Título: Deseo olvidar

Sinopsis extendida: La amistad es cosa común entre compañeros de habitación, del colegio, vecinos, incluso colegas del trabajo.

Cuando tu compañero obligado es tu viejo rival del colegio, las posibilidades disminuyen dramáticamente. Aun más si su nombre es Draco Malfoy, entonces las probabilidades de una amistad prácticamente se extinguen.

Sin embargo, Harry descubrirá que las estadísticas que están en contra poco importan, porque cuando se trata de Draco Malfoy hasta lo imposible es posible.

Cuando esa amistad surge, hasta el amor se adivina a la vuelta de la esquina.

Advertencias: Todo el universo Harry Potter le pertenece a J.K.R., aunque me pesé después de ese epilogo. Yo solo tomo a sus personajes por diversión, no lucro de ninguna forma con ello.

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Capítulo 10.

Entendimiento: Facultad humana de comprender, comparar, juzgar las cosas, o inducir y deducir otras de las que ya se conocen. Acuerdo, relación amistosa.

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Ron Weasley se consideraba una persona que sabía distinguir la verdad entre tantas mentiras, alguien que no se lanzaba a conclusiones precipitadas sin conocer el trasfondo de la situación. Por alguna razón, nadie lo contradecía. Sin embargo, en ese instante ni él se creía esas mentiras.

Estaba furioso.

Hermione, desconcertada.

–Estoy seguro que le ha hecho algo, Hermione. Nuestro Harry nunca diría algo así.

Hermione había tenido que escuchar variantes de esa frase durante la última hora. La carta que "su" Harry les había enviado, estaba llena de lo que Ron denominó como "Basura Malfoyesca".

–Ron…–El susodicho no la escuchó.

–O debe ser un Imperius. Seguramente Malfoy está haciendo que Harry le haga el trabajo. Y de paso, logrando que se humille ante sus amigos y conocidos – Hermione bufó con impaciencia.

–Sabes que Harry no es tan tonto como para dejarse influir de esa forma. Malfoy estaría en el suelo, inconsciente, antes que lograra terminar de decir el hechizo – Intentó razonar la chica con él.

Ron pareció meditarlo durante un instante y luego finalmente se quedo quieto. Había estado dando vueltas por la habitación, así que Hermione agradeció internamente que dejara de hacerlo.

–¡Es una broma! – dijo alegremente Ron, con mucha seguridad, como si estuviera seguro que Harry saldría de un momento a otro saltando y riendo. A Hermione le recordó esos programas muggles de cámara escondida. Pero su esposo era un tonto si creía de verdad eso.

–¡No seas ridículo Ron! – La exasperación en su voz era evidente.

–Bueno, puede no ser cosa suya. Las lechuzas se toman prestadas. Tal vez George…– improvisó rápidamente.

Hermione rodó los ojos.

–Sí, claro. Y como cualquiera de nuestros conocidos es tan desalmado para darnos estos disgustos en plena luna de miel – razonó falsamente Hermione. Para su sorpresa, Ron asintió enérgicamente.

–¡Esos pillos!

Hermione rió y se acercó para abrazar a su esposo.

–Olvídate de eso.

Tal vez pudiera hacer que se olvidara del asunto. Cuando comenzó a besarlo y Ron se dejó hacer, creyó haber triunfado. Sin embargo, entre los besos, Ron se separó un instante y alcanzó a decir:

–En la noche llamaremos a Harry y verás que él no mandó nada.

Hermione solo pudo suspirar y pedir, en silencio, un poco de raciocinio para su esposo.

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¡Todo el día!

Había pasado todo el día sin que Draco le viera el pelo a Harry. No que fuera un espectáculo digno de ver, considerando el estado de su despeinada cabellera, más bien era una forma de hablar. Y tampoco es que quisiera encontrarse con el moreno, solo le desconcertaba ligeramente, muy ligeramente, que hasta el momento no hubiera visto a su ex compañero.

Era cierto que esa mañana les habían designado casos distintos. Pero ni en la oficina del jefe, ni en los ascensores, pasillos, baños o cualquier otro sitio, se había topado con Potter. Atribuía su leve, muy leve, desasosiego al hecho de no creer que se hubiera librado, finalmente, del otro.

Había estado seguro que Robards iba a mandarlos a llamar a ambos, tal vez felicitarlos por resolver el caso y asignarlos a otros. Pero no había sido así. Potter debía haberse llevado las palmadas porque a él no lo habían felicitado de ningún modo. Como si hubiera sido el compañero de relleno o un simple testigo.

La única referencia a su anterior trabajo fue el escueto: "Ya que se ha resuelto el caso de las desapariciones" que había mencionado el jefe, para cambiar enseguida de tema, pasando a su nueva asignación, sin Potter.

Como había pasado investigando el resto del día, no había tenido oportunidad de pasearse por ahí y ya que Potter evitaba la Biblioteca en la medida de lo posible, gracias a Merlín por ello, no se habían encontrado. Al menos no hasta ese momento en que dirigiéndose al elevador, que lo llevaría al atrio del Ministerio, lo vislumbró en él. Los ojos verdes parecían estar distraídos en otra cosa, porque no se percató de su presencia.

Y si en ese momento Draco corría para alcanzar el ascensor, no era porque quisiera toparse con Potter. Mucho menos entablar conversación con él. ¡Qué ridiculez! Corría porque de lo contrario tendría que esperar a que se desocupara y regresara, y esperar era una cosa que le disgustaba profundamente a Draco Malfoy, no se le daba bien, le salían arruguitas en el contorno de la boca. No iba a quedarse ahí esperando mientras Potter disfrutaba de un ascensor completamente vacío ¡No señor!

