Disclaimer: No soy Rowling, y, por lo tanto, no me pertenece ninguno de los personajes, a parte de Emily y Nathaly. No cobro uncéntimo por ellos, así que, ahorraos las demandas.

Lso reviews, como siempre, están contestados en uno a mi misma, con vuestras ducas y todo eso. Este capítulo va dedicado a una amiga mía, a Mechi, a la que quiero mucho, mucho, y, aun que no sea su aniversario hoy, me apetecía dedicárselo y a Zory, que dejó su review al capítulo anterior cuando yo ya había contestado, de modo que, chicas, el capi es vuestro...

APB Productions presenta…

Los Merodeadores y el Cristal de Bogh

Selección

Se habían pasado dormidos todo el viaje. Cuando James y Remus los despertaron a fuera ya era de noche, y el tren estaba quieto. Primero despertaron a Sirius, que estaba recostado en el asiento, con la espalda contra la pared.

El chico los miró con los ojos adormilados, pero al notar el casi imperceptible peso de Nathaly sobre él, parpadeó y se incorporo un poco. La chica estaba acostada entre sus piernas, aferrada a su camiseta y respirando con tranquilidad. Le acarició la frente, apartándole un mechón que le caía y le impedía ver. Nathaly abrió los ojos lentamente y le sonrió a Sirius.

-Nathy, lo sentimos, pero esas dos cabezotas no nos escucharon…-empezó Remus.

La rubia esbozó una triste sonrisa.

-Supongo que me merezco que no me hablen más, pero no quiero que tengáis problemas con ellas por estar conmigo, así que… id con ellas, y cuidadlas¿Vale?

James asintió y le dio un beso en la mejilla antes de salir del compartimiento, seguido de Remus, que le dio un beso en la frente. Sirius la abrazó por la espalda y le dio un besito en el cuello.

-Ya verás como todo se va a solucionar-le susurró al oído.

Nathaly esbozó una triste sonrisa y salió del tren con Sirius firmemente asido de la mano. En la estación el frío era lacerante. Atravesó a Nathaly con la fuerza de un cuchillo, y la chica se apretó contra Sirius, que caminaba detrás de ella.

-Tranquila, preciosa, ya estamos llegando.-le susurró en el oído.

La agarró con más firmeza y la guió a través del andén hacia los carruajes. Se habían entretenido mucho en el tren, y ahora no quedaban más que dos carruajes. James los llamó desde la puerta de uno, y Sirius, todavía con Nathaly abrazada, se dirigió allí. En el carruaje estaban las chicas con Remus y James. Sirius hizo entrar a Nathaly y se sentó con ella abrazada. La chica hacía lo posible por no echarse a llorar. Tenía la mirada perdida en el vacío, mirando a través de la ventanilla de la portezuela del carruaje.

Lily vio entrar a su amiga y sintió como es estómago le daba un vuelco. En realidad ni ella ni Emily estaban enfadadas con ella. La palabra adecuada sería triste. Pues de entre todos los chicos de aquel colegio, se había tenido que liar con el menos aconsejable. Ahora, esperarían a que aprendiese la lección, para que no volviese a hacer ninguna insensatez. Sabían lo que había pasado. James se lo había contado. Pues a él se lo había contado Sirius por la mañana. Sabían lo de protegerla, a pesar de que Emily estaba todavía enfadada con Sirius por haberla dejado sin explicaciones. Y lo que les parecía el colmo era que se liase con Malfoy, después de haber intentado violarla, y siendo como era, la causa de todo aquel embrollo.

-Nathaly, si tienes frío te puedo dejar una chaqueta-le dijo Emily.

La rubia alzó una ceja. Ahora verían lo que era ser orgullosa Reconciliaciones apresuradas no, gracias.

-Muchas gracias, Emily, pero creo que no la necesito.-su voz había sonado firme e indiferente.

Justo en aquel momento, un escalofrío la sacudió, pero Sirius la abrazó con más fuerza y le dio un beso en la frente.

Emily sonrió para si misma, al igual que Lily. Adoraban a aquella pequeñaja, con aquellos aires orgullosos. Sabían que no daría su brazo a torcer ni aunque pasasen siglos. Y así era, la sangre céltica que corría por sus venas le impedía darse nunca por vencida. Si a ello se le sumaba el hecho de ser una Gryffindor…

Llegaron al castillo y salieron de la carroza. Allí, el frío del bosque, azotaba con más fuerza, pero Nathaly se apresuró a entrar en el castillo seguida de los demás. Caminaba con la espalda recta, orgullosa, con la frente muy alta, el mentón ligeramente alzado y con paso seguro.

