se tranquilizó para quitar sin delicadeza su mano de su boca.

-¡¿Por qué hiciste eso?!-Preguntó demasiado exaltada.

Natsu al ver que su voz era demasiado escandalosa la tomó sin permiso para llevársela cargando, no sin que Lucy comenzara a poner resistencia.

-Tienes que callarte.-Le pidió, Natsu.-Zú e Igneel están cerca de aquí y si tú haces tremendo escandalo saldrán a buscar al responsable. No quiero que vayan a encontrarlos.

Explicó con obviedad, por lo que Lucy calló sus gritos para simplemente asentir y dejarse llevar por aquel joven de cabello rosa. No lo conocía demasiado, pero algo dentro de ella le decía que podía confiar infinitamente en él.

Su cuerpo era cargado como un costal, por lo que tenía completa movilidad de su cabeza, para así ir gravando en su memoria cuales eran los lugares por los que pasaban ya que era la manera más sencilla de llegar con los dos dragones.

Caminó Natsu durante varios minutos para así llegar a una fosa similar a la que había en la isla de Tides.

Lucy de inmediato asoció esa fosa con un portal.

-¿Eso es…

-Sí.-Afirmó Natsu con una gran sonrisa, mientras que la bajaba con delicadeza.

Lucy se paró con delicadeza, para acercarse poco a poco a aquella fosa.

En toda su vida había visto una gran cantidad de fosas, pero jamás había imaginado que éstas estaban unidas a diferentes partes del mundo, como lo estaba aquella misteriosa fosa en la isla Tides.

Con un poco de miedo, Lucy asomó su cabeza por aquella fosa, pero sus pies le fallaron al punto en que resbaló por ellas.

-¡Lucy!-Gritó con gran fuerza, Natsu.

Sin pensarlo dos veces, el pelirosado se aventó hacía la fosa para comenzar a emanar fuego desde sus piernas y sus brazos.

Ambos dragones sintieron la presencia de un ser mágico, por lo que sus instintos los obligó a despertarse de su tan añorado sueño. Al ver que un cuerpo humano estaba cayendo por la fosa, Igneel sin dudarlo estiró su ala izquierda para que Lucy cayera en ella.

Lucy no podía creer lo que veía, ya que arriba de ella se veía un cielo estrellado mientras que Natsu iba a toda velocidad por ella.

Sin quererlo cerró sus ojos para así simplemente esperar el impacto del suelo que seguramente la mataría, pero en vez de eso sintió un sofocante calor que en tan solo segundos le estaba provocando que sus extremidades comenzaran a sudar. Abrió sus enormes ojos para así simplemente ver que Natsu era el que la había salvado de aquella caída.

-¡¿Cómo es posible?!-Exclamó con sorpresa, pero su rostro se relajó cuando vio la enorme ala de Igneel amortiguar su caída.

Su rostro de sorpresa fue cambiado por uno de completo alivio, mientras que Natsu únicamente la miraba con diversión.

Por otro lado bajo el inundado cielo estrellado se encontraba un joven de cabello oscuro con destellos azules que miraba el cielo con suma intensidad, como si dentro del enorme cielo se encontraran las respuestas a todos sus problemas.

Pero ¿cuáles eran sus problemas?

Era simple, su mayor problema era aquel maldito hombre con el tatuaje en su ojo derecho.

Había trabajado para él por varios años ya que Jellal lo había comprado como esclavo años después de que su maestra Ur murió. Jellal lo había tratado bien y posiblemente lo había considerado como un amigo más que como un jefe, pero él había sido testigo de cómo el corazón de Jellal se oscurecía más y más. Su avaricia creció aún más cuando encontró un enorme huevo que parecía ser irreal, pero al no ver resultado de que el huevo eclosionara su desesperación lo llevó a comprar tantas personas para que cuidaran el huevo que él suponía se trataba de un Dragón.

Había trabajado como médico en la mansión de Jelllal durante cinco años y había tenido un mejor trato que cualquiera de los otros esclavos, pero todo cambió cuando vio como la avaricia había consumido por completo el corazón de Jellal y el cómo su desesperación lo había llevado a comprar a la que en ese momento se había convertido en la persona que más amaba en todo su mundo.

Cuando Erza llegó a la mansión, Gray pudo ver como Jellal se sentía intimidado por aquella pequeña niña de descuidados cabellos escarlatas. Por esa misma razón Jellal fue llevado a un punto en que la comenzó a torturar día y noche; él quería imponerse ante aquella niña que lo hacía sentir inferior, pero su cariño y respeto se fue cuando él presenció como Jellal había lastimado a la pequeña niña escarlata.

