Se levantó lentamente dando un pequeño quejido. La cabeza le dolía horrores y sentía que su cabello estaba totalmente desordenado. Abrió los ojos lentamente fijándose que estaba solo en aquel lugar, solo alumbrado por la luz de la luna y las estrellas... no había rastros de Francis allí. Dando un pequeño quejido se levantó dándose cuenta del abrigo que traía encima... era del francés, tenía su olor... y aunque no lo quisiera admitir, le agradaba. Salió de la biblioteca central a paso lento... después de todo, no tenía por qué apresurarse en llegar a casa, sabía que Scott no estaba allí y que Alfred seguía durmiendo en su apartamento. A ningún rato cayo en cuenta de los ojos azules que lo miraban retirarse desde la azotea del edificio. Esos ojos azules llenos de nostalgia...
-Matthew...- susurro mirando al cielo en busca de una señal de que su hermano fallecido lo escuchaba- ¿Qué debo hacer con Arthur? - pregunto intentando obtener una respuesta, pero nunca recibió nada. Lanzo un largo suspiro y hundió su rostro entre sus brazos - ¿Qué hago conmigo ahora?
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Salió de la ducha solo con una toalla en su cadera y otra secando su cabello. No había nada que un buen baño no pudiera quitar, incluso se le había pasado un poco la resaca. Camino hasta la cama donde estaba su ropa y empezó a vestirse para comenzar otro día, con un jean negro y una camisa blanca junto a una corbata negra y una converse del mismo color, terminando por ponerse un saco de lana largo de color verde como sus ojos encima. Camino hacia el espejo de cuerpo completo de su cuarto mientras se acomodaba la corbata y al ver su reflejo dio un pequeño suspiro, rascándose la cabeza con frustración.
-Estoy loco... estoy loco...-se repitió mirando a su reflejo de frente, enojado consigo mismo -¿Cómo pude beber con ese tipo?- mascullo cruzándose de brazos y lanzando otro suspiro profundo -Aun así... ¿Cómo pudo abandonarme de esa manera?- murmuro con el ceño fruncido al recordar al mayor -¿Qué tipo de médico no tiene nada de humanidad en el?- lanzo un gruñido al aire y de repente sintió su estómago gruñir con algo de fuerza -Agh...me duele el estómago- se quejó acariciando aquella zona mientras se daba vuelta para irse de allí en busca de algo de comida, pero al voltearse y ver aquel abrigo largo sobre su mesa de te cayo en cuenta de ello, tenía que devolverle el abrigo al francés... eso significaba que, de una u otra forma lo vería nuevamente.
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Y así, después de varios minutos se encontraba en un pequeño restaurante de comida italiana cercano al hospital, el hambre había ganado... comenzó a devorar el plato de pasta que había pedido junto a los panes de ajo y la ensalada que también venían con la orden, hasta que fue interrumpido por una voz familiar- ¿Qué haces fuera del trabajo a estas horas? Y encima comiendo como nunca antes...- volteo a ver al dueño de aquella voz que se acercaba a su mesa y se sentaba a su lado- ¿Acaso ya te despidieron? - pregunto el italiano lanzando una carcajada. El inglés lo miro con los ojos en blanco algo ofendido, pero oh no, no se quedaría callado
- ¿Seguro que puedes atrapar a un criminal tal como in detective? De seguro tu esposo es mejor que tú en ello- contraataco con una de las debilidades del castaño, que le dijeran que su esposo era mejor que él, eso definitivamente lo molestaba.
-Cállate, tsk- mascullo con el ceño fruncido empezando a comer de la comida del británico
-Dime... ¿Quién despediría al mejor técnico de emergencias en Londres? - rio con superioridad y una sonrisa adornando su rostro, era obvio que nunca seria despedido por las buenas
-Ja, por mucho que te des aires no eres el mejor, incluso diría que ese macho patatas es mejor que tu- escupió el de ojos avellana dando en el orgullo del británico, y definitivamente es sabido por todo que a un británico lo puedes atacar en todo, menos en su orgullo.
- ¡Hey! - reclamo ofendido profundamente ¿es que acaso eran amigos o enemigos? A vece ni entendía si lo que tenían era una "amistad", pues muchas veces se atacaban mutuamente -se nota que no tienes nada más que hacer...- mascullo con fastidio.
-Oye, para tu información no tengo tiempo ni para caer muerto, como tenía hambre e iba de camino al hospital pensé en venir a comer pasta o algo por el estilo, pero vaya suerte que tengo al encontrarme a un inglés amargado y cejudo aquí- contesto con fastidio también.
-Habla por ti- rodo los ojos en respuesta, para después analizar las palabras del italiano -espera... ¿Hospital? ¿estas enfermo? O es que acaso... ¿estas embarazado o algo así? - pregunto al principio preocupado, pero luego cambiando su expresión a una de burla.
- ¿Cómo que embarazado? Para tu información Antonio y yo nos cuidamos de eso y... agh- maldecía al inglés y su juego de palabras, por ello había dicho lo que no quería decirle a ese inglés que sabía que seguramente lo pasaría molestando con ello.
-Acabas de admitirlo que si lo han hecho- rio triunfante de haber ganado la apuesta que habían hecho cuando el italiano se había casado, de que no iba a hacerlo con Antonio hasta que él también se casara, retándolo a mantenerse casto, algo que sabía que era imposible para el italiano. - me debes 100 libras
-Cállate, ¿acaso vives para molestarme? - reclamo quitándole el plato de pasta y empezando a comérselo solo y sin compartirlo. Además de que sabía que esperando al británico moriría virgen, ya que, si mas no recordaba, el inglés estaba retrasando su boda por la posibilidad de encontrar a ese tal Francis, y hasta que eso pase, hasta Alfred se ha de hartar.
