Disclaimer 1: Fanfic escrito sin ánimos de lucro. The Loud House es propiedad intelectual y material de Chris Savino y Nickelodeon Intl, y licenciado por Viacom y Jam Filed Entertainment.

Disclaimer 2: The Ninth Hour y las canciones de dicho álbum son propiedad intelectual de Sonata Arctica bajo la autoría de Tony Kakko, bajo licencia de Nuclear Blast Records.

Disclaimer 3: El track White Pearl, black oceans es propiedad intelectual de Sonata Arctica, bajo la autoría de Tony Kakko y licencia de Nuclear Blast Records.

La Novena Hora

Interludio

Perla blanca, océanos negros

(White pearl, black oceans)

Royal Woods, Michigan

Solsticio de invierno boreal de 2047

Casa de la familia McBride

Mi pequeña torre selló ni destino.

Otra mañana aburrida como todas. El mismo café cargado de casa, el mismo desayuno insípido, la misma Penélope, dulce, despidiéndose en la puerta de la misma casa, el mismo tráfico, la misma aburrida escuela donde estudian los mismos niños...

Clyde McBride sentía que su propia existencia era una mala jugada trazada por el destino en una vida que parecía prometedora y pacífica. El producto de haber sabido elegir y haber fallado una y otra vez hasta dar con la respuesta que le permitiera avanzar en la vida.

En su oficina estaba dispuesto a llamar a citar a los padres de algunos estudiantes conflictivos. Kagney, Santiago, Pierce, Harper, Loud...

Llegando al apellido Loud, no pudo evitar autocomplacer su propia decisión. Amanda y Samantha Loud no eran en realidad problemáticas, pero habían heredado el humor temerario de su madre. No podía decir lo mismo de Solomon, hijo legal de Luan Loud, ni de sus mayores dolores de cabeza.

De la papelera que tenía sobre su escritorio, había dejado dos hojas de exalumnos que dejaron de ser su problema en el momento de firmar su expulsión.

Meditando por un momento sobre dicha decisión, se felicitó a sí mismo por haber expulsado a esos dos hermanos, los instigadores de la Rebelión de los Jueves de Tacos hace años. Los creadores de desórdenes varios desde el infeliz día en el que entraron por las puertas de la primaria y jardín de infancia de Royal Woods.

Empezó a leer.

Lyra Luna Loud. Nueve años. Estudiante de cuarto grado en la clase de Chris Savino. Coeficiente intelectual por encima de 190. Capaz de ejecutar planes extremadamente precisos y hallar recovecos legales. Recomendaciones amplias por parte de Shrinivas para promoverla a preparatoria directamente.

Lancelot Lynn Loud III. Once años. Estudiante de quinto grado originalmente en la clase de Carol Pingrey, removido a las clases de Jordan Rosato y Tabatha Adlon-Miller. Coeficiente intelectual no cuantificado pero se presume similar a su hermana. Proporciona respaldos de plan a su hermana. Recomendaciones amplias por parte de Shrinivas para promoverlo a preparatoria directamente.

Sobre las fotos de ambos, alegremente había estampado los sellos en tinta roja con la palabra "EXPULSADO".

Dirigió su mirada al patio y se recreó viendo a los estudiantes... sus estudiantes. En algún lado, Bela Loud debía escribir otro de sus cuentos de terror. Vio a la morena Lynn y a la rubia Jade columpiarse mientras veían, nerviosas, como sus rubias primas gemelas dominaban al monitor, usando una cuerda para saltar y una pañoleta para amordazarlo.

En el fondo, no odiaba a los Loud o a sus descendientes, pero recordó ésa mañana que jodió toda su relación con ellos.

Y, especialmente, con él.

~x~

Diecisiete años.

La edad lo resume todo. Ansias por empezar a fanfarronear con una licencia de manejo, de empezar a ir a fiestas donde fluyen ríos de alcohol mientras el humo de los cigarrillos nubla la vista a la par que algunas drogas nublaban los sentidos de quien las consumía. Una dorada edad en la que se comienza a experimentar en todos los aspectos posibles. Amores, drogas, adrenalina, sexo...

Clyde McBride no escapó de aquella vorágine hormonal. Y justo esa noche, tuvo una de las peores trifulcas en casa de sus padres.

-¡Púdrete, papá! ¡Si vas a cogerte a papá Harold, de menos no me digas lo que puedo o no hacer!

-¡Estás a un paso de irte a la calle! -amenazó Howard, quien nunca había lidiado semejante ola... no... tsunami de hormonas.

-Clyde, vamos. Sé razonable -trató de negociar Harold.

-¿Razonable? ¡Razonable mi trasero! -trató de cubrir la desnudez de Haiku, quien solo estaba expectante e imperturbable ante semejante discusión-. ¡¿Ustedes pueden tener intimidad y yo no?! ¡Vaya hipócritas que tengo por padres!

Tomó a la oriental y su ropa y salieron al garage. Solos, el moreno esperó a que ella se vistiera.

-Clyde... -llamó Haiku, mientras subía su pantaleta-... lo nuestro no puede funcionar.