Cuando la verde mirada finalmente se poso en él, Draco deseó haber esperado, en lugar de permitir que el otro lo viera en un estado tan poco digno, corriendo para alcanzar un elevador. ¡Habrase visto semejante cosa! Casi podía imaginar a sus antepasados Malfoy retorciéndose en la tumba, o a Lucius Malfoy diciéndole una y otra vez que la paciencia siempre era recompensada.

–¡Hey! – saludó Potter con una sonrisa gigantesca, una vez el rubio hubo entrado al elevador.

–Potter – contestó él a manera de saludo. Ya que estaba ahí, bien podía ser cortés y contestar. No porque tuviera verdaderos deseos de intercambiar palabras sin sentido con Potter. ¡Claro que no!

A Potter, en cambio, parecía que le acabaran de decir que iba a tener trillizos. La sonrisa no podía ser más enorme. Malfoy casi se sintió impelido a corresponder con una sonrisa igual, pero se contuvo, brindando solo una pequeña.

–Creí que no te vería hoy– dijo Harry viéndolo directamente a los ojos.

–Sí, bueno. Trabajamos en el mismo sitio, nuestras oficinas están relativamente cerca, es obvio que nos veamos de vez en cuando – argumentó con impaciencia cuidadosamente fingida y desviando los ojos de la intensa mirada esmeralda que le dirigía el otro.

–Sobre todo si uno de nosotros corre para toparse con el otro – dijo Potter con tono suspicaz.

Harry rió suavemente cuando Draco le lanzó una mirada asesina.

–No corrí para toparme contigo. Creí que iba vacio y no quería esperar – contestó inmediatamente Malfoy con su mejor tono de reproche.

–¡Ah! Ya – dijo en aceptación Harry.

A Draco le sonó como que no le creía una sola palabra. A la vez que la sonrisa de Harry se hizo más amplia, la suya se esfumó.

–No… – empezó a negar Draco, pero Harry lo interrumpió enseguida.

–Gran felicitación la de Robards. Casi creí que me iba a zafar el brazo de tanto agitármelo – Bueno, aquello confirmaba su teoría de quien se había llevado el mérito –Es bueno saber que los muggles están bien y no recuerdan nada.

Aquello era noticia para Draco, cuando él le había preguntado por los muggles desaparecidos a su jefe, éste había contestado groseramente que no fingiera que le importaban los muggles, así que Draco no había insistido.

–Sí, ¡Grandioso! – contestó sin mayor elocuencia. Harry ni lo notó.

–¿Sabes? Podríamos ir por ahí por unos tragos e intercambiar información sobre los nuevos casos.

–¿Y qué te hace pensar que yo quiero saber sobre lo que haces? – contestó Draco de inmediato, Harry lució bastante descolocado cuando lo volteó a ver.

–Creí que…

Draco volvió a interrumpirlo.

–¿Y esa es tu idea de diversión? ¿Beber alcohol y chismorrear?

–Ayer… – empezó Harry confundido, pero Draco lo interrumpió una vez más.

–¡Exacto! – Soltó Draco, como si eso demostrara su punto –Ayer hicimos eso. La vida sería muy aburrida si se hiciera lo mismo todos los días. ¿Y las bebidas? Casi empiezo a pensar que tienes un serio problema de adicción.

Harry lucía muy ofendido cuando hablo.

–Y supongo que el señorito Malfoy es un experto en diversión. Sentarte a observar a tu elfo doméstico mientras cuela el jugo de calabaza debe ser excitante.

Draco bufo y desestimo el comentario con un ademan desdeñoso.

–Que poca imaginación tienes, me sorprende que una estrella del quidditch como tú – enfatizó la incredulidad en sus palabras – no busque cualquier oportunidad posible para montar en su escoba.

La cara de Harry transmitió una instantánea alegría salvaje y Draco supo que había acertado, se permitió una pequeña sonrisa ladeada y salió del elevador cuando éste hubo llegado al Atrio, Harry lo siguió.

–¿Entonces quieres volar? – Los ojos verdes aún lucían radiantes, ligeramente empañados por una sombra de duda.

Draco meneó la cabeza y chasqueo la lengua.

–Potter, Potter, ¿Acaso esperas una invitación por escrito?

Ante sus palabras, la sonrisa de Harry se reafirmó.

–¿Juego de buscadores? – preguntó mientras se dirigía a la red Flu.

–Por supuesto. Estoy seguro que estos años en una oficina te han dejado fuera de forma, verás cómo te derroto fácilmente.

–En sueños Malfoy. ¿En diez minutos en el parque?

Mientras Draco tomaba los polvos Flu, lo pensó durante un instante.

–Que sean veinte – Ante las cejas enarcadas de Potter, aclaró –No pensaras volar con esa túnica ¿Cierto?

Harry le dio la razón con un asentimiento. Antes de meterse a la chimenea, detuvo indeciso a Draco.

–¿Tienes una snitch?

Draco lo fulminó con la mirada y contestó mientras se metía en la chimenea. –¿Qué buen jugador de Quidditch no tiene una?

–Bueno, yo – contestó Harry como si fuera la cosa más obvia del mundo.

–Eso contesta mi pregunta. Ninguna – dijo Draco con una sonrisita.

–¡Calla Malfoy! Veinte minutos.

Ambos dijeron el destino y desaparecieron entre llamas oscilantes.

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Draco llegó cinco minutos antes de lo acordado, seguro que a Potter le llevaría al menos diez minutos más llegar. Ya comenzaba a pensar en las palabras exactas que contendría su regaño, cuando descubrió a Harry recargado en un árbol cercano.

–¡Llegas tarde! – comentó el moreno mientras se enderezaba.

Draco se dignó a cerrar la boca, que había mantenido ligeramente abierta debido a la sorpresa.

–No. Tú llegas temprano. Debe ser una de esas cosas que suceden cada mil años.

Harry sonrió y se acercó. Lo primero que apreció Draco fue la atesorada saeta de fuego que sostenía en la mano derecha.