-Es un placer hacerlo- rio mirando de reojo como el castaño se comía su comida.
-Agh, de todos modos, no voy por ninguna de tus sucias razones- mascullo mientras devoraba casi toda la pasta en poco tiempo -voy a investigar a una víctima- declaro concentrado en su comida.
-Me parece interesante, come todo lo que quieras- dijo con una pequeña sonrisa mientras se levantaba de la mesa dejando 5 libras allí y salía del restaurante.
-Señor, son 10 libras- dijo la señora dueña del restaurante al italiano, quien al caer en cuenta de que estaba solo maldijo al británico por lo bajo, ese chicho era astuto...
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Lanzo un pequeño suspiro en parte sintiéndose mal por haber dejado al italiano solo en el restaurante...buen, por lo menos fue pagando la mitad de la comida. Se rasco la cabeza algo frustrado por ello, no, Arthur Kirkland no se sentía mal por nadie, nunca... siempre había sido así desde que su personalidad se torció hace algunos años, transformándolo en una persona amargada, sarcástica y bueno... todo lo que era ahora. Pero, lo que más lo irritaba era que por mucho que lo intentara, ese estúpido estaba rompiendo sus barreras, si, ese francés, americano o de donde sea estaba rompiendo sus defensas y lo hacía sentir nervioso y raro cuando lo veía o estaba a su lado... Bloody french... Chasqueo la lengua con fastidio dirigiendo su mirada de desprecio hacia la bolsa donde llevaba la perfectamente planchado, lavado y arreglado abrigo del mayor, de solo pensar que hoy lo vería le ponía los pelos de punta. No entendía ese extraño sentimiento al estar cerca de ese wine bastard... de seguro era odio, sí, eso era... Tsk, ¡Que solo era eso! Sacudió la cabeza intentando alejar ideas ridículas de su cabeza, y como siempre dicen...hablando del rey de roma, por ahí se asoma. Francis justo estaba llegando al hospital, como siempre en su bicicleta dejándola estacionada ordenadamente. Miro desde lejos como el mayor caminaba hacia la entrada del hospital desapareciendo por las puertas automáticas de cristal. Rápidamente se apresuró a seguirlo de lejos. So-solo lo seguiría de lejos para ver que no hiciera nada sospechoso, no porque quisiera saber nada de él, en absoluto. Solo iba a seguirlo para entregarle su abrigo... solo era eso...
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-Jefe- sintió que lo llamaba uno de sus compañeros de equipo de neurología, un chico bajito de cabello rubio platinado y ojos violeta que siempre estaba acompañado por otro más alto de mirada fría, ojos azules con lentes y cabello rubio, quienes de hecho eran esposos, Tino Väinämöinen y Berwald Oxenstierna. Volteo a ver a su compañero con una pequeña sonrisa expectante a las palabras que quería decirle mientras detenían su caminata junto a los demás doctores del equipo, - ¿ha oído que el sargento Kirkland fue expulsado de urgencias hace unos días? - parpadeó seguidamente sin poder creer lo que estaba escuchando, poniéndole atención total al finlandés
- ¿What? ¿expulsado? - preguntó sin creerlo, quería pensar que estaba escuchando mal. ¿Quién en todo el hospital tenía el valor para tan siquiera reclamarle algo al sargento Kirkland?
-Sí, dicen que el doctor Boissieu se enojó con él por haber llamado directamente desde la ambulancia y dijo que no recibiría ninguna ambulancia bajo su cargo. - al escuchar ello lo entendió todo... Francis había sido el que había expulsado a Arthur... Sabía que no se llevaban de lo mejor, pero ¿¡A tal punto!?- me han confirmado que no se trataba para nada de una broma, dicen que el doctor Boissieu estaba sumamente enojado- declaró el finés con una expresión preocupada en su rostro, pues sabía bien qué relación había entre el sargento y su jefe.
- ¿Y? ¿Qué paso? - preguntó con aún más curiosidad mordiéndose las uñas con nerviosismo de saber cómo había terminado ese conflicto entre su prometido y su mejor amigo.
-El sargento Kirkland se disculpó de inmediato y volvieron a estar en buenos términos- sus ojos se abrieron como platos ante ello ¿¡Arthur!? ¿¡Arthur Kirkland disculpándose!? Definitivamente eso no era común, el inglés era de los que jamás pedía disculpas por nada, ni siquiera a él le había pedido disculpas alguna vez en su vida-pero lo que me molesta es que la gente de Urgencias parecían contentos ante la noticia.- dejo a lado sus pensamientos para volver a ver al finlandés que tenía el ceño fruncido por ello, por el hecho de que tampoco los doctores de urgencias estén de acuerdo con la actitud de su pequeño británico -No pensaba que el jefe Boissieu fuese de esa manera, me siento algo decepcionado-dijo con una mueca de decepción en su rostro, ganándose una pequeña palmadita en el hombro por parte de su esposo, quien se había mantenido callado durante todo el relato, como era muy común en él. Alfred mito al techo distraídamente pensando sobre todo lo que le acababan de contar y después esbozo una suave sonrisa en su rostro, dando una pequeña carcajada y llamando la atención de sus compañeros con ello.