-¿Por qué lo dices?

-Eres un chico especial, pero siento que no me mereces.

-¡¿Qué?! P-pero... -el chico se puso nervioso ante la idea de que lo corten.

-No puedes sacar a Lori Loud de tu cabeza.

Y era cierto. Clyde no había superado su enamoramiento de la infancia por la hermana mayor de Lincoln Loud. Por más sesiones que el doctor López le diera, éste fue el primero en hartarse, por lo que dejó la ciudad sin dejar rastro alguno.

-¡¿Y tu no puedes...?!

-Ya no disfruto a los vampiros como antes... -se excusó ella- Yo ya saqué muchos de mis viejos espectros y los dejé atrás. Algo de lo que no eres capaz.

"Adios... Haiku. Suerte para combatir a tus demonios. No has sido mi tumba, pero fui bien acogida en ella", pensó Clyde, ignorando que las palabras de Haiku eran verdad.

-Eres un gran hombre, Clyde... pero tus cadenas no las impuso nadie. Adios.

La nipona abandonó la propiedad de los McBride, sin haber derramado una sola lágrima.

Horas después del pleito, sus padres decidieron darle su espacio. De entre los psicólogos que habían encontrado, ninguno había sido de ayuda, pues el doctor López abandonó Royal Woods en cuanto tuvo oportunidad de hacerlo.. Ni un tullido que tenía certificación como Gran Maestro ajedrecista, ni un cínico a quien sus pacientes tildaban como un "hijo de la gran puta". Mucho menos una terapeuta conocida por su abierta homofobia y postura antifeminista.

En la soledad de su habitación, echó un vistazo a los videos que él y Haiku habían grabado para su uso personal. Muchos de ellos eran sesiones a solas, grabaciones tomadas por videochat, juegos eróticos con juguetes que solo ella sabía de donde demonios los sacó, entre otros que conformaban su colección particular.

En uno de ellos, la pareja ya había avanzado bastante en sus juegos como para dar el paso de una forma curiosa. No era que Haiku fuese tímida, pero sentía, y Clyde lo comprobó de primera mano, una fascinación rayana en el fetiche por tener relaciones completamente vestida. Le encantaba tanto que era casi exclusivamente la forma en que las tenían, aunque había ocasiones en las que ella le daba gusto y se entregaba a sus impulsos totalmente desnuda.

Fue precisamente una de esas noches en que Clyde tuvo ése pleito en particular. Ella les agradaba, pero no soportaron ese tipo de encuentros en particular.

Recostado en su cama, decidió borrar todo el material que ambos habían tomado. No era rencoroso ni nada por el estilo, sino que él decidió no hacerse daño con una exnovia. Como dijo ella, él no podía sacudirse de sus viejos fantasmas. Peor, nunca se había sacudido del más añejo de todos.

Lori Loud.

Desde sus nueve años, el moreno estaba perdidamente enamorado de la primogénita del clan, tratando de hacer lo imposible para, siquiera, tener un poco de su atención. Y a sus once años, la única vez que la rubia y hermosa hermana de su mejor amigo le prestó algo de atención, se desorientó de la peor forma posible y perdió el conocimiento.

Su infantil enamoramiento se convirtió en obsesión, pues estaba esperanzado de que Bobby Santiago se fuera, lo arrestaran, lo golpearan o lo que sea, dentro de lo legal, para tener su momento. Por ello, Haiku había tratado de ayudarle toda vez que el doctor López se fuera.

Recogió la invitación que le había llegado en la mañana y la leyó:

De entre las cenizas surgió dos veces

Y en la tierra plantamos la bandera.

En el corazón dorado del invierno

Es que la piedra enalteció su nombre.

-O-

Roberto Santiago jr. y Lori Loud se complacen en extender

la más cordial invitación a su enlace matrimonial

-O-

Padres:

Roberto Santiago sr.

María Santiago

Lynn Loud sr.

Rita Loud

-O-

Padrinos:

Lincoln Marie Loud

Ronalda Anne Santiago

-O-

La recepción tendrá lugar a las 9:00 hrs

del sábado 25 de Junio

del año

2022

en el salón de eventos

Oakenshield

El peor día de su vida ya tenía fecha de confirmación. Y faltaban exactamente dos semanas para que todas sus esperanzas con Lori fueran obliteradas.

Por tanto, decidió hablar con Lincoln al respecto.

-Vamos, contesta hermano...

Apenas pasó un minuto y no tuvo respuesta. Volvió a marcar y a usar ése viejo transmisor.

-Si, ¿diga?

-¿Lincoln?

-No, solo soy el hada de los dientes tomando un descanso en Nueva Orleans -respondió con sarcasmo y pesadez.

-Lincoln, ¡Soy yo!

-¿Qué necesitas, Clyde?

-Viejo, necesitamos hablar.

-Cada que hablamos es sobre Lori, sexo, Lori, Haiku, Lori, sentimientos... ¿Puedo elegir el tema esta vez?

-Es sobre tí que quiero hablar contigo.

