Capítulo 10: Marcas y marcajes.
¿Qué por qué llevo este piercing en el labio? Je, si solo fuese ese piercing el que tengo… Lo que quiero decir es que hay más marcas por las que se me podría reconocer aunque me cambiase de apariencia, que no lo voy a hacer porque adoro la apariencia que tengo, las chicas me adoran así que… ¿para qué cambiarlo si a todos nos encanta mi aspecto?No sé, yo no soy como mi amor, ella siempre está metida en alguna movida, a veces me planteo si no es un iman para las movidas; cuando no es una es otra.
Pero bueno, que me desvío del tema; las marcas.
Digamos que tengo varias marcas personales aparte de mi aspecto y mi personalidad atractiva, jeje. Concretamente tengo 4 tatuajes y nada más y nada menos que 5 piercings; alucinante ¿no?
Desde luego no todos se ven a simple vista, ni aunque me ponga camisetas sin mangas; supongo que cuando las llevo se me ven solo dos tatuajes y un piercing, el del labio. De todas esas marcas creo que mi 'familia' me conoce todos, salvo el último que me hice y eso es porque me lo hice cuando estába yo solo haciendo un encarguito y eso, dolía un poco, pero a las tías les vuelve locas, dicen que mola mucho, aunque claro, también les gustaría sin él, jeje. De todas formas, no voy a hablar de ese en concreto, es mejor que nos olvidemos de ese y nos centremos en el resto que no están en zonas tan comprometidas y que sí que tienen un significado concreto.
(Salto espacio-temporal)
Isla Andro, Bahamas, Caribe; 1916 (21 años)
"Objetivo neutralizado." Dije sonriendo cuando le rompí el cuello a mi presa que me había tocado perseguir y el tipo calló al suelo muerto y desnucado.
Me divertí mucho viendo cómo el tipo se iba convirtiendo en cenizas en el fuego que le prendí puesto que estaba sobre un montón de ramitas y una especie de helecho raro de la zona tras rociarle de la gasolina que había llevado.
Mientras sonreía viéndole arder sin moverse puesto que le había roto las piernas y los brazos en la pelea y tras desnucarle me entretuve haciéndole la columna un cisco y así cargándome la médula espinal que pudiese tener, mientras sonreía me fui chupando las heridas que tenía y la sangre que me había salpicado.
Entonces fue cuando llamé a Isabella.
"Objetivo neutralizado y borrado." Le dije divertido usando la jerga que me había dicho que se usaba y que había aprendido porque me divertía pensar que estaba actuando como los espías de las pelis.
"Bien." Dijo. "¿Procedimiento?"
Paso a paso le conté todo abreviado, incluyendo la localización exacta y el proceso sin meterme en detalles.
"Genial, acabo de limpiar el mapa." Me dijo. "Estoy en Cuba, espérame."
"Cuba, suena bien." Le dije. "Si no te importa, iré yo para allí."
"Como quieras." Me dijo. "Te esperaré en Santiago de Cuba, en dos días."
"En uno." Le dije divertido pensando en los datos que había memorizado del caribe.
"Me encantaría verte llegando hasta ahí en ese tiempo." Me dijo con ironía.
"Llegaré, y entonces me pagarás una ronda, y de 0- nada menos." Le desafié.
"Está bien, si llegas aquí en un día o menos te pagaré esa ronda." Me dijo tras reírse a su manera. "Y estoy pensando… si de verdad consigues llegar en un día o menos entonces te haré un regalo, uno que creo que te gustará."
"Me encanta apostar contra ti." Le dije antes de colgar.
Llegar a Cuba no iba a ser muy difícil, y con un poco de suerte podría divertirme cazando algo por el camino; un tiburón con un poco de suerte y si no, un delfín o igual, hasta una cría de ballena que eran fáciles de cazar y que no podía cazar mientras estaba con Isabella, solo había cazado una y había sido una cría de orca mientras estaba en el ártico y ella cazaba la madre o el padre.
En efecto, antes de llegar a tierra virgen de Cuba aún cacé un delfín haciendo que me atacasen varios y dejé pasto de los tiburones el cadáver de su macho y de la hembra.