-Habría hecho lo mismo si yo fuese Francis-declaró cerrando sus ojos por unos momentos, en verdad, el francés era todo un enigma para él, pero estaba de acuerdo con ello. Volteo a ver a sus compañeros y les sonrío amistosamente como siempre -tengamos más cuidado para la próxima ¿ok? - dijo ganándose un asentimiento de todos para comenzar a caminar y retomar su recorrido por el hospital. Definitivamente debía buscar una manera de que Arthur y Francis se lleven bien, ese era su objetivo desde ahora.
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Tomo una distancia prudente sin perderlo de vista, siguiéndolo en silencio, notando que poco a poco las blancas paredes del hospital iban cambiando a algo más colorido... estaban en el área de neonatología. ¿Qué iba a hacer Francis en esa zona? La curiosidad lo estaba llenando. Lo siguió en silencio viéndolo entrar en una habitación del lugar, dejando la puerta entreabierta. Se acercó hacia aquel lugar y la escena que vio lo enterneció por completo haciendo que una suave sonrisa aflore su rostro. El francés estaba sosteniendo entre sus brazos al bebé que habían rescatado ayer, besando su nariz con delicadeza fraternal y arrullándolo en brazos.
-¿Cómo es posible que sigas con sueño luego de dormir tanto tiempo?- hablo de manera delicada y fraternal al pequeño que dormía entre sus brazos, esbozando una sonrisa cálida en su rostro, una que el inglés pocas veces había visto.- está bien, mientras más duermas tendrás más sueños, mon petit- sonrío al bebé y luego en su cara se formó una expresión nostálgica- así podrás ver a mamá muchas veces en tus sueños- dijo casi en un susurro pero de manera audible para el británico, quien cambió su expresión a una de nostalgia al escuchar esas palabras- recuerda sonreír siempre que veas a mama y decirle que estás bien, así ella no se sentirá mal y podrá visitarte con el corazón ligero- sonrío arrullándolo suavemente entre sus brazos mientras observaba la habitación colorida en la que estaba el pequeño, cayendo en cuenta en ello de que alguien más estaba allí, un inglés cabizbajo parado en la entrada, sumergido en sus propios pensamientos. Con cuidado dejo al niño en la cuna y caminó hacia la entrada para ver al británico, abriendo toda la puerta de golpe y sorprendiendo al menor quien pegó un respingo ante el ruido brusco y el impacto de la puerta, mirando el francés asombrado y luego desviando la mirada avergonzado por haber sido descubierto.
-Si estabas aquí debiste haber pasado a ver al bebé -dijo el francés con un tono serio, el británico lo miro y seguida desvió la mirada nuevamente
-Pensaba pasar más tarde a visitarlo- dijo excusándose sin ver directamente al mayor a los ojos.
-No habrá un más tarde, este bebé va hacer llevado al orfanato en poco tiempo- el inglés lo miró sorprendido ante la noticia pidiendo una explicación con los ojos al francés, quien dio un pequeño suspiro y procedió a explicarlo- El bebé no tiene ningún guardián que lo reclame por eso es que hoy va hacer llevado un orfanato- Arthur se mordió el labio cabizbajo, si hubiese salvado a su madre... la culpa no podía salir de su cabeza, y cada vez era más tormentoso- Si eso es todo me retiro tengo cosas que hacer- escucho que el mayor decía volteándose para irse de allí dándole la espalda.
-No, no espera Francis no te vayas- lo detuvo agarrándolo de la manga de su bata médica, sonrojándose ante ese acto instintivo y soltándolo al instante cuando el más alto volteo a verlo-tu chaqueta... vine a devolvértela, gracias- susurro con la cabeza gacha, no quería que el francés notara su sonrojo. No sabía ni porque diablos su corazón se empezaba a acelerar ni porque el calor subía a su rostro. Francis lo miro extrañado ante eso y tomo la bolsa que el británico le quería entregar, rozando sus manos involuntariamente en el proceso. Ante el roce ambos se sonrojaron (el británico aún más) y alzaron a ver al otro instintivamente, chocando sus miradas eléctricamente mientras un sentimiento extraño para Arthur y nostálgico para Francis los envolvía. El francés desvió la mirada al darse cuenta de ello y la dirigió a su abrigo perfectamente doblado dentro de la bolsa.
-Podías simplemente haberla dejado en la estación- señalo mirando al menor de reojo. Arthur carraspeo un poco antes de hablar.
-Pese en por lo menos darte las gracias, yo también he cometido muchos errores...- dijo aun sin verlo al rostro, se sentía algo avergonzado... ¡él no era de los que a menudo agradecía por nada, y menos a alguien como ese bloody bastard francés! Pero... Agh. Alzo a velo con el ceño fruncido y luego esbozo una pequeña sonrisa algo forzada hacia el mayor que lo veía sin entender que pasaba por su mente, pues ni el mismo se entendía, ¡por la reina! - Solo... Dejemos los rencores atrás ¿sí? Te invito a comer- sugirió con sus mejores intenciones.
-No tengo muchos rencores... y no tengo nada que resolver contigo- dijo desviando la mirada hacia la pared en un tono desinteresado, a pesar de que por dentro se moría de ganas de acompañar al inglés, pero su había prometido a si mismo que dejaría que Arthur sea feliz con Alfred... por el bien de todos...por mucho que doliera. - Así que ve y come con tu novio- soltó crudamente yéndose de allí finalmente, dejando al británico solo en el pasillo. Luego de salir del shock de su rechazo salió del hospital a paso lento, pensando en todo lo que había pasado. Nunca en su vida alguien se había comportado así con él. Nadie era tan mal agradecido con Arthur Kirkland. Le había dado las gracias, le había pedido perdón, ¡le había sonreído! Y le pidió dejar atrás todos los rencores, ¡pero no!, ese maldito francés seguía rechazándolo.