-¿Ah, si? Pues dispara, hermano.

-Me llegó la invitación a la boda de Lori, pero... ¿Por qué apareces como padrino?

-Ah... eso. Lori se siente culpable por el hecho de que Ronna y yo tuvieramos una pesadilla hecha cita. ¿Puedes creer que la cocinera derramó por su culpa un pozole a la cassoulette y quemó a "Lincoln jr"?

-Uy...

-Debiste ver a Ronna. Tan sutil y encantadora como siempre rellenandole la boca con burritos de foie-gras.

-Lincoln, eso no es nada sano.

-Ya se lo he dicho. Le dije que Lori no podía comer nada graso hasta la fiesta de compromiso

-No hablaba de Ronnie Anne. ¡Hablo de como trató a Lori!

-Creí que Haiku te ayudu a superarla.

-Ella... ella me cortó.

-¿Qué?

-Dijo que no saldrá conmigo porque no la he superado, ¡La sigo amando! Aún amo sus gases, su forma de caminar, su forma de hablar...

-Clyde, esto te lo digo como tu mejor amigo. Si pude sacarme la espina en el trasero que fue Cristina, podrás echar a Lori de tu mente. ¡Ya Penélope te acosaba desde el quinto grado y ese proyecto del huevo!

-No me la recuerdes. La semana pasada robó unos calzoncillos de mi casillero en el gimnasio.

-Viejo... Éso es enfermo.

-Bueno... supongo que te veré en dos semanas.

-¡Ése es mi hermano de otra familia!

-Nos vemos, Lincoln

-Cuídate, Clyde. No dejes que roben tus calzones.

Habiendo colgado, hizo algo que, creyó, debió hacer hace tiempo.

Se escabulló subrepticiamente hacia el minibar que Howard había comprado hace un mes y robó una botella de Glennlivith de 1979. Buena cosecha para ser un mal año para la cebada en Glasgow. Y en menos de lo que canta un gallo, el adolescente ya estaba ebrio con un solo vaso a palo seco. No ebrio alegre ni despreciable, miserable y cochino, sino un ebrio melancólico y adolorido, tan ebrio que se dedicaba a ver todas las fotos que tenía de Lori, llorando, bebiendo y añorando ése viejo amor que ya pertenece a alguien más.

Llegado el, para algunos, gran día, Clyde alistó su mejor traje gris y sus zapatos de ante. Aderezó todo ello con una colonia de pimienta, sándalo y limón marroquí y una elegante corbata azul eléctrico.

-¿Estás seguro de que quieres ir? -Harold se mostraba escéptico.

-Totalmente seguro, papá.

-Bueno, suerte osito marrón -se despidió Howard.

-Papá, no estoy gordo para ser un oso.

Tras avanzar unos metros, entró al Neptune que le habían comprado por haber obtenido su licencia y enfiló hacia el salón Oakenshield, en el lado oeste de la ciudad. Y no precisamente para pasarla bien con amigos.

Pasó cerca de una iglesia y se le ocurrió confesarse, aunque desechó la idea dada la animosodad con la que el clero trataba todavía a la comunidad LGBTTTI y a sus familias.

Craso error.

De ésa iglesia, salía una feliz pareja de recién casados. Uno era un latinoamericano de apariencia soñadora, un tanto embobado por la emoción del momento, que vestía un elegante conjunto celeste, a quien tardó en reconocer como Bobby. La otra, era una dolorosa y hermosa visión, pues se trataba de Lori. Tan bella y radiante como Clyde la imaginaba en sus más locas fantasías, usando un sencillo vestido blanco, guantes largos y un sombrero vaquero con velo en el mismo color, con un ópalo tallado con la forma de una lágrima pendiendo de su cuello y esos aretes tan suyos como la sombra de ojos que solía aplicarse.

Alto y terrible lució ésa mañana, pues apenas llegando al salón (veinte minutos antes que el resto de los invitados) vació por su garganta la botella de scotch que había tomado hace dos semanas.

Esperó oculto tras la puerta del salón hasta que ésta se abrió, entrando primero los padrinos, quienes encontraron al chico bastante irreconocible.

-Hola, hijos de perra, ¿Cómo los ha tratado la mierda que llaman vida?

La impresión que Lincoln se llevó fue mayúscula, pues no esperaba ver a su mejor amigo en un estado tan deplorable. Los Loud, por su parte, tomaron reacciones variopintas, pero ninguna positiva. Ni Lily había visto tan mal a alguien en su vida, pues ella misma tuvo que ayudar a cargar con Luna las pocas veces que llegó borracha a casa.

-¿Qué te pasó? -fue la pregunta más frecuente de todos para Clyde, quien miró al culo de la botella con naturalidad.

-Solo pasaba por aquí -dijo con voz pastosa, teniendo en manos una botella- y decidí caerles... para ver... -hipó un poco-... cómo un puto jardinero destruía mis sueños.

-Clyde, podemos hablar esto a solas...

-¡Ahí habla mi compadre, el sargento Crema Rancia! Sé que él no negará que mi Lori es deliciosa.