Me costó casi 3 cuartos de mi tiempo, orientarme y calcular una ruta… al final llegué a Santiago de Cuba a tiempo, allí pregunté y llegué a la posada como media hora antes del final del tiempo límite de la apuesta.
Cuando llegué allí oí unos aplausos suaves que me hicieron ver a Alex sentada en un rincón aplaudiendo muy suavemente y sin llamar la atención.
"Me parece que he cometido un error premeditado." Dijo. "Me alegro de que hayas ganado."
"Eres rara." Le dije divertido mientras me pasaba una bolsa de sangre. "Se supone que tendrías que decir que te fastidiaba que hubiese ganado. Es lo lógico ya que te he quitado tu cena de lujo de hoy."
"No." Dijo. "Sabía que lo lograrías, solo que no pensé que tan pronto ¿sabes? Creo que hice bien convirtiéndote."
"¿Acaso lo dudabas?" Le dije divertido poniendome más cerca de ella y cara a cara. "Ya hasta me he hecho a este cambio. Me gusta, de verdad."
"Te dije que es genial." Afirmó ella. "Por cierto, dentro de una hora tenemos vez."
"¿En dónde?" Le dije.
"¡Ah!" Dijo ella. "Eso es un secreto, parte de la sorpresa. Te dije que te haría un regalo más ¿recuerdas?"
"Sí, pero…" Dije.
(Salto espacio-temporal)
"¿Era esto lo que habías pensado?" Le pregunté a Alex cuando el hombre cubano y con pinta de congoleño sacaba una aguja como de un kilómetro y me decía algo que Isabella me tradujo como que me quitase la camisa.
"Te juro que solo duele un segundo." Me dijo.
"¿El pinchazo?" Le pregunté.
"El pinchazo es eso, luego sentirás un poco de calor durante unos cinco minutos y se acabó." Me dijo suavemente mientras me soltaba y quitaba la ropa del torso.
"No me da miedo." Afirmé. "Lo que no veo es… con lo clásica que eres tú ¿cómo es que apoyas esto?. ¿Cuál es el objetivo de esta… cosa?"
"Demostrar tu valía, tu valor." Me dijo. "Verás, resulta que esta costumbre se remonta hasta la antigua roma; los romanos usaban los piercings de los pezones como signo de valor. Eso por no decir que estos son especiales." Me dijo mostrándomelos. "Me los regalaron en un viaje que hice a África, por salvar a una aldea de uno de los nuestros que llevaba tiempo causando la muerte de las mujeres y obligándoles a buscar las esposas en mujeres de otras tribus." Afirmó mostrándome un par de barras con unas bolitas talladas en lo que parecía marfil. "Son exactamente como los que llevaba el Rey Salomón y por tanto toda la familia 'real' de los jefes de la tribu; llevarlos es un gran honor."
"Creo que debería llevar otro." Le dije apartándole las manos suavemente. "Esos son tuyos, no debería usarlos yo."
"Este es mi regalo." Me dijo sonriendo. "Serán el símbolo que demuestre tu valor, para conmemorar tu victoria en tu entrenamiento; no creas que no soy consciente que para llegar hasta aquí en tan poco tiempo has tenido que usar las habilidades al menos casi a la perfección y no creo que te hayas permitido muchas distracciones."
No, la verdad es que no, ahora que me daba cuenta, no lo había hecho, no me había dado cuenta de que había actuado como un veterano, que por primera vez no había dejado que mis instintos se superpusieran y me había controlado solo, sin tener a Isabella a mi lado para controlarme o solucionarme la vida si yo me descontrolaba.
"¡Ay!" Grité cuando sentí el pinchazo en el pezón izquierdo.
"Tranquilo, es un experto, no suelta ni gota de sangre al hacértelos." Me dijo ella sonriendo mientras abría la mano para que el hombre cogiese los piercings de marfil.
Era cierto, me dolieron las punzadas del agujero y luego vino el calor en la zona por tener un par de agujeros y algo dentro de ellos cediendo un poco la carne; sin embargo, no pude ver el resultado hasta más tarde, cuando fuimos por la noche a bailar a unas hogueras que hacían los habitantes para agradecer a la diosa del mar el año de pesca beneficioso para todos. Era curioso pero entonces decidí que me quedaban bien, y además, llevaba un regalo suyo.