-Wine bastard, apuesto a que le es muy difícil ser educado con la gente- gruño por lo bajo cruzándose de brazos y frunciendo el ceño molesto- ¿Acaso piensa que hago esto porque quiero? - no, por supuesto que no lo hacía porque quería, ¡claro que no! - Estaba tratando de llevarme bien con él por los pacientes- se convenció a si mismo resoplando con enojo- Bien, no lo necesito... Eres el número uno en mi lista negra, Francis Boissieu...
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-Al llegar al hospital lanzo un pequeño suspiro... ahí comenzaba un nuevo día de trabajo en su vida. Entro sintiendo el olor a fármacos y todo el lugar esterilizado que no le agradaba mucho para caer en cuenta de un pequeño detalle, se había olvidado a quien iba a ver allí, no sabía bien su nombre ni doctor de que área era, solo sabía que se llamaba Francis... pero ¿Francis qué? Dando un suspiro profundo tomo su celular y llamo a la persona que sabía que tenía esa información, su esposo.
- ¿Hola? - contesto con su típico tono alegre y dulce que, si bien a veces lo relajaba, muchas veces era irritante.
-Bastardo español, necesito la información de la víctima que me dijiste que investigara, del caso de Choque y Fuga- dijo rápidamente sin dar oportunidad al español de agregar nada ante el primer insulto que recibiría en el día.
-Lovi...- dijo en un suspiro nervioso- hola mi amor, eso deberías decir primero-dijo entre risas. El italiano rodo los ojos ante ello.
-Mi amor mis cojones, apúrate con la información que estoy trabajando- gruño sintiendo vergüenza al ser escuchado por las personas que ingresaban y salían del hospital.
-Sí, si- respondió para después cambiar a su tono serio de trabajo, dejando a lado la relación de esposos que tenían por una puramente profesional- Es el caso de Matthew Bonnefoy, su guardián es Francis Boissieu, trabaja como jefe en el área de emergencias. Pero a pesar de que el caso está a tu cargo, el solicitante desea que sea tratado con Gil, parece ser un caso de hace más de 15 años- explico con seriedad mientras veía los documentos que tenía en el escritorio de su oficina. El italiano asintió mientras tomaba notas en su cerebro.
-Bien, gracias- agradeció con un pequeño suspiro.
-Nos vemos en casa, mi amor, te amo- se despidió con una sonrisa.
-Y-yo también, adiós- se despidió colgando rápidamente ante la vergüenza y guardando su celular para proceder en su trabajo y borrar ese sonrojo en sus mejillas. Camino por el hospital preguntando a los doctores y enfermeras por el francés y llego hasta la zona donde se encontraba las oficinas generales y la del jefe del área de urgencias y decidió llamar por teléfono al doctor mientras intentaba adivinar cuál era la oficina del sujeto de investigación. Al poco tiempo su llamada fue contestada.
- ¿Bonjour? - francés... definitivamente debía ser él.
-Disculpe, ¿hablo con el doctor Francis Boissieu por casualidad? - pregunto mientras intentaba encontrar la oficina entre todas las que había en la zona. Francis dejo a lado los documentos que estaba revisando en su oficina para sentarse en su escritorio y hablar más cómodamente con aquella persona que lo llamaba.
-Sí, soy yo- contesto mirando de reojo algunos archivos de su computadora que sabía que debía revisar pronto.
- ¿Usted pregunto por el número del detective jubilado Gilbert Beilschdmit hace algunos días? - pregunto nuevamente el italiano. El francés abrió sus ojos como platos ante la pregunta, prestando total atención a aquel hombre que hablaba a través del teléfono.
-Sí, yo lo hice- dijo algo emocionado de obtener respuesta a su llamado- ¿sabe alguna forma de ponerme en contacto con él? - pregunto entusiasmado de la posibilidad de retomar el caso de la muerte de su hermano y atrapar al culpable. - me gustaría verlo en persona si es posible- pidió rogando dentro de sí mismo que así sea. El italiano vio extrañado como un enfermero pasaba corriendo cerca de él y entraba en una de las oficinas con apuro.
-Entiendo, pero me gustaría saber para que desea verlo primero- pidió siguiendo el protocolo profesional mientras esperaba por una respuesta, escuchando una voz de fondo alterada.
-Jefe, el paciente con infarto auricular de ayer está empeorando, necesita venir a verlo- pidió uno de sus subordinados entrando a su oficina de manera apurada, sabía que se trataba de una urgencia. Chasqueo la lengua por haber sido interrumpido justo en ese momento mientras se ponía su bata para salir de allí junto a su subordinado, pero antes debía contestar al policía que lo llamaba
-Lo lamento, tengo una emergencia. ¿Le puedo llamar a este número más tarde? - pregunto con apuro. El italiano parpadeo seguidamente ante la solicitud.