-¿Tu Lori? -preguntó Luna

-Y la rockera de mierda. Dime, cariño. ¿Necesitas una moneda para el bus o me abres las piernas?

-No me das gracia en éste momento- susurró Luan.

-Uy. ¡Perdón, Majestad! Dime, ¿que dijo un pollo a una comediante de segunda? ¿No? -Luan se estaba exasperando- Ni puta que me hagas tu chiste.

-Clyde, éste no eres tú -protestó Lincoln, cansado de la situación.

-¡Ya me harté -Lynn se acercó furiosa, con la intención de golpear a matar.

En menos de un segundo, Lynn ya estaba en el suelo, inconsciente, por un golpe que le asestó McBride en la cara.

Nadie salía de su asombro, ni entre los Loud ni entre los Santiago y los parientes de la madre de ambos hermanos, los Casagrande. Clyde McBride, el escuálido y timorato chico que estaba enamorado de Lori, noqueó a una deportista y combatiente consumada de un golpe, enardeciendo a su, a partir de ése momento, peor enemigo.

-¡Se acabó! -bramó Lincoln, imitando el gesto de Lynn.

Lo peor que ambos se estaban guardando se desató. Los golpes que Clyde recibía eran tantos como los que asestaba, y Lincoln apenas y había podido pararlo.

Por último, en un desesperado esfuerzo por contener a su otrora mejor amigo, el peliblanco hizo algo estúpido como lo fue golpearlo con una silla, al más puro estilo de la lucha libre. El mueble estalló hecho astillas, acompañado de un crujido escalofriante de huesos rotos. Sin embargo, al haber tardado en retirarse, el moreno le estrelló la botella en la cabeza y se incorporó.

-¿Así es como tratas a tus amigos, Loud? Me das lástima. Pones a un montón de putas aprovechadas y a un imbécil presumido que dicen ser tu familia por encima de los amigos.

Tomó su saco, sangrante por ser usado en el acto para hacerla de improvisado vendaje, y se alejó del sitio, despertando por igual miradas de odio y piedad. Él, indiferente, había pisoteado y sepultado una hermandad de años, estando ahogado en alcohol.

-Yo me largo de aquí -decretó a todo mundo, apartando a todos los asistentes con la mirada.

En su retirada, vió bajar de un auto a la pareja de recién casados. Golpeó a Bobby en la cara, mientras que a Lori se le acercó al oído.

-Gracias por arruinarme la vida, zorra. No sabes cuanto odié amarte, y si me buscas, no me encontrarás tan feliz como ahora.

Se alejó con toda la gente callada ante él, mientras Lori, aterrada, poco pudo hacer para socorrer a su familia.

Al fin y al cabo, él fue quien empujó el péndulo y lo hizo caer.

~x~

En casa, Clyde decidió tomar un baño y pensar un poco sobre su pasado. Ya a estas alturas, era imposible que recuperara su amistad con los Loud, y los hijos de la mayoría de las hermanas lo odiaban o le tenían miedo.

Tuvo que reconocerlo. Desde esa mañana, intentó hallar consuelo en otros lados. Quiso intentarlo con Polly y ésta terminó por casi destrozarle la pelvis. Quiso regresar con Haiku, pero ella acabó por solicitar a un juez una órden de restricción; Cookie, apenas y duraron una noche. Y no le cabía hablar de Paige ni de Carol Pingrey. La primera se mudó a Seattle, y la segunda lo botó solo porque, mientras tuvieron relaciones en casa de ella, se le escapó el nombre de Lori.

En una ocasión, rememoró, le había llegado una invitación a otra boda, la de Luan con una chica de la que no sabía nada. Y, adjunto a ella, venía una carta en que lo perdonaban por todo lo que había hecho esa mañana. La respuesta que dió no fue otra sino la misma invitación hecha trizas. No fue tanto un gesto de odio, sino de desprecio. El saber que buscaban su perdon fue, para él, un patético esfuerzo por ganarse de nuevo su aprecio.

Fue por Penélope que al fín pudo extirpar, a fuego, a aquella rubia de su cabeza. Una noche de taberna durante su estadía en Richmond, Virginia, que revisaba algunos expedientes en la primera escuela en la que trabajó. Una mirada de ella (quien impartía clases a un grupo de segundo grado), una charla y un café al día siguiente bastaron para haberse puesto al día. De compañeros de trabajo a amantes, ella confesó estar casada, cosa por la que no pudo sino esperar a que su marido fuese detenido por intento de homicidio. Hecho esto, un juez declaró nulo el enlace de la pelirroja y ambos se dieron el sí pocos meses después.

Fue a su escritorio y empezó una carta.

A quien le deba una disculpa en la familia Loud... o lo que quede de ella,

Lamento haber sido un perfecto imbécil. Dije muchas cosas con la mente de un borracho, y la mayoría ni siquiera eran ciertas. Tan ciertas como que un tazón taco es comida mexicana.

Sé que ese día cometí errores. Errores que me costaron perder buenos vínculos con todos. Loud y Santiago. Incluso viejos amigos de infancia se niegan a dirigirme la palabra. Y todo por haber cometido el error de ignorar a dos buenas personas.