(Salto espacio-temporal)
N.Y, USA, 1917 (22 años)
"Hey, Isabella." Le llamé sonriendo mientras la veía entrar al establecimiento donde me estaban haciendo un tatuaje muy chulo en el brazo junto al hombro derecho. "¿Ya has terminado por hoy?"
"Pufff… no veas tú que bonito, tenemos otros 3 casos más de gripe, y ya van 10 en lo que llevamos de semana…" Me dijo. "Es realmente cansado…"
"Pensaba que nosotros no nos cansábamos." Le dije.
"Y no estaba hablando al pie de la palabra era más bien… metafóricamente." Me dijo.
"¿Te dedicas a cazar personas, y ahora me dices que te da pena ver morir a gente de una maldita epidemia?" Le dije.
"Mi trabajo no tiene nada que ver con esto." Me dijo para luego suspirar y sonreírme suavemente. "Perdona chico, siempre la tomo con los que menos culpa tenéis. ¿De dónde vienes?"
"Tengo un regalo para ti." Le dije sonriendo. "Pero me parece que igual mejor me lo guardo para otro rato ¿no?"
"¿Un regalo para mí?" Me dijo. "¿Y eso? Hoy no es mi cumpleaños ni nada."
"¿No te acuerdas?" Le dije levantando una ceja. "Hoy hace 2 años exactos que me ofreciste que te acompañase en tus viajes."
"Vaya, pensaba que no te gustaba cumplir años." Me dijo sonriendo.
"Digamos que es más bien como una especie de aniversario." Le dije divertido.
"Ya te dije que no era necesario que te gastases nada de dinero en mí." Me dijo ella suavemente mientras parábamos en su cafetería preferida donde decía que el café que hacían no le hacía vomitar, literalmente. "En fin ¿alguna pista que me puedas dar?"
"Es algo para toda la vida, seguro que te gusta." Le dije. "Y es algo mío."
Por aquel entonces, sus capacidades eran asombrosas pero aún no había matado ni tocado a nadie lo suficientemente poderoso en la lectura mental como para poder usar eso en mí y sacármelo.
"Veamos… ni idea. Ah, gracias." Le dijo a la camarera cuando le puso su café. "Me encantaría poder decir que tengo algo para ti, pero…"
"No importa." Le dije un poco decepcionado en el fondo de mí porque no le hubiese dado la misma importancia que yo al hecho de que hubiésemos hecho ya 2 años juntos.
Sin embargo fue algo curioso, porque cuando pasamos por una tienda que me gustaba mirar desde fuera porque tenía una ropa muy chula de la época, me dijo que se había olvidado de algo y quedamos a una hora en el piso que compartíamos en la gran ciudad.
Esa misma noche, mientras nos tomábamos unas rondas sentados en el sofá viendo la tele a oscuras volví a sacar el tema del regalo.
"¡Qué chulo!" Me dijo sonriendo y mirando el tatuaje. "¿Es un murcielago? Hum, esto parece griego ¿qué pone?" Me dijo tocándome las letras que en el local de tatuajes habían pensado que eran una especie de cadeneta tribal como si fuese una niña pequeña, con curiosidad y moviéndose a milímetros del tatuaje como una cría mirando una mariposa por primera vez.
"Pone exactamente 'I love Isabella' ¿a que ha quedado chula?" Le dije sonriendo divertido y complacido por el efecto que había tenido en ella.
"Mola, pero… apuesto a que yo sí que te sorprendo más." Me dijo cambiando la cara a la de picardía con cierta ironía que ponía cuando conseguía pillar a alguien.
"Pero si dijiste que no tenías regalos para mí." Le dije sorprendido.
Con cuidado ella sacó una bolsa de papel sellada con una especie de lazo y me lo puso delante.
"No es que sea gran cosa pero…" Dijo mirándome cómo rasgaba el papel sin ninguna finura. "Qué pena… me gustaba el papel." Afirmó suavemente cogiendo los trozos rasgados con cara de dolor.
"Te compraré otro." Le dije yo descubriendo un paquete envuelto en tela y con otro lazo.
