Disclaimer: ¡Nada me pertenece. Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon! (Esta es una traducción).
Capítulo 10
La lluvia había cesado y el alba estaba en el aire. Oscuros, hinchados y abollados, los nubarrones empezaban a separarse revelando un rojo horizonte y permitiendo a la luz caer sobre la tierra maltratada y siniestramente silenciosa.
Horas. Ahora habían transcurrido horas; horas de espera, de no saber nada, de negociaciones, y cada segundo era como una eternidad cuando no tenía ni uno solo de ellos de sobra.
Mikhail Arbatov observaba el teléfono con ojos enrojecidos, sin pestañear, mientras esperaba a que sonara. Sus manos temblaban y las entrelazó delante de su rostro, tratando de mantenerlas quietas. Asami estaba detrás de esto, lo sabía, era imposible que no lo estuviera. En medio de toda su cuidadosa planificación, de toda su osadía, de su triunfo y éxito, había pasado por alto la más importante de las cosas.
La intensidad de la obsesión de Fei Long. El poder de esta... oscuridad, de esta locura a la que su dragón llamaba amor.
Por supuesto, Fei Long no se quedaría sentado tranquilamente. Por supuesto, no dejaría a Asami deslizarse entre sus dedos, esta vez, probablemente para siempre, después de haber estado tan cerca... tan cerca de cualquier cosa que esperara lograr al hostigar a ese hombre. ¿Acaso Fei Long pensaba que lastimándolo lo suficiente y humillándolo, finalmente le demostraría a Asami lo fuerte que era y que era digno de su atención? ¿Tal vez incluso, digno de su amor?
Por supuesto, había ido tras Asami por su propia cuenta, ya que había comprendido que no podía contar con su organización para hacer esto. Su orgullo no había soportado que se enteraran de que había perdido a ambos, a la escritura y al infame Takaba Akihito. Que había sido burlado y superado en su propio frente, en su propio terreno, en una batalla que él mismo había iniciado, corriendo un riesgo totalmente equivocado e incorrecto.
Por supuesto, prefería enfrentarse a la muerte que a la humillación de vivir para observar el amanecer de un nuevo día con una derrota tan profunda como esta, sin al menos darle una última pelea.
«¡Pequeño idiota ignorante!»
Mikhail estrelló su puño contra la mesa y se maldijo. ¿Cómo no pudo haber previsto esto? La culpa solo la tenía su propia vanidad, ya que inconscientemente, no podía soportar el pensar en Fei Long con otro hombre sin importar cuán condenada estuviese esa relación. Los verdaderos sentimientos de Fei Long eran demasiado dolorosos como para reconocerlos, porque cuando intentaba hacerlo, cuando recordaba a Asami y la forma en que todo el rostro de Fei Long cambiaba solo al mencionar su nombre; como su cuerpo se estremecía y sus oscuros y hermosos ojos se abrían tornándose vulnerables y heridos solo por un momento, antes de endurecerse en dos espléndidas gemas llenas de odio y dolor; su propio pecho se sentía constreñido y no podía respirar de pura angustia.
Solo había pensado en el futuro, nunca en el presente, concentrándose solo en el día en que tendría a su precioso dragón atrapado, enjaulado y solo, y cuando purgaría hasta el último pensamiento de Asami de su corazón, de su mente y de su cuerpo. Pensando en el momento en que finalmente lo destrozaría, solo para armarlo nuevamente y enseñarle a amar una vez más.
El reloj de estilo antiguo colgado en la pared marcó la hora, rompiendo el perfecto silencio y Mikhail no pudo soportar el recordatorio constante del paso del tiempo. Rugiendo de frustración, lo arrancó y lo lanzó contra la pared, obteniendo un poco de satisfacción al verlo romperse. La puerta se abrió y Yuri se le quedó mirando con asombro.
—Mikhail...
—¡¿Qué quieres?! —gritó Mikhail, volviéndose como una tempestad para encararlo.
Yuri le miró fríamente, sus labios se crisparon con desprecio ante su deshonrosa imagen.
—Cálmate, mantén la calma, muchacho —le reprendió mientras se adentraba en la habitación, a pesar de la irritación de Mikhail.
—Yo de verdad, de verdad no te quiero a mi lado esta noche —dijo Mikhail con los dientes apretados, al filo de perder el control.
—¿Por qué no? —se burló Yuri—. ¿Para que puedas seguir con esta estupidez desenfrenada?
—Ha pasado bastante tiempo desde que tenías poder para controlar mis acciones, tío —dijo Mikhail—. ¡Haré lo que quiera!