De verdad que estoy arrepentido. No espero que me perdonen. No lo merezco.

Dejó sin firmar.

~o~

Lucy. Siempre tan tierna... pero la respuesta de Lana, acompañada por el dibujo de un perro gruñendo tenía sentido. Si debía pedir disculpas. Lincoln estaba a la cabeza de toda la lista. Y no tenía ni la más remota idea de donde pueda estar. Sabía que cuando su estudio estaba cerrado, era porque estaba de viaje.

Amargado, solitario más allá de lo que nadie desea estar, quiso tomar su propia vida. Quiso... mas no pudo hacerlo.

Era demasiado duro consigo mismo como para pernitirse seguir vivo, pero demadiado cobarde para tomar su vida. Demasiado cobarde... o demasiado sensato.

Respecto de las hermanas que no le respondieron, Luna le dedicó hace tiempo un cover nada agradable, a los seis meses del incidente. Lily ni se dignó a dirigirle la palabra, y la respuesta de Lola... nunca creyó que una modelo de talla internacional conociera semejante vocabulario que haría palidecer a más de un académico de Oxford. Lisa... suponía que estaría con Lincoln, compartiendo otro viaje de trabajo.

Añoró esos días. Y no podía ni siquiera plantar cara. No tenía el valor para ello, por lo que decidió enviar a sus superiores una carta que de verdad necesitaba enviar para sacudirse a todos sus demonios.

Su solicitud de transferencia a Detroit.

Mientras arreglaba los primeros detalles de su transferencia, Penélope no dejaba de mirarlo, consternado y abatido. Ella, que fue un pilar importante en su vida, ahora se veía tan fuera de lugar como si de un muffin rancio en aparador se tratase.

-¿Pasa algo, Clyde? -su voz mantenía aquella cadencia inocente pese a los años.

-Nunca voy a estar bien, Penny -el moreno siguió arreglando su baúl, a la par que revisaba sus efectos personales-. Jamás me van a perdonar.

-¿Hablas de los Loud? -él asintió- Has hecho cosas imperdonables, pero nada con lo que tenga problemas.

-De verdad me duele saber eso. Que mi carta de disculpa solo recibiera odio y venganza... es algo que no le deseo a nadie.

-Solo piensa un poco, amor -Penélope rodeaba el cuello de su compañero de vida-. Los despreciaste cuando tuviste oportunidad. Ahora, ellas te ven con el mismo desprecio con el que actuaste esa mañana.

-Me está dando la impresión de que abusas de los paralelismos.

-Llàmalos como quieras, Topito dulce -sonrió la pelirroja-. Pero... se bien lo que somos, lo que soy.

"Pero ¿qué es lo que somos?" pensó Clyde.

-Me recordaste una vieja canción -la pelirroja le confesó.

-¿Sobre qué?

-Hablaba de un guardia de faro. Alejado de todo, apenas y era tratado por la gente del pueblo. No pasaba tiempo con nadie -tomó un poco de vino y se dio un ligero respiro-. Una noche, la víspera de Año Nuevo -prosigue Penélope con su narración-, un barco se estrelló, y la gente del pueblo lo culpó del desastre por descuidar su tarea por necesitar un poco de compañía.

-¿Y que tiene eso que ver conmigo?

-A ese hombre lo culparon igual que a tí. Ambos buscaron amor en mala hora, y terminaron con una multitud en contra. Ahora dime... ¿Estás listo para dejarlo todo atrás y empezar de nuevo? -Sin esperar respuesta, ella solo terminó su bebida y lo dejó, con una maleta a medio hacer y un pensamiento flotando.

Era la última vez que paseaba por Royal Woods. Algunos sitios como los restaurantes de cocina fusión Jean Juan y Giovanni Chang habían cerrado. El primero fue demolido para construir un centro nocturno, mientras que el segundo fue clausurado cuando se supo que la cocinera capturaba animales callejeros "para abatir costos". Ahora, se hallaba vuelto un tugurio donde los malvivientes pasaban las horas inyectando drogas en sus venas.

Otros sitios le trajeron memorias dolorosas. La escuela que llevó por tres años, el mismo sitio en el que desempeñó sus obligaciones, se veía desolada bajo la nieve, misma que cubre la estatua de la profesora que le dio nombre a la institución, la primaria Agnes Johnson.

El último sitio que visitaron estaba sobre la avenida Franklin. Una casa un poco destartalada membretada con el número 1216, que él conocía demasiado bien para ignorarla. Bajó de su auto y depositó un sobre en el buzón, instalado justo debajo del roble en el que Lana había quedado atrapada. Esperaba que no hubiera nadie en su interior, antes de abordar de nuevo su transporte e irse.

Alejándose la pareja de ya tan infausto sitio, solo se alejaron cien metros y esperaron a ver quien salía de aquella puerta.

Del interior, apareció una mujer castaña de cabello corto y vestida en rojo, rondando, quizá arañando, los cuarenta años. Iba acompañada por un niño de apenas nueve años, vestido con un suéter cuello de tortuga negro, jeans y orejeras negras que contrastaban con una cabellera corta del mismo color que la nieve.