En cuanto lo descubrí, no pude evitar que mis ojos se quedasen como platos al ver una chaqueta que hacía días que habían llevado nueva y que me había encantado.
"¿Cómo…?" Le dije sin saber cómo ponerlo en palabras.
"Tuve que discutir con el vendedor porque la única pieza en tu talla era la del escaparate." Dijo sonriendo divertida mientras daba un sorbo más a su bolsa de sangre.
No pude resistirlo, aunque sé que no le gustaba mucho que le demostrase mi afecto de esa forma, me lancé a su cuello y le comencé a dar besos en la cara hasta que le pillé la boca.
"¡Vale, ya!" Me dijo riéndose y dándome toquecitos suaves en le pecho para pedirme que nos separásemos. "¡Eres un jeta!"
Lo de jeta me lo repetiría durante lo que llevábamos de eternidad, el sello 'jeta' se convertiría en mi sello de distinción y a ese tatuaje irían siguiéndole más marcas que me hicieron especial y me daban una identidad.
(Salto espacio-temporal)
Poblado Zulú, Sabana Africana; 1930 (25 años)
"Hey, Isabella." La llamé sonriendo mientras cargábamos con un par de 'corredores' de la sabana en trozos en unas bolsas de cadáveres a cachitos. "Hoy hay fiesta en la aldea del jefe."
"Ya, el bisabuelo del jefe es un tipo majo." Dijo ella cargándose mejor el guepardo que les había cazado porque dijeron que se había cargado a uno de sus cazadores.
Sabíamos que había sido ese porque aún llevaba un trozo de sus ropas en unos de los colmillos para probarlo. "Siempre me han tratado bien en su tribu."
"Claro, como eres su protectora…" Le dije con ironía. "Menudo ángel nos hemos echado todos."
"Hombre, yo nunca he dicho que sea un ángel." Me dijo sonriendo mientras llegábamos a unos metros de la empalizada donde parábamos para evitar cantar tanto entre el resto de gente.
"Que no lo digas no quiere decir que no lo seas." Le dije bromeando. "Por cierto, hablando del jefe..."
Aquel hombre era realmente admirable, la gente de la tribu eran de una tribu que luego generaría lo que hoy en día llamamos masais, así que eran altos de narices. Creo que hablaban zulú o algo así, yo no les entendía ni papa pero Isabella parecía entenderles.
Así que era divertido oírles hablar.
"Chad, el jefe dice que nos hará un regalo." Me dijo Isabella.
"Genial, ya era hora de que nos diesen algún regalo por lo que hacemos." Le dije para que me mirase mal. "¿Qué? A ti te gusta trabajar por la cara pero yo prefiero algo con recompensa ¿sabes?"
"Eres un puñetero materialista." Me dijo suavemente pero sin quitarle peso a sus palabras.
La verdad es que habiendo oído que eran descendientes del rey salomón, esperaba una recompensa de oro o joyas que ya comenzaba a tener guardados en una cuenta; pero cuando nos metieron en una cabaña apestosa puesto que allí no sabían lo que una buena sanidad hacía, nos mandaron sentarnos en el suelo y vi que sacaban unas agujas rudimentarias y unos tarros comencé a preocuparme.
"¿Qué está pasando?" Pregunté. "¿A dónde van con eso?"
"Chad, tranquilízate, no pasa nada." Me dijo Isabella. "Es para un tatuaje."
Ahora que caía, el hombre nos lo estaba contando y por los gestos veía que iba a por eso.
"¿Un tatuaje, con ese material?" Me quejé.
"Es la forma tradicional." Me contó. "Es igual que los otros pero más lento."
"Y más doloroso." Le dije. "Además, a qué viene esto."
"Es nuestro regalo." Me dijo. "Bueno, el regalo a ti. Para que te consideren parte de la tribu."
La verdad es que si pensaba que iba a ser doloroso, debo decir que me quedé corto; no es lo mismo que te pinchen con una aguja mecánica de hace mucho que era más rápido que la agonía de que fuesen poco a poco porque las agujas eran realmente antiguas y manuales.
De pronto, después de un rato, el hombre que me tatuaba me dijo algo.