–Yo no tengo que ponerme una infinidad de productos para el cabello, ni posar frente al espejo más de media hora. Solo vamos a volar, Malfoy. ¿No podías prescindir de eso?

En una reacción instintiva, Draco se paso una mano por el bien peinado cabello. Harry era un exagerado, solo se había visto en el espejo durante diez minutos.

–En tu caso sería una pérdida de tiempo, pero en el mío no. Nunca sabes con quien te toparas en cualquier momento. Siempre debes lucir impecable.

E impecable era la palabra perfecta para describirlo. Su oscura túnica de vuelo perfectamente alisada, su cabello majestuosamente acomodado y la sonrisa satisfecha haciendo juego con lo demás. Harry casi pudo sentirse desarreglado e impresentable, ya que su túnica estaba un poco arrugada, pero ¡Por Merlín! Iban a volar, no a desfilar en una pasarela.

–Ya veremos cómo luces cuando bajes de la escoba, Señor Impecable. Te haré morder el polvo – se permitió sonreír y montar en su escoba, mientras Malfoy hacia lo mismo dirigiéndole una mueca altanera.

–¿En el aire? Difícilmente, Potter – Metió la mano en el bolsillo de la túnica y dejo suelta la snitch.

Ambos se elevaron para permitirle alejarse. Tras unos minutos de espera, empezaron a buscarla.

Desde que había regresado a Inglaterra, Draco no se había montado a ninguna escoba, ahora, mientras se mantenía estático buscando la snitch, y el viento frio se colaba por entre su ropa, se dijo que lo había extrañado, más de lo que creyó cuando se lo había sugerido a Potter. Y no solo volar, un vistazo al Londres nocturno le hizo saber que lo que extrañaba era un lugar al que pertenecer, tener un poco de lo que había disfrutado cuando era pequeño, sentirse protegido por ser un Malfoy, en lugar de despreciado por la misma razón.

–Es bonito, ¿Verdad? – Draco se sobresaltó cuando escuchó la voz de Harry. Por un momento había olvidado que estaba con Potter. Se encogió de hombros y volvió a concentrarse en buscar la snitch. Harry lo observó durante unos minutos más, antes de hacer lo mismo.

Debido a la oscuridad, divisar el resplandor dorado de la snitch era cosa sencilla. O al menos eso es lo que argumentó Harry la primera vez que Draco le ganó. Éste se rió en su cara y soltó de nuevo la snitch.

Tras cinco minutos de vueltas sin ver nada, Harry vio que Draco se lanzaba hacia la izquierda y lo siguió, se le adelantó uno, dos metros antes de percatarse que había sido un truco, porque Draco ya estaba volando en la dirección contraria. Ahí, a un par de metros de la mano extendida del rubio, estaba la snitch. Harry aceleró e intentó darle alcance, pero en cuanto estuvo a un metro de la otra escoba, Draco freno en seco y se hizo con la pelotita, cuando se dio la vuelta para restregarle su victoria a Potter, éste chocó con él.

La sacudida fue fuerte y Draco se salvó de caer de su escoba solo porque Harry alcanzó a sostenerlo del brazo.

–¡Hey Potter! No seas un mal perdedor. ¿Qué tácticas sucias son esas de intentar tirarme de la escoba? – soltó indignado Draco en cuanto se estabilizó sobre la escoba. A Harry le hizo gracia ver que había estado a punto de caer y ni así había soltado la snitch, que aún sostenía en la mano derecha.

–¡Lo siento! – Dijo sinceramente Harry –No tuve tiempo de frenar.

–¡Sí, claro! – La incredulidad impregnaba cada una de sus palabras –Creía que los Gryffindor eran todo nobleza y rectitud, ahora veo que solo es la fachada para sus mentes perversas.

Harry rió a mandíbula batiente y soltó el brazo de Draco. Él solo se permitió una pequeña sonrisilla, aunque la risa de Potter era algo contagiosa. Cuando el otro logró calmarse, después de varias inhalaciones profundas, él soltó la snitch.

–¿Tres de cinco? – preguntó Harry, aún con la sonrisa en la cara.

–Estás a punto de perder – contestó Draco.

La tercera vez que Harry perdió, argumentó que Malfoy había hecho trampa. El otro lo negó expresamente, adujó que había sido un pequeño accidente que no debía afectar a ningún buen buscador. ¿La situación? Draco se había estrellado contra Harry cuando estaba a punto de alcanzar la snitch, una vez estabilizado le había dado un nuevo ataque de risa y Draco aprovechó para coger la snitch.

Después de diez minutos discutiendo, decidieron que serían seis de diez.

Harry ganó los siguientes cuatro y perdió en el resto.

Draco estaba muy ufano por su victoria y se puso a dar vueltas en una especie de vuelo del triunfo. Harry lo encontró divertido y lo imitó. Después de un rato, ya estaban retándose a hacer piruetas cada vez más complicadas y peligrosas. Como ambos fueron capaces de imitar perfectamente al otro, lo dejaron en empate y bajaron para sentarse en el pasto. O en realidad solo Draco, pues en cuanto puso un pie en tierra, Harry se estiro cuan largo era.

Malfoy había tenido razón en cuanto a que tanto tiempo lejos de la escoba había dejado a Harry fuera de condición. Estaba exhausto. Aunque él también había tenido razón en que Malfoy iba a bajar hecho un desastre de la escoba, el cabello platinado no parecía un nido, como el suyo, pero lucía bastante desarreglado y la túnica estaba toda revuelta.

–Hace tiempo que no hacía piruetas – confesó Harry con un suspiro cansado.

–No lo hiciste tan mal – antes que Harry pudiera registrar las palabras, Draco continuó –Que no se te olvide que aún me debes algo por haber ganado antes.