~o~

Otra Navidad había pasado en el mundo. Hace tiempo que el chico no tenía noticias de varias de sus tías o de su extravagante tío. Y, por más que le doliera reconocerlo, no podía evitar pensar en que la abuela Rita ya no estuviera con todos, y en especial con él.

Le gustaba esa casa. Pese al (para él) abundante espacio, sus pasos siempre le llevaron, al menos hasta que ella murió, a la habitación de su abuela. Le encantaba hablar con ella sobre las cosas que su madre y sus tíos hacían cuando eran niños. Hasta ese día que su tía Lisa llegó con la urna funeraria que contenía a la persona que más amó en el mundo, tenía mucho que explorar. Después de esa mañana, dicha pieza estaba fuera de los límites de todos.

La mañana anterior, escuchó a sus tías Luna y Lori discutir con alguien al teléfono. Dado que ellas y su madre estaban en casa, era lógico que matara el tiempo con Jade. La rubia, si bien no era su prima de sangre, era su veneración, pues fue la única que le tendió el brazo en ese trance.

~x~

El albino, pese a saber que la habitación que ocupaba su abuale ya no era accesible para él, seguía rondandola. Vio a sus primos salir, pues para ellos visitar su ciudad natal era siempre grato.

La noche anterior fue él quien recibiera a sus tías. Luna, pese a entrar en el último tramo de su juventud, seguía manifestando gran vitalidad. Sus presentaciones junto a The Louder Grinds habían cobrado factura a Sam, por lo que la rubia optó por enfocarse más hacia la composición.

Durante la cena, vio a su tía contestando al teléfono y la siguió a la cocina.

-¿Hola?

-¿Lyra? ¡Dios salve a la Reina! ¿Cómo han estado?

-Nada bien, tía -respondió lacónica la chica-. Mamá y el tío Lincoln parecen haber peleado, y no sabemos donde está él -mintió a medias y cuidó las formas, pues estaban acampados fuera de su solitario refugio.

-¿Por qué pelearon?

-Tío Linc dijo que ella experimentó con él, y mamá le dio una bofetada.

Luna sabía que, pese a los años, Lisa no dejaba de experimentar. De hecho, la última vez que Jade se quedó en su casa, ésta regresó con un tatuaje temporal ultravioleta que decía "Las perras no aman el rock". Si bien Lincoln intentó expandirse como tatuador, ello derivó en que no volvería a ser el "asistente y ejecutor". El vaso que sostenía, al escuchar eso, se le resbaló.

-¿Experimentar con él? -la voz de Luna estaba cascada por la impresión.

-¿Quien habla? -se dejó escuchar la voz de Lori desde la cocina.

-Lyra -la rockera no dejó de darle los detalles que recibió.

-¿Tía? -Lyra no dejó la línea.

-Escucha... tengo que colgar. Necesito que tu o tu hermano estén al pendiente. Su tía Lori va a enviarles algo.

-Pero...

-Ella está de paso, Lyra. Se acaba de postular al Senado y va a pasar las fiestas en casa.

-Ok... dile a tía Lori que mucha suerte.

-Cuenta con eso, sobrina... -la rockera colgó- Lyra te manda saludos, y te desea suerte, Lo.

Mientras veía a sus tías ir al sótano a hablar, un suave palmoteo llamó su atención.

-Hola, Lincoln -saludó Sam.

-¿Que tal, tía Sammy? -devolvió el saludo con afecto, pues de todos sus tíos por matrimonio, era con quien mejor se relacionaba.

La consorte de Luna había cambiado poco desde que ella y Luna se fueron a California. La única diferencia era que el mechón azul dio paso a uno con degradación de azul cielo a púrpura, y dejó las Converse de su juventud por un par de botines de tacón bajo.

-El viaje desde Topeka fue pesado -se quejó la rubia-. ¿Puedes creer que la familia de mi cuñada es demasiado rara?

-Con demasiadas tías no puedo dejar de sorprenderme. La tía Lana le pidió a mamá que te diera esto -le entregó una postal con la foto de ambas gemelas (Lana con jeans y un abrigo de trabajo amarillo, Lola con un traje sastre) junto a sus descendientes, Amanda (vestida de gris y azul) y Samantha (vestida de igual forma que su gemela, solo que en gris y rojo), quien cargaba en brazos a la pequeña Laurie, una preciosa peljrroja cobriza vestida con un traje de pollito.

-Veo que prefiere mancharse de tinta -rió la conpositora.

-Dice el demente del tío Lincoln que ella prefiere desconfiar de internet.

-Bueno, no es de extrañar -reconoció la rubia-. Sobre todo desde ese koala rabioso. Ojalá el que filtró eso se pudra.

Ambos, mientras avanzaron, se movieron hasta el patio trasero, maleta en mano.

-¿Y Jade? -preguntó el albino.

