Mabel se había despertado. Al parecer no había rastro alguno de Bill. Encontró su reloj de bolsillo en la mesita de al lado: eran las 12:25 P.M. Ya que estaba algo sudada, decidió tomar un baño levantándose de la cama. Registró el apartamento y confirmó que no había ni una sola alma, por tanto se desvistió en el dormitorio y entró al baño, pretendiendo usar una de las toallas que se encuentra ahí. Cerró la puerta detrás de ella y fue junto a las toallas. Escuchó un chapoteo de agua detrás de ella y volteo lentamente para encontrarse con el rubio que, estaba con toda su gloria tomando un baño de burbujas, con los ojos cerrados y una expresión de paz en el rostro. La castaña lo miro por unos segundos hasta que dejo salir un grito que lo hizo sobresaltar en el agua. Ella se cubrió con una toalla mientras que él se tapaba las orejas con las manos y buscaba el origen del grito.

-¡¿Qué rayos te pasa?! ¡¿No puedes notar que las paredes hacen que retumben tus gritos?!- Reclamó el rubio.

Mabel lo miró con indignación -¡¿"Qué me pasa"?! ¡¿Por qué estás tú aquí?! ¡Y además desnudo!- Lo último la hizo sonrojarse y apretó más el agarre de la toalla a su cuerpo.

Bill arqueó una ceja -Se supone que los baños se toman desnudos ¿o no?-

-Sí, pero...yo iba a tomar un baño y luego apareciste aquí.- murmuró desviando la mirada.

-He estado aquí desde hace un rato. Pero... si tanto lo deseas... puedes bañarte conmigo.- dijo con una sonrisa pícara.

Mabel frunció el ceño -Yo no...- no pudo articular su respuesta ya que Bill se había levantado de la bañera, por suerte algunas burbujas cubrían sus partes intimas. Ella cerró fuertemente los ojos, no quería verlo. Podía oír sus pasos acercándose, hasta que de repente hubo un silencio. Tuvo un debate mental entre sí abrir los ojos o no, hasta que sintió sus manos en su toalla. Estaba tan asustada que no podía hablar, sin embargo las manos no le arrebataron la toalla, al parecer solo se seco un poco.

-Date la vuelta.- habló el rubio.

Eso la confundió -¿Para qué?-

Escuchó un suspiro -No creo que te gustaría mojarte el cabello. Ahora, date la vuelta.- repitió.

Ella obedeció y él le recogió el cabello en un rodete, sujetándolo con una pinza que se encontraba cerca. Mabel se quedó callada todo el tiempo, aún sin abrir los ojos. Sintió que deslió la toalla de su cuerpo, eso la hizo abrir los ojos y voltearse. Optó por no mirar hacia abajo. Él tenía una sonrisa burlona en el rostro mirándola de arriba a abajo.

-Me estabas ocultando todo esto. Que egoísta.-

Ella se sonrojo e hizo que él riera. -Me encanta cuando te pones así.-

-¿Cómo?-

El rozó sus nudillos por su pómulo -Tus mejillas normalmente rosadas, me encanta cuando se ponen rojas. Quiero hacer que te pongas así todo el tiempo.- y la cargó en sus brazos.

Fue tan repentino que la castaña tuvo que sujetarse de sus hombros. La llevo a la bañera y la bajo suavemente en el agua aun caliente. Él se sentó detrás de ella, retomando su posición inicial al recostarse por el respaldo de la bañera. Sin embargo ella continuó como la dejo, abrazando sus piernas a su torso.

-¿Qué esperas?-

Mabel lo miro confundida lo que lo hizo rodar los ojos y apegarla a él. Sus mejillas ardieron al sentir al miembro del rubio rozar en donde la espalda cambia de nombre. Se sentía extraña, más aún cuando las cálidas manos del rubio se posaron en alrededor de su cadera.

Jamás se imagino encontrarse en una situación así: sentada en las piernas de un hombre, ambos desnudos, sin mencionar que este hombre era el mayor enemigo de sus tíos.

Recostó su cabeza en el hombro del rubio, mientras que este olfateaba su cuello.

-Ya no puedo soportarlo.-

Llevo una de sus manos a su mentón obligándola a verlo a los ojos.

-Mabel...quiero follarte.-

Ella abrió los ojos ante su declaración y lo miro apenada -Me gustaría complacerte con lo que me pides, pero...no sé qué significa eso.-

Ahora Bill la miro con sorpresa -¿No te lo han explicado? ¿Nada de nada?-

Ella ladeo la cabeza -Bueno...mamá me dijo que cuando este casada, con mi marido haría el acto de copular, y que eso me dejaría embarazada.-

Bill sonrió de lado -Eso mismo. Menuda palabra. Bastante elegante para lo que en verdad significa.- soltó una risa.

Mabel bajo la cabeza -¿Vas a dejarme embarazada?-

-Solo si termino dentro, es una posibilidad.-

Ella lo miro. Estaba a punto de hablar pero él la interrumpió -Ya lo veras.- contestó como si le hubiera leído la mente –Tranquila.-

Comenzó un recorrido de besos por su cuello hasta llegar al lóbulo de la oreja, donde dejo un mordisco. Eso la hizo jadear y tensarse luego de darse cuenta de lo que había hecho.

-¿Por qué estas temblando? Tu solo tienes que desearme.- siguió besando su cuello, dando lamidas de vez en cuando, mientras que subía una mano por su torso hasta llegar a uno de sus pechos.