–Sí, sí Malfoy. Tú pide y te lo daré – se enderezó ligeramente y le echó una mirada de advertencia al otro –Pero nada demasiado extravagante ¿De acuerdo? No quiero ir por ahí buscando pequeños ponis voladores o algo por el estilo.

Draco rió ligeramente y negó con la cabeza.

–Lo pensaré.

Permanecieron un rato en silencio, admirando las estrellas que titilaban sobre sus cabezas. La luna brillaba intensamente esa noche. Harry cerró los ojos y disfrutó de la sensación de tranquilidad. Fue hasta mucho después cuando volvió a hablar.

–Extraño esto.

–¿Tirarte en el pasto a dormitar? – Interrogó Draco – Lo haces todo el tiempo.

Harry lanzó una risita y le dirigió una rápida mirada, seguía sentado con las rodillas encogidas y la espalda muy derecha. Solo Draco Malfoy podía ser capaz de mostrar cierta elegancia hasta sentándose en el pasto. Regresó la vista al cielo y contestó.

–No, tú sabes, esa sensación de casi plenitud. De tener algo que hacer, saber que eres bueno en algo, que eres parte de algo más grande – Pese a su aparente desinterés, Draco estaba atento a cada una de sus palabras –Maldita sea si no me pregunte cientos de veces porque tenía que ser yo quien estaba destinado a acabar con Voldemort. La razón para tener un destino tan macabro. Me dije muchas veces que sería mejor cuando todo eso acabara y pudiera ser un chico normal. Sin embargo, ahora siento que floto un poco a la deriva. Como un barco sin timón. ¿Te has subido alguna vez a un barco?

Draco negó con la cabeza, sin hablar para no romper la atmosfera de confianza que Harry estaba creando. Era… agradable. Harry parpadeó un par de veces y continuó.

–Bueno, extraño eso. – resumió Harry mientras colocaba sus brazos tras la cabeza. Al ver que no iba a añadir nada más, Draco se permitió hablar.

–Siempre dije que estabas un poco loco, como para arrojarte de cabeza al precipicio. Esto lo confirma. – dijo en tono ligeramente divertido.

Harry lanzó una carcajada mitad divertida, mitad indignada.

–¿Eso parece? – Reflexionó unos instantes –Sí, supongo que sí. Pero no me refiero propiamente a arriesgar el pellejo por salvar el mundo, ni derrotar a Voldemort. Me refiero a la época, en Hogwarts había muchas cosas que hacer y disfrutaba del quidditch y de mis amigos. Había cosas nuevas por conocer y emoción por descubrirlas. Podía distinguir lo blanco de lo negro y en ese momento creía que todo tendría solución, los buenos ganan contra los malos y cosas así, y ahora…

–Y ahora sabes que no es así. Que existe el gris y que los malos no son tan malos y los buenos no son tan buenos, y no siempre ganan – concluyó Draco.

–Sí. Veía a los magos como una mentalidad superior, es decir que entendían mejor las cosas, que no dan todo por sentado como hacen muchas veces los muggles. Pero en realidad no son muy diferentes. A las personas no les preocupan realmente los demás, algunos solo piensan en colgarse de ti por tus méritos, o rechazarte por tus fallos, aunque no lo merezcas. No les preocupa averiguar si lo que otros dicen es cierto o no. Se lo creen por completo. Ya sé que debía de haberlo supuesto después de todo ese fiasco con Rita Skeeter en cuarto año y con Umbridge en quinto. Pero confirmarlo es realmente molesto, casi decepcionante.

–Bienvenido al mundo real, Potter. Me sorprende que duraras tanto tiempo en tu pequeña burbuja mágica.

Harry ignoró el comentario y prosiguió.

–No quiere decir que sea un tonto ignorante…

–De hecho sí –aclaró Draco. Harry siguió como si no lo hubiera interrumpido.

–Más bien es que tenía la esperanza que las cosas no fueran así, tal vez entonces diré que era un tonto fantasioso o crédulo – Arrugó el ceño y continuó con voz algo nostálgica –Ahora las cosas son tan diferentes. Hermione y Ron ahora están juntos y yo, bueno tengo un trabajo que me gusta y personas que se preocupan por mí – Sin decirlo, Draco supo que se refería a los Weasley, sorpresivamente no mostró ninguna mueca de repulsión –Pero no me siento parte de algo más. Es como una rutina que debo cumplir día a día y no me lleva a nada. Si esta es la vida normal que tanto ansiaba, ciertamente no es lo que esperaba.

Harry suspiró profundamente y se mantuvo en silencio. Draco, en cambio, dejo escapar un bufido desdeñoso.

–¿Qué diría toda la sociedad mágica si te escucharan? El pequeño héroe se siente miserable en su pequeña vida perfecta.

Volvió a bufar y para su sorpresa, Harry rió mientras giraba la cabeza en su dirección.

–Debo oírme como un maldito malagradecido ¿No es cierto?

Volvió a reír y Draco se permitió relajarse un poco.

–La vida no se construye sola, Potter. No existe una mano mágica que nos indique el camino o vibre cuando vamos en la dirección equivocada. Cada quien debe otear en el horizonte y elegir que sendero deseamos en nuestra vida. Mira a los Malfoy… – Fue el turno de Harry para bufar y Draco le lanzó una mirada gélida antes de continuar – Puedes pensar lo que quieras de mi familia, pero lo cierto es que cada miembro en cada generación ha utilizado sus aptitudes para alcanzar lo que desea.

–Sí, seguro. Como tu padre siguiendo a Voldemort.

Los labios de Draco se convirtieron en una fina línea.

