Otro capítulo para esta historia. Creo que ahora sí ya dejé oficialmente mi síndrome de la página en blanco en lo referente a este fic, así que esperen rápidas actualizaciones.

Tavata: Gracias por el cálido recibimiento después de tardarme tanto en actualizar este fic ;o) Es verdad que Thundercracker está extrañando el cielo más de lo que extrañaría a su novia, si la tuviera (¡me apunto!), pero en el fondo cree que lo que puede obtener a cambio vale la pena el sacrificio. Prowl es tan respetuoso de las reglas y los rangos. Siempre se me figuró un poco a Shockwave, aunque no tan extremadamente lógico. Y Optimus va a seguir saliendo en esta historia, espero que te guste lo que viene.

ice-nydwen: Creo que los Autobots no están conscientes de lo que realmente significa dejar a un Seeker sin volar, pero esperemos que pronto lo entiendan. Thundercracker va a tener que hacer el esfuerzo de su vida si se quiere ganar la confianza de los bots. Es cierto que son buenos y saben dar segundas oportunidades, pero hay rencores demasiado grandes para simplemente perdonar. Trataré de no torturar tanto al pobre TC, pero no prometo nada :oP Con los gemelos Lambo va a haber bastante interacción, por cierto.

Nancy: Gracias por tu reseña :o) Es cierto que si Optimus tuviera un corazón sería demasiado grande para su cuerpo. Es la característica que ha prevalecido en él durante generaciones y generaciones de Transformers, aunque en "Revenge of the Fallen" les dio por darle un lado más duro y sádico. Está bien en cuestión de realismo, pero me saltó un poco en comparación con sus anteriores caracterizaciones.

Je je je, la verdad esta historia no tiene continuidad con la de Thundercracker y su aventura con las mujeres Autobots, aunque tal vez en algún momento de debilidad caiga en la tentación y haga una pequeñísima mención al asunto ;o)

Tienes razón en que los Autobots no se diferencian mucho de los Decepticons en cuanto a todo el rencor acumulado hacia la facción enemiga. En esta historia va a haber momentos en las que dicha intolerancia será demostrada, aunque los bots tienen sus maneras de expresarla, a diferencia de los Decepticons, que resolverían el problema con un disparo.

Arken Elf: Tienes razón. Si no hubiera sido por el sacrificio de su creador, probablemente Thundercracker nunca se habría animado a hacer algo respecto a sus dudas. Todavía le falta aterrizar el hecho de que sus compañeros lo traicionaron, especialmente Skywarp. Creo que TC todavía tiene dudas sobre las verdaderas razones por las que está haciendo lo que está haciendo, pero con el transcurso de los capítulos las cosas se le irán aclarando.



Capítulo 10

Paredes anaranjadas

Iacon, Academia Militar, Unidad Especializada SKR-1000, hace cincuenta mil vorns.

-Designación: Unidad TC-10893… Ciudad de fabricación: estado orbital de Altihex…

Las palabras sonaron huecas e indiferentes. El gran robot negro continuó leyendo en voz alta el contenido de la tableta de datos que tenía en la mano.

Steelcrank permaneció inmóvil; su mirada estaba clavada en la misma pequeña muesca en la pared por encima de la cabeza del arrogante mecanoide que estaba sentado frente a él. A su lado, Turbocharger, su protector y oficial superior, también esperaba.

La mirada del robot negro se detuvo en una línea escrita en la pantalla; algo había llamado su atención.

Se levantó y encaró a Turbocharger.

-¿Un obrero?

Turbocharger titubeó. Estaba a punto de responder cuando su superior volvió a hablar.

-¿Un obrero?- repitió.

-Afirmativo, señor… Pero el soldado Steelcrank ha estado en la milicia prácticamente desde que dejó el estatus de recién creado…

-¡¿Desde cuándo un obrero luce como un Seeker?!- gritó el robot negro, golpeando el escritorio con el puño.

-E… el soldado Steelcrank fue reformateado como un Seeker por instrucciones del Ministerio Militar… General, puedo asegurarle que…

-¡Los caprichos del Ministerio no se convertirán en nuestros errores!

Era evidente que los argumentos de Turbocharger para defender la posición de su protegido serían inútiles contra la intolerancia del Ministerio, representada por ese cerrado pero poderoso General. Steelcrank continuó inmóvil, ni siquiera un brillo de sus ópticos delató su frustración. Hubiera querido hablar a su favor, pero no le estaba permitido dirigirse al oficial de más alto rango de la Academia Militar de Iacon.