Su forma de andar, sensual y despreocupada. No se iba a dejar asustar fácilmente por unas asquerosas serpientes de Slytherin. Ella valía mucho más que todos aquellos asquerosos y despreciables niños mimados. Sirius se había quedado rezagado con los demás, y los cinco la miraron caminar hacia en Gran Comedor. Emily y Lily la miraban con orgullo. Su hermanita había cambiado. Se estaba haciendo una mujer.

Remus observó su forma de caminar, era envolvente e hipnótica. Como un remolino. Emily carraspeó y el joven licántropo centró el cien por ciento de su atención en su novia. James miraba el final de las piernas de su amiga. Pues si que estaba buena… Se sintió orgulloso de su amigo Sirius. Aquella era la única mujer que podría acabar con sus ansias de mujeriego. Sirius le miró embelesado. Su pequeño angelito, caminando con ademanes de sedienta vampiresa. Contoneando las caderas por el medio del Gran Comedor, dejando a todo el personal masculino babeando. Todos los chicos allí presentes movían la cabeza al ritmo oscilatorio de la melena de Nathaly, rizada y larguísima en aquellos instantes. Totalmente acompasado con el ritmo de sus caderas al caminar. Un ritmo hipnótico que se extendió por todo el lugar.

Nathaly giró la cabeza, para comprobar por donde la seguían sus amigos, y los vio; acababan de entrar, y caminaban rápidamente y el silencio.

Silencio.

El silencio se había apoderado del Gran Comedor, y la rubia vio más de un ciento de ojos clavados en ella. Ella esperó, con aquella pose digna a que los demás llegasen a su lado.

Cuando estuvieron todos juntos se sentaron y la rubia se volvió hacia sus amigas.

-Escuchadme, chicas, no voy a pediros perdón por lo que hice, porque en aquel momento no hice nada malo; pero razón tenéis. Pude haber elegido a cualquier otro… En fin. No esperéis nada más arrepentido; a pesar de que en realidad lo estoy. Pero a quien le debo una disculpa muy grande es a Sirius, y ya se la di.

Emily y Lily la miraron y sonrieron.

-Nena, puedes dejar de estirarte tanto-le susurró Emily.

-No, no puedo, no por lo menos hasta que perdáis la decepción, y Lily me pierda en asco y el desprecio.

La pelirroja irguió el cuello casi tanto como ella.

-Sabes de sobre que lo decía con rabia… Porque al parecer me molestó más a mi que a ti lo que intentó hacerte… Pero en fin… que sabes que eres mi hermanita y que te quiero mucho.

La rubia alzó una ceja y miró a Emily, que asentía sonriendo.

-Cielo, estoy muy orgullosa de ti; pues nadie había sido tan fuerte ante lo que te pasó. Recuerdo el día de San Valentín… y te juro que de no ser por ti, ahora yo no estaría con mi niño.

La rubia relajó su actitud y sus dos amigas la abrazaron al mismo tiempo. Ella les devolvió al abrazo mientras unas lágrimas de felicidad se escapaban de sus ojos, volando.

Sirius, Remus y James las miraban sonriendo.

-Preciosas, ya basta eh-dijo Sirius- Me la vais a achuchar-les dijo a Emily y a Lily.- Además, es hora de que atendamos a la selección-añadió

-¿Desde cuanto le importa tanto a usted la selección?-preguntó el fantasma de la casa Gryffindor; Nick Casi Decapitado.

-Desde que están a punto de asfixiar a mi novia-respondió el burlonamente educado.

-Ya te gustaría a ti asfixiarme-le dijo la chica con una sonrisa sensual en los labios.

Todos la miraron.

Nathaly volvía a ser la de antes.

Ya había llegado la profesora McGonagall, con una hilera de niños pequeños y bajitos. Entre ellos destacaba una chica, muy alta, y por lo que Sirius pudo ver, no tenía once años.

Su cuerpo era, de todos los que había visto, el único que podía competir con el de Nathaly. Su cabello completamente negro, y desde aquella distancia, a pesar de nos distinguir el color de sus ojos, una intuición le dijo que serían negros.

-¿Quién es esa chica que está con los de primero?-preguntó Lily con curiosidad.