Jellal había dejado ciega a Erza de un ojo y eso lo consumió por años, ya que parecía afectarle realmente lo que le había hecho. Se había alejado de ella en cualquier sentido, pero él sabía que le afectaba demasiado por los inevitables sentimientos que Jellal quería reprimir hacía Erza.

Gray había comenzado a amar a Erza desde el primer momento, pero en ese entonces ella solo era un niña de doce años, aunque los años lo fueron ayudando a tal punto en que Erza se sintió atraída por él –o eso era lo que él creía-.

Ahora que se había vuelto a encontrar con Erza, sentía un peligro inexplicable cuando Jellal estaba cerca de ella.

Parecía como si los dos tuvieran una conexión que había roto la gruesa pared de dolor que había Erza compartido con él en el pasado.

Él sabía a la perfección que Jellal se encontraba inevitablemente atraído hacía su amada pelirroja y aunque él no lo quisiera admitir, también sentía como Erza se tensaba cuando Jellal hablaba o la miraba, pero eso no le importaba mucho porque Erza lo había escogido a él antes que Jellal…aunque no estaba totalmente seguro si eso sería eterno.

Todos se encontraban debatiendo con sus pensamientos en esa hermosa noche estrellada, mientras que Jellal y Erza descansaban en la casa de una completa desconocida.

Jellal comenzó a removerse entre la cama, para así abrir los ojos lentamente.

Su sentido de la orientación no le permitía recordar los últimos sucesos vividos.

No sabía dónde se encontraba y qué era lo que sucedía, pero una vez vio a la joven pelirroja que se encontraba cerca de él reaccionó.

-¡Erza!-Se paró de inmediato para acercarse a ella.

Cuando sus pies descalzos tocaron el frío suelo, sintió como todo su cuerpo se estremecía por el dolor y como el cuerpo de Erza de igual manera se retorcía.

¿Dónde estaba? ¿Qué había sucedido?

Eran los pensamientos que pasaban por su mente.

No entendía que hacía en ese lugar y por qué Erza estaba vendada de sus extremidades. Sus mejillas se veían completamente pálidas y su respiración era demasiado lenta.

Se acercó lo suficiente, para así tocar con delicadeza su cabello escarlata.

De inmediato un sinfín de imágenes inundó su cabeza.

El cómo había sido ataco y el cómo las heridas de Erza la había provocado un dolor inimaginable hasta el punto en que cayó desmayado.

Su mano derecha fue llevada a su ojo derecho, para así intentar calmar el dolor de cabeza que le estaba provocando ver todas aquellas imágenes.

-Así que este es un enlace de alma.-Habló una voz que él jamás había escuchado.

Sin nada de delicadeza giró su cuerpo mientras que su mirada se afilaba al ver cómo se encontraba cerca de la puerta una anciana con cabello y ojos color rosado. La anciana se encontraba sentada, viendo cada reacción que hacía Jellal, mientras que él se encontraba totalmente sorprendido por no haberla sentido.

-¿Quién eres?-Preguntó con una voz demandante y sin bajar la guardia.-¿Qué estamos haciendo nosotros dos aquí?

Los músculos de Jellal se encontraban completamente tensos, por lo que no se había dado cuenta que había abierto sus heridas.

La anciana miraba de manera indiferente como Jellal se encontraba a la defensiva, pero sus ojos se desviaron con interés a las vendas bañadas en sangre de él y de la joven pelirroja.

-Tus amigos los han traído a ustedes dos a mi casa.-Contestó con calma aquella extraña mujer.-Yo soy Porlyusika y al igual que tú soy una maga perteneciente al mundo mágico Dragnof.

Ante tal revelación Jellal abrió sus ojos con completa sorpresa.

Quería decir una gran cantidad de palabras, pero por alguna razón su garganta se había cerrado.

¿Ella conocía Dragnof?

-Yo…-Intentó decir, pero sus palabras se encontraban atoradas en su garganta.

-No tienes que decirme nada, niño.-Interrumpió Porlyusika mientras se paraba de aquella silla.-Para curarlos he visto a través de ustedes dos, por lo que sé a la perfección que ambos son magos y aún mejor, que esa niña de ahí es una asesina.

Jellal se tensó por completo cuando Porlyusika llamó asesina a Erza, por lo que se puso en frente de ella con la intención de defenderla a costa de su vida.

-¿A qué quieres llegar?