Así que ahí terminaba… Su sueño de convertirse en un guerrero de élite truncado por los prejucios de una era tan dorada como injusta. Si tenía suerte, terminaría como vehículo de transporte, o como escolta de algún aspirante a Senador… o tal vez regresaría a vigilar fábricas, el glorioso comienzo de su carrera en la milicia.

Una pequeña luz parpadeó en la muñeca del General. Su voluminoso cuerpo no se movió mientras accesaba el mensaje que acababa de recibir. Largos y tensos astro segundos pasaron. La mueca en el adusto rostro pareció suavizarse un poco.

-Capitán, puede retirarse.

Los ópticos de Turbocharger parpadearon en confusión, pero fue lo suficientemente inteligente como para no cuestionar la orden. Se dirigió hacia la salida, lanzando una última mirada de apoyo a Steelcrank. Él también sabía que probablemente no volverían a verse.

A Steelcrank le habría gustado devolver el gesto al mecanoide que había sido su instructor de vuelo y guía por varios vorns, pero no podía romper el protocolo militar. Además, los lazos amistosos no tenían cabida en la milicia. Los soldados iban y venían, rostros anónimos que eventualmente desaparecían.

Sin embargo, sus preocupaciones en ese momento eran mucho más importantes que un mero sentimentalismo que había heredado de su origen obrero. Su destino estaba a punto de decidirse, sus sueños a un click de ser cortados de tajo. Todo estaba en manos de ese gran robot negro a quien le debía obediencia ciega.

-¿Unidad TC-10893?- dijo el General con su voz fría, dando tácito permiso al cadete para hablar.

-Señor,- respondió el joven Seeker con toda la firmeza que pudo dar a su voz.

-Su nueva designación será Thundercracker a partir de ahora. Sus orígenes nunca más serán mencionados, bajo ninguna circunstancia. ¿Entendido? A partir de ahora será asignado a la unidad 000.

Estaba hecho.

Su destino había sido definido.

Y él no tenía opinión en el asunto.

Steelcrank tuvo que esforzarse para que su rostro permaneciera incólume. Mantener la tormenta interna bajo control era una prioridad, no importaba que su vida acabara de dar un giro más que abismal para ser definido simplemente como drástico. Sin embargo, su confusión fue demasiado grande y no pudo evitar mirar directamente al General, rompiendo el protocolo militar.

-¿Unidad 000? No tenía conocimiento de su existencia, señor,- dijo.

-Eso es porque no existe,- replicó el mecanoide negro secamente. –No hablará de esto con nadie, soldado. Si le preguntan, dirá que está en entrenamiento básico con el resto de los Seekers de esta Academia. Repórtese de inmediato con su oficial superior en las coordenadas que están siendo enviadas a su banco de datos en este momento. Puede retirarse.

Eso fue todo, sin preguntas, sin mayores explicaciones. Su pasado había sido negado en cuestión de astro segundos y su futuro era un enigma.

Steelcrank hizo un rígido saludo militar y se dirigió hacia la puerta.

Thundercracker… todavía estaba repitiéndose a sí mismo ese nombre extraño cuando la puerta se cerró tras él.

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Una vez que estuvo solo, el General activó un pequeño monitor en su muñeca izquierda. La imagen de una estrecha cabeza hexagonal apareció; no tenía rostro, sólo un óptico que lo miraba todo…

-Comandante Shockwave,- saludó el General al Supremo Comandante del Cuadrante Alfa, que abarcaba las principales provincias de Cybertron. –Solicito permiso para hablar.

-Concedido.

-Un robot obrero no es material para la unidad triple cero, señor.

-La lógica dicta que la unidad 000 debe estar conformada únicamente por los mejores jets de combate.

-Precisamente… este soldado es un principiante. Apenas terminó la primera etapa de la educación militar y su entrenamiento aéreo es básico. Considerarlo como candidato para el chip rectificador de poder es una decisión precipitada.

-Una alteración en el núcleo de su chispa vital fue detectada al momento mismo de su reformateo. Habilidad de emitir truenos sónicos detectada. Mantendrá sus opiniones para usted mismo, General. Los prejuicios no computan.

El robot negro se apresuró a cerrar su vocalizador. Conocía al Comandante Shockwave desde hacía varios milenios y no le era difícil adivinar lo que pasaba por ese frío y compuesto procesador.