-Ni lo sé ni me importa-dijo Nathaly mirando a Sirius con los ojos entrecerrados.

-¿A que está buena?, Cornamenta-le preguntó Sirius con tono soñador.

Remus le propinó una colleja.

-¿Qué?

-Tienes novia-le dijo canturreando.

-Pero mi Nathaly no es celosa-dijo él.

-¿Estas seguro?-preguntó ella con tono amenazador.

-Lo digo de broma, preciosa.

Ella le dirigió una sonrisa y miró hacia la mesa de los profesores.

Y allí pudo ver a un chico que la dejó sin aliento. Era muy joven, pero… que bueno estaba.

Dumbledore se puso en pie y pidió silencio. Al instante un silencio tan sepulcral como el que se había extendido cuando Nathaly hizo su aparición, se apoderó de los presentes.

-Mis queridos alumnos, cada día que pasa nos adentramos más en tiempos oscuros. Es mi deber comunicaros que un mago que se hace llamar Lord Voldemort está intentando matar a los hijos de muggles, y a todos los que no llevan sangre mágica en las venas. Y mucho más lamentable es decir que lo consigue.-se detuvo a hacer una pausa, pero ni el zumbido de una mosca se escuchaba en el lugar.-Lamentablemente, se intenta mantener a los niños alejados de la cruel realidad. Pero yo tengo mejor concepto de todos vosotros, por lo que os trato como adultos, merecedores de conocer la verdad. -volvió a hacer una pausa, pero nadie dijo nada.- Me tomo la libertad, como persona más sabia y experimentada, de daros un consejo. Permaneced unidos, y confiad en aquellos que lo merezcan, pues en los días oscuros que se nos avecinas, no se sabe quien está de parte de quien. Y ahora, procedamos con la selección.

La profesora McGonagall se adelantó con un taburete y un sombrero ajado, el Sombrero Seleccionador. Los Merodeadores y las chicas recordaron, en aquel momento, el día de su selección…

Flash-Back

Nathaly estaba junto a sus nuevas amigas en medio de aquella fila de chicos y chicas, tan asustados como ellas.

Al primero que habían llamado había sido al chico con aquellos ojazos azules, el que había visto en el tren… Le había tocado Gryffindor, y desde aquel instante, la chiquilla rezó para que le tocase en la misma casa que a él.

Después de un chico gordo llamado Crabbe se fuese a Slytherin le tocó a su amiga Lily. El sombrero no lo dudó ni un instante y la colocó en Gryffindor, la misma casa que al tal Sirius.

Poco después le había tocado a Remus Lupin. Un chiquillo alto y paliducho, muy desgarbado y con unas enormes ojeras.

También había ido a la casa de los leones.

Cuando el sombrero, poco después tocó la rubia cabeza de Malfoy, lo envió directo (a la mierda) a Slytherin.

Poco después le tocó a James Potter, el tercer chico del tren, y también fue a la casa de rojo y dorado.

La chiquilla rubia avanzó cuando fue su turno. El sombrero le había cubierto la cabeza, por completo, a pesar de que toda su larga melena quedase fuera.

La había mandado a Gryffindor, y poco después, a Emily también.

Y también a una chica llamada Alice Cenit, pero ella dormía con las chicas de un curso inferior, porque debía cuidar a una hermana que entró en su segundo año, y no tenían mucho trato con ella, a pesar de ser del mismo año.

En la habitación de los chicos también había ingresado un muchacho llamado Frank Longbottom, pero dormía en las habitaciones de un curso inferior por un motivo parecido al de Alice.

Fin Flash-Back

Los seis amigos se miraron entre ellos y se sonrieron.

-Yo deseé que te tocase Gryffindor, preciosa-le dijo Sirius a Nathaly en el oído.

-Ya, como ahora estás deseando que le toque a esta chica¿verdad?

Y se giró, dándole un latigazo con los rizos.

Los chicos de primero fueron todos repartidos, y después le tocó a la chica misteriosa.

-Tengo el placer de anunciaros que Sherezade Boghing va a cursar sexto curso este año, y que espero que la tratéis como a una más-dijo Dumbledore.

La muchacha se adelantó con ademanes tímidos, e inseguros, y se sentó en el taburete, con el sombrero tapándole la vista.

-¡¡¡SLYTHERIN!!!

La chica se puso en pie y, tras quitarse el sombrero, se encaminó hacia la mesa verde-plata.