–Tal vez a la larga no fue una decisión muy inteligente, pero mi padre eligió un camino que lo llevaría a la cumbre del poder, respaldado por nuestras creencias de lo que un mago debe ser. En lugar de ir lamiendo las botas de pequeños mestizos que no tienen idea de lo que en realidad significa ser un mago, o el alcance de su magia. Pero como toda elección o apuesta, si quieres llamarle así, debes saber que no siempre resulta lo que deseas. Aunque te confesaré que los Malfoy procuramos tenerlas todas de nuestro lado antes que arriesgarnos a perder. Desafortunadamente, los tiempos han cambiado y nos vemos forzados a aceptar cosas que en otros tiempos hubieran sido inaceptables – dijo muy serio Draco. A Harry le dio la impresión que comprendía un poco mejor el misterio tras las actitudes de Malfoy.

–Sí, sí, bueno – desestimó Harry. Sin embargo, las palabras de Malfoy habían calado hondo en su cerebro y durante un rato nadie hablo.

Conforme las sombras se alargaban y se oían algunos ululares de lechuza entre los árboles, Harry se relajó y pudo sentir como el sudor por el ejercicio comenzaba a secarse en su cuerpo. Se estiró gatunamente y cuando dirigió la vista a su acompañante, se sorprendió al notar que éste lo observaba. Al verse descubierto, Draco pareció ligeramente turbado, pero no aparto la mirada.

Harry sonrió y se sentó, Draco levantó una ceja interrogante.

–Eres casi agradable cuando no salen insultos de tu boca – aclaró Harry, todavía sonriendo.

–Tú pareces casi inteligente cuando no emites sonido alguno – Se apresuró Draco a contestar en un tono mordaz.

–Ja ja – rió sarcásticamente Harry.

Volvieron a permanecer en silencio, aún sosteniendo la mirada del otro y Draco noto, intrigado, que los ojos de Potter lucían de un refulgente verde en la oscuridad. Como si el brillo de las estrellas les confiriera una luz especial. Al ser consciente de sus pensamientos, se sintió instantáneamente turbado, agitó la cabeza y se puso de pie rápidamente, lo que le causo un fuerte mareo, volvió a sentarse, para recostarse cuando el mareo se hizo más fuerte, pero cuando lo hizo, azotó la cabeza contra el pasto. Se quejó y cerró los ojos, cuando los volvió a abrir los intensos ojos verdes lo miraban desde arriba.

–¿Estás bien? – preguntó Harry, al parecer muy divertido.

Draco, incómodo, se levantó tan rápido que chocó con la cabeza del moreno, antes que éste pudiera apartarse.

El golpe lo dejó viendo estrellitas de colores, pero permaneció sentado, apretando sus piernas, hasta que pasó la sensación. A su lado Harry lanzó un pequeño quejido, seguido por un ataque de risa.

–¡Estás loco Malfoy!

–Yo no soy el que ríe maniáticamente.

–Bueno, después de ese golpe no me extrañaría haber quedado tonto. Creo que hasta puedo ver cientos de snitchs – Estiró el brazo como si pudiera alcanzar alguna de las pelotitas imaginarias y cuando no fue así, la risa volvió. Draco se permitió una sonrisa por lo ridículo de la situación.

Después de unos minutos, Harry finalmente se tranquilizó.

–Yo no extraño mucho de Hogwarts – comentó Draco, a Harry le intrigó que sacara el tema, así que escuchó atentamente – Los grandes banquetes puedo tenerlos en la mansión siempre que lo desee.

–Creí que no vivías en la mansión – interrumpió Harry un poco perplejo.

A Draco no pareció molestarle la interrupción y contestó con voz monocorde.

–No, pero eso no significa que no pueda ir ahí cuando me plazca. Los elfos están obligados a mantener la casa en perfectas condiciones.

–¡Qué desperdicio! – murmuró Harry. –Hermione estaría escandalizada si se enterara –Draco lo ignoró y continuó.

–Las habitaciones compartidas podían ser convenientes en ocasiones, pero es incómodo tener a tanta gente en tu espacio privado.

–¿A qué te refieres con convenientes? – Harry enarcó una ceja.

Draco apenas sonrió y le lanzó a Harry una mirada divertida.

–¿A que más va a ser? Averiguar las costumbres, manías y debilidades de los demás. Sacar material para conseguir favores.

–¡Ah! – Harry permaneció uno momento en silencio y continuó –Por alguna razón no me sorprende. Con los Slytherin todo parecen ser maquinaciones.

Draco recargó la cabeza en sus rodillas dobladas y miró hacia el suelo mientras volvía a hablar.

–El quidditch era bueno, pero existe un límite para soportar perder – Para su propio asombro, Harry no hizo ningún comentario burlesco –Algunas clases eran buenas, pero aprendí lo necesario mientras estuve en ellas. Otras eran porquería, así que no las echo de menos. Tal vez solo añore ser Prefecto y quitarles puntos a los demás – concluyó con un suspiro.

Típicamente Malfoy, pensó Harry. Lo que echaba de menos era poder fastidiar justificadamente a otras personas.

–Pero ahora eres auror y puedes castigar a los chicos malos. ¿No es eso mejor? En lugar de aterrorizar a pobres niños por encontrarlos fuera de la cama después del toque de queda.

Draco asintió divertido y lo volteo a ver. Harry pudo apreciar en sus ojos grises una chispa de nostalgia.

–¡El toque de queda era una mierda! Las cosas más interesantes sucedían por la noche.

–Mientras fuera lejos del Bosque prohibido ¿No? – lo pinchó Harry socarronamente. Draco captó el chiste de inmediato e hizo una mueca desdeñosa.

–Ríete lo que quieras, Potter. Eso fue hace mucho tiempo. Era solo un niño – se justificó Draco mientras jugaba con sus pulgares.

–Yo también y no salí corriendo.

Draco levantó la cabeza de sus piernas y lo miró un segundo antes de mostrar una sonrisa burlona.