-S-sí, soy el detective Lovino...- no pudo terminar su presentación ni de dar su nombre, pues el francés ya le había colgado. Poco después vio a dos doctores salir corriendo a la zona de cuidados intensivos, aunque no alcanzo a ver sus rostros ni su cabello. Dio un pequeño chasquido y luego suspiro. - por lo menos ya está confirmada su identidad... Pero, ¿recordara ese bastardo un caso de hace más de 15 años? - se preguntó a si mismo mientras sacaba su teléfono nuevamente para marcar al alemán albino, esperando mientras sonaba el timbre del teléfono. Pero ese no era su mejor día, el maldito albino no contesto. - Maldizione, ¿Por qué no contesta el celular? - definitivamente ese alemán era un dolor de cabeza
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-Vee... ¿no tiene hambre, sargento? - pregunto el italiano frotando su estómago con cara de depresión. No había comido desde la mañana por estar todo el día en el trabajo, y encima haciendo actividad física, lo cual no era su fuerte. Arthur lo miro de reojo y lanzo un pequeño suspiro.
-No... creo-respondió inseguro de su propia pregunta, había estado tan distraído en sus pensamientos que no le había importado el hambre, pero ahora que el italiano le hacía acuerdo de que existía algo llamado "comida" y no solo "Francis" en el mundo-... o talvez si, un poco-dijo por ultimo al escuchar a su estómago rugir. Mientras caminaban hacia el patio general llego el ultimo camión de bomberos de turno, y vieron bajar de ahí al general Beilschdmit.
- ¡Lud! - grito el italiano corriendo hacia el alemán emocionado y abrazándolo fuertemente como forma de bienvenida. El alemán sonrió suavemente ante el gesto y revolvió el cabello de su subordinado- ¿Cómo le fue capitán? - pregunto el menor con una sonrisa mientras soltaban su abrazo y recordaban que el inglés estaba allí también.
-Día pesado... como siempre-respondió en un suspiro mientras soltaba un suspiro cansado -por lo menos hoy no nos culparon de haber roto alguna puerta ¿Qué tienen los ingleses por encerrar a sus parejas cuando se pelean? - Arthur rio ante eso, sabía perfectamente de lo que el alemán hablaba.
- ¿Romper puertas? - pregunto el italiano sin saber de qué hablaban.
-Muchas veces nos llaman como cerrajeros a abrir puertas cuando parejas se pelean o cosas por el estilo, y si es un mal día, nos culpan de haberla roto y nos hacen pagar- explico el británico en un suspiro. ¿acaso la gente no sabía que los bomberos tenían mejores cosas que hacer que romper cerraduras?
-Vee... ¿en serio? Que malos...- susurro el menor del grupo sin poder creerlo. Ambos mayores rieron ante ello, ser bomberos era pesado, definitivamente. Continuaron hablando del trabajo hasta que vieron a uno de los bomberos correr hacia ellos.
- ¡Sargento Kirkland! - lo llamo mientras se detenía en frente del británico jadeando del cansancio de haber corrido desde la estación hasta allí a toda prisa- Tiene una visita- anuncio mientras recuperaba su respiración normal. Arthur parpadeo seguidamente extrañado
- ¿Visitas? ¿yo? - pregunto sin entender quién era la persona que había ido a visitarlo ese día de trabajo. ¿Quién sería? Fueron caminando hasta la estación, con el inglés sumergido en sus pensamientos de quien sería su visitante y entraron a la sala de descanso donde por lo general se sabían reunir todos los del equipo cuando no había trabajo por hacer, encontrándose allí a un rubio alto de ojos azules y lentes conversando amenamente con los chicos mientras 2 cajas de pizza familiares estaban sobre la mesa de centro. Alfred Jones estaba allí.
-Ya llegaron! Pasen, pasen- sonrió el estadounidense alegre haciendo pasar a la sala a todos los bomberos de la unidad de su novio, dándoles una cálida sonrisa de bienvenida.
-Doctor Jones, ha sido un largo tiempo- saludo el alemán con una tenue sonrisa pasando al salón y tomando asiento a lado el italiano mientras que sus otros compañeros de equipo iban repartidos en los otros 3 sillones sobrantes. Alfred sonrió de vuelta y fue hacia el británico que era el último en entrar, recibiéndolo con un beso en la mejilla y un abrazo de oso, haciéndolo despegar brevemente los pies del suelo al ser alzado en el abrazo.
- ¡A-Alfred! - se quejó pidiendo ser bajado mientras el menor reía felizmente y eran vistos por todo el escuadrón de rescates. El estadounidense lo soltó después de un tiempo para depositar un beso en su cabeza y sonreír nuevamente.
-Hola Arthie- dijo felizmente, recibiendo igualmente una tenue sonrisa del británico mientras se sacudía su ropa desordenada por el abrazo y trataba de ocultar su sonrojo de alguna forma, causando una risa general de sus compañeros de equipo, eran pocas veces las que podían ver a ese fuerte y enojón sargento de esa forma frente a ellos.
- ¿Qué haces aquí Alfred? - pregunto dejando que el estadounidense pasara su brazo por sus hombros y lo abrazara.
- ¡Vine a felicitarlos por su gran trabajo chicos- sonrió viendo a todos los presentes con una gran sonrisa- para la próxima debemos tener una fiesta de verdad, los invito a todos! - anuncio entusiasta mientras recibía una respuesta positiva de todos allí.
- ¿Por qué será que no nos tocó un compañero como el Doctor Jones en vez de Arthur? - soltó el alemán en burla ganándose una mala mirada de parte del británico y una risa de parte del americano.
- ¡Oye! - se quejó ofendido mientras veía como el alemán tomaba una de las pizzas para él y para el italiano y comenzaban a comer.