"Dice que ya está." Me tradujo Isabella. "¿Lo ves, agonías?. ¿A qué no era para tanto?"
Entonces me miré la marca; era un tribal y tampoco era tan complicado ni tan feo.
"Es... bonito." Le dije.
"Es un tatuaje simbólico." Me explicó para hablarle al hombre en su idioma y luego ir traduciéndome a mí. "Dice que aquí en África hay varios motivos por los que hacer un tatuaje tribal: Identificar a los clanes, tribus y familias; tatuajes de matrimonio que sustituyen a los anillos; los de rito de paso, que en tu caso son piercings; los que representan a tu animal tótem, como protección o también como forma de mostrar tu valor principal; y los que se hacen por motivos mágicos o espirituales que suelen llevar los chamanes de la tribu." Me fue explicando contando con los dedos como el hombre y pareciéndome gracioso. "En este caso es un tatuaje para declararnos familia." Me explicó mostrándome el suyo bajándose un poco un guante para mostrarme la base de su muñeca casi en la mano donde estaba el mismo tatuaje que el mío. "Originalmente, los tatuajes tribales fueron empleados para identificar agripar tribus, clanes y familias." Me contó. "Not only did this enable you to easily identify one another, or recognize distant relatives, but it was generally believed that your tattoos would allow you to find your tribe and join it again in the afterlife. Today, fraternal orders, gangs, members of the military and other organizations also have designed tattoos that are recognizable to their fellow brothers and sólo se hizo esto para permitir identificarse fácilmente unos a otros o reconocer a parientes lejanos, pero en general se cree que su tatuaje le permitiría encontrar a su tribu y unirse de nuevo en el más allá. Hoy en día, las órdenes fraternales, pandillas, los miembros de la militares y otras organizaciones también han diseñado tatuajes que son reconocibles a sus hermanos y hermanas; pero claro, eso ya lo sabes ¿no?"
Sí, claro que lo sabía, en Nueva Cork, cuando me hice el mío había visto que los chicos de las diversas bandas se hacían al menos un tatuaje igual.
"Entonces... ¿somos familia?" Le dije sujetándome la muñeca marcada.
"¿Acaso lo has dudado alguna vez?" Me dijo sonriendo con ironía. "Ahora ya es oficial, no voy a poder librarme tan fácilmente de ti."
Vale, era una chorrada como una catedral, pero me encantaba pensar que teníamos una marca en común, cosa que Ivvan no tenía, además, solo la llevábamos los dos puesto que a día de hoy solo nosotros hemos estado en esa tribu de África. Así que... podríamos decir que es casi como uno de los otros tatuajes que me mencionó, uno de esos que se hacían en las bodas y que me dijo que sustituían a las alianzas.
(Salto espacio-temporal)
Tokio, Japón; década de los 70's (65 y pico años)
"Sí, por aquí todo bien." Le dije a Isabella mientras caminaba por Sibuya mezclándome con la gente nocturna que poblaba aquella gran ciudad, día y noche.
"¿Ya te estás alimentando bien?" Me preguntó. "Mira que en Asia lo de los vampiros es algo..."
"Que sí, mujer." Le dije feliz de que se preocupase un poco de mí, a su manera. "¿Qué tal te va a ti con tu 'familia'?"
"Bien, mi tío Cayo me ha mandado a cazar un tipo que al parecer dejó que alguien le viese; así que me toca cazar a ese hijo de p--a y al humano que lo sabe." Me dijo. "Al parecer es un chaval aún."
"Oye, también podrías hacer como con aquella chica del loquero." Le dije. "¿Cómo se llamaba?"
"Hombre, llevas razón, por ahora parece que Iverie se está adaptando bien." Me dijo como pensativa. "Ya veremos ¿vale? No siempre puede funcionar, primero veré cómo va."
"No te gusta matar críos, aunque personalmente me parece que su sangre tierna es lo mejor." Le dije para picarla un poco.
"¡Pedazo animal!" Me dijo cayendo como siempre. "¡No es gracioso chincharme con eso!"
"Bueno ¿y ya sabes cómo se llama el crío?" Le dije.
"Edmound, tiene pinta de ser un adolescente un poco emo." Me dijo. "Hasta lleva el pelo medio negro y medio blanco."