La eficiencia de un soldado se medía por sus logros y, a pesar de que el cadete Thundercracker se había destacado desde sus inicios en la carrera militar, seguía siendo un obrero, con la mentalidad propia de los de su clase.

Su ambición, sin embargo, no pertenecía a su programación; era tan extraña como su peculiar habilidad de emtir truenos sónicos, algo que ninguno de los otros Seekers de la Armada Cybertroniana era capaz de hacer. La lógica dictaba que en una sociedad autoritaria cada elemento se limitara a la función primaria que le había sido asignada al momento mismo de su creación; el sacrificio de la individualidad en beneficio de la mayoría. Pero tal vez el joven Thundercracker podía ser una de las pocas excepciones a la regla.

Sacrificaría también su individualidad, pero, si probaba ser digno, obtendría un premio que bien valdría la pérdida de su identidad. El chip rectificador de poder convertiría su habilidad de emitir truenos sónicos en algo extraordinario; haría de él una máquina de matar.

-Me entregará reportes sobre el desempeño del soldado Thundercracker cada diez ciclos. Shockwave fuera.

El subordinado se apresuró a hacer un saludo a su superior. La poderosa imagen púrpura desapareció de la pequeña pantalla tan fugazmente como había aparecido.

Fue entonces cuando el General volvió a ocupar su asiento. No ignoraba los propósitos de su Comandante. Cambios se estaban sembrando en Cybertron, después de todo, y Shockwave también tenía un amo a quien servir.

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El Arca, el presente.

Era una de esas cosas tácitas de la guerra.

Las paredes de todas las bases militares Decepticons tenían un tono purpúreo, justo como la insignia que daba un nombre a la rabia, a la inconformidad, al hambre de justicia…

Thundercracker empezó a cuestionarse a sí mismo mucho antes de activar sus ópticos. Sabía lo que le esperaba una vez que su procesador volviera a captar imágenes. Paredes anaranjadas, cálidas y cordiales… Un detalle insignificante, tal vez, pero uno de tantos que ponían en el frente de batalla las convicciones que habían regido casi toda su vida.

Tal vez su recuerdo más vívido eran esas paredes púrpuras, las primeras que mataron los lazos con su infancia, con su hogar, con su creador… Las paredes lo habían acompañado siempre, desde sus lejanos días en la Academia Militar. Otros soldados iban y venían, pero las paredes permanecían. También habían sido las primeras en dar la bienvenida a su nueva figura de Seeker, alta, fuerte, alada... Habían sido silenciosas testigos de sus triunfos y ambiciones; también lo habían acogido cuando había caído, cuando el amargo sabor del fracaso lo había llevado al peligroso sendero de la ira.

Paredes púrpuras también habían sido las primeras en recibirlo cuando regresó por primera vez con las manos manchadas de los fluidos vitales de otros… A diferencia de su propia consciencia, los muros no lo llamaron asesino.

Cuando finalmente activó sus ópticos dentro de sus extranjeros cuarteles en El Arca, se preguntó si esas paredes anaranjadas no lo acusarían, si no habría un dedo extendido hacia él apuntando su traición.

Pero lo único que vio al fijar su visión fueron sombras. A falta de luz, el metal de los muros de El Arca parecía dormido.

Thundercracker activó las luces, matando esa fantasmal aura que tenían sus nuevos y reducidos cuarteles personales. Reguló la intensidad a apenas el quince por ciento de su capacidad; nunca le habían gustado los lugares demasiado iluminados y no iba a cambiar un hábito milenario sólo por haber dejado de ser un Decepticon.

Se sentó sobre su cama de recarga y se sujetó la cabeza. ¿Cambiar un hábito? Había cambiado mucho más que un hábito en menos de un ciclo solar y ahí estaba de nuevo, evitando sus propios demonios y escondiéndolos atrás de algo tan intrascendente como la iluminación de su cuartel.

Era un desertor, un traidor, y tendría que lidiar con eso. La pregunta sobre sus nuevas lealtades, sin embargo, estaba lejos de ser respondida. Tal vez podría ser una especie de cadete de nuevo, un estudiante, alguien que pudiera abrir su mente a nuevas enseñanzas, algo que rompiera con todo ese sistema de creencias al que alguna vez se atrevió a llamar honor.

No le había tomado mucho tiempo convertirse en un Decepticon. Se preguntó si el proceso inverso podría ser igual de rápido. El lavado de cerebro era mucho más benigno si el sujeto se sometía a él por voluntad propia. Y él lo estaba haciendo, estaba listo para una reprogramación sin dolor.

