A la mañana siguiente, me desperté algo cansado: la conversación que tuve con mi madre el otro día no me ha dejado pegar ojo en toda la noche. Estaba deseando contarles a mis padres mi relación con Shadow y sacarla a luz de una vez por todas. Pero, por otra parte, tenía miedo al rechazo, miedo a que no me aceptaran tal como soy, y no soportaba la idea de una vida lejos de aquel erizo azabache, del único dueño de mi corazón.
Después de vestirme y prepararme, salí de mi habitación y decidí desayunar en las zonas de picnic del internado. Todo el mundo estaba fuera, disfrutando del hermoso día: el sol brillaba intensamente, no había ni una nube en el cielo y en el césped se distinguían flores de todos los colores y formas. Indicios de que estábamos a empieces de la primavera. Me senté en una de las primeras mesas que vi mientras observaba a los demás chicos. En ese momento, empecé a sentir envidia: me hubiera gustado ser como ellos. Sin ninguna preocupación en la cabeza, ajenos al mundo que les rodeaba.
Entonces me di cuenta de que Shadow, al verme ahí sentado, se dirigió hacia mi encuentro mientras me saludaba con la mano.
- Eh, Sonic - me dijo - ¿Cómo estás?
- Bien... - le contesté, sin molestarme en mirarle a la cara.
- ¿En serio? Yo no pienso lo mismo, te noto preocupado. Venga, dime qué te pasa - me cogió la mano.
- No es nada, en serio. Es sólo que... bueno... no veo el momento para contárselo a mis padres.
- ¿Contarles lo nuestro?
Le dije que sí con la cabeza y me acarició las orejas suavemente.
- No te agobies por eso, ¿vale? Ven, demos un paseo.
Me cogió la mano y empezamos a caminar sin un rumbo fijo. Mientras paseaba, me fijé en todos los demás chicos que hablaban con sus amigos y nos ignoraban por completo ahora que sabían lo nuestro... bueno, todos menos uno.
- ¡Eh, Hedgehog! - Scourge era el último al que quería encontrarme.
- Venga, vámonos... - le propuse a Shadow mientras daba la vuelta y le soltaba la mano instintivamente.
- ¡Espera, no te vayas!
Consiguió alcanzarme y agarrarme un brazo, pero yo forcejeé hasta que conseguí escapar de él.
- Oye, escucha, lo siento... - me dijo, como si fuéramos colegas de toda la vida, pero yo seguí sin prestarle el menor caso - Siento mucho que tus padres se avergüencen de ti... que tengan que mandarte lejos...
Hay momentos en los que a uno se le acaba la paciencia, por mucha que tenga. Y ése era uno de esos momentos...
Me di la vuelta para poder ver su maldita mirada de gilipollas. Y, sin pensarlo, le solté un puñetazo en plena boca que le cruzó la cara.
- ¿¡Te vas a cachondear de mí, so cabronazo de mierda! - le grité, agarrándole el cuello de la camisa.
Mientras intentaba lanzarle otro golpe, noté lo asustado que estaba. Después de todo, no parecía tan valiente. Sus secuaces, Silver y Espío, y también Shadow, corrieron a intentar separarnos, algo que les resultó complicado.
Cuando lo consiguieron, observé la nariz de Scourge, que sangraba desenfrenadamente.
- Estás loco, Hedgehog - fue lo último que dijo antes de retirarse, totalmente aterrorizado.
Antes de que todo el colegio se percatara de lo que acaba de suceder, me largué de ahí a toda prisa, con Shadow pisándome los talones.
Llegamos a mi habitación, lejos de todo el mundo. Shadow empezó a hablarme, intentando consolarme, todavía sin dar crédito a lo que acababa de presenciar.
Sabía que sus intenciones eran buenas: él sólo quería tranquilizarme, quería ayudarme a olvidar... Entonces me besó lenta y apasionadamente. Fue un beso que calmó todas mis preocupaciones, aunque fuese sólo durante un instante. Sus cálidas manos paseaban por mi cuerpo involuntariamente, buscando la forma de despojarme de mi indumentaria. Sin separar sus labios de los míos, me tumbó en la cama suavemente mientras acariciaba mi desnuda espalda. Entonces sentí su mano deslizándose hacia mi entrepierna...
- Shadow... - le detuve, rompiendo el beso.
- ¿Qué pasa? - preguntó, extrañado por la inusual interrupción.