Unos segundos después apareció la comida, y todos dieron buena cuenta de ella, en especial Nathaly y Sirius, pues aun por encima de ser limas naturales, llevaban todo el día sin comer.

-Por cierto, Sirius, que sea la última vez que miras de esa manera a una chica que no sea yo-le dijo Nathaly mientras se servía una buena porción de macarrones.

-Fabef gue edef la uika gue me guta- le dijo masticando.

-Sirius, no hagas eso. Es asqueroso-le dijo Lily.

-Perdón, Lils-dijo tras tragar.-A ver, Nathy, sabes que eres la única que me gusta, así que no te preocupes.

Ella le dedicó una sonrisa y siguió dando cuenta de su tercer plato de macarrones.

Cuando terminaron la comida y los postres, y Nathaly estaba llena, aunque no se le notase ni una pizca que acababa de meterse cinco platos de macarrones entre pecho y espalda, y unas cuatro porciones de tarta de queso con fresa; Dumbledore se puso en pie.

-Mis queridos alumnos. Ahora que estáis todos llenos y saciados, me complace presentaros al profesor Michael Stevenson, proviene de Francia, y ha accedido a impartiros la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras.

Las miradas de todas las chicas se clavaron de inmediato en el joven profesor.

-Es auror, y os enseñará lo más complicado que os exijan en los EXTASIS. Acaba de terminar su carrera, y todavía no habla muy bien el idioma, os ruego, seáis amables con él, y buenos alumnos. Ahora, a dormir.

Emily y Remus fueron a guiar a los chiquillos de primero hacia los dormitorios.

-Nos vemos arriba, chicas –les dijo Emily dándoles sendos besos en las mejillas.

Lily se volvió hacia Nathaly, que miraba hacia la mesa de Slytherin con furia en el rostro.

Aquella niñata estaba mirando a Sirius de forma descarada.

Nathaly miró a su novio y se acercó mucho a él.

-Cielo, esa niña te está mirando-le susurró.

-No me importa-le replicó él.

Y sin decir nada más, la tomó de la cintura y le asestó un beso en los labios. Un beso tan dulce y al mismo tiempo tan fiero, que todo el Gran Comedor se los quedó mirando.

Nathaly se puso de puntillas y le echó los brazos al cuello.

Ambos querían que los viesen. Nathaly deseaba que la Jefferson y la chica nueva se diesen cuenta de que Sirius era exclusivamente suyo, y que por mucho que quisiesen, jamás se lo quitarían. Y Sirius quería que todos y cada uno de los chicos del Gran Comedor se enterasen de que el que tocase a Nathaly iba a acabar con un dolor corporal que no podría volver a dormir en su vida.

El profesor nuevo se acercó a ellos y los separó con cuidado.

-Me gustagía que dejasen de haceg eso delante de tantos niños-dijo con una amable sonrisa y alardeando de su acento francés.

Nathaly le devolvió la sonrisa, de manera abrumadora. El joven tenía el cabello rubio, tan claro como el de Nathaly, y los ojos extremadamente azules. Sirius lo miró, tratando de disimulas sus malas pulgas, y apretó a Nathaly contra él.

-Buenas noches profesor-dijo con gélida cortesía, y se llevó a su novia, corriendo para dar alcance a James y Lily.

-Joder, Lils¡qué bueno está el de Defensa!-dijo la rubia al llegar junto a su amiga.-Además tiene un acento francés… precioso…

Sirius hizo una mueca de asco.

-Si, cielo, yo te quiero a ti-le dijo la rubia.

Llegaron a la Sala Común.

-La contraseña es gusagarjo-dijo Lily.- Me lo dijo antes Remus.

Todos asintieron, y pasaron al interior de la cálida Sala Común.

Ya habían despachado a todos para que fuesen a acostarse, y Remus y Emily estaban sentados en la misma butaca esperándolos.

-Bueno, chicas… Lo mejor es que subamos a acostarnos, para estar descansadas para mañana-dijo la castaña levantándose del regazo de su novio.

-Esto… Chicas, yo voy a dormir con Sirius esta noche-murmuró Nathaly mirando al suelo.

-De acuerdo, pero recuerda… Mañana empezamos en las clases, y ni se te ocurra quejarte de agujetas, dolor de piernas, de espalda, o de cualquier otra cosa que puedas imaginarte-dijo Emily con una sonrisa.