Un destello de malicia recorrió el rostro de Yuri, tan fugaz y rápido que Mikhail se lo habría perdido de no haber sabido que estaría allí. Ira, odio y resentimiento. Allí los vio dibujados, solo porque él mismo había sido su objetivo. Disfrutaba y se alimentaba de esto; arrojando el mayor de los descontentos del hombre en su rostro y viéndolo tragárselo en sus narices.
Esto no significaba nada, pero era una justa compensación por lo que Yuri le había hecho cuando contaba con el poder para hacerlo. Ese poder que ya no poseía.
—Al menos voy a decirte lo que pienso —dijo Yuri, componiéndose con suficiente rapidez.
Había algo aburrido y áspero en su voz, una monotonía constante en su tono, un silbido susurrándose bajo sus palabras como arenas movedizas en un reloj de arena y lo único que exponía era su juicio y descontento.
—¡Entonces, por todos los cielos, habla rápido! —rugió Mikhail—. ¡Y aléjate de mí vista en cuanto hayas terminado!
Lástima que no pudiera matarlo. Lástima que no pudiera al menos desterrarlo de su vida. Lástima que era el único familiar qua aún tenía con vida.
—¿Veintisiete millones? —dijo Yuri con incredulidad—. ¿Les dejaste transferir veintisiete millones? ¿Estás enloqueciendo, Mikhail?
—¡Te aseguro que estoy perfectamente cuerdo! —sentenció Mikhail, aunque su apariencia reflejaba cualquier cosa menos a una persona en posesión de sus cinco sentidos. Su cabello se había tornado salvaje en una llamarada de rizos despeinados, sus ojos estaban rojos y dilatados, sus ropas estaban desabrochadas y su rostro estaba distorsionado por la rabia—. Lo amo. Lo quiero. Lo necesito. Mi cuerpo entero lo ansía y no puedo dormir en la noche pensando en él, mi mente está infestada por el recuerdo de su rostro tanto en la vigilia como en el sueño, así que honestamente, ¿crees que me importa el maldito dinero a cambio de la más mínima posibilidad de traerlo de regreso?
—Incluso si lo recuperas con vida —dijo Yuri, sus labios se curvaron en una mueca—, ¿qué te hace pensar que podrás recuperarlo ileso? Fei Long es bastante bonito. Bastante arrogante. Si yo fuera Asami, sabría qué hacer con él y te aseguro que no sería agradable, no para él por supuesto. ¿Estás seguro de que aún lo querrías? ¿No sería mejor verlo muerto, en lugar de recuperarlo tan mancillado?
Mikhail gruñó y se lanzó hacia adelante, agarrando el cuello de Yuri y golpeándolo contra una pared.
—¡Cállate! —Respiraba con dificultad, sus rostros apenas estaban separados por unos centímetros de distancia—. Solo... ¡cállate! Maldito bastardo... Minuto a minuto, hora tras hora, pienso en él con ese... ¡con ese hombre! Lo menos que ahora puedo esperar es encontrarlo muerto y aun así eso sigue retozando en mi cabeza... esa sola escena, como una horrible película... como un disco rayado. Asami tocándolo. Asami teniéndolo. Las manos de Asami sobre su preciosa, blanca piel. Sus labios sobre su rostro pálido y surcado de lágrimas...
Cerró los ojos y se estremeció intensamente. Le tomó un largo momento recuperarse y cuando lo hizo tiró a Yuri a un lado de la habitación, haciéndole tropezar y caer de bruces al suelo.
—¡Lárgate de aquí! —le ordenó en una voz baja y apenas controlada. Recorrió su camino de regreso al escritorio y se sentó, mirando el teléfono una vez más—. O haré algo de lo cual los dos nos arrepentiremos después.
Visiblemente alterado, Yuri se levantó del suelo y enderezó su cuello, sacudiendo su saco con manos temblorosas. Mikhail tenía los ojos cerrados; ya no le prestaba atención y le enfureció sin poder soportarlo el saber cuán poco importaba en la vida de su sobrino desde que había cumplido la mayoría de edad, cuando había recuperado el control de todos sus bienes. Como su tutor legal tras la muerte de sus padres, Yuri había sido el dios del mundo de Mikhail; su firme e implacable señor, quien ahora encontraba su estrepitosa caída del poder bastante difícil de soportar.
Su delgada boca se curvó en una mueca amarga.
—Conocí a su madre, sabes —dijo y tuvo el placer de ver los inquisitivos ojos de Mikhail abrirse, mirándolo directamente con una considerable curiosidad—. ¡Fei Long se parece a ella, a esa puta traidora!
Mikhail se estremeció ante sus palabras y sus ojos se estrecharon, pero no se atrevió a protestar por su tono, para que no dejara de hablar completamente y Yuri disfrutó de este último vestigio de poder que tenía sobre su sobrino, sobre su insaciable necesidad de saber, de saber siempre más sobre el objeto de sus obsesiones.