-Porque eres un buen chico te lo aconsejo- comenzó a hablar mirando al estadounidense- no es muy tarde para arrepentirse, créeme que si lo dejas ahora nadie en Londres te vera mal- rio ligeramente mientras el americano soltaba una carcajada y Arthur rodaba los ojos.
-No comas eso, no te dejare comer de mis cosas- gruño quitándole la pizza al alemán- tampoco lo hagan ustedes- iba a seguir quitando las pizzas de sus compañeros, pero el turco lo detuvo.
-Oye, esto no es tuyo, es del Doctor Jones- aclaro entre risas, a lo que el americano asintió con alegría.
-Sigan comiendo chicos, no se preocupen por este gruñón de aquí- rio rodeando al mayor en un abrazo mientras el alemán tomaba su pizza nuevamente con una expresión triunfante.
- ¡Alfred! - reclamo golpeando su pecho suavemente mientras el americano reía suavemente, haciéndolo sonreír también, definitivamente era su debilidad.
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Ambos caminaban por el patio de la estación con tranquilidad, sus manos permanecían entrelazadas bajo la luz de la luna que iluminaba la tranquila noche de Londres bajo ella.
- ¿Qué está pasando? Ni siquiera me llamaste para avisarme- pregunto el británico mientras caminaban amenamente, con una pequeña sonrisa en su rostro, aunque no lo quisiera admitir, a veces la presencia del estadounidense le subía el ánimo, especialmente en esos momentos en los que no había podido sacar al francés de su cabeza, y esos recuerdos dolorosos de su pasado.
-Quería darles una sorpresa a todos por su arduo trabajo- respondió el menor con una sonrisa en su rostro. Arthur rio ligeramente
-Y parece que funciono, todos estaban muy felices de verte- sabía que Alfred se llevaba muy bien con los chicos de la estación, pues no era la primera vez que los invitaba a comer o algo por el estilo, y se llevaba bien con muchos de los generales y sargentos.
-Me dijeron que hoy estuviste por hospital ¿Por qué no me fuiste a saludar? - pregunto con una sonrisa algo triste, formando un puchero infantil en su rostro. Arthur rio ante ello y luego soltó un largo suspiro.
-Solo... me acorde del niño que rescatamos ayer y pensé en pasar a verlo- dijo con la cabeza gacha, pensar en ello aun lo lastimaba, aunque no quisiera admitirlo.
-Mocoso, me preocupaste mucho ayer- dijo envolviéndolo en un abrazo cálido.
-Oye ¿Quién es el mocoso aquí? - se quejó por como lo había llamado el estadounidense, pues él era casi 7 años mayor. Alfred soltó una risa ante ello.
-A veces no sé cuál es el menor de la relación, solo mírate, eres tan lindo, pequeñito, delgadito...- iba a continuar hasta que recibió un golpe en las costillas de parte del codo del británico.
-Para ya, no soy así- se quejó con un sonrojo en sus mejillas causando otra risa por parte del americano. Arthur rodo los ojos y dejo que el otro pasara su brazo por su cuello y lo atrajera al nuevamente.
-Ya, ya, pero no vuelvas a preocuparme. Casi me muero cuando al despertarme no estabas allí- rio nerviosamente mirando al británico de reojo.
-Pero, ahora me siento mejor, después de haber bebido...- susurro mirando al cielo distraídamente sin darse cuenta de lo que acababa de confesar.
- ¿Bebiste? ¿Con quién? -pregunto el estadounidense preocupado y con una pequeña llamita de celos en su interior de que el británico haya bebido con alguna otra persona que no sea el, Scott o Lovino. El mayor abrió los ojos con sorpresa ante ello, dándose cuenta de lo que acababa de decir, sintiéndose culpable ante ello... había bebido con Francis... había bebido con el francés en vez de con su novio o las personas que generalmente estaban a su alrededor. Sin saber el porqué, un sentimiento de culpabilidad lo lleno-no me digas que solo...- dijo el americano sin comprender la mueca nostálgica del británico. - Por cierto... escuche que tuviste una pelea en urgencias- rio cambiando de tema rápidamente al darse cuenta de que el británico se estaba hundiendo en su interior nuevamente. Arthur lo miro y soltó una pequeña risa olvidando sus pensamientos de antes, o intentándolo.
-Y supongo que también escuchaste que el resultado fue una perdida- rio cruzándose de brazos y rodando los ojos. Alfred soltó un suspiro y lo volvió a abrazar nuevamente.
-Debes llevarte bien con el... es un buen médico- dijo suavemente mientras apoyaba su quijada en la cabeza del británico. Arthur soltó un pequeño suspiro y volteo a verlo con sus penetrantes ojos esmeralda.
- ¿Quieres que me lleve bien con él? - pregunto suavemente mirando al menor, quien sonrió suavemente.
-Porque los respeto a los dos... me lástima que no se lleven bien, porque me hace pensar que no tengo buenos ojos para la gente- declaro mientras entrelazaba su mano nuevamente con la pequeña del menor en estatura y lo miraba de reojo- así que, hagámoslo bien ¿sí? - sonrió revolviendo el cabello del británico, quien sentía sin saber porque como un pequeño nudo se formaba en su garganta. Quito la mano del menor de un manotazo y lo miro con fijamente con el ceño ligeramente fruncido- ¿P-porque me miras así? - pregunto poniéndose nervioso por la penetrante mirada del oji-esmeralda.