La rubia le lanzó una mirada cargada de burla y subió la primera por las escaleras de los chicos.

-Sirius, subo en un ratito-les llegó su voz desde las escaleras.

Llegó a la habitación de séptimo año, y se encontró con sus tres camas, y sus tras baúles a los pies de cada una.

Con un rápido movimiento de varita, su ropa y la de sus amigas fueron a parar al gran armario de roble que había al lado de la puerta del baño.

Así mismo, sacó su joyero y lo guardó en un cajón de su mesita. Ordenó sus libros en su baúl y dejó el uniforme en la silla al lado de su cama.

Sus amigas llegaron justo cuando ella había acabado de ordenar todas sus cosas.

-Oye, Nathy, que sentimos mucho habernos enfadado. Es tu vida, y puedes hacer lo que quieras.

La rubia les dedicó una franca sonrisa.

-Sé que puedo hacer lo que quiera. Pero… es que a mi lo que me molestó fue que a Sirius no le dijeseis nada por liarse con la Jefferson.

-Cielo, la Jefferson no tiene un novio que ha amenazado a Sirius de muerte, y la novia de Malfoy, Narcisa Black, si te ha amenazado.

Nathaly se desabrochó la camisa.

-A ver, me da igual lo que diga esa niñata. Yo me sé defender…

-Lo sabemos; pero reconoce que contra la magia oscura no tienes defensa-dijo Lily mientras se ponía el pijama.

Nathaly asintió mientras se ponía el suyo.

-Bueno, nenas. Me marcho.

Se acercó a Emily y le dio un beso en la mejilla.

-Buenas noches.

La castaña la abrazó.

Lily se unió al abrazo y le dio a la rubia un beso en la mejilla.

-Hasta mañana, que descanséis-dijo saliendo por la puerta.

-Buenas noches, cielo-dijo Emily.

-Que sueñes con los angelitos-le dijo Lily riendo, justo cuando la rubia se perdía escaleras abajo.

Nathaly pasó corriendo por la Sala Común, ya desierta, y subió por la escalera de caracol que llevaba al dormitorio de los chicos.

Al llegar al dormitorio de los chicos de séptimo escuchó un estruendo proveniente del interior, así que, preparándose para cualquier visión (ya me gustaría a mí) entró sin llamar.

Lo primero que vio fue a James sentado en su cama, a Remus de pie, y a Sirius apuntando a Peter Pettigrew con su varita.

-Sirius¿Qué se supone que haces?-preguntó la rubia escandalizada.

-Esta rata asquerosa te estaba buscando…

-Peter¿Qué coño quieres?-preguntó la rubia con cero de protocolo.

-Lo que me hiciste en el lago… No se ha bajado en todo el verano…

Los otros tres chicos miraron a Nathaly.

-¿Y a mi que? Te lo merecías, por lo que hiciste…

-Por favor, te lo suplico-dijo el chico cayendo de rodillas.-No hay ninguna forma de bajarla… Por favor…

Nathaly pareció meditarlo durante unos segundos…

-Está bien- accedió de mala gana.

Apuntó a Peter con su varita, y a penas pronunciando nada, Peter pareció aliviado.

-Y ahora, Peter, piérdete.

El chico se escabulló corriendo de la estancia, y los tres merodeadores se volvieron hacia la rubia.

-¿Qué se supone que le hiciste en el lago?-preguntó Remus.

Nathaly se sentó en la cama de Sirius y les sonrió.

-Pues… fue bastante sencillo-dijo- Lo puse cachondo, y le lancé un hechizo congelante en el paquete… El pobre se ha pasado el verano empalmado…

-¿Por qué le quitaste el hechizo?-preguntó James- Habría sido divertido verlo empalmado en transformaciones-dijo con tono soñador.

-Ay, Jimmy-dijo Nathaly con una sonrisa.-Le he quitado la erección, pero le he tirado una urticaria de mil pares…

Todos se echaron a reír.

-Por Merlín, Nathy, reacuérdame que nunca me meta contigo-dio Remus con una sonrisa.

Sirius permanecía callado.

-¿Qué pasa?-preguntó la rubia después.

-Nada, sólo estoy recordando su cara de vergüenza…-estalló en carcajadas.

-Bueno, chicos, es mejor que nos metamos en cama-dijo Remus.-Mañana tenemos que madrugar, y no podemos permitirnos el lujo de llegar tarde el primer día.