-Llegamos mientras dormías tu siesta -Sam se quedó viendo la casita de perro que otrora fuera de Charles y Charlotte-. Lo mejor sería que estés allí cuando ella despierte. ¿Vienes?

-Solo si me dices una cosa.

-¿Qué cosa?

-Si... -la expresión en la cara del albino se ensombrece un poco- ¿crees que a la abuela le hubiera gustado pasar más tiempo con todos?

-A todos, Copito -dijo Sam, con algo de cariño y sorna-. A todos nos hubiera gustado pasar un tiempo más con ella.

~x~

Tras bajar de la pieza que antaño fuera de su madre y tía Lucy, esperaba que Lisa le tendiera una trampa. Fue directo a la ventana y, con la mayor discreción que pudo lograr, vio al director McBride dejar algo en ese viejo buzón. Veía, junto a él, a su horrorosa esposa, aquella secretaria melosa que decoraba su escritorio con unicornios, pegasos y poneys.

-¿Qué miras, Linc? -preguntó Lynn, al notar que su hijo estaba en la ventana.

-Se acaba de ir -respondió el albino. Lincoln Magnus, a diferencia de su tío, si nació con albinismo, a causa de un gen recesivo de su padre que se salta, al menos, dos o tres generaciones.

-¿Quién se acaba de ir?

-El director McBride.

Lynn, tan rencorosa como podía serlo pese a los años, tomó un abrigo deportivo rojo y salió para ver que fue lo que dejó la única persona que logró noquearla y vivió para contarlo. El chico, sin nada mejor que hacer, fue siguiendo a su madre.

Ambos encontraron en el buzón una nota.

Ustedes ganan. No volveré a molestarlos en lo que me queda de vida.

Clyde McBride.

-¿Qué dice? -preguntó el albino, a lo que su madre respondió pasando la nota.

Tras escuchar a su madre y tías discutir, fue a despertar a Jade, quien se quedaba en la habitación que perteneció alguna vez a Luna, Luan y Lincoln. Cosa imposible, pues ella se encontraba viendo un deslustrado álbum familiar, con su madre biológica durmiendo a pierna suelta.

-¿Que haces? -saludó la rubia.

-Solo viendo como nuestros problemas se terminan ya.

-¿Cual de todos?

-McBride se fue.

Haciéndole espacio en la cama, Jade estrechó a su primo. Sin nada más que celebrar aparte de su "victoria", ella decidió, sin más, romper el silencio.

-Vi al tío Lincoln.

-¿Y que dice el viejo demente? -el albino preguntó por su tío. A diferencia de la rubia, él no tenía una relación tan cordial con el peliblanco.

-Solo digamos -la rubia se acercó al oído de su primo y susurró- que él y la tía Lisa estaban demasiado ocupados "jugando".

-¡Tranquila, vaquera! -exclamó el albino- No irás a tragarte que Lance y Lyra son monstruos.

-¿Quienes son monstruos? -terció una voz madura desde la puerta.

Volteando, ambos vieron a Lori, vestida con un pantaloncillo blanco y una blusa de tirantes con las iniciales LS bordadas a la altura del corazón, y con una expresión cálida en la cara. Vio a sus sobrinos, tratando de ocultar lo ya inocultable.

-Relájense, chicos. Hoy no están frente a una candidata para un cargo en el gobierno.

-Tía, necesito saber algo -el chico se puso nervioso junto a su prima.

-¿Qué tan cierto es que tus hermanos son los padres de Lance y Lyra? -Jade se encogió en sus rodillas mientras hablaba, a la par que la mujer se sentó entre ambos.

-La verdad... es que entre ellos se veía venir desde que Roberto y Lisa nacieran -Lori habló de eso con cierto nerviosismo, sin perder mucho la calma-. Desde que su prima nació, supe que Lancelot era el hijo de mi hermano y no de aquél payaso. Pero no por ello serían aberraciones, a menos que ellos se casaran entre sí.

-¿Y cómo es que no los delataste? -la chica preguntó, ya más relajada.

-No siempre podía decir que no. Creo que, por eso, tu madre me llamaba "la Reina del No", Jade.

-¿De verdad? -el albino estaba encogido sobre sí.

-Por poco y les arruinamos la vida. Y, si son felices así, no somos nadie para meternos.

Sin pensarlo, y atendiendo al llamado de Lynn a desayunar, los chicos bajarían, mas la rubia se los impidió.

-¿Cómo lo supieron? -Jade se encogió de hombros, regalando la respuesta- Como sea... solo no se lo digan a nadie... como no diré que te gusta Kat Pingrey, Linky.

-¡Baja la voz, tía! -rió avergonzado Lincoln.

-Uh... no sabía que quieres ganarme puntos con la profesora Pingrey, Don Lincoln Tenorio -se burló la pequeña rubia.

-¿Pueden hacerme un favor? -preguntó la cabeza del clan Loud.

-¿Va a doler? -preguntaron ambos.

-Nada de esto a nadie. Al menos, hasta que ellos decidan -Lori estiró sus brazos solo para relajarse aún más-. Iré por tu madre, Jade.