Hacía muchos vorns que su identidad le había sido arrancada y su pasado borrado como una ráfaga de viento. ¿Podría recuperarlo? ¿Podría volver a ser Steelcrank? Imposible… pero tal vez podría convertirse en alguien más, en alguien mejor.

Pero ya tendría tiempo para atormentarse con sus propios pensamientos después, su más grande defecto según Skywarp. Por el momento tenía que concentrarse en su presente, en lo que lo esperaba al otro lado de la puerta. Más paredes anaranjadas, eso era seguro, y seguramente muchos rostros hostiles… nada con lo que no hubiera lidiado antes.

Sabía que lo que estaba enfrentando era un cambio mucho más significativo que haber renunciado a sus orígenes y al nombre que le había dado su padre hacía tantos miles de vorns para perseguir un sueño. De alguna manera, siempre había que amoldarse a los esquemas diseñados por otros. Había odiado esa regla tácita desde el momento mismo de su creación, pero se había adaptado también, siempre creyendo que lo hacía para forjar su propio destino. Y ahora se veía obligado a encarar un cambio más, un cambio que no le había sido impuesto sino que él mismo había elegido. Tal vez esa era la diferencia. Tal vez ahora sí había un verdadero cielo despejado delante de él…

Thundercracker sacudió la cabeza e hizo un rápido análisis de su estado físico. Sus circuitos auto reparadores habían hecho un buen trabajo con los daños menores en su estructura; únicamente su mano izquierda necesitaría reparaciones adicionales. El solo pensamiento de que tendría que someterse una vez más a la contrastante personalidad de Ratchet lo hizo fruncir el ceño.

Consultó su cronómetro interno. Las 0445 horas terrestres. Había descansado muy poco tiempo considerando el estado de fatiga de su cuerpo, pero no podría haber permanecido inactivo ni un astro klik más. Las infames paredes anaranjadas, el hecho de estar en tierra, su claustrofobia… De repente se sentía más y más aprisionado, forzado a librar una lucha contra ese sentimiento incómodo que se abría paso desde el núcleo mismo de su chispa vital. No pertenecía ahí, esas paredes de tonalidad anaranjada no eran para él…

0451 horas. Tenía que deshacerse de la pesada carga del pesimismo. Si no hubiera sido por la existencia de Dead End, tal vez hubiera sido él quien hubiera tenido que cargar con el estigma del Decepticon más taciturno y sombrío.

Nada que le importara ahora. Ya no era un Decepticon después de todo. Ni siquiera sabía qué rayos era.

Se puso de pie. No podía soportar un astro segundo más en ese encierro, mucho menos si su única compañía eran sus propios pensamientos, que parecían empeñados en torturarlo.

Miró su cuerpo, aún marcado por algunas abolladuras, pero sobre todo sucio de barro. En ese momento habría dado cualquier cosa por tener su propia unidad de limpieza, justo como la de sus antiguos cuarteles personales, pero todo indicaba que el tiempo de los lujos obsoletos había terminado para el alguna vez orgulloso miembro de la Élite Aérea Decepticon.

Accesó su código de seguridad y la puerta se abrió silenciosamente. El pasillo afuera estaba todavía obscuro, apenas iluminado por las débiles lámparas de emergencia que estaban dentro de los paneles superiores de las paredes.

Había visto muy poco de la distribución interna real de El Arca, así que decidió seguir sus instintos. La lógica indicaba que debía haber una unidad de limpieza común cerca del área de los cuarteles personales, y tendría que estar en el lado opuesto del Centro de Mando, ya que también para los Cybertronianos una sesión de limpieza era algo más bien íntimo.

Ya llevaba algunos pasillos recorridos cuando empezó a sospechar con disgusto que podría estar perdido. La base Autobot tenía más bifurcaciones de las que hubiera creído, y el diagrama interno que estaba elaborando a medida que la recorría mostraba bastantes incongruencias. Era obvio que esa enorme nave de paredes anaranjadas no había sido construida con fines bélicos; no era un hábitat destinado para soldados.

Distraído con esos pensamientos, no notó la sombra que se aproximaba por un pasillo adyacente hasta que chocó de frente contra otro mecanoide más pequeño que él.

Bumblebee, el Autobot más débil según los bancos de datos Decepticons, pero también uno de los más escurridizos.