"Los críos de hoy en día están todos locos." Le dije bromeando.
"Será que te haces viejo, Chad." Me dijo sonriendo. "Por cierto, antes de que se me olvide... feliz cumple del paso."
"¿Era hoy?" Le dije. "Vaya... otro año que lo cumplo separado."
"42 años ya." Me dijo. "Tendrías como 65 y pico años de verdad."
"¿Tan viejo sería?" Le dije sonriendo. "Vaya, me alegro de no verme tan arrugado. ¿Has visto a tu querida hija?"
"No, está con Ivvan en una misión." Me dijo. "Andan por cerca de los Urales, así que cuando acaben les pedí que fuesen a la escuela, para que Lillian pueda jugar un poco con alguien, con eso de que últimamente estamos siempre todos de misión la pobre debe llevar tiempo sin jugar con nadie."
"Anda que... menuda cría." Le dije. "Oh, te dejo. Voy a ver si entro en un local."
"Eh, primero infórmate." Me dijo. "He oído algo sobre la gente que persigues."
"Me he enterado del nombre." Le dije. "Son tres hermanos, se llaman Gakusen."
"¿Los Gakusen?" Le dije. "Vaya... no sabía que eran tres..."
"¿Les conoces?" Le dije mientras entraba a un antro donde al parecer hacían tatuajes y de donde habían salido los dos mayores.
"Sí, son japoneses, nunca salen de allí." Me dijo. "Pero pensaba que solo eran dos, como de nuestra edad, uno un poco mayor de apariencia pero tampoco tanto. Me cuesta creer que se les haya ido la mano. Parecían monjes budistas."
"Tienen el pelo largo." Le dije casi riéndome de su confusión.
"Lo sé, me refería a sus ideas." Me dijo.
"Oiga, prohibido esos cachivaches aquí." Me dijo un japonés cachas e hiper-tatuado plantándoseme delante.
"Lo siento Isabella, te tengo que dejar." Le dije. "El increíble Hulk oriental me echa la bronca."
"No le muerdas ¿vale?" Me dijo antes de colgarme.
No, no pretendía crear más problemas. Se supone que no debía llamar la atención, y ahora iba a coger a unos vampiros que al parecer estaban documentados puesto que Isabella les conocía.
"Perdone, ese tatuaje..." Le dije reparando en que tenía traspapelado un dragón que le había visto a uno.
"Lo siento, es un dibujo de mi hijo." Dijo 'la masa' ocultándolo. "¿Venía a hacerse algún tatuaje?"
"Sí, me ha gustado ese tatuaje." Le dije. "¿Podría hacérmelo?"
"Es solo un dibujo de un crío." Me dijo. "Tengo cientos de diseños mejores."
"Nah, me gusta ese." Le dije. "Lo que no sé muy bien es dónde..."
"Está bien..." Dijo el hombre sudando un poco nervioso. "Siéntese por aquí, hay revistas, coja la que quiera."
"Gracias." Le dije sentándome.
Si Isabella o Ivvan hubiesen estado allí seguro que me hubiese caído una buena, por sentarme en vez de estar de pie que sería lo que me daría ventaja en caso de ataque.
Lo de hacerme un nuevo tatuaje no había entrado en mis planes; sin embargo, ahora que me iba a poner a ello me agradaba la idea de llevar un dragón y cuando me encontré con una foto de una revista me di cuenta de dónde quería la marca.
"Ya sé dónde quiero el dragón." Le dije al hombre cuando volvió a abrirse la puerta.
"Disculpe las molestias." Dijo uno de los hombres a los que seguía. "Pero no nos gustan los curiosos."
Eso me hizo poner en guardia.
Sin embargo, tal y como había dicho Isabella, aquellos tipos parecían budistas, aunque se les hubiese ido un poco la mano.
"No hemos sido nosotros." Me dijo mientras me hacían el tatuaje del dragón en un lado de la cadera a un lado del ombligo y saliéndome de la zona de los calzoncillos que llevase. "Tenemos un miembro joven e inexperto."
Un miembro joven e inexperto, ese debía ser el hermano menor.