Nathaly saltó de la cama de Sirius y le dio un beso en la mejilla a Remus, que acababa de meterse en su cama.

El chico dormía con una camiseta y un pantalón largo de aspecto cómodo.

-Buenas noches, Remus, que sueñes con muchas Emilys-dijo dirigiéndose a la cama de James.

El chico dormía con unos bóxer y sin camiseta. Cualquier chica se habría muerto al verlo así, pero Nathaly se limitó a abrazarlo con infinito cariño.

-Buenas noches, Jimmy-le dijo dulcemente.

-No me llames Jimmy, peque.

-No me llames peque.

Ambos sonrieron.

La chica le dio un sonoro beso en la mejilla.

-Buenas noches.

-Que descanses, hermanita-le dijo guiñándole un ojo.

Más que su cuñada era su hermana. Los entendía y los escuchaba. Era una chica muy especial. Cariñosa y al mismo tiempo fiera.

La rubia se sentó en la cama de su novio y le dio un beso en la mejilla.

Sirius cerró las cortinas de su cama y les echó un par de hechizos.

-¿Qué has hecho?-preguntó la rubia.

-Un insonorizante, y uno que no permite que se abran las cortinas en contra de mi voluntad.

La chica le dedicó una sonrisa.

Sirius la miró. Era tan hermosa. El pelo volvía a estar liso, y estaba atado con una goma, cayendo hacia delante por uno de sus hombros.

Sus ojos brillaban de una manera tan atrayente, que antes de darse cuenta, ya estaban ambos acostados, él boca abajo, inclinado sobre ella, y con una mano sobre su vientre.

-Preciosa, te quiero-le susurró.

Nathaly cerró los ojos en una mueca de felicidad.

-Te adoro-le dijo después subiendo la mano por su delgada cintura.

Ella se escurrió de debajo de él y se puso de rodillas.

Sirius se sentó y la miró.

Estaba realmente preciosa, con un pijama rojo, muy flojo, que prendía de sus caderas con verdadero peligro de caerse, y parecía extremadamente delgada, dentro de aquella camiseta tan grande, de manga larga.

-Sirius, Yo también te quiero… Pero es necesario que sepas algo.

-Dime, preciosa.

-Bueno… es un poco complicado. Te quiero tanto que me duele el pecho cada vez que lo pienso… Eres lo más importante, lo más grande, lo más…

El chico se acercó a ella.

-Pero creo… creo…

-¿Qué pasa?-preguntó él con dulzura.

-Por Merlín, tengo miedo a decírtelo.

-Tranquila, no me iré, sea lo que sea.

-Pues verás, creo… en realidad no creo, lo sé…

-¿Qué?

-Creo que…

-¿Qué?

-SIRIUS ORION BLACK-gritó la chica exasperada.

-¿Qué?

-Estoy enamorada de ti-dijo en un casi inaudible susurro.

Sirius soltó un suspiro aliviado

-Yo también estoy enamorado de ti-le susurró.

Ella alzó una ceja.

-¿Y por que nunca me lo has dicho?

-Porque pensé que era evidente…

Nathaly sonrió.

-Y lo es…

Sirius tiró de ella y volvieron a quedar acostado, Sirius encima de ella.

Se miraron a los ojos, durante una eternidad.

Con una sola mirada aquella noche se dijeron muchas cosas.

En la mirada de Sirius brillaba el amor, la ternura, la esperanza, el miedo, y la desesperación con la que adoraba.

En los ojos de Nathaly había mucho amor, cariño y mucha admiración.

Ambas miradas se fusionaron, al mismo tiempo que sus labios.

Fue un beso dulce, con cariño, ternura y amor.

Ambas manos de Sirius descansaban en las caderas de Nathaly.

Cuando finalmente se separaron el chico acercó su boca a la oreja de la rubia.

-¿Sabías que normalmente duermo desnudo?

-Me alegro de que hayas tenido la decencia de vestirte-le dijo ella divertida.

-Pues tú te lo pierdes.

-Bah, seguro que no es gran cosa.

-No… sobre todo desde que se ha pasado todo el verano durmiendo encerrada.

Nathaly le pellizcó en el pecho a través de la tela de la camiseta, y lo abrazó.

El chico la besó, con dulzura en los labios, y después los abandonó para trazar un sendero de dulces roces de los labios con la piel del cuello.

-Sirius…

El chico se incorporó y la miró a los ojos.