Por instinto, Thundercracker levantó sus armas, pero las bajó casi inmediatamente. Se espera de ti una actitud respetuosa y cooperativa, había dicho Optimus Prime, y Thundercracker honraría esas palabras. No accionar los cañones incendiarios montados en sus hombros no fue la parte difícil; lo que seguía sí.

-Me disculpo,- dijo bruscamente. Su voz sonó más grave y agresiva de lo que hubiera querido.

-E…está bien…,- dijo Bumblebee, obviamente tan sorprendido como Thundercracker por el azaroso encuentro.

El inevitable momento de los silencios incómodos ocurrió a continuación. Era la primera vez que Thundercracker tenía a un Autobot enfrente fuera del campo de batalla. El viejo código Decepticon latió dentro de sus bancos de memoria, tratando de obligarlo a ver frente a él a un enemigo, pequeño, débil, indefenso y solo… Definitivamente le iba a costar mucho esfuerzo erradicar instintos tan bien establecidos.

-¿También tienes problemas para descansar, Thundercracker? Yo los tengo todo el tiempo. Me gusta caminar por las noches, sólo para pensar.

No fue el intento de entablar conversación, sino la expresión en el rostro del Autobot lo que sorprendió a Thundercracker. No había rechazo en ese rostro, ni desprecio, mucho menos odio. Sólo una especie de torpe amabilidad.

-Eh…- continuó Bumblebee,- Prowl me dijo que tú y yo somos vecinos ahora. Si necesitas algo, no dudes en tocar a mi puerta, como dicen los humanos.

Y ahora una sonrisa. Era demasiado. ¿Un Autobot sonriéndole a él? Thundercracker creyó haber estado listo para enfrentar todas esas pequeñas y grandes diferencias que seguramente encontraría en su nueva etapa como desertor, pero obviamente estaba equivocado.

-El área de limpieza,- dijo bruscamente.

-¿Eh?

-El área de limpieza,- repitió Thundercracker. -¿Dónde está?

-Pasillo 6-A, al fondo,- dijo Bumblebee, apuntando con el dedo hacia una bifurcación a su derecha.

Thundercracker no dijo nada más y se dirigió hacia la dirección señalada. Pero se detuvo después de haber dado seis pasos. Actitud respetuosa… Eso significaba palabras prohibidas.

-Gracias,- dijo secamente, y se puso de nuevo en marcha. No esperó a ver la reacción del Autobot. Hubiera sido demasiado vergonzoso, casi tanto como haberle agradecido a uno de los que hasta hacía unos pocos breems había llamado enemigos.

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El área de limpieza común de la base Autobot no tenía nada de peculiar. Era una explanada grande con varios aspersores en el techo. Había botellas de diferentes lubricantes a medio llenar dispersadas por todo el lugar, y era todo. Muy diferente a su unidad de limpieza privada, en la que había tenido el máximo lujo: privacidad. Pero al menos el lugar estaba vacío. Y si quería que permaneciera así, debía darse prisa. Sería muy desagradable ser encontrado lavándose.

Se dirigió hacia el aspersor más alejado y lo activó. Un cálido y relajante líquido cayó generosamente sobre su cuerpo. El contacto con la placentera sustancia comenzó a tranquilizarlo. Thundercracker entrecerró los ópticos al tiempo que recargaba ambas manos y la frente en la pared.

Poco a poco, sintió cómo la suciedad abandonaba su estructura. Hubiera querido que sus preocupaciones se desvanecieran así también, como barro diluido entre sus pies. Pero habían probado ser un polvo muy difícil de erradicar. Una vez más le habría gustado ser más superficial, no pensar tanto…

A pesar de su necesidad por apresurar el proceso de limpieza, Thundercracker cedió al cálido abrazo de los distintos solventes que lo acariciaron y se olvidó que el tiempo era una unidad que no se detenía nunca.

No escuchó los pasos, tampoco sintió la presencia invasora. Cuando la voz del recién llegado retumbó en sus sensores auditivos, era demasiado tarde para pretender.

La pesadilla oficial había empezado.

Continuará.



Como se dieron cuenta, incluí otro flashback. No va a haber muchos pero para esta parte de la historia los necesitaba. Como casi cualquier persona que escribe fanficción, estoy creando mi versión del Universo Transformer a partir de la Generación Uno y algunos cómics como "Megatron origin" y "All hail Megatron", en los que Thundercracker tiene una participación muy interesante. Obviamente también estoy agregando situaciones imaginarias, pero trato de que concuerden con la historia original.

Espero que les haya gustado este capítulo. Muchas gracias por sus comentarios :o)