–Mi instinto de supervivencia estaba en perfectas condiciones, a diferencia del tuyo que al parecer ya estaba atrofiado desde entonces.

Harry se lo concedió con una risa.

–Es un poco extraño, pero hoy… me divertí mucho – confesó un poco avergonzado –Hace tiempo que no lo hacía – dijo después de un largo rato.

–Tengo ese don con las personas. Ven con Draco Malfoy y tendrás diversión garantizada – comentó Draco con seguridad.

–No todos parecen pensarlo – Harry casi se arrepintió de decirlo en cuanto las palabras dejaron sus labios, sin embargo, tras echarle un vistazo al rubio, vio que no parecía molesto. Cuando el otro hablo lo hizo lentamente.

–No me importa lo que piensen todos – por su tono, parecía una verdad que no había estado dispuesto a admitir.

–Creí que los Malfoy vivían de las apariencias – se atrevió a decir Harry.

–Cuando es importante, pero ¿Qué apariencias puedo mantener ahora cuando todos me desprecian por mi apellido? El tiempo y yo, por supuesto, les demostraremos que no conviene enemistarse con un Malfoy, y menos subestimarlo – su tono fiero le dijo a Harry que era un pesar que llevaba bien oculto.

–Yo no te desprecio – comentó Harry, en un momento de apasionada sinceridad. Sin embargo, Draco no pareció sorprendido.

–Bueno, tú… eres diferente – dijo a falta de palabras mejores.

Harry se enderezó y lanzó una mirada sorprendida al pálido rostro.

–¿Ah, sí?

Draco no le regresó la mirada.

–Sí, bueno, casi empiezas a caerme bien – dijo con cierta renuencia. Definitivamente no había estado en sus planes admitir semejante cosa. Harry ahora estaba boquiabierto. Se había enderezado totalmente y miraba a Draco con evidente sorpresa. Antes que pudiera decir nada, el rubio se apresuró a aclarar –No en el patético sentido Gryffindor que crees. Nada de mejores amigos ni cosas por el estilo. Solo siento que eres…útil.

A Harry aquello le había sonado como algo más allá de "útil", así que le dirigió una sonrisa inmensa.

–Ah, ya, útil ¿Eh? – Su tono dejaba claro que no se lo creía –Yo también creo que es agradable pasar el tiempo contigo. Es bastante sorprendente, considerando nuestra historia, pero eres una persona distinta de la que creía conocer.

El tono de Harry era un poco burlón, pero definitivamente sincero y Draco se sintió repentinamente incómodo, intentó enmascararlo con palabras duras.

–No te pongas sentimental – Pero Harry no se lo trago. El rubio lo notó y levantó la vista al cielo, donde la luna se cernía sobre ellos. Agradecido por tener una excusa, volteó hacia Potter y señaló hacia arriba –Deberíamos irnos.

Harry asintió, con la sonrisa aún en los labios y se levantó.

–Ah, lo olvidaba, tu sueño de belleza reparadora.

Draco no dijo nada e intentó levantarse. ¿El resultado? Múltiples cosquilleos dolorosos ascendieron por su pierna, se le había entumecido. Maldijo en voz baja, se dejó caer y soltó el aire lentamente mientras permanecía inmóvil. Harry lo observó intrigado y se acercó.

–¿Qué sucede?

Draco negó con la cabeza.

–Me iré en un momento. Puedes adelantarte – agitó la mano, instándolo a irse. Harry miró su postura durante un instante y una sonrisa casi maliciosa se apoderó de sus labios.

–¡Ah! Ya veo. Se te ha entumecido una pierna ¿No? ¿Cuál es?

Draco volvió a negar con la cabeza y soltó un gritito de dolor cuando Harry movió la pierna afectada.

–¡Maldición Potter! ¿Por qué hiciste eso? – Estaba seguro que su expresión debía mostrar todo el odio del que era capaz, pero Harry no pareció afectado.

–Entonces es ésta – concluyó Harry, señalando la pierna y la sonrisilla perversa se hizo más amplia.

El dolor todavía no había pasado cuando Potter volvió a moverle la pierna, ahora con mayor fuerza y una sonrisa de clara satisfacción maquiavélica en el rostro. Draco solo pudo gemir y lanzarle una retahíla de los peores y más elaborados insultos que sabía, ya estando en ello, incluso inventó algunos nuevos.

Eso divirtió aún más a Harry, pero no lo dejó en paz. En cambio, volvió a sentarse, ahora a su lado. En cuanto lo hizo, Draco lo empujo a un lado con todas sus fuerzas, lo que trajo de nuevo los dolorosos cosquilleos. Maldijo por lo bajo y respiro hondo. Harry rió suavemente, se acercó y estiró la pierna de Draco. Éste volvió a insultarlo.

–¿Disfrutas eso Potter? – se abstuvo de gritar, pero su tono era furia contenida.

Harry se encogió de hombros.

–Debes estirar la pierna o tardara más en remitir el dolor.

Draco recordó que eso hacía su madre cuando era pequeño, así que no dijo nada al respecto. Harry lo observaba fijamente y después de un rato hablo.

–Es extraño verte tan fuera de control. Es divertido – Su voz era suave y modulada, como si hiciera una confidencia.

–Me alegra que mi sufrimiento te reporte toneladas de diversión. Tal vez después me golpee contra el piso para que puedas reír a tus anchas – dijo sarcásticamente Draco.

Harry agitó la cabeza.

–Es sólo que es muy diferente del chico mimado y pijo que estoy acostumbrado a ver.

Draco, extrañamente, lo entendía. Potter tampoco era el chico cabeza hueca, con aires de grandeza que él había creído que era. Ciertamente era algo irreflexivo y precipitado, pero eso en ocasiones era ventajoso y se compensaba con sus otras cualidades.