-Estaba pensando... ¿Por qué le agradaría a este hombre? - susurro su respuesta mirándolo con la cabeza ladeada.
-Si tuviera una razón para amarte, entonces ¿Cómo podría gustarme alguien como tú? - dijo con una sonrisa, confundiendo al británico ante sus palabras confusas- Me gustas porque no hay razón- aclaro depositando un beso fugaz en sus labios.
- ¿Eso es un elogio o una crítica? - pregunto con el ceño levemente fruncido y los ojos entrecerrados. Alfred lanzo una carcajada ante ello.
-Quien sabe- respondió entre risas
- ¿Quién sabe? Como que quien sabe, idiot- golpeo su pecho ligeramente mientras Alfred simplemente reía ante sus reacciones. - no estabas bromeando ¿verdad? - volvió a golpearlo- ¿lo decías en serio? ¿verdad? - recibió otro empujón.
-Si- respondió con una sonrisa ladina, haciendo que el inglés soltara una risa sarcástica y lo cogiera del cuello rodeándolo con su brazo.
- ¡Oh! - se quejó intentando soltarse del fuerte agarre del británico mientras soltaba algunas risas, sí que era fuerte cuando se lo proponía. Logro zafarse del agarre mientras el británico seguía golpeándolo entre risas de ambas partes y lo envolvía en un abrazo cálido mientras eran vigilados por otros dos hombres que habían llegado al lugar desde lejos.
-Bello... la forza dell'amore- susurro el italiano mientras apoyaba su cabeza en el brazo del alemán que estaba a su lado. El alemán lo miro de reojo mientras un pequeño sonrojo se asomaba en sus mejillas ante la cercanía del italiano, pero ambos podían decir que, en ese momento, se sentían simplemente bien.
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Y ahí se encontraba. Frente a él se alzaba una rustica construcción de paredes de piedra y de estilo victoriano antigua, un lugar con más de siglos de antigüedad en Inglaterra. El orfanato de Londres. Ahí estaban niños igual que él, niños que habían perdido a una persona amada, solo que, en su caso, lo perdieron todo...
De inmediato al entrar una de las monjas lo reconoció y lo hizo pasar a la oficina general, invitándolo a una taza de té como todo ingles lo hace.
-Sargento Kirkland... ha pasado un tiempo desde su última visita- sonrió la mujer sirviéndole una humeante taza de té ingles mientras se sentaba frente a él.
-Sí, gracias por recibirme como siempre- sonrió formalmente a la mujer frente suyo mientras tomaba un sorbo de la humeante bebida, sonriendo al comprobar su buen aroma y sabor. Conversaron un buen rato sobre temas del trabajo y los niños hasta acabar el té y algunos aperitivos y la monja detuvo la conversación al ver al británico algo inquieto.
-Debo suponer que vino a visitar al bebe que recién llego, ¿verdad? - dijo suavemente la mujer adivinándolo, a lo que el británico simplemente asintió con una sonrisa. - Acompáñeme, de seguro esta junto a la monjita Carmen- lo guio por los pasillos hasta una habitación colorida a comparación de las demás que eran algo sobrias, encontrando a una de las monjas cuidando del bebe. La monja al verlos dejo al pequeño en brazos del británico y salió de allí. Definitivamente era un niño hermoso, y se veía más grandecito que la última vez, cuando Francis lo había rescatado de aquel trágico accidente.
-Él bebe es muy afortunado- dijo la mujer que lo acompañaba con una suave sonrisa al ver como el menor mecía al bebe en sus brazos y lo miraba con adoración. -Gracias al doctor y a usted fue rescatado como un milagro de aquel trágico accidente y no se olvidaron de él y vinieron a verlo- soltó un pequeño suspiro al recordar al visitante de hace apenas unas horas que había estado allí también por él bebe. Arthur sonrió tenuemente pero poco a poco su sonrisa fue decayendo a una expresión nostálgica y triste. Ese niño no era afortunado... por su culpa ese niño...
-Yo... no pude salvar a su madre- susurro con un nudo formándose en su garganta, mirando con una disculpa en sus ojos a los celestes del bebe en sus brazos, quien lo observaba curioso aun sin entender el mundo a su alrededor.
-El doctor me dijo lo mismo cuando vino a verlo...ambos son tan iguales- rio suavemente la monjita mirando al británico con comprensión, acercándose y apoyando su mano en el hombro del más joven-no deben culparse por ello, él bebe y la mama de seguro están muy agradecidos con ustedes dos- lo consoló de forma maternal, a lo que el menor agradeció con una tenue sonrisa, pero después cayendo en cuenta de un pequeño hecho, había mencionado a otro doctor...
- ¿Doctor? - le pregunto sin entender a quien se refería.
-Sí, hace poco estaba aquí. Ahora está en el patio ayudando a dar una revisión médica a los niños- le aviso sonriente. Arthur cayo en cuenta finalmente de ello, Francis también estaba allí.
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- ¡No! ¡Aléjate! - gritaba una pequeña revolviéndose inquieta en una silla mientras era sostenida por una de las monjitas de allí para que se quedara quiera y dejara que el guapo doctor frente suyo curara la herida de su brazo.
-Calme toi, Petite- rogo el francés algo desesperado por el comportamiento de la pequeña, quien había comenzado a gritar y tratar de huir apenas lo había visto acercándose a su herida -estarás bien pronto- trato de calmarla y acercar el algodón con alcohol a su herida para desinfectarla, pero la pequeña nuevamente empezó a removerse inquieta
- ¡No! ¡Eso duele! - grito intentando alejarse y siendo sujetada por la nerviosa monja que ayudaba al doctor. Francis aprovecho que la mujer estaba agarrando el brazo de la niña para pasar por allí el algodón mojado en alcohol antiséptico, pudiendo desinfectar la herida de una vez por todas.