Aunque no era partidario de la solución de Isabella, pensé que si ella les conocía lo mejor sería mencionarles la opción de la escuela y ofrecérsela, como ella solía, como alternativa a una muerte lo más lenta y dolorosa posible.
No me pareció demasiado duro el convencerles, aunque tampoco parecían demasiado convencidos ni yo tampoco sabía todo lo referente a lo del colegio, solo lo básico: nueva vida, aprender a ser un buen vampiro, en el caso de habilidades especiales aprender a controlarlas, vida al margen del resto del mundo... a mí personalmente no me parecía mala idea para pasar un tiempito y descansar de la vida ocultándote del mundo en general.
"Está bien." Me dijo mientras me acababan de poner el tatuaje. "Iremos."
"¿Así, tan fácil?" Le dije.
No sé, esperaba algo más duro, pelear, una apuesta...
"Bueno, llevamos tiempo pensando lo de desaparecer una temporada." Me dijo. "Nunca hemos salido de Japón, así que... supongo que va siendo hora de salir de aquí."
"¿Y tus hermanos estarán de acuerdo?" Le dije.
"Mi hermano sí." Me dijo. "Su hijo no tanto, pero no cuenta."
"Un momento ¿no erais los tres hermanos?" Le dije.
"Eso decimos, porque a nadie le cuadraría que un adolescente de 19 años aproximadamente pudiese tener un hijo de unos 16." Me contestó. "Ya está, tu dragón."
Sentí un poco de tirantez al levantarme y miré a ver qué tal me había quedado.
"Vaya, mola." Le dije mientras me ponían el parche para lo de la postilla.
"Se supone que es la marca de una familia yakuza." Me dijo mostrándomela. "Sobre lo de desaparecer no te preocupes, nosotros nos las apañaremos. Tú ocúpate de tener lista una forma de escape."
"¿Cómo sé que puedo confiar en vosotros?" Le dije. "Habéis causado unos asesinatos con desaparición de gente. Asesinatos que no se han podido asociar a la mafia."
"Mi hermano y yo somos gente pacífica, deseamos tomar la mano que nos tiende tu escuela." Me dijo. "A ninguno de los dos nos gustaría perder un hijo y un sobrino."
No sé qué me hizo confiar en su palabra, pero me fié y me pasé dos días haciendo papeleos para poder salir de allí los 4 juntos. Al tercero, cuando estaba en el aeropuerto de Nara esperando para coger el avión nocturno al viejo continente llegaron los tres, justo cuando comenzaba a barajar la posibilidad de que Isabella, a la que le había contado cómo había ido todo y que estaba deseando ver mi tatuaje nuevo, se confundiese al mandarme confiar en ellos, justo entonces, llegaron ellos.
Se sentaron tras de mí.
"¿Has traído los papeles?" Me preguntó el mediano.
"Aja. ¿Habéis dejado atado lo de desaparecer sin llamar la atención?" Les dije.
"Estamos todos muertos, en la ría de Tokio." Me dijo el mayor. "Un ajuste de cuentas entre bandas."
"Genial." Dije levantando una mano con los pasaportes falsos y los billetes de avión en ellos. "Haremos parada en un par de sitios antes de llegar al país, y luego tendremos que correr un poco hasta llegar."
"Genial, correr mola." Dijo el menor de los tres sonriendo divertido.
(Salto espacio-temporal)
En cuanto al resto, dejaré los piercings para otro rato, y como veo que me quedo sin tiempo, solo diré que me hice un tatuaje más, una rosa negra en el glúteo izquiero.
Este me lo hice de nuevo en N.Y., USA, durante la década de los 80. Me gustaría decir que fue producta de una borrachera, pero los vampiros no bebemos nada que no sea sangre, y como mucho podemos sentir un ligero puntillo con sangre de alcohólicos o de gente que se ha enganchado una buena justo antes de beberles la sangre.
No, este tatuaje me lo hice cuando me enteré que la rosa negra se identifica con la casa Valerius; fue como una forma de llevar siempre a mi amada 'Valerius' conmigo.
Una tontería de la 'juventud' eterna que tenía, lo sé, ella nunca podrá quererme como yo la quiero, pero... es una forma de sentirme bien. Tonta, pero una forma.