Agachó la cabeza y desvió la vista, avergonzado. ¿Draco Malfoy pensando en las cualidades de Harry Potter? Tal vez, después de todo, si debía azotarse contra el suelo. Seguramente las grietas que se hiciera en el cerebro permitirían la entrada de algo de sentido común.

–Podríamos… – titubeó Harry – podríamos convertirlo en una costumbre. Tú sabes, volar de vez en cuando – propuso Harry un poco dudoso. Para su sorpresa Malfoy le dio la razón de inmediato.

–Suena bien. Siempre que no estemos ocupados. Podemos venir a la misma hora, si el otro no llega en un lapso de tiempo razonable, significa que no vendrá. Así no tenemos que perseguirnos el uno al otro en el Ministerio.

–¿Cuando dices un lapso razonable… – empezó Harry

–Quince minutos a lo sumo – contestó Malfoy de inmediato –Conociéndote, debería bastar para cubrir tu impuntualidad.

Harry cabeceó en acuerdo y como el dolor en la pierna de Draco había remitido, ambos se pusieron en pie.

–Entonces te veré después, Malfoy.

–Tal vez, Potter, tal vez. No olvides que aún me debes algo.

–No lo olvidaré.

Se sonrieron casi tímidamente antes de desaparecer.

oO°*°Oo

Lejos de la quietud y paz que anhelaba, lo primero que Harry escuchó, cuando se apareció en la entrada de su apartamento, fueron unos gritos descalabrados que provenían de algún lugar de la sala. En cuanto entró al lugar reconoció la voz y la cabeza pelirroja a la que pertenecía y gritaba desde la chimenea.

Cuando se detuvo lo suficiente para tomar aire, Ron se percató de la presencia de su amigo.

–¡Hey Harry! Sabía que estabas por ahí. ¿Por qué no contestabas? – Ron debía haber gritado durante un largo rato, porque su voz sonaba ronca.

–Llegué hace un momento – aclaró Harry, arrodillándose frente a la chimenea. La cara de su amigo mostró su sorpresa.

–¿Estabas fuera? Pero si debe ser más de media noche – Harry se encogió de hombros, esa actitud de reproche preocupado le recordaba más a la señora Weasley que a su amigo. Tal vez el matrimonio, o Hermione, le habían trastocado un poco. Ron sonrió de forma cómplice –¿Estabas con Ginny?

Harry se apresuró a negarlo.

–Estaba volando.

–¡Qué bien! Hace tiempo que no salíamos a volar. ¿Estabas con George? Me ha dicho que a veces sale a volar por las noches.

Harry volvió a negar, ¿Es que Ron creía que solo salía con los Weasley? Una vocecita interior le dijo que, de hecho, así era. Al menos antes así había sido.

–¿Con alguno de los chicos del trabajo? – Así era, así que se apresuró a confirmarlo con un asentimiento. Esperando que no preguntara por quien, porque estaba seguro que Ron iba a gritar. Lamentablemente no era su día de suerte –¿Con quién?

Harry fingió desinterés durante un instante y miró directamente a los ojos de su amigo cuando contestó.

–Con Malfoy.

La cara de Ron pareció confundida durante un instante, para después pasar por perplejidad y finalmente estallar en una carcajada.

–¡Vaya Harry! Esa es buena. Tú volando con Malfoy, seguramente él te invitó y se la pasaron genial mientras competían por atrapar la snitch – sus palabras tenían un claro tono de broma y volvió a reír. Harry se puso serio.

–De hecho, sí, así fue.

La risa de Ron se cortó al instante y lo volteó a ver escrutadoramente, como si pudiera ver la verdad a través de los ojos tras las gafas de su amigo. Cuando vio que no bromeaba, frunció el ceño.

–¿Estás bromeando? – preguntó casi seguro que Harry contestaría que sí y soltaría una carcajada. No fue así. En cambio, Harry negó con la cabeza. Sus siguientes palabras ahora estaban teñidas de desprecio –Seguro el maldito esperaba hacerte algún truco sucio para ganar y se ha llevado un fiasco cuando lo has derrotado tremendamente ¿Cierto? – Rió ligeramente, seguro que esta vez Harry contestaría que sí. Se equivocó de nuevo.

–En realidad, me ganó en seis ocasiones – cuando vio que Ron abría la boca para protestar, se apresuró a aclarar –Y de forma justa, sin trampas.

–¡Maldición Harry! ¿Qué hacías con ese maldito tipo? Seguramente está planeando algo – permaneció callado mientras pensaba que podría estar tramando Malfoy.

Harry endureció la mirada y sus palabras fueron aceradas.

–Fue agradable. Y no sé si este planeando algo, pero yo no lo creo. Solo estábamos volando, Ron.

–Eso es lo que quiere que pienses. Creí que te dejaría en paz cuando hubieran resuelto el caso – dijo con vehemencia.

–No es como si no nos fuéramos a ver nunca más, trabajamos en el mismo departamento – rebatió Harry.

–Eso no significa que tengas que socializar con él. ¡Es Malfoy! – argumentó neciamente Ron.

–Yo no le veo nada de malo. Es divertido, no es como pensábamos, Ron. O al menos ya no lo es – dijo Harry. Ron abrió la boca sorprendido y Harry se sintió mal ante la incredulidad de su amigo.

–Eso no está bien Harry. Se está aprovechando que no estamos a tu lado, para acercarse a ti con quien sabe que sucio propósito – intentó Ron hacer comprender a Harry. Éste se sorprendió ante la vehemencia de la irracionalidad de sus palabras.

–Sé cuidarme solo Ron, y no soy tan tonto como para no darme cuenta cuando alguien quiere ser mi amigo o tiene otro propósito.

–Tú sabes cómo son todos ellos, Harry. Recuerda la forma en que Lucius se ganaba a todos a base de zalamerías y galeones.

–Él no es Lucius, y no me ha adulado u ofrecido dinero – dijo Harry con los dientes apretados.