-Ya está...-suspiro para después alzar a ver a la pequeña que lo miraba con el ceño fruncido y agitada, como si hubiese corrido un maratón -Estaba a punto de empeorarse porque no dejabas de tocar tu herida, necesitaba ser desinfectada pequeña- le dijo amablemente mostrándole una dulce sonrisa que calmaría a cualquier persona en la faz de la tierra, a excepción de esa mocosa -Ahora pongamos tu vendaje- dijo de manera infantil mientras cogía las venditas y la cinta para ponerla alrededor de la herida de la pequeña y que ya no se infectara más. Estaba tan concentrado en la niña que no se dio cuenta de que Arthur estaba cerca de allí viéndolo con una sonrisa, divirtiéndose de aquella escena.
- ¡No quiero! Eso duele- empezó nuevamente a intentar huir de allí, dando patadas al aire e intentando alejar su brazo del maligno doctor-Aléjate- grito nuevamente intentando alejar al francés.
-Estará listo después de esto- dijo, o más bien rogo mientras sentía que la paciencia se le empezaba a acabar, y eso si era decir mucho, no muchos podían acabar con la paciencia de Francis Bonnefoy
-No- grito siguiendo con su berrinche. Arthur decidió ayudar al mayor, la buena acción del día. Compro una paleta de chocolate a una de las monjitas que estaba allí y se acercó a la escena.
-Ah... eres patético- dijo mientras se acercaba, llamando la atención del francés que lo alzo a ver asombrado de encontrarlo allí, mas no por el insulto, o bueno, un poco -Toma pequeña- sonrió acercando la paleta de chocolate a la menor con una sonrisa dulce, una que el francés vio nostálgicamente, era igual que como le sonreía a él cuándo eran jóvenes... la niña acepto el chocolate-Esta bueno ¿verdad? - le dijo en tono maternal... o seria ¿paternal? Mientras acariciaba su lacio cabello castaño y la pequeña asentía con una gran sonrisa. -cinta- pidió mirando de reojo al francés, quien no reacciono al primer instante -pásame un cinta- dijo más alto, esta vez obteniendo una respuesta del mayor, quien tal como dijo le paso la cinta con un suspiro -ya no duele ¿verdad?- sonrió poniendo la cinta sobre la herida de la menor que ni se quejó por ello, causando algo parecido a los celos en el francés, ¿Por qué esa niña se comportaba bien con Arthur y con el no? -vendaje- escucho la voz del británico sacándolo de sus pensamientos, dio un pequeño chasquido y obedeció las palabras del bombero una vez más -Ahora voy a hacerlo rápido para que no te duela ¿sí?- la pequeña asintió sonriente mientras veía entretenida como el de ojos esmeralda envolvía su herida con el blanco vendaje de manera rápida para que no doliera -cinta por favor- pidió mirando al francés de reojo, quien solo obedecía sus palabras sin decir nada-dos- ya con las dos cintas en sus manos las puso sobre el vendaje para sellarlo y termino -ya está, no dolió ¿verdad?- la niña asintió con una gran sonrisa, mientras el británico sonreía de igual manera.
-Sí, usted es el mejor-dijo alegremente, y después volteo a ver al francés con el ceño fruncido y enojo -el doctor es un tonto- grito mostrándole su lengua en forma de insulto al francés, quien simplemente la miro ignorándola. Era la primera niña que lo trataba así en su vida, ni Clarie era así de terrible.
-Oh, tienes buenos ojos para la gente-rio revolviendo el cabello de la pequeña mientras esta era soltada por la monja y era ayudada a bajar de la silla por el británico.
-Adiós- se despidió con una sonrisa sacudiendo su pequeña sonrisa mientras la monjita se la llevaba al interior del edificio.
-Adiós pequeña- dijo en un susurro y luego soltó un largo suspiro viendo de reojo al francés sumergido en sus pensamientos con una expresión neutra, no mostraba ni felicidad ni enojo, nada - ¿No deberías al menos dar las gracias? - reclamo recibiendo solo una mirada desinteresada de parte del francés-Tsk, no sé si lo sepas, ya que vienes del extranjero, pero este es un país de buenos modales- recalco con algo de enojo. ¿Cómo era posible que alguien como él haya caído en su amado país?
-No creo que sea profesional el esperar un "gracias" por algo que debes hacer y que es tu trabajo-replico con seriedad, sin mirar al británico -lo digo como alguien que viene del extranjero- susurro encogiéndose de hombros, ganándose una mirada molesta del menor, quien no pudo decir nada más, ya que otro niño llego, sonriéndole al francés con timidez -Hola- sonrió el galo al nuevo niño, dejando a un lado su disputa con el británico, quien mejor se retiró de allí conteniendo su enojo.
-Está acumulando una paliza...-mascullo entre dientes mientras se dirigía a la entrada del orfanato y se sentaba en uno de los columpios que había en el patio delantero. Soltó un largo suspiro mientras empezaba a mecerse -no entiendo que le vio Alfred de bueno- definitivamente no, no le veía nada de bueno a ese franchute que pareciera odiarlo o no caerle bien - ¿Cómo se supone que me lleve bien con alguien como él? - he ahí la cuestión...