—Ciertamente era un espectáculo para la vista —continuó Yuri con una maligna satisfacción—. Ningún hombre podía resistirse a su belleza. Cuando caminaba, todo el mundo la miraba, pero eso no era de extrañar. He escuchado historias en donde se asegura que provenía de una línea sucesora de concubinas de casi ochocientos años de antigüedad que servían a emperadores y a generales, de mujeres criadas como esclavas sexuales por su apariencia, habilidades y atractivo erótico. Tenía siglos de tradición y encanto corriendo por sus venas.
Mikhail lo miró, impotente e intrigado, mientras Yuri se acercaba y le miraba con unos ojos perversos y brillantes.
—Liu estaba tan enamorado de ella que incluso adoraba el suelo que pisaba —continuó Yuri, caminando para mirar por el ventanal—. Ella le pertenecía en cuerpo y alma, pero un ave enjaulada siempre anhela la libertad y Toh se la ofreció a cambio de ciertos... servicios. Toh era un hombre poderoso, incluso entonces, en el inicio de su ascenso al poder. Ella pensó que limpiaría su sucio nombre. Pensó que se casaría con ella. Que vivirían felices por siempre. Fue una tonta, creyó cada una de sus palabras; creyó que la amaba y que él era el hombre de sus sueños. Su salvador.
—¿Qué pasó? —preguntó Mikhail con fascinación, y Yuri ladeó la cabeza hacia él.
—Tú sabes qué pasó —contestó Yuri—. Ella no fue lo suficientemente inteligente como para realizar la traición que Toh le estaba pidiendo hacer y provocar la caída de Liu. Quedó embarazada del hombre equivocado y Liu lo descubrió todo. Corrió hacia Toh por protección, pensando que la recibiría con los brazos abiertos por la bendición que pensaba le traería al hombre, y todos sus dulces y preciosos sueños se derrumbaron a su alrededor.
»—Por supuesto, él nunca la amó. Por supuesto, solo la estaba usando. Le dio una sangrienta paliza por no haber sido cuidadosa, por permitirse concebir, pero sobre todo por confesarle todo a Liu y revelarle su nombre. Todos sus cuidadosos planes para lograr apoderarse del bajo mundo de Hong Kong se echaron a perder y todo lo que la mujer tenía como compensación era a un hijo bastardo. Como si él hubiera deseado reconocer al hijo de una puta como suyo. Como si alguna vez hubiera deseado que su sangre se mezclara con su sangre. Como si alguna vez hubiese podido llegar a aceptar a alguien tan sucio y vil como la madre de sus hijos. Por el amor de Dios, él era un hombre respetado, felizmente casado, un político iniciando su carrera y no tendría su nombre manchado por su vergüenza.
»—La mujer dio a luz en la más miserable de las circunstancias; perseguida, desdichada y abandonada. Por el tiempo en que Liu nuevamente la encontró, no era ni la sombra de lo que alguna vez había sido. He escuchado historias en donde se dice que el mismo Liu la mató como a un animal justo en frente de su hijo, pero que fue incapaz de matar al niño también porque era desmedidamente hermoso. Porque tenía sus ojos y se parecía demasiado a ella.
»—Como verás, aunque lo había traicionado y le había escupido en el rostro todo lo que le había dado, la amaba. Aunque había despreciado todas las riquezas con las que el hombre la había prodigado, solo para tener al hijo de su peor enemigo, la amaba. Incluso, aunque la mató, seguía amándola. Esto demuestra cuán poderosa la influencia de su belleza era sobre él. Fue por ello que se llevó a su hijo y lo crió como suyo. ¡Es por ello que Fei Long vive aunque debió haber sido sacrificado como un cachorro no deseado en ese entonces!
—Esa es una horrible forma de decirlo —dijo Mikhail, visiblemente afectado por la historia.
—¡Por el amor de Dios, abre los ojos, Mikhail! —dijo Yuri duramente—. ¡Esto es por lo que te estás arriesgando tanto! ¡Mentiras, traiciones y engaños! ¡Liu Fei Long fue engendrado por las profundidades del infierno y nunca dejará ese infierno! No es su destino superar la miseria en la que nació y que le engendró.
Un golpe repentino y urgente en la puerta hizo a ambos hombres voltear. El hombre afuera no espero el permiso para entrar y asomó su rubia y peluda cabeza al interior de la habitación.
—¿Qué? —preguntó Mikhail, como si acabara de despertar de un sueño.
—Señor, la transferencia está completa —respondió el hombre—. En cualquier momento, a partir de ahora, llamarán para informar la ubicación.
Mikhail respiró profundamente y miró a su alrededor. El sol estaba ascendiendo, las nubes estaban desvaneciéndose y, finalmente, el maldito teléfono sonó con la información que tan desesperadamente necesitaba conocer.