Sus músculos estaban completamente preparados para atacar, pero en su mente había algo que le decía que no estaban en total peligro, después de todo aquella mujer los había curado a los dos y los había mantenido con vida en su propia casa a pesar de saber que Erza era una asesina muy conocida en Ishgar.

Porlyusika caminó hacía Erza, pero Jellal se lo impidió.

-No tengo intención de matarlos.-Aclaró.-Como te he mencionado yo soy también una maga y te puedo asegurar que tengo más experiencia en combate que tú y esta pequeña niña, así que es imposible pensar que podrías ganarme siquiera.

Jellal sabía que era cierto una pequeña parte de lo que decía, después de todo estaba herido junto al cuerpo de Erza.

-¿Por qué nos has curado?-Preguntó con desconfianza.

Sus ojos se querían cerrar debido al cansancio, pero la adrenalina en su cuerpo se lo estaba impidiendo.

-Hace muchos años que no veía un par de magos por estas tierras.-Le contestó con demasiada calma, mientras que con sus largos y esqueléticos dedos tocaba la sangre de Erza.-Estoy completamente impresionada de que existan magos en este mundo, por eso mismo quise ayudarlos. Posiblemente ha llegado el momento en que los dos mundos finalmente se conviertan en uno solo.

Jellal al escuchar sus palabras frunció el ceño inevitablemente.

Él sabía a lo que ella se refería y por esas simples palabras le creía.

Su mayor anhelo era llegar a Dragnof y comprobar con sus propios ojos que las tierras de Elizabeth e Isabelle en realidad existieron, para una vez así confirmar que todo lo que su padre le había contado era cierto. Aunque él tenía una prueba muy grande que esas dos Diosas en realidad había existido, pero quería corroborar todo lo que tuviera que ver con el Reino Sagrado.

-¿Qué haces viviendo en esta dimensión?

La mujer una vez escuchó esa pregunta ensanchó los ojos con sorpresa, pero sustituyó sus ojos con unos de completa seriedad.

Parecía ser que ese niño sabía más de lo que ella pensaba.

-No he podido regresar a Dragnof desde hace más de setenta años.-Confesó con una pequeña sonrisa.

Jellal estaba cada vez más sorprendido ya que esa mujer no parecía tener más de sesenta años de edad, pero al parecer su edad era una simple ilusión.

-Después hablaremos referente a Dragnof, niño.-Paró de decir para mirar con nostalgia el cuerpo de Erza.-¿Cómo es posible que ustedes dos tengan un enlace de alma?

Jellal no sabía si podía confiar completamente en ella, pero parecía ser una mujer que lo podía ayudar a llegar al Reino Sagrado más pronto de lo que había imaginado. Lo mejor para él era tenerla de aliada hasta que llegara el momento en que determinaría si era aliada o enemiga.

-No sé a qué te refieres.

Jellal cuidaba recelosamente todo aquello referente a Erza y eso era porque no le importaba mucho los métodos que aplicaba para llegar a Dragnof, pero si le importaba Erza y si ponerla en riesgo era un requerimiento para saber más sobre lo que hablaba esa mujer, entonces él se negaría a decir una palabra tan siquiera.

-¿Seguro?-Preguntó no muy convencida.

Jellal no contestó, pero quedó helado cuando en tan solo un cerrar de ojos aquella mujer había apuñalado a Erza en su abdomen con una navaja que había escondido entre sus largas mangas.

El abdomen de Jellal comenzó a sangrar con intensidad, pero eso no le impidió tomar las muñecas de Porlyusika y mirarla con completo odio.

-Te arrepentirás de haberla tocado.-Gruñó con infinito odio, para sentir como sus fuerza se iban perdiendo poco a poco.

La mujer parecía no importarle lo que Jellal le decía, más sin embargo una enorme sonrisa se formó en su arrugado rostro.

-Al parecer finalmente he encontrado a la persona que me regresará a la tierra de mis Diosas.

MAIGA!

Este capítulo fue mucho más calmado de lo que suelo escribir, pero todo es esencial para nuestra pequeña larga historia jejeje

Me quedé helada porque este capítulo fue narrado por Eileen y así serán varios capítulos, por lo que espero que no les moleste eso.

Muchas gracias por seguir esta historia y como saben si les gustó no olviden de dejar sus bellos comentarios.

UNA PREGUNTA.

¿LES GUSTARÍA QUE ESTA HISTORIA FUERA LARGA?

Espero que cap les haya gustado mucho y en el que viene se vienen cosas muy buenas.

Con amor IleyBriseo