- Es que... me preguntaba si podrías hacerme un favor. Sólo para variar...
- Y, ¿de qué se trata?
- ¿Podrías... bailar para mí?
A pesar de que no le entusiasmó la idea, accedió a cumplirla. Estaba seguro de que, tratándose de mí, me habría traído la luna si se lo hubiera pedido. Siempre he tenido una fantasía en la que Shadow contoneaba su desnudo cuerpo sólo para mi deleite, y ansiaba que se hiciera realidad. Y así fue: comenzó con un extraño baile en el que situaba sus manos detrás de la cabeza y movía sus caderas al ritmo que le daba la gana. Aunque erótica, aquella danza resultaba bastante ridícula si tenemos en cuenta que no había música, por lo que no pude evitar esbozar una sonrisa.
Continuó haciendo unos sensuales movimientos con el fin de provocarme. Entonces se dio la vuelta dejando al descubierto sus dos nalgas perfectamente dibujadas. Un placer para la vista. De repente, sentí que algo en mí había cambiado. Levanté las sábanas y... ahí estaba: Una hermosa erección se irguió firme ante mis ojos, pidiendo a gritos liberar la lujuria contenida. Y, como si de un acto involuntario se tratara, me levanté de la cama, le agarré las caderas y le empecé a dar ligeras mordidas en el cuello mientras le acariciaba esos abdominales que tanto me excitaban y, posteriormente, sus negros y bien formados pezones. Shadow movió la cabeza hacia un lado, dejándome camino libre, en señal de que estaba disfrutando. Cuando decidí que ya era suficiente, deslicé uno de mis dedos (el índice, concretamente) entre sus posaderas y lo moví en círculos mientras permitía a mi boca rodar por su cogote. Como vi que no hacía nada con un solo dedo, hice que el anular y el corazón se reunieran con el índice. El problema era que, cuantos más dedos introducía, la dificultad de movimiento aumentaba. Lo único que hizo Shadow fue cerrar los ojos y relajar la boca en señal de placidez. Al ver que no daba señales de placer, los ojos se me llenaron de lágrimas sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Entonces me agarré el pene y empecé a acariciar su entrada con éste, igual que él siempre me hacía para excitarme. Después, lo metí desesperadamente dentro de él. Entró de lleno sin problemas, pues el interior de Shadow era bastante espacioso para mí. Seguía sin dar indicios de goce y mis ganas de llorar aumentaron, por lo tanto, me sujeté el pene de nuevo y lo volví a introducir, pero esta vez, con más fuerza. Lo único que conseguí de él fue un leve gemido apenas audible. Continué metiéndolo y sacándolo para evitar que el fuego de nuestra pasión se fuera extinguiendo, intentando alcanzar un ritmo fijo y deseando que Shadow no percibiera mis sollozos...
- Sonic... más rápido...
Con gusto, obedecí e incrementé la velocidad de mis embestidas mientras masturbaba el miembro del libidinoso erizo azabache. Contemplé cómo se movía a la misma ligereza que yo, influido por mi propia inercia. Los gritos de placer de Shadow se confundían con los míos... de agotamiento. Lo que más deseaba en ese momento era pararme a descansar. Pero tenía a miedo a que Shadow pensara que yo era demasiado débil para mantener relaciones sexuales con él y se acabara hartando de mí, y el sexo era algo que no quería perder. Al percatarse de que había disminuido la velocidad, Shadow me agarró las caderas y me forzó a seguir a una viveza de vértigo. Este acto me superaba: el cansancio y la impotencia se estaba apoderando de mí a pasos agigantados, y ya no podía aguantar más...
- ¡Shadow! ¡Quiero parar! - grité, entre lágrimas.
Asustado, me soltó y yo corrí a sentarme en la cama. Al verme llorar de esa manera, se colocó a mi lado y me cogió la mano.
- Dime... ¿por qué lloras? - me preguntó, preocupado.
- Es que... estoy cansado...
- Y, ¿por qué no me lo has dicho antes? ¿Tenías miedo de que me enfadara, o algo así?
Le dije que sí con la cabeza y me besó las orejas.
- Serás tonto - me dijo con una sonrisa - Hemos probado una cosa nueva y no te ha gustado, no pasa nada.
Me sentí más consolado y oculté mi hocico entre su blancuzco pecho, deseando que este momento no acabara nunca...