-Te va a gustar.- le dio un beso en la mejilla -Lo prometo.-

Mabel dejo salir un gemido ahogado cuando él tomo firmemente uno de sus pechos y lo masajeo, para luego enfocarse en el pezón. La otra mano viajo más abajo, llegando su intimidad y frotando suavemente en círculos.

La castaña estaba pasando por una sensación totalmente ajena a ella, algo que jamás había experimentado en su vida.

-Me gusta.- dijo de repente.

Él se sorprendió por tal comentario, lo que le dio la determinación para introducir sus dedos dentro de su intimidad, lo que la hizo dejar salir un gemido bastante sonoro y abrir más aún involuntariamente sus piernas. Bill no quería quedarse atrás, así que al par que sus dedos iniciaban un vaivén, él comenzó a frotar su miembro erecto en la espalda baja de la castaña. No fue cuestión de tiempo para que la respiración entrecortada llegara en él.

-Maldición.- dijo entre dientes. -Estas más caliente que el agua.-

Aceleró sus movimientos e hizo que ella dejara salir gemidos y jadeos descontrolados y se sujetara de uno de sus brazos

-¡B-Bill...!- Cerró sus ojos tirando para atrás su cabeza, sintiendo un cosquilleo que recorría su vientre, dando la sensación de que iba a explotar. El rubio junto sus labios en un beso, juntando sus lenguas. Sus gemidos eran tapados por la boca del rubio, hasta que abrió los ojos, separándose de él y jadeando al sentir un alivio en su cuerpo, pero no saber con exactitud lo que paso.

Bill, en cambio, sí sabía. Al sentir el líquido caliente en sus dedos supo que había llegado al orgasmo. Sonrió de lado al ver el efecto que tuvo en ella.

Se levanto de la bañera y salió.

-Vamos a continuar en la cama.- dijo antes de ayudarla a salir.

Mientras que la secaba con la toalla ella no pudo evitar bajar la mirada, sonrojándose aún más por la vista que se llevo.

-¿Es normal que este así?- Pregunto nerviosa.

Él ladeo la cabeza, confundido. Siguió la dirección a donde miraban sus ojos hasta su miembro. Sus mejillas tomaron un poco de color.

-Solo en...ciertas situaciones.- respondió despacio.

-¿Como cuáles?- Volvió a preguntar.

La beso por unos segundos -Hablas mucho ¿Sabes?- El rubio cambio de tema.

La llevó al dormitorio y la recostó en la cama. Buscó en el cajón de la mesita de al lado hasta que sacó un condón. Bill esbozó una sonrisa.

-No te quedarás embarazada si uso esto.-

Se sentó frente a Mabel y se lo colocó mientras que ella observaba. La miró al rostro y sonrió al ver que estaba completamente rojo. Se recostó sobre ella, sosteniendo su peso en sus brazos, para no aplastarla. Le dio un tierno beso en los labios.

-Seré tu primera experiencia... Tranquila, yo nunca estuve con una virgen, así que serás mi primera experiencia también.- acaricio su rostro lentamente hasta que su semblante se volvió serio. -Puede que duela.-

Mabel lo rodeo con sus brazos. -No importa. Si al final termino disfrutándolo como hace rato, puede que valga la pena.- sonrió un poco.

Bill sonrió y de apoco le fue separando las piernas mientras que la besaba. Froto su miembro contra su intimidad, preparándola hasta que comenzó a penetrarla lentamente. La castaña dejaba salir gemidos de dolor hasta que dejo salir un grito al sentirlo entrar por completo de golpe.

-Lo siento... ¿estás bien?- Su tono era algo angustiado.

-Sí, solo...dame un momento.- tenía los ojos cerrados con fuerza.

Bill se quedo quieto dentro de ella mientras que Mabel respiraba profundamente.

-¿Puedo moverme?-

Ella solo asintió con la cabeza, mientras se mordía el labio inferior. Empezó con lentas y suaves embestidas, sacándole unos gemidos y suspiros. Estuvieron así por unos minutos hasta que de repente ella enrolló sus piernas alrededor de su cintura y sus movimientos de caderas comenzaron a coordinar con las de él. Él lo tomo como señal para ir más rápido. Al cabo de un rato la tenía gimiendo descontroladamente.

-¡Bill, no te detengas!-

El rubio sonrió, egocéntrico, al hacerla entrar en ese estado. La besó, enredando su lengua con la de ella, y que sus gemidos sean tapados por su boca.

Mabel sintió que volvió a llegar a ese estado de puro placer, enterrándole las uñas en la espalda y haciéndolo gruñir. Después de un par de embestidas más él se detuvo, respirando profundamente. La vio a los ojos y sonrió de lado.

-Te dije que te iba a gustar.-

Ella sonrió con picardía -¿Cómo sabes que me gustó?-

Él le devolvió la sonrisa -No hubieras gritado así si no te gustara. Fuiste bastante buena, ¿Estás segura de que no has hecho esto antes?- Bromeó.

Sintió sus mejillas arder de nuevo y desvió la mirada. Bill rio ante su acción y salió de ella a lo que la castaña dejo salir un quejido.

Bill rió. -¿Que, quieres más?- Pregunto en tono burlón.

En respuesta ella lo golpeo en el hombro haciéndolo reír aún más.

-Bien.- dijo calmándose. -Yo tengo hambre, después de todo ese ejercicio... ¿Te gustaría ir a almorzar?-

Ella sonrió. -Por supuesto.-