Relajados, los cuatro bajaron a desayunar, olvidándose casi completamente del asunto.

Durante la tarde, estando en el baño, Lori había aprovechado para enviar un par de simples mensajes, tal y como en su juventud. Mensajes del que no recibiría respuesta hasta la medianoche de uno, y ninguna del otro.

~o~

Un último vistazo desde el mirador a las afueras, cerca de la vía que conduce a Huntington Oaks. Buena parte de una vida yacía sepultada junto con una hermandad, recuerdos de exnovias y el rencor que los Loud y los Santiago habrían despertado. Y, con todo y pese a todo, Penélope, aquella pelirroja que de niña le encantaban los unicornios y las hadas, le convenció de salir del sitio donde se amargó en una miseria autoinducida.

Una vibración procedente de su muñeca le indicó a Clyde que recibió un nuevo mensaje, mismo que leyó en el momento.

Suerte con tu vida.

No supo quién lo envió, aunque sospechó, por un momento, que fue Lori. Temiendo un poco que Penélope preguntase por el mensaje, lo borró.

-¿Quién era, Topito? -la pelirroja se mostró intrigada.

-Ni idea, pero nos deseó lo mejor.

Desde que Penélope se le acercara una noche en una taberna en Richmond, supo al fin que iba a superar un pasado doloroso. Ella le trajo un nuevo rostro. Y él, sin saberlo hasta antes de su muerte, al final expulsó a sus viejos demonios.

~o~

La única canción que no tenía contemplado insertar de no ser por que es la precuela de la siguiente cita.

White pearl, black oceans, perteneciente al aclamado Reckoning Night (placa de 2004), da cuenta de un chico que tiene por empleo el guardar un faro. Por desgracia, un barco se estrelló una noche de Año Nuevo, muriendo toda la tripulación. Una añoranza por tiempos mejores antes de ser un paria tocado por la mala suerte (si alguien puede enviar la letra a Savino, que lo haga... no queremos otro No Such Luck).

En lo estrictamente musical, la capacidad de Kakko manejando las palabras tienen en dicha pieza un tono bastante álgido. Lo malo... es que no fue la pieza de cierre de su respectivo disco.

Volveremos a la lista original del tracklist porque ésa carta, junto con el audio final son parte de ello. Por mientras, a darles respuesta:

imperialwar1234... sip. Tú lo has dicho. Pero sostengo lo dicho. Y, estuve pensando la noche siguiente en lo que planteaste... después del PM. Ok, es algo apresurado, pero presento mis disculpas si las palabras y el (potencial) tono de la respuesta.

pirata, ¡Gracias por el spoiler! Pero si. Esas grabaciones hicieron mucho daño.

DESTACADO117, ésa es la idea. Por ahora, saca el Rancho... que el morenazo lo vale esta vez. Vale decir que, en parte, así fue, pero si sintió cosillas. Solo... saca el mejor vino para el final.

J. Nagera, cierto es que Lisa no es de las que destacan por su radiante personalidad. También es cierto que el humanizarle ha sido complicado, así como desarrollar a Claire (de quien, por cierto, me encantó su breve aparición). Un punto sobre el porqué fue Lori y no otra... me vas a odiar, pero de ello hablaré en el apéndice final. Sobre las edades, ese fue un pequeño apoyo considerando que, respecto a la vaga relación entre las cronologías interna y externa (su y nuestro tiempo) hay un ligero desfase de dos a tres meses, excepto por el especial navideño.

De que saben, bien. En este punto ya puedes tener una clara idea de que lo sepan. Lo que no contemplé bien a bien... fue precisamente eso. Creo que, en su momento, lo manejé bien. Pero...

Creo que si hablé de más. Suerte, viejo. Un gusto leerte por acá.

Julex93, si... toda una sorpresa, pero (al menos así lo consideré antes de redactar el primer capítulo) casi nadie ha tocado el eventual caso de entrar en disputa en una relación tipo Loudcest, y el único en el fandom de habla hispana que lo ha considerado ya se retira. Una pequeña aclaración: fue Lisa quien dio la bofetada.

P. D. Ese punto se aclarará casi al final.

marcado, más vale tarde que nunca. Rise Against... nunca los he escuchado, que yo sepa. Si hay un top de canciones que, pienses, me conviene escuchar, ya sabes que hacer.

Si te pones a pensar un poco, hay cosas que, durante la revisión final, surgieron y me dije "wey, esto es oro puro", o "Sam, esto iría mejor en Deportación o en este otro proyecto". No hay prisas por ello, ya que ando relativamente igual.

Sir Crocodile222, gracias por la aclaración del término, y gracias por el cumplido. Ahora, ambas respuestas vendrán ya con la vuelta al tracklist original. ¿Agridulce? Más bien diría amarga... aunque lo por Clyde pasado sigo cabeceando por la calle de la amargura. Suerte, viejo.

Con afecto, Sam the stormbringer.

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Para Phantom1812. Gracias por permitir a todos ahondar en la vida de Paul Stavros Siderakis, A. K. A. Polo Siderales...

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"Pague antes de abrir la maldita boca"