–Bueno, como sabe que conoces su estrategia, seguramente está intentando algo diferente. No le creas Harry. Recuerda como era en el colegio – razonó de nuevo Ron. Harry casi sentía que le salía humo por las orejas.

–Ya no estamos en el colegio.

–Hermione y yo estábamos muy preocupados cuando recibimos una carta que decía ser tuya. Creímos que la había mandado alguien más o que era una broma, pero empiezo a creer que realmente la mandaste tú. Dime que solo fue una mala broma.

Harry se preocupó instantáneamente.

–¿Qué decía la carta?

Ron se sintió aliviado al ver que Harry se mostraba intrigado. Entonces no la había mandado él, después de todo.

–Era de lo peor, Harry. Empezaba como habitualmente empiezan tus cartas, pero después tenía un montón de información y cumplidos y basura sobre Malfoy, que tú no pudiste haber escrito.

Al escucharlo, Harry volvió a apretar los dientes.

–Sí la escribí yo. ¿Qué tiene de malo comentar algo sobre él?

Ron volvió a parecer sorprendido y turbado.

–¡Era más de la mitad de la carta, Harry!

Harry se ruborizó ligeramente, no tenía idea que había escrito tanto sobre Malfoy, pero había sido una carta sincera, así que se encogió de hombros.

–Ya que están tan lejos, tengo muchas cosas que contarles. La información se acumula. Prefiero mandarles una carta larga cada pocos días que cinco cortas diario – intentó razonar Harry.

–Pero sobre tu vida, Harry. No sobre lo maravilloso que es Malfoy como compañero. Casi me sentí mareado cuando leí toda esa basura. Parecía una de esas cartas cursis que escriben los enamorados – El tono de Ron era ligero y casi bromista, pero a Harry le pareció frio y se le enterró en el corazón como un puñal.

–Bueno, ya no somos compañeros. Ya no escribiré sobre él, así que ya no tendrás que vomitar en mis próximas cartas – lanzó en tono herido.

–No te pongas así, Harry. Pero no es normal. Y esa es una buena noticia. Ya no tendrás que pasar tiempo con él – se alegró Ron.

–¿Y qué si yo quiero pasar tiempo con él? – dijo retadoramente Harry.

Ron agitó la cabeza en desacuerdo y repentinamente levantó la vista, como si se le acabara de ocurrir algo.

–Eso es. Precisamente eso es lo que quiere Malfoy. ¿Cómo no me di cuenta antes? Pretende hacerse tu amigo para que todos olviden lo que hizo con Voldemort.

A Harry le molestó la vehemencia con la que Ron quería creer lo peor de Malfoy. ¿Acaso ahora era cuestión de pisotearlo cuando su reputación estaba en el suelo?

–Lo que hizo su padre, no él – dijo obstinadamente Harry.

–Es igual, Harry. Ya sabes que todos los Malfoy son de lo peor – dijo comprensivamente Ron.

Harry se dio por vencido y cabeceo en acuerdo. Aunque distaba mucho de estar de acuerdo con la opinión de su amigo.

–Es tarde. Debo ir a dormir o se me hará tarde para ir al trabajo – se despidió Harry.

Ron cabeceó, más alegre, estaba seguro que había salvado a su amigo de las garras de su propia ingenuidad.

–Muy bien Harry. ¡Buenas noches! Y recuerda mantenerte alejado de Malfoy.

–Saludos a Hermione – dijo finalmente Harry.

Ron sonrió y desapareció de la chimenea.

Harry siguió arrodillado en el duro suelo y repentinamente cayó en la cuenta que Ron podía tener razón, pero no quería creerle. Consideraba que tenía la suficiente inteligencia para ver si esas fueran las intenciones de Malfoy. Él no lo creía así y no se alejaría de él.

Mientras se levantaba para ir a la cama se preguntó si su determinación se debía a que realmente creía en la sinceridad de Malfoy o era un sentido de rebeldía ante la prohibición de su amigo. Cual fuera el caso, lo cierto es que se la pasaba bien cuando estaba con él y no iba a renunciar a ello.

Continuará…

oO°*°Oo

Notas de Autora:

Bien, bien. Otro capítulo. Creo que está un poco más largo de lo que habitualmente son, así que espero que recompensara la espera.

Finalmente me parece que podre actualizar cada dos semanas. Porque definitivamente el ritmo de cada semana es demasiado matador para mí.

Creo que en este capítulo, podemos ver un poco más de los sentimientos de Draco, espero que ya no piensen que es un bastardo insensible y que Harry haría mejor mandándolo a volar.

Por otro lado, hasta a mí me cayó mal Ron con esa conversación que sostiene con Harry. Pero ya dirán ustedes.

Ya saben que se agradecen todo tipo de comentarios. Este capítulo esta especialmente dedicado a esas personitas que se dan tiempo para escribir unas palabras de aliento: Vanessa1, Isabel, Hina18, Uma, Saneral, Neyi91, Ginna, Lilianaam y Roquel. Pero también se agradece a las personas que siguen el fic, aunque no tengan tiempo para hacérmelo saber. Je.

¡Nos vemos en el próximo capítulo!

Por último aprovecho para contestar reviews que de otra forma no podría.

Neyi91: Me alegra que te guste el fic. Aunque se me hace un poco raro que digas que Draco se parece a Wolfram (supongo te referiras a KKM), tendré que pensar sobre ello. Por lo mientras, espero este capítulo te haya gustado.

Ginna: ¡Hola! Pues ya tuviste una probada de la reacción de Ron ante la "amistad" de estos dos chicuelos, aunque me imagino que en persona habrá puñetazos de por medio. Ahora que ya has vuelto a clases supongo andaras ocupada, pero ojala tengas tiempo de leer este capítulo y te haya gustado.