-¿Por qué a veces eres tan dulce, y otras tan… salvaje?-preguntó en un tímido susurro.

-¿Y tu por que a veces eres frágil y a veces explosiva?

Ella sonrió.

-Mis besos son reflejos de lo que me inspiras. En este momento eres un angelito.

Nathaly lo abrazó y se impulsó para quedar sobre él.

Lo obligó a sentarse, con la espalda contra el cabezal de la cama y se sentó a horcajadas sobre él.

En aquel instante sus ojos brillaban con una fiereza inusitada.

Sirius le dirigió una traviesa mirada, antes de besarla, con fiereza, con furia, con deseo.

Nathaly le quitó la camiseta, en medio de un húmedo beso, y empezó a recorrer sus pectorales, fuertemente marcados, con ambas manos, y a delinear los contornos de sus músculos con la yema del dedo índice.

Sirius le metió las manos bajo la camiseta del pijama y comenzó a acariciar la sedosa piel de su espalda, arañándola con los dedos, masajeándola, hasta que finalmente, en medio de un furioso beso-mordisco, en el que Nathaly le había succionado el labio inferior, le quitó la camiseta del pijama.

Se quedó embobado mirándola.

Los pechos de la chica, cubiertos por un fino sujetador de satén, no eran pequeños, pero tampoco exageradamente grandes. Eran, como Sirius se dijo a si mismo, perfectos.

Le besó el pecho, justo entre ambos senos, en aquel canalillo que le hacía perder la noción de las cosas.

Su cuerpo, que ya llevaba, en vano, un buen rato tratando de contener, se disparó a la velocidad de la luz.

Nathaly sintió que algo duro la presionaba, tal y como estaba sentada, en su sexo.

Mirando a Sirius a los ojos, tanteó el pantalón del pijama y tiró de él, para introducir una mano.

El chico la miró sorprendido, y le habló con voz ronca.

-¿Qué vas a hacer?-preguntó.

-Hacer gala de mi instinto-le dijo con una sonrisa.

-Si no quieres…

Pero el chico se quedó mudo, cuando ella empezó a mover su mano, verticalmente, con un ritmo lento y suave, debido al cual, Sirius dejó escapar un ronco y ahogado gemido.

Nathaly esbozó una perversa sonrisilla y aumentó el ritmo de su mano, al mismo tiempo que el de sus besos.

Sirius enredó sus dedos en el cabello de su novia, que se había soltado de la coleta, y respiraba entrecortadamente.

Nathaly aumentó un poco más el ritmo, y Sirius pareció volverse loco.

Le apretó las caderas mientras respiraba de manera más agitada, como si se estuviese conteniendo.

La chica se inclinó hacia la oreja de su novio y la repasó con la lengua.

Sirius perdió la batalla en aquel mismo instante. Su cuerpo estaba demasiado excitado para atender a razones, y el estar con Nathaly allí, haciendo aquello lo derrumbó completamente.

El chico soltó un ronco gemido, medio ahogado, y la mano de Nathaly se impregnó de un extraño líquido blanquecino.

La chica se incorporó, con la mano llena de aquella sustancia, y Sirius la miró preocupado.

-Lo siento, -murmuró un poco avergonzado.

Nathaly esbozó una tierna sonrisa e hizo desaparecer aquello con un toque de varita.

El chico respiraba entrecortadamente, como si acabase de correr cientos de kilómetros.

Nathaly se puso su pijama y se recostó al lado de Sirius, que parecía agotado.

-Joder, Nathaly, para ser instinto y no experiencia… Menudo instinto…

Ella le dio un beso en los labios.

-Ya, cielo… Pero ahora vamos a dormir… son cerca de las dos-dijo en voz baja.

El chico la abrazó con inusitada fuerza y le dio un suave beso en la mejilla.

-Gracias-le dijo al oído antes de caer ambos dormidos, al mismo tiempo.

Visteis? La chica nueva no representa peligro, de momento al menos. Y bueno, que espero que os haya gustado, porque todo se ha arreglado, o empezado a ponerse peor… eso nunca se sabe, eh.

Espero que os haya gustado, y que sepáis que me pareció fatalísimo lo de que Nathaly fuese una… por besarse con Malfoy, pero que nadie protestase porque Sirius besó a Jennifer, eh…

Espero vuestras opiniones en un largo y bonito review!!

Beshitos sabor a Merodeador!!!

Se os kiere!!!

.:Thaly:. APB.·¨